sábado, abril 26, 2014

Alex y sus actos de fe



Alex volvió a escribir, la verdad dos notas suyas en una semana me sorprendieron. Me habló de su ateísmo confeso, el cual siempre estuve convencido que nació de un inmenso acto de fe. Recuerdo la vez en la que discutíamos y ella se desgañitaba inhalando y me retrucaba. Dios no existe, es un constructo del hombre para explicar lo que no entiende, antes todo era obra de Dios, hasta el poder, “En el principio era el verbo” y  cuando la ciencia sea capaz de explicar “el verbo” se acabará tu Dios me dijo.

Las veces que conversé de religión con Alex, siempre fueron intensas, como intensa la presencia de las sustancias que acompañaban la vigilia. Anarquista y Atea confesa, de familia burguesa y machista, además graduada de un colegio católico, Alex representaba sin duda la contradicción generacional de su época, en realidad su nombre real es María Alejandra, pero se lo cambió a Alex porque, según ella, llevar el nombre de la mujer que a todos veneraban como la madre de un psicótico que se hacía llamar Dios no era coherente con sus valores. Por otro lado Alejandra la sometía doblemente, al repetir el nombre de su madre, casualmente torturada noche tras noche de su infancia por un tal José. En esa medida fue que a los diecisiete se convirtió en Alex y luego dejó a sus padres y se fue a vivir a la casa de su abuela, una especie de Emma Goldman orureña mezclada con Chávela Vargas. Fue en casa de la abuela que se introdujo en la obra de Bakunin, la de Trotsky y amó a Virginia Wolf hasta mojarse los calzones y definió los siguientes cinco años de su vida, hasta el acto de coherencia que hoy la tiene escondida.

Alex sin embargo no pudo dejar nunca a Alejandra, ella llevaba la marca del padre, esa que pese a los sabios consejos de la abuela, la tenía atrapada buscando en cada hombre al golpeador que la salvara a patadas de sí misma. Golpes recibió, pero a ella le importó un carajo eso de la virtud como a la Justine de Sade, sus actos fueron más los de un personaje de Lars Von Trier. Sin embargo hay que reconocer que fue coherente en algo, Alex asumió como un acto confesional su a partidismo y su ateísmo. Decidió creer en ella misma y fue ese el camino que la llevó a estudiar letras y a devorar en la cama, antes de conocer a Nikki, a su docente de literatura “Un Doctor en Letra, experto en la obra de Barthes y Perec y graduado en Paris con honores. Aquel hombre amaba la Torah, La Biblia y el Corán como grandes libros poéticos, decía que tenían elementos literarios increíbles para encontrar ideas para construir personajes desde la sumisión, la perversión, la culpa y el derrotismo. A diferencia de Alex el sí creía en un único Mesías James Joyce.

Volviendo a la carta, Alex me escribió indignada para decirme que si Dios existe se encargó de recordar al mundo que detesta las estatuas gigantes usando la imagen de su hijo, además inclinadas como tótem o falo semi erecto en acto de poder. Al principio no entendí y luego supe que se refería a la foto de la prensa en la que un gran crucifijo erguido en Italia, en homenaje a la canonización de San Pablo Segundo se derrumbó y mató a un hombre. Me dijo que esa paradójica señal podía ser interpretada como un mero acto de azar para alguien agnóstico como ella “la persona incorrecta en el lugar incorrecto debajo de una obra mal hecha que cedió por los fuertes vientos de la época en los Alpes”

Por otro lado me dijo: “desde lo místico que a ti tanto te gustado, podría leerse  como una señal de rechazo divino al show mediático de mañana, algo así como el enojo con los mercaderes del templo y la contundencia con que Jesús criticaba a los fariseos”

Sin embargo (sigue la carta) si fuera creyente diría que es el rechazo a la santificación del humano por parte de otro humano. Creo que si el hombre de la cruz que asumo si existió hubiera estado vivo hubiera dicho “no morí para que me conviertan en un ídolo arrogante y gigante, lo hice como un acto de humilde entrega por todos ustedes y así deberían entender mi mensaje” Por otro lado me preguntó ¿Quién le da el poder a un hombre para decir que otro hombre es santo?

Luego de ese cuestionamiento, se despidió dejándome como siempre lleno de preguntas “la crisis me tiene en un café internet gastando las últimas monedas para escribirte”. Además me recordó que desde la clandestinidad no podía usar una misma dirección ni enviar mensajes desde la misma máquina. También me contó que se cortó el cabello estilo Noomi Rapace “En la segunda parte de la trilogía Millenium” y que últimamente se siente Lisbeth Salander lo cual le genera una deliciosa adrenalina “vivir huyendo de los cerdos me dio una nueva razón para vivir, más fuerte que mi amor a la cocaína”.

Antes de despedirme me dijo que se le está acabando la plata y si le podía prestar unos pesos para escapar a Argentina por la frontera. “Estas en deuda conmigo hermano yo te conté mi historia y la publicarás pronto en un libro, así que lo menos que puedes hacer es pagarme los derechos de autora si no quieres ser el segundo Nikki ja. Yo te diré cuándo y dónde dejarme la plata" Escribió en párrafo amenazante

 “Siento que si llegó a Buenos Aires estaré a salvo”  Buscaré a Alexia y juntas tal vez nos animemos a vender chucherías en San Telmo o quien sabe, tal vez le enseñe a cantar y armemos una banda Punk y si nada de eso funciona, pues aún queda el viejo recurso de la Magdalena.

Como era natural me volvió a escribir de un correo electrónico creado para la ocasión, mismo que luego des habilitó, para que no la  “trakeen” como dice. En todo caso sé que me lee en este sitio, o al menos eso creo y sólo puedo decirle que no tengo respuesta para sus cuestionamientos religiosos, en la medida que soy un hombre creyente y sin duda, hacerlo entraña una batalla diaria para fortalecer el camino en la fe en cuanto certeza de lo que no se ve y mantenerse en el creer y esperar, alimentándose de oración. Eso sí debo confesar que al igual que Alex a mí las canonizaciones siempre me hicieron un ruido molesto. En relación al incidente de la cruz, creo que hay que tomarlo como lo que es un accidente y punto. Desde mi postura confesional solo puedo decirle que a Él no hay que pedirle señales, solo leer las que nos entrega. En cuento a los nuevos santos sin duda fueron grandes hombres, coherentes con la misión encomendada en su momento pero también humanos llenos de errores, uno de ellos en particular por su intolerancia a la teología de la liberación (acordémonos su relación con Monseñor Romero)  y el supuesto encubrimiento a actos de pedofilia. Sin embargo ¿quién soy para juzgar o nombrar santos?

