lunes, enero 15, 2007

El encuentro

Pidiéndome que la escriba, me llamó al amanecer, con ansiedad, para contarme la historia y del insomnio que lo tenía vomitando ese cuerpo hace días. Quedamos en tomar algo y charlar, él creía que con mis aires de cronista podía servir de un buen escriba para recoger su historia; nuestra amistad hacía imposible rechazar el pedido.

Él era un personaje mágico, no por el aura que proyectaba a la gente o los sentimientos que despertaba en otros, sino más bien por la cantidad de supercherías con las que llenaba su vida y, a la vez, es justo también reconocerlo, por ese afán de vivir en su propia historia, la de personajes literarios, los propios y los prestados. Se consideraba un espectador de sus días, un ser que miraba de palco lo que le pasaba, tal vez por eso la angustiante necesidad de narrar una y otra vez sus experiencias a alguien que les pusiera nombre, armara la puesta en escena.

Por azares de la vida, me encontraba clavado hace años en este rol de escriba, ofreciendo mi servicio en la prensa local como transcriptor de historias de todo tipo. Debo confesar que no me podía quejar, el oficio me permitía costear el alquiler y mis cervezas. Él había leído muy bien mi morbosidad en esto de recoger historias ajenas, y luego, contra el compromiso de confidencialidad asumido con el cliente, desnudarlas en el papel, en internet y en panfletos literarios de poca monta; por eso, tal vez, el nexo entre nosotros dos, aunque es necesario aclarar que esta iba a ser la primera vez que sería mi cliente.

Ese día llegué al departamento que él alquilaba en un getto paceño, me senté, abrí la libreta y, entre copa y copa de vino, lo escuché. En palabras teñidas de reflejo de nube, con la llorona de la Chavela taladrando el parlante, empezó a dibujarme la historia. Mientras hablaba, su mente se vaciaba de falsas memorias, de estertores corporales y, sobre todo, de la cursilería que durante aquella noche había bañado la ventana en el amanecer a su lado. Ella ya no importa, en tanto cuerpo, en cuanto piel, me dijo, es simplemente una palabra trémula, su nombre, y son mis dedos los que gritan por construir su propia historia para, despojándola de piel, de todo fluido corpóreo, hacerla inmortal; es por eso que te convoco, sentenció.

Panza vacía, cuerpo limpio, mente supuestamente llana y clara. No hay tóxicos en sus venas, mucho menos los fluidos acuosos de esa mujer; la gelatinosa miel de sus caderas profanando sus poros se ha marchado. En esa medida, consideró que era fácil relatar el encuentro así, con lo que llamaba bisturí objetivo, y jugar en la memoria con el eco cada vez menos intenso de esa presencia ácida.

Lo miro mientras narra esta historia y trato de dibujar en palabras los restos del encuentro. Como siempre en cada encargo, debo asegurarme de que mi pluma recoja todos los detalles del juego; es así que fui dibujando los restos de su memoria, mientras él inflamaba los ojos de humo, convencido de que sin duda aquel espectro, como la llama, era una mujer de espuma, un dejavu con plumas livianas y caderas filudas que le regaló el diablo en una noche teñida de cromo y mercurio, nada más. Era típico en él construir argumentos mágicos, invocando a demonios, cuando se topaba con algo o alguien sobre lo cual no tenía control.

Me habló de esa extraña fuerza que recorrió sus piernas cuando, en el viejo colchón, el reflejo del poste de la esquina barnizó su espalda de arpa en la madrugada, y entendió que era más que eso. Recordemos que, en su superstición, tiende a creer bastante en lo que llama causalidad cósmica, por lo que convierte cualquier encuentro casual en un baile con musas, y luego, con la facilidad con que se encandila, pasa a adorar la oscuridad.

Me contó en detalle cómo congeló el instante en que ella saltó de la cama y, en una caminata acelerada, fue hasta la sala para atender el repique gritón de su celular. Escuchó cómo su voz se fue quebrando y debilitando al responder a quien, del otro lado, le reprochaba, y no le importó. Recuerda bien cómo fue desparramando plumas por el piso, tiñendo su espalda y muslos, en el aura púrpura, mientras su mirada adormilada reía furiosa.

Me contó que el encuentro fue abrupto, como ese juego de memorias que invoca aquel amante de la kabala, de la numerología y de personajes mitológicos. Un haz de luz se trenzó con un temblor de vela, dijo, y se mató de risa. Empecé pidiéndole un cigarro, dijo, y luego, como certero balazo, le lancé la clásica cursilería de que “yo siento que te conozco de algún lado”, ella, con un guiño de ojo, le replicó: “dejavu se llama, yo también lo siento”.

Así empezó la historia. Mientras hablaba, su rostro recuperaba esa rigidez del día que lo conocí, tiempo atrás, en la cárcel de San Pedro; tensó el puño y, elevando la voz, dijo: “Era un silencio en silueta larga, silente línea tesada de cervicales al cóccix, pidiendo que me vuelva flecha, que me entregue a volar desde su arco y esparza mis sesos por el techo, para que ella beba mi razón y mis memorias”.

