martes, mayo 30, 2006

Tres....

I
Guardé el camino en la memoria a tu recuerdo, ese de mejillas blancas que se vuelven cereza con el sol de invierno paceño. Esa imagen de comisuras con surcos finos que se camuflan en la tibia luz. Sin duda tienes otro aire con la luna en tu piel, resalta la forma de tus lunares peregrinos, el tenue azul de tus parpadeantes venas. Tu pecho, manto de sal y miel, poblado de pecas es un caprichoso desorden de seda.

Verte de día despierta las arrugas en tus ojos, las marcas en tu piel y tu colmillo izquierdo desgastado y café. Sin duda la noche te regala un aire tenue, un pálido reflejo de Geisha río platense y la luz de la ventana pinta un suave almendra en tus ojos. ¡Chaú prendo la lámpara?

II

Todavía conservas la manía telefónica de acariciar con los cambios de voz, te gusta el café de maquina, algún nuevo hábito tenías que adquirir en este tiempo, tus dientes de viborita tienen un amarillo verdoso y tus labios carnosos, a lo Angelina Jolie, perdieron el rojo intenso. Te sigues depilando las cejas, tus manos están más frías que antes y tus uñas tienen un tono azulado. Ríes con la misma burlesca carcajada de años atrás. Tus piernas bailan en tu jean a la cadera y tus nalgas de mandarina me guiñan el ojo. Frente a frente, tus ojos tiene un aura de plomo y tu bajo peso hoy es señal de enfermedad más que moda. Chaú, ¿quieres suelto para el café?

III

Sigues soplandote la nariz con servilleta y tu cabello lacio aún tiene caspa. Tus encías pasaron del tenue rosa al morado gingival y tus dientes filudos, tienen surcos amarillentos. Tus dedos arqueados de sensual chelista hoy parecen palitos chinos quebrados. Sigues fiel a las faldas persas y tus caderas mantienen las dimensiones de manzana. Tus pies largos como zapato de payaso, no combinan con tus senos de limón partido.
Tomas té y pastel de maracuya, detestas aún más el tabaco y el vino. Ríes hacía adentro y te olvidas las fechas con mayor frecuencia. A pesar de todo, todavía tienes la habilidad de escribir tu dirección en una servilleta. Chaú, ¿te dejo mi libreta?.

viernes, mayo 26, 2006

Tan Joven y tan viejo....

Mañana las 21:16 podré mirarme al espejo y decir "hace 16 que cumplo 20" y todavía me beberé la vida, aunque sea más difícil bajar la panza con ejercicio, aunque necesite más antiácidos después de las comidas, aunque ya no sea tan fácil llegar a la madrugada bailando, seguiré acá dando pelea a esto de remar en la vida.

Entenderé que con los años uno va mirando más hacia adentro y poco a poco, busca más el silencio, el sillón cómodo, el licor añejo, menos decíbeles en la música, más charla y libros. Sabré entonces que asentarse en la vida tiene sus ventajas y también sus dolores.

Aceptaré que estoy a mitad del camino, con cicatrices en el cuerpo y queloides en el alma, sostendré que uno es su historia, lo que fué, lo que vivió y celebraré con alegría esta pausa, el saberme vivo, con la risa de mi niña alumbrando lo que queda por venir.

Doy gracias a Dios por haber llegado hasta acá y hago un alto. Miro atrás, tomo un trago, fumo, veo el cielo azul de mayo y tomo impulso. Todavía queda mucho por andar, para empezar de nuevo, por que estoy seguro que en el segundo round de la vida la función será mía.

Ya ha corrido mucha agua debajo de este puente
me ha sobrado y me ha faltado inspiración
puede ser que suene muy desafinado
es que me desafina el corazón
vamos hoy a levantar la copa del amigo
necesito estar lo más cerca que pueda de ti
y fundirme con tu espíritu divino
y sentir que sí, se puede ser feliz

Times are changing
times are changing
times are still changing
they're changing for me

A todos algo ya nos ha golpeado duro
y vimos algo tras el velo del amor
pero es que ya no soy tan chico ni tan puro
que hasta me parece ingenuo el rock and roll

He perdido y encontrado mi cabeza
despertándome en el charco de la sangre del mezcal
con la cara un poco más desfigurada
ten cuidado con las mezclas y a no desanimar

Times are changing
times are changing
times are still changing
they're changing for me

Es genial por fin haber tocado fondo
porque ya no se puede bajar mucho más
ves ese hilo de luz que está ahí arriba
es tu buena estrella, te protegerá

Entonces cuando todo al fin se vuelve insoportable
cuando el mundo y el veneno dan dolo
rtodavía sigue allí tu buena estrella
buena estrella para todos, para vos


Times are changing
times are changing
times are still changing
they're changing for me


