viernes, diciembre 19, 2008

Madrugada roja y blanca

En el sillón rojo de venesta cansada nacen unas palabras. Donde la geografía se hunde, mirando el biombo en el que la abuela se esconde.

La paceña/berlinesa de venas turquesa en dilataciones lanza guiños al poeta de camisa de seda roja, ese que adora los jeans descoloridos. En el reflejo de sus risas mi mano temblorosa y taquicardica escribe un poemita que luego se convierte en la pata de una calaverita exquisita.

Palabritas a la flaca a la Warmi valiente que vuelan a sus ojos inyectados de "escama de fish" y con el violín de Paganini en las venas.

Después se volvió blues lastimero, luego rock and roll y risa.


La mujer juega en el borde del reflejo,
con la flauta en las piernas,
con el viento en sus manchas.

Veré otra vez el seco de miradas cayendo en sus ojos
Y esa risa que duele
Y la que traes
Con la quinta
Con la sexta
Con la primera.
mierda.......
con la única

lunes, diciembre 08, 2008

Tres Realidades


Que la historia copie a la literatura es inconcebible

(Jorge Luis Borges)

Tres historias que me fueron contadas con una dosis de ficción y otra de realidad.

I

Un poeta decide publicar su primer libro: 30 poemas intimistas sobre encuentros y desencuentros. Luego de publicarlo afirma que anhela volver a enamorarse para poder escribir su segundo libro. Él, lector compulsivo de poesía, está convencido de que su capacidad de producción está fuertemente anclada en la realidad de sus desamores previos, es de ahí, como dice, que saca la tinta para sus versos. Sostiene sin rubores que escribe mejor si la realidad le ha dejado varios moretones de desprecio en el alma.

Ha escrito su libro luego de que una publicista, después de meses de alabar sus artes culinarias, lo dejara para volver con su ex marido. Cada uno de los 30 poemas sin título retrata 30 momentos vividos con la publicista. Cuando el poeta terminó el libro se secó de versos y se quedó, según él, frente a una realidad muy concreta y vacía. La melancolía que le produjo vaciar su historia en versos lo llevó a encerrarse, los siguientes 30 días, en la cocina para preparar exóticos platos tailandeses, los que luego comió hasta que sus poros exudaron jugo de curry a borbotones y pudo terminar su fase de duelo.

Para el poeta, la poesía es capturar en imágenes literarias los momentos duros que la realidad de una existencia previa le dejan. Desde esa perspectiva no hay posibilidad de pensar que su poesía pueda basarse en la realidad y construir imágenes que coqueteen a la ficción. Para él, la catarsis es la única vía posible para crear, por tanto, la ficción no tiene cabida en su obra. Por eso hoy, mientras se consuela del abandono en algún bar, espera con suspiros en la boca volver a ser dejado para volver a escribir.

II

Un cuentista sostiene que es posible llegar a confundir la realidad con la ficción y meterse tanto en una historia como para acabar creyendo que los personajes construidos de verdad existen. La otra noche, el narrador, en compañía de otro reconocido cuentista paceño de barbas plateadas, decidió comprobar lo anterior. Luego de ser iluminados por varias jarras de yungueño, ambos se adentraron en la noche paceña con el objetivo de vengarse de una mujer infiel.

Dos horas antes de iniciar su periplo empezaron un cuento a cuatro manos, en el que ambos eran víctimas del engaño de Nancy, una morena beniana de caderas afiladas. En la historia, ellos habían llegado a la ciudad de La Paz de un poblado del Beni a buscar a la infiel que fugó del pueblo con el corazón y el dinero de ambos. Nancy, en la ficción, era la ex mujer del primero y la amante del segundo.

Los cuentistas pasaron del placentero divague literario a una acalorada discusión sobre la infidelidad que incluso los llevó a los golpes. Completamente poseídos por sus personajes, salieron a buscar por la ciudad a la traicionera mujer para cobrar venganza. Decidieron entonces alimentar su ficción con la realidad de las noches paceñas, al extremo que se creyeron que estaban de verdad en la historia.

La ficción, en la iluminación alcohólica, reemplazó por completo a la realidad y los fabuladores de la noche, convencidos de que la traicionera trabajaba de dama de compañía, fueron a buscarla a cuanto antro de mala muerte pudieron encontrar en su caminata nocturna.

La consecuencia obvia fue que, no sólo no encontraron a la mujer, sino que acabaron durmiendo en una celda de “la Pando” luego de haber ocasionado destrozos en el Night Club Las Sirenas, convencidos de que un alcahuete escondía en un privado a la pérfida mujer.

Los cuentistas no recuerdan en qué momento la ficción se mezcló con la realidad y empezaron a creer, con absoluta certeza, que estaban dentro del cuento. Eso sí, lo que fue absolutamente real fue el dolor de cabeza y los golpes del Jilakata de la celda cuando le gritaron que les confesara dónde tenía escondida a Nancy.

III

Un cronista es contactado por un editor que lo invitó a participar en una antología de cronistas bolivianos. El editor le comunica con frialdad que su crónica fue aprobada. Más tarde, vía telefónica, le confiesa que han “podado” de las páginas de su texto cualquier juego de palabras que aparentaban ficción.

El cronista escribió un texto sobre la vida de un personaje que conoció en la infancia y hoy está en la cárcel. A fin de proteger al verdadero protagonista, se le ocurrió que era buena idea que éste muriera. El introducir ese giro ficcional al final de la crónica era, desde el punto de vista del cronista, un buen final y una forma de mantener en el anonimato al verdadero personaje.

El editor insiste en su posición teórica y le recuerda que aprendió en la universidad que una crónica debe ser un reflejo exacto de la realidad (¿de cuál?, se pregunta el cronista), donde la ficción no tiene cabida.

En este momento, el cronista se encuentra en la disyuntiva de mantener al personaje bien muerto o resucitarlo complacientemente para poder ser publicado.

Yapas:

* La escritura poética surge como una catarsis que sustituye los mocos en la almohada por dulzones y lastimeros versos reprochones al abandono. El duro desafío, en este caso, parece ser pasar de la escritura evasiva a la producción. Lo segundo no siempre gusta ya que requiere más disciplina que lágrimas.

* Creer que una buena historia puede nacer sólo a la luz del alcohol es sin duda un hecho peligroso, más aún si el delicioso etanol produce lo que los psiquiatras conocen como des-realización. Por más difícil que parezca, hay que encontrar el equilibrio entre jugar a personajes de cuento en las calles de la ciudad y luego, en la lucidez, ficcionar la realidad de forma rigurosa y técnica.

* La ciudad da los elementos para una posterior ficción y otorga una buena dosis de verosimilitud a la historia. Perderse jugando a ser Felipe Delgado a la madrugada paceña es, probablemente, más garantía de una buena paliza que de una buena historia.

* La crónica parece que tiene su riqueza en la mirada de quien la construye, en la capacidad de jugar con la realidad concreta, matizarla de ficción, sin perder la esencia de la historia pero dándole un sentido literario.

* El que escribe vive, por tanto no es inmune y ajeno a una realidad que lo atraviesa y contamina. Creer que existe una “realidad” externa inmune a toda influencia de quien la recoge parece ser una gran ficción.

* La cosa se complica, porque la palabra del que escribe está sesgada por su experiencia individual y por tanto nace incompleta.

* Gran desafío parece ser entonces el de ficcionar la realidad como producto de un riguroso trabajo de producción. Es altamente recomendable entonces volver a leer las Ficciones de Borges.

miércoles, noviembre 26, 2008

Dos Tumbas

He aquí el mar abierto el mar abierto de par en par de sus ojos a mis ojos hay la distancia de la muerte.

(Vicente Huidobro, Monumento al mar)

En el litoral central de Chile, en una colina olvidada de la pequeña ciudad de Cartagena, está enterrado Vicente Huidobro. Cuando preguntas por su tumba, algunos te responden ¿quién es ese señor? Otros te dicen ahí nomás está.

Altazor ha caído, el alerce ha prestado su espalda para escribir el letrero que te guía a la tumba del poeta. Encima de una montaña, rodeada de alambrados, arbustos y girasoles secos, descansa Huidobro. Mausoleo bicolor, mostaza y bordó, con un letrero de madera donde se puede leer un verso del poeta. La entrada a la tumba es gratuita, un letrero dice: “Prohibido usar el lugar como parque para enamorados”.

Poeta, antipoeta, culto, anticulto, Vicente Huidobro murió en Cartagena en una casa olvidada, postrado en cama, víctima de un ataque cerebral. Cuentan que decidió, en los últimos días de su vida, regalar a Chile la imagen de un paria, de un clochard atrevido y sucio, escondiendo su cabeza detrás de un sombrero. Huidobro murió peleado con los poetas, los jerarcas de la Iglesia, los fascistas, los comunistas y la aristocracia burguesa. Fue secando su poesía a voluntad, haciéndola indomable a cualquier lectura de pueblo, ajeno a aplausos, vaciando sus versos de chilenos.

En su último refugio no es posible encontrar una tienda donde comprar souvenirs con su nombre, tampoco un bar para tomarte un trago bautizado con el nombre de uno de sus poemas. Sólo un viejo cuidador y un flaco quiltro ladran cada noche a sus versos y los espectros de su fama olvidada.

Huidobro murió en la pobreza, maldito, olvidado y rechazado. En su autoexilio, vomitó para todos aquellos que besaron sus poemas con flores. Lo llamaban el más europeo de los chilenos, poeta ajeno al pueblo. Jugador surrealista con aires de Breton. Muy contundente, muy ácido y lejano a los obreros y los curas que no lo soportaban.

El poeta dejó su estela, su palabra a la montaña, olvidado e ignorado en el destino que labró con su irreverencia.

II

Estalla el agua en la piedra y se abren por primera vez sus infinitos ojos. Pero se cierran otra vez, no para morir, sino para seguir naciendo. (El Mar, Pablo Neruda)

Cerca del mar en su casa de Isla Negra, junto a Matilde, descansa Pablo Neruda. La entrada a la casa, hoy museo, cuesta el equivalente a 50 bolivianos. Existen cinco guías que organizan visitas en grupos pequeños de máximo cinco. Uno debe esperar a que por micrófono lo hagan entrar, mientras tanto es posible distraerse en la tienda y comprar algún libro, camisetas con versos del poeta, postales, adornos, réplicas de los fetiches de Neruda (mascarones de proa, barcos en botellas, caracolas, conchas de mar).

Cuando entras, respiras el aire salino que respiraba el poeta, saludas a ese mar que no puede estarse quieto, que se sale de sí mismo a cada rato. Queda en la casa el aroma a caldillo de congrio, dando sabor al homenaje de la palabra a las cosas, aquellas que el poeta amaba locamente.

El lugar, último refugio de Neruda, descanso de mar en su muerte, tumba rodeada de piedras y flores. Hueso con hueso, enredado con Matilde, su tercera esposa. No hay referencias en la casa a Malba Marina, su hija que murió a los ocho años de hidrocefalia. Su osamenta y la de la última compañera no tienen cruz que los resguarde, sus besos, ahora en textura de concha de mar, beben la caricia del Pacífico en la proa de este barco imaginado, privilegiada última morada, digna del histrionismo y el ego desbordados en vida por el poeta.

A Neruda le decían poeta del pueblo, burgués de mantel rojo. Escribía, entre copa y copa, regalo y regalo de los idólatras que bebían gratis en sus fiestas. Pintaba poemas al color de las cebollas, a la cola del caballo de madera de su infancia, a las copas que servían su vino.

El poeta, panza de calamar, pasaba de lado por las puertitas de sus cuartos. El catre de su cama crujía, torturado por su espalda y flatulencias festivas. Neruda bebía el mar en cada esquina y en el deleite de la amistad y la vida disfrutó su residencia en la tierra rodeado de besos y aplausos.

Al final del tour puedes conversar sobre tus impresiones del paseo con otros turistas en una cafetería, donde venden platos y tragos con el nombre de sus odas, un homenaje comercialmente bien logrado. Es imposible no saber dónde te encuentras, aunque no puedes sacar fotos por respeto a los derechos de autor.

III

Vicente Huidobro al sur y Pablo Neruda al norte unen con sus versos las costas del litoral central. La biografía de Huidobro, escrita por Volodia Teintenbaum, cuenta que el ojo grande de diseño picassiano que pusieron en el monolito de su tumba es hoy una mirada destellante vigilando que Huidobro y Neruda no sigan peleando.