Me habló de cómo le robó cada palabra antes de que él pudiera decirla; me quitó el guión y, luego de desarmarme, dijo: “Me gustan las historias que terminan con sangre, esas tienen sal”. Es en ese momento que jugué a contarle la historia de Nancy, la changa de la novela de Capote, aunque luego entendí que la diferencia en nuestra historia sería que, en este caso, mis sesos acabarían en la almohada, en vez que los suyos. Es aquí donde, ni bien empezada la historia, él la sentencia y escribe el prólogo de su profecía autoanunciada.

Con esa su falta de orden, volvió de nuevo al encuentro en el boliche y dijo: “El lugar era absolutamente absurdo para juegos metafísicos, la cerveza dormía mis sienes y el tabaco egoísta perforaba sus ojos sin dioptrías”. Esos que gracias al azar auscultaron su alma de perro y poeta roto, pensé. Recordó que el ambiente del lugar donde la conoció era un vacío encuentro de paseantes. Estaban: la gringa, aquella con sexo como el de Sharon Stone, haciendo guiños debajo de la falda a flores en cada cruce de piernas, croando sus ansias al de camisa roja; el anfitrión, cabeza de zanahoria, new yorquino, bailando en desafinadas convulsiones ese himno gay de la Gloria Gaynor, que le daba el aire metro sexual a la noche.

Me habló también de cómo al otro lado permanecía sentado, en pose de chamán destronado, aquel otrora vicepresidente, hoy consultor, acullicando en pausado ritual, tomándose el tiempo para sacar los tallos y colocar las hojas, simétricamente alineadas, en su paladar. A su lado, el de cabello largo y grasiento, con botas de caminante y abrigo negro, sostenía que iba a cumplir cuarenta y que su rostro era de veinte gracias a la hoja de coca y la hierba mate, “seudo poncho negro”, como descubriría más tarde; pero eso es parte de otra historia. Al frente, estaba aquel amante de la cocaína, caspa de Satán, como diría el Velásquez, y quien, en ese entonces, alababa a Dios con gritos y severas alabanzas, mientras se preparaba para ser pastor evangélico, aunque era sabido que tenía el miembro inflamado de lujuria y no iba dejar tan fácil sus antiguos hábitos.

Según lo que él pensaba, fue un juego de azares y angustia, y para ella, “sólo el lugar y la hora donde se encontraron deseo y oportunidad”, replicó, “razón por la cual, entre cerveza y cerveza, fue depositando las agujas de sus ojos en mi pecho”. Con su recurrente forma de adjetivar, me contó que ella aleteó sedienta, sumergiéndose primero en los cabellos del caminante grasiento; luego, en el baile pintorésco del gringo, para terminar bailando salsa con el pastor evangélico. Mientras él, como avestruz, buceaba en su cerveza, ella iba trazando el mapa del lugar y las miradas, sondeando, buscando, el cuello exacto. Sí, estaba definiendo la presa, estoy absolutamente convencido, dijo, mientras lo intangible, aquello que algunos aseguran que es espíritu y pesa 25 gramos, seguía envolviendo el tacto y el verso del poeta, sin que ella acaso lo intuyese.

Le lancé eso de “me importa un pito…”, del Girondo, lo de “tanta casualidad junta da bronca”, y sus parpados respondían con flash de cámara trucha sin pilas. Me causaba gracia su relato, la forma de imposibilitarse, de invalidarse a sí mismo. Recordemos su historia, era, en pocas, un seudo nieto de Pedro Infante que renegaba de su machismo. Pese a ver como inflaba el pecho de seductor con cada palabra, no podía evitar sentir lástima. Sin embargo, era mi deber escucharlo. Era mi oficio.

Luego me contó que hablaron de varías cosas, entre ellas, las muestras de amor, del Epitafio de la Ramona Escalera en Felipe Delgado, el cual repetía de memoria, como mantra, de su atracción por Van Gogh... Yo me mostré racional en ese momento y, como psiquiatra barato, reduje el romanticismo del pintor a un acto impulsivo fruto de la psicosis. Me miró y afirmó que para ella era una muestra real y verdadera de amor eso de regalar partes del cuerpo a alguien.

A esta altura de la conversación, era importante no dejar caer detalle, ya que caso contrario, mi relato no sería el alimento esperado para quien lo compraba, por eso le pedí que detallara más el encuentro. Teñí la madera del piso con mis versos añejos, bebí el vino prestado y emprendí la huida, dijo. Reconozco que mi retorno no pudo ser más cómico, añadió, esperé menos de dos sorbos de cerveza y volví con la chamarra puesta a dar un abrazo al agasajado, y a ella, un beso. ¿El resto?, le pregunté. ¿Qué resto? ¿Lo insoportablemente no leve?, pues seguía ahí, construyendo un camino sin ruta aparente.

