lunes, noviembre 23, 2009

Tu Sangre

(Texto elaborado para la canción Tu Sangre de Andrea Figueroa "La Negra Rockera")

¿Cómo mierda se hace para sacar una mujer de la sangre, cuando trepa dando mordiscos por venas y arterias? Siempre creí que no había respuesta, sólo el eco de tus palabras rebotando en mi techo. –Es más liviano jugar a fluir con la música- decías, midiendo el tacto, pulsando en cada acorde el blues de tus besos. -No te enrolles conmigo o gano o mato- sentenciabas.

Pensé mucho Negra en como hacer más liviana tu ausencia, limpiando tu sabor de mis venas pero no lo logré, al menos hasta hoy. Reconozco que fue absurdo preguntarte ¿el detergente con que lavas las sabanas servirá para blanquear mis venas? si era un rollo sólo mío y tu fuiste clara ¿o no? Con eso de que te gustaba coger conmigo y punto, además como decías ¿qué podría resultar de un quenista y una blusera más allá de un arrítmico y multicultural encuentro?

No tengo idea de como limpia tu sabor, es lógico si yo mismo decidí abrir la piel a la tinta de tu canto, dejando que mi sábana sea lienzo, que mi boca frasco vacío. Si, hasta hoy tu sangre navega en la mía por un acto de simple voluntad y entrega, por que me empeciné que así fuera, por que construí una muralla coagulada en mi pecho que retenga tu canto más allá de tu ausencia.

Al final de nada valió tanto tacto, tanta metáfora “draculesca” como dirías. Tú te has ido, claro que te has ido, si nunca estuviste, si lo habías anticipado cuando me dijiste que mis manos no rasgarían tus alas, aunque contradictoria como siempre también pediste que usara aquel viejo cuchillo de cocina para dibujar en tu espalda la forma del beso que me preservará en tu huida.

Negra ¿Sabes como se hace, para que vuelvas a la alfombra, para que desaparezcas de mis músculos, de mi piel, del cerebro y de mis viejos riñones?, Sería más fácil si al menos aparecieras con una botella vacía, reclamando con soberbia que te devuelva lo tuyo, que tú sólo querías un juego sincopado con mi piel y nada más, que tu sangre es tuya con sus olores y sabores y que no te daba la gana de entregarla a nadie, menos a un quenista frustrado.

Si Negra odiaba que me repitieras eso de” el amor no es para el que más haya rezado”, por que al final yo rezaba, como idiota pero rezaba, pedía que seamos una sola sangre, pero tu no querías.

Si me acuerdo Negra, yo queriendo volver metáfora el beso de tu sangre en mis sábanas y tú celebrando con un blues de Sopocachi que no creías en las cruces, que detestabas la barroca mirada de aquel Cristo tallado en madera, que desde la pared de mi cuarto celebraba tus ojos y bendecía tus pechos trepando por mis costillas.

Si Negra como no recordarte escupiendo en mi piel, pidiendo aire luego de tocar mi quena, ahí matándote de risa confesando que estar conmigo era como violarse a un cura. Debí entender que no querías darme tu sangre, al final fuiste clara cuando dijiste que había ciertas cosas que te daban asco, que no era buena idea jugar a ser guitarra sobre mi barriga de tambor hueco, por que sonaría mal, por que tu piel desafinaría con la mía.

Sin embargo cuando menos lo pensaba me diste tu guitarra, me pediste que salga del lugar y que te espere en casa con sabanas blancas. Te obedecí, planché las sábanas, lave el aire con el viento de mi quena y esperé. Llegaste, callaste mi garganta con tu cabello crespo, trepaste como pitón por mi cuello hasta vendar mis ojos, hasta decir en mi oído que sólo me prestarías tu sangre.

