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jueves, septiembre 18, 2008

Morales

Por Juan Sasturain

El caso de Bolivia nos plantea
lo que se dicen cuestiones morales:
quedarse sota, mirar neutrales
o abrir la boca, optar en la pelea.

El caso de Morales nos recrea
el de Allende, porque son iguales
causas, métodos y hasta los rivales:
es gente linda contra gente fea.
Que si Evo cae -digo, es un decir-

qué historia nueva
con qué verso viejo.
Que si Bolivia -digo, es un sentir-
cae negra, tropieza en su pellejo,
chola, pelada por filo de sufrir...
Qué vergüenza en el verso de Vallejo.

viernes, julio 25, 2008

Amourous I

Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía (por cierto que la edición en inglés acaba de aparecer y se vende como la coca-cola). Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado (Extracto del perseguidor, Julio Cortazar).

¿Qué persigo, con la palabra, con la traducción de anécdotas con el capturar improntas de imágenes cotidianas y traducirlas en relatos en remedos de crónicas, en prosas mal tejidas?. No lo sé, será ese tema del desear, como decía bien Cortazar en El Perseguidor …¨En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar…¨ , refiriéndose a la búsqueda de Jhony o siendo claros de Charly Parker, del músico, del artista, en últimas de cualquiera que quiera romper la burbuja predecible.

Amplias discusiones sobre esto de escribir y vomitar la anécdota, en contraposición a la ficción, han sido las que me han llevado a reflexionar hoy sobre perseguir o ser perseguido. Es cierto, algunos persiguen sistemáticamente algo tan volatil como el éxito, la fama. Otros persiguen de forma errática y ansiosa, desesperada, terca y sin plan. Esto los lleva a perder el tren, a publicar al reves su obra, a fallar en el momento exacto, a meterse autogol cuando están apunto de ganar un partido. Persiguen con la necesidad de siempre encontrar el error preciso que anule su éxito.

Vuelvo a la pregunta de ¿qué busco en esta clase de purga? No es oficio, está claro, esto de sacarle tiempo al tiempo para escribir y querer juntar todo lo escrito a fuerza de angustia para lanzarlo como balde de tinta en la cara de los lectores. No es riguroso esto de hacer literatura a empujones lo sé y en mi persecusión sigo haciéndolo.

Reflexiono mientras escribo este borrador de ensayo desafinado, valga la analogía, la burda comparación literaria y en mi redundancia me encuentro pensando en el numero de páginas que aún mi editor debe corregir antes de que mi libro "juntuchado" este listo. Mientras escribo interrumpe mi silencio una mujer de 23 años que trabaja de pasante en mi oficina. Ella ordena files de personal sobre el escritorio, a 20 centímetros de mi oreja. Me irrita la burocracia y los papeleos de oficina, ultimamente me irrita.Es difícil escuchar el Jazz con el crujir, crujir, de papelitos en la mesa y mantener la calma para plantear algo coherente.

Debería tener, de una vez, una maquina propia y dejar esta insistencia de creer en que hay lucidez al escribir a las 14:30 con apenas 15 minutos para pulir lo escrito. Debería aceptar el destino de sangrar de madrugada en silencio, algo coherente, valido, profesional con aroma a aplausos para la crítica. En fin, el blog te da ciertas concesiones, ciertas libertades, lo ha venido haciendo los últimos años, por eso lanzo esta diarrea de palabras sin asco. Esto bajo ningún punto de vista me otorga permiso a mostrar cierto afan de arrogancia y furia ante aquellos que no entienden la necesidad de develar lo íntimo con cierto aire de caos “juntuchado” y nada más.