Si todo lo aquí escrito hubiera transcurrido en una conversación cara a cara, Alex sin duda no hubiera estado de acuerdo conmigo lo sé y yo me hubiera quedado mudo ante la contundencia y lucidez de sus argumentos y luego hubiera contado una a una sus pecas en el pecho, deseando besar su lengua hecha de solo carne y perderme en sus pupilas dilatadas de gata. Si hubiéramos logrado dormir juntos ambos hubiéramos coincidido que la cópula es la sacralización del cuerpo, por algunos minutos. Luego probablemente cada quien hubiera vuelto a su creencia. Ella tumbada en la cama, durmiendo puro materia y yo flotando en el techo con el alma llena de preguntas. Al final creer o no creer es no más un acto de fe.

jueves, abril 24, 2014

Alex y sus displiscentes palabras

Hoy te leí, me contaste en una carta de puño y letra que te estás cansando de catres alquilados, que buscas refugio, que la boheme a pasado, que la clandestinidad te tiene presa y a la vez enamorada de la libertad que desborda en tu encierro.

Aún te espero, me dices que volviste al yoga y que tu bondad es excesiva, en relación a la amistad desinteresada que te ofrezco y hay un límite en insistir retomar el nexo. Al final de los finales, como decías cada vez que tomabas el último trago a las tres de la tarde gritando "me falta una mujer, me sobran seis tequilas".

Debo decirte, aunque no leas este sitio, dejarte pistas para que me encuentres y si estás dispuesta a decirme donde estas, al llegar no te garantizo el absurdo aquel que le llaman felicidad, sino la realidad compartida, cruda en la que sabes matar y se como reclamar un buen crimen.

No me busques dices, yo te encontraré, de momento Adeu (copiando al Catalán aquel que conociste en tus noches de la Manzana Tóxica)...Adeu y no te jodo.

sábado, abril 12, 2014

Alex en el espejo de Alexia



Ayer Alex caminando la ciudad encontró en la pared del Katanas un mensaje de Alexia y le sacó una foto, la reconoció inmediatamente por la letra, era la misma con la que jugaron a escribirse poemitas truchos en servilletas a las 7 de la mañana, la madrugada que se conocieron en el Café Ciudad. Ambas muriendo de frío, una con las manos secas por cera y gasolina y la otra con las uñas negras de tanto acariciar cabezas de ebrios. Solas en el mismo café, las conectó que casi tenían el mismo nombre. Hablaron de sus vidas, de los gustos en común, ambas con la misma edad y la misma mirada penetrante de ojos negros.

Alexia en realidad es Alex en el otro lado del espejo, ambas caminaron la noche a voluntad. Alex sabe de Alexia lo que ella de Punk, es decir nada, sin embargo las dos disfrutaron esa mañana cantando “no me arrepiento de este amor” de Gilda en la versión Ataque 77.  Bastó con mirarse aquella madrugada, llorar juntas fumando un porro y susurrarse al oído “dale loca que se puede”. Alexia fue una niña de papá, Alex no conoció al suyo. La  primera dejó Palermo a los diez y siete para irse a vender chucherías en la feria de domingo en San Telmo y luego tomo un “bondi”,  escapó a provincia con un colombiano. El resto fue pura inercia llegó a La Paz, conoció una “paragua” en un alojamiento, tenía hambre, poca plata y aceptó trabajar bailando en un tubo.

Alex por su parte dejó a su madre porque no aguantaba al baboso del padrastro que la manoseaba y se marchó a casa de su abuela y se metió a estudiar literatura, ambas “clase medieras renunciando a lo “concheto” de su pasado.  Alex sobrevivió de la manga de la abuela y Alexia de la sed de cuarentones, al menos hasta el día que Alex conoció a Nikki y Alexia se cansó del Gordo.

Para Nikki  Alex se desnudó mil veces, hizo todas las estupideces que le pidió, durante dos años, hasta lo que ella considera la única cosa coherente que la liberó. Por invitación de Alexia fue dos noches al boliche, vestida todo de negro, solo un par de veinte añeros le invitaron una cerveza y luego los mando a rodar, se dio cuenta que no tenía talento y menos estomago para ser mercancía. Alexia por su parte disfrutaba bailando y emborrachando a los tipos, como le decía. Alexia sabía que eso era falso, parte del cuentito que una siempre se cuenta como auto consuelo, a ninguna mujer le gusta ser puta, eso lo saben todas en el Katanas pero ninguna lo dice en público.

Alex no volvió a ver bailar a Alexia, la última vez que entró al boliche se fumó un nevadito y  se imaginó como un personaje de “Machete” matando a tiros a todos los babosos del lugar y luego saliendo triunfante en un bus rumbo a Coroico con todas las chicas cantando la vieja canción de OM en versión de Llegas “Ya vamos llegando a la cumbre ay mamá” y de ahí saltando al vacío juntas como en una especie de homenaje colectivo a Telma and Louise, pero no fue así, cuando se le pasó el efecto de la torcida  a las diez am se dio cuenta que la realidad es más apestosa, abrió los ojos en el cuarto de Alexia y vio a su lado a tres chicas destruidas y semi desnudas roncando como viejos tuberculosos a su lado y entendió que fantasear drogada  sobre ser una heroína de la prostitución no tiene nada de romántico.

Alexia y Alex se respetan, las dos son de ley, saben vivir y también matar con clase. La gaucha, como le decían en el Club, desapareció luego de pildorear a un gordo banquero en un motel, al verlo tieso se asustó y le metió a la fuerza cocaína para que reaccione y fue peor el tipo trató de vomitar y se atragantó, quedando tieso en la cama. Alexia, aparentemente serena, llamó por teléfono pidió la cuenta, se vistió y pasó los billetes por el torniquete del cuarto con una propina extra, luego pidió un taxi y salió sola del "telmo". Se asustó obviamente y antes de escapar tomó lo que pudo de la billetera. Luego se enteró que el gordo había muerto. En realidad fue un tema de mal cálculo, ella sólo lo quería dormir, no se imaginaba bancándoselo durante una hora encima suyo, pero a las 6 de la mañana una no sabe calcular la dosis exacta y menos conoce cuantos triglicéridos tiene un gordo para que su corazón bombeé intoxicado sin detenerse.

Cuando Alexia le contó la historia a Alex, ella le confesó como se deshizo de Nikki y entonces se hicieron amigas, ambas odian a los cerdos, aunque el de Alex era anoréxico y pesaba 60 kilos y el último cliente de Alexia un obeso. En total se vieron tres veces en un mes una en el Café Ciudad y dos en el Katanas.

La mañana que Alexia decidió retornar a Argentina paró en la puerta del Club y con un lápiz de ojos que sacó de la cartera escribió el mensaje al que hace una semana Alex le sacó una foto y me la mando. La pena que apuntó mal, y justo donde dice “a todas mis ex compañeras” está la sombra de su mano. Ambas saben que están donde deben estar y que deben seguir reconstruyendo su camino.

