Naturaleza sangre....
¿Te acuerdas? ¿Cómo jugábamos a sentir el frío en los cuerpos?, tu con los pies congelados como raspadillo, yo con ese calor insoportable en las manos. El tema era entibiar tus plantas o enfriar mis palmas, dependía de la perspectiva, del lugar, del aroma de la noche. Te gustaba jugar a la morgue, así como de niña jugabas a la cueva y te tapabas con un edredón oscuro para que el monstruo no te toque, te quedabas inmóvil para que no te muerda cada esquina. Si, te gustaba, el juego de ponerte rígida y desnuda encima la cama como una tabla, decías que el efecto era mejor luego de la ducha y con la piel toda erizada por el frío. Anticipabas recurrente tu imagen ideal de la muerte en el río o el vuelo del puente pero sola.
Pálida de agua me pedías que te coma a besos, que muerda tus lunares en el pecho y tape tus poros con el calor rosáceo de mi abdomen. Me acuerdo flaca, de tus pataletas, de tu histeria en el suelo, de la bronca que te daba, cuando sólo te miraba en silencio, en el pesado desprecio de cerrar la puerta y dejarte llorando en mitad de la sala.
Es difícil olvidarte, cada vez que vuelve aquel torbellino de emociones inflando tus ojos saltones de furia, esos capaces de jugar a la mirada de virgen y en dos segundos botar fuego en mi vientre, llorar miel de madrugada. Me acuerdo que me gustabas serena, indefensa, dócil. Las madrugadas eras vulnerable, dejabas que tus defensas caigan, y lanzabas esos cursis te amo como ronroneo, mientras yo jugaba a contar los vellos de tu espalda, de tu sangre morena. Tantas veces pensé en que pasaría si te lanzaría un vaso de agua en una de tus rabietas, ¿me perseguirías por la casa, cómo en esas reconciliaciones, o ¿acabaríamos a los mordiscos y arañazos?, sintiendo el dolor ese que produce el sexo de lija.Si flaca, pensé en eso, también en partirte a patadas, pero sabes que mi naturaleza sólo permitía destruir a tu niña mala con caricias de lengua, bebiendo tu frío de raspadillo, barnizando cada poro tuyo. Flaca, no sabía nada de ti aquella noche que respondiste a mi beso con una patada y no dejaste que mordiera el tatuaje falso, no sabía nada y hoy te entiendo, sólo querías el anonimato.
Ayer me enteré, te encontraron con la piel erizada y seca. Dicen que salías con un abogado, uno de bufete con muebles de roble y floreros con nardos made in China. Te vieron, en el boliche ese para secres de la 20 de Octubre, saliste mordiéndole la corbata a mierdazos, como solías hacer cuando querías mi plata para tu tatuaje permanente en las cejas. Si flaca, ¿te acuerdas? Tu manía de jugar al muerto y tu certeza en que te irías antes, tu pedido de que guardé tus cenizas en una urna de plata. Te dejé hace tiempo, entenderás ahora que era absurdo hacerte un homenaje de ese tipo, además debo confesar que te ves mejor , toda muda en esa lata que en una urna, aunque esos puntos lila no quedan "fashion" en tu mejilla derecha y tus labios de riñon hinchado, aunque pálidos, siguen dando hambre.
Si flaca, ya se que anoche te torció el pescuezo y te fue exprimiendo como tallo de rosa primaveral. No le importaron tus espinas, esas pincha risas de las que me escapaba, se quedó con tu mirada orgásmica, gran error yo solía esconderla con mis manos en tus labios. Me dijiste que por fin entendiste eso de que las miradas congeladas forman espasmos, cuando viste sus ojos inyectados lo supiste.
Estabas jugando a la ducha, al juego del cuerpo en la morgue y el abogado no entendía, tenía las palmas secas, más frías que el raspadillo de tus plantas, no entendía nuestros juegos. De pronto entro la de ojos grandes y rollos de canela en las costillas y el se dió la vuelta flaca, ese tal vez fue el error, yo no lo hubiera hecho o quien sabe, tal vez me hubiera lanzado por la ventana para evitar conflictos. A ella no le gustó la mirada congelada en tus ojos, es que era la titular, una gorda con poco charmé, pero la titular al fin.
No entendía la escena, tu toda desnuda y recostada y él de espaladas. Se lanzó a reír sobre tus piernas, con el típico recurso de las uñas en el pescuezo y el abogado se quedó, con el pis mojando sus calzones de esperma angustiado, dentro del ropero, eligiendo su corbata para la audiencia del lunes.
Tu flaca te enredaste en arañazos con la gorda, hasta que el seco puñete de empanada hundió tu pómulo y dormiste.Te debía haber dicho, los abogados odian las urnas, no les gusta el gris de una presencia todos los días en sus pensamientos, prefieren llevar flores al cementerio los domingos a una gorda. A los mediocres les gusta el anonimato para el romance y los juegos, cuando se abre el telón se mean. Te lo había dicho tantas veces, pero preferiste tu terquedad de quedarte en eso de que no eras sumisa, en la pulseta de genero en un país machista.
Ya ves, yo tiré la puerta ese día y te mandé a rodar, tú optaste por ser la sin nombre en la vida de un mediocre. Para ser honesto, estaba más a tu altura un final con raticida, era más coherente con tu personalidad compulsiva, pero no, terca como siempre escogiste la escena patética del gordo infiel y su mujer arañándote los pechos.
Si flaca, anoche me acorde de ti, de cómo te dejé en el anonimato y como querías seguir jugando nuestro juego. Tranquila mi flaca, seguró escucharás risas, ya verás y tocarán de nuevo tu piel, esta vez de lija y en algún lado, así llena de cosquillitas, verás como alguien se emociona y siente mariposas en el estomago al mirar tus labios.
Ya verás estará todo bien, no duele tanto y al final tu piel está como te gusta, rigida y fría. Aunque sin mis poros, coqueta como siempre, te quedarás mirando el mandil blanco del chango que te corta y disfrutarás en paz las manchas de salteña goteando sobre tu panza abierta.
Ejercicios literarios, crónicas, miradas a la ciudad, relatos, poesía (de vez en cuando) y todo lo que este aprendiz de escritor produce en el camino a encontrar su propia voz (Al final Borges la encontró a los 70 años)
jueves, septiembre 27, 2007
lunes, septiembre 17, 2007
jueves, septiembre 06, 2007
Dale Loca (De Memorias de un Croto)
La sabiduría llega cuando no nos sirve para nada….son las reglas del destino, son las reglas del amar (Fito Paez)
Te estas cagando de frío loca, eso de salir del boliche todos los días a las 7 de la mañana se queda en los huesos. ¿No ves? ,la acera no está hecha de espejos que reflejan tus estrellas, está llena de charcos y esas burbujas que revientan se llaman cerveza, flotando en el pis de tus clientes. Camina cruza la calle de un salto, que mi espalda hueca no sabe jugar al principe. No tengo ganas de tapar la mierda del piso con mis huesos, soportando tus tacos aguja en mis vertebras.
Me duelen los pies flaca, a veces queman los recuerdos dice Fito golpeando el piano, en su último disco. Lo pirateé para vos, me acordé que te gustaba reverbar en sus melodías, con los ojos rojos como esa bossa trucha del flaco, aunque no sabías que putas era un bondi, pero te identificabas con lo de un poco de coca y promesas de amor.
Vení, esta lluvia es sólo un espejismo que anuncia la primavera, como el aura esa que ilumina tus ojeras a las 6 de la mañana. Te traje mentisán loca, te arderá un poco, pero siempre es útil para curar las lamidas en los muslos, las del tubo de aluminio y las de lenguas de lata empapadas de ron barato.
Loca hoy me acordé del puente, de la historia de la niña que lo cruzaba arrodillada hasta el lado de Miraflores, grafiteando fragmentos de la Biblia. Me acordé de la noche en que te conté la historia del papel higiénico enredado en los tobillos y la caída explotando cráneos, siempre lo quisiste probar, me decías que seguramente tu sangre se evaporaría con el olor de las cloacas.
Tanta ficción añeja durmiendo en el cajón, tanta prosa barata hace que me acuerde de las caminatas aquellas y las ganas que te daban de tomar un café escuchando "ponme la mano aquí Macorina "en la voz de la Chavela, en ese viejo antro con piso de madera crujiente y paredes llenas de fetiches. Macorina, te sonaba a una mujer con celulitis decías, por la mandarina que evocaba en tu memoria.
Te gustaba ¿te acuerdas? que te mirará, así todo pirado, jugando a encontrar tu inocencia en esos ojos de muchachita punk. Te reías, mientras lanzabas la seria advertencia de que no contará los minutos, ni las veces que tocaba tus pechos, que preferías un presente congelado, un disco rayado repitiéndose, en el que saltaran tus piernas en el que temblaran mis labios. Un instante eterno sin proyecciones de ningún tipo, sin jaulas muerde alas.
Acá estoy, te traje el paraguas doblado, fetiche espanta cuervos. Dejé de abrirlo en mitad de la sala para conjurar la resaca como me recomendaste, ya no funciona para ahuyentar la luna, pero todavía es útil para espantar el viento. Ven, te agarro la mochila y las monedas que guardaste en la falda, necesitamos darnos dos sopapos y escupir esa espuma roja, que últimamente tragamos al soportar la extraña sobrevivencia. Necesitamos aquellas cosas que el tiempo fue borrando en tus pupilas, fue durmiendo en mis ojos, para volver a empezar, lejos de alguna rutina gris. Volver a empezar, temblando de frío y de lluvia en las pieles, lejos de esta mierda.
Te traje también el sobrecito que me pediste, don Enrique está cada vez más jodido con esto de llamarlo en la madrugada, ten cuidado que la ultima vez me vendió vidrió molido y no pude "venticuatrear" esperando tu retorno. Te lo traje igual, aunque luego tu tabique se llene de caspa y tu corazón reviente ácido sin mis besos.
Flaca, te lo dije tantas veces, pero te entercaste en permanecer colgada en eso de ser bailarina, en mearte los calzones cada vez que te invitaba a bailar un tango debajo el marco de la puerta. Mecanismos de protección e independencia le llamabas, ya vez preferiste tu libertad en este trucho club que jugartelas.
Te meabas cada vez que te decía que la caída del puente sería fácil. Te lo dije y preferiste el destino simplón de inflar la panza con el hule Pantera y contar billetes en la madrugada. No te juzgo, al final yo te lancé a esto, yo fui el que abrió la cuenta en el banco para que se llene de los bamboleos de tu cadera. Al final en esta tu libertad, seguimos clavados hueso con hueso.
Si ya sé que tengo la cara seca y toso como perro, tus cremas, esas que usas de noche, no sirven para maquillar mi sangre. Déjame así, penetrando algún viejo agujero mientras te espero, tengo la cara filuda por que la comida ya no me hace bien, el virus es jodido y me está comiendo y lo sé, pero si no era el puente el que nos mataba, iba ser esta joda más lenta.
Necesito tu vitamina, por eso vine temprano, luego de recordar tus lunares en el insomnio, pensando en las manos callosas que los tocan en mi ausencia. Vine para darte mi abrazo y desearte suerte. Te compré también dos anticuchos, no te preocupes la gorda es buena onda y me presta los platos y no tenemos que caminar hasta la esquina a devolverlos. Podemos comer despacio mientras subimos el puente.
Ven no seas terca, comé algo y contamé, cuantas historias de políticos te aguantaste anoche, cuantas pulseritas besaron tu muñeca. Veni, estas cagando de frío, no te voy a tocar si no quieres, aunque la verdad merecerías que te arranque los pétalos de tela tan Kitsch con los que te disfrazas para calentar al gordo del ministerio. Te haría bien que te muela a palos como te gusta, aunque en el fondo sabes que mi machismo muere en el olor de tus piernas.
Mereces eso y más, lo sabes, por haber caído en la recurrencia de ser independiente, con el billete fácil, pero tranquis que sólo nos fumaremos algo hasta que te ronques y yo vuelva a las mil pajas mentales de pensar que hago acá velando tus pesadillas.
Tu la niñita de papá, la chiquita bien, hoy sales del Boliche de neones y perfume dulzon, con el Jean que te regalé y los tacos aguja tan falsos. Te miro, cansada mientras disfruto como me muerdes los labios con tu sabor cargado de bocas de derechista y me bañas de tu aroma de dólares húmedos de vientre.
Veni mi changuita, igual estoy acá, aunque dicen que un par de patadas te vendrían bien, los cuates me dijeron ayer que por que sigo contigo, que debería ir a España, para aprender a patearte sólo en el tatuaje. Dicen que ahí no se nota y luego no me acusarás con eso de la violencia familiar.
Tranquis loca, sabes que sólo divago por que roncas y no me dejas leer tu libro ese de mujeres creando. “Ninguna mujer nació para puta”, ya lo sabía y yo tampoco nací para jugar a tu alcahuete, pero loca estamos así, al menos la casa tiene living nuevo y podemos pensar en el viajecito ese a tu pueblo que tanto esperas. Le contaremos a tu viejita, la mamada esa de tu pega de secretaria, de que estas terminando tus cursos de computación y de que su nieto ya dice mama.
Compré un estante para tus libros loca y esta 22 larga en la feria de El Alto, ese fin de semana que te fuiste al lago ¿te acuerdas?. Pensaba que hoy podríamos tirarnos en la alfombra y besar las sombras, leyendo esa poesía cursi que te encanta, antes de apagar la luz y volver a morder la ausencia.
Si lo sé, me lo dijiste tantas veces, que eran sólo unos meses de mirar el techo y de pinchar la espalda en el colchón del privado, pero es que me da impaciencia ver que el laburo no da y que te estas gastando y yo muriendo. Con esto de la inflación y las pastillas ya no da.