La verdad yo tampoco entiendo mis encuentros abruptos con este lienzo negro. Es como sí las palabras crecieran como notas musicales en mi cerebro. Como si mudos ritmos golpearan con dolor punzante de saxo y salieran palabras a tropezones, en desorden y nada más. Cortazar tal vez afirmaría que yo también calzo en esa frase de … un pobre diablo de inteligencia apenas mediocre, dotado como tanto músico, tanto ajedrecista y tanto poeta del don de crear cosas estupendas sin tener la menor conciencia¨¨... Si, algo de eso debe haber en lanzar y lanzar palabras como si fueran piedras, de ahí a que las pedradas literarias sean estupendas es otra cosa.

Un poco de suerte debe existir en desparramar palabras como ajos, como cebollas al sartén y obligar luego, a quien este listo a comerlas, a tragarse el revuelto de letras. Algo de eso debe haber en creer que los pensamientos, tan caóticos, quedan perfectamente entendidos por el lector. Es que la palabra debe ser nomás el vehículo del mal entendido como decía Lacan, pero esa es harina de otro costal.

Sin duda algo de eso tan naif, tercamente mediocre, nos surge a algunos perseguidores paceños, que con la “la persecuta” a cuestas, entiendase resaca, entiéndase chaqui, empezamos a creer que es posible construir un camino lanzando palabras como si fueran serpentinas al aire. Si, los perseguidores criollos, esos pobres diablos andan, parafraseando a Cortazar, corriendo como liebres tras un tigre que duerme y se entercan en hacerlo caóticamente sin sentido aparente hasta que de un tropezón en la carrera dejan el juego. Aún no entiendo, debo afirmar, aún no entiendo ¿porqué perseguir embriagado de sustancias, obnubilado de ansiedades, en vez de evocar en la paz del escritorio, con calma y bisturí preciso en la palabra?. No entiendo pero habemos algunos que estamos esclavizados en esto de lanzar y lanzar palabras al aíre como si eso fuera hacer obra, asfaltar el camino de sentidos.

Si tuviera la posibilidad de charlar con Bruno, el personaje del Perseguidor, tal vez le diría algo así como a mí también me gusta el ron con Nescafé y juego a sentirme perseguido. ¿Es más fácil, no lo crees que dar la vuelta la tortilla y aceptar que perseguimos algo que no sabemos bien qué es?

Sin duda en esta carrera lineal, en la persecución, paradójica búsqueda del objeto deseado, me encuentro hoy de golpe frente a una pagina en blanco en la que escribo, como en una carrera ezquizoide, sin mirar atrás, con temor al lobo, sin parar a recoger acentos guarda instantes, imágenes de esta mi persecución sin nombre.La construcción desordenada, disgregada, “melange” de palabras, como diría la flaca de mirada de uva, toma sentido en la terquedad de juntar todo en unas paginas. La recuerdo a ella sentada en la alfombra naranja, celebrando con caritas felices el poco orden que mis textos parecian devolverle en poesías y figuras y yo ansioso por que pare, por que tenía que correr a perseguir a seguir buscando sin importar las correcciones.

Podría ampliar las catarsis o discusiones , jugar a que esto es un ensayo literario. Obviamente eso sería una ofensa, que sólo los faltos de academia pueden producir, para aquellos que son ingleses en extrema pulcritud y limpieza gramatical. Tal vez es más simple, tal vez es que a esta hora sólo quiero vomitar palabras antes de irme por que me molesta el sol pinchando en la oreja y me viene algo así como un aire de viernes con sabor a parque, preámbulo de las ganas de Huari fría que me llegarán al atardecer, presagio de las ganas de cantar, jugando a la ronquera de Tom Waits, que llegarán inevitables al amanecer del sábado.

Si ya sé, ya sé me perdí en esta persecución circular de algo que ni yo mismo entiendo que es. Me suele pasar con bastante frecuencia cuando tiendo a vomitar palabras sin orden aparente y entonces salen, de la mano de una idea, salen. También se empiezan a dibujar luego de un recuerdo, de una imagen retenida en la memoria, de un texto que da la vuelta la cabeza.