Yo también jugué muy sucio
y en eso estoy de acuerdo
cuando hable desde el sentido y la razón
pero es que existe una ley nadie es perfecto
vos también tendrás lo tuyo corazón
Nos veremos en la cárcel o en conciertos
yendo tras de algún perfume de mujer
ya nos vemos en el siglo veintiuno una
buena estrella también viene con él

miércoles, mayo 24, 2006

Cuerpos

Tus labios márfil, tu silencio de arena
Tu piel en humedad, tus abrazos de mar
La sal de tu sal, tu tacto de anguila
Tu seda rojiza, tu vientre hecho flor
Mis yemas gritando, esta piel de arco
La miel en mi hiel, tu sed en mi lengua
Nosotros, un canto de pieles gastadas
de espaldas de luna, de sangre en rubor
de gritos, espuma, temblor callado

martes, mayo 23, 2006

Cielo Ahumado y risas tibias


Cochabamba
“Ella quiere que la beses a quemarropa”

Esta ciudad de aroma a pino seco y cenizas, me recibe en mezclas de cielo ahumado y tibieza. Hay una jaula grande en el aeropuerto, de metal, en la que varias personas esperan pacientes, cual mascotas a su amo, cual rapaces a su presa, como quieras verlo.

Un graffiti me dice “ella quiere que la beses a quemarropa” invita a seducir a esta ciudad, al valle aquel que me dió tanta bohemia y su pulso vivo. Besar a quemarropa, hace tiempo que no develo el cortejo que se arriesga sin importar el nombre, hace mucho que no vuelo sin alas desde el cerro.

Sus cafés, la cerveza fría y ella, configuran la imagen de este valle de clima exacto, en el que caminar por sus calles es siempre una asignatura pendiente, en donde El Prado, es su columna coqueta de espalda tibia, de muslos largos que invitan, que congregan a tomarla por asalto

Un encuentro con ellas, en aquel café de mesa a media luz, con risas, direcciones, blogs, el tiempo exacto para saberse alagado en su preciada compañía, el tiempo de beber esta ciudad entera así a quemarropa, en apenas algunas horas intensas.
El pacto está sellado, el próximo encuentro arropados por el Illimani, más temprano que tarde, el vino volverá a mezclar nuestras risas y silencios, esos tan kafkianos, esos de óleo y lienzo.

Soy un gato jirafa de la mano de un ladrillito cantante

Humedad y luna llena

El Alto


Es largo aún el camino a recorrer y no me refiero solamente a este viaje, es largo y tu mirada es viento, tu sonrisa brisa. La ciudad es una mancha cada vez más seca y llena de serenidad acongojada.

Pienso a veces en esto de la ansiedad, la aletargada, la que no tiembla por los ojos, la que se esconde en latidos sincopados y me voy quedando en el vacío que produce su eco falso.
Esta forma de inventar escapes me conmueve, me recuerda antiguos viajes, largas esperas. Esto de irse por más que sea cuestión de un parpadeo, siempre te plantea la importancia del vínculo que queda y a la vez la forma de mirarte desde fuera. Los rostros en este lugar, son diversos, son ajenos, en Santa Cruz hoy nadie espera, en La Paz, tú lo llenas todo.

Cada despedida es un encuentro con la memoria gastada, con los nombres olvidados. Esta fuga, inventada y reclamada es necesaria y a la vez irrelevante para destruir con serenidad lo ampliamente construido en verso. Nunca es prudente invocar como testigos a los poetas, dice Tizón. ¿Será que nuestro universo ficticio no tiene el peso de duras realidades? o más bien ¿aquello crudo y contundente juega persiguiendo imágenes en palabras?. Nuestro espejo es irrelevante, innecesario, no sirve para lo pragmático.

Las disquisiciones literarias deben esperar, vamos a abordar, todos juntos, mis espectros y fantasmas, las esperas y mi larga soledad atiborrada.

Santa Cruz

Vuelvo a esta ciudad luego de un lustro, con la humedad traspasando irrespetuosa los poros, camino sus calles de arcilla palpitante, de asfalto en burbujas.

Entro al café, un lugar forzadamente retirado de una postal parissiene y colocado a la fuerza en la Monseñor Rivero y la espero. Palpita ya no el ansia de antiguos encuentros, simplemente espero, a ella, la que un día lo fue todo y a la vez nada, la que lleno el espíritu y la piel. El ventilador martillea con tibia brisa mi cuello marcando mi tiempo, como gritando que debo apurarme que los minutos vuelan a zancadas.

Esta ciudad de verdes humedades hoy tiene el añejo aroma del recuerdo, aunque ajena tiembla nuevamente a cada paso, cada beso caliente, en la camisa hecha vapor trémulo, en mis pies hinchados que laten sin su nombre.

Pronto llegará, con ojos de presente, ya es tiempo sin mirarnos en este, hoy por hoy, neutral territorio. La miraré, sonreirá, un abrazo tal vez, sin piel eso sí, de esos protegidos por la seda falsa y entonces nos refugiaremos en la cuadrila de la mesa, con la ceguera cómplice de viejos tiempos, con pupilas que ya no duelen que sólo recuerdan rituales viejos y gastados.