Entiendo lo que dijiste, la poesía no llena la panza, pero al menos me paga el trago mientras espero tu salida. Entraría a mirarte bailar en la barra, pero el gordo de la puerta me tiene bronca y lo sabes, prefiero mirarte con luz de día y caminar luego cagando de frío a tu lado, es meno cursi, más real.
Loca veni, estás temblando, te apareció otra mancha en el cuello y si, también yo tengo los pies helados. ¿Quierés subir el puente?, traje un rollo de papel higiénico para lanzarnos si quieres. ¿Mejor no?, OK, esta bien.
Apoyate en mi hombro flaca, más tarde pensaremos en como recuperar la guagua, ya verás que la monja se aburrirá pronto y si no, un mejor destino que con nosotros seguro que tendrá. Veni, pásame las llaves y cerrá los ojos, una punta de coca nos va a hacer bien. Sentime y no mires el charco, ya te dije que es pis y no el espejo de tus estrellas.
Dale flaca, despertá, esta no tiene vidrio aspira hondo y no tiembles que yo agarro bien la pistola. Confía en mí flaca, si el tiro falla igual seguiremos juntos.
Nota: Violencia familiar, nequidad de género, prostitución, drogas, VIH, La Paz de noche, no tapes el sol con un dedo.
Te estas cagando de frío loca, eso de salir del boliche todos los días a las 7 de la mañana se queda en los huesos. ¿No ves? ,la acera no está hecha de espejos que reflejan tus estrellas, está llena de charcos y esas burbujas que revientan se llaman cerveza, flotando en el pis de tus clientes. Camina cruza la calle de un salto, que mi espalda hueca no sabe jugar al principe. No tengo ganas de tapar la mierda del piso con mis huesos, soportando tus tacos aguja en mis vertebras.
Me duelen los pies flaca, a veces queman los recuerdos dice Fito golpeando el piano, en su último disco. Lo pirateé para vos, me acordé que te gustaba reverbar en sus melodías, con los ojos rojos como esa bossa trucha del flaco, aunque no sabías que putas era un bondi, pero te identificabas con lo de un poco de coca y promesas de amor.
Vení, esta lluvia es sólo un espejismo que anuncia la primavera, como el aura esa que ilumina tus ojeras a las 6 de la mañana. Te traje mentisán loca, te arderá un poco, pero siempre es útil para curar las lamidas en los muslos, las del tubo de aluminio y las de lenguas de lata empapadas de ron barato.
Loca hoy me acordé del puente, de la historia de la niña que lo cruzaba arrodillada hasta el lado de Miraflores, grafiteando fragmentos de la Biblia. Me acordé de la noche en que te conté la historia del papel higiénico enredado en los tobillos y la caída explotando cráneos, siempre lo quisiste probar, me decías que seguramente tu sangre se evaporaría con el olor de las cloacas.
Tanta ficción añeja durmiendo en el cajón, tanta prosa barata hace que me acuerde de las caminatas aquellas y las ganas que te daban de tomar un café escuchando "ponme la mano aquí Macorina "en la voz de la Chavela, en ese viejo antro con piso de madera crujiente y paredes llenas de fetiches. Macorina, te sonaba a una mujer con celulitis decías, por la mandarina que evocaba en tu memoria.
Te gustaba ¿te acuerdas? que te mirará, así todo pirado, jugando a encontrar tu inocencia en esos ojos de muchachita punk. Te reías, mientras lanzabas la seria advertencia de que no contará los minutos, ni las veces que tocaba tus pechos, que preferías un presente congelado, un disco rayado repitiéndose, en el que saltaran tus piernas en el que temblaran mis labios. Un instante eterno sin proyecciones de ningún tipo, sin jaulas muerde alas.
Acá estoy, te traje el paraguas doblado, fetiche espanta cuervos. Dejé de abrirlo en mitad de la sala para conjurar la resaca como me recomendaste, ya no funciona para ahuyentar la luna, pero todavía es útil para espantar el viento. Ven, te agarro la mochila y las monedas que guardaste en la falda, necesitamos darnos dos sopapos y escupir esa espuma roja, que últimamente tragamos al soportar la extraña sobrevivencia. Necesitamos aquellas cosas que el tiempo fue borrando en tus pupilas, fue durmiendo en mis ojos, para volver a empezar, lejos de alguna rutina gris. Volver a empezar, temblando de frío y de lluvia en las pieles, lejos de esta mierda.
Te traje también el sobrecito que me pediste, don Enrique está cada vez más jodido con esto de llamarlo en la madrugada, ten cuidado que la ultima vez me vendió vidrió molido y no pude "venticuatrear" esperando tu retorno. Te lo traje igual, aunque luego tu tabique se llene de caspa y tu corazón reviente ácido sin mis besos.
Flaca, te lo dije tantas veces, pero te entercaste en permanecer colgada en eso de ser bailarina, en mearte los calzones cada vez que te invitaba a bailar un tango debajo el marco de la puerta. Mecanismos de protección e independencia le llamabas, ya vez preferiste tu libertad en este trucho club que jugartelas.
Te meabas cada vez que te decía que la caída del puente sería fácil. Te lo dije y preferiste el destino simplón de inflar la panza con el hule Pantera y contar billetes en la madrugada. No te juzgo, al final yo te lancé a esto, yo fui el que abrió la cuenta en el banco para que se llene de los bamboleos de tu cadera. Al final en esta tu libertad, seguimos clavados hueso con hueso.
Si ya sé que tengo la cara seca y toso como perro, tus cremas, esas que usas de noche, no sirven para maquillar mi sangre. Déjame así, penetrando algún viejo agujero mientras te espero, tengo la cara filuda por que la comida ya no me hace bien, el virus es jodido y me está comiendo y lo sé, pero si no era el puente el que nos mataba, iba ser esta joda más lenta.
Necesito tu vitamina, por eso vine temprano, luego de recordar tus lunares en el insomnio, pensando en las manos callosas que los tocan en mi ausencia. Vine para darte mi abrazo y desearte suerte. Te compré también dos anticuchos, no te preocupes la gorda es buena onda y me presta los platos y no tenemos que caminar hasta la esquina a devolverlos. Podemos comer despacio mientras subimos el puente.
Ven no seas terca, comé algo y contamé, cuantas historias de políticos te aguantaste anoche, cuantas pulseritas besaron tu muñeca. Veni, estas cagando de frío, no te voy a tocar si no quieres, aunque la verdad merecerías que te arranque los pétalos de tela tan Kitsch con los que te disfrazas para calentar al gordo del ministerio. Te haría bien que te muela a palos como te gusta, aunque en el fondo sabes que mi machismo muere en el olor de tus piernas.
Mereces eso y más, lo sabes, por haber caído en la recurrencia de ser independiente, con el billete fácil, pero tranquis que sólo nos fumaremos algo hasta que te ronques y yo vuelva a las mil pajas mentales de pensar que hago acá velando tus pesadillas.
Tu la niñita de papá, la chiquita bien, hoy sales del Boliche de neones y perfume dulzon, con el Jean que te regalé y los tacos aguja tan falsos. Te miro, cansada mientras disfruto como me muerdes los labios con tu sabor cargado de bocas de derechista y me bañas de tu aroma de dólares húmedos de vientre.
Veni mi changuita, igual estoy acá, aunque dicen que un par de patadas te vendrían bien, los cuates me dijeron ayer que por que sigo contigo, que debería ir a España, para aprender a patearte sólo en el tatuaje. Dicen que ahí no se nota y luego no me acusarás con eso de la violencia familiar.
Tranquis loca, sabes que sólo divago por que roncas y no me dejas leer tu libro ese de mujeres creando. “Ninguna mujer nació para puta”, ya lo sabía y yo tampoco nací para jugar a tu alcahuete, pero loca estamos así, al menos la casa tiene living nuevo y podemos pensar en el viajecito ese a tu pueblo que tanto esperas. Le contaremos a tu viejita, la mamada esa de tu pega de secretaria, de que estas terminando tus cursos de computación y de que su nieto ya dice mama.
Compré un estante para tus libros loca y esta 22 larga en la feria de El Alto, ese fin de semana que te fuiste al lago ¿te acuerdas?. Pensaba que hoy podríamos tirarnos en la alfombra y besar las sombras, leyendo esa poesía cursi que te encanta, antes de apagar la luz y volver a morder la ausencia.
Si lo sé, me lo dijiste tantas veces, que eran sólo unos meses de mirar el techo y de pinchar la espalda en el colchón del privado, pero es que me da impaciencia ver que el laburo no da y que te estas gastando y yo muriendo. Con esto de la inflación y las pastillas ya no da.
Entiendo lo que dijiste, la poesía no llena la panza, pero al menos me paga el trago mientras espero tu salida. Entraría a mirarte bailar en la barra, pero el gordo de la puerta me tiene bronca y lo sabes, prefiero mirarte con luz de día y caminar luego cagando de frío a tu lado, es meno cursi, más real.
Loca veni, estás temblando, te apareció otra mancha en el cuello y si, también yo tengo los pies helados. ¿Quierés subir el puente?, traje un rollo de papel higiénico para lanzarnos si quieres. ¿Mejor no?, OK, esta bien.
Apoyate en mi hombro flaca, más tarde pensaremos en como recuperar la guagua, ya verás que la monja se aburrirá pronto y si no, un mejor destino que con nosotros seguro que tendrá. Veni, pásame las llaves y cerrá los ojos, una punta de coca nos va a hacer bien. Sentime y no mires el charco, ya te dije que es pis y no el espejo de tus estrellas.
Dale flaca, despertá, esta no tiene vidrio aspira hondo y no tiembles que yo agarro bien la pistola. Confía en mí flaca, si el tiro falla igual seguiremos juntos.
Nota: Violencia familiar, nequidad de género, prostitución, drogas, VIH, La Paz de noche, no tapes el sol con un dedo.
miércoles, agosto 29, 2007
Ficcionales II

.....You make me feel like......
Friday I´m in love, pupilas rojas en tu ser tan Black Mamba. Tan freak medusa, me dejabas en ese deslizar, convulsivo por tu calaverica imágen. Tu saltabas, acariciando en cada brinco, con tus medias de persiana (blanco, negro, blanco, negro, empeine, rodilla, muslo, pubis) muy beetlejuice para mi gusto.
Era agradable sentir como se filtraban tus aromas, post mortem, entre la humedad de áxila israelita y el alquitran en las paredes del antro ese. Mientras yo, catatónico, perdido en la vasija de barro en forma de balde con bombillas de fiesta infantil. Miraba la espuma de alcohol fermentando frutas de lata, con ese su ruidito de bliz, bliz, bliz, pincha pupilas.
El metanol, me llevaba otra vez al recuerdo de tu maquillaje gótico chorreando como el Choqueyapu por tus mejillas. Yo aprovechando las curvas de la Kantutani para cantarte eso de ...you´re so gorgeous, con mis gallos mal calibrados, mojando de coctail la peca negra en tu pecho.
My sweet Lullaby, era fácil quedarme clavado en esa esquina mientras tu lengua lamía el pilar y el flaco de rastas amasadas jugaba con tus medias de persiana, muy beetlejuice para mi gusto. ra fácil quedarme en tu juego, fácil como mirar las burbujitas de maracuya reventando y bliz, bliz intoxicando mi lógica.
Era más simple que mirarlas ahora saliendo por mis tripas con el seco sónido de la Taurus 38 perforando mi tatuaje. Orificio de salida en el torax posterior, cuadrante superior izquierdo. Carcajadas agudas...bang, bang you shot me down...the awful sound. El maracuya verduzco en los azulejos y tu persiana cerrándose, tu paso firme de ula ula perdiéndose al ritmo de mi caida.
Me gustaba eso de just like heaven en tus muslos tan narco sexys , ahora no se que hacer con tanto chorreando, no alcanzo la bombilla para embriagarme de mi sangre. Friday I´m in love, no cierres tus persianas.
martes, agosto 28, 2007
Ficcionales I
La verdad es que debo decirte que tengo las venas reventadas. Lo supe ayer cuando me patearon la cara en el partido de futbol y, mas que sangre, senti un agudo sonido de rebote en los cristales incrustados en mi tabique derecho. Debe ser cierto aquello que dicen que los cartilagos se necrosan con el uso.
Hoy me enteré que ya no me importan los consejos del cirujano plástico ni las recomendaciones del cuatecito de la Cruz Roja. Que no te saques los tapones, que no inclines la cabeza para atrás, dejá que la hemorragia salga de a poco que en diez minutos igual se pasa por último metete un algodon quemado a cada lado y listo. Todas esas pajas son irrelevantes cuando tu oreja gotea despacito sobre la almohada.
Para ser sincero es comodo estar así, vaciando mi sangre. Al final de cuentas solamente es un liquido viciado de hierro falso y, en mi caso, vale lo mismo dentro que fuera. La verdad debo confesar que me produce un gran alivio saber que no usaré más esta nariz para encender el corazon, para vaciar el humo en sus labios o bucear aspirando su entrepierna.
Mi tabique no tendrá mayor uso que el de ser polvo para ratas y eso me reconforta, así nomás debe ser. No me afecta saber que mi nariz de junkie será gris ceniza pronto. Polvo aspiras y en polvo te convertiras, final biblico para mi instrumento olfativo.
Lo que si no soporto es este estupido papelito con una liguita alrededor de mi dedo gordo, que mi nombre lo hayan escrito con R y no con P y que el flaco tose mierda que trabaja aqui, a cada rato me moje con esa manguera.
Hoy me enteré que ya no me importan los consejos del cirujano plástico ni las recomendaciones del cuatecito de la Cruz Roja. Que no te saques los tapones, que no inclines la cabeza para atrás, dejá que la hemorragia salga de a poco que en diez minutos igual se pasa por último metete un algodon quemado a cada lado y listo. Todas esas pajas son irrelevantes cuando tu oreja gotea despacito sobre la almohada.
