martes, mayo 14, 2013

El Sable


 
Aunque en el purgatorio, Alejandra todavía usa  lentes grandes y sus pies parecen cada día más pequeños. Cuando la conocí  trabajaba de productora en una compañía de teatro, sabía cerrar con firmeza los  ojos junto con el telón al final de cada obra. Cuando actuaba, sus palabras entonaban con la fuerza del acero los parlamentos de Ofelia.  Ayer me acordé del dolor que me produjo el día que me pidió prestado el  sable de mi abuelo. Le dije que primero tenía que pedirle permiso al dueño  y ella insistió diciendo  “conseguiría otro pero el sarro de El Chaco tiene la fuerza que la Tramontina Brasilera nunca entendería”
Cuando le pregunté  qué uso le daría a tan histórico objeto espanta fantasmas,  simplemente respondió que sería parte del  uniforme de un actor que encarnaría a un viejo dictador loco y retirado. El personaje, en el clímax de la obra, lo usaría para cazar mariposas izquierdistas. No supe  si ofenderme o llenarme de esperanza ante tan absurda contradicción, por lo que  simplemente opté por levantar el sable, limpiarlo con Ace y  limón y esperar que su actuación tuviera al menos algo de denuncia social.

Más tarde me vi en la obligación de aconsejarle temeroso  que tuviera cuidado con el uso que lejos de las tablas  pudieran dar al sable
-  Todo  actor que interprete a un dictador tiene algo de milico frustrado-, le dije. La verdad temía que el supuesto dictador luego de cazar mariposas imaginarias en la obra la emprendería contra las bien torneadas cervicales de Alejandra.
Ella pareció no preocuparse por mis advertencias, es más el día que  recogió  el sable llegó alegre, había fumado mucho  y tenía los ojos iluminados del rojo de gata alegre, me lanzó humo en la cara  y bailó una especie de candombe en la puerta de casa y me confesó con sereno optimismo:

¿Sabes que el abuelo de mi marido también fue milico y me contó que ellos cogen  al ritmo de marchas de caballería y contra los mitos populares ninguno lo hace con gorra, sino más bien con las medias puestas? No supe que decir,  simplemente  le entregué el sable, esperando que el espíritu de mi abuelo no cabalgara en la espalda de Alejandra y me lo devolviera pronto. Después guardé silencio y entendí que  una mujer que pide un sable prestado y baila candombe en tu puerta es de temer y tiene en las venas  más acero que miel,  por eso ya a solas guardé cada una de sus palabras dentro de un vaso con bicarbonato y sal,  luego me las tomé de un sorbo y las escupí  sobre un papel para quitar el sarro y la cursilería de mi poesía.
Antes de irse me dijo “Te recuerdo que los milicos sólo clavan y clavan, sin caricias. Los escritores por su parte saben preparar el terreno con palabras para que otros usen la bayoneta y los actores  esos sí que decapitan tus  sueños con sables de utilería.

Alejandra siempre fue una mujer de batalla por eso le dio buen uso al sable, no murió ninguna mariposa imaginaria en la obra,  contra todo pronóstico y fuera del guion el acero de mi abuelo sirvió para para librarse de quien hace años la acuchillaba con palabras en la cama. Luego de ensartar a su marido al colchón al ritmo de candombe, psicóticamente poética como siempre, escribió en la pared con el sable "más vale óxido modelo 1935 a Tramontina 2013" .

Mientras escribo esta confesión, Alejandra duerme en paz  soñando con Ofelia en un lago de algodón neuroléptico en el hospital.  Por mi parte  estoy tranquilo, ayer supe que el sable de mi abuelo, se exhibe orgulloso en una vitrina del museo policial junto a la navaja del Sambo Salvito y puedo verlo cada  vez que quiero, eso sí todavía no entiendo porque los milicos lo hacen con medias y no con gorra.

 

sábado, abril 13, 2013

Pajas de Oficina II


Neuróticamente hablando, llenar el formulario RC-IVA es un deleite lleno de placer para el obsesivo. Entre sus rituales más eróticos se incluyen: planchar facturas, el orden por rubros, por meses, por horas y por montos, el registro cuidadoso ejercitando la alegre verificación de NIT y nombre, el uso de puntabola roja en los errores y azul para validar las facturas bien llenadas, el sonido de una factura arrugada dentro el puño cuando está mal hecha y el disfrute basketbolero de lanzarla al basurero. En el clímax del acto se encuentra verificar en el formulario DA VINCI y deleitarse al leer el mensaje de la computadora que dice NO EXISTEN ERRORES EN EL FORMULARIO, premio que para el buen neurótico tiene la misma intensidad del beso de la amada. La paz es inexplicable cuando luego, con la sensación del deber cumplido se agrupan las facturas en grupos de diez o veinte y se las engrampa con cuidado en la esquina superior izquierda y se las entrega al responsable de revisarlas dentro el plazo fijado por la oficina (usualmente el 15 de cada mes) El operario diligente que tiene el rol de revisarlas, si tiene la suerte de haber elegido ese trabajo por vocación obsesiva (lamentablemente pocas veces ocurre) recibirá con ansiedad las facturas de varios empleadas e iniciará la orgiástica tarea de revisarlas nuevamente una por una y deleitarse al encontrar errores. En caso que el declarante haya realizado la tarea con descuido y desidia el placer para el revisor se intensificará y podrá ejercer el poder del lápiz rojo que cual falo erecto empezará los embates del rechazo de facturas y la anulación de formularios con una X de extremo a extremo de la hoja. El buen neurótico hará su tarea sin que se le mueva un pelo y no se dejará intimidar por las quejas, los llantos, los intentos de seducción y chantaje de declarantes desordenados clamando que les permitan rehacer el formulario para que no les descuenten impuestos en el mes. El buen neurótico que además de revisar formularios ajenos predica con el ejemplo porque horas antes concluyó el suyo sin errores, con deleite mirará a los ojos de aquellos mediocres y desordenados colegas y les dirá "NO el formulario RC-IVA es una declaración jurada y es su responsabilidad hacerlo bien" En ese momento el obsesivo confirmara que es capaz de tener orgasmos múltiples.

martes, abril 09, 2013

Pajas de Oficina III

Los papeles por firmar,  caprichosamente esparcidos sobre mi escritorio no son ni´pétalos ni ramas secas, son simplemente el recordatorio de la burocracia que disfraza tu ausencia. Tú sabes bien que la eficiencia laboral prohibe las saudades y morriñas y que la concentración invertida en nostalgiarte es inversamente proporcional a las actividades que generan el dinero para pagar deudas. Sin embargo en cada firma te evoco sin importarme que en alguna calle las hojas secas de los árboles esperan el pisotón de tu olvido...

lunes, febrero 04, 2013

Huecos y estornudos (reloaded)



A veces esos agujeros, tan hondos, tan de Moebius en el fondo de la panza, tan parecidos al hueco del espíritu, se llenan simplemente con el tacto.