Hay cosas que nunca cambian, como tu mala memoria, como tu rinitis galopante, tu impuntualidad hecha norma. Aún te olvidas los nombres, incluso de aquel que duerme a tu lado, pero sigues constante en el habito de coleccionar gotas de té, de aprehender plegarias con las uñas y clavarlas en tu pecho. Estas serena y distinta, con aquel aire a medias tintas, con aquellos lentes en tu nariz de espada, con tus dedos de arco, con esa forma pausada de llevarme a tus palabras a tu río místico y persa.

El encuentro en esta ciudad, fue sellado con un par de bromas, con la estrechez de mano tensa y sin preguntas con tu actual compañero, con las ganas tuyas que me quede, con las mías de sacarte de ese encierro, de esa embriaguez religiosa y volver a despertar en tu furia lasciva de piel y los mordiscos de luna.

Todo fue dado, me arropa en este momento un manto de humedad entre las sabanas y mi piel se resiste al calor de madrugada, sin tus poros. La luna llena cruceña es el pálido reflejo de un encuentro muerto, sólo duermo, solo caigo en este silencio.


lunes, mayo 15, 2006

Crónicas de a Pie (Los Huatos)

Viboritas flacas y de colores cuelgan de su espalda, dando un efecto “parche león” a sus cervicales gastadas. Deben ser, por lo menos, seis docenas de serpientes bien alineadas y ordenadas por colores, bamboleándose a cada paso suyo.

Sus puntas, asfixiadas con plástico, coquetean el asfalto y miran en péndulo las calles. De rato en rato, en cada sentada, le hacen cosquillas, de ésas que alivian sus cansadas rodillas. Tiene también varios ganchos de distinto tamaño, desde esos chiquitos para el pantalón de la wawa que engorda, hasta los gordos de cabeza con moño, que sirven para agarrar cuanta manta o maleta puedan.

Su figura es cuadrada, a sus setenta años tiene la espalda de alguien que fue endureciendo el músculo a fuerza de pala. Le gusta apretar bien el cinturón a su pantalón gris, formando una rodaja de mandarina desde la última costilla al inicio del bajo vientre. El botapié no es necesario, cada pierna termina en unos tubitos redondos y delgados que caen a la altura de los tobillos, dando sombra a sus medias de poliéster café. Su camisa tiene rayas verticales y el cuello, con tres cirugías en la clínica de camisas, respira entre las viboritas con una mezcla de sudor y barro de lluvia. El rostro es redondo y risueño, como personaje de Botero.

Debajo de esos cachetes, arañados por el viento, unos labios en rombo están siempre listos a gritar. Con el tiempo han ido tomando la forma de viborita. Sus zapatos son mocasines —En casa de herrero cuchillo de palo, dicen—, y éstos aplauden a cada paso como castañuelas y, después de unas cuadras, los lustra con un hábil movimiento sobre sus t’usus.

Me mira y se acuerda de que me debe los huatos de medida no estándar por los que un día le pregunté. Abre la boca grande, y la encía rosa palpitante me hace guiños y me dice: “Ututuy, me he olvidado, joven”.

Últimamente le dio por caminar por la avenida de tiendas y autos ruidosos. Donde los changos, abstemios con tufo a ron, miran feo a la Policía y uno que otro le mete un gancho sin importar el rango. Se para en las gradas del café, donde las señoras, entre tortas, hablan de dietas; y algunos maridos angustiados esperan para terminar ese “enredo de piernas” con la colega de trabajo, que no saben cómo empezó.

A menudo, sonríe a las adolescentes de botas con taco aguja, a los changos de zapatos con “cosita que suena” para ajustarlos, y les grita justo a la oreja: “¡Huatitos, huatitos!”, y su encía se mata de risa. Cuando puede, se sienta a tomar sol y discute sobre el país con el amigo de la trompeta, el que ahora es famoso por la campaña contra la rubéola.

Dice que sus viboritas son coquetas, sobre todo las blancas, y le gusta verlas en los zapatos lustraditos de los niños de mochila; pero reniega cuando algún lustra, por babear por una changa de esas de espalda resfriada, con el cepillo pinta de negro una viborita café.

Cuando ya empieza a ventear, toma el Ñ, y vuelve a casa mirando a los chicos de mandil sucio y viboritas largas enredadas por el suelo, y parece escuchar los quejidos de éstas entre tanto pisotón. Llegando, cuelga de una pita roja las que volvieron con él y se hace una sopa de fideos. Después de leer El Diario se duerme.

Sus viboritas, cansadas de tanto empujón y gritos recibidos, discuten sobre cómo convencerlo para volver a la San Francisco a coquetear cholitas. Las más antiguas se acuerdan que antes era distinto, dicen que trepaban por las botas negras de quince huecos y bajaban por la Alonso de Mendoza, y orgullosas miraban de reojo al cielo y les gustaba cómo, de rato en rato, sentían el vientito de flequitos de seda en sus puntas bien lustradas.