En fin ya me olvidé el sentido de estas líneas. Me acuerdo sin embargo que hace tres días vi a Forrest Whitaker interpretando a Charlie Parker en una película que se llama El Saxofonista. Que leí nuevamente El Perseguidor de Cortazar. Que tomé un Fernet en la ventana persiguiendo fantasmas. Que entre llantos dibujé manos y besos en una espalda de bruma. Que me acordé en la mitad del divague que mi hijita me preguntó el otro día ¿papi porqué la luna nos persigue?

viernes, junio 20, 2008

Recurrencias disgregadas....


Recurriendo a las palabras ajenas otra vez, falto de creatividad ando en la azotea. Los versos secos tienen el ambar de otoño. Mi amigo editor me decía ayer que la temporada de libros es como la de naranjas. Entonces, la poesía es fruta de invierno, repliqué. De todas maneras la cosecha de nuevas frutas anda medio mala por estos días.
¿Será esta recurrencia, esta obsesión por agregar lo disgregado, como dice mi Editora, la que ha secado mi inspiración para nuevos versos?.

¿Será la mujer real y llena de embrujos y venenosos defectos que ocupa mi vida por estos días que anda escupiendo miel y ácido en mi cuerpo y mis palabras?

¿Será la ausencia de la que nunca estuvo del todo en mi vida la que me lleva a los homenajes póstumos?.

¿Será que ando divagando en homenajes, "confesionando" que hoy me dieron ganas de homenajear, de profetizar, de anticipar el futuro?
¿Será el futuro?o o que mierda. Ahí les vá este poemita del Cronopio Mayor

El Futuro (Julio Cortazar)

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noched
e los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes,
ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes o una blusa.
Me enojaré, amor mío, sin que sea por ti,
y compraré bombones pero no para ti,
me pararé en la esquina a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré los sueños que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles y de puentes.
No estarás para nada, no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

miércoles, junio 18, 2008

Fragmento de Piedra Imán.

Hoy por alguna razón, rompiendome la cabeza, replanteando textos, puliendo el borrador de mi libro "Trajines y Haceres". Vuelvo a Jaime Saenz, a la Piedra Iman, a sus confesiones y entiendo que esto del matrimonio no es para mi, aunque bendigo a la vida por que "mi pequeña sigue a mi lado". Ahí les vá el texto:


LA PIEDRA IMÁN
XVIII
(Fragmento)

En un lóbrego sótano, muy pequeño y húmedo, con olor a nuevo, a guardado y a fierro enlozado, es decir, con olor a Hong-Kong y a manufacturas japonesas, hubo de fraguarse cierto acontecimiento —esto es, mi matrimonio.

Era alta y rubia; era ingenua y sana; y sus ojos, de un color entre azul oscuro y violeta pálido, eran en verdad muy claros. Pero no era hija del país. Había nacido en Zwickau (la tierra de Schumann), y por lo tanto, no le gustaba el ají. En cambio le gustaba el vuelo del moscardón, que volaba en misteriosos espacios del cuarto junto al alma de Juan, con un zumbido vivo y profundo, con un olor a jabón y a ropa lavada en medio de torrentes de luz, cuando a todo esto, temprano por la mañana, se dejaban escuchar en la radio los valses de El Caballero de la Rosa de Richard Strauss.

A un principio vivimos en la casa de mi madre, primero en la avenida 20 de Octubre, y después en el pasaje Juan de Vargas, entrando por la calle Abdón Saavedra, y luego fuimos a parar a un cuarto oscuro y frío, en la calle Femando Guachalla, que una señora llamada Rosa Llosa tuvo la bondad de alquilamos, con algunos muebles y un cómodo sillón de madera con almohadones de tela color café a cuadros.

Allí leí La montaña mágica —y si mal no recuerdo, la lectura duró sus buenos tres meses, pero la verdad es que me hizo vivir momentos de auténtica grandeza. Por lo demás en aquellos tiempos era joven, y todo parecía fácil y sencillo, pues en realidad había tiempo —y como todo tenía tiempo, había tiempo para todo.