Tanta vuelta existencial, tanta náusea de parque contando hojas secas, reverberante en la nada de esta vegetada existencia, a veces parecen llenarse con el sabor corto de un instante, de un cote cote, del old in and out, de un juego de vientres.

Esos suspiros de angustia, de sabor gris, es posible que desaparezcan con el acto del verbo. No habló de aquel bíblico del Génesis, si no de aquel hecho carne, del incorrecto, del mal pensante, del que grita lo tachado por la palabra y que en cuanto copula es en el infinitivo entrar y dejar entrar.

Es una lástima sin embargo que la náusea desaparezca sólo algunas veces con el engañoso recurso de pieles, que le petit morte, dure lo que un buen estornudo. Ya que suele ocurrir, la mayor parte de las veces, cuando las sábanas vuelven a estar quietas, cuando las pieles vuelven a estar secas que retorna el sabor a mareo y el vacío late más grande. Entonces cuando el hueco vuelva a demandar una respuesta surge una de diez veces (las otras nueve se ronca) la pregunta existencial ¿miramos el techo o hablamos?

Yapa: Queda el consuelo científico que luego del acto, viene la resolución y otra vez podemos poner un curitas a las dudas existenciales.

domingo, febrero 03, 2013







Hay una especie de abandono en este presagio, un no aceptar que el hpy no se alimenta de miradas del pasado, sin embargo hace un tiempo que la añoranza tiene la certeza de tu rostro, por eso sin apuro hoy te convoco.


Se que llegarás y cuando lo hagas, no serás Penelope, lo harás pronto, tal vez envuelta en aire o quizás en forma espuma, o simplemente humana,  para el caso es lo mismo, tu retorno suavizará el aura languida de este espacio que te nombra.

Llegarás, ni más cauta, ni más clara, ni mas firme, así con tus lados tan mundanos, con tus afanes cotidianos y con algo de ese mutismo que tanto dice.

Es probable que cuando lo hagas recogas cada uno de tus silencios incrustados en el techo, arranques cada una de tus risas clavadas en la ventana y quien sabe tal vez como última ofrenda me convoques a la sal de tus rincones.

viernes, mayo 18, 2012

Crónica de El Mundo de los Elefantes I


Nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al currelo (Joaquín Sabina)

Quiero escribir y sólo escupo informes, fue la frase que me vino a la cabeza en mitad de una reunión en la que con mucha seriedad nos enfrascamos en la tarea de ponerle numeritos a una lista de cargos (metodología Hay para los que conocen de Recursos Humanos). Serios señores de corbata jugaron conmigo durante ocho horas a alquimistas, yatiris y científicos, trasladando la subjetividad a una metodología disfrazada de rigor positivista, que no es más que una forma de ponerle precio a los cargos que ocupan los empleados de una empleada (mi alter ego burócrata se sentirá ofendido al leer esto, pero que se aguante  hoy vengo sin corbata).

Mientras perdía el tiempo, ordenando con marcada obsesión los juegos de poder interno en un proyecto de Manual de Funciones, recordé a Cesar Vallejo con lo de “quiero escribir pero sólo me sale espuma”, muerto de ganas de robar aquel magistral verso que hace más de 30 años, tomó Prestado Pedro Shimose como título de un poemario, acabé gritando ¡últimamente sólo escribo informes! Razón por la que dejé en suspenso el avance de mi libro de cuentos, una dosis de veneno burocrático fue suficiente para minar mi energía y dejar en coma sus páginas.

Como paliativo para el ánimo, en mitad de un ataque de gastritis, descubrí que los amigos de sistemas que bloquearon Facebook y Twitter no se metieron con blogspot. ¡Buena noticia! Que atenuó mi reflujo y me llevó a saber que a falta de seguirle el paso a los chismes de las redes sociales, volveré a actualizar esta bitácora que no sé si todavía tendrá lectores (comenten para que sepa)

Al escribir escucho “y si amanece por fin” de Joaquin Sabina y aplaudo aquella magistral frase que dice: “ la buena reputación hay que dejarla dormir a los pies de la cama, hoy tienes la ocasión de demostrar que eres una mujer además que una dama” Agradezco al maestro Sabina por tocar mi saudade y volver a sentir el sabor de la espalda de la mujer con la que hace dos noches tomé vino hasta las dos de la mañana, repitiéndome el mantra sabinesco “nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al currelo”.

Con el sol de la tarde paceña pinchando mi brazo, recuerdo el deliberado desafine con el que T “ la mujer de las diez citas en diez años” me cantaba al oído …y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres”, para luego brindar por Joaquinito y confesarme que su mayor sueño es llevarlo a su cama para jugar con él a ser su Margarite Duras versión paceña -Para envidia de El Nano, Sabina debería saber que por acá hay una boliviana que lo caminaría con glamour- Me dijo la del perfume lleno de Deja Vus que  aquella noche fue lo mismo.

Media hora antes de que la vorágine laboral me lleve a jugar entre reuniones, informes, pulsetas de poder, metáforas de palo y zanahoria, canto “porque comerse un marrón si la vida se luce poniendo ante ti un caramelo” muerto de ganas de saludar al caramelo con miel en los ojos que trabaja en planta baja, antes de que llegué Pepe Cortisona a reclamarme que ya es hora de entregar mi matriz de avances.

martes, marzo 06, 2012

Mordeduras

Con mordiscos de ausencia se recibe el silencio,
hay que saber aguantar la larga
noche sin decir nada.
¿Qué fuerza habría en repartir lágrimas a los invitados como pétalos negros?
Por eso es mejor sacar a todos a empujones, sentir los dientes del
mal y esperar...esperar.

miércoles, febrero 22, 2012

Carnestoleando

Carne en la carne, que añora otra carne. Carnestolendas que se comen en cuaresma.

domingo, febrero 05, 2012

De la Generación Y al Chavismo en La Paz (Pintando Sonrisas en el medio)

Grupo de niños y niñas de la Cárcel de Mujeres en el Festival Venezolano



Yoani Sanchez, foto robada de su perfil




La cubana, auto repatriada Yoani Sánchez, escribe en su blog Generación Y lo que siente la generación del Centenario de la Muerte de José Martí, de la cual es parte. Busca como la Generación del Centenario de su Nacimiento, que en 1953 tomó el Cuartel Moncada, una nueva revolución en Cuba. Ella no vive en los tiempos en que Reinaldo Arenas tenía que esconder sus escritos mecanografiados en el techo de la casa de una tía arpía, pero poco ha cambiado la libertad de expresión en Cuba desde entonces. Hoy hay sólo tres computadoras por cada cien habitantes. A Yoani la idolatrán o la odian en La Isla y ella sigue escribiendo, defendiendo la consigna que pegó en la puerta de su casa “Internet para todos”.
Yoani se expresa en un blog y desde su cuenta en twitter que a la fecha tiene 210,780 seguidores . La blogosfera y las redes sociales le dan la libertad que el gobierno restringe y con la ayuda de turistas puede acceder a comprar tarjetas de internet. “El otro día di un paseo a dos norteamericanos que al final me compraron una tarjeta de cinco horas. Eso puede durarme todo un mes si lo administro bien, porque yo trabajo todo offline primero” (extracto de entrevisa a Yoani Sánchez, realizada por Leo Felipe Campos, periodista venezolano y publicada en El Malpensante #124).