Para ser sincero es comodo estar así, vaciando mi sangre. Al final de cuentas solamente es un liquido viciado de hierro falso y, en mi caso, vale lo mismo dentro que fuera. La verdad debo confesar que me produce un gran alivio saber que no usaré más esta nariz para encender el corazon, para vaciar el humo en sus labios o bucear aspirando su entrepierna.
Mi tabique no tendrá mayor uso que el de ser polvo para ratas y eso me reconforta, así nomás debe ser. No me afecta saber que mi nariz de junkie será gris ceniza pronto. Polvo aspiras y en polvo te convertiras, final biblico para mi instrumento olfativo.
Lo que si no soporto es este estupido papelito con una liguita alrededor de mi dedo gordo, que mi nombre lo hayan escrito con R y no con P y que el flaco tose mierda que trabaja aqui, a cada rato me moje con esa manguera.
domingo, agosto 26, 2007
Sierpe diem
Nacen en la pared, otras veces en el techo, las más se desbordan por la alfombra y se filtran por los poros de venesta, taladrando la espalda de alguna termita.
I
En el tornasol espacio, donde las palabras ya no juegan
El temblor se hace picazón de lengua y la imagen del cuerpo es humo
En esta trémula espera, la memoria tiene cantos de revancha
Entonces cruda, la humedad rebota en la lengua y las sienes
Negra de humo repite el sabor de la noche ahuyentando brisas
El temblor se detiene en el hormigueo que provoca el espejismo de sus risas
En este vano pulsar de palabras evoco el coraje falso de nombrarte
En el pánico vestido de silencios, mi canto se hace espuma
El temblor se hace picazón de lengua y la imagen del cuerpo es humo
En esta trémula espera, la memoria tiene cantos de revancha
Entonces cruda, la humedad rebota en la lengua y las sienes
Negra de humo repite el sabor de la noche ahuyentando brisas
El temblor se detiene en el hormigueo que provoca el espejismo de sus risas
En este vano pulsar de palabras evoco el coraje falso de nombrarte
En el pánico vestido de silencios, mi canto se hace espuma
En la vigilia vana el espacio tiembla y el recuerdo celebra tu derrota.
II
Castiga la furia silente al pulso
tenso espectro en la sien derecha
castiga la espuma en tejado crudo
arcilla de palabras en bruma pura.
Castiga el grito seco y sin retorno
vacío que vuelve de estómagos y tiempo
duro paso, en huesos de humo y vientre.
Castigo y es certeza en el caminar sin norte
grito que rompe al tiempo en calles mudas
vacío que rebota en sentencias peregrinas.
Caminar con aire frío de montaña
en voces que revuelven la inconciencia,
el verso sucio que despoja la cordura
camina y castiga mi andar dormido.
tenso espectro en la sien derecha
castiga la espuma en tejado crudo
arcilla de palabras en bruma pura.
Castiga el grito seco y sin retorno
vacío que vuelve de estómagos y tiempo
duro paso, en huesos de humo y vientre.
Castigo y es certeza en el caminar sin norte
grito que rompe al tiempo en calles mudas
vacío que rebota en sentencias peregrinas.
Caminar con aire frío de montaña
en voces que revuelven la inconciencia,
el verso sucio que despoja la cordura
camina y castiga mi andar dormido.
viernes, agosto 17, 2007
...............
Es hoy serena la tierra que te nutre,
Han crecido hojas de Eva en tus muros
El adobe se ha vestido de lágrimas duras
Las flores, se han teñido de tu tierra.
Jarrones de negra piel, guardan tus lirios
Secas tus lilas, secos los pensamientos,
Muertos tus claveles.
Al pasar por tus cadenas he visto tu reflejo
Tu encierro en solitaria esquina,
Tu pino majestuoso dándote noche
Y mi evocación se ha teñido de tus tripas.
En tu oscuridad, la distancia larga es nada
Desde ella miras y me acoges
Piedra en piedra rota, Choqueyapu
Tierra dura, grava, nombre en tinta negra.
Descanso al caminar y buscarte,
camino al descansar y encontrarte,
moras en tumba sin decir nada.
Hoy el eco de tus huesos es semilla,
arbusto seco, champa vana.
He permanecido, sin decir nada
en la memoria seca de tu musgo,
en el imán callado de tu piedra,
En tu noche de cumbre, ahí
de espaldas al Illimani.
Tus huesos, de ladera serpenteada,
de ladrillos empinados, acogen mi silencio
Tus órbitas, buscan el viento del cometa
Yo corrompo tus silencios.
Mis manos han levantado tu pluma,
mis dedos escarbado tu tierra.
Cosa vana elevarte una plegaria.
Cosa extraña reflejarme en tu nada.
Han crecido hojas de Eva en tus muros
El adobe se ha vestido de lágrimas duras
Las flores, se han teñido de tu tierra.
Jarrones de negra piel, guardan tus lirios
Secas tus lilas, secos los pensamientos,
Muertos tus claveles.
Al pasar por tus cadenas he visto tu reflejo
Tu encierro en solitaria esquina,
Tu pino majestuoso dándote noche
Y mi evocación se ha teñido de tus tripas.
En tu oscuridad, la distancia larga es nada
Desde ella miras y me acoges
Piedra en piedra rota, Choqueyapu
Tierra dura, grava, nombre en tinta negra.
Descanso al caminar y buscarte,
camino al descansar y encontrarte,
moras en tumba sin decir nada.
Hoy el eco de tus huesos es semilla,
arbusto seco, champa vana.
He permanecido, sin decir nada
en la memoria seca de tu musgo,
en el imán callado de tu piedra,
En tu noche de cumbre, ahí
de espaldas al Illimani.
Tus huesos, de ladera serpenteada,
de ladrillos empinados, acogen mi silencio
Tus órbitas, buscan el viento del cometa
Yo corrompo tus silencios.
Mis manos han levantado tu pluma,
mis dedos escarbado tu tierra.
Cosa vana elevarte una plegaria.
Cosa extraña reflejarme en tu nada.
martes, agosto 14, 2007
Interpelar demonios...
La poesía debería tener la fuerza del carnaval de Oruro (Raul Zurita)
......"Si alguien quisiera aprender de Bolivia y Chile mediante los poetas, diría que no pasó absolutamente nada. Según esos poetas, nunca hubo un Pinochet, ni ninguna dictadura. La poesía se ha vuelto tremendamente autista, los poetas reflejan su angustia y torturas privadas, personales.
Hacer poesía es un ejercicio despiadado, una búsqueda de la autenticidad. Es así, porque tienes que recorrer todas las zonas oscuras de ti mismo. Sin una reserva de criminalidad no hay arte, hay santos, pero no poetas. Cuando el artista es tentado por demonios, no puede vencerlos, como el santo, ni deshacerlos, como el iluminado. Debe dar cuenta de ellos al mundo....". (extracto de la entrevista a Raul Zurita en la Razón)
Por confiar en la revista Afuera (en su agenda decía que el evento sería el sábado 18) ayer me perdí el encuentro de poesía entre Raul Zurita y Matilde Casazola. Me quedé con las ganas de sentir en la piel a la Matilde con aquella introspección, añoranzas y dolor temblado en cueca; esa que añora el amor perdido pero no olvida a los culpables del exilio y la tortura. Me quedé con las ganas de encontrarme con Zurita y su poesía de roca, de grito descarnado en cordillera y litoral, de la denuncia y los amores "carnada", lanzados al mar por Pinochet, poéticamente descritos en Inri.
Luego de tres incursiones por la fería me quedé con las ganas de ser parte de este encuentro y, como descargo ante las fallas de logística de este evento, decidí declarar, en acto abierto de protesta mi rechazo a: los salvajes precios de las editoriales internacionales, la elitista y excluyente farándula posera, la broma de Plural por habernos hecho antojar el Felipe versión 2007. (al respecto, ¿la contraferia será una alternativa?)
Hoy afirmo mi convicción de apoyar a las editoriales locales y sólo comprar en esta feria sus libros. Esos que en no más de 35 bs regalan la obra de nuestros poetas, cuentistas, novelistas y nos permiten celebrar y democratizar las letras de mi tierra, ya que las del otro lado de la cordillera como la obra de Zurita, cuestan tres veces más (y ni que decir de aquellas del otro lado del charco con el logito bonito de Santillana).
Hoy acepto las palabras del poeta sobre hacer obra, sobre el hecho de interpelar más allá de los rollos internos, de la estética y la forma, por que hacer poesía, es, aunque nuestro narcisismo se esfuerze en ocultarlo, generar opinión y hacer públicos como diría Zurita los demonios; aquellos íntimos y aquellos colectivos.
Gran desafío sin duda el que ayer Zurita puso en la pluma de aquellos poetas de academía (la de sombrero del zorro con cinta rosa, el de chuspa, el de saco negro, el de barba cana, etc.) que desde primera fila escucharon. Duro mandato el que reflejó con su ejemplo, en las libretas de amanuenses, la poetisa que ama sus antenas, lease Matilde.
Sin duda ayer quedó claro (aunque no pude ser testigo de aquello) que los demonios que nacen de la pluma, encerrados en la libreta sólo se pudrén y apestan; que más allá del autoerotismo y del intimista romance con la musa, en el que nos encanta quedar cristalizados, hoy más que nunca, la palabra del poeta debe ser colectiva y social.
Pregunta abierta entonces a los que jugando con la pluma nos creemos dizque poetas, desafío sobre el papel...¡poetas tienen la palabra!
PD: Amigos de la feria, la próxima no cambién la agenda para no perderse encuentros
PD2: ¡Editoriales bajen los precios!
PD3: a 35 luquitas en gente común el premio Franz Tamayo a 100 en Alfaguara el premio de novela
PD 4: Entrevista a Zurita en La Prensa
......"Si alguien quisiera aprender de Bolivia y Chile mediante los poetas, diría que no pasó absolutamente nada. Según esos poetas, nunca hubo un Pinochet, ni ninguna dictadura. La poesía se ha vuelto tremendamente autista, los poetas reflejan su angustia y torturas privadas, personales.
Hacer poesía es un ejercicio despiadado, una búsqueda de la autenticidad. Es así, porque tienes que recorrer todas las zonas oscuras de ti mismo. Sin una reserva de criminalidad no hay arte, hay santos, pero no poetas. Cuando el artista es tentado por demonios, no puede vencerlos, como el santo, ni deshacerlos, como el iluminado. Debe dar cuenta de ellos al mundo....". (extracto de la entrevista a Raul Zurita en la Razón)
Por confiar en la revista Afuera (en su agenda decía que el evento sería el sábado 18) ayer me perdí el encuentro de poesía entre Raul Zurita y Matilde Casazola. Me quedé con las ganas de sentir en la piel a la Matilde con aquella introspección, añoranzas y dolor temblado en cueca; esa que añora el amor perdido pero no olvida a los culpables del exilio y la tortura. Me quedé con las ganas de encontrarme con Zurita y su poesía de roca, de grito descarnado en cordillera y litoral, de la denuncia y los amores "carnada", lanzados al mar por Pinochet, poéticamente descritos en Inri.
Luego de tres incursiones por la fería me quedé con las ganas de ser parte de este encuentro y, como descargo ante las fallas de logística de este evento, decidí declarar, en acto abierto de protesta mi rechazo a: los salvajes precios de las editoriales internacionales, la elitista y excluyente farándula posera, la broma de Plural por habernos hecho antojar el Felipe versión 2007. (al respecto, ¿la contraferia será una alternativa?)
Hoy afirmo mi convicción de apoyar a las editoriales locales y sólo comprar en esta feria sus libros. Esos que en no más de 35 bs regalan la obra de nuestros poetas, cuentistas, novelistas y nos permiten celebrar y democratizar las letras de mi tierra, ya que las del otro lado de la cordillera como la obra de Zurita, cuestan tres veces más (y ni que decir de aquellas del otro lado del charco con el logito bonito de Santillana).
Hoy acepto las palabras del poeta sobre hacer obra, sobre el hecho de interpelar más allá de los rollos internos, de la estética y la forma, por que hacer poesía, es, aunque nuestro narcisismo se esfuerze en ocultarlo, generar opinión y hacer públicos como diría Zurita los demonios; aquellos íntimos y aquellos colectivos.
Gran desafío sin duda el que ayer Zurita puso en la pluma de aquellos poetas de academía (la de sombrero del zorro con cinta rosa, el de chuspa, el de saco negro, el de barba cana, etc.) que desde primera fila escucharon. Duro mandato el que reflejó con su ejemplo, en las libretas de amanuenses, la poetisa que ama sus antenas, lease Matilde.
Sin duda ayer quedó claro (aunque no pude ser testigo de aquello) que los demonios que nacen de la pluma, encerrados en la libreta sólo se pudrén y apestan; que más allá del autoerotismo y del intimista romance con la musa, en el que nos encanta quedar cristalizados, hoy más que nunca, la palabra del poeta debe ser colectiva y social.
Pregunta abierta entonces a los que jugando con la pluma nos creemos dizque poetas, desafío sobre el papel...¡poetas tienen la palabra!
PD: Amigos de la feria, la próxima no cambién la agenda para no perderse encuentros
PD2: ¡Editoriales bajen los precios!
PD3: a 35 luquitas en gente común el premio Franz Tamayo a 100 en Alfaguara el premio de novela
PD 4: Entrevista a Zurita en La Prensa
viernes, agosto 10, 2007
A mis mujeres (a tus ojitos divinos)

Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos
Hacia la estrella de aquella otra madre mayor
Y como los recogía del polvo teñidos
Para enterrarlos debajo de su corazón
Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo
Siempre a la sombra y llenando un espacio vital
Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos
De la melena invencible de aquel alemán
Me estremeció la muchacha
Hija de aquel feroz continente
Que se marchó de su casa
Para otra de toda la gente
Me han estremecido un montón de mujeres
Mujeres de fuego, mujeres de nieve
Pero lo que me ha estremecido
Hasta perder casi el sentido
Lo que a mi más me ha estremecido
Son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos
Me estremeció la mujer que parió once hijos
En el tiempo de la harina y un kilo de pan
Y los miró endurecerse mascando carijos
Me estremeció porque era mi abuela además
Me estremecieron mujeres
Que la historia anotó entre laureles
Y otras desconocidas, gigantes
Que no hay libro que las aguante
Me han estremecido un montón de mujeres
Mujeres de fuego, mujeres de nieve
Pero lo que me ha estremecido
Hasta perder casi el sentido
Lo que a mi más me ha estremecido
Son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos
Silvio Rodríguez
miércoles, agosto 08, 2007
viernes, agosto 03, 2007
Nadas
Y creyó una vez más que eran brisa, caricia tibia trayendo certezas y nuevos aires.