 Alexia ya no teme, está libre de los cerdos, al menos por un tiempo, mientras vuelve a Buenos Aires en Bus se pregunta si eso del hijo pródigo también aplica a las hijas putas. Alex aún espera el momento exacto para reconstruirse,   de vez en cuando me manda un correo de algún café para que deje claves en esta página que nadie lee, para que su abuela sepa que sigue viva, esperando retornar y empezar de nuevo eso sí en cualquier lugar menos la Manzana Tóxica o el Katanas.

domingo, marzo 16, 2014

Alex y los recuerdos del mar en un charco apestoso.







El cielo casi no se ve a menos que volés muy algo
mate, porro, dedo y queramint 
la vida es este trago amargo
Fito Paez

Alex quiere levantarse y algo la tiene atrapada, no es la abstinencia en todo caso, es algo así como los tornillos del pasado que clavan sus huesos al catre de metal en el que ahora duerme. Extraña ver los cambios en la imagen de la ciudad a la madrugada desde su antigua ventana. Desearía tener la única secuencia de fotos que hizo antes de partir y dejó olvidada entre sus cosas antes irse.

Mientras sus órbitas huecas de otras órbitas, juegan en el techo buscando alguna lluvia de cometas, recuerda cuando a los diez años era la niña de papá y jugaba a sumergirse en el fondo del mar, tapándose con el edredón azul en la cama de su viejo.  Vuelve a escuchar el canto de la marcha de los peces hormiga que inventaba su padre para darle pequeños pellizcos de amor que la emocionaban y daban una sensación de realismo al mar imaginario en el que habitaba el temible y gigante pez cosquilloso que el rato menos pensado llegaría montado en una ola desde el lado menos esperado de la cama y la llevaría a un incontenible ataque de risa.  Papá se fue, el mar de la cama donde pasaba feliz las noches ya no existe, como tampoco su madre que le permitía pasar tiempo con él por un mero asunto de conveniencia, para ir de bar en bar en busca de un tiburón con quien pasar la noche.

Hoy las dos frazadas viejas con que cubre su cuerpo huelen a charco, no permiten ver las estrellas que se formaban en el techo en los viejos juegos del mar, sólo son apestosos cuadrados de lana y poliéster que mantienen el calor de su cuerpo y ayudan a reemplazar la falta de tejido adiposo en muslos, pechos y vientre. Sin embargo intenta y se tapa entera y se hace una bolita, un taco y recuerda cuando le decía a su padre ¿Hazme una cosquilla super mega duper? Pero esta vez no hay respuesta y menos la sensación de alegre ansiedad del juego y de sentirse protegida. Su padre murió cuando Alex cumplió 18, no pudo soportar los monstruos reales y se pegó un tiro y la dejó sola. Su madre lloró la muerte como un acto reflejo y se arrepintió de no haber propiciado una reconciliación con el padre de Alex antes de que ella fuese mayor de edad. Luego del entierro acompaño a Alex una semana y luego salió en busca de alguien que le diera otro hijo a los 38 años, labor sin duda difícil de la que aún no ha vuelto. Alex partió de casa ni bien desapareció se quedó sola y hoy diez años después espera retomar fuerzas para trepar al Illimani y sacar algunas fotos de la ciudad antes de la última partida.

Alex tiene los ojos de su madre, de mirada profunda y de aceituna negra, los labios y cejas del padre, muy árabes para ser paceños, muy gruesas para su flaco rostro. Hoy es domingo, el día más alegre de su infancia y por eso le da náuseas. Hoy quisiera quedarse tapada hasta la cabeza y volver al pasado sereno en casa de su padre, que en cuanto ausencia del espacio con la madre, siempre fue presencia en la vida de Alex, pero no puede, las hormigas que hoy le muerden la piel son fruto de la ansiedad y de los delirios,  el pez cosquilloso se ha convertido en una detestable cucaracha gigante y con tenazas que le muerde todo el cuerpo. Sin embargo, Alex sabe que no pasará mucho tiempo dentro este charco, heredó de su madre la capacidad de actuar, de levantarse y volver al ruedo. Además ya no hay poesía en su vida y eso sin duda ayuda cuando una quiere volver de sus propias cenizas, primero debe esperar que acabe el domingo y entienda que este encierro es temporal y parte del costo de pagar su libertad.

martes, marzo 11, 2014

Alex después de Nikki


Alex se ha ido, al menos eso dicen todos los que la buscan y creen recoger entre los escombros de su apartamento algún mechón de su cabello. Está lejos o cerca, al fin solo ella lo sabe. Mientras miro el viejo afiche, de los tiempos que tocaba el bajo en la banda, aquel  que sobrevive en la pared de una casa de Sopocachi recuerdo su palpitar sangrante y la silente forma de preparar aquello que ambos sabíamos nos dañaba en el fondo del daño.

Mucho hablar, mucho decir nada matizando nuestras madrugadas de Fernet con Coca. Pasábamos de la Chavela a la Frida, de la Pizarnik a la Paty Smith, de la Nancy Spungen a Courtney Love, de Joan Jett a Pat Benatar. siempre Benatar antes y después de los alaridos y risas,  antes de apagar su motor cocaetilénico y caer estampillada encima el colchón o debajo mio, que al caso era lo mismo.

"En lo que ha muerto esto ha nacido, para ser entonces la vida que aún no ha muerto", escribí el día que dejó el escenario y corrió tras los huesos del idiota de Nikki. Ambos sabíamos, estaba claro lo que tenía que hacer, así tenía que acabar la vida de ese pinche "cuetillo posero", mal remedo de Arturo Belano. Así es como había que cortar sin último tango en Paris, sin Punk en Brixton, en un ácido juego de cera y nada más. Alex obró bien, amó bien, mató bien.

Se que ayer volvió, me lo dijeron las chicas del Night Club " La Diosa". Volvió pero ya no es la misma. Nunca se vuelve siendo lo que se pudo haber sido. Hoy está, sin estar estando, con los ojos amarillos, con el  mentón dormido, muerta en la vieja vida, naciendo en la vieja muerte y aún creo que me espera...


martes, mayo 14, 2013

El Sable


 
Aunque en el purgatorio, Alejandra todavía usa  lentes grandes y sus pies parecen cada día más pequeños. Cuando la conocí  trabajaba de productora en una compañía de teatro, sabía cerrar con firmeza los  ojos junto con el telón al final de cada obra. Cuando actuaba, sus palabras entonaban con la fuerza del acero los parlamentos de Ofelia.  Ayer me acordé del dolor que me produjo el día que me pidió prestado el  sable de mi abuelo. Le dije que primero tenía que pedirle permiso al dueño  y ella insistió diciendo  “conseguiría otro pero el sarro de El Chaco tiene la fuerza que la Tramontina Brasilera nunca entendería”
Cuando le pregunté  qué uso le daría a tan histórico objeto espanta fantasmas,  simplemente respondió que sería parte del  uniforme de un actor que encarnaría a un viejo dictador loco y retirado. El personaje, en el clímax de la obra, lo usaría para cazar mariposas izquierdistas. No supe  si ofenderme o llenarme de esperanza ante tan absurda contradicción, por lo que  simplemente opté por levantar el sable, limpiarlo con Ace y  limón y esperar que su actuación tuviera al menos algo de denuncia social.