Los que no cabían en este planeta diminuto y se enseñaron tantas veces los dientes ahora descansan con sus nombres enredados entre Cartagena e Isla Negra.

Ellos se dan la mano entre las olas, según aquellos que creen que la muerte hermana a las almas y olvida los desencuentros y “maleficios” mutuos vertidos en vida. Huidobro y Neruda, cada uno decidió cómo vivir la poesía, cómo hacer de su vida obra o de la obra vida; dicen que el primero fue maestro, luego amigo y al final detractor del segundo.

Neruda, hijo de padre ferroviario y maestra de escuela, aprendió viajando por el mundo a cantar a América, con esa voz de pavo constipado. Escribió a las cosas simples, a la gente simple. Fue adoptado por el comunismo como bandera, con su poesía digerible para mineros y obreros.

Huidobro empezó académico, aristocrático, muy europeo y terminó como escupitajo filudo para todo lo que lo formó. Acidez negra en sus últimos días, para aquellos que sentenciaron su imagen final, aquella que se fue desvaneciendo y secando en la montaña, no en su tumba, la que guarda el mar y que todavía lo escucha.

Neruda, con cada venta de souvenirs, infla la panza, ríe, en la bodega del Infierno del Dante, con buen trago, seduciendo eternamente a sus amadas con poemas. Eso sí, rebota frente al limbo donde flota Malba Marina, da la espalda a su imagen, que lo mira sin rencor y besos desde otro lugar más puro.

Ambos poetas decidieron en vida la huella de su palabra en muerte. Morir, bien muerto en tumba bebiendo del mar o morir decorado de fetiches, en la negativa a dejar la fiesta eterna y las reverencias. Al final, en un caldillo de congrio, las palabras de ambos en el litoral central todavía se juntan. El Canto General, los Cantos de Altazor, norte y sur de la misma costa. ¿Qué huella vale más dejar en muerte?, ¿qué trascendencia pesa más en la palabra?

Murio El Chino

Para los que aún leen este blog, les comento que El Chino en sus tres partes fue borrado, ya que será publicado proximamente con otro nombre, así que para mantener el compromiso de primicia de la Editorial, volverá aparecer en su versión final y corregida después de ser publicado.

Gracias

sábado, noviembre 08, 2008

Asi nomás 2

Así nomás 2

-Si quieres aprender a escribir lee 10 veces el Ulises de Joyce, el resto no vale la pena- Dijo el cuentista apodado “Asterix”, aquel mentor de otro cuentista que camina por los bares paceños emulando, en los rulos de su cabeza, a quien las malas lenguas llaman “Saibaba” y quien, hace una semana, fue El Preste oficial del presterio literario que se llevó a cabo en el “Red Camel".

Así nomás es, anoche le di palo a algunos personajes de la farándula literaria paceña con el amigo que se quejaba de que su cuento sobre la vida “del Pancataya” no podrá salir a la luz, por que la gente pensará que es un plagio de un cuento que el “Asterix” incluyó en su nuevo libro.

Más tarde, como una especie de broma literaria, me encontré en el Equinoccio con el poeta de barbas de Avaroa, aquel que puso su percusión a los poemas de Bedregal en 2005. Bebimos lanzando reverencias poéticas a la sonrisa de “Saibaba”quien con sus pocos dotes de orador, reverenciaba las caderas de una actriz cochabambina.

En el mismo lugar nos abrazamos al ritmo de “Morenada para mi entierro” con la flaca de ojos de almendra, el calvo artesano de las rockolas y el mal cantante de música jamaiquina. Si ayer me envolvieron las miradas, los arrullos del humo musical y las miradas de aquellas que iban a y venían del baño. Te llamé tres veces, te maldeci ocho y prometí no verte más las siguientes dos.

Tambaleando dejé el boliche, en el momento que las voces y las miradas hacían más ruido que la guitarra en los parlantes de un Germán ahora ruloso. Me fui caminando, te devolví la llamada, esquive tres travestis hambrientos que trataron de morderme el cuello, un asaltante que me gritó ¡hijo de puta! y dos perros copulando. Me subí a un taxi, le dije al maestrito que no tenía tarjeta y sí la tenía era lo mismo por que estaba tan borracho que no me acordaría mi PIN.

Desperté en la puerta de mi casa, escalé las gradas, me arrastré gateando a la cama, desenchufé el televisor y dormí hasta que me despertó tu llamada, tu voz ronca, esa mueve hormonas, piel de gallina en mis labios. Cinco minutos después,en la ducha, recordé como mi lengua se convertía en jabón por tu piel y tus labios se convertían en succionador de penas debajo mi ombligo.

Si, así nomás, anoche me acordé de Henry Miller al traer pasajes de “Periférica Bulevard” a la conversación con el amigo sin disciplina que se queja que otros plajean sus cuentos, aquellos que por flojera no hace públicos. Tomé varias cervezas con el marido de la hermana de un amigo de infancia, con aquel que es policía y que me dijo que por unas cuantas cervezas más me contaría los secretos de la DEA en el país.

Hoy, con el auspicio de singani Rujero, volví a la migraña del antiguo ciclo y tuve una fugaz autosatisfacción sobre la almohada recordando tus caderas. Luego prendí un pucho, lo puse en tu mandíbula y disfruté mirando como la nicotina acariciaba tu pómulo izquierdo partido, aquel que guarda aún las huellas del único puñetazo que recibió tu rostro hace cinco años. ¡Feliz día de las ñatitas!

martes, octubre 28, 2008

Los Huevos de Warhol (divague farandulero del cronista)



“Todo persona será famosa alguna vez por quince minutos” (Andy Warhol)

Cuando empezó a escribir, el cronista tenía en sus manos el programa de VI Festival de Cine Latinoamericano. Fue a la inauguración del mismo y se encontró con el Cine 6 de agosto con una estética Art Deco, renovada y restaurada. El lugar lo recibió con un “tecno-coctail” donde, la reducida farándula paceña de cinéfilos decidió congregarse como sardinas alrededor de la escalera de caracol del cine.

El cronista no pudo evitar imaginar un viaje al pasado a “The Factory”, donde Andy Warhol deleitaba a su ego en la presencia de todos aquellos que lo inflaban con toda suerte de histriónicas puestas en escena y psicodélicos besos.

Al cronista este evento le permitió ver el desfile de la farándula paceña al ritmo del whisky, el cual combinaba con el olor de las pieles apretujadas en la entrada. Asumió la postura de intruso que absorbía sonidos eclécticos y tribales en los parlantes y se permitió inventariar: Las sonrisas de directores de cine calvos y de barba, las formas de espiar a universitarias del publicista de sombrero, los escritores que disfrutaban destripando guiones, las morenas con lentes que se camuflaban de tipos con lentes. También pudo ver a aquellas que se escondían en la sala de proyección, habilitada como living gigante. Al Cronista el pareció que buscaban blancos caminos a la anomia mirando el nuevo y arrugado lienzo del 6 de agosto.

El VI Festival de Cine Latinoamericano nació con el mensaje que para hacer cine en Latinoamérica hay que tener huevos. El arte de la tapa del programa, decía además que los huevos tenían que tener una estética neo Warholiana, esto al cronista le recordó lo fashion light de la farándula y la efímera fama que se junta en las miradas de actores, músicos y escritores.

Al cronista le invitaron frutillas con chocolate, cerca a una tarima redonda debajo de las gradas. Un reflector en forma de ojo de buho desde el segundo piso alumbraba la tarima y atraía las miradas de unas modelos con colas de repollo azul. Las señoritas disfrazadas de vegetal, estaban paradas al lado de un proyector de los años cincuenta y hacían el papel de ornamentales floreros junto a un tipo que ponía mantras musicales para la charla.

Una inauguración de festival era una buena excusa para que el cronista, libretita en mano, se sintiera parte del circo, de la charla de pasillo sobre mesas redondas y coloquios de cine. Aquel día el cronista no vio ninguna película sobre la cual escribir, más bien se encontró con el voyeurismo, exhibicionismo e histeria de la puesta en escena externa.
El cronista tomó cinco vasos de whisky frente a la boletería y se emborrachó con la mujer de piercing tornasol en la lengua que esperaba el estreno de La Mujer sin Cabeza, película Argentina dirigida por Lucrecia Martel.

Luego decidió escribir en relación a la impronta que le dejaron las primeras imágenes de este encuentro “con huevos”. Los quince minutos de fama, se desvanecieron luego de alumbrar rostros y recoger aplausos. El cronista recogió las imágenes y miradas de modelos piel de gallina, de lánguidos críticos, minimalistas composiciones de imágenes, cineastas come frutillas, prospectos de actrices mostrando sus asiliconadas credenciales al director calvo de moda.

La libreta del cronista se manchó de música tecno y whisky. No hizo crónica del “glamour” y pensó que tener huevos era una buena metáfora para disfrutar de la secuencia de colores a lo Warhol o para celebrar, embriagado de aplausos, la farándula que sonará a hueco olvidado, meses después de que algún cineasta presente su corto de bajo presupuesto.

La memoria tiene más huevos que hueveos, pensó el cronista, en la necesidad de capturar en su cabeza el Festival de cine latinoamericano del 6 de Agosto. Al llegar el Cronista tenía solamente la idea de ver cómo el fantasma de la chica que se lanzó del segundo piso y sobre la que escribió un poema Jorge Campero, evitaba la farándula. Sin embargo se dejó llevar por la tentación de pintar el collage de una noche reverberante y llena de humos dulzones en una inauguración pop.

Para hacer una torta había que romper algunos huevos y al cronista le encantaron los omelletes de imágenes en el Cine 6 de Agosto, aunque sin duda añoró ser un poco más pop y tener al menos cinco minutos de fama en TVO.

El cronista, cuatro días después, volvió al festival a ver “Microfilia” mala película chilena bajo el sugestivo titulo que colocaba un bus de transporte público como gran falo inclinado en el que toda suerte de encuentros ocurrían en sus asientos. Bizarra experiencia, sin “ácido” en “La Factory” de huevos de este festival, pensó.

Ese día el Cronista se encontró con la sonrisa de aquella mujer que cantaba acapela en Cochabamba, poniendo delirio al cuerpo que delira. Paradójica recurrencia saenziana que recordó al cronista que en la madrugada paceña puedes reír, luego de una mala película, con una mujer que pone besos al papel y tacto a la necesidad de aferrarse a un romanticismo naif.

El cronista concluyó que luego de una mala película, en La Paz era posible encontrar mujeres que lean a Barhtes a las 3 de la mañana, que se dejan seducir por la libromancia de su palabra y, que por cierto, dan vida con su cabello negro a un bar de mala muerte que funciona en domingo.

Luego de dos días de festival, el cronista reconoció que tenía los huevos aplastados y poco fotogénicos para un afiche a lo Warhol. Celebró la inauguración del festival aunque cuestionó la corta duración del mismo y la poco homogénea calidad de la muestra.

El cronista al terminar este texto, persiguió en su libreta la huella mnémica de las imágenes evocadas de la farándula, de las personas que estuvieron en el Cine 6 de Agosto, sólo para alargar sus quince minutos de fama y que también son asiduos asistentes a lecturas literarias, conciertos barroco mestizos y festivales de teatro.

En sus dos visitas al VI Festival de Cine Latinoamericano, el Cronista sólo quería divertirse, comprimir y amoldar la realidad como plastilina en su libreta, en el sentido de su crónica. Sabíamos que, después de todo, nunca se animaría a la ficción ya que adora los inventarios, la descripción de hechos coloreados de metáforas. El usualmente evade, roba instantes, lugares, eventos y personajes y no va más allá de aquello. Así como baila tecno, canta morenada, en cuanta farándula reclama su libreta.

