Tu Sangre
¿Cómo mierda se hace para sacar una mujer de la sangre, cuando trepa dando mordiscos por venas y arterias? Siempre creí que no había respuesta, sólo el eco de tus palabras rebotando en mi techo. –Es más liviano jugar a fluir con la música- decías, midiendo el tacto, pulsando en cada acorde el blues de tus besos. -No te enrolles conmigo o gano o mato- sentenciabas.
Pensé mucho Negra en como hacer más liviana tu ausencia, limpiando tu sabor de mis venas pero no lo logré, al menos hasta hoy. Reconozco que fue absurdo preguntarte ¿el detergente con que lavas las sabanas servirá para blanquear mis venas? si era un rollo sólo mío y tu fuiste clara ¿o no? Con eso de que te gustaba coger conmigo y punto, además como decías ¿qué podría resultar de un quenista y una blusera más allá de un arrítmico y multicultural encuentro?
No tengo idea de como limpia tu sabor, es lógico si yo mismo decidí abrir la piel a la tinta de tu canto, dejando que mi sábana sea lienzo, que mi boca frasco vacío. Si, hasta hoy tu sangre navega en la mía por un acto de simple voluntad y entrega, por que me empeciné que así fuera, por que construí una muralla coagulada en mi pecho que retenga tu canto más allá de tu ausencia.
Al final de nada valió tanto tacto, tanta metáfora “draculesca” como dirías. Tú te has ido, claro que te has ido, si nunca estuviste, si lo habías anticipado cuando me dijiste que mis manos no rasgarían tus alas, aunque contradictoria como siempre también pediste que usara aquel viejo cuchillo de cocina para dibujar en tu espalda la forma del beso que me preservará en tu huida.
Negra ¿Sabes como se hace, para que vuelvas a la alfombra, para que desaparezcas de mis músculos, de mi piel, del cerebro y de mis viejos riñones?, Sería más fácil si al menos aparecieras con una botella vacía, reclamando con soberbia que te devuelva lo tuyo, que tú sólo querías un juego sincopado con mi piel y nada más, que tu sangre es tuya con sus olores y sabores y que no te daba la gana de entregarla a nadie, menos a un quenista frustrado.
Si Negra odiaba que me repitieras eso de” el amor no es para el que más haya rezado”, por que al final yo rezaba, como idiota pero rezaba, pedía que seamos una sola sangre, pero tu no querías.
Si me acuerdo Negra, yo queriendo volver metáfora el beso de tu sangre en mis sábanas y tú celebrando con un blues de Sopocachi que no creías en las cruces, que detestabas la barroca mirada de aquel Cristo tallado en madera, que desde la pared de mi cuarto celebraba tus ojos y bendecía tus pechos trepando por mis costillas.
Si Negra como no recordarte escupiendo en mi piel, pidiendo aire luego de tocar mi quena, ahí matándote de risa confesando que estar conmigo era como violarse a un cura. Debí entender que no querías darme tu sangre, al final fuiste clara cuando dijiste que había ciertas cosas que te daban asco, que no era buena idea jugar a ser guitarra sobre mi barriga de tambor hueco, por que sonaría mal, por que tu piel desafinaría con la mía.
Sin embargo cuando menos lo pensaba me diste tu guitarra, me pediste que salga del lugar y que te espere en casa con sabanas blancas. Te obedecí, planché las sábanas, lave el aire con el viento de mi quena y esperé. Llegaste, callaste mi garganta con tu cabello crespo, trepaste como pitón por mi cuello hasta vendar mis ojos, hasta decir en mi oído que sólo me prestarías tu sangre.
Esa noche había una cosa que no sabías Negra, los quenistas aprendimos a sentir la palabra del viento, por más sutil que sea por lo que escuché los silbidos sutiles que produjeron tus cabellos enredados. Tu ni te enteraste, no tenías la culpa no estabas acostumbrada al viento, sólo al temblor de tus cuerdas, por eso no supiste el verdadero pedido; pintar mis labios con tu sangre, recorrer el camino de tu ombligo a tu vientre, soplando viento, mojando el aire, secandote.
Me acuerdo Negra la forma que tenías de repetir eso de “no sabes , no quieres, no entiendes que me gustas mucho” como confesándome que hasta ahí nomás llegarías conmigo y yo todo idiota pensando que tu canción era una declaración, confesándote nuevamente esa idiotez de que por el juego rojo de las sábanas tu navegabas en mi sangre y que éramos uno en las venas y no sé que tantas pajas más.
Es que para mi el tema nuestro encuentro fue la manera fetichista de sostener un pacto, algo único contigo, de filtrarme por tu boca de que te cueles por mi cuerpo y que reposes en mis venas. Para ti una noche y punto.
Si Negra hoy vine para devolverte lo tuyo ¿Sabes? traje las sábanas limpias como te gustan y tomé mucha agua antes de venir para descontaminarme lo más que pueda.
También traje el cuchillo, ese con el que te gustaba cortar el tomate, con sutil y fino corte, para los fideos con los que acompañabas tus canciones en mi viejo cuarto. Negra, está bien afilado, no te preocupes que no lo usaré contigo, sería una falta de gusto y tacto arruinar tu canción con algo tan grotesco.
¿Sabes como se arranca una mujer de la sangre? Dejándola salir de a poco, abriéndole la puerta, permitiendo que se lleve con ella los restos de su huésped, haciendo que vuelva gota a gota a las sábanas donde se cometió el primer crimen.
¿Podrías cantar eso de que te gusto mucho? ¿Podrías repetir para el público mi confesión celebrada por la cruz, mientras pongo con cuidado las sábanas blancas en mis piernas y espero tu primer acorde?
Cantá mirando al público, yo escucharé en silencio apoyado en la pared. Me hice un tajo en la panza, no quedaba otra. Decidí secarme en esta sábana mientras cantas y devolverte en mitad de tu acto.
Cantá esta noche fuerte, con todo mientras este cuerpo se seca, así algo de tu voz irá entrando en mi carne desafinada, algo de tu músia me devolverá un resto de tu sangre en la partida.


