domingo, febrero 05, 2012

De la Generación Y al Chavismo en La Paz (Pintando Sonrisas en el medio)

Grupo de niños y niñas de la Cárcel de Mujeres en el Festival Venezolano



Yoani Sanchez, foto robada de su perfil




La cubana, auto repatriada Yoani Sánchez, escribe en su blog Generación Y lo que siente la generación del Centenario de la Muerte de José Martí, de la cual es parte. Busca como la Generación del Centenario de su Nacimiento, que en 1953 tomó el Cuartel Moncada, una nueva revolución en Cuba. Ella no vive en los tiempos en que Reinaldo Arenas tenía que esconder sus escritos mecanografiados en el techo de la casa de una tía arpía, pero poco ha cambiado la libertad de expresión en Cuba desde entonces. Hoy hay sólo tres computadoras por cada cien habitantes. A Yoani la idolatrán o la odian en La Isla y ella sigue escribiendo, defendiendo la consigna que pegó en la puerta de su casa “Internet para todos”.
Yoani se expresa en un blog y desde su cuenta en twitter que a la fecha tiene 210,780 seguidores . La blogosfera y las redes sociales le dan la libertad que el gobierno restringe y con la ayuda de turistas puede acceder a comprar tarjetas de internet. “El otro día di un paseo a dos norteamericanos que al final me compraron una tarjeta de cinco horas. Eso puede durarme todo un mes si lo administro bien, porque yo trabajo todo offline primero” (extracto de entrevisa a Yoani Sánchez, realizada por Leo Felipe Campos, periodista venezolano y publicada en El Malpensante #124).

Luego de terminar la entrevista me pregunté sobre como hacer universal la consigna de Yoani “Internet Para Todos”, ahora que la “paranoia del imperio” (léase con tono chavista) quiere aprobar proyectos de censura a la libertad en la web.
Sin duda un blog puede ser la forma de hacer pública tu vida para que el otro se apropie de tu intimidad o una plataforma de libertad donde lo público, cernido en la intimidad, sea devuelto al mundo, como denuncia y crítica. Yoani pertenece a este segundo grupo al cual deberíamos ir migrando los blogueros histriónicos, contando menos nuestras devaneos existenciales e interpelando a nuestros gobiernos un poco más.
Su nota del 31 de enero habla sobre la visita de la Presidenta del Brasil de Dilma Rousseff a la Habana. Brasil es el segundo socio comercial actual de “El Raulismo” como ella dice. Yoani habla de cómo esa visita fue empañada por la muert, luedo de una prolongada huelga de hambre, de Wilmar Villar Mendoza, joven disidente cubano y a quien el gobierno de Cuba tildó de delincuente común. Después de leerla me acuerdo del acto pro Chavista organizado ayer por la Embajada de Venezuela (Primer socio comercial y político del Gobierno de Evo) en la Plaza de Obrajes. En ese acto escuche analogías entre la toma del Cuartel Moncada y el Golpe del 4 de febrero, parangones patrióteros y trasnochados entre la Revolución Castrista y la Chavista y recordé a la Generación Y de Yoani.
Pese a todo rescato de aquel día el espacio que la Embajada de Venezuela dio a la Fundación Pintando Sonrisas (de la cual formo parte), para promocionar la campaña por un vaso de leche para los más de mil niños y niñas que viven con sus padres en las cárceles del país y que por los cuales no hace nada la Revolución Evista. Entre el sonido ensordecedor de los hurras al Comandante Chávez, a la memoria del Che y al paraiso que hoy es Venezuela gracias a Chavez, las voluntarias de la campaña hicieron lo que pudieron para que veintiséis niños y niñas del Centro de Orientación Femenina de Obrajes jugaran por algunso minutos en libertad, olvidando que su hogar es una celda.
¿Algo así sentirá Yoani los diez minutos diarios que accede a internet? Me pregunté antes de irme.

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miércoles, febrero 01, 2012

Infinito inconcluso I



Hay más libros en el mundo de los que podré leer mientras siga en él, razón por la cual me propongo terminar la lista de los treinta libros pendientes para este año y no comprar más libros (sé que lo segundo es irónicamente imposible) ¿Quien podría ser Borges para construir y habitar en la Biblioteca de Babel? Somos mortales, limitada y humanamente mortales, leyendo la obra de otros que murieron antes, dejando varios libros inconclusos y así será hasta el fin de los tiempos. El que nos mira desde arriba lo sabe y ríe de mis banales angustias.

