jueves, julio 24, 2008

¿abriendo el paraguas?

Hoy me siento así, yo el juntuchador de palabras, el chanfainero de versos. ¿la juntucha de mis textos irreverente y terca, insiste en mezclar prosa, poesía, crónica, relato en un libro poco minimalista. Se que de acá a un tiempo los críticos le darán palo y más aún me dirán ya, ya te dejamos entrar en el jardín de palacio de palabras ahora aprende primero a ser jardinero y miranos como tomamos té hablando de poesía y literatura.

La crítica tan necesaria y tan vana con ella convivo estos días. Hoy por si queda dudas sobre mi falta de autocrítica tomo partido por la crítica y me convierto en mi primer detractor en el mayor crítico de "la juntucha" como estílo literario y a su vez la defiendo a capa y espada como mi forma de hablar mi palabra.

Hice una obra que pronto será pública, como quien hace un revuelto de huevo, luego de despertar con chaqui a la mañana y le pone todo lo que encuentra en la cocina. En ningún caso vacie mis palabras de una botella de añejado Cabernet para que el lector se quede con el sabor del vino. Mi chanfaina de palabras será una mezcla de olores y sabores para el que la lea. A algunos les dará acidez y no les calmará el chaqui a otros les dejará ese rico saborcito a sarsa para continuar el día y preparar la panza para más cerveza.

A los críticos tal vez les suelte el estomago, en todo caso me tienen sin cuidado sus flatulencias.
A los que leen esto los invito a comer de esa juntucha de palabras. Todavía no tengo lugar y eso me anda estresando, pero la presentación del libro está confirmada para el 5 de agosto a las 19:30.


Oda a la Crítica
(Pablo Neruda)
Yo escribí cinco versos:
uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso erac orto como un relámpago y al escribirlo me dejó en la razón su quemadura.

Y bien, los hombres, las mujeres,vinieron y tomaron
la sencilla materia,brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa construyeron paredes, pisos, sueños.
En una línea de mi poesía secaron ropa al viento.
Comieron mis palabras,las guardaron junto a la cabecera,vivieron con un verso,con la luz que salió de mi costado.

Entonces, llegó un crítico mudo y otro lleno de lenguas,
y otros, otros llegaron ciegos o llenos de ojos, elegantes
algunos como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente vestidos de cadáveres,
algunos partidarios del rey y su elevada monarquía,
otros se habían enredado en la frentede Marx y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
y entre todos se lanzaron con dientes y cuchillos,con diccionarios y otras armas negras,
con citas respetables,se lanzarona distupar mi pobre poesía
a las sencillas gentes que la amaban:
y la hicieron embudos,la enrollaron,la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron con suave benignidad de gatos,l
a destinaron a envolver relojes,
la protegieron y la condenaron,le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieronun pequeño paquete
que destinaron cuidadosamente a sus desvanes,
a sus cementerios, luego se retiraron uno a uno enfurecidos hasta la locura.

Porque no fui bastante popular para ellos
o impregnados de dulce menosprecio por mi ordinaria falta de tinieblas,
se retiraron todos y entonces,otra vez, junto a mi poesía
volvieron a vivir mujeres y hombres,
hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz
y en el amor unieron relámpago y anillo.

Y ahora, perdonadme, señores,que interrumpa este cuento
que les estoy contandoy me vaya a vivir
para siempre con la gente sencilla.

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