Más tarde me vi en la obligación de aconsejarle temeroso  que tuviera cuidado con el uso que lejos de las tablas  pudieran dar al sable
-  Todo  actor que interprete a un dictador tiene algo de milico frustrado-, le dije. La verdad temía que el supuesto dictador luego de cazar mariposas imaginarias en la obra la emprendería contra las bien torneadas cervicales de Alejandra.
Ella pareció no preocuparse por mis advertencias, es más el día que  recogió  el sable llegó alegre, había fumado mucho  y tenía los ojos iluminados del rojo de gata alegre, me lanzó humo en la cara  y bailó una especie de candombe en la puerta de casa y me confesó con sereno optimismo:

¿Sabes que el abuelo de mi marido también fue milico y me contó que ellos cogen  al ritmo de marchas de caballería y contra los mitos populares ninguno lo hace con gorra, sino más bien con las medias puestas? No supe que decir,  simplemente  le entregué el sable, esperando que el espíritu de mi abuelo no cabalgara en la espalda de Alejandra y me lo devolviera pronto. Después guardé silencio y entendí que  una mujer que pide un sable prestado y baila candombe en tu puerta es de temer y tiene en las venas  más acero que miel,  por eso ya a solas guardé cada una de sus palabras dentro de un vaso con bicarbonato y sal,  luego me las tomé de un sorbo y las escupí  sobre un papel para quitar el sarro y la cursilería de mi poesía.
Antes de irse me dijo “Te recuerdo que los milicos sólo clavan y clavan, sin caricias. Los escritores por su parte saben preparar el terreno con palabras para que otros usen la bayoneta y los actores  esos sí que decapitan tus  sueños con sables de utilería.

Alejandra siempre fue una mujer de batalla por eso le dio buen uso al sable, no murió ninguna mariposa imaginaria en la obra,  contra todo pronóstico y fuera del guion el acero de mi abuelo sirvió para para librarse de quien hace años la acuchillaba con palabras en la cama. Luego de ensartar a su marido al colchón al ritmo de candombe, psicóticamente poética como siempre, escribió en la pared con el sable "más vale óxido modelo 1935 a Tramontina 2013" .

Mientras escribo esta confesión, Alejandra duerme en paz  soñando con Ofelia en un lago de algodón neuroléptico en el hospital.  Por mi parte  estoy tranquilo, ayer supe que el sable de mi abuelo, se exhibe orgulloso en una vitrina del museo policial junto a la navaja del Sambo Salvito y puedo verlo cada  vez que quiero, eso sí todavía no entiendo porque los milicos lo hacen con medias y no con gorra.

 

sábado, abril 13, 2013

Pajas de Oficina II


Neuróticamente hablando, llenar el formulario RC-IVA es un deleite lleno de placer para el obsesivo. Entre sus rituales más eróticos se incluyen: planchar facturas, el orden por rubros, por meses, por horas y por montos, el registro cuidadoso ejercitando la alegre verificación de NIT y nombre, el uso de puntabola roja en los errores y azul para validar las facturas bien llenadas, el sonido de una factura arrugada dentro el puño cuando está mal hecha y el disfrute basketbolero de lanzarla al basurero. En el clímax del acto se encuentra verificar en el formulario DA VINCI y deleitarse al leer el mensaje de la computadora que dice NO EXISTEN ERRORES EN EL FORMULARIO, premio que para el buen neurótico tiene la misma intensidad del beso de la amada. La paz es inexplicable cuando luego, con la sensación del deber cumplido se agrupan las facturas en grupos de diez o veinte y se las engrampa con cuidado en la esquina superior izquierda y se las entrega al responsable de revisarlas dentro el plazo fijado por la oficina (usualmente el 15 de cada mes) El operario diligente que tiene el rol de revisarlas, si tiene la suerte de haber elegido ese trabajo por vocación obsesiva (lamentablemente pocas veces ocurre) recibirá con ansiedad las facturas de varios empleadas e iniciará la orgiástica tarea de revisarlas nuevamente una por una y deleitarse al encontrar errores. En caso que el declarante haya realizado la tarea con descuido y desidia el placer para el revisor se intensificará y podrá ejercer el poder del lápiz rojo que cual falo erecto empezará los embates del rechazo de facturas y la anulación de formularios con una X de extremo a extremo de la hoja. El buen neurótico hará su tarea sin que se le mueva un pelo y no se dejará intimidar por las quejas, los llantos, los intentos de seducción y chantaje de declarantes desordenados clamando que les permitan rehacer el formulario para que no les descuenten impuestos en el mes. El buen neurótico que además de revisar formularios ajenos predica con el ejemplo porque horas antes concluyó el suyo sin errores, con deleite mirará a los ojos de aquellos mediocres y desordenados colegas y les dirá "NO el formulario RC-IVA es una declaración jurada y es su responsabilidad hacerlo bien" En ese momento el obsesivo confirmara que es capaz de tener orgasmos múltiples.

martes, abril 09, 2013

Pajas de Oficina III

Los papeles por firmar,  caprichosamente esparcidos sobre mi escritorio no son ni´pétalos ni ramas secas, son simplemente el recordatorio de la burocracia que disfraza tu ausencia. Tú sabes bien que la eficiencia laboral prohibe las saudades y morriñas y que la concentración invertida en nostalgiarte es inversamente proporcional a las actividades que generan el dinero para pagar deudas. Sin embargo en cada firma te evoco sin importarme que en alguna calle las hojas secas de los árboles esperan el pisotón de tu olvido...

lunes, febrero 04, 2013

Huecos y estornudos (reloaded)



A veces esos agujeros, tan hondos, tan de Moebius en el fondo de la panza, tan parecidos al hueco del espíritu, se llenan simplemente con el tacto.

Tanta vuelta existencial, tanta náusea de parque contando hojas secas, reverberante en la nada de esta vegetada existencia, a veces parecen llenarse con el sabor corto de un instante, de un cote cote, del old in and out, de un juego de vientres.

Esos suspiros de angustia, de sabor gris, es posible que desaparezcan con el acto del verbo. No habló de aquel bíblico del Génesis, si no de aquel hecho carne, del incorrecto, del mal pensante, del que grita lo tachado por la palabra y que en cuanto copula es en el infinitivo entrar y dejar entrar.

Es una lástima sin embargo que la náusea desaparezca sólo algunas veces con el engañoso recurso de pieles, que le petit morte, dure lo que un buen estornudo. Ya que suele ocurrir, la mayor parte de las veces, cuando las sábanas vuelven a estar quietas, cuando las pieles vuelven a estar secas que retorna el sabor a mareo y el vacío late más grande. Entonces cuando el hueco vuelva a demandar una respuesta surge una de diez veces (las otras nueve se ronca) la pregunta existencial ¿miramos el techo o hablamos?