El cronista, seguirá escribiendo, en festivales de todo tipo como una necesidad de escapar a la farándula o verse incluido en ella. Por último como ilustre visitante de cuanta preste exista, escapando, eso sí, del mandato light que le da ser un hombre pop.

jueves, octubre 23, 2008

Asociaciones libres de cafe

De que te quieres curar?, me dice mi analista antes de dejar la sesión. Volví a verla de cinco semanas para trabajar algunas adicciones y al salir de la sesión en un evento muy Warholiano en el que se inauguraba la 6 muestra de cine latinoamericano, un amigo me dijo: El psicoanálisis es también una adicción y encima cara y burguesa. Es cierto, sin duda lo es, pero la sensación que te produce el diván es el sustituto psicológico del opio, así recostado uno va diciendo lo no dicho, o mejor aún es aquel otro que callá cuando hablas que en ese momento habla cuando no actuas.
En fin de todas maneras hoy la asociación libre me lleva a la pregunta de que me quiero curar? y a la tarea para la casa de mi analista en relación al tiempo, no el cronológico, el tiempo como el único capital manejable que tengo para invertir, bastante economista y capitalista el discurso de la mujer que escucha mis pedos mentales, pero así nomás es.
La agorafobia también apareció en esos 30 minutos y la respuesta fue un cuestionamiento contundente a mis deliciosos encierros de horas desconectado del mundo y sumergido en una ficción de palabra, la leida y la escrita, que me produce sin duda una confusión con la linea de lo real. La ficción como tal sin duda no suma o si?, tal vez no agrega al hecho de vivir como mero transcurrir pragmático, pero sí eso está claro suma datos, recursos y vainas sin nombre para proximas escrituras.
La contundencia luego de la sesión de ayer también lanzó una advertencia: ojo con la escritura no es lo mismo escribir por evasión que como producción.
Así es, de que escapo, de que quiero curarme, no sé invertiré el tiempo en saberlo, de momento disfruto al escribir los poemas de "la cura" que pienso terminar antes del cambio de digito en mi vida. También y sin duda tiene su merito, disfruto de las voces en la mañana, de la gente viviendo, luchando. Por cierto y "last but not least"como dicen los gringos disfrutaré de 7 días de Cine en la VI muestra de cine latinoamericano, que joder pero tan pocos días!

En fin, ahora es momento de volver a la vida de burocrata e ir pensando en esto de que carajo querre curarme

lunes, octubre 20, 2008

Imaginarios Paceños

Sólo la certeza del viento calando tus mejillas,
Será el verbo que recuerde la ironía de estos pasos.
Será el Illimani quien contenga tu bruma
y sus picos escupirán el silencio de mil cantos.
No quiero y sin embargo, en el recuento de la noche,
tu memoria será canto en la montaña.

Retorno de la Feria del Libro de Cochabamba con la resaca de la farándula literaria en el cuerpo, en el bus divago sobre la idea de la ciudad y los imaginarios paceños, luego de re leer algunos textos de La Piedra Imán que compré, vaya a saber por que en Cochabamba para recuperar el ejemplar que una “warmi engreída” tomó prestado de mi biblioteca y que junto con algunos besos nunca más devolvió.

Escribo al amanecer paceño, mirando como las luces de la ciudad serpentean como estrellas de pirita y me surge la pregunta de ¿qué es esto de los imaginarios urbanos en la Ciudad de La Paz? La respuesta tal vez está en que la ciudad imaginada, como hecho individual y colectivo, más allá de lo geográfico se construye de hechos simbólicos, de las representaciones de quienes deciden aprehender sus recovecos y beberla, aunque no siempre su vino sea agradable al tacto.

La ciudad imaginada, construida, evocada en la palabra, en el arte, en la vivencia urbana, implica no sólo la concretidud del hecho urbanístico, arquitectónico que estéticamente la define, sino más bien “la ciudad que no se ve” la que se respira; síntesis de construcciones simbólicas que se crean y recrean en lo colectivo, en la vida cotidiana de quienes la habitan.

Al respecto, recojo la frase de un amigo músico, quien con humildad reconocía la arrogancia de sus últimos años, al dar la espalda a la ciudad –Uno tiene en sus narices las montañas, escribe y canta como gringo, olvidándose de que existen- decía. Es que tarde o temprano uno vuelve el rostro a La Paz y acaba regresando, acaba volviendo a mirar con humildad el sol desde la Ceja. ¿Será entonces ahí cuando uno pueda nuevamente escuchar los delirios de Borda y los relojes de Saenz?

Llega un punto, en este proceso de construcción de la noción de ciudad en el que uno hace un corte y los pies, sin saber bien como, echan raíces en el cemento rajado de La Pérez y no quieren irse. Es ahí cuando uno empieza a escuchar las verdaderas historias que cuenta el río bajo San Francisco, los gritos de sus rocas hoy removidas por tractores construye túneles, sus cantos de ninfas de subsuelo.


El Imaginario urbano en La Paz probablemente se hace realidad más de una vez, en más de un personaje, en el cuerpo de quien narra la ciudad. Toma forma sobre todo cuando el narrador, el músico el poeta, deciden dejar de ser observadores y empiezan a teñir los poros de sus calles. La cantidad de tinta que hay que recoger del asfalto roto, es probablemente tema de otro debate.

¿Será entonces que La Paz imaginada, en cuanto a su esencia, es aquella que nace y habla en lo que produce?, una mancha urbana de historias, una hilera de luces que van naciendo al amanecer, cada una con una lectura propia de su complejidad, cada una con el grito propio de su vivencia urbana. Es ahí que el destello de cada luz en la montaña, como las que veo morir en este amanecer, parpadea como una expresión propia y todas juntas hacen la ciudad que no se toca pero que se palpa.

¿Será esto, en última instancia, lo que constituye el imaginario paceño, el reflejo que va mutando en destellos de tiempo en tiempo, de momento en momento, la luz de quienes se fueron, de quienes hoy estamos de paso por sus calles? El reflejo de la ciudad acorde, grito, graffiti, garabato, una y mil formas en que el corazón paceño devuelve a sus habitantes parte de su imagen y su viento lento.

Creo que sin duda la experiencia individual y la influencia social hacen a la representación y subjetividad de quien mora, habita y respira en la ciudad y se traduce en el imaginario urbano propio de cada habitante. Lo urbano, en esa medida, podría ser leído como aquello que late individual y colectivamente en cada paceño. Hecho intangible que permite generar, en todo caso, formas de significaciones diversas, expresiones culturales dinámicas, que mutan y, que por lo mismo, no están ajenas tampoco a la influencia de otros imaginarios del país y del mundo.

Luego de estas palabras, cuando bajando la autopista despierta la ciudad en la bruma, vuelvo a preguntarme ¿cuál la significación entonces de la palabra urbana, a la vez tan grande y tan corta para la metrópoli de alasita que nos acoge? Parecería ser que es esto que nos funda y otorga una identidad inconsistente, incongruente pero claramente paceña.

¿Será acaso necesario dormir con quiltros en una chingana para conocer lo real de la ciudad? o acaso ¿habrá que emular a Jaime Saenz construyendo falsos trajes de aparadita para entenderla, para conocer lo que yace en el otro lado de la noche? La respuesta está sin duda en otro lado, tal vez en el trajinar y el hacer individual íntimo, cómplice, solitario en la ciudad.

Considero en todo caso absurdo, plantear la forma de retratar los imaginarios paceños en un continuo entre el narrador que ficciona la ciudad y el marginal que decide ser desecho de la misma. La Paz es más allá de cualquier postura, uno la toma, la bebe, o la ignora, pero no escapa a su influencia.


Parece ser entonces que el imaginario paceño pasaría por la subjetividad de cada habitante que decide ser permeable a determinadas experiencias que otorga la ciudad, como un proceso propio de construir la creencia y la significación del hecho urbano. Cada quien podrá sumergirse en carne y pluma en La Paz, ya que su llamado estará siempre presente, cada quien decidirá cuanto escuchar de sus calles y la furia del viento de la cordillera en su rostro.

Algún día el que escribe y el que lee dejaremos esta caótica hoyada y permanecerá el Illimani, como síntesis de roca. Será su presencia, más allá de cualquier significado que queramos otorgarle a la ciudad, la que permanezca. En última instancia nosotros vivimos en el imaginario de esta ciudad que hemos decidido construir, con sus iconos, sus personajes, sus influencias y sus modas. El Illimani nos acoge, como huéspedes de distintos tiempos y momentos, ésta acaso será la única certeza, él permanecerá luego de que nuestro último respiro seco muera.

lunes, octubre 06, 2008

¿Tomé mucho o no?, tuve un sueño en blanco anoche, como el que narraba Saramago en la novela que ahora se volvió una historia hollywoodense que muestra a los no videntes como estupidos y agresivos seres. Si, la verdad no sé si fue la cerveza, me contarón que la paceña de barril tiene mucho arroz eso debe ser lo que me hizo daño.
Debo confesar se siente estupido estar en el sitio VIP del festi chela junto a los que más plata tienen pero que chuparon gratis sin poner ni un peso

jueves, octubre 02, 2008

asi nomás....

No, ni lo pienses tú sabes que no me metería un tiro, al menos no por ahora, simplemente ocurre que estos días, en los que prima la agorafobia, son necesarios en mi vida. Tardes como estas en que me voy desarmando en la pantalla, no son una forma de suicidio virtual o el histrionismo de pedir ayuda desde el puente para que alguna de ojos de aceituna gastada me diga -¡dejá de chillar carajo-!.
Sucede que hoy simplemente estoy tomando un té de naranja, en la burbuja que me dá una conexión wi-fi en un café y me acordé de tí en la mesa de arriba hace unos meses jugando a la Jessica Parker y escribiendo quien sabe que pajas sobre el racismo de mi hermana y tu egocentrismo de chica fatal clase mediera con aires de catalana. Gringa en tu ciudad por el desteñido rubio en tu cabello y esas pecas de vía láctea en tu espalda que hoy me hacen recuerdo a las manchas de ron en mi alfombra.
No ni se te ocurra que te llamaría y gastaría mi dinero en un contacto a larga distancia al otro lado de la cordillera para escuchar tu vocecilla melosa esta vez con harto pebre chileno en sus erres. No simplemente pasa que tengo frío y ganas de pajearme con palabras, ¿nunca lo hiciste? mira ni se te mojan los pantalones, sólo se humedece tu cabeza y ya. Si hoy hace frío pero no el físico ya que es primavera, frío en las venas del que necesita químicos más que besos.
Si ya sé, ya sé no cambio nunca y estoy en este lugar con la vida desarmándose, sin saber ni putas cual será la vida nueva y escribiendo compulsivamente para mi, para ti, para nadie.
Estoy en la página 150 de la novela del Cé esa que seguro disfrustaste perversamente cuando planeabas mandar tanto sueño juntos por un tubo, cuando cagabas de risa con la celopatía de ese personaje tan parecida a la mía, tan parecida a mis fantasmas.
Hablando de fantasmas, también los encontré ayer viendo una película cochabambina sobre la eutanasia criolla, el suicidio asistido, la falta de bolas y el alcohol. No te daré el gusto, ni cagando me partiría el higado hoy por nadie en una chingana 7 días seguidos mis fantasmas son bien ligeros, con 24 horas de singani se van no te preocupes.
Ya no me acuerdo en que iba a sí, estoy escribiendo te decía, como estúpido, como purga, como sangre, si como me gusta. Estoy empezando un libro de poesía para el 2010 que de momento se llama "La Cura"; una crónica de 10 páginas para un libro que debe estar lista en dos semanas y una nota para el periódico que debe estar lista para el próximo domingo. Si las palabras son el mejor exorcista y como diría Faulkner "la mejor forma de soportar la vida es sumergirse en la literatura como en una orgía interminable". Por cierto tu que tienes una amiga abogada ¿todavía sabes si puedo tener acceso a los expedientes del juzgado 5 en lo penal?, necesito unos datos para un texto y también si puedes preguntale a tu primo donde dejó la Beretta que compramos esa vez en El Alto y nunca usamos que tengo que reventarle las rodillas a una mujer.
Cuentame como va el baile ahí por los clubes nortinos y si el Vick Vaporub sirve igual que el Mentisán para las llagas de las lenguas sabor piscola.
Yo, ya lo sabes ando aca escribiendo y tomando té de naranja, más tarde me tomaré un Fernet por tu lunar del ombligo ese que se está secando en mi cajita de fosforos del velador.
Chau

martes, septiembre 23, 2008

Elefantes



Se muere tonto el elefante
Sin una punta en la trompita
Niño inocente, bruto errante
Se va pisando margaritas (Vadik Barrón)

Este texto es una “juntucha” sobre el hecho poético y lo que por estos días movió en las calles y plazas de La Paz. Me daré la concesión de hablar de los avatares que trae el cargar, por halago ajeno o ego propio, en la frente, en el sombrero de ala ancha, y en las tan de moda barbas de Avaroa , el rótulo de poeta.