Luego de terminar la entrevista me pregunté sobre como hacer universal la consigna de Yoani “Internet Para Todos”, ahora que la “paranoia del imperio” (léase con tono chavista) quiere aprobar proyectos de censura a la libertad en la web.
Sin duda un blog puede ser la forma de hacer pública tu vida para que el otro se apropie de tu intimidad o una plataforma de libertad donde lo público, cernido en la intimidad, sea devuelto al mundo, como denuncia y crítica. Yoani pertenece a este segundo grupo al cual deberíamos ir migrando los blogueros histriónicos, contando menos nuestras devaneos existenciales e interpelando a nuestros gobiernos un poco más.
Su nota del 31 de enero habla sobre la visita de la Presidenta del Brasil de Dilma Rousseff a la Habana. Brasil es el segundo socio comercial actual de “El Raulismo” como ella dice. Yoani habla de cómo esa visita fue empañada por la muert, luedo de una prolongada huelga de hambre, de Wilmar Villar Mendoza, joven disidente cubano y a quien el gobierno de Cuba tildó de delincuente común. Después de leerla me acuerdo del acto pro Chavista organizado ayer por la Embajada de Venezuela (Primer socio comercial y político del Gobierno de Evo) en la Plaza de Obrajes. En ese acto escuche analogías entre la toma del Cuartel Moncada y el Golpe del 4 de febrero, parangones patrióteros y trasnochados entre la Revolución Castrista y la Chavista y recordé a la Generación Y de Yoani.
Pese a todo rescato de aquel día el espacio que la Embajada de Venezuela dio a la Fundación Pintando Sonrisas (de la cual formo parte), para promocionar la campaña por un vaso de leche para los más de mil niños y niñas que viven con sus padres en las cárceles del país y que por los cuales no hace nada la Revolución Evista. Entre el sonido ensordecedor de los hurras al Comandante Chávez, a la memoria del Che y al paraiso que hoy es Venezuela gracias a Chavez, las voluntarias de la campaña hicieron lo que pudieron para que veintiséis niños y niñas del Centro de Orientación Femenina de Obrajes jugaran por algunso minutos en libertad, olvidando que su hogar es una celda.
¿Algo así sentirá Yoani los diez minutos diarios que accede a internet? Me pregunté antes de irme.

miércoles, febrero 01, 2012

Infinito inconcluso I



Hay más libros en el mundo de los que podré leer mientras siga en él, razón por la cual me propongo terminar la lista de los treinta libros pendientes para este año y no comprar más libros (sé que lo segundo es irónicamente imposible) ¿Quien podría ser Borges para construir y habitar en la Biblioteca de Babel? Somos mortales, limitada y humanamente mortales, leyendo la obra de otros que murieron antes, dejando varios libros inconclusos y así será hasta el fin de los tiempos. El que nos mira desde arriba lo sabe y ríe de mis banales angustias.

Antes de dejarme atrapar por este juego de preguntas sin respuesta, escribo estas líneas convencido de que por hoy Cesar Pavese, Santa Teresa y Roberto Bolaño deben retornar a la biblioteca, ya que mi memoria ha empezado a confundir, confesiones místicas, diálogos con dioses griegos e historias de asesinatos con episodios de mi propia vida ¿será este el preámbulo de una vejez llena de ficción?

En fin, con el cerebro adormecido, encuentro alivio escuchando Lover Man de Charlie Parker, quien parece decirme con su saxofón que Johnny fue un simple impostor y Amourous, una perversa broma de la memoria de Cortazar.

domingo, enero 29, 2012

Sobre el combate de palabras (Con Salinger, Saenz y Bukowsky en el corazón)




¿Si no es ahora, cuándo? Repite la voz que me susurra al oído izquierdo, recordándome el tortuoso mandato de escribir con plazos y estructura, con la única diferencia que esta noche me encuentro lejos de la resaca liberadora, lo cual impide un fluir más a tono con "la boheme".

Displicente con mi propia palabra, escribo olvidándome de la técnica de mecánico, esa que recuerda: usa giros de tuerca, vueltas de elipsis, omite todo oxímoron. Que te exige poder la maleza de un cuento y jalar la cadena, para que se vaya por el inodoro el excremento de diez barrocas páginas, depurando la reencarnación de Ema Zunz en una mujer de El Acre (que agravio diría Silvina Ocampo).

Vuelvo al formato liberador que me da el blog, aquel que estaba de moda hace siete años atrás y llevó a más de uno a colgar sus chismes de cocina, sus poemas de amor, sus recetas financieras en algún sitio que hoy es basura en el ciberespacio. He vuelto para ver hasta donde se puede llegar en este formato, en tiempos en que la economía de palabras del twitter regula a poetas, periodistas y chismógrafos.

La pasta recalentada tiene buen sabor, más aún si no es en micro ondas. Como y mi ojo derecho mira, con una mezcla de júbilo y serenidad, a mi hija de ocho años, me acompaña frente a su propia computadora. Juega mientras yo escribo, crea un desfile de modas para Barbie, lejos de los libros que quiero que empiece a leer y aún no quiere abrir (que sea lo que quiera pero libre, pienso) Su presencia ilumina esta sala y sus risas espantan a los demonios que tan a gusto estaban en mi soledad, como añoran los malditos, aquellas madrugadas de desperdicio, de tóxica pluma y aguardentoso canto. Añoran derrotados porque saben que este lugar los exorciza con la presencia del amor que salva.

¿Qué pensaría J.D. Salinger de mi falta de agorafobia y reducidos encierros que han derrumbado mis esfuerzos de ermitaño? No sé, tal vez tendría envidia. Ayer veía una foto suya en el Facebook, lo mostraba en sus tiempos de gloria, con el cabello bien cortado, un elegante traje gris, eso sí ya conjuraba las miradas con una cortina de nicotina. Buena foto pero nunca igualará a esa que le sacaron en al salir de hacer compras en sus últimos días. Hay viejo J.D. debo confesarte que las últimas veces que fui al supermercado insulté y mordí igual que tú. Hace un año estaba seriamente convencido de recluirme para seguir tus pasos, pero ya ves la vida me sorprendió este nuevo año con grandiosas bendiciones y me salvó de la jaula, para regalarme los fines de semana llenos de la presencia de mi niña en casa. Si me hubieras visto hoy plantando margaritas a su lado en el jardín y curando con cuidado el tallo de una rama, si J.D. te hubiera sorprendido la magía en la mirada de la infancia, quien sabe talvez te hubiera salvado o terminado de condenar.