Yapa: Queda el consuelo científico que luego del acto, viene la resolución y otra vez podemos poner un curitas a las dudas existenciales.

domingo, febrero 03, 2013







Hay una especie de abandono en este presagio, un no aceptar que el hpy no se alimenta de miradas del pasado, sin embargo hace un tiempo que la añoranza tiene la certeza de tu rostro, por eso sin apuro hoy te convoco.


Se que llegarás y cuando lo hagas, no serás Penelope, lo harás pronto, tal vez envuelta en aire o quizás en forma espuma, o simplemente humana,  para el caso es lo mismo, tu retorno suavizará el aura languida de este espacio que te nombra.

Llegarás, ni más cauta, ni más clara, ni mas firme, así con tus lados tan mundanos, con tus afanes cotidianos y con algo de ese mutismo que tanto dice.

Es probable que cuando lo hagas recogas cada uno de tus silencios incrustados en el techo, arranques cada una de tus risas clavadas en la ventana y quien sabe tal vez como última ofrenda me convoques a la sal de tus rincones.

viernes, mayo 18, 2012

Crónica de El Mundo de los Elefantes I


Nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al currelo (Joaquín Sabina)

Quiero escribir y sólo escupo informes, fue la frase que me vino a la cabeza en mitad de una reunión en la que con mucha seriedad nos enfrascamos en la tarea de ponerle numeritos a una lista de cargos (metodología Hay para los que conocen de Recursos Humanos). Serios señores de corbata jugaron conmigo durante ocho horas a alquimistas, yatiris y científicos, trasladando la subjetividad a una metodología disfrazada de rigor positivista, que no es más que una forma de ponerle precio a los cargos que ocupan los empleados de una empleada (mi alter ego burócrata se sentirá ofendido al leer esto, pero que se aguante  hoy vengo sin corbata).

Mientras perdía el tiempo, ordenando con marcada obsesión los juegos de poder interno en un proyecto de Manual de Funciones, recordé a Cesar Vallejo con lo de “quiero escribir pero sólo me sale espuma”, muerto de ganas de robar aquel magistral verso que hace más de 30 años, tomó Prestado Pedro Shimose como título de un poemario, acabé gritando ¡últimamente sólo escribo informes! Razón por la que dejé en suspenso el avance de mi libro de cuentos, una dosis de veneno burocrático fue suficiente para minar mi energía y dejar en coma sus páginas.

Como paliativo para el ánimo, en mitad de un ataque de gastritis, descubrí que los amigos de sistemas que bloquearon Facebook y Twitter no se metieron con blogspot. ¡Buena noticia! Que atenuó mi reflujo y me llevó a saber que a falta de seguirle el paso a los chismes de las redes sociales, volveré a actualizar esta bitácora que no sé si todavía tendrá lectores (comenten para que sepa)

Al escribir escucho “y si amanece por fin” de Joaquin Sabina y aplaudo aquella magistral frase que dice: “ la buena reputación hay que dejarla dormir a los pies de la cama, hoy tienes la ocasión de demostrar que eres una mujer además que una dama” Agradezco al maestro Sabina por tocar mi saudade y volver a sentir el sabor de la espalda de la mujer con la que hace dos noches tomé vino hasta las dos de la mañana, repitiéndome el mantra sabinesco “nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al currelo”.

Con el sol de la tarde paceña pinchando mi brazo, recuerdo el deliberado desafine con el que T “ la mujer de las diez citas en diez años” me cantaba al oído …y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres”, para luego brindar por Joaquinito y confesarme que su mayor sueño es llevarlo a su cama para jugar con él a ser su Margarite Duras versión paceña -Para envidia de El Nano, Sabina debería saber que por acá hay una boliviana que lo caminaría con glamour- Me dijo la del perfume lleno de Deja Vus que  aquella noche fue lo mismo.

Media hora antes de que la vorágine laboral me lleve a jugar entre reuniones, informes, pulsetas de poder, metáforas de palo y zanahoria, canto “porque comerse un marrón si la vida se luce poniendo ante ti un caramelo” muerto de ganas de saludar al caramelo con miel en los ojos que trabaja en planta baja, antes de que llegué Pepe Cortisona a reclamarme que ya es hora de entregar mi matriz de avances.

martes, marzo 06, 2012

Mordeduras

Con mordiscos de ausencia se recibe el silencio,
hay que saber aguantar la larga
noche sin decir nada.
¿Qué fuerza habría en repartir lágrimas a los invitados como pétalos negros?
Por eso es mejor sacar a todos a empujones, sentir los dientes del
mal y esperar...esperar.

miércoles, febrero 22, 2012

Carnestoleando

Carne en la carne, que añora otra carne. Carnestolendas que se comen en cuaresma.

domingo, febrero 05, 2012

De la Generación Y al Chavismo en La Paz (Pintando Sonrisas en el medio)

Grupo de niños y niñas de la Cárcel de Mujeres en el Festival Venezolano



Yoani Sanchez, foto robada de su perfil




La cubana, auto repatriada Yoani Sánchez, escribe en su blog Generación Y lo que siente la generación del Centenario de la Muerte de José Martí, de la cual es parte. Busca como la Generación del Centenario de su Nacimiento, que en 1953 tomó el Cuartel Moncada, una nueva revolución en Cuba. Ella no vive en los tiempos en que Reinaldo Arenas tenía que esconder sus escritos mecanografiados en el techo de la casa de una tía arpía, pero poco ha cambiado la libertad de expresión en Cuba desde entonces. Hoy hay sólo tres computadoras por cada cien habitantes. A Yoani la idolatrán o la odian en La Isla y ella sigue escribiendo, defendiendo la consigna que pegó en la puerta de su casa “Internet para todos”.
Yoani se expresa en un blog y desde su cuenta en twitter que a la fecha tiene 210,780 seguidores . La blogosfera y las redes sociales le dan la libertad que el gobierno restringe y con la ayuda de turistas puede acceder a comprar tarjetas de internet. “El otro día di un paseo a dos norteamericanos que al final me compraron una tarjeta de cinco horas. Eso puede durarme todo un mes si lo administro bien, porque yo trabajo todo offline primero” (extracto de entrevisa a Yoani Sánchez, realizada por Leo Felipe Campos, periodista venezolano y publicada en El Malpensante #124).