Antes de dejarme atrapar por este juego de preguntas sin respuesta, escribo estas líneas convencido de que por hoy Cesar Pavese, Santa Teresa y Roberto Bolaño deben retornar a la biblioteca, ya que mi memoria ha empezado a confundir, confesiones místicas, diálogos con dioses griegos e historias de asesinatos con episodios de mi propia vida ¿será este el preámbulo de una vejez llena de ficción?

En fin, con el cerebro adormecido, encuentro alivio escuchando Lover Man de Charlie Parker, quien parece decirme con su saxofón que Johnny fue un simple impostor y Amourous, una perversa broma de la memoria de Cortazar.

domingo, enero 29, 2012

Sobre el combate de palabras (Con Salinger, Saenz y Bukowsky en el corazón)




¿Si no es ahora, cuándo? Repite la voz que me susurra al oído izquierdo, recordándome el tortuoso mandato de escribir con plazos y estructura, con la única diferencia que esta noche me encuentro lejos de la resaca liberadora, lo cual impide un fluir más a tono con "la boheme".

Displicente con mi propia palabra, escribo olvidándome de la técnica de mecánico, esa que recuerda: usa giros de tuerca, vueltas de elipsis, omite todo oxímoron. Que te exige poder la maleza de un cuento y jalar la cadena, para que se vaya por el inodoro el excremento de diez barrocas páginas, depurando la reencarnación de Ema Zunz en una mujer de El Acre (que agravio diría Silvina Ocampo).

Vuelvo al formato liberador que me da el blog, aquel que estaba de moda hace siete años atrás y llevó a más de uno a colgar sus chismes de cocina, sus poemas de amor, sus recetas financieras en algún sitio que hoy es basura en el ciberespacio. He vuelto para ver hasta donde se puede llegar en este formato, en tiempos en que la economía de palabras del twitter regula a poetas, periodistas y chismógrafos.

La pasta recalentada tiene buen sabor, más aún si no es en micro ondas. Como y mi ojo derecho mira, con una mezcla de júbilo y serenidad, a mi hija de ocho años, me acompaña frente a su propia computadora. Juega mientras yo escribo, crea un desfile de modas para Barbie, lejos de los libros que quiero que empiece a leer y aún no quiere abrir (que sea lo que quiera pero libre, pienso) Su presencia ilumina esta sala y sus risas espantan a los demonios que tan a gusto estaban en mi soledad, como añoran los malditos, aquellas madrugadas de desperdicio, de tóxica pluma y aguardentoso canto. Añoran derrotados porque saben que este lugar los exorciza con la presencia del amor que salva.

¿Qué pensaría J.D. Salinger de mi falta de agorafobia y reducidos encierros que han derrumbado mis esfuerzos de ermitaño? No sé, tal vez tendría envidia. Ayer veía una foto suya en el Facebook, lo mostraba en sus tiempos de gloria, con el cabello bien cortado, un elegante traje gris, eso sí ya conjuraba las miradas con una cortina de nicotina. Buena foto pero nunca igualará a esa que le sacaron en al salir de hacer compras en sus últimos días. Hay viejo J.D. debo confesarte que las últimas veces que fui al supermercado insulté y mordí igual que tú. Hace un año estaba seriamente convencido de recluirme para seguir tus pasos, pero ya ves la vida me sorprendió este nuevo año con grandiosas bendiciones y me salvó de la jaula, para regalarme los fines de semana llenos de la presencia de mi niña en casa. Si me hubieras visto hoy plantando margaritas a su lado en el jardín y curando con cuidado el tallo de una rama, si J.D. te hubiera sorprendido la magía en la mirada de la infancia, quien sabe talvez te hubiera salvado o terminado de condenar.

Hablando de la paternidad y las letras, se me ocurre que habría que jugar ouija y preguntarle a Jaime Saenz, ¿qué piensa hoy muerto de su poema al pasar un cometa? ¿le servirá de algo desde la tumba cortarse las costillas con serrucho para entregar el corazón a su hija. Tal vez respondería, en su estílo, que que "la muerte es una cosa bien muerta" y por tanto no hay corazón seco que lata en la mano de su hija desde el otro lado de la noche. Quien sabe tal vez con Jourlaine a su lado hubiera escrito menos y amado más, o ni una ni otra cosa.

En fin, me pasa muy seguido ya vez, que empiezo a narrar con la firme intención de hacer un diario, con la clásica formula en primera persona, que me acabo desviando, como en este instante que me acuerdo de de aquel poema del viejo Chinasky que decía:

y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien
igual.


Termino de leerlo y me espanto frente a los cinco meses que me puse de plazo para concluir mi libro, ese que hablará de los Ajayus de mujer víctimas de violencia. Entonces se que no puedo perder esta pelea.