Hablando de la paternidad y las letras, se me ocurre que habría que jugar ouija y preguntarle a Jaime Saenz, ¿qué piensa hoy muerto de su poema al pasar un cometa? ¿le servirá de algo desde la tumba cortarse las costillas con serrucho para entregar el corazón a su hija. Tal vez respondería, en su estílo, que que "la muerte es una cosa bien muerta" y por tanto no hay corazón seco que lata en la mano de su hija desde el otro lado de la noche. Quien sabe tal vez con Jourlaine a su lado hubiera escrito menos y amado más, o ni una ni otra cosa.

En fin, me pasa muy seguido ya vez, que empiezo a narrar con la firme intención de hacer un diario, con la clásica formula en primera persona, que me acabo desviando, como en este instante que me acuerdo de de aquel poema del viejo Chinasky que decía:

y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien
igual.


Termino de leerlo y me espanto frente a los cinco meses que me puse de plazo para concluir mi libro, ese que hablará de los Ajayus de mujer víctimas de violencia. Entonces se que no puedo perder esta pelea.

Debería hacer como decía Isak Dinesen “escribir todos los días sin esperanza ni desesperación” y algo saldrá o como decía Bukowsky con harta cerveza. Sin embargo me desespero rápido y no tengo cerveza.


Creo que debería volver a mis perros viejos que pelearon tan bien: Cortazar, Saenz, Hemingway, Joyce y tomar más cerveza, aceptando que escribir en domingo no se me da muy bien.


En honor a la verdad de mes en mes, añoro ser un poco más como el viejo Salinger y un poco menos como Benedetti, pero ya ves acá estoy entre la necesidad de una tregua y las ganas de volver a leer The Catching in the ride, para luego seguir dándole duro a este teclado, duro en mi solitario combate, eso sí con mi hija a mi lado.

sábado, noviembre 12, 2011

Sobre el cuerpo I

Hay certezas que provienen del músculo, el hueso, las uniones pegadas a fuerza de sangre y nervio, verdades que confiesa la envoltura. En ese momento sabes que el cuerpo habla lo que el otro que lo habita calla. Es ahí que se revela el delirio que susurra y confiesa: el cuerpo vive en el dolor y duele en el vivir.

Entonces parafraseando las imagenes de Jaime Saenz, habría que concluir que sería mejor no decir nada y recorrer esta distancia esperando el dia en que las tripas se revuelvan y las vertebras se compriman hasta sacarte tus jugos y fluidos y dejarte hecho despojo de despojos en un viejo catre. Habría que saber de una vez por todas que el que habla lo hace desde un lugar que no termina ni empieza en la envoltura y que la palabra es sin carne y sin embargo a su vez es verbo del cuerpo.

Mientras tanto en la espera miro mi mesa en la que están: el borrador de un texto que escribi por encargo sobre la muerte de una mujer que no conocí,un viejo ejemplar de la revista ECO el año 1968 (con algunas cartas de Pavese) y mi ejemplar de Rayuela escoltado por una botella de Coca Cola (vaya a saber porque le dio la gana de salir hoy). En esa escena me pregunto por lo que pasa al medio, en la silla que me sostiene, debajo de mi gluteo izquierdo, donde presiona como dedo de torturador e irradia como trueno el dolor del nervio, aquel que dice lato en ti porque me da la gana y te jodo porque puedo hacerlo, porque me otorgas el espacio para recordarte que en ti habito, porque soy cuerpo vivo en palabra muerta y tu no podrás hacer nada.

Si hoy sería mejor no decir nada y seguir escribiendo mientras el coctail de pastillas analgésicas que tomé vaya haciendo efecto, engañando al nervio al disco que no suena pero que comprime.Si hoy el hablar del cuerpo (con su persistencia china de gota de agua en la frente) se irá desvaneciendo, por unas horas,por unos minutos y mientras tanto es justo y necesario:

Entregar desde la nada de la palabra herida en la palabra, mi dolor adormecido a la Maga añeja y ausente de Cortazar para quue haga algo con este dolor de mierda y lo lanze al Sena.

sábado, octubre 08, 2011

Desde el ventanal

Escribo desde el Café Alexander del Multicine (Avenida Arce entre Gosálvez y Pinilla). Por el gran ventanal del segundo piso recibo los saludos ruidosos de la ciudad que despierta en sábado. Frente mío hay una casona abandonada de los años cuarenta que tiene un altillo en el que mi imaginación busca la silueta de Norman Bates de Psicosis. La casona tiene una reja negra con la advertencia de no estacionar, un graffiti con pintura plateada y letras sin sentido se sobrepone al letrero. A la derecha la Universidad Militar EMI que ofrece en un letrero guindo su oferta de programas de doctorado. Al ingreso tiene un estandarte con una bandera boliviana, mis ojos buscan la whipala. A mi izquierda- dentro el café- una mujer de no más de treinta es la encargada de limpieza de este lugar. La mujer acaricia con firme dedicación el ventanal de vidrio que me separa de la calle; se para de puntas para llegar a una esquina, encorva la espalda para limpiar una mancha. Tiene cicatrices en el pómulo de alguna eruptiva y un gorro que esconde su cabello amarrado; sus ojos guían el ascenso de un trapo hasta la esquina superior izquierda de la ventana, trapo hambriento que asciende en busca de arañas.

Por un resquicio entre el pilar y el balcón interno de madera del café, frente a un gran letrero de publicidad, sentada en el borde de la acera una mujer de pollera roja y saco azul (puesto al revés) pide limosna, sus canosas trenzas reciben el sol y una gorra de llana con dibujitos de llamas juega a proteger de la radiación su rostro lleno de surcos. Por su delante pasan seis mujeres jóvenes apuradas, aligeradas de ropa, aligeradas de misericordia. La séptima mujer llega de un puesto de comida y le entrega una taza de café y un pan, la anciana bebe el café en tres sorbos y deja el vaso a su lado, junto su pollera, luego toma el pan y lo mira mientra espera alguna moneda. La anciana espera la caridad de las vidas apuradas mientras come al sol y finge cuidar autos, indignante forma de sub empleo para una anciana ¿será que los ladrones la respetarían si los pesca robando?