Luego de terminar la entrevista me pregunté sobre como hacer universal la consigna de Yoani “Internet Para Todos”, ahora que la “paranoia del imperio” (léase con tono chavista) quiere aprobar proyectos de censura a la libertad en la web.
Sin duda un blog puede ser la forma de hacer pública tu vida para que el otro se apropie de tu intimidad o una plataforma de libertad donde lo público, cernido en la intimidad, sea devuelto al mundo, como denuncia y crítica. Yoani pertenece a este segundo grupo al cual deberíamos ir migrando los blogueros histriónicos, contando menos nuestras devaneos existenciales e interpelando a nuestros gobiernos un poco más.
Su nota del 31 de enero habla sobre la visita de la Presidenta del Brasil de Dilma Rousseff a la Habana. Brasil es el segundo socio comercial actual de “El Raulismo” como ella dice. Yoani habla de cómo esa visita fue empañada por la muert, luedo de una prolongada huelga de hambre, de Wilmar Villar Mendoza, joven disidente cubano y a quien el gobierno de Cuba tildó de delincuente común. Después de leerla me acuerdo del acto pro Chavista organizado ayer por la Embajada de Venezuela (Primer socio comercial y político del Gobierno de Evo) en la Plaza de Obrajes. En ese acto escuche analogías entre la toma del Cuartel Moncada y el Golpe del 4 de febrero, parangones patrióteros y trasnochados entre la Revolución Castrista y la Chavista y recordé a la Generación Y de Yoani.
Pese a todo rescato de aquel día el espacio que la Embajada de Venezuela dio a la Fundación Pintando Sonrisas (de la cual formo parte), para promocionar la campaña por un vaso de leche para los más de mil niños y niñas que viven con sus padres en las cárceles del país y que por los cuales no hace nada la Revolución Evista. Entre el sonido ensordecedor de los hurras al Comandante Chávez, a la memoria del Che y al paraiso que hoy es Venezuela gracias a Chavez, las voluntarias de la campaña hicieron lo que pudieron para que veintiséis niños y niñas del Centro de Orientación Femenina de Obrajes jugaran por algunso minutos en libertad, olvidando que su hogar es una celda.
¿Algo así sentirá Yoani los diez minutos diarios que accede a internet? Me pregunté antes de irme.

miércoles, febrero 01, 2012

Infinito inconcluso I



Hay más libros en el mundo de los que podré leer mientras siga en él, razón por la cual me propongo terminar la lista de los treinta libros pendientes para este año y no comprar más libros (sé que lo segundo es irónicamente imposible) ¿Quien podría ser Borges para construir y habitar en la Biblioteca de Babel? Somos mortales, limitada y humanamente mortales, leyendo la obra de otros que murieron antes, dejando varios libros inconclusos y así será hasta el fin de los tiempos. El que nos mira desde arriba lo sabe y ríe de mis banales angustias.

Antes de dejarme atrapar por este juego de preguntas sin respuesta, escribo estas líneas convencido de que por hoy Cesar Pavese, Santa Teresa y Roberto Bolaño deben retornar a la biblioteca, ya que mi memoria ha empezado a confundir, confesiones místicas, diálogos con dioses griegos e historias de asesinatos con episodios de mi propia vida ¿será este el preámbulo de una vejez llena de ficción?

En fin, con el cerebro adormecido, encuentro alivio escuchando Lover Man de Charlie Parker, quien parece decirme con su saxofón que Johnny fue un simple impostor y Amourous, una perversa broma de la memoria de Cortazar.

domingo, enero 29, 2012

Sobre el combate de palabras (Con Salinger, Saenz y Bukowsky en el corazón)




¿Si no es ahora, cuándo? Repite la voz que me susurra al oído izquierdo, recordándome el tortuoso mandato de escribir con plazos y estructura, con la única diferencia que esta noche me encuentro lejos de la resaca liberadora, lo cual impide un fluir más a tono con "la boheme".

Displicente con mi propia palabra, escribo olvidándome de la técnica de mecánico, esa que recuerda: usa giros de tuerca, vueltas de elipsis, omite todo oxímoron. Que te exige poder la maleza de un cuento y jalar la cadena, para que se vaya por el inodoro el excremento de diez barrocas páginas, depurando la reencarnación de Ema Zunz en una mujer de El Acre (que agravio diría Silvina Ocampo).

Vuelvo al formato liberador que me da el blog, aquel que estaba de moda hace siete años atrás y llevó a más de uno a colgar sus chismes de cocina, sus poemas de amor, sus recetas financieras en algún sitio que hoy es basura en el ciberespacio. He vuelto para ver hasta donde se puede llegar en este formato, en tiempos en que la economía de palabras del twitter regula a poetas, periodistas y chismógrafos.

La pasta recalentada tiene buen sabor, más aún si no es en micro ondas. Como y mi ojo derecho mira, con una mezcla de júbilo y serenidad, a mi hija de ocho años, me acompaña frente a su propia computadora. Juega mientras yo escribo, crea un desfile de modas para Barbie, lejos de los libros que quiero que empiece a leer y aún no quiere abrir (que sea lo que quiera pero libre, pienso) Su presencia ilumina esta sala y sus risas espantan a los demonios que tan a gusto estaban en mi soledad, como añoran los malditos, aquellas madrugadas de desperdicio, de tóxica pluma y aguardentoso canto. Añoran derrotados porque saben que este lugar los exorciza con la presencia del amor que salva.

¿Qué pensaría J.D. Salinger de mi falta de agorafobia y reducidos encierros que han derrumbado mis esfuerzos de ermitaño? No sé, tal vez tendría envidia. Ayer veía una foto suya en el Facebook, lo mostraba en sus tiempos de gloria, con el cabello bien cortado, un elegante traje gris, eso sí ya conjuraba las miradas con una cortina de nicotina. Buena foto pero nunca igualará a esa que le sacaron en al salir de hacer compras en sus últimos días. Hay viejo J.D. debo confesarte que las últimas veces que fui al supermercado insulté y mordí igual que tú. Hace un año estaba seriamente convencido de recluirme para seguir tus pasos, pero ya ves la vida me sorprendió este nuevo año con grandiosas bendiciones y me salvó de la jaula, para regalarme los fines de semana llenos de la presencia de mi niña en casa. Si me hubieras visto hoy plantando margaritas a su lado en el jardín y curando con cuidado el tallo de una rama, si J.D. te hubiera sorprendido la magía en la mirada de la infancia, quien sabe talvez te hubiera salvado o terminado de condenar.

Hablando de la paternidad y las letras, se me ocurre que habría que jugar ouija y preguntarle a Jaime Saenz, ¿qué piensa hoy muerto de su poema al pasar un cometa? ¿le servirá de algo desde la tumba cortarse las costillas con serrucho para entregar el corazón a su hija. Tal vez respondería, en su estílo, que que "la muerte es una cosa bien muerta" y por tanto no hay corazón seco que lata en la mano de su hija desde el otro lado de la noche. Quien sabe tal vez con Jourlaine a su lado hubiera escrito menos y amado más, o ni una ni otra cosa.

En fin, me pasa muy seguido ya vez, que empiezo a narrar con la firme intención de hacer un diario, con la clásica formula en primera persona, que me acabo desviando, como en este instante que me acuerdo de de aquel poema del viejo Chinasky que decía:

y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien
igual.