Debería hacer como decía Isak Dinesen “escribir todos los días sin esperanza ni desesperación” y algo saldrá o como decía Bukowsky con harta cerveza. Sin embargo me desespero rápido y no tengo cerveza.


Creo que debería volver a mis perros viejos que pelearon tan bien: Cortazar, Saenz, Hemingway, Joyce y tomar más cerveza, aceptando que escribir en domingo no se me da muy bien.


En honor a la verdad de mes en mes, añoro ser un poco más como el viejo Salinger y un poco menos como Benedetti, pero ya ves acá estoy entre la necesidad de una tregua y las ganas de volver a leer The Catching in the ride, para luego seguir dándole duro a este teclado, duro en mi solitario combate, eso sí con mi hija a mi lado.

sábado, noviembre 12, 2011

Sobre el cuerpo I

Hay certezas que provienen del músculo, el hueso, las uniones pegadas a fuerza de sangre y nervio, verdades que confiesa la envoltura. En ese momento sabes que el cuerpo habla lo que el otro que lo habita calla. Es ahí que se revela el delirio que susurra y confiesa: el cuerpo vive en el dolor y duele en el vivir.

Entonces parafraseando las imagenes de Jaime Saenz, habría que concluir que sería mejor no decir nada y recorrer esta distancia esperando el dia en que las tripas se revuelvan y las vertebras se compriman hasta sacarte tus jugos y fluidos y dejarte hecho despojo de despojos en un viejo catre. Habría que saber de una vez por todas que el que habla lo hace desde un lugar que no termina ni empieza en la envoltura y que la palabra es sin carne y sin embargo a su vez es verbo del cuerpo.

Mientras tanto en la espera miro mi mesa en la que están: el borrador de un texto que escribi por encargo sobre la muerte de una mujer que no conocí,un viejo ejemplar de la revista ECO el año 1968 (con algunas cartas de Pavese) y mi ejemplar de Rayuela escoltado por una botella de Coca Cola (vaya a saber porque le dio la gana de salir hoy). En esa escena me pregunto por lo que pasa al medio, en la silla que me sostiene, debajo de mi gluteo izquierdo, donde presiona como dedo de torturador e irradia como trueno el dolor del nervio, aquel que dice lato en ti porque me da la gana y te jodo porque puedo hacerlo, porque me otorgas el espacio para recordarte que en ti habito, porque soy cuerpo vivo en palabra muerta y tu no podrás hacer nada.

Si hoy sería mejor no decir nada y seguir escribiendo mientras el coctail de pastillas analgésicas que tomé vaya haciendo efecto, engañando al nervio al disco que no suena pero que comprime.Si hoy el hablar del cuerpo (con su persistencia china de gota de agua en la frente) se irá desvaneciendo, por unas horas,por unos minutos y mientras tanto es justo y necesario:

Entregar desde la nada de la palabra herida en la palabra, mi dolor adormecido a la Maga añeja y ausente de Cortazar para quue haga algo con este dolor de mierda y lo lanze al Sena.

sábado, octubre 08, 2011

Desde el ventanal

Escribo desde el Café Alexander del Multicine (Avenida Arce entre Gosálvez y Pinilla). Por el gran ventanal del segundo piso recibo los saludos ruidosos de la ciudad que despierta en sábado. Frente mío hay una casona abandonada de los años cuarenta que tiene un altillo en el que mi imaginación busca la silueta de Norman Bates de Psicosis. La casona tiene una reja negra con la advertencia de no estacionar, un graffiti con pintura plateada y letras sin sentido se sobrepone al letrero. A la derecha la Universidad Militar EMI que ofrece en un letrero guindo su oferta de programas de doctorado. Al ingreso tiene un estandarte con una bandera boliviana, mis ojos buscan la whipala. A mi izquierda- dentro el café- una mujer de no más de treinta es la encargada de limpieza de este lugar. La mujer acaricia con firme dedicación el ventanal de vidrio que me separa de la calle; se para de puntas para llegar a una esquina, encorva la espalda para limpiar una mancha. Tiene cicatrices en el pómulo de alguna eruptiva y un gorro que esconde su cabello amarrado; sus ojos guían el ascenso de un trapo hasta la esquina superior izquierda de la ventana, trapo hambriento que asciende en busca de arañas.