Ella se quedó mirando los ojos de canica del “seudo poncho negro”, mientras bailaba fingiendo no percatarse de mi machismo herido, del juego de “me llevo mi pelota”. Después, me lanzó una mirada y el típico “aún no te vayas”; el resto fue historia predecible, al menos para mí, al menos para ella, que ya había barajado las cartas en una correcta proporción de costo-beneficio.

Personalmente, creo que el tema fue, otra vez, su absurda necesidad de aferrarse a la ficción, y que hasta ahora se niega a entender lo que significa un baile de pieles y ya. Sería redundante contar lo que pasó luego, se fueron juntos a su casa. Ella disfrutó unas cuantas palabras, bebió otros versos y se aseguró de dejar marcas suyas por el lugar. Hizo que le enseñara la casa en detalle, criticó las lámparas, las paredes, se arrancó tres cabellos, los dejó por la alfombra y rechazó el piropo a su perfume con toda una cátedra sobre los aromas y Suskind.

Me confesó que, ya en la intimidad, se negó, como lo había hecho desde el principio, a recibir cualquier tipo de orden, desde las más simples, hasta las más lúdicas, como “date la vuelta, quiero ver tu espalda arqueada en mi embestida”. Aclaremos que, según me contó, ella fue la que pidió ver su refugio, la que fue tomando detalles del lugar, como la rosca navideña en la puerta, el orden de los libros y discos, para luego restregarle en su cara, como piedra pomes, sus manías, rituales y la presencia etérea de sus ex mujeres en la casa.

El resto fue sacarse el gustito, dirían por ahí, dejar que el tacto haga lo suyo, beberse piel a piel, y nada más. La noche se dio con ese aire de canción de Sabina y con la Chavela Vargas rompiendo las ventanas en el viejo monitor, mientras las pieles cantaban eso de “ponme la mano aquí, Macorina, ponme la mano aquí”.Luego, el enredo, el encuentro de la savia y su vientre de pitón succionando hasta el alba sus versos. Demás está decir que su afán de no recibir ningún tipo de orden o expresión machista se manifestó en una furiosa cabalgata encima suyo, a lo rodeo, que acabó exprimiendo el calcetín de látex y haciéndolo girar en su interior como un lazo. Obviamente, la consecuencia fue predecible: el látex desapareció y el cuerpo del poeta soportó los embates agresivos y las serruchadas de su cadera tibia y agridulce, pero nada más. La explosión de mi cuerpo en el momento cumbre, barniz que ella anhelante pedía para sus poros, jamás llegó; tal vez es lo único de lo que me arrepiento ahora, dijo. Dado que ella disfrutó múltiples descargas eléctricas en su vientre, durmió plácidamente, dándome la espalda, mientras mis ojos dibujaban algún tipo de conjuro poético en el techo; pero nada de eso sirvió, poesía y sexo no encajan, lo volví a comprobar.

La despedida fue simple, recogió su ropa desparramada por la casa y se vistió. Él no pudo evitar el momento para lanzarle una ráfaga de zalamerías, empezando por la clásica imagen de postal, mostrándole, en un abrazo, cómo la niebla daba brochazos en los cerros, cómo las luces de la ciudad morían en un naranja tibio, dando paso al azul oscuro de la madrugada. Luego, la cagué con mi insistencia, confesó; la estocada machista de ponerme la ropa apresuradamente y ofrecer llevarla en coche las tres cuadras entre mi departamento y el suyo fue el colmo, lo acepto. Ella, obviamente, respondió con insistencia que se iría a pie, pero salieron nuevamente mis genes de Pedro Infante y, con voz firme, dije que era peligroso y de un empujón la subí al coche.

En este punto, es importante añadir que por menos cortó el cuello de su ex mujer, cosa que, sin duda, ella ignoraba. En la despedida, más que predecible, le dijo eso de que ahora se enamorará; ella respondió con un racional “es absurdo, fue intenso, sólo eso y déjalo así”. En la puerta de su casa, un beso tibio de ventosa y un gracias, no sin antes ponerle un dedo en los labios y decir “shhh, yo te llamo”. La verdad, a este punto sentí que perdía el tiempo y entendí cada paso de ella.

Apuré el vino y respiré para escuchar lo último. Me habló del silencio que ahora disfruta, similar al que vivió en la celda; me explicó que había extrañado una patada de yegua en su pecho, ahora tenía tinta para sus versos, dijo. Me contó también de su profecía auto anunciada de ser abandonado, esa que tanto le gusta, por esa necesidad de construir la amante de bruma, liviana y espesa en la mente, que inyecta sangre y melancolía a su noche, pero nada más. Los días han pasado, cuenta velando disciplinadamente su recuerdo, recorriendo sus pasos y, en la memoria, cada rincón de la casa en busca de alguna pista, cada espacio de su cuerpo en busca de antiguas sensaciones. Luego de tanta obsesión taladrando mis días, sólo conseguí un orzuelo, mira, me dio mal de ojo, dijo, tanto pensar en Lilith. Suele dar ese nombre a todas las mujeres que lo acuchillan, luego las pone en un altar, en homenaje a la primera esposa de Adán, aquella primera en escupir al macho, dice.