Y creyo tercamente que eran piel teñida de alabanzas y de confesiones ciertas
Y entendió una vez más que eran burla, fiesta de vientres, veleta al viento
Y entonces nuevamente, en la madrugada, con besos de cebada comprendió que no eran nada.
Despertó en humedades rojas, recostado en la nieve paceña y en el mandala de sangre creyo ser nuevamente alguien.
Y creyo tercamente que eran piel teñida de alabanzas y de confesiones ciertas
Y entendió una vez más que eran burla, fiesta de vientres, veleta al viento
Y entonces nuevamente, en la madrugada, con besos de cebada comprendió que no eran nada.
Despertó en humedades rojas, recostado en la nieve paceña y en el mandala de sangre creyo ser nuevamente alguien.
domingo, julio 29, 2007
Ciber saudades
Numero 1
Tiene los cabellos esponjosos gracias a Wella, está a la derecha del que escribe. Respira con las uñas de su mano izquierda, mientras se detiene el mentón con la mano derecha para dejarse seducir con el Spam que le ofrece salir de pobre. Tiene chompa azul, su piel huele a Dove, "esa crema para mujeres reales de la media como tu. Rie con dientes de espuma y se ubica de perfil antes de teclear un "te extraño" acerca su cuello al lente, llena los pechos de aire y le dice "mueve la cabeza". Repite ¿cómo estas? diez veces antes de reclamar un ¿y tú?.
Se levanta, luego del reproche, enciende un cigarro, se hace una cola en el cabello con un lápiz y vuelve a la pantalla, acerca los ojos al icono de send y dice "lo siento".
Numero 2:
Ella de azul habla con temblores camba collas por el microfonito aquel en el cachete izquierdo. Tiene la nariz con telarañas de delgadas venas color hilo rosa. Sus pómulos atomatados esconden el baile de glóbulos aletargados por la ausencia del hijo que teclea desde Praga. A su lado él padre juega con una llave como rosario y recuerda Checoslovaquia y el Muro, tiene camisa a cuadros y da consejos sobre la forma de moverse en tren en Europa. Le cuenta al hijo con esa Saudade de viejos romances en El Prado paceño de los setenta que anoche, en la entrada, las universitarias se congelaron la entrepierna al ritmo de morenada.
Ambos saludan al nieto con caras brillosas de cera y hacen muecas de lentos bpses a la distancia. Luego salen, desamarran al chapi del poste y caminan a comprar marraqueta.
Numero 3:
Gorra roja, zapatos rojos, silueta de piernas de alfiler envueltas en jean a la cadera con huesos de colgador de alambre, hace veinte muñequitos por segundo en la pantalla y del otro lado le responde con una carita feliz y unos "; *" el de nick en ingles con vasitos de cerveza y murcielagos. Sus ojos, saltarinas almendras anorexicas, celebran la correspondencia del romance a la distancia y responden al cortejo eléctrico con un copy paste de cien boquitas pintadas y rubor en la poca piel cubre huesos.
Se levanta de la maquina, con la piel latiendo, entra a la cabina dos y llama a la amiga de blusa rosa, que duerme el baile de sábado en el sillon floreado de la madre. Antes de colgar mira la foto de un hombre en su billetera, espejo de su rostro en masculino pero con bigotes blancos. Paga, compra un helado y camina reverberando ausencias.
Tiene los cabellos esponjosos gracias a Wella, está a la derecha del que escribe. Respira con las uñas de su mano izquierda, mientras se detiene el mentón con la mano derecha para dejarse seducir con el Spam que le ofrece salir de pobre. Tiene chompa azul, su piel huele a Dove, "esa crema para mujeres reales de la media como tu. Rie con dientes de espuma y se ubica de perfil antes de teclear un "te extraño" acerca su cuello al lente, llena los pechos de aire y le dice "mueve la cabeza". Repite ¿cómo estas? diez veces antes de reclamar un ¿y tú?.
Se levanta, luego del reproche, enciende un cigarro, se hace una cola en el cabello con un lápiz y vuelve a la pantalla, acerca los ojos al icono de send y dice "lo siento".
Numero 2:
Ella de azul habla con temblores camba collas por el microfonito aquel en el cachete izquierdo. Tiene la nariz con telarañas de delgadas venas color hilo rosa. Sus pómulos atomatados esconden el baile de glóbulos aletargados por la ausencia del hijo que teclea desde Praga. A su lado él padre juega con una llave como rosario y recuerda Checoslovaquia y el Muro, tiene camisa a cuadros y da consejos sobre la forma de moverse en tren en Europa. Le cuenta al hijo con esa Saudade de viejos romances en El Prado paceño de los setenta que anoche, en la entrada, las universitarias se congelaron la entrepierna al ritmo de morenada.
Ambos saludan al nieto con caras brillosas de cera y hacen muecas de lentos bpses a la distancia. Luego salen, desamarran al chapi del poste y caminan a comprar marraqueta.
Numero 3:
Gorra roja, zapatos rojos, silueta de piernas de alfiler envueltas en jean a la cadera con huesos de colgador de alambre, hace veinte muñequitos por segundo en la pantalla y del otro lado le responde con una carita feliz y unos "; *" el de nick en ingles con vasitos de cerveza y murcielagos. Sus ojos, saltarinas almendras anorexicas, celebran la correspondencia del romance a la distancia y responden al cortejo eléctrico con un copy paste de cien boquitas pintadas y rubor en la poca piel cubre huesos.
Se levanta de la maquina, con la piel latiendo, entra a la cabina dos y llama a la amiga de blusa rosa, que duerme el baile de sábado en el sillon floreado de la madre. Antes de colgar mira la foto de un hombre en su billetera, espejo de su rostro en masculino pero con bigotes blancos. Paga, compra un helado y camina reverberando ausencias.
miércoles, julio 25, 2007
Solipajas...
Hoy defiendo a raja tabla la simpleza de caminar solo para purgar nostalgias
Me declaro partidario de iracundos y cómicos monólogos ahuyenta oficinistas
Acérrimo militante de buscar pepas de aceituna en las aceras
Hoy celebro con orejas de parlante la sinfonía de voceadores y bocinas
Y afirmo mi compromiso con el cielo azul de julio y el crujir del pasto seco
Mi fanatismo invernal por el Mentisan en las bocas besadoras.
Hoy declaro mi convicción a respetar el orden caótico de la Pérez
Mi silente devoción a las sonrisas de los lustras y las patas saltarinas de los chicos cebra
Hoy, por si quedan dudas, afirmo ser un soliloquio de ausencia en estas calles
Me declaro partidario de iracundos y cómicos monólogos ahuyenta oficinistas
Acérrimo militante de buscar pepas de aceituna en las aceras
Hoy celebro con orejas de parlante la sinfonía de voceadores y bocinas
Y afirmo mi compromiso con el cielo azul de julio y el crujir del pasto seco
Mi fanatismo invernal por el Mentisan en las bocas besadoras.
Hoy declaro mi convicción a respetar el orden caótico de la Pérez
Mi silente devoción a las sonrisas de los lustras y las patas saltarinas de los chicos cebra
Hoy, por si quedan dudas, afirmo ser un soliloquio de ausencia en estas calles
Un fantasma que a la distancia besa tu piel de mar.
lunes, julio 23, 2007
Mandatos
Vuelvo a este lienzo negro, luego de un silencio auto impuesto, una de esas mordazas a la palabra que se dan cuando la cabeza se ha saturado de burocracia y papeleo de oficina pero que hay que aguantar por que dan plata para que la panza disfrute un platito y la sangre agridulces adicciones.
Vuelvo, después de un mes en el que mi alma se nutrió de vida y del palpitar puro de aquella sangre de mi sangre. Me reencuentro con la bruma, luego de tardes y noches de parques, de jugar a las escondidas, al mar de tiburones debajo la cama y repetir una y mil veces la misma canción infantil y no cansarme.
En este retorno, encuentro mi pluma limpia de incoherencias y el alma vacía de mierda. Desde el otro lado del espejo, reflejo el eco de lo que en la memoria y en los ojos resiste. En el retorno evoco hermosos tumultos de banderas “cabildeando” en mis pupilas y también molestos y “medio lunáticos” vientos en gritos separatistas en la oreja.
Estoy en Santa Cruz, tierra que me recibe con la memoria de los abuelos, con el eco de antiguos besos y que mece en su brisa casi siempre tibia, casi siempre húmeda a mi niña amada. Escribo desde el llano de mi país, desde la terminal de buses, en una silla de plástico arañada por mil nalgas peregrinas, esperando el bus de las 18:00 que me devolverá al hueco y a las montañas donde habito.
Hace frío, el extraño y desconocido frío húmedo para la piel de un paceño. La brisa del viento, como escupitajo de alfileres, me recuerda que sigo en este camino y el retorno a mi ciudad, de sol parte cachetes y sequedad enfría poros, es innegable.
Es necesario el reencuentro con la palabra, aunque los dedos luego de teclear unos parrafos tengan macurca. Me duelen las yemas por haber callado pero mi cuello y articulaciones tienen el rechinar dulce a miel de la risita de mi hija en la cabeza. Volver a la melancolia toma su tiempo pero no interesa, cuando su mirada dulce al mundo es escudo firme en la batalla.
Tengo pereza en la cabeza y las palabras se mueven lentas y entiendo una vez más que la fuerza del hábito moldea las letras. Sin embargo tengo claro que callar y dejar que la palabra se nutra de silencios recicla y que limpiar las venas del devenir de la noche es un ajuste recomendable de tiempo en tiempo.
Vuelvo entonces con el hígado y los pulmones remozados, las yemas de los dedos sin ampollas, las neuronas llenas de agua, los ojos y el pecho con mil imágenes de pureza y parques. ¿Suficiente impulso para la batalla?, no lo sé, simplemente siento que es tiempo de volver a sumergirme en la noche y dejar que su aceite de calamar enclaustrado tiña una a una las puras memorias que hoy laten.
Es hora de afirmar que el sentido de la unión de sangre, mástil para estar en pie es necesario y único pero también de gritar, como lo hizo el poeta, que el retorno a la noche es un mandato ineludible.
Vuelvo, después de un mes en el que mi alma se nutrió de vida y del palpitar puro de aquella sangre de mi sangre. Me reencuentro con la bruma, luego de tardes y noches de parques, de jugar a las escondidas, al mar de tiburones debajo la cama y repetir una y mil veces la misma canción infantil y no cansarme.
En este retorno, encuentro mi pluma limpia de incoherencias y el alma vacía de mierda. Desde el otro lado del espejo, reflejo el eco de lo que en la memoria y en los ojos resiste. En el retorno evoco hermosos tumultos de banderas “cabildeando” en mis pupilas y también molestos y “medio lunáticos” vientos en gritos separatistas en la oreja.
Estoy en Santa Cruz, tierra que me recibe con la memoria de los abuelos, con el eco de antiguos besos y que mece en su brisa casi siempre tibia, casi siempre húmeda a mi niña amada. Escribo desde el llano de mi país, desde la terminal de buses, en una silla de plástico arañada por mil nalgas peregrinas, esperando el bus de las 18:00 que me devolverá al hueco y a las montañas donde habito.
Hace frío, el extraño y desconocido frío húmedo para la piel de un paceño. La brisa del viento, como escupitajo de alfileres, me recuerda que sigo en este camino y el retorno a mi ciudad, de sol parte cachetes y sequedad enfría poros, es innegable.
Es necesario el reencuentro con la palabra, aunque los dedos luego de teclear unos parrafos tengan macurca. Me duelen las yemas por haber callado pero mi cuello y articulaciones tienen el rechinar dulce a miel de la risita de mi hija en la cabeza. Volver a la melancolia toma su tiempo pero no interesa, cuando su mirada dulce al mundo es escudo firme en la batalla.
Tengo pereza en la cabeza y las palabras se mueven lentas y entiendo una vez más que la fuerza del hábito moldea las letras. Sin embargo tengo claro que callar y dejar que la palabra se nutra de silencios recicla y que limpiar las venas del devenir de la noche es un ajuste recomendable de tiempo en tiempo.
Vuelvo entonces con el hígado y los pulmones remozados, las yemas de los dedos sin ampollas, las neuronas llenas de agua, los ojos y el pecho con mil imágenes de pureza y parques. ¿Suficiente impulso para la batalla?, no lo sé, simplemente siento que es tiempo de volver a sumergirme en la noche y dejar que su aceite de calamar enclaustrado tiña una a una las puras memorias que hoy laten.
Es hora de afirmar que el sentido de la unión de sangre, mástil para estar en pie es necesario y único pero también de gritar, como lo hizo el poeta, que el retorno a la noche es un mandato ineludible.
viernes, junio 29, 2007
Noche de gatos
Atardecer paceño él espera la hora del encuentro en la oficina. La busca en el chat antes de salir a la calle, prende un cigarro, baja por El Centro, la busca en la noche, la llama al celular. Baja a la farmacia, busca una aspirina, lee una frase de la Madre Teresa, sobre el egoísmo y el miedo en el mostrador de una tienda.