Esa noche había una cosa que no sabías Negra, los quenistas aprendimos a sentir la palabra del viento, por más sutil que sea por lo que escuché los silbidos sutiles que produjeron tus cabellos enredados. Tu ni te enteraste, no tenías la culpa no estabas acostumbrada al viento, sólo al temblor de tus cuerdas, por eso no supiste el verdadero pedido; pintar mis labios con tu sangre, recorrer el camino de tu ombligo a tu vientre, soplando viento, mojando el aire, secandote.

Me acuerdo Negra la forma que tenías de repetir eso de “no sabes , no quieres, no entiendes que me gustas mucho” como confesándome que hasta ahí nomás llegarías conmigo y yo todo idiota pensando que tu canción era una declaración, confesándote nuevamente esa idiotez de que por el juego rojo de las sábanas tu navegabas en mi sangre y que éramos uno en las venas y no sé que tantas pajas más.

Es que para mi el tema nuestro encuentro fue la manera fetichista de sostener un pacto, algo único contigo, de filtrarme por tu boca de que te cueles por mi cuerpo y que reposes en mis venas. Para ti una noche y punto.

Si Negra hoy vine para devolverte lo tuyo ¿Sabes? traje las sábanas limpias como te gustan y tomé mucha agua antes de venir para descontaminarme lo más que pueda.

También traje el cuchillo, ese con el que te gustaba cortar el tomate, con sutil y fino corte, para los fideos con los que acompañabas tus canciones en mi viejo cuarto. Negra, está bien afilado, no te preocupes que no lo usaré contigo, sería una falta de gusto y tacto arruinar tu canción con algo tan grotesco.

¿Sabes como se arranca una mujer de la sangre? Dejándola salir de a poco, abriéndole la puerta, permitiendo que se lleve con ella los restos de su huésped, haciendo que vuelva gota a gota a las sábanas donde se cometió el primer crimen.

¿Podrías cantar eso de que te gusto mucho? ¿Podrías repetir para el público mi confesión celebrada por la cruz, mientras pongo con cuidado las sábanas blancas en mis piernas y espero tu primer acorde?

Cantá mirando al público, yo escucharé en silencio apoyado en la pared. Me hice un tajo en la panza, no quedaba otra. Decidí secarme en esta sábana mientras cantas y devolverte en mitad de tu acto.

Cantá esta noche fuerte, con todo mientras este cuerpo se seca, así algo de tu voz irá entrando en mi carne desafinada, algo de tu músia me devolverá un resto de tu sangre en la partida.

viernes, noviembre 20, 2009

Cronicas de un burocrata 2

Esta es la hora perfecta en la que actualizas el blog a solas, antes de las 8 am, cuando el único sonido que se escucha es el de una aspiradora arrastrada por una señora que pesa lo mismo que el aparato aspirador. La señora de limpiez lleva un uniforme que le queda grande, nada femenino por cierto. La señora vive gracias a este subempleo y aprovecha esta hora para limpiar los escritorios de los burocratas que todavía no llegaron. Debe hacerlo rapido asi evita encontrarse con las miradas de arrogancia y los sutilies empujones de oficinistas, otras fichas del sistema, prescindibles engranajes de esta ruedas que se mueve y genera dinero a un gordo que toma whisky y nadie ha visto nunca la cara.

Un burocrata mira a la señora que limpia desde su silla con rueditas jugando a que es el trono desde el que pregunta al "lustra" si tiene cambio de 20 para luego decirle el lunes te pago. El lustra piensa pobre pelotudo y acepta el prestamo sólo por que creció limpiando la caca de sus zapatos y necesita la plata. El burocrata se tapa la nariz, cuando la señora que carga la aspiradora recoje la basura en su papelero, luego se queja al Jefe de servicios generales que su olor a cebolla no le permite leer el mensaje de cumpleaños que le mandó su madre desde Londres. Madre que escribe luego de su receso de almuerzo, tomando prestada la maquina de un oficinista inglés, luego de limpiar su papelero y aspirar su escritorio.