Evoco la imagen del afiche del 4° encuentro de poesía. Volantín de bolsa nylon flotando al viento en un desierto, emulando algo del recurso fílmico de cámara en mano de aquella película que mostraba “la belleza americana”. Me pregunto en el objetivo de esta imagen, en quien sostiene el hilo del volantín forma figuras en las nubes, ¿será el Principito o la inocente figura de un Oliver Twist paceño en un cerro de Llojeta? En todo caso habrá que preguntarse si nuestra poesía es una veleta de polietileno flotando al viento, sostenida por el capricho infantil y frágil de alguno o algo más. También se podría leer que el volantín se mece por inercia en los espacios abiertos de esta urbe, acostumbrada a chorrear ríos de meo más que poesía por sus calles. Es acá donde surge la pregunta en cuanto al nacimiento del hecho poético y todo el hilo que cortar que atañe.

En este juego de preguntarse por la poesía jugaré tomando prestado un verso del poema National Geographic de Vadik Barron, epígrafe de esta nota. El mismo sentencia la idea, detrás de aquella verdad de perogrullo que años atrás sostenía un amigo si creía que algún reto era muy grande para tus capacidades. Él te afirmaba, contundente que todo está en empezar –no pienses en elefante- sentenciaba con una filosofía simplista, -si piensas elefante será jódido el asunto- replicaba, con la practicidad que le daba su formación positivista.

Desde la postura de “no pensar en elefante” me divierto imaginando a un mamífero grandote que junto a otros elefantes laboriosamente construye en un encuentro poético un poema colectivo, lleno de metáforas, metonimias, oximorones, sinécdoques y tanto otro recurso poético que sus trompas soplan ruidosa y sistemáticamente para inflar la bolsa nylon que luego sobrevolará nuestra ciudad. La poesía habla, construida por muchas y diferentes trompas prosadoras. La poesía grita, escuchada por muchas y grandes orejas; algunas respetuosos almacenes de otras voces, otras silpanchos sordos que sólo escuchan las rimas de maní que salen de su propia trompa e instruyen a sus patas pisar, con contundencia, cualquier osada simpleza de margarita ajena a su palabra.

Hacer poesía desde la perspectiva del amigo positivista sería entonces pensar en un gran elefante, en consecuencia la replica obvia sería reducir el poema a algo tan simple como un ratón. Personalmente ni uno ni otro, aunque sin duda es cierto que en esta ciudad podemos encontrar de todo.

¿Cuántos vates con elefantiasis andarán sacudiendo las trompas para el aplauso ajeno mientras escribo esta nota? ¿Cuántos desconocidos andarán construyendo un universo paralelo de silencio, lleno de una contundencia capaz de interpelar a la academia desde un cuarto que más parece nicho? ¿A cuántos prospectos de elefantito les temblará la pluma con pleitesía al escuchar el viento de las orejas sordas de aquellos “Poetas”? ¿ Los pequeños paquidermos aceptarán el juego “sádico” de seducción de algún poeta iluminado para luego recibir la patada en las nalgas de su prosa con tal de pertenecer a la manada?

La poesía va más allá del ruido de la manada, cobra sentido en el silencio posterior del encuentro del lector con el autor, cuando el primero recibe la palabra, sin tanta farándula de por medio, sin estridentes ruidos de trompa.

Podremos leer en “el show” con timidez, con petulancia, con lágrima viva o contundencia, lanzar nuestras voces como volantines al viento, en las plazas, en las calles. Encontrarnos bajo el rótulo de poetas topando trompa con trompa nuestra medallas, pero de nada habrá servido si nuestra palabra suena a elefante, a esa cosa grande difícil de lograr, a ese monstruo que sólo los elegidos son capaces de montar. El esfuerzo será pura masturbación si la palabra del poeta no es leída como hecho íntimo en el encuentro autor y lector.

Más allá de todo, es valido ir con la trompa al aire soplando grandes poemas paquidérmicos como antídoto a los intentos de verso de tanto iletrado sin lucidez que anda suelto y se dice tímidamente poeta. Es valido también ser un paquidermo de trompa metonímica y orejas soplando metáforas al viento o ser un lector adormilado por tanta imagen bien lograda, es valido al final también ser humano.

Algo más allá debe haber sin embargo en asumir el mandato de la palabra cuando está se encuentra con la simpleza que no pesa por la palabra misma, que no es una masa de versos que hacen elefante. En ese encargo de algún otro que, vaya a saber porqué, ha tomado prestada una pluma y en consecuencia ha generado una maldita sentencia que el poeta deberá saber cargar mientras viva. Discrepo aquí con algunos que dicen que la poesía no tiene obligación alguna más allá del puro hecho estético que la define por sí misma. Eso es alimentar elefantes que engordan de palabras por sus trompas aspira/vomita versos y nada más.

Es mejor como elefantes pisar menos margaritas y entender que el hecho poético no es sólo la estética del ego, es el acto de renuncia, al poner miradas e imágenes en el tapete, no sólo para el destripe del docto de academia, sino y lo más serio para decantar la técnica en la alquimia de hacer de lo iluminado por musas y “ñusas” algo que rompa fibras y genere lo que no es necesario ser nombrado: el poema más allá del verbo, capaz de morder las tripas del lector de aula con la misma contundencia que el hígado del adormilado y curioso intruso de pasamontañas en la ladera ¡Salud por la poesía!.

jueves, septiembre 18, 2008

Morales

Por Juan Sasturain

El caso de Bolivia nos plantea
lo que se dicen cuestiones morales:
quedarse sota, mirar neutrales
o abrir la boca, optar en la pelea.

El caso de Morales nos recrea
el de Allende, porque son iguales
causas, métodos y hasta los rivales:
es gente linda contra gente fea.
Que si Evo cae -digo, es un decir-

qué historia nueva
con qué verso viejo.
Que si Bolivia -digo, es un sentir-
cae negra, tropieza en su pellejo,
chola, pelada por filo de sufrir...
Qué vergüenza en el verso de Vallejo.

Calaquita II

Cuidado con las miradas a trasluz,
con los brazos colgantes y babas de muerto.
Cuidado con las piernas de arlequín en mis vértebras,
con la seda tragando mis huesos.

Cuidado con el retorno, escarba memorias
aunque evocada estás muerta,
con esa risa tan firme que ya no me toca
con ese eco penetrante que ya no bebo.

Inevitable, más allá de la advertencia te invoco, reconstruyo inerte,
con esa lengua de caracol, traga gargantas,
con tu bamboleo de matraca en mil pubis,
con tu complejo de pitón en la alfombra.

Recurrente bruma, te veo inevitable en la nicotina,
con las manos temblorosas en mi espalda.
Te veo, con el vino bañando tus costillas,
con tu abrazo de calaca en piel de madrugada.

Cuidado, pese a todo, con tocar mi puerta,
con ahorcarme con tu tanga negra,
Cuidado que eres bruma,
en la lejanía que es alivio y conjuro.
Estas seca en la carne, no en el verbo
y así es mejor.

(Trajines y Haceres, Editorial Gente Común, agosto 2008)

lunes, septiembre 15, 2008

Renacer

Hace 48 horas tenía la sangre llena de diamantes, el corazón acelerado con el freno de mano puesto, la palabra gritando en las paredes, el silencio en los ojos, el grito en el pecho.
Hace 24 horas mi corazón era un motor que no quería parar y el oxigeno no llegaba al cerebro.
Hace 20 horas sentía que me iba que el des/madre me pasaba la factura. Sin embargo por algo y por alguien acá estoy para narrar mi historia, en la certeza de que todavía tengo mucho por hacer en este lado.

jueves, septiembre 04, 2008

Sorderas I

Esta vez, sólo por hoy, sólo un ratito, así con frío y dolor en el cuerpo tengo ganas de sentarme con tu sordera de alma y besar aquel sol enamorado que me guiña el ojo desde tu entrepierna.

lunes, septiembre 01, 2008

Bloguivianos 2008

Me chaché a los bloguivianos van disculpar pudo más el compromiso paternal. Había descuidado mis fines de semana de padre y de viernes a domingo tuve una intensa jornada de fin de semana paterno-filial que me dejó insolación, macurca y risas intensas en el alma. Como comprenderán, los bloguers que son padres, donde manda tu niña no opina bloguero jeje.

Felicidades a tod@s bloguers bolivianos y sigamos haciendo de la blogosfera un espacio democrático de encuentro donde las “champa guerras” políticas no tengan cabida.

Un fuerte abrazo y felicitación a Cecilia Contreras que sin ella el encuentro no se hubiera llevado a cabo, ya me estarán contando esta noche en el ETNO los entretelones y chismes.

PD: Por cierto les dejo como comentario la nota del Willy que salió ayer en Fondo Negro sobre el evento, gracias por la citada cuate.

Bloguivianos de lo real a las realidades

William Camacho

Un encuentro culminado la madrugada de hoy sirvió para consolidar los lazos físicos entre los miembros de la comunidad bloguera nacional. A finales del año 2006, por mera casualidad —como suele ocurrir en el ciberespacio—, mientras navegaba en busca de información ingresé en un blog boliviano. En ese entonces creía que el blog era una página personal donde un hijo de vecino escribía todo tipo de sandeces y banalidades, haciendo evidente que no tenía mejor cosa en la vida que publicar desde lo que había soñado la noche previa, pasando por contar lo que había leído sentado en el inodoro, hasta relatar con lujo de detalles cómo hacía el amor con su novia.

Sin embargo, mi primer encuentro con la “blogósfera” nacional desbarató ese prejuicio, pues el azar me condujo hasta el blog de Paul Tellería —joven escritor paceño—, donde me entretuve un par de horas leyendo sus poemas, relatos y crónicas, o sea, textos literarios que, de paso, estaban bien escritos.

Haciendo clic sobre los enlaces sugeridos por Paul, comencé a explorar otros blogs de Bolivia y, en definitiva, mi opinión sobre este medio de comunicación cambió radicalmente. Hallé sitios donde se debatía sobre política, música, religión, fútbol, literatura, en fin, una serie de asuntos que, tratados con mayor o menor profundidad, configuraban un amplio y variado escenario de discusión o disfrute. Con esto no quiero decir que la “blogósfera” boliviana sea perfecta, intelectual o cosa similar, ya que, lógicamente, también tenemos blogs que sólo ocupan espacio virtual, malgastan palabras y enlodan el derecho a la libre expresión.

Así, decidí crear mi propio blog y pasé a formar parte de una gran comunidad virtual en la que, con el transcurrir de los meses, llegué a conocer a muchas personas de distintos puntos del país, varias de las cuales, hoy en día, engrosan mi lista de amigos. Algunos escépticos dirán: “Las amistades virtuales no existen; no se puede ser amigo de una pantalla”. En parte tienen razón, incluso yo pensaba igual; sin embargo, la experiencia me demostró algo distinto.

En septiembre de 2007, inquietos internautas cruceños organizaron el primer encuentro nacional de blogueros, bautizado con ingenio y tino: “Bloguivianos. De lo virtual a lo real”. En la reunión, desarrollada en el Hotel Cortez, se expusieron y debatieron varios temas en paneles formados por expositores de distintos departamentos, durante una intensa jornada que fue rematada con un festejo dionisiaco. Fue la primera vez que muchos de nosotros nos veíamos las caras y, sin exageración alguna, puedo afirmar que el lema del encuentro se cumplió a cabalidad: de la amistad virtual pasamos a la amistad real; o mejor dicho, comprobamos que siempre fue real. Con tan feliz experiencia se decidió organizar un segundo encuentro, cuya sede, por aclamación general, recayó en La Paz.

Ahora (cuando redacto esta nota) estamos a pocas horas de recibir en nuestra ciudad a blogueros de todo el país en el segundo encuentro nacional: “Bloguivianos 2008. De lo real a las realidades”. Esta vez serán dos jornadas de confraternización y debate: el viernes 29 de agosto en El Alto (Teatro Raúl Salmón, Palacio de las Artes y Casa Juvenil de las Culturas Wayna Tambo) y el sábado 30 en La Paz (Museo San Francisco y Etno Café Cultural). La relación entre blogs, arte, comunicación, política y educación se discutirá en paneles moderados por personas (blogueros e invitados) conocedoras de cada tema. Además se llevará a cabo una feria web, un concierto y, finalmente, una fiesta en la que se hará el acto de premiación a los mejores blogs de Bolivia.

Más allá de ser una oportunidad para crear o reforzar lazos de amistad, se pretende que, de las conclusiones que se lleguen a obtener, el encuentro posibilite la redacción de un documento con propuestas concretas sobre la potencialidad, ventajas y aplicaciones del blog respecto de los asuntos que serán tratados. Es un paso más de este joven movimiento que, poco a poco, está trascendiendo el universo virtual y convirtiéndose en generador de crítica, debate y propuesta en las realidades bolivianas.