Por otra parte, en cualquier esquina de la ciudad uno encontraba paz y sosiego, y había cientos de tiendas en las cuales uno podía beber tranquilamente una copa.
A ese paso, mi mujer era hasta tal punto comprensiva, que no hacía problema ni renegaba, sino cuando me tambaleaba y cometía atropellos de puro borracho, cosa ésta que por desgracia sucedía con demasiada frecuencia.

De tal manera, que una vez me dijo: -Ten cuidado. Si sigues con la copa, yo me voy.
Lo malo es que yo seguí con la copa.

En 1946 nació mi primer hijo. Sólo vivió tres días.
Mi segunda hija —que sería la última— vino al mundo en 1947.
Al cabo la Erika —que así se llamaba mi mujer— pidió el divorcio, y luego se fue a Alemania
—sin decirme nada.

Pues quién te dice que yo —sin sospechar ni remotamente lo sucedido— un buen día me preparo, y voy a su casa con una torta y con una velita para congratular a mi hija en el primer aniversario de su nacimiento, y me encuentro con la noticia de que había partido para siempre.

¿Qué hacer? Por aquellos días precisamente se conmemoraba el Cuarto Centenario de la Fundación de La Paz con una gran feria en Miraflores, y no pude menos que encaminarme en derechura a la referida feria a festejar mi infortunio.

Y cosa extraña si la hubo:
veinte años después me escribió mi hija —y también la Erika.
Lo malo es que mi hija me escribía en alemán, pues no sabía una palabra de castellano.
La Erika recordaba los tiempos idos; y lo hacía con no sé qué encanto, no desprovisto de cierta amargura.
Como no podía ser de otra manera, tan inesperado acontecimiento me causó hondísima impresión, y con pena inenarrable, yo a mi vez recordé los tiempos idos
—y por otra parte, me preguntaba por qué el olvido era tan extraño:
porqué lavida era tan extraña.
¡Y qué haber de, cosas y de circunstancias a cuál más extrañas!
La verdad es que el matrimonio constituyó para mí una alta enseñanza.
Comprendí que el hombre no necesita volverse padre, ya que lo es por esencia,
y si engendra un hijo, es para confirmarse plenamente.
Y comprendí asimismo que un niño es ya padre, de igual manera que una niña es ya madre.
Esto aparte, el matrimonio enseña a conocer y amar lo doméstico
—cosa de la mayor importancia para el hombre, por lo mismo que éste lleva la peor parte en el enfrentamiento con la soledad del mundo.
Pues lo doméstico, extrañamente, le enseña a conocer y amar la soledad del mundo,
que en definitiva no es sino su propia soledad.
Ahora bien, contrariamente a lo que muchos imaginan, la así llamada felicidad no tiene absolutamente nada en común con el matrimonio.
El matrimonio es tribulación y tormento que se debe sufrir calladamente.
Es un camino de espinas, una cruz que se debe llevar a cuestas con dolor y amargura.
Así las cosas, muy pronto la vida se torna mera costumbre y rutina, y al cabo, cuando se cierne la oscuridad sobre la redondez del mundo, te atrapa la tumba.
Esto para el hombre débil, que sólo por temor a la soledad y no por amor ha fundado un hogar.
En cambio para el hombre fuerte, que vive con grandeza y altura,
que sabe amar y sufrir y gobernar,
el matrimonio será siempre una alta enseñanza —una fuente inagotable de humanidad y sabiduría.
Un mundo siempre nuevo, cargado de revelaciones y descubrimientos.
Claro que todo depende de la suerte, y la verdad sea dicha,
pues en realidad, todo matrimonio es providencial. Es una fatalidad, un mandato del destino. No es cosa gratuita.
Por lo demás en los tiempos que corren, el matrimonio está de capa caída, es muy cierto;
pero así y todo parece que las parejas que se unen libremente, lo hacen en razón de motivaciones auténticas.
Y si desechan el matrimonio y lo consideran un mero formalismo burgués, allá ellos.
Sin embargo recuérdese que cualquier evasión es ne gación, pues en mundo en crisis no caben los experimentos, y lo único que importa es vivir experiencias.
¿Quién no se siente reconfortado y conmovido ante el espectáculo de esas parejas de adolescentes que se lanzan valientemente al matrimonio y se casan como Dios manda, con testigos y padrinos, con repiques de campanas y ramos de flores y todo lo demás?
Yo me siento conmovido.
Y si soy fanático partidario del matrimonio, es porque guardo el más profundo respeto por el hogar.
Pues ¿quién será aquel que se muestre ajeno al contenido del hogar, y reniegue así de su condición humana?
Si hay errantes y peregrinos, es porque recorren incesantemente los caminos en pos del hogar.
Un clavo retorcido, una astilla de madera, un objeto cualquiera, representa ya el hogar,
en la medida en que el referido objeto ansía un lugar.
¿Y qué es un lugar?
Un lugar, en definitiva, no es sino eso que se llama la patria; un cielo, una agua, una tierra.
Nadie podrá olvidar la significación del hogar, sino a riesgo de perder irremisiblemente su propia interioridad.
Pues el hogar es el solo hito que te permite identificar el lugar que ocupas en el mundo.