El burocrata grado 2-6, a las 8:45 tocará timidamente la puerta de su Jefe, un burocrata grado 6-3. Se sentará frente a su trono, con la mano derecha temblorosa le extenderá un formulario de vacación para el lunes, día en que la hija del oficinista cumplirá años. El Jefe lo mirará en silencio y le dira--la vacación se programa con al menos 48 horas- y botará el formulario en el cesto de basura que está debajo su silla.

A las 7 de la noche la señora de limpieza recogera el formulario, renegando lo separará de una cascara de mandarina y una papel higiénico lleno de mocos laborales y pensará -estos señores para que inventaran esa sonsera del reciclaje si igual no cumplen.

martes, noviembre 17, 2009

Confesiones de un Burocrata 1



Este espacio me recuerda a la lápida de mi tía abuela, tiene una bonita virgen postmoderna hecha en base a triangulos al lado izquierdo de un florero de metal al que le crecieron raices por que no bastó con jalar su cadena y ponerle flores una vez al año, ahora por más que quieras no sale, por más que trates se quedó trancado, se aferró al vacío y la crecio la yerba.

Dicen que los blogs están agonizando, dijeron lo mismo de la radio cuando apareció la tele, del cine cuando apareció el DVD, de los carteros cuando apareció el correo electrónico. La verdad existen dos posibilidades que la blogosfera sea una constelación de ciber basura o un lugar que sobreviva y de tiempo en tiempo, de guerra en guerra hable con más serenidad y palabra pausada que Twitter o el Facebook.

De momento por si quedan dudas, escribo este post que es muy probable que nadie lea en las próximas semanas, al final ¿a quién le interesan los divagues de un proyecto de escritor, las pajas de un burocrata estancado en su escritorio?...

Hoy empezaré una serie que veremos cuanto dura, retomando aquel estílo que gustaba a mis amigas.

14.09

Almorzé un asado seco con yuca y ensalada, decidí hacer dieta ya que paso en promedio 9 horas al día sentado sin moverme frente de esta pantalla y estoy con sobrepeso por que al salir de acá sólo tengo ganas de echarme en mi cama a ver Two and a Half Men y si tengo suerte escrbir una pagina de mi libro.

En 6 meses cumplo 40 años los cuales ya pesan en mi espalda y paso la mayor parte del tiempo soportando a Dona Summer en la maquina de mi colega y el bombardeo de correos electrónicos que diariamente sobrepasan los 300, de los cuales leo con detenimiento 10 y tomo acción inmediata sobre máximo 3.

Bienvenidos al cubículo de un burocrata al que le duele hace semanas el dedo gordo del pie derecho (puede ser gota o articulaciones desgastadas)quien sabe, al lugar dónde un típico oficinista pasa 45 horas a la semana, esta con su hija 15 horas a la semana y se emborracha 10 horas a la semana. El resto del tiempo se la pasa entre comer, dormir, leer y escribir, de esas actividades la que más tiempo le consume es sin duda dormir.

Escribo este texto mientras me pirateo el último disco de Sabina (ya bajó el 45%). D Disfruto esta media hora de silencio antes de que la Oficina se llene de gente.
Tengo dos dilemas para este día.

El primero: ¿Cómo hago para tapar con la mayor cantidad de tierra un error que cometí hace 12 meses por no manejar la presión y que está a punto de costarle dinero a la oficina? Me acuerdo una escena de alguna película que ví en algún sábado de resaca. Cinco empleados trituran papel de noche en una oficina día antes de que llegue una auditoria ¿es posible triturar las evidencias de un crimen? al final siempre hay un cabo suelto que queda por ahí y como díria Raskolnifof ¿tanto lío por dar un hachazo a una vieja?.

El Segundo: ¿Cómo hago para terminar de relacionar los personajes de un cuento que tengo a medias? Espero poder sentarme en la maquina de la casa al menos una hora esta noche y poner en el papel todo el enredo que tengo en la cabeza, enredo que va surgiendo mientras muevo papeles de canasta a canasta, leo mensajes de correo, firmo carta, sello sobres.