* Escritor y bloguero paceño

miércoles, agosto 27, 2008

La Revancha

A nuestras herencias futboleras...


Alejandra no sabe como pasó todo tan rápido, sólo se acuerda que se quedó inmóvil mirando al tipo de polera que cinco minutos antes estaba amarrado y ahora le despierta deseo. Grito mucho, trató de defenderse pero ellos no la dejaron inventar alguna historia convincente. El ruido seco calló los gritos de gol en sus bocas.

Pablo nació en Miraflores, en mitad de la dictadura, un domingo de clásico en 1980. El mismo día su viejo con el pretexto de que lo había agarrado el toque de queda se encerró a beber en la casa de un amigo. En el momento que Pablo llegaba al mundo, su madre maldecía al padre por no estar presente y él defendía encarnizadamente y con contundencia la supremacía celestre frente al Tigre. Afirmaba con certeza que su hijo sería profesional, académico e hincha del Bolívar.

Una semana, en mitad del clásico de revancha, nacía Beto. Hijo de padre ex futbolista de Stronguest. El día que la madre pujaba para que Beto viera la luz, su padre gritaba “¡foul carajo!” y secaba con bronca el trago que tenía en su sobaquera. El padre prometió ese día que su hijo sería macho y stronguista como él.

Tarde de clásico, un domingo veinte años después, Beto tiene en la mano izquierda dos entradas para la curva, mira su polera celeste y una vez más le da bronca sentirse traicionado. Su memoria, en uno de esos caprichosos giros, lo lleva a ese domingo de sol en el patio trasero de la vieja casa de Miraflores y recuerda la traición de Pablo.

Como cada fin de semana, Beto después de almorzar donde sus abuelos, buscaba a Pablo en la casa vecina para jugar con la pelota a los penales en el jardín. Beto sentía que eran uña y mugre, amigos desde los cuatro años, sangre futbolera, misma pasta ganadora. Futuras estrellas del Club Bolívar entrenando para ser grandes futbolistas. Esa tarde Pablo fue al arco y a Beto le tocó patear el primer tiro. Pablo agarró la pelota en seco, la tiró al piso y con la seriedad que da la madurez de los 10 años le dijo –ya no quiero jugar a que entrenamos quiero jugar a ganar, no seré más bolivarista, he decidido voy a ser del Stronguest como mi tío que juega de defensa en el Tigre. El es buen tipo, no me pega como mi viejo. No me gusta el celeste, los bolivaristas son borrachos y no quiero entrenar contigo, seré del Tigre y punto-.

Beto se quedó secó, ese día se le partió mitad del sueño, fue el primer abandono en serio de su vida. Se quedó solo en el patio, mirando la pelota en el piso y sus lágrimas llenas de bronca cayendo por su polera celeste. Pablo estaba orgulloso, por primera vez en su vida había dicho lo que quería, hacer. Beto se le lanzó encima y entre puñetazos le gritó – ¡maricón, traicionero, eso no se hace, era un pacto de amigos! – Pablo había traicionado el pacto de los seis años, el sueño de que juntos, al terminar el colegio, se irían a probar suerte a Tembladerani para ser parte del equipo. Desde esa vez, luego de la pelea no dejaron de hablarse.

Beto, líder de la barra del Bolivar, por primera vez en su vida se quedaba en la puerta del estadium. Se sentía nuevamente traicionado, solo y sin saber por que recordando al amigo que de niño le enseñó a patear la pelota- la elección de equipo es igual de seria que casarse se repetía, nunca entenderé a esa gente que anda cambiando así nomás por así de equipo. La persona que de chango incumple sus promesas no tiene palabra y de viejo no será nadie- decía.

Pablo con los años, pesé a la amenaza, había sido fiel a su elección, era stronguista en cuerpo y alma. Esa decisión de los diez años definió su filosofía de vida “uno tiene derecho a elegir lo que quiere ser y cuando lo quiere ser”. - La elección de equipo es como la religión algo individual que se debe hacer con conciencia no por simple herencia familiar- decía. Cada vez que algún amigo o familiar lo molestaba por su época de bolivarista decía - nací sin color, me volví celeste por imposición de mis padres. Siempre me gustó el amarillo y negro, que cuernos uno puede cambiar y corregir los errores de la vida-.

Por primera vez en su vida esa tarde de clásico, Pablo había decidido no ir al estadium, tenía ganas de hacer algo diferente, las entradas se habían agotado día antes y habían anunciado que el partido sería transmitido por la tele. Pablo pensó que era buena idea ver el fútbol en casa de su chica y darle la noticia de que había conseguido trabajo como nuevo asesor legal del Club Stronguest, por fin realizaría el sueño de su vida, juntar su profesión con el Club que hace 20 años era su pasión. –Cuando ella se entere, seguro que se animará a ser mi chica en serio, ya son tres meses que salimos, yo sé que sí no me aceptó antes fue por que no tenía nada que ofrecerle, ahora será diferente-.

Pablo creía firmemente que en el amor hay que ser como en el fútbol, - no hay que entrar con gol en contra, directo hay que madrugar al principio y de ahí a defender a muerte la decisión, el compromiso. –Un hombre tiene dos camisetas: en el pecho la de su club de fútbol y debajo, en la piel, la mujer que elige como compañera de por vida- afirmaba convencido en que tanto en el fútbol como en amores, las elecciones son voluntarias y para siempre.

A Pablo, le gustaba dar sorpresas, agarrar en curva a la gente en el momento menos pensado. Esta vez, a diferencia de otras, la sorpresa tenía que ser perfecta, por primera vez había renunciado a un clásico por esto y por nada sería él el sorprendido.

Pablo planeó todo con anticipación, ni bien recibió el sueldo compró el anillo y le dijo a su chica que le llegaría un paquete muy importante de su familia de Cochabamba. Por seguridad, su barrio últimamente estaba lleno de ladrones, había dado la dirección de la casa de ella para la entrega, la cual sería el domingo por la tarde. Se deleitaba al imaginar la escena: él sacando el anillo de compromiso justo el rato del pitazo final, ella sonrojándose de emoción y aceptando ser su mujer en un día de triunfo con el Stronguest Campeón.

-¿Cómo que dices que no puedes venir? si ya habíamos quedado, tengo las entradas pues, puta siempre me haces lo mismo y ahora ¿no voy a ir al clásico solo? Beto sentía que estaba atrapado. Una vez más, la mujer dueña de “sus pelotas” lo había dejado en off side, justo cuando había quedado en decirle que quería vivir con ella. Las decisiones importantes hay que gritarlas después del gol en mitad de la barra, con la euforia de los cuates de la curva. -El Gordo Muñoz le pidió matrimonio en el entretiempo a su mujer y están felices 20 años, casados con la bendición de la barra brava. Hasta velo celeste le pusieron a la mina ese día. Esta sonsa no entiende, como si nada me deja plantado, sabiendo lo que para mí significa un clásico en nuestra vida-. Así era, cada vez que Beto sentía que iba a meter un gol, que iba a anotar tres puntos más en la tabla de la vida o lo fauleaban o le sacaban la roja.

Alejandra llegó de Santa Cruz a estudiar a La Paz y hace dos años sale con Beto aunque cada vez se le hace más difícil ocultar el romance que mantiene con un stronguista. Ella no puede imaginarse vivir en función al fútbol el resto de su vida; además los gritos en la barra no le dan de comer. Se cansó de que todo gire en torno a la pelota – ese cojudo es capaz de faltar a nuestra boda si ese día hay clásico- decía. No esperá sentada toda la vida. Si Beto sigue sonseando, se irá con el atigrado.

-No insistas Beto, me estoy cansando de hacer lo que te da la gana ¡iodio el fútbol! Nunca me gustó tu equipo, ni tu saltando en la barra , te acompañaba al fútbol por que sólo después de un partido, ya sea por bronca o alegría, funcionabas-. Beto escucha pasmado, con una sensación de tripas aplastadas, como si lo amarrarán a un arco y tuviera que recibir hasta la muerte pelotazos en la cara. – Es que así no funciona crees que la vida es una pelota y que hay que patearla como sonso y nada más. Andate sólo y no jodas- Dijo Ale y tiró el teléfono.

Esa tarde de clásico Carlos necesitaba plata, le debía 700 lucas al “Piñas” conocido “pusher” paceño –Chango te he dicho, pa que has aceptado comprarle al debe, le dijo su amigo- no perdona viejo si no le pagas en dos días te va a limpiar- le dijo su amigo. Había que actuar no quedaba otra y no tenía un peso. Carlos sólo necesitaba conseguir algo y venderlo ese día, era fácil –queste ¿acaso es tan difícil?, entro a una casa sin gente, seguro que encuentro una hoy cerca del estadium. Me saco lo que pueda y al tiro lo vendo, además soy Cochala, iré con mi polera de Wilsterman y me traerá suerte- dijo.

Alejandra dormita en su cuarto, mira la foto de su familia, recuerda a su abuela en Montero invitándole un chive frío para el calor. Se acuerda de sus caminatas por el río con el milico que murió en una pelea entre barras y que le había ofrecido sacarla de pobre y llevarla a la ciudad. –Hecho al estrella el opa, “dijque satinador” se hizo el capo y los de la barra de Blooming le metieron bien adentro el cuchillo. Todo por defender al pelao del calvas-. Alejandra llora y suda, hace tiempo que en La Paz no sentía calor –si tuviera terraza, si el fútbol no hubiera jodido mi vida seguiría en Santa Cruz- pensó.

Carlos se acerca a la casa en silencio, sus piernas le tiemblan, sus manos sudan. Ve la ventana, tira una piedra, no hay nadie, no hay perro, salta el jardín y da la vuelta el patio. –Estas casas antiguas son, frías pero ricas aunque quisiera estar con la Nancy en Tiquipaya, fumando alguito y luego tomando agua de su ombligo- dice. Ve a una mujer por la ventana, espalda canela, tiene un lunar que parece frutilla en el riñón izquierdo y short rojo –A la mierda hasta con premio por hay salgo-, piensa. Entra a la casa mira la tele calcula 500 pesos por ella. En un ataque de confianza prende el televisor y va a la cocina a buscar algo de tomar.

Pablo está feliz con la sorpresa planeada, llega a la casa y encuentra la puerta abierta y entra. Carlos escucha pasos en la sala, se asusta y se esconde. Alejandra despierta, se sorprende. No sabe que hacer si salir, o hacerse la dormida, hoy no quiere ver a nadie, tiene una rabia de esas que matan.

Beto tiene bronca, le jode este su defecto de guardarse las cosas, de vivir acumulando lo que le molesta y sacarlo de golpe, en el peor lugar en el peor momento. –Llega a la casa dispuesto a resolver el asunto. Encuentra la puerta abierta, entra sin avisar –es hora de mostrarle que tengo bolas- piensa.

En cuestión de cinco minutos se encuentran en la sala: Carlos adicto y mal ladrón tratando de esconderse en la cocina; Ale adormilada en shorts y con saudades cruceñas; Pablo de amarillo y negro, con ramo de flores y anillo en el bolsillo; Beto con polera celeste, gorrita de arlequín oculta miradas de bronca y también con un anillo en el bolsillo. Los ojos de los cuatro se abrieron alertas y empezaron a recibir miradas como pelotazos. El silencio duró poco y fue roto por Alejandra. -¡Qué hacen aquí en mi casa ustedes dos! ¿y tu de rojo quién eres?.

Beto y Pablo pusieron la misma cara de la última vez que se vieron y empezaron a hablar, mientras Carlos se quedó congelado sin decir ni hacer nada.

- ¡¿Cojudo qué haces aquí?! ésta es la casa de mi chica- gritó Pablo.
- ¿La Ale tu chica? No puedo creer, años después y vuelves a querer joder mi vida justo hoy día.
- La Ale es mi pareja hace dos años huevón, salí de aquí antes que te parta a palos. Sigues jugando bajo, que se podía esperar de alguien como tu sin palabra.

Alejandra reacciona de golpe, no puede creer lo que pasa. No sabe que decir cómo zafar de este encuentro, de la posición de pelota que en cinco minutos le toca jugar en este clásico con un ladrón de público. El plan de desmarcarse le salió mal y ahora tiene a los dos en su casa gritando. Carlos necesita fumar algo –mucha dosis, yo sólo quiero la tele- piensa, mira a Alejandra quieta sin hacer nada y a ellos insultándose.