Termino de leerlo y me espanto frente a los cinco meses que me puse de plazo para concluir mi libro, ese que hablará de los Ajayus de mujer víctimas de violencia. Entonces se que no puedo perder esta pelea.

Debería hacer como decía Isak Dinesen “escribir todos los días sin esperanza ni desesperación” y algo saldrá o como decía Bukowsky con harta cerveza. Sin embargo me desespero rápido y no tengo cerveza.


Creo que debería volver a mis perros viejos que pelearon tan bien: Cortazar, Saenz, Hemingway, Joyce y tomar más cerveza, aceptando que escribir en domingo no se me da muy bien.


En honor a la verdad de mes en mes, añoro ser un poco más como el viejo Salinger y un poco menos como Benedetti, pero ya ves acá estoy entre la necesidad de una tregua y las ganas de volver a leer The Catching in the ride, para luego seguir dándole duro a este teclado, duro en mi solitario combate, eso sí con mi hija a mi lado.

sábado, noviembre 12, 2011

Sobre el cuerpo I

Hay certezas que provienen del músculo, el hueso, las uniones pegadas a fuerza de sangre y nervio, verdades que confiesa la envoltura. En ese momento sabes que el cuerpo habla lo que el otro que lo habita calla. Es ahí que se revela el delirio que susurra y confiesa: el cuerpo vive en el dolor y duele en el vivir.

Entonces parafraseando las imagenes de Jaime Saenz, habría que concluir que sería mejor no decir nada y recorrer esta distancia esperando el dia en que las tripas se revuelvan y las vertebras se compriman hasta sacarte tus jugos y fluidos y dejarte hecho despojo de despojos en un viejo catre. Habría que saber de una vez por todas que el que habla lo hace desde un lugar que no termina ni empieza en la envoltura y que la palabra es sin carne y sin embargo a su vez es verbo del cuerpo.

Mientras tanto en la espera miro mi mesa en la que están: el borrador de un texto que escribi por encargo sobre la muerte de una mujer que no conocí,un viejo ejemplar de la revista ECO el año 1968 (con algunas cartas de Pavese) y mi ejemplar de Rayuela escoltado por una botella de Coca Cola (vaya a saber porque le dio la gana de salir hoy). En esa escena me pregunto por lo que pasa al medio, en la silla que me sostiene, debajo de mi gluteo izquierdo, donde presiona como dedo de torturador e irradia como trueno el dolor del nervio, aquel que dice lato en ti porque me da la gana y te jodo porque puedo hacerlo, porque me otorgas el espacio para recordarte que en ti habito, porque soy cuerpo vivo en palabra muerta y tu no podrás hacer nada.

Si hoy sería mejor no decir nada y seguir escribiendo mientras el coctail de pastillas analgésicas que tomé vaya haciendo efecto, engañando al nervio al disco que no suena pero que comprime.Si hoy el hablar del cuerpo (con su persistencia china de gota de agua en la frente) se irá desvaneciendo, por unas horas,por unos minutos y mientras tanto es justo y necesario:

Entregar desde la nada de la palabra herida en la palabra, mi dolor adormecido a la Maga añeja y ausente de Cortazar para quue haga algo con este dolor de mierda y lo lanze al Sena.

sábado, octubre 08, 2011

Desde el ventanal

Escribo desde el Café Alexander del Multicine (Avenida Arce entre Gosálvez y Pinilla). Por el gran ventanal del segundo piso recibo los saludos ruidosos de la ciudad que despierta en sábado. Frente mío hay una casona abandonada de los años cuarenta que tiene un altillo en el que mi imaginación busca la silueta de Norman Bates de Psicosis. La casona tiene una reja negra con la advertencia de no estacionar, un graffiti con pintura plateada y letras sin sentido se sobrepone al letrero. A la derecha la Universidad Militar EMI que ofrece en un letrero guindo su oferta de programas de doctorado. Al ingreso tiene un estandarte con una bandera boliviana, mis ojos buscan la whipala. A mi izquierda- dentro el café- una mujer de no más de treinta es la encargada de limpieza de este lugar. La mujer acaricia con firme dedicación el ventanal de vidrio que me separa de la calle; se para de puntas para llegar a una esquina, encorva la espalda para limpiar una mancha. Tiene cicatrices en el pómulo de alguna eruptiva y un gorro que esconde su cabello amarrado; sus ojos guían el ascenso de un trapo hasta la esquina superior izquierda de la ventana, trapo hambriento que asciende en busca de arañas.

Por un resquicio entre el pilar y el balcón interno de madera del café, frente a un gran letrero de publicidad, sentada en el borde de la acera una mujer de pollera roja y saco azul (puesto al revés) pide limosna, sus canosas trenzas reciben el sol y una gorra de llana con dibujitos de llamas juega a proteger de la radiación su rostro lleno de surcos. Por su delante pasan seis mujeres jóvenes apuradas, aligeradas de ropa, aligeradas de misericordia. La séptima mujer llega de un puesto de comida y le entrega una taza de café y un pan, la anciana bebe el café en tres sorbos y deja el vaso a su lado, junto su pollera, luego toma el pan y lo mira mientra espera alguna moneda. La anciana espera la caridad de las vidas apuradas mientras come al sol y finge cuidar autos, indignante forma de sub empleo para una anciana ¿será que los ladrones la respetarían si los pesca robando?

Las encías de la vieja mujer sorprenden, muerden con fuerza el pan con algo adentro parecido a una mortadela. La mujer aún no ha recibido ninguna moneda, veo que vuelve a estirar la mano, esta vez haciendo un ademán con los dedos como aquel que se usa para llamar a un perro, gesto que esta vez va dirigido a un hombre de lentes negros y chamarra rompevientos. Pienso que la mujer tiene todo el derecho de hacerle “psst, psst” como a perrito al joven hombre, porque ella merece el respeto y no viceversa.

La mujer que lava vidrios se ha ido, a mi derecha en la mesa del lado conversa una pareja, el hombre lleva barba y poco pelo en la cabeza, es un conocido mío pero finjo no haberlo visto. El habla de sus sueños, ella da la vuelta la cabeza para ver algo en un edificio (tal vez el apartamento que el añora comprar). En la calle ha estacionado un camión transportador de valores de Brinks lleno de dinero, el vehículo da sombra a la anciana que come y espera una moneda.

La indignación llena mis ojos al leer en el periódico que una niña de dos años murió ayer luego de una semana en coma por la golpiza que le propinó el padrastro en complicidad con su madre. Más abajo otra noticia habla de otra niña, esta vez una bebé de ocho meses, la cual está en cuidados intensivos por que el padre quiso envenenarla con raticida para no pagar asistencia familiar.