La Prensa, 14/05/06

viernes, mayo 12, 2006

.........


Algo así como caminar con la memoria seca,
Algo así cómo seguir en círculos por un camino absurdo
Algo así como aceptar como única respuesta este silencio.
Algo así como la espalda latiendo por cada arañazo
Como la piel rasgándose sin tacto

jueves, mayo 11, 2006

Más allá de la noche


Peldaños que lloran la tierra de mil pasos gastados, sus escalones han soportado en silencio el peso de mil vidas en su caprichosa curvatura.
Más allá del último escalón, el silencio abre paso a la noche, no hay por que apurarse, tarde o temprano subirás estas gradas.

El cuerpo


Más allá de la calamina, en esa esquina con brillo de navaja se esconde la imágen, esa que se cortó la oreja en el filo de la puerta. Se pierde en el pasillo, rumbo a la cocina, donde el viejo filtro de porcelana regala agua teñida de arcilla paceña y te da un efecto mecedora escuchar como cae, suave y cafecita.

Hay que tener cuidado con los cables que cuelgan en el pasillo y caminar en silencio, pisando firme con las chancletas de bolitas de lana y toque escoces, luego esconderse y mirar el cielo entre techos de estuco y ladrillo, jugando con esas estrellas tambaleantes.

Esconderse y escuchar el encuentro con las sombras, esas que recuerdan los versos del otro lado de la noche y despacio fumarse un puchito, en la patilla de cemento, con el respaldar de cal y piedritas, escuchando al abuelo renegando, con su coctail y sus lentes negros.

Después, cuando la ácida nube te envuelva, caminar con cuidado en el frío rojo, en esas gradas con curvita, de descanso bien cubierto, donde sentarse y sentir el frío de la arcilla es una costumbre inevitable, una escala necesaria.

Más arriba, al final de las gradas llegar y ver la puerta de negro esponjoso, como queso, perforado y visagras duras. Levantar la aldaba grande, mirar el sello en candado negro y sentir la ruidosa bienvenida. Al fondo el catre blanco en permanencia, en ansiada espera, el jarro celeste, el bacin verde y la vela en guardia muda.

Así escondido, entonces, con la luz del Hotel, tiñendo en rojo parpadeo la nuca, el cuerpo, ahí todo encorvado y envuelto en lana, esperando sentir el agua en sus labios lija..

miércoles, mayo 10, 2006

FELIZ CUMPLE!



6:15 am, Sábado 10 de mayo del 2003, con hábiles malabares llegaste al mundo, la doctora te entregaba en mis manos y mi pulso tembloroso cortaba el cordón umbilical, te daba un beso y tu ahí todo chiquita, gritabas tan fuerte, con tanta energía, decías que llegabas para quedarte. Tomaste mi mano, con la fuerza que no sólo da el reflejo de prensión, que da la certeza del amor de sangre.
Hoy cumples 3 años, hoy estas viva, más allá de tormentas, mentiras e injusticias, estas acá dando tu luz a todo el que quiera recibirla.
Te amo hija mía, gracias a la vida por tu vida

viernes, mayo 05, 2006

My personal Crash (Thank you Angel)

Hablar con claridad a sus ojos y saber que la historia sin comienzo está muerta, ver su rostro palidecer, sentir su mano tibia, su espalda tensa, sus lagrimas en el plato de pollo. Dejarla, sin preguntas, sin caricias y caminar la calle, la lluvia rara de mayo, no encontrar parqueo, llegar tarde, aguantar el tumulto, los gritos, la gente y caminar entre empujones para abrazar a la alumna amable de toga y birrete que me invitó a su graduación.
Acordarse que faltan detalles, que no compré todo para la fiesta del domingo y de pronto en algún momento, en el tumulto, en la caminata, entre empujones no sentir la mano ágil robandome la billetera con 500 lucas, con carnet nuevo, licencia, tarjetas de credito, credenciales, fotos, poesías, sus labios en servilleta, todo, todo, todo.
Inmovil, no creerlo, manejar en la lluvia, pelearme con un guardia arrogante que me grita que él no robo nada, intentar buscar la billetera en el piso, en el auto, en la oficina, el motor que se calienta y le falta aceite.
Despertar tarde, llegar al taller improductivo, hablar de gripe aviar toda la mañana y volar a recogerla y entonces su alegria, sus ojos irritados y su rostro dulce, gritando ¡tengo un hermanito! y mis lagrimas sintiendo su abrazo
Quedarme sin plata, sin tarjetas, manejar despacio, cruzar un semaforo, ver como un pelotudo taxista se mete de frente en rojo, mil imagenes desastrozas en segundos, frenar, agarrar el asiento, en protección a mi niña y mi sobrina, mirarlas a punto de golpearse, el tiempo congelado, el auto rojo acercándose, el golpe, el ruido, los gritos, la policia, los bocinazos, el llanto, el temblor, la palidez y el paladar de lija.
El auto hecho mierda de atrás, las manos de gelatina, la lata de pintura en el vidrio de el auto rojo. La mujer palida de voz cortada, los insultos, el taxista que se hace pepa, el policia imbecil que no vió al taxista. La certeza de que él se paso en rojo, el misterio de que un minuto antes se le cayó a mi hija un juguete y con mi sobrina se agacharon a buscarlo y el respaldar del asiento delantero amortiguó el golpe y evito que volasen hacía adelante, hacía el vidrio.
Mi hija, mi madre, mi sobrina ilesas. Mi cuello hecho mierda, los hombros adoloridos, el control de garage que se rompe, el vacío que me espera en casa, las lagrimas que brotan, el grito de bronca, el dolor contenido.
El dinero es irrelevante, la vida esta intacta, la mía lo de menos, la de ella que recién empieza, está sana, sin un rasguño.La mano invisible lanzó el juguete, así es como debe ser, como quiero creer que es. Hoy, no aguanto la tensión, hoy se juntó todo, en este coctail, de amores perros, ladrones de etiqueta, y ovejas al volante.
Hoy ya fue suficiente, me tomaré tres pastillas, una botella de coca fría y dormiré, dormiré, mañana habrá que seguir acá, habrá que seguir aca....hay todavía mucho amor para dar...
no se cuando vuelva por ahora necesito silencio........