La tele empieza a transmitir el clásico. El partido empieza, Beto y Pablo se enfrentan, doble marcación hombre a hombre, patada en la canilla y codazo en la nariz. Carlos trata de apagar la tele en mitad de la pelea y de golpe académico y atigrado, se abalanzan sobre él. Ni el Toro Sandy o el traumatólogo Martínez hubieran reducido de esa forma a un rival. Carlos con canilla “lijada” acaba amarrado y dentro el cuarto de Alejandra.

Alejandra mira en una mezcla de placer, bronca y risa. Trata de hablar de decir algo, de llorar mostrar que la escena la tiene destrozada pero por una vez, contradictoriamente, prefiere ser pelota y ver como Bolivarista y Stronguista se disputan su cuerpo. Ellos nuevamente se miran, puede más la bronca de la traición que los años sin hablarse. Con extraña coordinación celeste y atigrado agarran a Alejandra, le gritan todo lo que se grita en estas situaciones a una mujer y de un puntazo la encierran en su cuarto.

Beto y Pablo. Bolivar y Stronguest, otra vez a solas, como hace 20 años, a punto de cobrarse nuevas faltas, nuevas revanchas. En el momento exacto que están a punto de resolver a golpes la situación, los detiene algo más importante -¡Goooooooooool, del Stronguest! grita la voz de un conocido relator de fútbol en la tele. En ese momento algo pasa, la traición de Alejandra, los odios de la infancia reavivados, quedan en un segundo plano y cobra absoluto control de sus vidas el hincha. - ¡Es el mejor clásico en años! grita el narrador- Mierda que golazo ¿has visto?- dice Pablo. Las diferencias de faldas se quedan congeladas mientras dura el partido.

Bolivar empata a los 15 minutos -Esta mujer nunca va a saber de fútbol viejo, así es hermano- No hay contrapunto, tensión de afectos. No existe mejor romance, mejor catarsis de broncas que un clásico. Lo dicen las miradas, el silencio que se produce en la casa durante el partido mientras se espera la resolución.

Las broncas van cayendo y poco a poco van mostrando la cara de verdad, la del hincha, la que recuerda la pasión. Los amigos renacen en la traición compartida y cuestionada por la euforia futbolera. Se miran, cada uno saca de su bolsillo un anillo –¡yaaaaa! era para la Ale- gritan –los cambiaremos por chela para el próximo clásico- repiten entre risas.

Hace calor-rara vez en Miraflores es así- dice la Ale. Congelada por dentro, con el pecho hecho hielo de rabia, mira la puerta del cuarto. Junto con los gritos de ambos hinchas en la sala va creciendo el color rojo en sus ojos, aquel teñido por la polera del tipo tirado en la alfombra, el de las venas inyectadas en la piel y decide actuar.

El partido está empatado 1 a 1 – y pensar que nos perderíamos este clásico- repiten ambos antes de caer en el debate filosófico sobre la complementariedad, la reciprocidad andina y el fútbol. Celeste y Gualdinegro, gritan y afirman, congelados en un instante futbolero: -El ying yang de la paceñidad es el clásico-.

El de polera roja, también futbolero yace en el piso, ella decide tener un encuentro. La mano canela levanta su polera roja, el cuerpo de Carlos despierta como en Tiquipaya al sentir la piel de Alejandra en su piel. Ella ha decidido dejar de ser pelota y esta vez ser arco. La mano canela sostiene a Carlos, que ahora es delantero quebrando la defensa del vientre de Alejandra.

El grito de gol muere en el gemido seco de Carlos, Alejandra deja su cuerpo de polera roja y recuerda la frase que le dijo el milico de Oriente: -Esto te va a servir si te falto alguna vez-. Camina al ropero, saca el regalo del milico. Carlos no entiende mira su cuerpo amarrado y flácido. Alejandra busca la copia de la llave y camina hacia la sala.

El ruido seco, repetido cuatro veces, se confunde con los petardos del festejo en el estadium, Beto y Pablo quedan con el rostro desinflado. El partido termina 2 a 2, los anillos ruedan por el piso. Celeste y atigrado se abrazan, se protegen con esa intimidad infantil y caen. Alejandra apaga la tele, un esperma de Wilster mete un golazo a uno de sus óvulos. -El fútbol nunca más joderá mi vida- repite y bota la pistola aún humeante al suelo.

lunes, agosto 25, 2008

Chaqui Post Feria....

Ya la feria del libro acabó, pasó la emoción, la histeria, el juego de egos, de roscas y empanadas literarias. Pasaron once días de encuentros, de libros, de disfrutar con amigos la palabra.
¡ Gracias Gente Común!, gracias amig@s que apoyaron comprando Trajines y Haceres.
Nos vemos en Cochabamba...

lunes, agosto 11, 2008

Inicio de la cura



Los trajines cesaron , hoy es hora de otros andares, más internos, más introspectivos, más de náusea, más kafkianos.
Hoy la pausa se llama purga, morder la tinta que late y exprimirla de a poco. Hoy callan los haceres y agradezco con infinita lucidez a quienes me dieron el impulso para este vuelo que se convirtió en libro.

Hoy inicio el proceso de cura, no sé si llega con constancia, con receta, con limpieza, si traerá vientos puros o negros. Inicio la cura y marcho, más allá de la palabra, a encontrar en otros andares la respuesta.

Sólo una cosa está clara hay cinco estaciones en el trayecto: Nacimiento, síntomas, proceso, despojos y silencio blanco.

Esta noche la palabra no dicha habrá nuevamente hablado...


jueves, julio 31, 2008

Trajines y Haceres



Después de cinco años en que esta juntucha se fue armando, caminando la ciudad, bebiendo sus calles y su gente. Después de cinco años de escribir en servilletas, libretas, espaldas, ojos, ombligos, paredes, minibuses, plazas, baños de antros, catres de otros antros.

Después de todo este tiempo, esta mescolanza paceña con sabor a sus calles, su gente, sus lugares, sus intimistas memorias, verá la luz transformada en libro. La cita el 5 de agosto en el Café Café Cultural de la Calle Campos esquina 6 de Agosto a horas 19:30.
Están todos invitados a la presentación oficial y a la informal durante todo el 6 de agosto, los espero........


La Paz ha encontrado su cronista contemporáneo. Paul Tellería Antelo se define a sí mismo como un turista de su propia ciudad. Sin embargo, si recordamos a Paul Bowles en El cielo protector, habría que decie que Tellería es más bien un viajero. El turista pasa por los sitios con un aire efímero, sin dejar huella; el viajero puede quedarse muchos años en un lugar, y se va adueñando del alma de las ciudades y paises que visita. En Trajines y Haceres, el cronista discurre por toda la cartografía de la ciudad, la hace suya a través de viajes en trufi o caminando. Vale la pena acompañar a Tellería: lo que nos entrega es una La Paz íntima, entrañable. (Edmundo Paz Soldan)


viernes, julio 25, 2008

Amourous I

Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía (por cierto que la edición en inglés acaba de aparecer y se vende como la coca-cola). Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado (Extracto del perseguidor, Julio Cortazar).

¿Qué persigo, con la palabra, con la traducción de anécdotas con el capturar improntas de imágenes cotidianas y traducirlas en relatos en remedos de crónicas, en prosas mal tejidas?. No lo sé, será ese tema del desear, como decía bien Cortazar en El Perseguidor …¨En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar…¨ , refiriéndose a la búsqueda de Jhony o siendo claros de Charly Parker, del músico, del artista, en últimas de cualquiera que quiera romper la burbuja predecible.

Amplias discusiones sobre esto de escribir y vomitar la anécdota, en contraposición a la ficción, han sido las que me han llevado a reflexionar hoy sobre perseguir o ser perseguido. Es cierto, algunos persiguen sistemáticamente algo tan volatil como el éxito, la fama. Otros persiguen de forma errática y ansiosa, desesperada, terca y sin plan. Esto los lleva a perder el tren, a publicar al reves su obra, a fallar en el momento exacto, a meterse autogol cuando están apunto de ganar un partido. Persiguen con la necesidad de siempre encontrar el error preciso que anule su éxito.

Vuelvo a la pregunta de ¿qué busco en esta clase de purga? No es oficio, está claro, esto de sacarle tiempo al tiempo para escribir y querer juntar todo lo escrito a fuerza de angustia para lanzarlo como balde de tinta en la cara de los lectores. No es riguroso esto de hacer literatura a empujones lo sé y en mi persecusión sigo haciéndolo.

Reflexiono mientras escribo este borrador de ensayo desafinado, valga la analogía, la burda comparación literaria y en mi redundancia me encuentro pensando en el numero de páginas que aún mi editor debe corregir antes de que mi libro "juntuchado" este listo. Mientras escribo interrumpe mi silencio una mujer de 23 años que trabaja de pasante en mi oficina. Ella ordena files de personal sobre el escritorio, a 20 centímetros de mi oreja. Me irrita la burocracia y los papeleos de oficina, ultimamente me irrita.Es difícil escuchar el Jazz con el crujir, crujir, de papelitos en la mesa y mantener la calma para plantear algo coherente.

Debería tener, de una vez, una maquina propia y dejar esta insistencia de creer en que hay lucidez al escribir a las 14:30 con apenas 15 minutos para pulir lo escrito. Debería aceptar el destino de sangrar de madrugada en silencio, algo coherente, valido, profesional con aroma a aplausos para la crítica. En fin, el blog te da ciertas concesiones, ciertas libertades, lo ha venido haciendo los últimos años, por eso lanzo esta diarrea de palabras sin asco. Esto bajo ningún punto de vista me otorga permiso a mostrar cierto afan de arrogancia y furia ante aquellos que no entienden la necesidad de develar lo íntimo con cierto aire de caos “juntuchado” y nada más.

La verdad yo tampoco entiendo mis encuentros abruptos con este lienzo negro. Es como sí las palabras crecieran como notas musicales en mi cerebro. Como si mudos ritmos golpearan con dolor punzante de saxo y salieran palabras a tropezones, en desorden y nada más. Cortazar tal vez afirmaría que yo también calzo en esa frase de … un pobre diablo de inteligencia apenas mediocre, dotado como tanto músico, tanto ajedrecista y tanto poeta del don de crear cosas estupendas sin tener la menor conciencia¨¨... Si, algo de eso debe haber en lanzar y lanzar palabras como si fueran piedras, de ahí a que las pedradas literarias sean estupendas es otra cosa.

Un poco de suerte debe existir en desparramar palabras como ajos, como cebollas al sartén y obligar luego, a quien este listo a comerlas, a tragarse el revuelto de letras. Algo de eso debe haber en creer que los pensamientos, tan caóticos, quedan perfectamente entendidos por el lector. Es que la palabra debe ser nomás el vehículo del mal entendido como decía Lacan, pero esa es harina de otro costal.

Sin duda algo de eso tan naif, tercamente mediocre, nos surge a algunos perseguidores paceños, que con la “la persecuta” a cuestas, entiendase resaca, entiéndase chaqui, empezamos a creer que es posible construir un camino lanzando palabras como si fueran serpentinas al aire. Si, los perseguidores criollos, esos pobres diablos andan, parafraseando a Cortazar, corriendo como liebres tras un tigre que duerme y se entercan en hacerlo caóticamente sin sentido aparente hasta que de un tropezón en la carrera dejan el juego. Aún no entiendo, debo afirmar, aún no entiendo ¿porqué perseguir embriagado de sustancias, obnubilado de ansiedades, en vez de evocar en la paz del escritorio, con calma y bisturí preciso en la palabra?. No entiendo pero habemos algunos que estamos esclavizados en esto de lanzar y lanzar palabras al aíre como si eso fuera hacer obra, asfaltar el camino de sentidos.

Si tuviera la posibilidad de charlar con Bruno, el personaje del Perseguidor, tal vez le diría algo así como a mí también me gusta el ron con Nescafé y juego a sentirme perseguido. ¿Es más fácil, no lo crees que dar la vuelta la tortilla y aceptar que perseguimos algo que no sabemos bien qué es?

Sin duda en esta carrera lineal, en la persecución, paradójica búsqueda del objeto deseado, me encuentro hoy de golpe frente a una pagina en blanco en la que escribo, como en una carrera ezquizoide, sin mirar atrás, con temor al lobo, sin parar a recoger acentos guarda instantes, imágenes de esta mi persecución sin nombre.La construcción desordenada, disgregada, “melange” de palabras, como diría la flaca de mirada de uva, toma sentido en la terquedad de juntar todo en unas paginas. La recuerdo a ella sentada en la alfombra naranja, celebrando con caritas felices el poco orden que mis textos parecian devolverle en poesías y figuras y yo ansioso por que pare, por que tenía que correr a perseguir a seguir buscando sin importar las correcciones.