domingo, mayo 04, 2008

Lo lejano

La puerta ya se cerró....lo bueno que cuando se cierra, siempre se abre una ventana...



Lo lejano, lo pesado, la luz y la sombra
me hicieron amarte.
¿Cuándo de dónde has venido tu?
Yo te hecho de menos, te extraño
en el ruido del agua, en el estruendo del río.

Como todas las cosas que vienen y se van,
y así, y así como el agua,
tú transitas, transitas las estrellas cuando yo las miro.

¿Cuándo estás y dónde?
yo me imagino poder encontrarte en medio de las sombras,

Te miro, apagadamente a través de un un suspiro,
cuándo me acuerdo de la muerte de una hija mía-
Pero no puedo encontrarte, porque nunca te vi.

Escucha lo que voy a decirte:

-Yo te amo y te amo sin saber siquiera quien seas tu.

Tienes que nacer alguna vez, escuchar la musica de las ciudades
y saber que yo te he buscado

(Jaime Saenz, 14/03/64)

miércoles, mayo 02, 2007

.....

Nos desnudamos tanto hasta perder el sexo
debajo de la cama,
nos desnudamos tanto
que las moscas juraban que habíamos muerto.

Te desnudé por dentro,
te desquicié tan hondo que se extravió mi orgasmo.
Nos desnudamos tanto que olíamos a quemado,
que cien veces la lava volvió para escondernos.

Me hiciste tanto daño con tu boca,
tus dedos, me hacías saltar tan alto
que yo era tu estandarte aunque no hubiera viento.

Me desnudaste tanto
que pronuncie mi nombre y me dolió la lengua,
los años me dolieron.

Nos desnudamos tanto que los dioses temblaron,
que cien veces mandaron las lavas a escondernos.
Te frotabas tan rápido los senos
que dos veces caí en sus remolinos,
movías el culo lento, en alto,
para arrearme a su negra emboscada,
su mediodía perenne.

Abrías tanto su historia, gritaba su naufragio
Nos denudamos tanto que no nos conocíamos,
que los dioses mandaron la lava a reinventarnos.

Te desmentí de cabo a rabo
devolviéndote a tus primeros actos,
te escudriñé profundo
hasta escuchar la historia amarga de tu cuerpo,
pues sólo el amor sabe cómo llegar tan hondo
sin molestar la sangre.
Esa noche la lava mudó su paisaje en piedra.
Tú y yo fuimos lo único que se murió de veras.