Las encías de la vieja mujer sorprenden, muerden con fuerza el pan con algo adentro parecido a una mortadela. La mujer aún no ha recibido ninguna moneda, veo que vuelve a estirar la mano, esta vez haciendo un ademán con los dedos como aquel que se usa para llamar a un perro, gesto que esta vez va dirigido a un hombre de lentes negros y chamarra rompevientos. Pienso que la mujer tiene todo el derecho de hacerle “psst, psst” como a perrito al joven hombre, porque ella merece el respeto y no viceversa.

La mujer que lava vidrios se ha ido, a mi derecha en la mesa del lado conversa una pareja, el hombre lleva barba y poco pelo en la cabeza, es un conocido mío pero finjo no haberlo visto. El habla de sus sueños, ella da la vuelta la cabeza para ver algo en un edificio (tal vez el apartamento que el añora comprar). En la calle ha estacionado un camión transportador de valores de Brinks lleno de dinero, el vehículo da sombra a la anciana que come y espera una moneda.

La indignación llena mis ojos al leer en el periódico que una niña de dos años murió ayer luego de una semana en coma por la golpiza que le propinó el padrastro en complicidad con su madre. Más abajo otra noticia habla de otra niña, esta vez una bebé de ocho meses, la cual está en cuidados intensivos por que el padre quiso envenenarla con raticida para no pagar asistencia familiar.

Respiro y me sobrecoge el llanto caprichoso de una niña en el piso inferior del Café. La menor se niega a desayunar “una niña fue envenenada con raticida porque el padre quería evitar pagar su alimentación “vuelvo a pensar.
La mujer que lava el vidrio ya no está. Levanto los ojos busco respuestas en las nubes y reparo en un edificio en construcción. En el piso 15 veo sobre un andamio cuatro hombres de espaldas descansan, llevan overoles y cascos (al menos tienen protegidas la cabeza). Me recuerdan a la clásica fotografía de cuatro obreros sentados en una viga de acero en una construcción en la Nueva York de los años 30. La Paz no es Manhattan me respondo, es la ciudad en la que los camiones llenos de dinero parquean en doble fila detrás de una anciana limosnera y donde apresuradas las mujeres jóvenes entran a un gimnasio para quemar las calorías de más, para construir el cuerpo que las revistas venden que han visto anoche en el Show de Tinelli. Esta es la ciudad, donde todavía hay ancianas que piden limosna en las calles, padres homicidas de sus propias hijas y bebes que gritan porque se niegan a comer su abundante ensalada de frutas.

Esta es mi ciudad que despierta con furia y me lleva a recordar: Si miras con paciente detenimiento lo que tus ojos ignoran escucharás en el eco de estas vidas, las mil razones que laten y te muestran tu pequeñez aburguesada.

sábado, agosto 20, 2011

Shsss



.....Morder sin abrir la boca...

martes, agosto 16, 2011

Veinticinco veces en la noche una sola noche veinticinco...



A los 25 años de la muerte de Jaime Saenz, comparto un textos y un poema dedicados al poeta, que publiqué en el año 2008 en mi libro Trajines y Haceres

Encuentro con la noche

(En el lugar que no se expande)

Ingreso por el mausoleo de los notables, que dan su nombre a las calles que hoy transito, alineados: Belisario Salinas, Rosendo Gutiérrez, Villalobos, Riosiño y otros, esos de los que pocos saben lo que hicieron, esos que todos caminan a diario por su espalda de asfalto. Me acuerdo cuando ella me dijo que son sólo calles, que su nombre en la memoria colectiva representa sólo puntos de referencia, lugares de encuentro. Pocos se acuerdan que hicieron, que fueron para esta ciudad, para que tengan un lugar perpetuo con vista al Illimani, pocos se acuerdan, menos tú.

Tres de la tarde, se nubla la escenografía del lugar y un nuevo encuentro con la muerte me conmueve. El féretro sale de la capilla, en hombros de primos y sobrinos. Enrique, solterón y músico de banda ha muerto el viernes, con hueso de pollo clavado en la garganta, su cuerpo pesa más que la tuba que apretaba su espalda. El sol sale con fuerza, los vivos, en traje negro, hacen planes para el platito de las cuatro, para la cerveza fría, listos para bailar en vida el recuerdo de su muerte. Cuentan chistes de esos de Pepito, se juntan detrás de la sobrina de falda campana y de reojo le charlan a sus piernas. Las deudas lloran, fieles a su guión, con una mano en la boca y la otra sonriente porque no lavará más los calzones del músico.

En el trayecto, por laberintos de nichos, he decidido buscarlo. Con la tentación irreverente, he decidido llamarlo por su nombre y luego la contundencia de su obra ha hecho que sólo callé y decida buscar su tumba para rendir un homenaje silencioso.

Poeta de la noche te busco cerca al gran portón. En aquel ingreso en el cual te preguntaste por las razones que hacen que este cementerio no se expanda, siga igual con los años, por la misteriosa forma de maqueta de nichos que no crece y que hoy te alberga.

Pregunto y nadie parece conocerte, los niños, que se hacen llamar guías se ríen al oír tu nombre. Por radio el guardia pregunta para ubicar tu tumba. Alguien susurra que moras al lado de Gilberto Rojas y que si sigo recto clarito veré el árbol grande que te da sombra. Un guardia municipal decide acompañarme a tu encuentro.

En el camino el guardia me cuenta que es sereno por las noches y que los más viejitos, dos porteros antiguos, conocen bien a sus muertitos. -No hay caso de pestañear, grave te jalan la pata y sordo te vuelves con sus ruidos-, me dice. Le pregunto por aquella mujer misteriosa que decidió cuidarte y de la que nadie hace un tiempo tiene noticias. Limpiaba tu piedra, cambiaba tus flores, hasta que la familia la sacó tostando, el guardia me responde que no sabe de quien hablo, que hay muchas rezadoras que adoptan muertitos en este lugar.

El encuentro con la última morada del poeta es abrupto y seco. Piedra en piedra rota del Choqueyapu, gravado su nombre en tinta negra. Descanso al caminar y buscarlo, camino al descansar y encontrarlo.

La arena cubre su noche, su distancia recorrida. Hoy crecen hojas de Eva desde la pared de adobe que da sombra a sus jarrones llenos de lilas. Una pluma reposa en la greda de su tumba, varias piedritas de esas con cuarcitos negros, dibujan lo que parece ser el contorno de su cuerpo en la tierra.

Los niños no conocen su nombre, las señoras que hablan de sus maridos muertos, me miran sentadas desde la fuente seca, no entienden mi silueta apoyada en su árbol. Me piden una punta bola, rompen el silencio de mis palabras a su noche, anotan una dirección, -el tío Alberto está por allá, en el cuartel nuevo- dicen.