jueves, mayo 04, 2006

Shuffle 4.5.6. Con el alivio que produce mirar sin caretas




Ella, la otra, se resigna dócil en mente ebria
confunde emociones y pierde sentidos
y su voz de hilo, grita al saber perdida
su batalla muda, su rencor y furia


4,5, 6 la suma no da 7, no hay cabalas al mediodía solo paja mental, igual o peor que tu rumiar de gata perversa en el aire. El café deliberadamente en taza negra aquella de la confianza, en la que sólo vez tu reflejo en aparente transparencia.
Llegas en lagrimas, de salada esperanza, de acidez gastada, balanceando quejas en mis palabras La culpa es un invento muy poco generoso y el tiempo tremendo invento sabandija…deja de girar en círculos en ese tu pozo negro, pará, pará, Stop, me quiero bajar de tu mambo, la culpa me sabe a Camembert.

Ya te dije se trata de la bolsa o la vida, de elegir, de ganancias y perdidas. Nunca te olvides y deja de creerte el hoyo de el queque the real life is a bitter sweet symphony

Este silencio me ensordece aún es doloroso estar tan sobrio
…esa palabra no dicha que pesa como tumba, y adormece la coherencia, sería más fácil escucharte con sentidos nublados, con, con aromas dulzones en parlantes negros, de esos que aturden y revientan el pulso.. Al final de cuentas ya lo sabias…. Certain softness in your eyes fascinate me more than ever tought

Baby, baby, baby…sweet and ugly, hora de pagar, Lights will guide you home, …and I will try to fix you, eso sí mis palabras no serán Puerto en tus pupilas, caduco tu garantía ¿y ahora qué ves, qué ves cuando me ves, cuando la mentira es la verdad?

Desintegrations, bang, bang! Never enough, never enough, never enough…..

martes, mayo 02, 2006

The blowers daugther



El domingo, volví a quedarme colgado en la historia de encuentros y desencuentros de Closer, en la lagrima amplificada en la mejilla de Natalie Portman, en la insinuante forma en que se muestra sin mostrar nada.
En los sopapos, los gritos, la necesidad que tenemos de echar sal a la herida cuando algo se jodió, se acabó y no queremos aceptarlo, Gracias Jane, me quedo con tu caminata triunfal de despedida

Gracias a tí por esos ojos filudos que no me dejaron dormir las últimas noches, gracias abril por permitirme la risa y el perfume y que venga mayo..........

And so it is
Just like you said it would be
Life goes easy on me
Most of the time
And so it is
The shorter story
No love, no glory
No hero in her skies
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes...
And so it is
Just like you said it should be
We'll both forget the breeze
Most of the time
And so it is
The colder water
The blower's daughter
The pupil in denial
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes off of you
I can't take my eyes..
.Did I say that I loathe you?
Did I say that I want to
Leave it all behind?
I can't take my mind off of you
I can't take my mind off of you...
I can't take my mind off of you
I can't take my mind off of you
I can't take my mind off of you
I can't take my mind...My mind...my mind...'Til I find somebody new

domingo, abril 30, 2006

Crónicas de a pie (Identidad Reclamada)

