lunes, noviembre 28, 2005

Camaleón Paceño en Sábado ( y III)

Calle Sagárnaga 14:30. Me encuentro en un lugar de nombre “Angelo Colonial”, un café restaurante, pasando un patio interno, huele a desván amarillo y es excesivamente barroco mestizo cargado de muebles viejos y chucherías apiladas sin orden aparente.Un panel con dos llaveros con dibujos a lo “belle epoque”, uno dice femme, el otro man, indican que son para el baño. Fósforos de varios países a la entrada, máscaras de moreno, aguayos, armas viejas en las paredes, un mapa de Bolivia de antes de la Guerra del Chaco y dos arañas, de ésas de palacete republicano en el techo, configuran la escena.

Lágrimas de vidrio cuelgan y lloran el aroma de mil historias, regalándome luz en la cara. La mesa es amplia, familiar y se encuentra frente a una ventana que tiene vista a un balcón de una casona púrpura con tiendas en la planta baja y la parte alta abandonada.La mesera sonríe a unos gringos, la llamo, una, dos veces, me mira displicente y me habla cortante, no hay almuerzo, sólo platos, me dice. Pido una sopa, vuelve al bar, sonríe al gringo y le trae diligente un cenicero. Sigo pidiendo mi limonada y mi llajwa, soy turista en mi ciudad.

Miro de frente a la alemana que almuerza con el gringo, treinta candados abiertos, de ésos de baúl de fraile, miran altaneros a tres vinilos colgados de la pared, un vitral decora toda esta escena.

El olor tiene historia y su mixtura criolla me marea, mientras Los Panchos y Eddie Gorme suenan, espero mi sopa. Vereda tropical en los parlantes y mi sopa caliente y sin sabor se salva por la llajwa. Miro a mi vecina de mesa, la escucho, la palpo con los ojos, definitivamente el idioma alemán no es sensual.

Escucho el increíble entuerto de mil voces paceñas en la calle, tan ajenas y tan mías. Me grita la ciudad que me acoge con ojos ajenos y neutrales, con miradas que describen lugares fríos e historia añeja.

Me siento forastero en mis calles, con un inevitable aire burgués en mi rostro, destilo sin duda esencias urbanas, mientras al otro lado de la mesa otra alemana escribe una postal. Tiene doble papada y fea letra, la vi al volver del baño ¿Qué tiene esta ciudad deliberadamente caótica para los alemanes?.

Cada letra en mi libreta pinta recuerdos de unas horas en mi ciudad, de estos aires criollos, de este montaje caótico para turistas, de la escenografía que huele a circo para forasteros. No hablo hebreo, no soy rubio, no soy inglés y menos japonés, soy un paceño en una ciudad que lo desconoce pero siente suya. Más tarde bajaré al El Prado, dejando que la noche me reciba, me sentaré en una banca y miraré a la gente que pasa, pienso en ir al cine y luego dormir.

La mesera displicente me dice ¿algo más? Me devuelve a este lugar y me da el claro mensaje de que soy mestizo, que no pertenezco a su restaurante reservado para gringos. Mi pluma está cansada y quiere gritar mil versos, pero mi mano endurecida sólo le deja escribir esta crónica, me levanto y pago los 45 bolivianos del almuerzo con bronca. Eso sí, no me voy sin pedir mi factura.

6 comentarios:

Olivia Casso dijo...

45 bolivianos por una pinche sopa y una limonada!!??? por las barbas de ...

Hoy en pleno siglo XX
nos siguen llegando rubios
y les abrimos la casa
y los llamamos amigos.

Pero si llega cansado
un indio de andar la sierra,
lo humillamos y lo vemos
como extraño por su tierra.

Tú, hipócrita que te muestras
humilde ante el extranjero
pero te vuelves soberbio
con tus hermanos del pueblo.

Gabino Palomares, la maldición de la Malinche

Ganjartek dijo...

Que buen poema! Me gusto

Olivia Casso dijo...

Paul

No es poema, bueno si un poema acompañado de música... lee tropabol puej! Cómo no vamos a ser capaces señores!!! jejeje mentira exagero..

Es una canción de Gabino Palomares, creo que la tengo en mi gmail, en todo caso visitando el gmail de Edgardo musicantos.blogspot.com encontras la canción y tb esta en uno de los gmails de la tropita boliviana. Ahhh El Quintacho también la tiene...

Besos

Rodolfo Calavera dijo...

Oye...recuerdo algo que me pasó..
Caminaba por un tipo callejón y había un argentino (mochilero,con greñas y todo) cantando con su guitarra, rodeado por una multitud de gente, salta que te salta. Luego, doblando por el mismo callejón, en la esquina de una pared, un señor de tez morena, con los lentes negros cantando cuecas, sin ningún oyente más que la ausencia de oyentes...terrible...terrible...

Etrigan dijo...

el angelo colonial...llevé a mi novia a ese lugar a cenar cuando era su cumpleaños (julio de 2002) y me acogieron muy bien, que pena que el lugar haya decaído y que ahora la atención no sea buena, pensaba volver pero creo que mejor escojo otro lugar...un abrazo.

vero dijo...

hola camaleon... de que color estas hoy????