En 15 minutos se abrirá la puerta, en 15 minutos empezará el ruido de este lugar en el que estoy estancado hace 7 años 9 meses. No puedo saltar sin red, ya no soy trapecista, tengo una hija que es más que el público que mira la obra es la razón de ser de este circo quien al menos los próximos 15 años me necesita vivo. Ahí radica la perversa broma de trabajar en un lugar que te paga un buen sueldo pero que detestas, si es una mamada, la plata no compra y nunca comprará la felicidad. No me gusta este trabajo, es más lo detesto al igual que a tod@s los que comparten conmigo este espacio. Tengo un Jefe que más parece refrigerador que persona y del cual nunca sabes que humor trae a la oficina, tengo unas ganas de mandar todo a la mierda y dedicarme sólo a escribir, la pregunta es ¿me pagaría tanto la literatura como la burocracia? Mi consuelo es que Cortazar fue también uno de estos.

¿Cuántos habrá allá afuera como yo que quieren dejar un trabajo luego de 12 años y 9 meses de ser burocratas, cuantos que no se animan?

jueves, octubre 01, 2009

Sueños y taquicardia

Sus ronquidos rebotan en el vino de la pared mal pintada de su cuarto. Ella duerme, mientras aquel atrapa sueños comprado en la Sagarnaga conoce el perfíl de sus senos de fresa, por las noches estira sus plumas y hace cosquillas en los pezones de la que duerme, ella abre la boca, muestra la ya conocida curvatura en su canino derecho y exhala un aullido con sabor a mar salado.

Ella conoce Tailandia sólo por la ropa de algodón que nuevamente ha vestido su cuerpo para la foto. Mira a la cámara de forma desafiante y con esa sonrisa de medio lado, él la mira detrás del lente de la cámara, detrás del monitor de su computadora, desde el espacio que esconde su intromisión reverberante.

"Que los muertos entierren a los muertos", recuerda aquella frase de la Biblia y concluye que es necesario apretar la X en la esquina derecha del monitor y gritar con la boca pegada a la pantalla "botá ese atrapa sueños!!!", antes de ponerse el pulgar derecho en la carótida y sentir su pulso acelerado.

Hoy no tomó su pastilla para la hipertensión, hoy despertó después de una pesadilla, hoy tiene taquicardia y decidió que sería buena idea comprar un atrapasueños y volver a ver en la noche sus fotos de Tailandia.

Ella despierta, mira el techo, piensa que el color rojo quedó perfecto en su nueva casa, mira el atrapa sueños, agradece al gran brujo no haber tenidos pesadillas, se levanta, desayuna medio pan y con alivio recuerda la buena decisión de haber sacado de su vida al borracho taquicárdico.

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lunes, septiembre 28, 2009

Pavese y la Diosa Blanca




El suicida es un homicida tímido (Cesar Pavese)

El 9 de septiembre de este año se cumplieron 101 del nacimiento de Cesar Pavese y el 27 de agosto 59 años de su muerte. Hace un año habría cumplido 100 años, lo cual hubiera sido biológicamente poco probable aunque tal vez alcanzable, con una vida rigurosa y aburrida. Pavese, no quiso ese tipo de vida y decidió adelantar la cuenta de los años en una pequeña habitación de un hotel de Turín suicidándose a sus 42 años.

Como era de esperar hace un año Francia, Italia y España reeditaron con pompa y homenajes sus libros rescatados del olvido. Los centenarios siempre son un buen pretexto para la farándula, una excusa para llenar páginas con referencias al autor.
No es idea de esta nota realizar un ensayo literario sobre la obra poética de Pavese, tampoco tomar como pretexto su muerte para una apología o crítica al suicidio. Para lo primero están los literatos hábiles y lúcidos, quienes hablarán con mayor rigurosidad de su obra. De lo segundo y lo tercero que se encarguen los curas o los surrealistas.