Me mira, con ese lagrimeo constante en el ojo izquierdo, con el párpado hinchado como bolsa de canguro, y convencido, dice, que fue lo único que logró luego de evocarla. Luego vuelve a contarme de los fluidos secándose en las sabanas, de las paredes que guardan el eco de sus humedades y demás pajas.

Antes de salir, con ese aire de macho desahuciado, me cuenta que le mandó una flor hace unos días, una blanca, me dice, con una nota deseándole buen año. Asegura que no fue su objetivo acosarla, simplemente hacerle saber que la piensa y seguirá esperando, aunque ya tengo preparado el siguiente paso si no funciona, dijo, jugando con el vidrio.

Cansado, me fui, con tres hojas en mi libreta resumiendo su angustiosa espera. La verdad es que no sé cómo ordenar tanta añoranza y obsesión para entregársela; estoy convencido de que ella, esta vez, se equivocó, eligió mal la víctima.

Viernes siguiente, en el clásico café, ella llega tarde como siempre. Empiezo hablándole de cómo me dijo que la añoró en su macurca de vientre. Ella escucha atentamente, le doy el texto y lee “...en la evocación de las paredes he decidido nombrarte...”, lanza una carcajada; me confiesa que luego de que él la dejó en casa, durmió toda la tarde; me dolían los ojos, tenía chaqui y no paré de soñar con Samiel, mi novia de Israel, dijo. Lloré sí, el lunes toda la noche, mientras mis dedos ansiosos jugaron con mi cuerpo, recordándola. Después de media hora de charla, ella pagó el café, recogió su pañoleta de seda y se levantó. Pese a conocerla de años, recién aquel día entendí esa metáfora de espalda de arco, de mujer de espuma, que me había dicho el poeta. Al despedirse, me dijo “gracias por el texto, lo guardaré en mi cajón. Te llamo si la historia tiene otro capítulo, uno de esos con sangre, talvez, o cuando conozca a otro tipo”. Me dio mis cincuenta lucas y se fue sin voltear atrás, como siempre.

Luego de esta historia, decidí dejar la pega de cronista y buscar otra fuente de ingreso. Llamé a mi amigo poeta y decidí confesarle todo. Tomamos unas cervezas toda la tarde y cerramos el capítulo; al menos eso pensé. A la semana de nuestro encuentro, ella recibió en una caja un dedo índice con una nota: “Para que te ayude en tus viajes a Israel”; y yo, otra, con un pendiente de plata en los restos de una oreja.

miércoles, enero 03, 2007

El perfume

El eco de tus gritos refugiándose en mis poros. Piel de ventosa envuelve heridas,
¿dónde pongo lo hallado; tus miradas, cabellos, lunares rodando por la alfombra, caderas serruchando el alma?

¿Dónde, tus huesos tibios, labios agridulces y vientre de pitón?.
¿Dónde?, ahora que el silencio es sentencia de piedra.

¿Qué hago con tu perfume en mi cuerpo, en las sábanas, paredes y alfombra?
Ponlo en una cajita y espera..dijiste

viernes, diciembre 22, 2006

Cerrado por vacaciones


Este bloguerito se toma vacaciones, se refugia por un mes en las montañas para reflexionar sobre las sonseras cometidas en el 2006; supuestamente año del perro, supuestamente mi año, el que al final acabo resultando un año mas perro que del perro.
Me recluyo, también para agradecer por las cosas buenas del año, por el amor incondicional y puro de mi niña que contra viento y marea Dios permitió que esté a mi lado. Agradezco también por las personas que la vida me puso en el camino, las amistades increibles que hice por el Blog, no nombro a ninguna en particular por no cometer un error de omisión.
Agradezco de corazón tu presencia encandilante y de fuego los primeros meses del año. Te agradezco también a tí, mujer de cuarzos y piel tibia, por tu llegada clara, firme y paciente al cerrar el año.

Bueno, por último gracias a todas y todos aquellos que leyeron, opinaron, criticaron, dieron palo y demas vainas en este blogg.


FELIZ NAVIDAD Y UN MEJOR 2007, año cabalístico, tomando en cuenta que nací un 27 de un año con 7.

¡SALUD!

miércoles, diciembre 20, 2006

Casita Verde

Aquí encerrado en mi casita verde, con el kepi en los pechos de mi ñatita good year. Había pensado tanto en estos tubos, en el viento mueve faldas, escuchando la ciudad en tibias manos, noche tras noche.
La había visto, arrodillada, peregrinando del Club de Cleopatras a la esquina miraflorina; pintando en la acera viñetas de la Biblia. Lloraba en tinta azul eso de ...Yo soy el camino, la verdad y....
Me había dicho que cruzar El Puente era un ritual para las virgenes y lanzarse volar para las violadas. No había entendido, borracha estás señorita, recogete le había dicho.
Frío me hacía, recuerdo clarito, los gritos, el llanto congelado. Después, un, dos, tres, chapuzón de asfalto. Ella pintaba viñetas, mis manos sintonizaban La Chacaltaya, así en mi casita verde, con temblores fríos y Veneno sonando.

lunes, diciembre 18, 2006

Seco

Él, viento negro, manos de arcilla taladrando el eco muerto de sus ojos.
Ella, brisa ámbar en poros seda, perfora el aire oscuro en su lengua.
Muerto el tiempo, el viento y los jazmines.
¡Mierda!…aún es de noche.