Podría ampliar las catarsis o discusiones , jugar a que esto es un ensayo literario. Obviamente eso sería una ofensa, que sólo los faltos de academia pueden producir, para aquellos que son ingleses en extrema pulcritud y limpieza gramatical. Tal vez es más simple, tal vez es que a esta hora sólo quiero vomitar palabras antes de irme por que me molesta el sol pinchando en la oreja y me viene algo así como un aire de viernes con sabor a parque, preámbulo de las ganas de Huari fría que me llegarán al atardecer, presagio de las ganas de cantar, jugando a la ronquera de Tom Waits, que llegarán inevitables al amanecer del sábado.

Si ya sé, ya sé me perdí en esta persecución circular de algo que ni yo mismo entiendo que es. Me suele pasar con bastante frecuencia cuando tiendo a vomitar palabras sin orden aparente y entonces salen, de la mano de una idea, salen. También se empiezan a dibujar luego de un recuerdo, de una imagen retenida en la memoria, de un texto que da la vuelta la cabeza.

En fin ya me olvidé el sentido de estas líneas. Me acuerdo sin embargo que hace tres días vi a Forrest Whitaker interpretando a Charlie Parker en una película que se llama El Saxofonista. Que leí nuevamente El Perseguidor de Cortazar. Que tomé un Fernet en la ventana persiguiendo fantasmas. Que entre llantos dibujé manos y besos en una espalda de bruma. Que me acordé en la mitad del divague que mi hijita me preguntó el otro día ¿papi porqué la luna nos persigue?

jueves, julio 24, 2008

¿abriendo el paraguas?

Hoy me siento así, yo el juntuchador de palabras, el chanfainero de versos. ¿la juntucha de mis textos irreverente y terca, insiste en mezclar prosa, poesía, crónica, relato en un libro poco minimalista. Se que de acá a un tiempo los críticos le darán palo y más aún me dirán ya, ya te dejamos entrar en el jardín de palacio de palabras ahora aprende primero a ser jardinero y miranos como tomamos té hablando de poesía y literatura.

La crítica tan necesaria y tan vana con ella convivo estos días. Hoy por si queda dudas sobre mi falta de autocrítica tomo partido por la crítica y me convierto en mi primer detractor en el mayor crítico de "la juntucha" como estílo literario y a su vez la defiendo a capa y espada como mi forma de hablar mi palabra.

Hice una obra que pronto será pública, como quien hace un revuelto de huevo, luego de despertar con chaqui a la mañana y le pone todo lo que encuentra en la cocina. En ningún caso vacie mis palabras de una botella de añejado Cabernet para que el lector se quede con el sabor del vino. Mi chanfaina de palabras será una mezcla de olores y sabores para el que la lea. A algunos les dará acidez y no les calmará el chaqui a otros les dejará ese rico saborcito a sarsa para continuar el día y preparar la panza para más cerveza.

A los críticos tal vez les suelte el estomago, en todo caso me tienen sin cuidado sus flatulencias.
A los que leen esto los invito a comer de esa juntucha de palabras. Todavía no tengo lugar y eso me anda estresando, pero la presentación del libro está confirmada para el 5 de agosto a las 19:30.


Oda a la Crítica
(Pablo Neruda)
Yo escribí cinco versos:
uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso erac orto como un relámpago y al escribirlo me dejó en la razón su quemadura.

Y bien, los hombres, las mujeres,vinieron y tomaron
la sencilla materia,brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa construyeron paredes, pisos, sueños.
En una línea de mi poesía secaron ropa al viento.
Comieron mis palabras,las guardaron junto a la cabecera,vivieron con un verso,con la luz que salió de mi costado.

Entonces, llegó un crítico mudo y otro lleno de lenguas,
y otros, otros llegaron ciegos o llenos de ojos, elegantes
algunos como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente vestidos de cadáveres,
algunos partidarios del rey y su elevada monarquía,
otros se habían enredado en la frentede Marx y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
y entre todos se lanzaron con dientes y cuchillos,con diccionarios y otras armas negras,
con citas respetables,se lanzarona distupar mi pobre poesía
a las sencillas gentes que la amaban:
y la hicieron embudos,la enrollaron,la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron con suave benignidad de gatos,l
a destinaron a envolver relojes,
la protegieron y la condenaron,le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieronun pequeño paquete
que destinaron cuidadosamente a sus desvanes,
a sus cementerios, luego se retiraron uno a uno enfurecidos hasta la locura.

Porque no fui bastante popular para ellos
o impregnados de dulce menosprecio por mi ordinaria falta de tinieblas,
se retiraron todos y entonces,otra vez, junto a mi poesía
volvieron a vivir mujeres y hombres,
hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz
y en el amor unieron relámpago y anillo.

Y ahora, perdonadme, señores,que interrumpa este cuento
que les estoy contandoy me vaya a vivir
para siempre con la gente sencilla.

lunes, julio 21, 2008

A Crispin Portugal

Mi nombre es Crispín Portugal Chávez nací el 17 de noviembre de 1975 y mi chapa es ‘el torcido’. Vine al mundo un día lleno de niebla y frío, aparecí totalmente vestido a lo caballerito; crecí un poco y empecé a doblarme como un arco, comí mucho y nunca engordé y de ahí que comprendo que mi chapa sea “el torcido”. (Crispin Portugal).

Dice que soñaba con morir y que su primer poema, escrito a los 8 años, se titulaba “siempre quise morir menos hoy”. No conocí en persona a Crispín Portugal, leí su obra eso sí y me pareció ver su sombra en el Etno. El Willy me había invitado a una lectura de poesía y narrativa entre paceños y alteños- somos lo mismo, para que la diferencia le había dicho- va a ser “mascara contra cabellera” entre poetas ven nomás- me respondió. Ya en mitad de la lectura lo vi, escuchando ceremonial y reflexivo a sus cuates de “Los Nadies”. En la mesa del fondo, atenta con sus manos entrelazadas, estaba su sombra. Escuchando desde su muerte larga el aparente debate sin nombre entre los de La Hoyada y los de La Ceja.

Conocí poco a Crispín, compré todos los libros de Yerba Mala Cartonera y supe de él farreando alguna vez con el gaucho aquel que alucinaba con la movida cartonera alteña. Entre trago y trago y defensa de la piratería, como un derecho y un deber en Bolivia, salia tu nombre.

Ayer te leí Crispín en Fondo Negro y me quedé reverberando en las recurrencias de la muerte, en el egoismo y la independencia de volar sin miedo, solo. Yo también leí Frankensteín y me estremecí con el último capítulo igual que tú, pero así de manera imaginaria nomás, no por ácidos fosforados. Verás tú, todavía me jalan la pata fuerte muchas cosas para quedarme de este lado y “la calaca” sólo me coquetea, no me quiere besar todavía.

Crispín, recordé tu memoria un año después en el arrepentimiento de haber sido tan gil y no compartir más con ustedes, de jugármelas más en la calle con los cartoneros.Esta noche van a leer poesía en el Etno, anda, seguro que uno que otro cuate borracho te va a nombrar y tu cagarás de risa por que no entienden, por que sólo saben de homenajes, por que no fueron cartoneros, por que no chuparon en la Wayna Tambo y menos, mucho menos conocen el tistapi de un nicho.

Tu “temida e inspiradora muerte” te ha llevado como querías. En tu ataúd, un año después tus huesos siguen torcidos y tu palabra por todo lado se está haciendo escuchar como “jalón de trenzas” de “Almha la vengadora”. Esta noche le meteremos un "chuchuasi" a tu nombre, me voy no sin antes pedirte permiso para robarle al Fondo Negro este texto tuyo como homenaje desde un lector del hoyo a la contundencia de tu Ceja.


Tú y tú como dos

Crispín Portugal
Tembló tu carne al escuchar la voz negra en la tarde, mientras ella con su viento lo nublaba todo con polvareda, dejándonos en la penumbra sin ser noche. Mi cuerpo empezó a absorber la humedad, la tristeza de estas paredes tiesas olor a trago, mareándonos más de lo que habíamos bebido. Me acerqué a ti que te dejabas escapar por la ventana, te veías flotando impulsada por el fuerte ventarrón sin que las venteras, que tiritaban de frío y recogían en sus aguayos sus mercancías, se percatasen de tus cabellos que se enredaban en las rejillas de algunas pasarelas.

Quisiste recorrer la planicie de esta ciudad pero la montaña canosa con el nombre del joven carcomió tu tiempo calculado.

Cerraste los ojos y buscaste en mí un poco de calor, te abracé con fuerza, froté tu espalda y te retorciste. Quise cortar tus cabellos, cuando empezaste a llorar, toque tu mejilla de barro y un gemido eficaz como tu llanto escapó de tus labios: te hacía daño, pues todo tu ser estaba malogrado y al borde del derrumbe; entonces comprendí que nuestro calor se esfumó.

El ámbar de este silencio se ahumó, se vio terriblemente estrujado, mis ojos vidriosos reflejaban el catre, el bacín que sirvió de cenicero, el perchero con cariz de arlequín, el velador donde se desvanecían unas monedas, donde yacen tiesas unas llaves, donde brillan unos sobres nerviosos. Ahí estás tú quitándote la ropa aprisa, segura, decidida, secándote las lágrimas para después meterte en la cama y cubrirte con las frazadas sucias, dejándome un espacio que sin lugar a dudas lo ocuparía.

http://yerbamalacartonera.googlepages.com/lamuertedecrispinportugal.pdf

miércoles, julio 16, 2008

Ejercicio Absurdo II

"Por favor no hagas promesas sobre el bidet, por favor no me habras más los sobres" (Charly García)

"...Caminábamos, con los pies para arriba y las manos cogidas, en el cuello de la botella. Ella se vestía casí exclusivamente de negro, salvo algunos toques de púrpura de vez en cuando..."(Henry Miller)

Este texto empieza con dos epígrafes disgregados, antagónicos o complementarios cuando se ponen frente a la mirada amarilla de la de furia lila. Recuerdo su tanga negra en la caida. Pétalo podrido, de sus caderas a sus rodillas. Lindas piernas, mejor aún cuando forman una X con sus dos rodillas, al verla sentada en el inodoro. Te mira con la chompa negra, te reverbera dos sandeces y eso de "tu no me tiras bola, sólo me tiras".

Era importante hacer caso a la rima barata que disfrazaba esa advertencia, antes de tirar la cadena del baño con ella sentada en él. En fín el des-madre tiene su precio. "Il ne couche pas avec ton paroles", hermano convencete, quiere diamantes no poemas.

No importa, por ahora basta de incoherencia y de recuerdos a sus orificios de lija. Si es cierto hacía promesas sobre el bidet (muy cursí fashión, muy gaucho) mejor te prometia pajas sobre la taza. Se vestía de negro, si es cierto y en pelotas era canela y en sus gritos tenía cara de pitón.

Ya fue y queda en la memoria la de cabello rojo que se niega a que le veas el culo, que le toques las caderas calibre 22. Ya fueron ambas y queda este dolor de cuello que me comprime. Flashes de la película "shutter" sólo que quien está sentado en mi cabeza es el gordo de la oficina del lado más que una flaca de ojos calavéricos.

Vuelvo de visitar el hueco negro de la mariposa, "de bolas la mina" buneas fotos, buen proyecto. Me quedo pensando en el lugar del puente ese donde se tomó las fotos. Paralelismo de imágenes en palabras y en fotografía, pechos con tibio cafe en aureola y lunar que apunta a mi púpila izquierda cuando hago zoom a la pantalla y esas cosquillitas en el jean que dan ganas de llamar a "Cruela de Ville" ja!

Si, Cruela de Ville ayer recibió las flores y movió su boca hinchada, sonrió con victoria y bronca , luego lanzó unas líneas al celular como agradecimiento Ella se rasura hasta el último pensamiento que muere en su vagina. La otra, la de las fotos, se muestra con selva despeinada. No importa a las tres de la mañana ambas se llaman lo mismo.

El dolor de cuello comprime las palabras el absurdo no es absurdo y el "Dadaismo" respira su muerte a 3,600 msnm.