Aquellos que no saben o no quieren vencer la soledad interior deciden irse antes, Pavese lo sabía; la nada, la muerte fuente de su vocación, eran también su condena. “Para todos tiene la muerte una mirada decía” pues él prefirió mirar sus ojos antes que, adormilado por la vejez, sea la parca quien se los muestre.
Pavese prefirió morir en completa lucidez y plena conciencia de sus actos, cuentan que el día de su muerte dejó de manera significativa, como una reliquia enigmática sobre la mesita de noche del hotel, un ejemplar de su obra “Diálogos con Léuco” (de la cual sólo tuve la suerte de leer unos pasajes citados), junto a su conocida nota final de despedida: “Perdono a todos y a todos pido perdón. ¿Va bien? No chismeen demasiado” Dicen que ese día también llevaba consigo su diario personal “El Oficio de Vivir”, un cuaderno con sus últimos poemas y 16 frascos con pastillas para dormir. Antes de irse hizo tres llamadas telefónicas, para invitar a comer a tres diferentes mujeres, ninguna quiso, ninguna pudo.

Pavese murió por que supo que tenía que irse, encerrado en un hotel luego de haber recibido un premio literario por su libro “El bello verano”. Una muestra más de que su muerte era el punto final a su obra, es que Pavese no encajaba en el perfil del suicida dependiente que se mata por el amor no correspondido hacia una musa. Encarnaba, en su melancolía a cuestas la angustia (esa Sartriana) hacia la nada y que se expresaba en frases como “Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata por que un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada”

El oficio de vivir, bajo la sombra de la muerte en Pavese, era el reflejo de una relación con la gente que lo agotaba, una forma de ver la vida que plasmó en toda su obra. La decisión de Pavese de marcharse fue absolutamente personal y meditada, en extremo coherente con su desesperanza. Al final el suicidio fue, en él, un acto de completa coherencia para poner punto final a su obra.

Pavese se fue por que quería, reconociendo, ya desde sus 40 que el suicidio estaba presente de forma insistente como única posible forma de enfrentar la muerte. “Todo esto da asco, basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.”, dijo Pavese en las páginas de su diario que concluyó 9 días antes de morir. “El suicida es un homicida tímido” también había dicho, para reivindicar magistralmente el acto de irse, por voluntad propia.

Pavese hasta el día de su muerte creyó en la fuerza del mito, en la medida de que este era un lenguaje, un medio expresivo, no algo arbitrario, sino un vivero de símbolos, al que pertenece como a todos los lenguajes una particular sustancia de significados (1)

Pavese se valió del mito como forma de expresar simbólicamente su realidad, el mito traspasó la ficción para instalarse en su vida, no fue por azar que el día de su muerte dejó el libro de sus coloquios míticos “Diálogos con Leucó” como bien dice García Gual, …” como un testimonio de sus inquietudes sin respuesta, como un recorrido por un paisaje antiguo, como un paseo entre sombras y fantasmas de otros tiempos, entremezclados los ecos de la infancia y las siluetas de diosas y héroes de una cálida y ambigua familiaridad, voces antiguas para expresar angustias y dudas de siempre…”

Pavese no sólo como poeta y novelista, sino como ensayista e intelectual se preocupó por leer varios tipos de mitologías, pero probablemente la griega, por la riqueza de esa mitología, con una larga literatura que la transmitió, era incomparable y de una gran “madurez mítica” para él ¿pero por qué Diálogos con Leuco?.
Leucó es un diminutivo de Leucótea “La diosa blanca”, cuando uno se entera quien era Leucótea, probablemente encuentra la verdadera razón que escogió Pavese, un apasionado por la Odisea, para el título del libro, obra que lo acompañó de manera simbólica hasta su muerte.

Leucótea “la Diosa blanca”, era una, divinidad menor, lejos de los grandes dioses del Olimpo. Tiene una sola una aparición importante en la en la Odisea para auxiliar a Ulises, zarandeado en su balsa por una furiosa tempestad enviada por Poseidón. Aparece de pronto del mar como una gaviota, habla con Ulises y le dice que abandone su balsa y se lance al mar, embravecido por la tormenta, sólo usando su velo mágico como abrigo y nade. Ulises, algo desconfiado obedece a Leucó y dos días después llega a nado a Feacia.