Adios Equinoccio (1992-2006)

"Mientras miro las nuevas olas tu eres ya parte del mar" (Seru Giran)

viernes, diciembre 15, 2006

¡ENAY PUEJ!


Por gentilieza de Rondeldía, esta canción del Papirri, que muestra lo que ocurre en mayor parte de Santa Cruz. Copió textualmente el texto de Ronald:

La canción ilustra lo que ocurre en la mayor parte de Santa Cruz, allá donde la gente
vive la vida honradamente y trabajando duro para mejorar dia a dia, donde
los apodos se basan en el carácter cómico de cada persona y no en temas racistas, donde los cambas se mueren por bailar tinku y los collas se esfuerzan en bailar prendido, donde se amanece desayunando horneaos y se duerme cantando morenada...

Por que Bolivia es una sola, con ustedes ...

Enay Puej

El nació en Tembladerani,
ama el llimani, le dicen Coné
tiene la fuerza del aymará
cinco é la mañana tomando café

Trabajando desde niño
vende en el puestito de mamá Inés
abre sucursal en el oriente
el calor no miente puede más la fé

Ella es nacida en Porongo
cintura é guitarra ojitos de miel
tiene la gracia chiquitana
ya por la mañana con el jasayé

Trabajando desde niña
vendiendo masaco, charque y cuñapé
lleva achachairú al mercado
en canasta grande puede más la fé

y de pronto en la plaza
se encontraron las miradas
ella con sus pupilas
incendió el día de amor total
él lustró las pasiones
cortó unas flores,
es la fuerza del amar

Enay puej,
enay puej,
dice el colla camba
abrazando a su mujer
enay puej,
enay puej,
es la camba colla preparando el jasayé

Vamonos al campo almorzando
ya viene cantando el atardecer
tráete a los dos peladingos
que los bautizamos
como a chairo y cuñapé.

miércoles, diciembre 13, 2006

En la ciudad oscura

Al Peter y su cometa

Una noche en una calle bajo la lluvia en lo alto de la ciudad oscura con el ruido a lo lejos es seguro que suspirará, yo suspiraré. (extractos del Poema, Al pasar un cometa, Jaime Sáenz.)

El había caminado mucho los últimos años, buscado demasiado por las calles de esta ciudad. Aquella noche, con los tobillos hinchados como pepa de palta y contra toda indicación del amigo médico, decidió trepar la serpiente de cemento hacía el bosquecillo. Abriéndose paso entre muros de ladrillo y perros lame muerto iba llegar al lugar. Mientras trepaba, a cada paso volvía el recuerdo de sus gritos negros en la madrugada, despertando al cuerpecito adormilado y frágil que empezaba a latir sobre su polera de "Los Ramones".
Esquivando flashbacks, arañazos y maldiciones trepa. Alentado por los aplausos de la brisa en el bosquecillo, sube. El pecho a mil, esa costilla charladora y el queloide, hijo de una punta oxidada en el hombro izquierdo, no lo dejan toser en paz. En el último escalón da la vuelta, mira la mancha de luces temblorosas a sus pies, estira los brazos, saluda a la bruma y bebe los gritos de la ollada.
Al otro lado de la ciudad, ella esperaba en mitad de la avenida. Iba vestida con una bermuda acaricia muslos, corsé de encaje y un abrigo negro que a cada paso besaba las venas azules de sus tobillos. Todo el atuendo negro y unas botas hasta las rodillas con cierre largo. Mirada violeta en pálidos ojos delineados con lápiz negro, puerta abierta a su profundidad de hechicera. El cuello envuelto en un collar con puntas de metal, esconde aquel de perlas que juega con su pecho. En el bolsillo izquierdo del abrigo, un peluchito al que llama "mi hijo". Su dulzura dark, hipnótica, envuelve el viento con sus ojos. Eclipsadora de sombras, Lilith reencarnada en Chuquigago, espera en el bullicio del centro. Su mirada busca en los cerros y no encuentra el suspiro. No escucha el crujir de costillas rotas, el corazón entregando sus días como decía el poema. Suspira, bebe bocinazos y piensa en la mentira de sus versos. Lo añora sin rostro y camina.
Ya en el bosquecillo, él mira la ciudad de pie. Lleva un impermeable negro que juega con el pantalón igualmente negro, mientras el viento patea sus canillas. Las botas de soldado de caballería del Chaco, punta de metal y cordones hasta la rodilla, recuerdan la anestesia en los pies que llegaba luego de entregarse al metanol en el antro dark y los empujones en el concierto punk. Los gritos de ella, ojos rojos en delineado negro, pidiendo besos, gritando que se vaya que iba a doler.
Ya no nieva, como en la canción que el Felipe bebía (...nevando está...), en la melodía turbia del licor. Sólo la brisa de la altura mece las tarjetas navideñas en el Cementerio. En el eco de Villancicos a pilas arrulla muertos, espera el último sorbo. Las risas de los cuates muertos, Juantwotree, el Polcos lo llaman desde la vieja riel. Cuenta los escalones, no escucha sus pequeños suspiros como decía el poeta. Se corta una mano, se araña un brazo, espera el vuelo de su risa en la cola del cometa y no llega.
Estira las piernas, saca del bolsillo derecho el recuerdo. Mira el dibujo en la parte de atrás, es un círculo abollado en el parietal derecho con dos ojos y una boca en mueca. Es su propio rostro, lo sabe por que le cuenta el viento y la imagen de su manito tibia de niña dibujándolo, que vuelve, que lo toca, que grita.
Ella se sienta, se quita las botas besando la punta de flecha con los pezones fríos y arropa a "su hijo" antes de leer a Kafka. Suspira y tose tabaco ya no dibuja círculos abollados. La noche tiembla más que de costumbre, la puerta negra no devuelve su risa, el nombre del padre. Patea la vieja foto de su madre, apaga la lámpara y duerme.
El moja la garganta, termina el vaso. Diecinueve años sin ver a su hija son muchos piensa, si sólo nevara se dice. Da la vuelta el recuerdo, en el anverso una foto. Mira y besa el pecho iluminado con un tibio haz de luz. El cometa no llega, entonces se lanza y vuela. Su impermeable acartonado detiene el impulso, no el impacto certero que hunde el parietal derecho y dibuja en su boca una mueca. La tierra de esponja bebe su sangre. Suspira adormecido y mira su cuerpo, el retrato en su mano le muestra a la mujer de corsé negro, collar de perlas y ojos de hechicera. Con el pecho adormecido respira y al pie de la foto lee. "te aman, tus princesas".La luz se vuelve negra, el suspiro llega y cesa. No existe en la muerte, su preciosa compañía.

