lunes, agosto 15, 2005

Momia Muerta (Onírica deja vu II)


Así en fresquito, como viene, como llegan las palabras a los dedos mañudos y caprichosos, vuelvo a este espacio luego de un silencio mudo y de una catársis de diván para gritar lo que pasa en este instante, lo que duele en este cuerpo.

Siento el deseo compulsivo de registrar el diálogo de diván, como un exorcismo, como una escena histriónica (no olvidar que este es un espacio público). Tengo que dejar esto escrito, antes de que la represión duerma las palabras.

Vuelvo a lo planteado en Onírica Deja Vu, desde el diván esta ves, y me encuentro con el lapsus redundante de querer sellar y afirmar lo que soy en la cómica frase “momia muerta esperando que la dejen hablar”.

Vuelve el tema de mirar de palco, de esperar la escena del dolor como espectador, como aquel que no se hace cargo de nada. Posición dura de no vivir o no querer hacerlo, esto de ser una momia, podrida por dentro. Un espectro que camina, teniendo control de su entorno, de ese su largo letargo y que se mantiene en la paradoja de volver a la vida o estar muerto del todo.

Pero esa muerte es de libreto, imaginaria es una pausa necesaria de silencio, para encontrarme con mis fantasma, un falso equilibrio creado en el que tengo el control de un universo de silencio y letras, en el que solo hablo con espectros.

El golpe de vida llegá con risas a montones, es el hilo de sangre en su risa, su caricia, su abrazo firme que clama por no separarse. Su presencia es la vida, la real, que me limpia de sudores y olores acostumbrados. Es ella entonces en su amor puro y liberador, por encima de la escena mental, la película de palco, está viva y me obliga a estar vivo y hacerme cargo. Benditas cadenas de vida entonces, las de su presencia, por que son la energía liberadora.

Cuando no esta, sin embargo, es cuando se cierran los ojos y cuando la piel se va secando y vuelvo a pudrirme. Tome conciencia clara de este hecho, el cansancio es claro y la conclusión una, busco el olor a muerte que destilo, esperando despertar a golpes por la vida. Más allá de todo estoy en pie y vivo, lo cual tiene miel y duele, pues así no más es.

1 comentario:

gamez dijo...

Quiza el olor mas insoportable pueda ser el ke uno mismo destila, el ke uno mismo creó, construyó, alimentó, albergó, cuidó, acarició, doblegó, mimó y aceptó...pero de tan insoportable mas soportable se hace, luego ni te asusta ni escapas, quiza hasta te fascinas, es esquizofrénico talvez, una voz en tu cabeza que te induce al delirio, y la muerte es el delirio del cuerpo ke no sabe que necesita del cuerpo para hacerse muerte...pero cuan necesario el olor, yo lo necesito, aunque me duela.