Por un resquicio entre el pilar y el balcón interno de madera del café, frente a un gran letrero de publicidad, sentada en el borde de la acera una mujer de pollera roja y saco azul (puesto al revés) pide limosna, sus canosas trenzas reciben el sol y una gorra de llana con dibujitos de llamas juega a proteger de la radiación su rostro lleno de surcos. Por su delante pasan seis mujeres jóvenes apuradas, aligeradas de ropa, aligeradas de misericordia. La séptima mujer llega de un puesto de comida y le entrega una taza de café y un pan, la anciana bebe el café en tres sorbos y deja el vaso a su lado, junto su pollera, luego toma el pan y lo mira mientra espera alguna moneda. La anciana espera la caridad de las vidas apuradas mientras come al sol y finge cuidar autos, indignante forma de sub empleo para una anciana ¿será que los ladrones la respetarían si los pesca robando?

Las encías de la vieja mujer sorprenden, muerden con fuerza el pan con algo adentro parecido a una mortadela. La mujer aún no ha recibido ninguna moneda, veo que vuelve a estirar la mano, esta vez haciendo un ademán con los dedos como aquel que se usa para llamar a un perro, gesto que esta vez va dirigido a un hombre de lentes negros y chamarra rompevientos. Pienso que la mujer tiene todo el derecho de hacerle “psst, psst” como a perrito al joven hombre, porque ella merece el respeto y no viceversa.

La mujer que lava vidrios se ha ido, a mi derecha en la mesa del lado conversa una pareja, el hombre lleva barba y poco pelo en la cabeza, es un conocido mío pero finjo no haberlo visto. El habla de sus sueños, ella da la vuelta la cabeza para ver algo en un edificio (tal vez el apartamento que el añora comprar). En la calle ha estacionado un camión transportador de valores de Brinks lleno de dinero, el vehículo da sombra a la anciana que come y espera una moneda.

La indignación llena mis ojos al leer en el periódico que una niña de dos años murió ayer luego de una semana en coma por la golpiza que le propinó el padrastro en complicidad con su madre. Más abajo otra noticia habla de otra niña, esta vez una bebé de ocho meses, la cual está en cuidados intensivos por que el padre quiso envenenarla con raticida para no pagar asistencia familiar.

Respiro y me sobrecoge el llanto caprichoso de una niña en el piso inferior del Café. La menor se niega a desayunar “una niña fue envenenada con raticida porque el padre quería evitar pagar su alimentación “vuelvo a pensar.
La mujer que lava el vidrio ya no está. Levanto los ojos busco respuestas en las nubes y reparo en un edificio en construcción. En el piso 15 veo sobre un andamio cuatro hombres de espaldas descansan, llevan overoles y cascos (al menos tienen protegidas la cabeza). Me recuerdan a la clásica fotografía de cuatro obreros sentados en una viga de acero en una construcción en la Nueva York de los años 30. La Paz no es Manhattan me respondo, es la ciudad en la que los camiones llenos de dinero parquean en doble fila detrás de una anciana limosnera y donde apresuradas las mujeres jóvenes entran a un gimnasio para quemar las calorías de más, para construir el cuerpo que las revistas venden que han visto anoche en el Show de Tinelli. Esta es la ciudad, donde todavía hay ancianas que piden limosna en las calles, padres homicidas de sus propias hijas y bebes que gritan porque se niegan a comer su abundante ensalada de frutas.

Esta es mi ciudad que despierta con furia y me lleva a recordar: Si miras con paciente detenimiento lo que tus ojos ignoran escucharás en el eco de estas vidas, las mil razones que laten y te muestran tu pequeñez aburguesada.

sábado, agosto 20, 2011

Shsss



.....Morder sin abrir la boca...

martes, agosto 16, 2011

Veinticinco veces en la noche una sola noche veinticinco...



A los 25 años de la muerte de Jaime Saenz, comparto un textos y un poema dedicados al poeta, que publiqué en el año 2008 en mi libro Trajines y Haceres

Encuentro con la noche

(En el lugar que no se expande)

Ingreso por el mausoleo de los notables, que dan su nombre a las calles que hoy transito, alineados: Belisario Salinas, Rosendo Gutiérrez, Villalobos, Riosiño y otros, esos de los que pocos saben lo que hicieron, esos que todos caminan a diario por su espalda de asfalto. Me acuerdo cuando ella me dijo que son sólo calles, que su nombre en la memoria colectiva representa sólo puntos de referencia, lugares de encuentro. Pocos se acuerdan que hicieron, que fueron para esta ciudad, para que tengan un lugar perpetuo con vista al Illimani, pocos se acuerdan, menos tú.