10.30 llego al lugar y me invade una dosis de buen humor sazonada con saice. El sargento Guarachi me dice que tengo que recoger ficha y que me apure. Llego a una fila de casi trescientas personas que avanza veinte centímetros por minuto, tengo para largo en el sol y no queda más que sacarle el jugo a esta experiencia caótica.
Lo miro al Sgto. Guarachi y, a modo de tomar con humor el momento, le digo si tendrá un juguito para la espera; me responde con el humor típico de verde olivo: “Pedile al Evo, él te va a traer tu refresco de q’isa”.
Cuando empecé era el último, ahora hay cuarenta detrás mío. Siguiendo con la vista la serpiente, me detengo en la de piel canela y falda escocesa, tiene un tatuaje de algo como una virgen en el tobillo. Espera, buscando mensajes encriptados en la espalda de un hombre de chompa de lana, eso de la chompita en calor ya venía antes del Evo.
Ya somos más de trescientos, el grito es claro: “¡Los que llegaron tarde ya no hay fichas!”; es difícil definir el patrón de puntualidad de este sitio. “¡No se cuelen!, Che, rápido están avanzando”, dice el chango con melena a lo Jhony de Chuquiago.
No entiendo las curvas de la fila, la señora de atrás me dice: “Fácil, como gusanito da vueltas”; se toca la frente sudada y recalca: “Bastantísimo ya estamos aquí, che”.Todos quieren C.I., algunos el nuevo, otros ser ciudadanos. Los que queremos cerrar un ciclo y viejas broncas plantoneados al sol, tomamos este acto con el mayor civismo y respeto, como una purga silenciosa que borrará el pasado.
Faltan cuarenta y cinco personas, el olor a rancho llega con suave brisa, algunos tienen sombrilla, otros fólderes, los más chompas, estoy a diez personas de la sombra ansiada. Tres chicas hablan, entre risas, que es necesario nomás el C.I. “Hay que ser como la ‘Paragua’ que fumó a los mozos y se fue”, ríen y esperan el trámite para trabajar seguras, eso sí, el C.I. bien guardado en casa, nada de llevarlo al boliche.
13.26, la ansiada ficha está en mis manos. El cabo resuelve arbitrariamente cortar la fila en la cholita de amarillo y los otros cincuenta que quedan fuera protestan.
13.45, el cambio era sólo para la tele, esto sigue igualito, la distribución por mesas se hace con el eficiente método de los palitos en hojita reciclada. Me toca la W, letra nada cabalística ni mágica, vuelvo a empezar otra fila, luego de un laberinto de gente llego a la mesa.
Hay cuatro televisores nuevos en las paredes y saya en los parlantes, pocas sillas, pocos empleados. No puedes moverte, en cualquier momento puedes ser llamado.
Llego y me entero de que me llamo Raúl, vano el intento de explicarle que mi nombre empieza con P y que así está en mi anterior C.I., en títulos y demás. El cabo me grita: “¡No es mi problema, es de archivo; vaya, traiga copia!”.
Ya en el archivo, escucho cómo con paciencia un sargento le explica a una señora que no existe y que eso es común, sobre todo si eres de provincia. Le cuenta que en los años ochenta se fregó el aparato de microfilm. Mientras miro a la señora inexistente, pregunto al cabo: “¿Qué pasa si lanzo un pucho encendido a la pila de papeles, borro a toda la ciudad?”.
lego triunfante a la mesa W, con mi certificado de nacimiento con P de “papaya”, P de “paciencia” y se lo muestro al cabo, me saca foto con su camarita digital, veo que esto había estado mejor. 14.25, consigo el ansiado C.I. chiquito, cierro el círculo del pasado, sólo falta el plastiquito, espero sonriente y a cambio me dan una ficha. “En veinticuatro horas vuelva, ¡Gómez, pase!”, como despedida. Habrá que volver, falta todavía una cola, más bien que esto ahora es moderno.

La Prensa, 30/04/06

jueves, abril 27, 2006

Tenso


Golpeteos silentes perforan mi osamenta
dardos de silencio exprimen cervicales
tensas telarañas nublan la estrategia
Llegan, mil hormigas y se expanden
Como orugas negras por el músculo
Trepan, reptan, exprimen y asfixian
En sueños tensos, caen por la sabana
Ríen huecas, en encorvada impaciencia
Ruedan por el piso, dejando rastros de baba

Golpeteos secos de teclas las convocan
escupen la serena convicción de la parca
Dejando la seda falsa de su angustia,
Levantan vuelo, embriagadas de tinta

Vomitadas están, en acordes elásticos
arrancando tendones en la huida
Mariposas negras son ahora,
Tensiones muertas en palabras

miércoles, abril 26, 2006

Antes era más fácil jugar

Antes era más fácil, hoy no me da la gana de bajar a jugar al héroe, menos de quitarme este estúpido traje en público, pero quiero hacer pis, ya no aguanto la posición de gargola en esta fría columna. Tengo ganas de tomar un trago y dormir con alguna simple anti heroe.

sábado, abril 22, 2006

Anoche

Anoche me he acordado, así suavito, en silencio de luna mordida, de tu risa así de changuita, de tus sacadas de lengua en las peleas y el ají que ponias a tus gritos, esos con los que pinchabas mis silencios. Te he visto, guiñando el ojo, detrás de la cruz del sur, con tus pies fríos, tus labios de ventosa en mi oreja y tus manos de raspadillo urgando mis piernas.
En ese cerro grande y con barranco negro te he pensado, con humo en los pulmones y el corazón ahumado, así suavito en el pasto, acariciando la humedad en mi espalda, una lagrimita ha salido y te he mirado, ahí en esa cama a cuadros, abandonada y me he acordado que tu lunar está en el lado izquierdo.