En “Diálogos con Leuco”, Leucótea aparece dos veces, en los coloquios en que Pavese, inspirado en Ulises y la Odisea, trae el motivo recurrente de la inmortalidad divina enfrentada a la existencia mortal, ambas condiciones se revelan como insatisfactorias .

Leucótea, he aquí tal vez el nexo de el mito con la vida de Pavese, era una mujer mortal que, desesperada, se suicida lanzándose al mar, sin embargo los dioses le conceden el extraño privilegio, de salvarla de la muerte. Leucótea es redimida por capricho de los dioses y emerge luego del fondo del mar en condición de diosa para ayudar a Ulises.

Pavese recurrente en vida con el hecho suicida, pareciera que hubiera escogido el mito exacto, de aquella diosa para expresar sus propias inquietudes y angustias. Es este juego entre la inmortalidad divina y una existencia mortal, ambas insatisfactorias, que recoge Pavese en la historia de Leucótea, para plasmar su relación con la muerte. Una mujer, que insatisfecha con su vida, decide matarse lanzándose al mar; sin embargo no muere queda entrampada en una existencia eterna como diosa cuyo destino es salvar de la muerte a otros, existencia eterna que es a su vez, es un mandato y un castigo.

Pavese recurrió a los mitos griegos como si en esas imágenes y en sus destinos trágicos hallara un medio para dar curso a esos anhelos sin respuesta.
Sin duda los mitos pueden ser usados, como forma de simbolizar la realidad, pero no son la realidad en si misma, rescatando de ellos la historia, la simbología para significar una realidad que más de una vez perturba, que más de una vez no se entiende.

El velo mágico de Leucó, fue usado por Ulises como un salvavidas para evitar el naufragio. Pero sólo por un tiempo; al final cuando éste, a salvo, nuevamente se enfrenta a la inquietud cotidiana, es decir a la realidad, por último a vivir. Quedarse con el velo en el agua sería morir, uno debe usar el velo para lo que ha sido hecho y continuar, permanecer en el mito es a su vez no vivir. Al final vivir es real y no tiene nada de la lírica o épica del mito. La realidad se nutre de la ficción, pero desprovista de esta duele, como el hecho de vivir. Ante esta certeza más de uno prefiere quedarse flotando en el agua, aferrado al velo de Leucó o lanzarse al mar con la esperanza de que los dioses lo rediman mediante una inmortalidad.

Tal vez Pavese en su relación con la vida prefería el mito, tal vez por eso “diálogos con Leucó” era la obra que mejor lo definía, llegó a escribir poco antes de su suicidio– que era su “carta de presentación ante la posteridad” , tal vez por eso dejó junto a su cadáver el libro de aquellos coloquios míticos con la mitología griega, como un testimonio de sus inquietudes sin respuesta.

Algo sin duda buscó en el último instante de vida, en la última charla con Leuco, tal vez buscó una puerta al mar de Leucó, en el que esperaba ser recibido por sus aguas, quien sabe deseando la misma tortuosa inmortalidad de la Diosa Blanca. Tal vez Pavese decidió el día de su muerte fundirse con ella, como última esperanza de redención, acompañada del acto de pedir perdón. Dicen que hasta en el acto más agónico del suicida hay un soplo de esperanza, tal vez por eso, cuenta la superstición católica, que si el suicida un segundo antes de morir se arrepiente se salva.

Pavese probablemente buscó antes de morir que el mito sea testigo de su muerte y que sean los ojos de Leucó” los que miren como dejaba este mundo. El encuentro con el mito como forma de abrochar su vida, con la simbología que uso para soportarla, fue el juego, el símbolo último que nos dejó.