Respiro y me sobrecoge el llanto caprichoso de una niña en el piso inferior del Café. La menor se niega a desayunar “una niña fue envenenada con raticida porque el padre quería evitar pagar su alimentación “vuelvo a pensar.
La mujer que lava el vidrio ya no está. Levanto los ojos busco respuestas en las nubes y reparo en un edificio en construcción. En el piso 15 veo sobre un andamio cuatro hombres de espaldas descansan, llevan overoles y cascos (al menos tienen protegidas la cabeza). Me recuerdan a la clásica fotografía de cuatro obreros sentados en una viga de acero en una construcción en la Nueva York de los años 30. La Paz no es Manhattan me respondo, es la ciudad en la que los camiones llenos de dinero parquean en doble fila detrás de una anciana limosnera y donde apresuradas las mujeres jóvenes entran a un gimnasio para quemar las calorías de más, para construir el cuerpo que las revistas venden que han visto anoche en el Show de Tinelli. Esta es la ciudad, donde todavía hay ancianas que piden limosna en las calles, padres homicidas de sus propias hijas y bebes que gritan porque se niegan a comer su abundante ensalada de frutas.

Esta es mi ciudad que despierta con furia y me lleva a recordar: Si miras con paciente detenimiento lo que tus ojos ignoran escucharás en el eco de estas vidas, las mil razones que laten y te muestran tu pequeñez aburguesada.

sábado, agosto 20, 2011

Shsss



.....Morder sin abrir la boca...

martes, agosto 16, 2011

Veinticinco veces en la noche una sola noche veinticinco...



A los 25 años de la muerte de Jaime Saenz, comparto un textos y un poema dedicados al poeta, que publiqué en el año 2008 en mi libro Trajines y Haceres

Encuentro con la noche

(En el lugar que no se expande)

Ingreso por el mausoleo de los notables, que dan su nombre a las calles que hoy transito, alineados: Belisario Salinas, Rosendo Gutiérrez, Villalobos, Riosiño y otros, esos de los que pocos saben lo que hicieron, esos que todos caminan a diario por su espalda de asfalto. Me acuerdo cuando ella me dijo que son sólo calles, que su nombre en la memoria colectiva representa sólo puntos de referencia, lugares de encuentro. Pocos se acuerdan que hicieron, que fueron para esta ciudad, para que tengan un lugar perpetuo con vista al Illimani, pocos se acuerdan, menos tú.

Tres de la tarde, se nubla la escenografía del lugar y un nuevo encuentro con la muerte me conmueve. El féretro sale de la capilla, en hombros de primos y sobrinos. Enrique, solterón y músico de banda ha muerto el viernes, con hueso de pollo clavado en la garganta, su cuerpo pesa más que la tuba que apretaba su espalda. El sol sale con fuerza, los vivos, en traje negro, hacen planes para el platito de las cuatro, para la cerveza fría, listos para bailar en vida el recuerdo de su muerte. Cuentan chistes de esos de Pepito, se juntan detrás de la sobrina de falda campana y de reojo le charlan a sus piernas. Las deudas lloran, fieles a su guión, con una mano en la boca y la otra sonriente porque no lavará más los calzones del músico.

En el trayecto, por laberintos de nichos, he decidido buscarlo. Con la tentación irreverente, he decidido llamarlo por su nombre y luego la contundencia de su obra ha hecho que sólo callé y decida buscar su tumba para rendir un homenaje silencioso.

Poeta de la noche te busco cerca al gran portón. En aquel ingreso en el cual te preguntaste por las razones que hacen que este cementerio no se expanda, siga igual con los años, por la misteriosa forma de maqueta de nichos que no crece y que hoy te alberga.

Pregunto y nadie parece conocerte, los niños, que se hacen llamar guías se ríen al oír tu nombre. Por radio el guardia pregunta para ubicar tu tumba. Alguien susurra que moras al lado de Gilberto Rojas y que si sigo recto clarito veré el árbol grande que te da sombra. Un guardia municipal decide acompañarme a tu encuentro.

En el camino el guardia me cuenta que es sereno por las noches y que los más viejitos, dos porteros antiguos, conocen bien a sus muertitos. -No hay caso de pestañear, grave te jalan la pata y sordo te vuelves con sus ruidos-, me dice. Le pregunto por aquella mujer misteriosa que decidió cuidarte y de la que nadie hace un tiempo tiene noticias. Limpiaba tu piedra, cambiaba tus flores, hasta que la familia la sacó tostando, el guardia me responde que no sabe de quien hablo, que hay muchas rezadoras que adoptan muertitos en este lugar.

El encuentro con la última morada del poeta es abrupto y seco. Piedra en piedra rota del Choqueyapu, gravado su nombre en tinta negra. Descanso al caminar y buscarlo, camino al descansar y encontrarlo.

La arena cubre su noche, su distancia recorrida. Hoy crecen hojas de Eva desde la pared de adobe que da sombra a sus jarrones llenos de lilas. Una pluma reposa en la greda de su tumba, varias piedritas de esas con cuarcitos negros, dibujan lo que parece ser el contorno de su cuerpo en la tierra.

Los niños no conocen su nombre, las señoras que hablan de sus maridos muertos, me miran sentadas desde la fuente seca, no entienden mi silueta apoyada en su árbol. Me piden una punta bola, rompen el silencio de mis palabras a su noche, anotan una dirección, -el tío Alberto está por allá, en el cuartel nuevo- dicen.

“La Ramona” con viento ha empujado el vaso con claveles y el agua ha mojado unas plumas de pollo que quien sabe que hacen ahí. Flores secas abundan, hay un jarrón negro, otro de greda con motivos mexicanos. Caigo en la osadía de robarle la pluma de ave que reposa en su piedra y un poco de su tierrita, para tenerla en casa.

Reposo de este andar en la morada del poeta. Las palabras no vienen se niegan a decirle algo, su morada permanece de espaldas al Illimani. Sus restos contemplan laderas serpenteadas y acogen mi silencio. Cosa vana elevar una plegaria a su nombre, importunar su noche con falsos afanes de amistad, cosa extraña mirarme en su nada.


Piedra en Piedra

En esta arrogancia te nombro,

invasivo e irrespetuoso

Mis manos han levantado tu pluma,

mis dedos escarbado tu arcilla,

creyendo ser palabra de tu verso,

en el robo de tu tierra



Descanso al caminar y buscarte,

camino al descansar y encontrarte,

moras en tumba de arcilla en piedra,

la roca cubre tu noche, tu distancia recorrida

Silente delirio, responso al verbo de la noche

Hoy el eco de tus huesos es semilla,

arbusto seco, champa vana.



He permanecido, sin decir nada,

vigía, en la memoria seca de tu musgo,

Tu ser se baña en la crepuscular forma

del tiempo sin tiempo

del cuerpo sin cuerpo,

verbo en el polvo



De espaldas al Illimani, de frente a la comarca

Tus huesos, de ladera serpenteada,

de ladrillos empinados, acogen mi silencio

Tus órbitas, buscan el viento de su estrella.



Cosa vana hoy elevarte una plegaria.

Cosa extraña hoy reflejarme en tu distancia