miércoles, abril 19, 2006

Vinagre Tinto (De memorias de un croto)

No tiene caso, el vino sí no se bebe muere, eso pasó con la botella, aquella de tinto, que esperó su retorno. Me pregunto sí habrá sido el hecho de colgarme de la ceguera de sus ojos, perforando mis labios, o talvez la forma en que su perfume jugaba con mi cuerpo, o quien sabe esa cortaziana forma de arrastrar las eres al hablar, no lo sé, el caso que algo me llevó a beber hasta la última gota de su copa aquella noche. Ignorando deliberadamente sus advertencias, el presagio de que no era buena idea, beber de su copa por que acabaría conociendo sus secretos.
Torpe en la insistencia, seguí acariciando su cuerpo con palabras y bebí los restos de su tinto, en la imaginería de que su brebaje me llevaría a desnudar su piel, a sentir en cada rincón oculto de su espalda, sus pensamientos, esos que por vanidad atribuí insulsamente a mi persona. Ese inevitable sentido referencial, me hizo creer que luego, en el silencio, en su ausencia, mirando el ojo triste que dibujó su pulso en un papel amarillo, empezaría a escucharla, a descifrar el golpetear de sus latidos en mi pecho y creería, si creería que su imagen estaba viva o mejor aún, que en su silencio, en su ventana muda, ella caminaría ahora en mi presencia, respirando con ansias mi fantasma de palabras.
Veamos, ¿quién te dijo, quién puso en tu patética poesía la idea de que sus secretos tenían nombre y apellido y más aún el tuyo?. La verdad, que mientras miro tu grotesca sombra chorreada en el sillón, tus manos temblando liando el cigarrillo, pienso, ¿en qué viejo puente dejaste la cordura?, ¿éra en ese lugar verde al que tanto hiciste referencia en tu prosa tartamuda, o en el portón del templo donde tus sombras bailaron con el viento? ¿dónde?.
Viejo, recordá tu pluma debe ser dulce pero tan bien tener el filo frío y seco del acero, sí la memoria aún te falla, entonces date un baño de carne, de esos que no conocen de surrealismo que no entienden de cuartetos y endecasilabos y revolcate, en una piel sin métrica, con gritos y luego, pragmáticamente viva, mirala y dile chau.
No viejo, no seás tan gil, ¿acáso no entendiste?, sus secretos eran claros, solamente necesitaba un bálsamo, de esos de palabras, un mentisan de poesía que acaricie las articulaciones de su ego, sus nostalgias y sus miedos en esta ciudad negra, ¿acáso no te diste cuenta?, ¿qué sólo esperaba cada beso tuyo en el aire, cada forma absurda en que limpiabas los adoquines a su paso?.
Pero no, tuviste que seguir en la constancia improductiva, en la actitud ineficiente del cortejo de empleado público. Métale a decirle sin decir, a dar mil rodeos para luego soltar algo así como, tus ojos son de almendra ¿y ella? lógico, serena, con uno que otro guiño silencioso en los labios cada vez que decias algo, que te mostrabas absurdamente evidente. Era fácil intuir que en las líneas tan delgadas de su piel, en sus huesos de marfil, permanecería en pie con el taco aguja clavado a la realidad, pero eso sí jugando con el aroma, con la sonrisa, con las preguntas como dardos a tus ojos, con miradas de clavo taladrando tus articulaciones de flan.
Estuvo ahí sin estarlo, con la piel de mármol, pintada de lunares, mirándote con la confianza que le daba sentirse impermeable a tu lado, lanzandote aquello de, Lo bueno de estar contigo es que no tenés estrategia, ¡ja! ¿y tu? ahí boludo, pensando que estabas escribiendo un cuento o peor aún, jugando al guión, a la botellita vieja en la arena, replicando, luego de inflarte los pulmones de alquitrán, Mi estrategia es no tener ninguna.
¿Qué querías?, ¿qué te parta la espalda a arañazos?, ¿Qué te lleve al cerro y vuele contigo?, no viejo, si tu sabias la respuesta era clara, iba a mirar el reloj. No tiene caso, te lo dije, hay veces que las palabras hacen puerto y otras son como ambientador en los poros, dejan ese aromita dulzón que en cinco minutos muere, pero no entendiste, seguiste en la rutina de escarbar en la arena, de creer que tus palabras sin norte valdrían la pena, para mojarse en sus aguas saladas, para caminar descalzo por su espalda de playa.
Eso de conocer sus secretos, no tenía nada que ver contigo, en todo caso, era sólo un cliché, algo que se dice y ya está, un último dejo de seducción que se deja tirado en la silla para que luego busqués más pistas suyas por la casa y construyás castillitos de plastilina en la noche, intuyendo falsas pistas, interpretando cada acto motriz que dejó en la huida.
Te lo dije, iban a bastar sólo unos días para que tu poesía se fuera disolviendo y su imagen se ahogue en los restos del tinto, mientras la botella respiraba, a bocanadas, el aire melancólico de tus paredes. Recordá el corcho no sirve para mantener intactos los fantasmas, los muertos no tienen más charme con el tiempo, saben mal, se pudren, ¿lo entendés?, las palabras no crean romances inmortales, peor aún sí sólo van de ida.
Pese a todo, te mantuviste ahí, escuchando su ausencia en la pantalla, en el recuerdo de su pulso tibio, en un dibujo, en las ganas de que tu juego improductivo de palabras, por lo menos hubiera hecho temblar sus parpados, le hubiera sacado algún medio suspiro con tu nombre. Que miserablemente gil, sí parecés un ratón de esos de laboratorio, esperando la bolita de harina seca que nunca llega.
Mirá, la alfombra es dura con ella o sin ella, Nina Simone, esta muerta, dos gotas de saliva suya en la copa, con el tiempo, sólo joden el vidrio, no hacen secretos, son saliva y punto.
En fin, al final era sólo cuestión de tiempo, ¿lo entendés ahora? las palabras sin piel no hacen recuerdo. Se necesita sudar los poros con carne, de esa que no piensa, que no teoriza, que tiene estrategia clara y no las pajas esas de, tu savia en mi vino, tu cuerpo en mis palabras.
Te lo dije, era cuestión de tiempo, el vino guardado, tarde o temprano se convierte en vinagre.