“La Ramona” con viento ha empujado el vaso con claveles y el agua ha mojado unas plumas de pollo que quien sabe que hacen ahí. Flores secas abundan, hay un jarrón negro, otro de greda con motivos mexicanos. Caigo en la osadía de robarle la pluma de ave que reposa en su piedra y un poco de su tierrita, para tenerla en casa.

Reposo de este andar en la morada del poeta. Las palabras no vienen se niegan a decirle algo, su morada permanece de espaldas al Illimani. Sus restos contemplan laderas serpenteadas y acogen mi silencio. Cosa vana elevar una plegaria a su nombre, importunar su noche con falsos afanes de amistad, cosa extraña mirarme en su nada.


Piedra en Piedra

En esta arrogancia te nombro,

invasivo e irrespetuoso

Mis manos han levantado tu pluma,

mis dedos escarbado tu arcilla,

creyendo ser palabra de tu verso,

en el robo de tu tierra



Descanso al caminar y buscarte,

camino al descansar y encontrarte,

moras en tumba de arcilla en piedra,

la roca cubre tu noche, tu distancia recorrida

Silente delirio, responso al verbo de la noche

Hoy el eco de tus huesos es semilla,

arbusto seco, champa vana.



He permanecido, sin decir nada,

vigía, en la memoria seca de tu musgo,

Tu ser se baña en la crepuscular forma

del tiempo sin tiempo

del cuerpo sin cuerpo,

verbo en el polvo



De espaldas al Illimani, de frente a la comarca

Tus huesos, de ladera serpenteada,

de ladrillos empinados, acogen mi silencio

Tus órbitas, buscan el viento de su estrella.



Cosa vana hoy elevarte una plegaria.

Cosa extraña hoy reflejarme en tu distancia

domingo, julio 24, 2011

A Irene

Hace unos meses Lorenza volvió a La Paz luego de su primera despedida. Cenando en un lugar de "Sopocachi mon amour" (como decía ella) Lorenza (Italiana del norte) y yo Paceño del centro, celebrabamos el retorno tomando un vino chapaco y hablando, del caprichoso romance que los europeos establecen con esta ciudad y de la contradicción que produce en quienes acaban enloqueciendo por las ganas de dejarla y las de dormir con ella el resto de tu vida.

En esa charla le conté del fubolista argentino del stronguest que llevaba su apellido y que acabó volviendose un boliviano más, del caos de nuestras calles, de los personajes paceños tan universales y tan locales, del aparapita que conoce el secreto de arrancarse el cuerpo, de Llojeta y sus hechizos, del Illimani que "se está" imponente. Ella miraba y asentía desde la intensidad de aquellos ojos azules (sólo comparables con el cielo paceño de invierno), miraba y lanzaba una sonrisa blanca como la nata. Luego de esa charla se fue por segunda vez, aunque con fecha abierta de retorno.

Meses despúes, luego de su seguno retorno, cenamos una pasta hecha por ella con ingredientes traidos desde Italia. En aquella oportunidad me confesó que el romance con La Paz se estaba complicando, que si se quedaba, poco a poco acabaría atrapada, por lo que había decidido emprender la tercera huida.

Luego de cenar, tomando nuevamente vino chapaco, hablando de literatura llegamos a Italo Calvino (compatriota suyo) y su libro las Ciudades Invisibles. Le comenté la sorprendente equivalencia que Willy Camacho (amigo escritor urbandino) había encontrado entre la ciudad de nombre Irene de aquel libro y La Paz.

Un mes antes de su tercera partida de La Paz (aquella anunciada sin retorno) me mandó un correo electrónico con un texto y me dijo: hazlo público cuando me allá ido, cuando Irene no pueda seducirme con el viento de altura para detenerme.

Así lo hice, ella se fue, Sopocachi sigue caminando, Irené sigue viva enamorando a quien deje hacerlo y yo mirando el cielo de invierno vuelvo a su mirada. A Continuación el texto:







Irene (Por Lorenza Fontana)




Irene es la ciudad que se asoma al borde del altiplano a la hora en que las luces
se encienden y en el aire límpido se ve allá en el fondo la rosa del poblado: donde es
más densa de ventanas, donde ralea en senderos apenas iluminados, donde
amontona sombras de jardines, y levanta torres con luces de señales; y si la noche es
brumosa, un esfumado claror se hincha como una esponja lechosa al pie de las caletas.
(Italo Calvino, Le città invisibili)


Hay momentos en los que sientes que explotas por dentro; instantes que derraman alegría y desesperación, emociones vibrantes que las fronteras epidérmicas no pueden contener. Sonrisas y llantos, caminando, ignorando las miradas ajenas, pisando la acera y flotando por dentro.

No hay nadie capaz de catalizar esa emoción, con gestos o palabras. Entonces se explota hacia el mundo, y en ese instante los edificios, las aceras, la taza vacía de café oscuro, el movimiento del gentío, las montañas, el horizonte se vuelven cómplices que recogen, en su transcurrir, la frustración de una raíz biológica consagrada a lo social.

Irene es Circe y Penélope, la casa y la perdición, es donde se llega sin querer llegar, y al querer salir es demasiado tarde para no sufrir. Todo empieza y termina la primera vez, a la orilla del altiplano (precipicio del valle) se abren las cascadas de edificios desordenados, la vía láctea de los modernos rascacielos, el óleo sobre tela de la Cordillera Real.

Irene produce algo similar a aquel escalofrío en el estomago, que anticipa al enamoramiento, para luego confundirte con los detalles en los que se diluye el romanticismo. Sin embargo, ella sabe que su mirada no te dejará indiferente y volverá a enamorarte una y otra vez.

Irene es epidérmica, se hace odiar y amar con la misma obstinación, es una compañera difícil y caprichosa, que acaba atrapando a las almas solitarias y emocionales que aquí encuentran un perfecto desequilibrio.

Irene es un ser emocional, como los hombres solos, que al no tener donde poner sus sentimientos, no se les ocurre mejor idea que desparramarlos por su paisaje urbano. Irene está sola, entre valles y altiplano, no tiene familia, ni hermanas, ni vecinos. Irene es ciudad y las ciudades son seres colonizadores, a merced de la expansión, luchando continuamente por una autoafirmación espacial e identitaria.

Irene no tiene rivales en la pelea por encontrar su identidad. Es única al mundo, pero manifiesta con fuerza su inquietud emocional, de alma condenada a la soledad.

Irene sabe reír y llorar. Ríe en los inviernos de cielo cristalino y sol poderoso, ríe con sus glaciares que ojean constantemente desde el escenario. Llora en verano, cuando las nubes cenicientas inundan sus calles de riadas turbias, y el Illimani deja huérfano el perfil del horizonte.

Irene está desnuda, no tiene trajes de hojas y flores por sus avenidas luchadoras. El magenta descarado de los ladrillos no tiene miedo a los vientos altiplánicos y se deja quemar sin pudor de revoque por un sol demasiado cercano.