¡Viva La Paz carajo!, mañana hay trabajo y que mierda me iré a tomar una cerveza solo al cerro con mis demonios y fantasmas...

martes, julio 08, 2008

Ejercicio Absurdo I

El hombre de abrigo gris llega temprano como siempre al departamento 202, toca el intercomunicador y espera. La mujer de pies largos y venas hirvientes no abre inmediatamente la puerta, camina serpenteando por el departamento once minutos antes de apretar el botón que abra la puerta. Escucha la respiración del hombre de abrigo gris que espera paciente la entrega matinal del amuleto guarda sentidos.

El hombre de abrigo gris espera, respira. Mira por la ventana al viejo con pantuflas negras y perro chapi que va a comprar marraquetas como todos los días. Tiene hambre, se cansa, estornuda, piensa en mandar a la mierda a la mujer de pies largos. Toca la puerta, no dice nada. La mujer de pies largos lo saluda, sonrie forzadamente y le entrega lo esperado. El hombre se va, camina y toma el Trufi. Tiene frío piensa, la mujer de pies largos tiene lindos huesos recuerda.
En la puerta de un edificio el Trufi se detiene. Una mujer de pies pequeños y rulos, vendedora de periódicos, sube con un paquete de periódicos La Razón no vendidos. Empuja al hombre del abrigo gris -¡su abrigo parece pollera, levante pues! le grita. El acata en silencio, recoge el abrigo y reflexiona a la mujer sobre la educación. Ella, con metralleta de palabras, se defiende y lo manda a la mierda.

El hombre de abrigo gris tiene hambre, recuerda las venas calientes y el pubis rasurado de la mujer de pies largos. Tiene que bajar en la Plaza del Centro, mira de reojo a la mujer de pies chicos y elabora que decirle para pedir paso, la montaña de periódicos no se moverá si no habla. Pide permiso, la mujer de pies chicos se hace la sorda, tiene el control y se hace esperar. La puerta izquierda no tiene seguro- no queda otra piensa. Pide y ruega, luego sale, mira su bolsillo- el amuleto valioso quedó a buen recaudo piensa.

El hombre de abrigo gris camina por El Prado, para en un kiosko y abre el periódico en la pagina del centro. La mujer de pies largos aparece en la pagina 12, lado inferior izquierdo. Con traje de baño y las venas mojadas anuncia "abre todas las puertas con tu tarjeta Visa" . El hombre de abrigo gris no tiene cuenta en el banco, cierra el periódico y se va.

El hombre llega a su oficina, se quita el abrigo, cierra la puerta. Mira el amuleto guarda sentidos en el bolsillo, respira, se sopla los mocos llorones. Recuerda el pubis rasurado de la mujer de pies largos y se lanza por la ventana.

martes, julio 01, 2008

POLITK

Esta cancioncita para reflejar cansancios....con cariño a los de la media luna,, los de la empanada y todos los que andan fabricando pasteles amasando a la gente....

¡ F.....OFF POLITK!

Look at the earth from outer space
Everyone must find a place
Give me time and give me space
Give me real don't give me fake

Give me strength, reserve control
Give me heart and give me soul
Give me time, give us a kiss
Tell me your own politik

And open up your eyes,
open up your eyes,
open up your eyes,
open up your eyes

Give me one 'cause one is best
In confusion, confidence
Give me peace of mind and trust
Don't forget the rest us

Give me strength, reserve control
Give me heart and give me soul
Wounds that heal and cracks that fix
Tell me your own politik

And open up your eyes,
open up your eyes,
open up your eyes,
open up your eyes

Just open up your eyes
But give me love over,
love over, love over this

jueves, junio 26, 2008

Mordiscos de incoherencia

Morderse la cola,
tragar el veneno,
hacerse oruga y oler tu propio estiercol.

Levantarse y prometerse patear la piedra
escupir el silencio, tragarse las palabras,
vomitar los versos de sal con su nombre
respirar los cristales que ella deja en el viento.

Ser nomás eso,
palabra sin tinta,
beso sin boca,
caricia sin uña,
mano sin carne
miembro sin miembro
evocación sin huellas.

Acto en verso,
incongruencia en palabra,.
amante de su sombra
incongruente incontinencia eyaculada.

viernes, junio 20, 2008

Recurrencias disgregadas....


Recurriendo a las palabras ajenas otra vez, falto de creatividad ando en la azotea. Los versos secos tienen el ambar de otoño. Mi amigo editor me decía ayer que la temporada de libros es como la de naranjas. Entonces, la poesía es fruta de invierno, repliqué. De todas maneras la cosecha de nuevas frutas anda medio mala por estos días.
¿Será esta recurrencia, esta obsesión por agregar lo disgregado, como dice mi Editora, la que ha secado mi inspiración para nuevos versos?.

¿Será la mujer real y llena de embrujos y venenosos defectos que ocupa mi vida por estos días que anda escupiendo miel y ácido en mi cuerpo y mis palabras?

¿Será la ausencia de la que nunca estuvo del todo en mi vida la que me lleva a los homenajes póstumos?.

¿Será que ando divagando en homenajes, "confesionando" que hoy me dieron ganas de homenajear, de profetizar, de anticipar el futuro?
¿Será el futuro?o o que mierda. Ahí les vá este poemita del Cronopio Mayor

El Futuro (Julio Cortazar)

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noched
e los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes,
ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes o una blusa.
Me enojaré, amor mío, sin que sea por ti,
y compraré bombones pero no para ti,
me pararé en la esquina a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré los sueños que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles y de puentes.
No estarás para nada, no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

miércoles, junio 18, 2008

Fragmento de Piedra Imán.

Hoy por alguna razón, rompiendome la cabeza, replanteando textos, puliendo el borrador de mi libro "Trajines y Haceres". Vuelvo a Jaime Saenz, a la Piedra Iman, a sus confesiones y entiendo que esto del matrimonio no es para mi, aunque bendigo a la vida por que "mi pequeña sigue a mi lado". Ahí les vá el texto:


LA PIEDRA IMÁN
XVIII
(Fragmento)

En un lóbrego sótano, muy pequeño y húmedo, con olor a nuevo, a guardado y a fierro enlozado, es decir, con olor a Hong-Kong y a manufacturas japonesas, hubo de fraguarse cierto acontecimiento —esto es, mi matrimonio.

Era alta y rubia; era ingenua y sana; y sus ojos, de un color entre azul oscuro y violeta pálido, eran en verdad muy claros. Pero no era hija del país. Había nacido en Zwickau (la tierra de Schumann), y por lo tanto, no le gustaba el ají. En cambio le gustaba el vuelo del moscardón, que volaba en misteriosos espacios del cuarto junto al alma de Juan, con un zumbido vivo y profundo, con un olor a jabón y a ropa lavada en medio de torrentes de luz, cuando a todo esto, temprano por la mañana, se dejaban escuchar en la radio los valses de El Caballero de la Rosa de Richard Strauss.

A un principio vivimos en la casa de mi madre, primero en la avenida 20 de Octubre, y después en el pasaje Juan de Vargas, entrando por la calle Abdón Saavedra, y luego fuimos a parar a un cuarto oscuro y frío, en la calle Femando Guachalla, que una señora llamada Rosa Llosa tuvo la bondad de alquilamos, con algunos muebles y un cómodo sillón de madera con almohadones de tela color café a cuadros.

Allí leí La montaña mágica —y si mal no recuerdo, la lectura duró sus buenos tres meses, pero la verdad es que me hizo vivir momentos de auténtica grandeza. Por lo demás en aquellos tiempos era joven, y todo parecía fácil y sencillo, pues en realidad había tiempo —y como todo tenía tiempo, había tiempo para todo.

Por otra parte, en cualquier esquina de la ciudad uno encontraba paz y sosiego, y había cientos de tiendas en las cuales uno podía beber tranquilamente una copa.
A ese paso, mi mujer era hasta tal punto comprensiva, que no hacía problema ni renegaba, sino cuando me tambaleaba y cometía atropellos de puro borracho, cosa ésta que por desgracia sucedía con demasiada frecuencia.

De tal manera, que una vez me dijo: -Ten cuidado. Si sigues con la copa, yo me voy.
Lo malo es que yo seguí con la copa.

En 1946 nació mi primer hijo. Sólo vivió tres días.
Mi segunda hija —que sería la última— vino al mundo en 1947.
Al cabo la Erika —que así se llamaba mi mujer— pidió el divorcio, y luego se fue a Alemania
—sin decirme nada.

Pues quién te dice que yo —sin sospechar ni remotamente lo sucedido— un buen día me preparo, y voy a su casa con una torta y con una velita para congratular a mi hija en el primer aniversario de su nacimiento, y me encuentro con la noticia de que había partido para siempre.

¿Qué hacer? Por aquellos días precisamente se conmemoraba el Cuarto Centenario de la Fundación de La Paz con una gran feria en Miraflores, y no pude menos que encaminarme en derechura a la referida feria a festejar mi infortunio.

Y cosa extraña si la hubo:
veinte años después me escribió mi hija —y también la Erika.
Lo malo es que mi hija me escribía en alemán, pues no sabía una palabra de castellano.
La Erika recordaba los tiempos idos; y lo hacía con no sé qué encanto, no desprovisto de cierta amargura.
Como no podía ser de otra manera, tan inesperado acontecimiento me causó hondísima impresión, y con pena inenarrable, yo a mi vez recordé los tiempos idos
—y por otra parte, me preguntaba por qué el olvido era tan extraño:
porqué lavida era tan extraña.
¡Y qué haber de, cosas y de circunstancias a cuál más extrañas!
La verdad es que el matrimonio constituyó para mí una alta enseñanza.
Comprendí que el hombre no necesita volverse padre, ya que lo es por esencia,
y si engendra un hijo, es para confirmarse plenamente.
Y comprendí asimismo que un niño es ya padre, de igual manera que una niña es ya madre.
Esto aparte, el matrimonio enseña a conocer y amar lo doméstico
—cosa de la mayor importancia para el hombre, por lo mismo que éste lleva la peor parte en el enfrentamiento con la soledad del mundo.
Pues lo doméstico, extrañamente, le enseña a conocer y amar la soledad del mundo,
que en definitiva no es sino su propia soledad.
Ahora bien, contrariamente a lo que muchos imaginan, la así llamada felicidad no tiene absolutamente nada en común con el matrimonio.
El matrimonio es tribulación y tormento que se debe sufrir calladamente.
Es un camino de espinas, una cruz que se debe llevar a cuestas con dolor y amargura.
Así las cosas, muy pronto la vida se torna mera costumbre y rutina, y al cabo, cuando se cierne la oscuridad sobre la redondez del mundo, te atrapa la tumba.
Esto para el hombre débil, que sólo por temor a la soledad y no por amor ha fundado un hogar.
En cambio para el hombre fuerte, que vive con grandeza y altura,
que sabe amar y sufrir y gobernar,
el matrimonio será siempre una alta enseñanza —una fuente inagotable de humanidad y sabiduría.
Un mundo siempre nuevo, cargado de revelaciones y descubrimientos.
Claro que todo depende de la suerte, y la verdad sea dicha,
pues en realidad, todo matrimonio es providencial. Es una fatalidad, un mandato del destino. No es cosa gratuita.
Por lo demás en los tiempos que corren, el matrimonio está de capa caída, es muy cierto;
pero así y todo parece que las parejas que se unen libremente, lo hacen en razón de motivaciones auténticas.
Y si desechan el matrimonio y lo consideran un mero formalismo burgués, allá ellos.
Sin embargo recuérdese que cualquier evasión es ne gación, pues en mundo en crisis no caben los experimentos, y lo único que importa es vivir experiencias.
¿Quién no se siente reconfortado y conmovido ante el espectáculo de esas parejas de adolescentes que se lanzan valientemente al matrimonio y se casan como Dios manda, con testigos y padrinos, con repiques de campanas y ramos de flores y todo lo demás?
Yo me siento conmovido.
Y si soy fanático partidario del matrimonio, es porque guardo el más profundo respeto por el hogar.
Pues ¿quién será aquel que se muestre ajeno al contenido del hogar, y reniegue así de su condición humana?
Si hay errantes y peregrinos, es porque recorren incesantemente los caminos en pos del hogar.
Un clavo retorcido, una astilla de madera, un objeto cualquiera, representa ya el hogar,
en la medida en que el referido objeto ansía un lugar.
¿Y qué es un lugar?
Un lugar, en definitiva, no es sino eso que se llama la patria; un cielo, una agua, una tierra.
Nadie podrá olvidar la significación del hogar, sino a riesgo de perder irremisiblemente su propia interioridad.
Pues el hogar es el solo hito que te permite identificar el lugar que ocupas en el mundo.