El aire tibio rompe la noche y mientras la espera toca su espalda una brisa de estornudos, se da la vuelta y encuentra el rostro de ella. Caminan, en absurda seriedad silente. El agarra sus cabellos le da un beso tibio, con manto de luna sin mordiscos como testigo. La estrella amarilla de siempre, en noche pincha silencios, hace guiños en su espalda arqueada al caminar.
El mira el reloj son las 9:00 de la noche, caminan y callan “chaú me voy" dice ella…”¿qué fue"? Replica él "hace frío", responde. El decide calmar los animos y entra a una tienda a comprar un vino, la señora no lo escucha, absorta mira en la tele la noticia de un accidente. Otra vez hierros retorcidos en primer plano, la prensa amarillista es una mierda, las carretera a Oruro una cagada, piensa él.
Suben al taxi, el chofer neurótico de camisa a cuadros juega a las carreras e insulta a la gente. Ella en calma le pide respeto y menos velocidad “que mala suerte con los chóferes tengo hoy dice”. Me hace frío el silencio piensa él. Llama a la tienda, y ordena por fín el vino y un paquete de cigarros como forma de romper el hielo.
Llegan al barrio que comparten, caminan por el caminito de piedras que separa ambas casas, sendero frágil une ventanas. Ella se adelanta bamboleante y serena, su espalda sonríe sus ojos no. El la abraza, el silencio pincha y le sube el limón en las venas. Busca su cuerpo se detiene y la abraza, mientras mira su rostro, está palida como la luna.
Llegan al lugar de siempre pasan el pasillo viejo del conventillo, las rajaduras de las paredes los saludan. Cruje el piso, entran. Ella camina a su esquina favorita, mira con nostalgia el lugar. El se aleja a la sala, a la ventana cómplice. Abre la cortina, prende la lámpara. Busca la silueta del Illimani, a la izquierda las laderas parpadeantes los saludan.
No funciona el truco de la media luz y las velas, piensa. Ella lanza un suspiro apaga fuegos, deja sus cartas sobre la mesa, ambiguas como su piel. Hay dos opciones sentencia: "me voy o me aguantas en silencio, hoy es un día de gato y creo que los próximos serán negros, con mucho silencio dice". La decisión está en sus manos, él acepta la pelota en su cancha y le pide que se quede. Con la advertencia de la distancia sellada en un abrazo le roba un beso de sus labios fríos.
La mira y calla en pensamientos que no exigen, en sentires que gritan comerle el alma a besos. Silencio de muro, él va a la cocina, ella a la cama. Espalda encorvada, ojos secos, él se adentra en la cocina, "hoy no habrá sexo mata tedios" piensa. Pone agua en la caldera, está seguro que algún día la quemará, toma coca cola, dos aspirinas y enciende un porro. Mira la ciudad, el Illimani ahora sí aparece, sus ojos se ponen rojos y sopla un beso de humo al cuarto.
Entra, la mira como tantas noches, clara oscura en la cama de madera vieja que cruje en cada respiro, sin necesidad de tacto. Ella entibia su piel con una frazada y con miel en los ojos perfora los labios de aquel que parado en la esquina de la puerta mira.
"¿Quieres coca o jugo?", le dice, el vino no es para ver tele piensa. Vino sentencia ella. Vuelve a la cocina, abre la botella, se rompe el corcho, mala señal piensa. y sirve las dos copas con tinto a la mitad. La boca esta seca, la noche le parte la cabeza. Vuelve y las rayas de la cama tiemblan como cuerdas de piano mal tesadas, busca las teclas, en el pecho cubierto de la mujer silente no las encuentra.
El humo verde afecta rápido piensa él. La cama lo llama, cómplice de entregas, de viajes a su humedad, de mordiscos en poros, piensa. Refugio de pieles, se recuesta en el lado izquierdo, busca y no encuentra los pies de ella. El se queda en la improductiva decisión de respetar su pedido de no me toques, de no invasión.
Peli francesa en la tele, comedia con chistes muy parissiene para la noche. Ella arrastra los pies al encuentro, los tobillos y empeines se ruborizan, los dedos se besan, se enredan, se muerden.
Ella apoya la cabeza en el pecho de aquel lánguido amante. Un beso de tachuela, frío y débil pincha la pared imaginaria que han construido en la noche. El tiembla, su pantalón se infla, su piel se eriza y vuelve un aire de petit morte. Sube la marea en las sabanas y la risa, las manos se buscan. El besa el muslo izquierdo de ella con los dedos que ahora tiene copa y media de vino en la sangre y lanza ronroneos tibios al aire. “Estoy ebria” ojala sea así del otro lado dice y deja caer su cabeza en el pecho del amante menguante.
El con la boca busca su cuello, sus caderas, las de la mujer silente, su lánguida piel, su agridulce mar. El humo verde se disipa y él besa el aire, con las manos busca los senos entre edredones, recuerda que ella tiene el sol del lado izquierdo y la luna del derecho.
Ella opta por el sueño, su cabeza recostada le roba el brazo como almohada. El con la mano izquierda, insomne, entrega tactos timidos. Se quedan quietos, piel con piel se contienen, buscan sincronía en cada respiro, ella sólo se queja, llora, ronronea dormida.
El con la yema del dedo índice, izquierdo, acaricia la cadera izquierda de ella, se corta el dedo con el filudo hueso y sangra versos en la sabana. El abdomen de ella lo llama, besa la palma de su mano en cada respiro y las heridas cierran, la sangre se esfuma, tibia.
El calor crece, él le besa los cabellos, los hombros y sólo hay ronroneos suaves. El celular suena como grillo, insistente una, dos, tres, veinte veces. Su repique agudo levanta el telón, prende las luces y la realidad llega a su piel aún erizada.
Ella se levanta, no habla. Baño, chamarra, cartera. El se queda, recurrente, velando el aroma de su imagen, abrazando la sombra de aquella amante de luna. Ella se acerca le da un beso corto, él grita no te vayas, ella no escucha. Se levanta, trata de alcanzarla, escucha un último ronroneo en la puerta de calle y el silencio de piedra otra vez.
Vuelve a la casa, prende la luz, encuentra gotas de sangre en el piso y ve que su mano izquierda sangra. Entra al cuarto y en el velador lo esperan: la botella de vino tapada con el corcho roto, una copa vacía y su celular. Mira el teléfono antes de dormir y lee: “ viajo hoy a las siete a Oruro no iré a tu casa, lo siento”.
El aire tibio rompe la noche y mientras la espera toca su espalda una brisa de estornudos, se da la vuelta y encuentra el rostro de ella. Caminan, en absurda seriedad silente. El agarra sus cabellos le da un beso tibio, con manto de luna sin mordiscos como testigo. La estrella amarilla de siempre, en noche pincha silencios, hace guiños en su espalda arqueada al caminar.
El mira el reloj son las 9:00 de la noche, caminan y callan “chaú me voy" dice ella…”¿qué fue"? Replica él "hace frío", responde. El decide calmar los animos y entra a una tienda a comprar un vino, la señora no lo escucha, absorta mira en la tele la noticia de un accidente. Otra vez hierros retorcidos en primer plano, la prensa amarillista es una mierda, las carretera a Oruro una cagada, piensa él.
Suben al taxi, el chofer neurótico de camisa a cuadros juega a las carreras e insulta a la gente. Ella en calma le pide respeto y menos velocidad “que mala suerte con los chóferes tengo hoy dice”. Me hace frío el silencio piensa él. Llama a la tienda, y ordena por fín el vino y un paquete de cigarros como forma de romper el hielo.
Llegan al barrio que comparten, caminan por el caminito de piedras que separa ambas casas, sendero frágil une ventanas. Ella se adelanta bamboleante y serena, su espalda sonríe sus ojos no. El la abraza, el silencio pincha y le sube el limón en las venas. Busca su cuerpo se detiene y la abraza, mientras mira su rostro, está palida como la luna.
Llegan al lugar de siempre pasan el pasillo viejo del conventillo, las rajaduras de las paredes los saludan. Cruje el piso, entran. Ella camina a su esquina favorita, mira con nostalgia el lugar. El se aleja a la sala, a la ventana cómplice. Abre la cortina, prende la lámpara. Busca la silueta del Illimani, a la izquierda las laderas parpadeantes los saludan.
No funciona el truco de la media luz y las velas, piensa. Ella lanza un suspiro apaga fuegos, deja sus cartas sobre la mesa, ambiguas como su piel. Hay dos opciones sentencia: "me voy o me aguantas en silencio, hoy es un día de gato y creo que los próximos serán negros, con mucho silencio dice". La decisión está en sus manos, él acepta la pelota en su cancha y le pide que se quede. Con la advertencia de la distancia sellada en un abrazo le roba un beso de sus labios fríos.
La mira y calla en pensamientos que no exigen, en sentires que gritan comerle el alma a besos. Silencio de muro, él va a la cocina, ella a la cama. Espalda encorvada, ojos secos, él se adentra en la cocina, "hoy no habrá sexo mata tedios" piensa. Pone agua en la caldera, está seguro que algún día la quemará, toma coca cola, dos aspirinas y enciende un porro. Mira la ciudad, el Illimani ahora sí aparece, sus ojos se ponen rojos y sopla un beso de humo al cuarto.
Entra, la mira como tantas noches, clara oscura en la cama de madera vieja que cruje en cada respiro, sin necesidad de tacto. Ella entibia su piel con una frazada y con miel en los ojos perfora los labios de aquel que parado en la esquina de la puerta mira.
"¿Quieres coca o jugo?", le dice, el vino no es para ver tele piensa. Vino sentencia ella. Vuelve a la cocina, abre la botella, se rompe el corcho, mala señal piensa. y sirve las dos copas con tinto a la mitad. La boca esta seca, la noche le parte la cabeza. Vuelve y las rayas de la cama tiemblan como cuerdas de piano mal tesadas, busca las teclas, en el pecho cubierto de la mujer silente no las encuentra.
El humo verde afecta rápido piensa él. La cama lo llama, cómplice de entregas, de viajes a su humedad, de mordiscos en poros, piensa. Refugio de pieles, se recuesta en el lado izquierdo, busca y no encuentra los pies de ella. El se queda en la improductiva decisión de respetar su pedido de no me toques, de no invasión.
Peli francesa en la tele, comedia con chistes muy parissiene para la noche. Ella arrastra los pies al encuentro, los tobillos y empeines se ruborizan, los dedos se besan, se enredan, se muerden.
Ella apoya la cabeza en el pecho de aquel lánguido amante. Un beso de tachuela, frío y débil pincha la pared imaginaria que han construido en la noche. El tiembla, su pantalón se infla, su piel se eriza y vuelve un aire de petit morte. Sube la marea en las sabanas y la risa, las manos se buscan. El besa el muslo izquierdo de ella con los dedos que ahora tiene copa y media de vino en la sangre y lanza ronroneos tibios al aire. “Estoy ebria” ojala sea así del otro lado dice y deja caer su cabeza en el pecho del amante menguante.
El con la boca busca su cuello, sus caderas, las de la mujer silente, su lánguida piel, su agridulce mar. El humo verde se disipa y él besa el aire, con las manos busca los senos entre edredones, recuerda que ella tiene el sol del lado izquierdo y la luna del derecho.
Ella opta por el sueño, su cabeza recostada le roba el brazo como almohada. El con la mano izquierda, insomne, entrega tactos timidos. Se quedan quietos, piel con piel se contienen, buscan sincronía en cada respiro, ella sólo se queja, llora, ronronea dormida.
El con la yema del dedo índice, izquierdo, acaricia la cadera izquierda de ella, se corta el dedo con el filudo hueso y sangra versos en la sabana. El abdomen de ella lo llama, besa la palma de su mano en cada respiro y las heridas cierran, la sangre se esfuma, tibia.
El calor crece, él le besa los cabellos, los hombros y sólo hay ronroneos suaves. El celular suena como grillo, insistente una, dos, tres, veinte veces. Su repique agudo levanta el telón, prende las luces y la realidad llega a su piel aún erizada.
Ella se levanta, no habla. Baño, chamarra, cartera. El se queda, recurrente, velando el aroma de su imagen, abrazando la sombra de aquella amante de luna. Ella se acerca le da un beso corto, él grita no te vayas, ella no escucha. Se levanta, trata de alcanzarla, escucha un último ronroneo en la puerta de calle y el silencio de piedra otra vez.
Vuelve a la casa, prende la luz, encuentra gotas de sangre en el piso y ve que su mano izquierda sangra. Entra al cuarto y en el velador lo esperan: la botella de vino tapada con el corcho roto, una copa vacía y su celular. Mira el teléfono antes de dormir y lee: “ viajo hoy a las siete a Oruro no iré a tu casa, lo siento”.
jueves, junio 21, 2007
Fast...la no hija de la no lagrima (Peperina el Sábado es San Juan)
Estaba en llamas cuando me acosté
Pulsaciones rojas, burbujitas de efedrina saltando en la laringe, efervecientes en el pecho. La maleta celeste en la esquina de siempre, los libros, el tabaco y los discos. Acelerado el camino, otra vez la carretera, la ruta.
Este no es un acto confesional de redención autoimpuesta, sólo un brotar de palabras de espuma, en caos incosistente gritan y rebotan. Casandra Lounge y eso de fifteen 4 ever en el auricular sin cable.
El viejo piano con eso de las promesas sobre el bidet, me trae su rostro mostrando la paja de la cara ajena. Si flaco, era Cenicienta en su cuento. Te amo y te odio dame más grita y luego calla Peperina, cuando la irremediable imagen de orbitas huecas promete una nueva redención, mirando el techo en convulsiones cabalgadas.
Pedro Aznar trajo la nariz roja y contaminada de su concierto en Santiago y gritó el último gol de Boca ayer como bostezo, al mismo tiempo las paraguas de cabello oxigenado y ombligo sediento, luego de Bolivia 0 Paraguay O, comieron un choripan de cuclillas, de cara a un Pubis poco angelical para congraciarse con el dealer de la plaza por el empate.