Pavese escogió el mito de una suicida que luego devino en diosa para entablar un diálogo en vida con la muerte y dejar que sea ella, desde “Diálogos con Leucó”, la única testigo de la verdadera razón de su partida.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo.
Tus ojos serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así lo ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.
Cesar Pavese

(1) Extracto de Diálogos con Leuco (Ensayo sobre Cesar Pavese por Carlos García Gual)

jueves, septiembre 10, 2009

boomerang

....Vuelve lo que va, yendose retorna...

Tratame bien...¿te trato bien?

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martes, septiembre 08, 2009

A un anarquista


No era Rimbaud, sólo era un niño indio (Roberto Bolaño)

El poeta anoche volvió a reir con carcajada sorda, por que sólo escuchó el eco de su sorna.

El poeta puso el adjetivo encebollado en mi prosa y se jactó una vez más de ser anarquista y minimalista.

El poeta sabe dar palo con cicuta y con clase a la prosa banal, burlándose de los escritores y crónistas neobarrocos de La Paz. Ese poeta, sí, de ése hablo, el que dice que construyó su casita de 3 pisos gracias a la poesía y que anoche se dio el lujo de quitar algunos versos de un poema de Nicanor Parra, con marcador verde, antes de leerlos por considerarlos excremento.

Ese poeta, ese "cholo ilustrado" que escucha Bach más que morenada y al cual Jaime Saenz le dedicó un poema luego de que él mando a la mierda a los talleres Krupp, ese poeta con apellido que suena como el apodo de un caricaturista argentino, sabe como poner el acento en la palabra.

Ese poeta, sin duda sabrán de quien habló ayer me albergó en su biblioteca y me enseñó el truco para dormir poco o casí nada y leer más o casi nada. Ayer me invitó singani con agua de la pila, tabaco negro y marraquetas a la mañana y me contó de los sombreros que hacía su padre y de la muerte de su madre a sus seís años.

Ese poeta sonrió borracho ante mis incoherencias contaminadas de tanto tóxico. Aquel anarquista de palabra precisa y herética ayer dormitó, en mitad de su sillón, abrazado de un párrafo lleno de prosa banal, mirando de rato en rato entre bostezo y bostezo un cuadro que le ganó al Edgar Arandia en una apuesta.

Ese es el poeta, que conoció el valor de abrirse espacio a puñetazos en la constelación de escritores burgueses y aprendió de memoria el numero de peldaños que conducen a su biblioteca, los cuales descendió ayer en silencio reverrente ante un carajazo de su hija. Biblioteca donde está la cama de torneado y barroco respaldar, en la que duerme dos horas cada noche.

Lo conocí hace 15 años, lo reencontré hace dos meses y llenamos de ácido las palabras y de singani los pulmones. Ese poeta no es mi amigo, ni nada parecido, eso si es el único poeta por el que me sacó el sombrero en mitad de una cantina y el saca una sonrisa de su boca para pintar de barrocos y huecos halagos mi prosa. Ese poeta sabe pintar palabras y me regaló ayer un abrazo más antiguo que el que contenía al Felipe y Peña y Lillo o visceversa.

Ese poeta es un maestro lo cual es mucho, lo cual es nada.

Al final me pregunto ¿qué cosa me habrá querido enseñar a la madrugada con Bach y chalina de alpaca burlándose de mis divagues lacanianos y mi prosa banal?

Celebración de un infante
Mi infancia era un humo azul
Un punto ciego en el cuarto escarlata
El mago Tou Fou acariciaba mis cabellos
Mi padre cabalgaba sobre mi vieja cuna
Como si estuviera fuera el mundo y su pesadumbre
Mi madre medusa comía una naranja
Su pálida tristeza me hundía en la gracia
En esa espuma desconocida y áspera que sería mi destino

Mi infancia era una selva de sombreros y falacias
Querubín luciferino / Mí gloria era el infierno
El esqueleto de un caballo
Y ese hueco en la niebla donde una maldición tejía
Ya el telón había caído sobre mi razón
Y sólo tenía la certeza
De haber sido echado del paraíso
Entonces / Me desaté la lengua
Me rompí un brazo
Y me masturbé como un simio.

Humberto Quino Marquez

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