lunes, diciembre 11, 2006

Pinocho, Pinocho, el pueblo baila chocho....

Dicen que no hay que alegrarse de la muerte, pero en este caso es inevitable. El Pinocho, se fué, murió impune lo único lamentable. Habrá que esperar que en algún lugar, más allá de este sea juzgado. De momento seguro que Banzer, Stroessner, Hitler, Mussolini, le dieron un cálido recibimiento y un trago de azufre.
Los 3,000 asesinados, los más de 1, 000 desaparecidos se encargaran de él. En todo caso, el ojo por ojo en este caso debería aplicarse y la gente robarse el cadaver, llevarselo de noche y hacerlo desaparecer, haber si sienten un poquito del dolor de todas las familias que perdieron a los suyos.

De momento yo abra una buena botella de espumante y brindo...¡Salud!



jueves, diciembre 07, 2006

...I Chose something else


¿Te acuerdas?, juntos, en el sillon verde aquel que te gustaba tanto, con mi codo derecho olfateando el hueco que dejó tu perro en el apoya brazo, o cómo se llame. Tu cantando con pantuflas azules eso de ..."Just a perfect day".., la camarita de lente Zenit, última sovíetica, joya de tu tío cuentista, fotografiando el rancio cadaver exquisíto desparramado por la pared.

Los cristales acelerados trepando por las fosas, golpeando neuronas y luego el baile, en círculos del dormitorio a la cocina, del sillón a la corniza. Con el corazón vomitando sangre química en venas asfaltadas, cannabilica ruta al sol, dirías, recordando al Julio.

Me acuerdo de tus púpilas de gata, encandilando mis ideas, así todo grandes. De tu lengua aspera remojada en ron caminando mi espaldao, oliendo mis bolsillos vacíos, jugando a la amante del Ewan Mc Gregor y yo repitiendote eso de:

Choose life
Choose a job
Choose a career
Choose a family
Choose a fucking big television
Choose washing machines, cars, compact disc players, and electrical tin openers
Choose good health, low cholesterol and dental insurance
Choose fixed-interest mortgage repayments
Choose a starter home
Choose your friends
Choose leisure wear and matching luggage
Choose a three piece suite on hire purchase in a range of fucking fabrics Choose DIY and wondering who you are on a Saturday morning
Choose sitting on that couch watching mind-numbing sprit-crushing game shows stuffing fucking junk food into your mouth
Choose rotting away at the end of it all, pissing you last in a miserable home no more than an embarrassment to the selfish, fucked-up brats you have spawned to replace yourself
Choose your future
Choose life
I chose not to choose life
I chose something else


Absurdo manifiesto post moderno, absurda declaración anti consumo en una suciedad como esta. ahora huele mal, a incoherencia a falta de huevos, a vacío existencial londinense, tan vacío en Sopocachi.

