miércoles, julio 27, 2005

SADE Y UNO MISMO


Había escrito temprano en la mañana, una líneas sobre el juego de ser victima y verdugo y alguna fuerza rara las elimino. Estuve trabajando ya hace mucho este tema. Desde el discurso siempre fue absurda tal posición y reivindique cuando pude el relativismo y la corresponsabilidad en todos los actos de nuestra vida. Defendí a raja tabla esto de que sobre todo en pareja, la relación se trata de un tango en el que bailan dos por tanto la posición de Victima y Verdugo, suele ser relativa y cambiante.

Sin embargo, en la práctica, uno mismo contradice el discurso y la teoría brillantemente expuesta en tribunales y conferencias, negando lo anterior con sus actos. Es más fácil entonces decidir ponerse en una de estas posiciones para sacar partido a algún provecho inconsciente, el cual trato ahora de descubrir, en arduas y dolorosas sesiones de diván.

Sin duda es claro, por demás está decirlo, que produce un goce masoquista el ser victima. El anticipar probablemente el daño, produce más placer que cuando este llega, el jugar a la angustia de montarse la escena mental con lo que puede o no pasar y luego encontrar que no fue tan grave, mantiene este juego, esta posición y está dinámica victimizante.

A raíz de esto, estuve también pensando en la dinámica del diván, en esto de mirarse de afuera, de verse sentado ante un otro completamente ajeno a tí que sin embargo conoce más de tus días que tu almohada. En eso se da un juego también masoquista entre querer entrar a la consulta y salir corriendo, todo esto pasa por la memoria minutos previos a la sesión.

Recordé también el espacio físico de la consulta, mirando desde la ventana un atardecer paceño, ¿será que deliberadamente apunta a Miraflores y no al Illimani?. ¿Será que debo no mirar nada y solo el techo para que el proceso sea más liberador?

Empiezo entonces en el espacio de análisis, a soltar esto de la escena del títere del juego de exponerme a las patadas del caballo, esperando ansiosamente que el golpe no sea muy fuerte. Voy poniendo nombre a lo que el inconsciente va mostrando y en cada corte en el discurso, van cayendo nuevas capas de cebolla y se devela desnuda la palabra vedada, el decir de aquel otro que duerme mientras lloró, de aquel que habla mientras duermo.

Esto de exponerse a la pata de caballo, es entonces por tanto deliberado, es algo buscado por uno mismo. El ¿Por qué?, habrá que encontrarlo en el trabajo duro de escarbar en uno mismo, en el deshollinar de la chimenea en la consulta, que no solo cuesta plata si no también es sin anestesia.

De momento esta claro esto de jugar al gato y al ratón, permite no hacerse cargo y mucho menos responsable de tus actos y genera una ecuación deliciosa y perversa, entre espera de la agresión y culpa. De una u otra forma, deseamos creer que merecemos ser culpables y esperamos el castigo, como una forma de redención. En el medio de ambos polos, se encuentra el títere, la victima esperando las puñaladas de insultos, el látigo en la palabra.

Es en ese juego que por un lado surge la excusa perfecta para ir por el mundo, para justificar los errores del trabajo, los problemas de pareja, del país, en fin la vida misma. Este juego nos lleva al papel de expectador de palco que decide no hacerse cargo y deja a fuerzas extrañas y malditas la responsabilidad por lo que le pasa.

Por ahora sin embargo, mientras voy lidiando con la palabra y voy reconstruyendo lo que mi inconsciente me dijo sobre el tema anoche en sueños, decido tomarme un jugo de naranja, respirar y pensar claramente en que puedo vivir este presente.

Por hoy llegue a tomar conciencia por el corte de palabra y por la bendita transferencia que me produce mi analista, que este juego durará mientras yo quiera que así sea. Así que fuera la capa de súper héroe y a chuparselas que hay mucho por hacer, que por cierto ya son las 10:00 am y no trabajé un carajo.

Si alguien quiere aproximarse más al tema desde la clínica psicoanalítica puede leer

LA ESCENA INFANTIL MASOQUISTA DE JEAN-JACQUES ROUSSEAU (El contrato sexual)
Análisis del célebre texto autobiográfico donde el autor de El contrato social narró la escena en que, cuando tenía ocho años, sintió por primera vez unos “goces dulcísimos”, al ser castigado por una institutriz. en http://www.pagina12web.com.ar/diario/psicologia/9-52749-2005-06-23.html

4 comentarios:

josué dijo...

Hola de nuevo, soy Josué. Aunque creo que leerás este comentario primero que el acabo de dejar en el post de Calamaro y Paez. Ahora te escribo porque me ha llamado la atención que entre tus libros favoritos tengas a Diablo guardián. Me gustaría que después hablaramos al respecto (es una de mis novelas favoritas), sobre todo del recibimiento que ha tenido en tu país.
Josué

[i] dijo...

del diván... en mi caso el diván no es una dicotomía entre miedo y angustia, ni tampoco un acto masoquista, sino más bien una especie de goce por exhibicionismo... unos muestran el cuerpo y a mi me gusta mostrar la oscuridad que esconde mi alma... o mi mente.. como quieras llamarla... ¿no se nota?, digo, no todos tenemos un blogg donde dejamos expuesto a quien quiera leer aquello que pensamos.. ¿y las paginas web personales?, no responden también a ese exponerse a la mirada del otro?... a mi me encanta... me encanta ir deshojando capas de cebollas, descubrirme, reirme de las cosas que pensé que dije y que en realidad dije otra cosa y me encanta ser descubierta, en una especie de vuelta inconciente al juego de niños... de las escondidas... donde te ocultas pero hablas para que alguien te encuentre... pero que te encuentre ese otro desconocido... ese que no te sabe y que te tiene que adivinar... ese es el goce de verse a uno mismo reflejado.
¿Nunca te has preguntado como te ven los demás cuando caminas por la calle? esos otros que no te conocen... ¿que imagen proyectas?
¿que piensa de ti la gente que te observa?...¿Nunca te has preguntado como serán ess otros detras de sus pieles?.. ¿detrás de eso que puedes ver?... ¿la cajera del banco? ¿el cobrador del minibus? ¿la vendedora de la esquina? ¿el lustrador de zapatos? ¿la que te sirve el café?
no debe haber cosa más deliciosa en el mundo que conocer eso que se esconde debajo de la piel.

[i] dijo...

de la victima y el victimario.... por supuesto que ser la victima siempre es mas divertido, porque te liberas de toda culpa, porque puedes ir con tu dedo señalador en alto apuntando culpas en los demás, porque de alguna manera al depositar la culpa en el otro también le entregas la responsabilidad de arreglar aquello que se ha roto y tu solo vives de paso, de manera totalmente pasiva... sin total compromiso...en teoría, porque sabes que ser victima supone también, como diría nuestro buen amigo Lacan "hacerse hacer" en una especie de autosabotaje inconsciente.

rondeldia dijo...

de la puta
de la puta
que de la puta

cago de risa
cago de risa
que cago de risa

divertimento matinal en una mañana de hacer no pajear...