Fabio Morabito

domingo, octubre 08, 2006

39 años


Carta de Julio Cortázar a Roberto Fernández Retamar sobre la muerte del Che

París, 29 de octubre de 1967

Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla,comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirandoesas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases.
Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que seespera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto,me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, dedisimulo casi, la sustitución de lo insustituible.
El Che ha muerto ya mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sécuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en Parísencontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuentapalabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo quepueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento.
Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficinadonde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglasdel buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me averguenza porque hablo de mí, la eterna primerapersona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antesde tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, atodos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único quefui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

No nos vimos nunca pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz libre como el agua,
caminé de a ratos cerca de su sombra.

No nos vimos nunca pero no importaba,
mi hermano despierto mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome detrás de la noche su estrella elegida.

Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre, Julio

Lei esta carta hace tiempo, cuando aún contaba con revolucionarios 19 años y salía a bloquear la Avenida Villazón, esa que no tenía nudo. Estudiaba sociología, creía con firmeza en los ideales de cambiar el mundo, como muchos de mi generación, que crecimos en dictadura y fuimos testigos de la lucha de los nuestros por conquistar la democracia. Hoy por hoy, los de 19 saben del CHE por que aparece en camisetas Benneton y los que tiene plata para una, no tienen idea de luchas por que nunca les costó nada, tuvieron todo dado por sus papis bien (bien ladrones). Aunque no tengo en mi despacho un trozo del muro de Berlin, como diría Sabina, sigo sosteniendo que el Che antepuso el romantico Quijote al práctico estratégico y de ahí su muerte. Mucho se puede debatir sobre el tema, sobre lo justo de empezar su guerrilla en un país que no lo reclamaba, todavía tenía esperanzas luego del 52; mucho sobre los bolivianos que murieron en Yancahuazu y ahora viven olvidados sin pensión, mucho sobre como quedo abandonado por el partido comunista de Bolivia, por el propio Fidel que luego lo alzó como bandera, mucho se debatirá a favor y en contra aún 39 años después, al final en sus últimos minutos Ernesto tenía razón "más valgo muerto que vivo" dijo y más allá de todo debate una cosa es incuestionable su coherencia.

jueves, julio 06, 2006

.............

RAMONA ESCALERA DE PRUDENCIO
Falleció el 7-VI-1931
Pues el delirio que delira
no es la muerte, sino el
cuerpo que delira
Juan de la Cruz Oblitas

miércoles, agosto 10, 2005

AL PASAR UN COMETA

A ti pequeña mía el poema de Sáenz, a tí que en tu inocencia no tienes idea aún el dolor y furia de mi lucha, a tí que tienes que saber más temprano que tarde que el egoísmo te tiene presa. De momento no decir nada y cultivar con paciencia el lazo de sangre que nos une es la estrategia
AL PASAR UN COMETA
En lo alto de la ciudad oscura
(Jaime Sáenz)
Una noche en una calle bajo la lluvia en lo alto de la ciudad oscura
con el ruido a lo lejos
es seguro que suspirará
yo suspiraré
tomados de las manos por un gran tiempo en el interior de la arboleda
sus ojos claros al pasar un cometa
—su cara llegada del mar sus ojos en el cielo mi voz dentro de su voz
su boca en forma de manzana su cabello en forma de sueño
una mirada nunca vista en cada pupila
sus pestañas en forma de luz un torrente de fuego
todo será mío dando volteretas de alegría
me cortaré una mano por cada suspiro suyo me sacaré un ojo por cada sonrisa suya
me moriré una vez dos veces tres veces cuatro veces mil veces
hasta morir en sus labios
con un serrucho me cortaré las costillas para entregarle mi corazón
con una aguja sacaré a relucir mi mejor alma para darle una sorpresa
los viernes por la tarde
con el aire de la noche cantando una canción me propongo vivir trescientos años
en su hermosa compañía.

lunes, julio 25, 2005

Haikus




En esto de la búsqueda literaria, hace un buen tiempo atrás, cuando solía ser amante del Budismo Zen y me pasaba tiempo en esto de la contemplación, me encontré con un tipo de poesía que reflejaba no solo la simplicidad del Zen, sino la capacidad de en pocas palabras dejar un espacio abierto a la reflexión para buscar sentidos, el Haiku.