Abrite un buen vino otra vez Peperina, deja que la espuma fluya. Relax, atómica, aglutinante, sangrada y en sal de mar. Los mariscos, esos curiosos bichos peruanos congelados en el boliche de Achumani inflan tus canales de yodo y fosforo. Saltan mis fetiches en ojos saltones por la sed y en un beso seco quedas, tibia.
El cielo de invierno en el año 5515. La cabala cristiana del año 2007 no tiene sentido, la causalidad cósmica, relativa, inerte es supercheria de feria ante la poca esperanza. Por eso:
Chau "la sal no sala Peperina", el bife se come con piel...FAX U y PUNTO.
Coda: El vaso equilibra la Fanta en su ombligo. La marea naranja reposa en las paredes azules del vaso, esas con colorcitos caprichosos, souvenir de Isla Negra. Veneno, muy fast, muy rapido, luego el color turquesa de su collar etno besa mi pecho en cada embestida. Las promesas sobre el bidet, alimentando de nuevo che. Que buen sabor tienes con mariscos.
PD: Derby Naranja de caballito de ojos rojos, vino y los siguientes discos alivian la lectura: Fifthteen forever (Casandra Lounge); Say no more, Hija de la lagrima, Piano Bar (Charly García); Peperina (Serú Girán).
lunes, junio 11, 2007
Santiago IV (Huidobro y Neruda)
Cartagena Litoral Central
Dos poetas espalda con espalda, uno en la montaña seca en una especie de mausoleo mostaza. Lapida de piedra gris te advierte “abrid esta tumba, debajo está el mar”. Huidobro, poeta, antipoeta, culto, anticulto. Murió como paria, peleado con los poetas, los jerarcas de la iglesia, los comunistas, los diputados de derecha, la aristocracia. Fue secando su poesía, haciéndola indomable a cualquier lectura de pueblo, ajeno a aplausos de la masa, vaciando sus versos de chilenos.
Se pierde en un campo seco, entre girasoles muertos descansa, un viejo cuidador y un kiltro hacen guardia y son los guías. La entrada a la tumba es gratuita (de 9 a 14 de 15 a 17:00). Un letrero contundente dice “prohibido usar el lugar como parque para enamorados”.
El lugar no tiene tienda de souvenirs, ni bar para tomarse un ajenjo en el nombre del poeta renegado. Sólo un viejo perro, ladra cada noche a sus versos.
Olvidado en la montaña, pistas escondidas en el ascenso de tierra y en la colina una mezcla de colores sin gusto lo resguarda. Al lado izquierdo un grabado de su rostro en sus años de burgués mira al vacío en un letrero de madera. Imagen de sus días jóvenes en familia rica, es la memoria más o menos comercial que queda de su nombre.
Ha muerto en la pobreza, maldito y olvidado rechazado en la vergüenza patriotera, anarquista. En su auto exilio, vomito para todos aquellos que besaron sus poemas con flores.
Lo llamaban el más europeo de los chilenos, poeta ajeno al pueblo, con juegos ácidos, surrealistas, con aires de Breton y Eluard muy negro, muy contundente, muy ácido que un obrero no lo entiende que un cura no soporta.
Recibe la brisa del bosque seco en esta época del año y su compañero ladra en la noche a los espectros de su fama olvidada. Hoy deja la estela, la brisa a la montaña, olvidado e ignorado por la gente, en el destino que labró y le dió la gana tener en su irreverencia. Letreros de madera mal colgados de los árboles son la guía a su tumba.
Cerca al mar, en el lugar de nombre Isla Negra descansa. La entrada cuesta 3,000 pesos y existen cinco guías para la visita por grupos pequeños a la casa, una de las tres del poeta, llena de fetiches, recuerdos raros y detalles costosos. Hay que esperar para que te llamen por micrófono y te hagan entrar, mientras tanto te puedes distraer en la tienda de souvenirs que vende libros, camisetas con sus versos, postales con su foto, adornos para living, replicas de sus fetiches (mascaras de proa, barcos en botellas, caracolas, conchas de mar).
Cuando entras, respiras el aíre del poeta y el aroma a caldillo en la casa. El lugar, un homenaje a la palabra, un canto a la vida. Es su último refugio, el tercero en vida, última morada antes de su muerte. En el jardín duerme hueso con hueso, enredado en Matilde su tercera esposa. No hay referencias en la casa a Malba Marina, la niña que murió a los 8 años de hidrocefalia, única hija, olvidada.
Su osamenta y la de la última compañera, no tienen cruz que los resguarde. Sus besos ahora en textura de concha de mar, beben la caricia del pacífico en la proa de este barco imaginado, privilegiada última morada, digna del histrionismo y el ego desbordados en vida por el poeta.
Le decían el poeta del pueblo, burgues de mantel rojo. Declarado discípulo de Whitman, con foto de Rimbaud en la mesita. Escribía, entre copa y copa, regalo y regalo de los idolatras que chupaban gratis en sus fiestas. Pintaba poemas al color de las cebollas, la cola del caballo de la tienda de su infancia, las mascaras de barco, sus botellas, su ancla, su recurrencia obsesiva al pacífico. La casa tiene un inodoro floreado en una cabina angosta, las paredes recubiertas de fotos de desnudo de los años veinte, para el deleite de los amigos borrachos decía.
Las vigas de su bar tienen tallado con cuchillo el nombre de cada uno de sus amigos muertos. El poeta, panza de calamar, pasaba de lado por las puertitas de sus cuartos, crujía en el catre bajo y bebía el mar en cada esquina, en el deleite de la amistad y la vida, disfrutó su residencia en la tierra rodeado de besos y aplausos hasta el día de su muerte.
Tiene ancla de barco en el jardin y su cuerpo reposa entre flores. Al final del tour puedes conversar sobre el paseo en una cafetería, donde venden platos y tragos con su nombre, un homenaje comercialmente bien logrado. Es imposible no saber donde te encuentras aunque no puedes sacar fotos por respeto a los derechos de autor.
Quien primero o quien después en la cronología no interesa, cada quien decidió como vivir la poesía, como hacer de su vida obra o de la obra vida, dicen que el primero fue maestro, luego amigo y al final detractor del segundo.
Neruda canto de alegría, a las cosas simples a la gente simple, adoptado por el comunismo como bandera en su poesía, digerible para mineros y obreros. Huidobro empezó académico, aristocrático, muy europeo y terminó como escupitajo filudo para todos los que destestaba, ácidez negra en sus últimos días para aquellos que sentenciaron su imagen actual, aquella que se va desvaneciendo y secando en la montaña, aunque el mar se escuche bajo su tumba.
El otro con cada venta de souvenirs infla la panza y ríe, en la bodega del otro lado con buen trago caliente y seduce eternamente a sus amadas con poemas. Eso sí rebota en su limbo y da la espalda a la imagen de Malba Marina que lo mira sin rencor y besos desde otro lugar más puro.
El poeta decide la huella que querrá dejar en vida. Morir bien muerto, en tumba bebiendo del mar o negarse a morir y seguir vivo en una fiesta de risas y regalos, amistad, trago, pueblo y reverencias. Al final en un caldillo de congrio, las palabras de ambos en el litoral central se juntan, el Canto General, los Cantos de Altazor son uno al otro lado del mar.
Salud poetas, en su muerte cada quien espera. Eso sí algo hay que reconocer, al primero lo visitan los que se las juegan, los que quieren perderse en el camino de tierra, por último aquellos que al poeta le da la gana. Al otro, hordas de japoneses, gringos y cuanto turista llegue a este país. Hacen cola con ticket en mano y se van con bolsa de recuerditos, ¿qué huella vale más dejar en muerte?, ¿qué trascendencia pesa más en la palabra? ¿Quién hubiera bebido más la globalización?. No sé, dejo a ustedes que se respondan.
viernes, junio 08, 2007
Santiago III
…Ya ves y yo sigo pensando en ti…
Salí a la calle al final del día, con la mirada adormecida por la falsa bruma. Las ganas, honestamente, eran de leer algo y dormir, pero otro era el plan que tenía la ciudad para mi. Salimos de aquel complejo de cemento en el que se encuentra la oficina cayendo la noche. Me acompañaba la Pepa, una revolucionaria de los 70, con boina negra y sobretodo de lana. Años de burócrata tras un escritorio, más por necesidad que oficio, no mataron su rebeldía y ganas de respirar poesía. Ella, en silencio y en mi ausencia, había planeado, con aquel calido personaje de bigote blanco, la incursión nocturna. Subí al taxi sin mucha expectativa, imaginándome la velada en un Mall o un Restaurante de esos caros en un barrio de más cemento, en un sector tan globalizado y vacío de sentido.
Llegamos, el arribo fue curioso, era como estar en la calle España en Cochabamba, o la Presbitero Medina en La Paz, sólo que más grande. Respiré por primera vez algo más que Smog. Sentí identidad y la personalidad de un Santiago que se defiende, que se resiste a ser un una copia barata de cualquier ciudad global.
El barrio se llama Bellavista y colinda con el centro de Santiago, se ubica al norte de la ribera del Mapocho. Las ha vivido todas, desde ser en sus inicios zona católica y aristocrática, burdel encubierto para políticos del gobierno, punto de resistencia en la dictadura y hasta meca de la vida nocturna en los noventa.
Empezamos la caminata, esta vez el frío no interesa es más regala la atmósfera perfecta para disfrutar las fachadas de las casas. El moho que se cuela por las paredes te va contando las historias del barrio. Aquellas de chicas sonrientes hace más de cincuenta años que alegraban la siesta de diputados liberales y rechonchos, las otras de caricias furtivas en el motel amarillo, donde estudiantes confabulaban entre sabanas contra la derecha. La calle te habla de la lucha en el golpe, de la pelea contra el nuevo golpe, el del progreso y la despersonalización. La gente pasa, algunos te miran desde la ventana y perciben que tus ojos escanean la zona con aires ajenos, a unos les gusta a otros les es indiferente.
Llegamos a la Chascona, último refugio Santiaguino de Neruda, ella dibuja en el rostro, la sonrisa que acompañaba los debates universitarios. Me cuenta del caldillo que preparaba la madre de su amigo, esa que acabó viviendo en La Chascona después de Neruda y surge la inevitable pregunta ¿en que universidad estudiabas?, en el único territorio libre de América, la U de Chile me responde, entonces todo cuadra, cobran sentido, las preguntas sobre mi país, sobre Evo, la risa que contiene ante las colegas de la oficina, bronceadas y con el cabello teñido de rubio en este invierno. La boina parisiense y ese aire detrás de las arrugas de mujer de batalla, recobran presencia. Aunque hoy carga en la espalda el peso de la burocracia, vuelve esta noche, a ser aula de sociología contestaria.
Me cuenta sobre las luchas en dictadura, la locura de seducir a los milicos con la minifalda en plena resistencia y luego cargar la metralleta para ir a defender alguna fábrica, en el córdón industrial. Me habla del primo Cura que mandaron al destierro y acabó muriendo de pena y sorojche en Putre. Hablamos del Chile de hoy, de la vergüenza de los Santiaguinos con el otro país, ese del cual no hablan, el que no aparece en los afiches de ciudad competitiva, estable y moderna que sirven para atraer inversionistas.
Me llama la atención nuevamente la mezcla de casas simples de una planta y paredes de cemento, pintadas de forma caprichosa y deliberadamente kitsch. Juega el color de paredes ocre, azules, amarillas, cafés, con las luces de la noche y te regalan al caminar, murales cubistas, graffitis contestatarios, soles y lunas en portones de madera con candado. Las puertas te entregan: musica (punk, jazz, trova) risas y de rato en rato sale gente de algún bar para invitarte a pasar.
Llegamos a una galería construida en el patio interior de un manzano de casas. Me cuentan que fue una iniciativa vecinal para evitar la construcción de un edificio. El lugar es todo de madera y encuentras desde artesanía Rapa Nui, vino e incluso medicinas tradicionales Mapuches.
Es otro el color en los rostros, otro el aroma en la gente joven de este lado de la ciudad, grafitea, fuma. Pienso que aún cree, resiste y muta contra la corriente. Son el Santiago que también cuestiona, ese de los colegiales que arman barricadas en los colegios y se hacen llamar pinguinos y con quince años se declararan marxistas y les devuelven sin miedo las bombas de gas a los carabineros.
Luego de caminar por calles misteriosas, me sorprendo con una casona café escondida a las faldas de un cerro, con las ventanitas crujiendo y los ojos que miran y reciben. Me despiertan sueños locos, ganas de mudarme a su esquina con sauce seco y paredes de piedra y disfrutar la jubilación en este lugar. Ella ríe y me invita a comprarnos la casa, poner un bar con libros, aunque adelanta que probablemente muera antes que yo llegue a viejo.
Volvemos a las preguntas, a las heridas del 73 y me cuenta que jugaba en la casa de Allende a sus 6 años y que es la oveja negra de izquierda en familia de derecha, la cual poco a poco acabó por aceptar su coherencia. Vuelve a pintar sus palabras con el calor de su lucha, me habla del Pantera, brasilero que vino a armar la resistencia en la U, yo del Guillermo Bedregal García que organizó a los bolivianos de la U de Chile, ella de su amiga que murió en un cordón industrial. Me cuenta de cómo se refugiaban en el altillo de la casa de su amigo hijo diplomático, paradójicamente en Las Condes y con ametralladora en la ventana, veían como los milicos se limpiaban a los chicos de la U a tiros en el cerro.
Estábamos, sin darnos cuenta, hablando del mismo año, de la misma gente de una misma lucha, en un Santiago que ya no me resulta ajeno, que respira los mismos aires que respiró mi padre. Ella sintió el temor de la mano negra del milico en su juventud igual que yo en mi infancia.
Hoy trabaja en un organismo internacional, destino predecible de tanto izquierdista que se acabó aburguesando. Se refiere con respeto al proceso de cambio en mi país y le da bronca la gorda, como llama a Bachelet, por que no entiende lo que representa ser la primera mujer presidente en Chile, eso hace que la derecha esté creciendo dice.