lunes, abril 17, 2006

Crónicas de a Pie (La Botica)

Si pasa de todo en esta ciudad, me comenta Don Raúl en el mostrador de su vieja botica. Es cuestión de mirar el entorno así con cicatrices, con espectros y fantasmas, le replico. Llegué de tiempo a aquel rincón de San Pedro, cerca de la plaza donde colgaban a los rateros de antes y más de un miliciano se libró de ser péndulo en el viejo sauce.
La charla transcurre, detrás de aquel frío mostrador, frente al viejo cine, aquel al que llegábamos con el corazón a tropezones a ver Emmanuel en matiné, para luego bajar a la 6 de Agosto, a comer una de esas burguers de nervios, menudencias y pan duro, pero eso sí, con harta mayonesa y llajwa. El lugar, hoy por hoy, no parece las ruinas de “Cinema Paradiso”, ni mucho menos, simplemente una casa vieja de puerta café.
Vivo desde siempre en este barrio y conozco bien a mis chicas y mis changos, a mis perros que mean la puerta en señal de buen augurio, me dice Don Raúl mientras miro los restos de mi adolescencia en esa vieja puerta. Desde un asiento de mimbre, pienso en las vidas que ruedan esta calle y caen a la plaza de San Pedro. Ya verás cómo despiertan —me manifiesta— así de a poquito mis hijos bajarán como cuenta gotas a comprarme antes de vivir su noche.
Me quedo en la esquina, fumando un L & M; la noche se pinta húmeda. Y eso que es otoño, pienso. Entonces aparecen: primero sus pichochas, de falda rosa y melena amarilla en tez ocre, y entre piropos y risas compran lubricante y analgésicos; luego, llega la Francesca, con piernas bien afeitadas y músculos de futbolista dentro de medias dobles, quien, con la barba bien planchada en maizena, llega a pedir un pinchazo de penicilina. Don Enrique, entra triunfal como cada viernes, con ese aroma a vainilla, gomina y cejas peinadas hacia arriba, y pide su pastillita azul. Hoy es pues viernes. declara sonriente e inflando la pañoleta de seda. Posteriormente, dos quinceañeros ansiosos, de esos que mirando al suelo balbucean un tímido Pantera, y que se van con sonrisa de misión cumplida con dos preservativos por nuca en la billetera.
Ya tarde, pasan por ahí el Lucas y sus cuates, cantando bailecitos, peleando con los chapis y las gradas. Entran a la farmacia, se mojan el púrpura de los labios, y con esa falsa sobriedad y locuacidad de abogado piden dos frascos de esos de a luca y dos sobres de antigripal, sabor naranja. Es para curarse el resfrío, cuentan, y Don Raúl sólo mira. Mañana venderé más Digestan que Pantera, me dice el botiquero, dando un sorbo suave a su mate y con aires houdinescos.
Siento que su corazón ya bombea lento y me quedo cristalizado en la pared del cine, en el aroma a zaguán de estas calles. El árbol de la plaza bebe paciente del grifo de dos perros, mientras el viento y el aire paceño me traen las risas de aquellos que curarán malestares en alcohol Vita.

(La Prensa, 16 de Abril, 2006)

domingo, abril 16, 2006

Las intermitencias de la muerte

...Sin muerte no hay resurección y sin resurección no hay iglesia"..(José Saramago, Las Intermitencias de la Muerte, 2006)