Tres de la tarde, se nubla la escenografía del lugar y un nuevo encuentro con la muerte me conmueve. El féretro sale de la capilla, en hombros de primos y sobrinos. Enrique, solterón y músico de banda ha muerto el viernes, con hueso de pollo clavado en la garganta, su cuerpo pesa más que la tuba que apretaba su espalda. El sol sale con fuerza, los vivos, en traje negro, hacen planes para el platito de las cuatro, para la cerveza fría, listos para bailar en vida el recuerdo de su muerte. Cuentan chistes de esos de Pepito, se juntan detrás de la sobrina de falda campana y de reojo le charlan a sus piernas. Las deudas lloran, fieles a su guión, con una mano en la boca y la otra sonriente porque no lavará más los calzones del músico.

En el trayecto, por laberintos de nichos, he decidido buscarlo. Con la tentación irreverente, he decidido llamarlo por su nombre y luego la contundencia de su obra ha hecho que sólo callé y decida buscar su tumba para rendir un homenaje silencioso.

Poeta de la noche te busco cerca al gran portón. En aquel ingreso en el cual te preguntaste por las razones que hacen que este cementerio no se expanda, siga igual con los años, por la misteriosa forma de maqueta de nichos que no crece y que hoy te alberga.

Pregunto y nadie parece conocerte, los niños, que se hacen llamar guías se ríen al oír tu nombre. Por radio el guardia pregunta para ubicar tu tumba. Alguien susurra que moras al lado de Gilberto Rojas y que si sigo recto clarito veré el árbol grande que te da sombra. Un guardia municipal decide acompañarme a tu encuentro.

En el camino el guardia me cuenta que es sereno por las noches y que los más viejitos, dos porteros antiguos, conocen bien a sus muertitos. -No hay caso de pestañear, grave te jalan la pata y sordo te vuelves con sus ruidos-, me dice. Le pregunto por aquella mujer misteriosa que decidió cuidarte y de la que nadie hace un tiempo tiene noticias. Limpiaba tu piedra, cambiaba tus flores, hasta que la familia la sacó tostando, el guardia me responde que no sabe de quien hablo, que hay muchas rezadoras que adoptan muertitos en este lugar.

El encuentro con la última morada del poeta es abrupto y seco. Piedra en piedra rota del Choqueyapu, gravado su nombre en tinta negra. Descanso al caminar y buscarlo, camino al descansar y encontrarlo.

La arena cubre su noche, su distancia recorrida. Hoy crecen hojas de Eva desde la pared de adobe que da sombra a sus jarrones llenos de lilas. Una pluma reposa en la greda de su tumba, varias piedritas de esas con cuarcitos negros, dibujan lo que parece ser el contorno de su cuerpo en la tierra.

Los niños no conocen su nombre, las señoras que hablan de sus maridos muertos, me miran sentadas desde la fuente seca, no entienden mi silueta apoyada en su árbol. Me piden una punta bola, rompen el silencio de mis palabras a su noche, anotan una dirección, -el tío Alberto está por allá, en el cuartel nuevo- dicen.

“La Ramona” con viento ha empujado el vaso con claveles y el agua ha mojado unas plumas de pollo que quien sabe que hacen ahí. Flores secas abundan, hay un jarrón negro, otro de greda con motivos mexicanos. Caigo en la osadía de robarle la pluma de ave que reposa en su piedra y un poco de su tierrita, para tenerla en casa.

Reposo de este andar en la morada del poeta. Las palabras no vienen se niegan a decirle algo, su morada permanece de espaldas al Illimani. Sus restos contemplan laderas serpenteadas y acogen mi silencio. Cosa vana elevar una plegaria a su nombre, importunar su noche con falsos afanes de amistad, cosa extraña mirarme en su nada.


Piedra en Piedra

En esta arrogancia te nombro,

invasivo e irrespetuoso

Mis manos han levantado tu pluma,

mis dedos escarbado tu arcilla,

creyendo ser palabra de tu verso,

en el robo de tu tierra



Descanso al caminar y buscarte,

camino al descansar y encontrarte,

moras en tumba de arcilla en piedra,

la roca cubre tu noche, tu distancia recorrida

Silente delirio, responso al verbo de la noche

Hoy el eco de tus huesos es semilla,

arbusto seco, champa vana.



He permanecido, sin decir nada,

vigía, en la memoria seca de tu musgo,

Tu ser se baña en la crepuscular forma

del tiempo sin tiempo

del cuerpo sin cuerpo,

verbo en el polvo



De espaldas al Illimani, de frente a la comarca

Tus huesos, de ladera serpenteada,

de ladrillos empinados, acogen mi silencio

Tus órbitas, buscan el viento de su estrella.



Cosa vana hoy elevarte una plegaria.

Cosa extraña hoy reflejarme en tu distancia