Al final ambos escogimos algo más, con otro color, otro nombre y lejos de nuestras manos infectadas de polvo, ¿era mejor lanzarse esa noche de la cornisa del 7C y caer al suelo no?.

martes, diciembre 05, 2006

Crónicas de a Pie (Café Complot 2)

Catorce horas de bus, dos de taxi transformer y estoy en la Monseñor Rivero, Bulevard Cruceño lleno de Cafés, Miami falsa, con calor más húmedo, sin Cubanos y sin Art Deco. Entro a un Café, de la franquicia del gringo paceño, para evitar nostalgias.

Vellosidades oxigenadas, cabello rubio, tan desteñido como sus ambiciones, descansa en sus hombros. Entra al Café en dos muletas platinadas y bien lustradas, con ademánes mezcla de risa y llanto forzado. Su amiga de Jean, desgastado intencionalmente, muestra las rodillas color cama solar y las sandalias marroqui kitsch, mientras va abriendo espacio para su ingreso en escena.

Se sienta a mi lado y mira con soberbia mis ojos rojos, mi cabello enredado en la humedad del ambiente. Mi barba de tres días engorda la sal que sale de mis poros y se congela con el aíre acondicionado. Pido un expreso, un agua y el periódico del día, empiezo la lectura y de pronto el estruendo de sus risas traen reminiscencias al boliche de focos rojos y faldas cortas.

De rato en rato me mira, como intuyendo mis eses bien puestas y mi lectura zumbándole como mosca. Se cambia de mesa, respira hondo y deja su perfume Jennifer López en poros de achachairu en el aire.

Nuevamente su carcajada sacude a mi pluma y mata en una línea un intento de verso. Escucho como le cuenta a la de cabellos rojos las luchas cruceñas de antaño, de su abuela, le habla del orgullo de ser bien camba y apellidar Müller. La abuela fuerte con ocho hermanos esquivaba indios del monte para llevar a mamá a la escuela recuerda y luego ríe orgullosa de como sus primos de peladingos correteaban cunumies y hacían bastarditos.

Luego calla, mira dos hombres de camisa blanca que entran y saludan a un gordo de sombrero tejido y barba. Los envuelve con los ojos y lanza una bocanada de humo cómplice al rostro de su amiga. Después, lee el titular de El Nuevo Día "El MAS cambia la ley INRA con votos de tres opositores". Dice que como camba defenderá lo suyo, luego reniega, con una mezcla de orgullo y bronca al hablar de su marido, macho de estos pagos, que no pelea nada. Sólo sirve para pagarle la ropa dice. Habla del amante Ganadero con dos hijas de veinte, que se la lleva al “Cuore” los viernes por la tarde” y que tampoco tiene huevos para dejar a su gorda, por una cruceña bien puesta como ella. Al final no le interesa, es rápido como el gallo dice, pero no importa los orgasmos le llegan en ropa.

La escucho, mientras saca pecho y grita con fuerza que el hombre que la pega no tiene lo huevos para defender lo suyo. Dice que protegerá la tierra de sus hijos, por eso entrará en huelga dice, para demostrarle al Evo que no es por dieta como dice, es por sus hijos. Mientras habla me mira de reojo y grita con más fuerza. Promete machete, aceite caliente y polvo de escopeta al que invada sus tierras.

Sus pecas de cama solar esparcidas por su pecho agrietado, sus senos separados que cuelgan como paltas de gel de silicona, coquetean con guiños en cada respiro a mi libreta. Sus uñas cuidadosamente tratadas de pies y manos no conocen de labrar la tierras, su pecho se secó por el sol, no por amantar críos hambrientos.

Nos miramos, la humedad derrite mi café, me fumé dos L&M escuchando su conversación dizque política, dizque cívica. Tengo la cara húmeda y con ojeras. Mis ojos mojan sus lentes de contacto, me saluda y pregunta ¿de donde soj? y luego me pide prestado el periódico, la miro sonriente y le digo seguí nomás reinita, con erre arrastrada. Soj colla dice, con un estúpido aire de sorpresa. Boliviano le respondo. Vellosidades oxigenadas rozan mi antebrazo, su perfume envenena mi libreta y su bronca cae por el piso.

Camino, sus gritos de lucha estética retumban en el aire y dos tipos de camisa a rayas se acercan a su mesa y felicitan sus encarnizados argumentos, no sin antes mirar mi mochila empolvada en el piso "Duralit". Me voy y dejo dos bolivianos sobre las siliconas de Martita Vaca modelo de Montero, reina del Azucar, portada de El Deber.

29 de Noviembre, Café Alexander, Santa Cruz de la Sierra....¡enai puej!

lunes, noviembre 27, 2006

Noctambulario


Nocturna la ciudad te invoca
Serena y luminosa se expande
Caldo de mil astros,
hervor de mil sangres
Carne profunda que grita,
Congoja de la noche que mira

Savia de cal y vientos mudos
Escupe en la humedad del intestino
Cantos de hollín, duros y continuos
Bebe de mis manos rotas.