Irene es la frontera vencida, perdió la batalla frente a los muñecos de adobe y el surrealismo alteño, dejando su espalda en las montañas inamovibles. Los Apus son sus dioses y sus diablos, su salvación y su condena.

Irene es arrogante y te lleva al absurdo, quizás ella más que nadie entendió la tensión hacia la irracionalidad de una fe, un amor, una pasión. No hay otra respuesta al absurdo que no sea el irracional. Irene lo sabe, porque Irene es la paz ¿Es La Paz Irene?



Referencias:



Irene: Paz en griego



Apus: Espiritus de la montaña

jueves, julio 21, 2011

Sobre Los B. o naturalismo agonizante



Textos que Migran, dirigida por Percy Jiménez, presenta Los B., adaptación de la novela “Los Buddenbrook” de Thomas Mann. Según su director, propone generar una reflexión sobre la historia boliviana contemporánea. Luego de verla considero que más bien usa como pretexto los últimos cincuenta años para enfrentarnos -desde una mirada existencialista- a la agonía y la decadencia de una familia construida en torno a un padre rígido, como la clase política de la cual proviene.

El patriarca ha muerto y Los B. (Los Budenbrock o los otrora “Bienaventurados”) necesitan replantearse. En esa medida se enfrentan con el vacío y el miedo que representa la ausencia del padre.

Es posible también realizar una analogía entre el desván de casa y el vientre de Jonás en el relato bíblico. A partir de lo anterior se lee a Los B. desde el temor a la sanción del otro social. Jonás era un profeta que se escondió de Dios, el cual de castigo hizo que acabe en el vientre de una ballena. Los B., frente a la tormenta de cambios sociales, sea por enojo o por temor, son tragados por el desván de su vieja casona, tratando de evadir-como Jonás- la realidad externa que los arrincona.

En Los B. Consulesa (la abuela) interpretada de manera sólida por Norma Quintana, aglutina y trata de sostener-pese a las diferencias- a Los B. dentro el vientre de la casa, tratando de resaltar las luces del fracasado ideal del patriarca. Mediante rezos trata de protegerlos de la sanción de aquel Otro (proletario, indígena) incompasivo, quien al igual que Dios en la historia de Jonás, está dispuesto a hacer pagar a Los B. las culpas de una oligarquía “llena de culpas y pecados”.

En esa medida, Los B. de tradición nacionalista han cedido el paso a “Los nuevos B”, los que hoy compran mansiones construidas con el ladrillo más fuerte de su época, para levantar sobre sus ruinas edificios llenos de brillosos vidrios.

Por otro lado, el desván de la casa de Los B. es también el inconsciente colectivo de la familia, que cuando los mecanismos de represión pierden su poder deja que salgan a flote los desechos contenidos de un pasado compartido, estrellándose en la cara de sus miembros con miserias, olvidos y todo aquello que “El Padre” (poder social de por medio) se encargó de contener.

Hablar de Los B. es también hacerlo del lugar donde la obra es puesta en escena (depósito del Centro Sinfónico). Este depósito, situado simbólicamente frente al Banco Central (emblema de aquello que interpela la obra), es un personaje más: el inconsciente, el vientre de la ballena. Desde su escenografía crea el entorno para un encuentro cómplice con un público que se mimetiza entre sus paredes y es uno con la puesta en escena. El lugar permite ser parte de la casa, que dicho sea de paso produce sus propios ruidos, tiene su propia voz e invita a las vidas de la calle, con sus campanadas y bocinazos a crear el ambiente para el despliegue naturalista de los actores.

Los B. construye un “Melange” para hablar de una familia agonizante en un periodo político también agonizante. Lo anterior no sería posible sin las seis personas que los encarnan, como bien dijo Luis Bredow: Es necesario ver la obra seis veces, para exprimir las seis vidas que se esconden detrás de cada personaje”.

Se resalta el despliegue de Antonia (Mariana Vargas) quien encarna la extrema histeria femenina, capaz de rasgarse las vestiduras al verse perdida o clavarte el puñal por la espalda con una carcajada cuando menos piensas.

Es de destacar también la capacidad de explotar la puesta en escena naturalista de Luigi Antezana (Permanender, segundo esposo de Antonia). La irreverente y espontánea locura de Christian B. (Alejandro Viviani) quien -en la dinámica de la familia- es acaso el más lúcido y representa al rebelde desterrado por el padre.

Mención aparte para Pedro Grossman en el papel de Thomas B, quien exprime al máximo y logra uno de sus más intensos y mejor logrados personajes, lo cual más que sorpresa es simplemente la confirmación de años de riguroso oficio del actor.

Error sería no hablar del genial cinismo de Grunlich (Primer esposo de Antonia), interpretado por Cristian Mercado, el cual representa con exactitud al testaferro de “los nuevos B” y expone-zapatos y vestimenta de por medio- un carisma seductor capaz de burlarse del actual marido de Antonia o sentarse a beber con ambos, clavándoles el puñal donde más duele.

Por último Hanno B. (Mauricio Toledo) encarna con espontaneidad y soltura aquel nieto que exterioriza el dilema al que lo enfrenta ser el último de los B. Muestra -en su aparente candidez- la disonancia entre cargar el síntoma de la familia o asumir su propia historia, tal vez por eso es el que tomará la posta de la locura de Hanno.

Los actores gritan en casi hora y media la oscura y negada agonía de una familia decadente que perfectamente podría ser boliviana, latinoamericana o europea. En esa denuncia, las licencias históricas del guión quedan en un segundo plano y son, desde mi punto de vista, un pretexto para narrar lo que realmente importa: la historia de la intimidad no dicha de una familia oligarca.

Los B. invita a mirar el pasado, riéndose del presente. Luego de verla no se sorprendan si les entran ganas de ir al desván, cantarse las cuarenta y quemar los cachivaches del pasado, eso si todos menos la tina liberadora para el canto o la muerte.

sábado, julio 16, 2011

Illimani.....


Ante el silencio con que mi niña el día de ayer contemplaba el Illimani desde el mirador del Museio Pipiripi, me temblaron los ojos y se me paralizaron los cachetes pensando en su presencia, en la inmovilidad con que permanece vigilante para todos y para ninguno.

Entonces vinieron a mi memoria encuentros y desencuentros y recordé cada una de las mil veces que contemplando la robusta montaña, alabé, rei a carcajadas, mandé a la mierda, elevé plegarias o cruzé los dedos en supersticiosa ofrenda.

Ayer fue la primera vez que sentí algo parecido al júbilo que refería el poeta. El Illimani fue mirado por mi hija, mientras recibia el eco del viento en su pequeño rostro, enrojecido por el viento de la ciudad. Entonces comprendi aquello que Beltrán le dijo a Felipe Delgado:

…Beltrán habiendo trepado con gran agilidad a una banqueta adosada a la pared, abrió de un golpe las dos hojas de una especie de claraboya en lo alto de la habitación.