Caminando por estas calles recuerda el día que murió Pinochet, parecía otro golpe, igualito habrían champaña y te insultaban Los fachos dice. La miro, recuerdo el departamento donde vivo, las historias que ahora escucho y decido quedarme con el Santiago, del otro lado del espejo, eso que no les gusta ver a muchos y siento la terquedad de un barrio que esquiva, lo más que puede, el consumismo aunque igual se quiera filtrar y llegue disfrazado de bohemia a sus paredes.
Más tarde llegamos al Mesón Nerudiano un restaurante muy al estilo de Don Pablo. Nos invitan al subsuelo, una cueva mágica con vino, seguimos la charla y llega él, profesor universitario de toda la vida, también con boina resistente, antiguo exiliado en el golpe. Me cuenta la historia vedada de Bellavista y luego habla con admiración del cambio en Bolivia y que tiene miedo que la derecha se aproveche de la ingenuidad de Evo, misma que vió en Allende y fue, según él, la causa de su derrota. Es que ser ingenuo es a veces tan necesario, aunque peligroso pienso. Luego hablamos de Bolivia, de Santa Cruz, de Coroico, de La Paz y me siento a gusto, latinoamericano nuevamente.
De pronto entra ella en escena, mulata de ropa negra, juega con el micrófono con ese, “camelo” como dirían los andaluces y regala unas notasde jazz al aire. Mira de reojo a la única mesa, la nuestra, y pone miel a su gruesa voz. Luego me entero, es Aidé Milanes, hija de Pablo acompañada de Héctor, otro cubano al piano. Encuentro en su mirada las saudades de mar y me eriza la forma que acarica el aire con las manos al sentir el bolero en su voz.
El show es increíble, su voz tiembla en el bolero, en canciones de Bola de Nieve, de Pablo, en sus propias composiciones, simplemente siento el lugar y el piano que salta con fuerza del jazz al son, del blues a la salsa. Me parece ver la silueta tuya, mientras ella canta, apoyada en el muro de piedra, bailando, sintiendo y me doy cuenta que te pienso y que es posible vivir y sentir en la simpleza de un piano, en una mujer que canta en la punta de un taburete y en el vino que besa recuerdos. Traigo a la memoria palabras, sentires tactos y los pinto a la distancia, en la voz de esta mujer que embriaga con su forma de saludar a la nossshccche como dicen en Cuba.
La salida a la hora exacta, para dejar el sabor a poco en el pecho y las ganas del retorno. Me besa el frío nuevamente y las paredes rojas de la casa que grita la música de un power trio calientan el aire. El lugar pinta sus paredes de colores más intensos, se globaliza sí; en la oferta de bares, restaurantes, pubs, aunque todos saben que es un truco para mantenerse en pie. Respiro nuevamente los versos del poeta y veo como La chascona estornuda poesía en la calzada, esa que tanto necesita la gente para no caer a la tentación del Mall y el Condominio de vidrios.
Más tarde en un semáforo y bajo un puente dos personas duermen en cajas de cartón. Desde el auto, rumbo a casa, veo al lado izquierdo séis chicos de “carrete” con el reagueton a todo volumen, viven otra anestesia. No importa, es bueno saber que Santiago en el patio trasero no cambió mucho y permanece. Volveré, pisaré nuevamente las calles de esta ciudad y cuando tome un vino en alguna de las esquinas de Bellavista, iré pensando en como decorar mi casa del cerro para cuando me jubile.
Salí a la calle al final del día, con la mirada adormecida por la falsa bruma. Las ganas, honestamente, eran de leer algo y dormir, pero otro era el plan que tenía la ciudad para mi. Salimos de aquel complejo de cemento en el que se encuentra la oficina cayendo la noche. Me acompañaba la Pepa, una revolucionaria de los 70, con boina negra y sobretodo de lana. Años de burócrata tras un escritorio, más por necesidad que oficio, no mataron su rebeldía y ganas de respirar poesía. Ella, en silencio y en mi ausencia, había planeado, con aquel calido personaje de bigote blanco, la incursión nocturna. Subí al taxi sin mucha expectativa, imaginándome la velada en un Mall o un Restaurante de esos caros en un barrio de más cemento, en un sector tan globalizado y vacío de sentido.
Llegamos, el arribo fue curioso, era como estar en la calle España en Cochabamba, o la Presbitero Medina en La Paz, sólo que más grande. Respiré por primera vez algo más que Smog. Sentí identidad y la personalidad de un Santiago que se defiende, que se resiste a ser un una copia barata de cualquier ciudad global.
El barrio se llama Bellavista y colinda con el centro de Santiago, se ubica al norte de la ribera del Mapocho. Las ha vivido todas, desde ser en sus inicios zona católica y aristocrática, burdel encubierto para políticos del gobierno, punto de resistencia en la dictadura y hasta meca de la vida nocturna en los noventa.
Empezamos la caminata, esta vez el frío no interesa es más regala la atmósfera perfecta para disfrutar las fachadas de las casas. El moho que se cuela por las paredes te va contando las historias del barrio. Aquellas de chicas sonrientes hace más de cincuenta años que alegraban la siesta de diputados liberales y rechonchos, las otras de caricias furtivas en el motel amarillo, donde estudiantes confabulaban entre sabanas contra la derecha. La calle te habla de la lucha en el golpe, de la pelea contra el nuevo golpe, el del progreso y la despersonalización. La gente pasa, algunos te miran desde la ventana y perciben que tus ojos escanean la zona con aires ajenos, a unos les gusta a otros les es indiferente.
Llegamos a la Chascona, último refugio Santiaguino de Neruda, ella dibuja en el rostro, la sonrisa que acompañaba los debates universitarios. Me cuenta del caldillo que preparaba la madre de su amigo, esa que acabó viviendo en La Chascona después de Neruda y surge la inevitable pregunta ¿en que universidad estudiabas?, en el único territorio libre de América, la U de Chile me responde, entonces todo cuadra, cobran sentido, las preguntas sobre mi país, sobre Evo, la risa que contiene ante las colegas de la oficina, bronceadas y con el cabello teñido de rubio en este invierno. La boina parisiense y ese aire detrás de las arrugas de mujer de batalla, recobran presencia. Aunque hoy carga en la espalda el peso de la burocracia, vuelve esta noche, a ser aula de sociología contestaria.
Me cuenta sobre las luchas en dictadura, la locura de seducir a los milicos con la minifalda en plena resistencia y luego cargar la metralleta para ir a defender alguna fábrica, en el córdón industrial. Me habla del primo Cura que mandaron al destierro y acabó muriendo de pena y sorojche en Putre. Hablamos del Chile de hoy, de la vergüenza de los Santiaguinos con el otro país, ese del cual no hablan, el que no aparece en los afiches de ciudad competitiva, estable y moderna que sirven para atraer inversionistas.
Me llama la atención nuevamente la mezcla de casas simples de una planta y paredes de cemento, pintadas de forma caprichosa y deliberadamente kitsch. Juega el color de paredes ocre, azules, amarillas, cafés, con las luces de la noche y te regalan al caminar, murales cubistas, graffitis contestatarios, soles y lunas en portones de madera con candado. Las puertas te entregan: musica (punk, jazz, trova) risas y de rato en rato sale gente de algún bar para invitarte a pasar.
Llegamos a una galería construida en el patio interior de un manzano de casas. Me cuentan que fue una iniciativa vecinal para evitar la construcción de un edificio. El lugar es todo de madera y encuentras desde artesanía Rapa Nui, vino e incluso medicinas tradicionales Mapuches.
Es otro el color en los rostros, otro el aroma en la gente joven de este lado de la ciudad, grafitea, fuma. Pienso que aún cree, resiste y muta contra la corriente. Son el Santiago que también cuestiona, ese de los colegiales que arman barricadas en los colegios y se hacen llamar pinguinos y con quince años se declararan marxistas y les devuelven sin miedo las bombas de gas a los carabineros.
Luego de caminar por calles misteriosas, me sorprendo con una casona café escondida a las faldas de un cerro, con las ventanitas crujiendo y los ojos que miran y reciben. Me despiertan sueños locos, ganas de mudarme a su esquina con sauce seco y paredes de piedra y disfrutar la jubilación en este lugar. Ella ríe y me invita a comprarnos la casa, poner un bar con libros, aunque adelanta que probablemente muera antes que yo llegue a viejo.
Volvemos a las preguntas, a las heridas del 73 y me cuenta que jugaba en la casa de Allende a sus 6 años y que es la oveja negra de izquierda en familia de derecha, la cual poco a poco acabó por aceptar su coherencia. Vuelve a pintar sus palabras con el calor de su lucha, me habla del Pantera, brasilero que vino a armar la resistencia en la U, yo del Guillermo Bedregal García que organizó a los bolivianos de la U de Chile, ella de su amiga que murió en un cordón industrial. Me cuenta de cómo se refugiaban en el altillo de la casa de su amigo hijo diplomático, paradójicamente en Las Condes y con ametralladora en la ventana, veían como los milicos se limpiaban a los chicos de la U a tiros en el cerro.
Estábamos, sin darnos cuenta, hablando del mismo año, de la misma gente de una misma lucha, en un Santiago que ya no me resulta ajeno, que respira los mismos aires que respiró mi padre. Ella sintió el temor de la mano negra del milico en su juventud igual que yo en mi infancia.
Hoy trabaja en un organismo internacional, destino predecible de tanto izquierdista que se acabó aburguesando. Se refiere con respeto al proceso de cambio en mi país y le da bronca la gorda, como llama a Bachelet, por que no entiende lo que representa ser la primera mujer presidente en Chile, eso hace que la derecha esté creciendo dice.
Caminando por estas calles recuerda el día que murió Pinochet, parecía otro golpe, igualito habrían champaña y te insultaban Los fachos dice. La miro, recuerdo el departamento donde vivo, las historias que ahora escucho y decido quedarme con el Santiago, del otro lado del espejo, eso que no les gusta ver a muchos y siento la terquedad de un barrio que esquiva, lo más que puede, el consumismo aunque igual se quiera filtrar y llegue disfrazado de bohemia a sus paredes.
Más tarde llegamos al Mesón Nerudiano un restaurante muy al estilo de Don Pablo. Nos invitan al subsuelo, una cueva mágica con vino, seguimos la charla y llega él, profesor universitario de toda la vida, también con boina resistente, antiguo exiliado en el golpe. Me cuenta la historia vedada de Bellavista y luego habla con admiración del cambio en Bolivia y que tiene miedo que la derecha se aproveche de la ingenuidad de Evo, misma que vió en Allende y fue, según él, la causa de su derrota. Es que ser ingenuo es a veces tan necesario, aunque peligroso pienso. Luego hablamos de Bolivia, de Santa Cruz, de Coroico, de La Paz y me siento a gusto, latinoamericano nuevamente.
De pronto entra ella en escena, mulata de ropa negra, juega con el micrófono con ese, “camelo” como dirían los andaluces y regala unas notasde jazz al aire. Mira de reojo a la única mesa, la nuestra, y pone miel a su gruesa voz. Luego me entero, es Aidé Milanes, hija de Pablo acompañada de Héctor, otro cubano al piano. Encuentro en su mirada las saudades de mar y me eriza la forma que acarica el aire con las manos al sentir el bolero en su voz.
El show es increíble, su voz tiembla en el bolero, en canciones de Bola de Nieve, de Pablo, en sus propias composiciones, simplemente siento el lugar y el piano que salta con fuerza del jazz al son, del blues a la salsa. Me parece ver la silueta tuya, mientras ella canta, apoyada en el muro de piedra, bailando, sintiendo y me doy cuenta que te pienso y que es posible vivir y sentir en la simpleza de un piano, en una mujer que canta en la punta de un taburete y en el vino que besa recuerdos. Traigo a la memoria palabras, sentires tactos y los pinto a la distancia, en la voz de esta mujer que embriaga con su forma de saludar a la nossshccche como dicen en Cuba.
La salida a la hora exacta, para dejar el sabor a poco en el pecho y las ganas del retorno. Me besa el frío nuevamente y las paredes rojas de la casa que grita la música de un power trio calientan el aire. El lugar pinta sus paredes de colores más intensos, se globaliza sí; en la oferta de bares, restaurantes, pubs, aunque todos saben que es un truco para mantenerse en pie. Respiro nuevamente los versos del poeta y veo como La chascona estornuda poesía en la calzada, esa que tanto necesita la gente para no caer a la tentación del Mall y el Condominio de vidrios.
Más tarde en un semáforo y bajo un puente dos personas duermen en cajas de cartón. Desde el auto, rumbo a casa, veo al lado izquierdo séis chicos de “carrete” con el reagueton a todo volumen, viven otra anestesia. No importa, es bueno saber que Santiago en el patio trasero no cambió mucho y permanece. Volveré, pisaré nuevamente las calles de esta ciudad y cuando tome un vino en alguna de las esquinas de Bellavista, iré pensando en como decorar mi casa del cerro para cuando me jubile.
martes, junio 05, 2007
Santiago II
Anoche camine cuarenta y cinco minutos por Santiago. Como buen paceño, acostumbrado al clima seco invernal, dije el frío chileno no será peor que el de mi altiplano, además mis cachetes están curtidos por la altura, por lo que esto será pipoca. Sin embargo debo confesar que subestime al Mapocho y al CO2 que acá respiran como si fuera oxigeno y la caminata resulto una tortura de contaminación y heladera.
La verdad luego de caminar me pregunté, por que acá gastan una montonera de plata en campañas contra el pucho, si la gente no necesita comprarse cigarros, ya que tres respiradas con la boca bien abierta desde tu ventana en la mañana, son como fumarse un Camel sin filtro.