Haiku es una forma de poesía que "simplemente retrata lo que está sucediendo en este lugar, en este momento." Eso sí con la simpleza y belleza de la palabra, con el fluir del Zen. A continuación les paso algunos datos sobre el tema gentileza de Oscar D. Sánchez.

La definición que podrás leer es la que dio del haiku el propio Basho, que es considerado el padre del género. Formalmente, es un poema breve, casi siempre de diecisiete sílabas distribuidas en tres versos, de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente.

Pero no es esto lo que caracteriza al haiku pues el mismo Basho, (en el retrato), se saltó esas reglas muchas veces. Lo que caracteriza al haiku y lo distancia de otras formas poéticas es su contenido. Un haiku trata de describir de forma brevísima una escena, vista o imaginada.Entonces, ¿cuál es el fin del haiku?, ¿la belleza, el Zen, la ascesis, el misterio del universo o la suprema importancia del suceso más pequeño? No hay ningun patrón a seguir.Para Basho el haiku era un camino al Zen. Buson lo consideraba un arte más cuyo fin era la belleza. Para Issa la expresión de su amor por las personas, los animales, las cosas.

En la mayoría de los poemas se hace alguna referencia a alguna de las estaciones del año. Si bien existen numerosos poemas, de Basho y otros, donde no se realiza ninguna referencia a esto.Hemos de tener en cuenta por tanto algunas cosas:1º- El antiguo calendario japonés estaba retrasado un mes respecto al occidental.2º- La primavera comenzaba el 1 de Enero.3º- Los meses eran lunares.La primavera se identifica con la floración de ciruelos, cerezos, sauces, el canto de las aves, las siete flores de la primavera, etc. El verano traía consigo el canto de los insectos, las lluvias, las tormentas, la siembra. Propio del otoño eran los patos, las garzas, las largas noches o la cosecha del arroz. Finalmente el invierno venía acompañado de la nieve, la niebla, el viento y los campos vacíos.
Resumiendo, a pesar de su brevedad el haiku está relacionado con tantos aspectos literarios como extraliterarios, y es difícil acotarlo como una mera forma métrica. Es por ello que la sintética definición que dio Basho es probablemente la más precisa que podemos dar. Si quieres profundizar más tanto en la teoría como en la historia del haiku te recomiendo una visita a la web de Luis Corrales Vasco, http://www.elrincondelhaiku.org/, donde podrás encontrar una interesante aproximación este género, así como excelentes artículos y colaboraciones.

A continuación te paso algunos Haikus, encontrados en la Red que me gustarón, ¿te animás a crear el tuyo?

...Algunos Haikus


Este cámino
nadie ya lo recorre
Salvo el crepúsculo
Matsuo Basho
(Traducción Octavio Paz)



Leve es la primavera
sólo un viento que va
de arbol en arbol

Usuda Aró (1879-1951)

Acá y allá
escucha la cascada
Jóvenes Hierbas

Yosa Busin (1715-1783)

SOY UNA COSA DE OLVIDO........


Soy una cosa de olvido, como las fotografias y los relojes de arena,
donde las ciudades se traspasan
y mis ojos dejan su brillo para el olor de cristal antiguo
cuando la visión del abandono ha quebrado
en el rasgo de algun rostro
la leve llama que apaga el dia y enciende la noche.

Acontecido en los cambios de follaje,
asombrado por los fulgores que la montaña aleja,
me he dejado para el conocimiento de tu tristeza.
No dejes que me confundan con el tiempo.
Sólo como objeto de olvido
Tengo rostro y habito en tu memoria.

Guillermo Bedregal G. (1954-1977)