lunes, abril 17, 2006

Crónicas de a Pie (La Botica)

Si pasa de todo en esta ciudad, me comenta Don Raúl en el mostrador de su vieja botica. Es cuestión de mirar el entorno así con cicatrices, con espectros y fantasmas, le replico. Llegué de tiempo a aquel rincón de San Pedro, cerca de la plaza donde colgaban a los rateros de antes y más de un miliciano se libró de ser péndulo en el viejo sauce.
La charla transcurre, detrás de aquel frío mostrador, frente al viejo cine, aquel al que llegábamos con el corazón a tropezones a ver Emmanuel en matiné, para luego bajar a la 6 de Agosto, a comer una de esas burguers de nervios, menudencias y pan duro, pero eso sí, con harta mayonesa y llajwa. El lugar, hoy por hoy, no parece las ruinas de “Cinema Paradiso”, ni mucho menos, simplemente una casa vieja de puerta café.
Vivo desde siempre en este barrio y conozco bien a mis chicas y mis changos, a mis perros que mean la puerta en señal de buen augurio, me dice Don Raúl mientras miro los restos de mi adolescencia en esa vieja puerta. Desde un asiento de mimbre, pienso en las vidas que ruedan esta calle y caen a la plaza de San Pedro. Ya verás cómo despiertan —me manifiesta— así de a poquito mis hijos bajarán como cuenta gotas a comprarme antes de vivir su noche.
Me quedo en la esquina, fumando un L & M; la noche se pinta húmeda. Y eso que es otoño, pienso. Entonces aparecen: primero sus pichochas, de falda rosa y melena amarilla en tez ocre, y entre piropos y risas compran lubricante y analgésicos; luego, llega la Francesca, con piernas bien afeitadas y músculos de futbolista dentro de medias dobles, quien, con la barba bien planchada en maizena, llega a pedir un pinchazo de penicilina. Don Enrique, entra triunfal como cada viernes, con ese aroma a vainilla, gomina y cejas peinadas hacia arriba, y pide su pastillita azul. Hoy es pues viernes. declara sonriente e inflando la pañoleta de seda. Posteriormente, dos quinceañeros ansiosos, de esos que mirando al suelo balbucean un tímido Pantera, y que se van con sonrisa de misión cumplida con dos preservativos por nuca en la billetera.
Ya tarde, pasan por ahí el Lucas y sus cuates, cantando bailecitos, peleando con los chapis y las gradas. Entran a la farmacia, se mojan el púrpura de los labios, y con esa falsa sobriedad y locuacidad de abogado piden dos frascos de esos de a luca y dos sobres de antigripal, sabor naranja. Es para curarse el resfrío, cuentan, y Don Raúl sólo mira. Mañana venderé más Digestan que Pantera, me dice el botiquero, dando un sorbo suave a su mate y con aires houdinescos.
Siento que su corazón ya bombea lento y me quedo cristalizado en la pared del cine, en el aroma a zaguán de estas calles. El árbol de la plaza bebe paciente del grifo de dos perros, mientras el viento y el aire paceño me traen las risas de aquellos que curarán malestares en alcohol Vita.

(La Prensa, 16 de Abril, 2006)

10 comentarios:

Soñadora Insomne dijo...

Es hermoso sumergirse en los misterios de esta ciudad que amo tanto a tu lado, dejándome guiar por tus palabras.
Gracias Paul, es como que este otoño húmedo trae aires de esperanza.

naranja enyesada dijo...

vaya vaya....

besos igual

vero dijo...
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vero dijo...

amigo, te necesito en mi mail con urgencia

un beso

vero

KALHUA dijo...

Es lindo todavia encontrar en las calles reconditas de nuestra hermosa ciudad, ese aire añejo de historias y melancolicas.

P.D.(Espero que visites mi blog)

Lester dijo...

no tiene que ver nada con este post... de verdad lo conociste a calamaro???

Ganjartek dijo...

SIP...

flacazul dijo...

aaay... iba a decir, la paz, linda la paz, quiero visitar de nuevo la linda la paz y esos sus aires de...
pero no, ahora no puedo,
conociste a calamaro?? puuuucha!
y? contá!

rondeldia dijo...

no mames polino, lo conoces al mauro calamardo que no es andrés calamaro juajuajua

Ganjartek dijo...

Madrid, Marzo, 1995, palacio de los deportes, Concierto de los Rodriguez, no consegui entrada por que estaba full, llegamos con mis amigos, con un vino a esperar a la salida en la puerta de atras, luego del show, tipo 1 am, saliò la banda, saliò andrés, cruce de palabras, saludos, estrechon de manos, aunque a decir verdad hubierar preferido la charla con él esa en Madrid del 2002