Al empezar mi caminata, tardé como 20 minutos en cruzar una rotonda, toreando autos y buses llegué a una avenida larga en un lugar llamado El Bosque, que me imaginaba sería un romántico paseo lleno de sauces en el que recordaría a mi musa paceña, pero nada, sólo me tope con un bosque de cemento y boliches. Luego conecté a la Avenida Providencia, una especie de Camacho sólo que 20 veces más grande. Ya metido en la noche, camine en el frío húmedo Santiaguino helándome aunque estaba hecho pomada decidí continuar, más por una cuestión de orgullo andino que de falta de dinero.
Al final, luego de casi una hora, llegue al lugar donde vivo, aunque no sin antes caminar en círculos las cuadras circundantes como cuatro veces, tratando de encontrar los puntos de referencia que había definido en mi partida matinal. Me di cuenta que eso de elegir el Mc Donalds de la esquina como punto de referencia no sirvió de nada, ya que tarde me percaté que cerca al departamento, había cinco 5 igualitos uno por cuadra. Pinches chilenos consumistas pensé, con lo feo que es ese cartón que le ponen a la hamburguesa en vez de carne y hay más Mc Donalds que sitios de empanadas de queso que acá son tan ricas. Con antojo terrible de anticucho y té con té para el frío, encontré luego de varias vueltas mi cuadra. Es que esto de caminar en línea recta y en plano para los paceños es complicado, ¿cómo orientarse sin arriba ni abajo, si todo buen paceño entiende que arriba esta la casa y abajo la oficina? o viceversa dependiendo de la posición dizque social que le toco vivir.
Eso sí, algunas cosas sin duda interesantes encontré en la caminata. Los autos no tocan la bocina de todo y de nada, puedes confiar a ciegas en los conductores y lanzarte por un paso cebra que frenaran en seco para dejarte pasar, los patrulleros son igualitos a los que dibuja Pepo en Condorito, ahí todo serios. Eso sí, no encontré ningún afiche de tome Pin y haga Pun a cambio conté como 100 de comida, perfumes, tiendas, ropa, discos, autos, mucho consumo para mi gusto.
Un tema que me llamó la atención fue el de los vendedores de discos piratas. Ellos tienen un método curioso de ofrecer la mercancía y hacer plata. Lo explico, usan una cartulina plastificada con las tapas de los discos ofertados fotocopiadas encima, la cual despliegan en la acera y esperan a los clientes ofreciendo a voz en cuello sus productos. Lo curioso es que el cliente llega, y mientras mira la oferta musical de moda, el cómplice que espera detrás de algún pilar bolsiquea al incauto cliente y le saca la plata. Si llega la policía “el gallo” ,como dicen acá, dobla ágilmente la cartulina y se hace pepa entre la multitud. Cuando pasa el peligro, a tres cuadras del punto inicial, despliegan la misma maniobra y engañan a otro gil, así van haciendo la noche en la que ganan unos buenos pesos y sólo venden dos discos mal copiados.
En fin, en esta caminata santiaguina, llegué a la conclusión de que el frío paceño es más agradable y el aire, aunque seco de la altura no tiene sabor a pucho. Me di cuenta que el comercio informal, igual se da modos en este espejismo con afanes primer mundistas, que los canillitas gritan más fuerte que minibusero en la noche y que en vez de El Extra tienen La Cuarta, que es igualita nomás. Los chilenos tienen su quiosco en las esquinas con su caserita vende dulces, sus micros latas de sardinas modernas, con gente colgada de la puerta igual que en La Paz y las marraquetas son fofas y sin sal, aunque las colisas están buenas..
En fin, el precio por la primera caminata invernal en esta ciudad, fue la congelada de cachetes y la irritación ocular, digna de Jamaiquino en fiesta reagee, ya hubiera querido yo que hubiese sido por culpa de un humito reilón y no del smog.
Conclusión, mañana tomo micro, que ya averigüé por que esquina pasa y me fumaré un puchito en mi cuarto, con tal me resultará más sano que respirar veinte cajetillas de Camel sin filtro directito del cielo, mientras camino de noche.
La verdad luego de caminar me pregunté, por que acá gastan una montonera de plata en campañas contra el pucho, si la gente no necesita comprarse cigarros, ya que tres respiradas con la boca bien abierta desde tu ventana en la mañana, son como fumarse un Camel sin filtro.
Al empezar mi caminata, tardé como 20 minutos en cruzar una rotonda, toreando autos y buses llegué a una avenida larga en un lugar llamado El Bosque, que me imaginaba sería un romántico paseo lleno de sauces en el que recordaría a mi musa paceña, pero nada, sólo me tope con un bosque de cemento y boliches. Luego conecté a la Avenida Providencia, una especie de Camacho sólo que 20 veces más grande. Ya metido en la noche, camine en el frío húmedo Santiaguino helándome aunque estaba hecho pomada decidí continuar, más por una cuestión de orgullo andino que de falta de dinero.
Al final, luego de casi una hora, llegue al lugar donde vivo, aunque no sin antes caminar en círculos las cuadras circundantes como cuatro veces, tratando de encontrar los puntos de referencia que había definido en mi partida matinal. Me di cuenta que eso de elegir el Mc Donalds de la esquina como punto de referencia no sirvió de nada, ya que tarde me percaté que cerca al departamento, había cinco 5 igualitos uno por cuadra. Pinches chilenos consumistas pensé, con lo feo que es ese cartón que le ponen a la hamburguesa en vez de carne y hay más Mc Donalds que sitios de empanadas de queso que acá son tan ricas. Con antojo terrible de anticucho y té con té para el frío, encontré luego de varias vueltas mi cuadra. Es que esto de caminar en línea recta y en plano para los paceños es complicado, ¿cómo orientarse sin arriba ni abajo, si todo buen paceño entiende que arriba esta la casa y abajo la oficina? o viceversa dependiendo de la posición dizque social que le toco vivir.
Eso sí, algunas cosas sin duda interesantes encontré en la caminata. Los autos no tocan la bocina de todo y de nada, puedes confiar a ciegas en los conductores y lanzarte por un paso cebra que frenaran en seco para dejarte pasar, los patrulleros son igualitos a los que dibuja Pepo en Condorito, ahí todo serios. Eso sí, no encontré ningún afiche de tome Pin y haga Pun a cambio conté como 100 de comida, perfumes, tiendas, ropa, discos, autos, mucho consumo para mi gusto.
Un tema que me llamó la atención fue el de los vendedores de discos piratas. Ellos tienen un método curioso de ofrecer la mercancía y hacer plata. Lo explico, usan una cartulina plastificada con las tapas de los discos ofertados fotocopiadas encima, la cual despliegan en la acera y esperan a los clientes ofreciendo a voz en cuello sus productos. Lo curioso es que el cliente llega, y mientras mira la oferta musical de moda, el cómplice que espera detrás de algún pilar bolsiquea al incauto cliente y le saca la plata. Si llega la policía “el gallo” ,como dicen acá, dobla ágilmente la cartulina y se hace pepa entre la multitud. Cuando pasa el peligro, a tres cuadras del punto inicial, despliegan la misma maniobra y engañan a otro gil, así van haciendo la noche en la que ganan unos buenos pesos y sólo venden dos discos mal copiados.
En fin, en esta caminata santiaguina, llegué a la conclusión de que el frío paceño es más agradable y el aire, aunque seco de la altura no tiene sabor a pucho. Me di cuenta que el comercio informal, igual se da modos en este espejismo con afanes primer mundistas, que los canillitas gritan más fuerte que minibusero en la noche y que en vez de El Extra tienen La Cuarta, que es igualita nomás. Los chilenos tienen su quiosco en las esquinas con su caserita vende dulces, sus micros latas de sardinas modernas, con gente colgada de la puerta igual que en La Paz y las marraquetas son fofas y sin sal, aunque las colisas están buenas..
En fin, el precio por la primera caminata invernal en esta ciudad, fue la congelada de cachetes y la irritación ocular, digna de Jamaiquino en fiesta reagee, ya hubiera querido yo que hubiese sido por culpa de un humito reilón y no del smog.
Conclusión, mañana tomo micro, que ya averigüé por que esquina pasa y me fumaré un puchito en mi cuarto, con tal me resultará más sano que respirar veinte cajetillas de Camel sin filtro directito del cielo, mientras camino de noche.
lunes, junio 04, 2007
Santiago I
El amigo de 48 años que me recoje del aeropuerto, infla el pecho al hablarme de la autopista con controles laser, del tunel bajo el rio Mapocho, de que "Sanhatan" es ese conglomerado de edificios de Providencia, igualito a Nueva York. Me muestra la cordillera nevada que por casualidad asoma en domingo sin contaminación. Miro las montañas y pienso en que esta ciudad es una Cochabamba grande y moderna, por su geografía claro está. Se sienten en el aire el clasismo, los prejuicios entre los Gonzales y los Soto, los Undurraga y los Errazuriz, los Pinochet y los Perez. La división se ve, no basta el maquillaje moderno del norte, Santiago esconde a Santiago, aquel que va más allá de Las Condes y Deheza, el otro que todavía grita y espera.
Hoy al medio día, salgo a respirar y el cielo es azulado, con una capa de chocolate en la parte baja que no te deja ver nada y huele a llanta quemada, smog se llama y es insoportable, parece La Paz luego del 23 de Junio, sólo que acá eso es todos los días.
Anoche miraba la ciudad desde la ventana del piso 15 en el que vivo, luna llena en manchas de café, con un ambar curioso en sus lineas, ¿será la misma que miramos caminando La Paz, esa que nos sonreía el viernes, guiñándonos el ojo en la caminata cómplice?. La noche, pincha con un frío similar al del Altiplano, sólo que algo más humedo. En la mañana, la gente, como sardinas, en micros modernos, esos de acordeón en el medio se empujan y aplastan para llegar al trabajo, paraiso para los froteuristas dirían alguien, desventajas de un sistema de transporte moderno dirían otros. En las calles la masa de gente camina y cruza por los pasos cebras con rigidez europea por las calles de Providencia. Rompen el esquema de postal de primer mundo, los condominios con ropa colgada al viento a orillas del Mapocho, la señora de cachetes rojos que timidamente se pone a las puertas de un centro comercial y estira una manta para vender bufandas y raja corriendo cuando dos carabineros, con resabios pinochetistas, le empiezan a gritar. En frente un gordito risueño te invita a ser voluntario de bomberos y tres punks en patineta me empujan y pasan llevandose por delante a quien se cruze en el camino.
LLego a un Santiago vacío, espejismo de un Madrid o Nueva York, pero no encuentro la risa de un Machuca, la poesía contestaria de la ciudad que bebió utopias con Allende. Pesa más el aire de progreso consumista, la estabilidad financiera, la democracia pro gringa, esa que tanto le gusta imponernos al Busch y ahora La Presidente pregona, sin saber como hacer para esconder su nostalgía de las luchas de izquierda, en la cartera. Se debe preguntar en La Moneda, como hacer para callar al fantasma de su padre y que TLC y crecimiento ecónomico combinen con justicia social. No sabe como hacer para que el sur de Santiago sonria a Las Condes. Si al final todos saben que la gente, a ambos lados de la ciudad, come empanada y Barro Luco, ricos y pobres comen el mismo smog por la mañana.
Mañana, espero caminar un poco más y encontrar un poco del Santiago al que evoca y grita en poesía temblorosa Zurita. Por el momento me arden los ojos y mi nariz respira humo y tengo ganas de enterarme de las marchas en La Paz (que alivio acá no hay UNITEL).
Hoy al medio día, salgo a respirar y el cielo es azulado, con una capa de chocolate en la parte baja que no te deja ver nada y huele a llanta quemada, smog se llama y es insoportable, parece La Paz luego del 23 de Junio, sólo que acá eso es todos los días.
Anoche miraba la ciudad desde la ventana del piso 15 en el que vivo, luna llena en manchas de café, con un ambar curioso en sus lineas, ¿será la misma que miramos caminando La Paz, esa que nos sonreía el viernes, guiñándonos el ojo en la caminata cómplice?. La noche, pincha con un frío similar al del Altiplano, sólo que algo más humedo. En la mañana, la gente, como sardinas, en micros modernos, esos de acordeón en el medio se empujan y aplastan para llegar al trabajo, paraiso para los froteuristas dirían alguien, desventajas de un sistema de transporte moderno dirían otros. En las calles la masa de gente camina y cruza por los pasos cebras con rigidez europea por las calles de Providencia. Rompen el esquema de postal de primer mundo, los condominios con ropa colgada al viento a orillas del Mapocho, la señora de cachetes rojos que timidamente se pone a las puertas de un centro comercial y estira una manta para vender bufandas y raja corriendo cuando dos carabineros, con resabios pinochetistas, le empiezan a gritar. En frente un gordito risueño te invita a ser voluntario de bomberos y tres punks en patineta me empujan y pasan llevandose por delante a quien se cruze en el camino.
LLego a un Santiago vacío, espejismo de un Madrid o Nueva York, pero no encuentro la risa de un Machuca, la poesía contestaria de la ciudad que bebió utopias con Allende. Pesa más el aire de progreso consumista, la estabilidad financiera, la democracia pro gringa, esa que tanto le gusta imponernos al Busch y ahora La Presidente pregona, sin saber como hacer para esconder su nostalgía de las luchas de izquierda, en la cartera. Se debe preguntar en La Moneda, como hacer para callar al fantasma de su padre y que TLC y crecimiento ecónomico combinen con justicia social. No sabe como hacer para que el sur de Santiago sonria a Las Condes. Si al final todos saben que la gente, a ambos lados de la ciudad, come empanada y Barro Luco, ricos y pobres comen el mismo smog por la mañana.
Mañana, espero caminar un poco más y encontrar un poco del Santiago al que evoca y grita en poesía temblorosa Zurita. Por el momento me arden los ojos y mi nariz respira humo y tengo ganas de enterarme de las marchas en La Paz (que alivio acá no hay UNITEL).
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