Delgado, con curiosidad se acercó y subió a la banqueta. Y se quedó sorprendido.

En el fondo del cielo invernal, de una limpidez impresionante, bajo un aura cristalina, con un matiz de color lila profundo, se ofrecía el Illimani.

De pronto, mirando con desconcierto a Beltrán delgado dijo>

---Claro; El Illimani.

----¿Y qué más quería usted?—repuso Beltrán con extrañeza--.

Seguramente lo ha visto mil veces, dos mil veces, muchísimas veces durante toda su vida; pero yo juraría que es ésta la primera vez que verdaderamente lo ve. Con mirarlo una sola vez como se debe, uno está salvado. Se acabó la historia (Jaime Saenz, Felipe Delgado, pagina 160).


Habiendo mirado por primera vez al Illimani visperas del 16 de julio, con la vida fruto de mi vida y con la mitad del camino transcurrido, hoy quiero creer que estoy salvado.

jueves, junio 23, 2011

Sobre los viejos



Escribir sobre la película Los Viejos de Martin Boulocq me lleva a la vieja a idea de que hacer poesía es congelar un instante y preservarlo en palabras. Un poema no viene con manual ni sinopsis, previa que ayude al lector a entender: lo que sintió, odió o gritó el autor, durante el proceso creativo del poema. Algo similar pasa con esta película, la que invita a vivirla dejando de lado manuales cinematográficos o sinopsis previas.

Los Viejos muestra que es posible hacer poesía libre con la imagen, al combinar el “lírico” manejo visual (el silencio de la brisa del altiplano o el amanecer del valle tarijeño) con diálogos cortos, precisos, minimalistas. Los Viejos traduce en el recurso de tomas largas, lo que no es necesario que la palabra diga, lo que subyace a la puesta en escena fílmica y desafía al espectador a significar (desde su vivencia) esta historia de retornos.

Boulouq utiliza la imagen como principal recurso antes que el guión; los juegos con los planos, el cambio de foco, la fotografía impecable de Daniela Cajías permiten (si te dejas), ser un personaje más de esta puesta en escena que nos confronta con el sabor añejo de un patriarca seco en invierno o los viejos dinosaurios (como diría Charly García) y con la necesidad de liberarse de un pasado cargado de dictadores, del que ya está harta la generación de Boulocq.
En esa medida los 72 minutos de la película invitan a generar un vínculo intimista de suspenso entre el espectador y la cinta, el cual cumple mejor su propósito (como fue en mi caso) en la Cinemateca a las cinco de la tarde de un sábado y en una sala con solo cinco espectadores.

Uno debe saber que para este tipo de vínculo hay que estar preparado, ya que las tomas largas y los silencios pueden producir en el espectador dado a manuales: angustia, aburrimiento, episodios de tos, crujir de papas fritas y sorbos disonantes de Coca Cola. Sin embargo para quien acepte dejarse llevar por la invitación de este vínculo mediado por la oscuridad y el silencio, la película provocará y hará uno al que mira con lo mirado.

En sus diferentes escenas la película desafía la concentración e introspección del espectador y plantea la posibilidad de recoger las imágenes, hacerlas propias, asociarlas con un sentir personal, para luego devolverlas a la pantalla. Permite construir y narrar, a partir de las emociones que evoca, el devenir de la historia. Boulocq, al menos en el que escribe, fue capaz de desafiar la paciencia, la angustia y provocar esa “nausea sartriana” que desde Greenaway o Win Wenders no sentía.
Si, la película tiene un efecto existencial, porque pregunta y mueve desde la imagen lo íntimo de cada uno, deviene del vacío a la melancolía, de la metáfora de imágenes al grito de angustia ante la nada de la muerte. Mueve por último a construir un reencuentro cargado de rencores no dichos, de besos robados, de frustraciones, hastíos compartidos y porque no de esperanza.
Para ilustrar lo anterior recojo algunas escenas de la cinta: La niebla descendiendo por la montaña (¿cuesta de Sama?) Ana (Andrea Camponovo) llorando en el bosque y los perros jugando a consolarla con la lengua; el invierno y la escarcha al amanecer del Valle de Tarija; Toño (Roberto Guilhon) caminando por el bosque y sin testamento bajo el brazo dando la espalda a la voz en off de Arce Gómez; nuevamente Ana acurrucada a los pies de un padre rígido y orgulloso en la víspera de su muerte.

Guardo para el final la escena de la que ya dijeron mucho y sin duda seguirán hablando: El encuentro de Toño y Ana en la cocina y la catarsis (motivaciones edípicas aparte) de liberación y alivio al saber que los viejos ya fueron. Cruda forma de mostrar el festejo de que el patriarca (metáfora de una etapa de nuestra historia) se fue con un pasado lleno de dictadores.
El presente irreverente es de los jóvenes y punto, aunque no le guste a la madre de Ana estrenándose como viuda, y se desborde en una magistral y burlesca guerra de fideos y harina en la cocina, en la que Ana y Toño con la banda sonora (recurso retro de cassette de por medio) de un cover desafinado de Hombre Lobo de los Loukass, juegan a “amasar” el fideo en sus cuerpos.
Fideos y harina que luego de una corta y hueca reflexión sobre la madurez, limpiará la viuda, como si de esa forma pudiera esconder las secuelas que deja la risa imperdonable luego de la muerte del padre. Al final el duelo después de ser “bien llorado”, merece también ser “bien reído”, ya que uno tiene el derecho de creer que todavía hay vida y esperanza (para los que se quedan), después del invierno del patriarca muerto. Muerte que en última instancia habla también del entierro de un pasado derrotado.

Lo anterior tendrá su “coda” en aquel final abierto sobre la ruta en la que tres vidas (Toño, Ana y su hijo) viajan a la esperanza, en una pequeña Vespa y con telón cumbiero de Los Ronisch de fondo.
Si, habrá que decirlo esta película merece ser vista y me mostró que hacer cine es también hablar desde el silencio, desde la contundencia de lo no dicho. Los Viejos es una invitación a un duelo cómplice entre el que mira y lo que fue mirado por el lente de Boulocq, pulseta en la cual el único vencedor sin duda será el cine boliviano.

jueves, junio 02, 2011

Seca

Entonces volviste a hablar,
para dar certeza a mi poema muerto,
Cuerpo sin palabra,
acto sin memoria,
verbo cansado,
sábana tiesa.

Tu palabra habló,
muerta en la memoria de despojos.
Sin asombro falso en el olvido,
tu boca en mi pluma,
mi lengua en tu duda.

Tú voz hundida en mi silencio
Yo memoria evocada sin tu verbo.