Nocturna,
adormecida en frágil descuento
Estaño que pone verde al tacto
Serenidad oscura, que rompe y corrompe

Ciudad aletargada,
Ciudad de pálida altura
Ciudad acostumbrada
Ciudad hecha espera

viernes, noviembre 24, 2006

Reunión en Bocaisapo


El bloguero urbandino RONDELDIA llega hoy a la ínclita ciudad; la ocasión es oportuna para reunirnos y conocernos de una manera menos virtual.La cita es hoy viernes, a las 22:00, en el Bocaisapo.En la pared, detrás de nuestra mesa, colocaremos un cartel que dirá: “URBANDINOS SIN TECLADO”, para que sea fácil ubicarnos.Vengan todos los que quieran y puedan.Basta de imaginarnos con caras supervegea; no tengamos vergüenza por ser más lindos que los demás y presentémonos en el Boca esta noche.PD: Los demás blogueros residentes en LA PAZ, por favor copien este post y publíquenlo en sus blogs para que la reunión se difunda.

El boliche para quienes no lo conocen es el de la foto, puerta de la derecha debajo del foco, detrás de la cruz verde en la Jáen.

Felipe On Line

Estimados, empiezo hoy la idea de crear una edición virtual del Felipe Delgado, la misma busca ser un proyecto colectivo fruto de todos los colaboradores que quieran sumarse a esta bizarra idea de rescatar una gran novela paceña por este medio democrático y gratuito.

Lo único que necesitan es tener una edición del Felipe y empezar a typear. Calculé que para terminar en un año se necesitaría transcribir algo así de 2 páginas por día. Con sólo diez transcriptores, a cada uno le tocaría como un parrafo diario, cosa que en la práctica llevaría sólo 10 minutos con más gente.
Alguién se preguntará, ¿porqué no El Loco de Borda?, ¿porqué no La Biblia?, ¿porqué no Cuentos Completos de Poe?. Simplemente puedo responder que es el Felipe, por que es nomás el Felipe el que siento que debe ser transcrito en este momento.

Un abrazo a la espera de sus colaboraciones en mi email cronopiotellant@yahoo.com.ar les dejo el Link:

http://el-felipe-delgado.blogspot.com/

martes, noviembre 21, 2006

tac, tac, tac,



Hoy presionan tus yemas la fila de cubitos alienados, con suaves masajes, esos que esperan nacer en palabras y antes eran tatuajes sin retorno cayendo por mi piel. Tus dedos no saben de escribir contratos o pagarés, menos memoriales o informes, son unos palitos saltarines que dibujan alegría, bailotean con el Jazz y dan un juego perfecto de percusión al blues que eleva por el techo en cada soplido.

Antes había que tener puntería, golpear la vieja Rémington y patear con fuerza esa telita teñida de tinta, a veces negra a veces bi color como pañoleta de guerrillera del ELN, para que tus gritos se graben en la espalda. Hoy la sandinista está muerta, como la ruidosa maquina del amigo de barba y Gitane negro, esa que lo acompañaba en sus vueltas al día en tantos mundos.

Tus uñas bien pintadas hoy regalan perfume a esos cuadraditos de plástico ocho horas diarias, a los cubitos muy rígidos, muy snob que producen algo digital, en una piel virtual. No sabes de cartas de despido y de memorandums con carbónico, aunque de mes en mes te gusta bailar en las teclas y jugar a la Remington, es ahí cuando me preparo y respiro la nicotina en tus uñas y la cerveza tibia en tus labios. Tú, sólo miras por la ventana, las gotas panzonas de lluvia reventando el Choqueyapu, pretendiendo que es Paris en esa nostalgia tan bleu que pinta tus palabras.

Juegas, no con el golpe seco que le gustaba al Chinasky, o el Borbon tiñendo el papel grueso. Te gusta sentir este tímido tartamudeo que producen tus articulaciones de seda, te gusta por que sabes que mis poros buscan el dolor detrás de cada anuncio. Saltas, golpeteas y te ríes de sus uñas onicofagicas y chatas que responden un cursi yo también del otro lado.

Te confieso, aún prefiero; por ese andar melancólico que me caracteriza, los redonditos fríos que activan martillos tipográficos, tatuando a fuerza en blanco y negro. El volar, con estampilla en la derecha y agua de Jazmín tapando una lagrima en la cuarta f de la fila 6. Extraño: la resolana por la ventana hueca de Sopocachi, tu bambolear pausado de la alfombra al cuarto, tu vientito en mi espalda, cuando corres de la chimenea a la mesa, que desvistas mi piel y teñirme del humo que rebota en lámpara, mientras un seco tac tac, tac, me patea y escribe un te odio en mi espalda blanca.

domingo, noviembre 19, 2006

Los años pasan el sabor no...

Quieto, con las manos firmes en la mesa, sus ojos contando las manchas en la pared, se levanta, da tres vueltas a la silla y se sienta. Oruga de espalda recta, cae encorvado entre papeles amarillos, tiembla, grita y escupe nuevamente esa tinta roja. Mañana le toca recoger su análisis,piensa mientras el vino amarillo escurre por el pantalón.

Se acomoda agazapado en el asiento derecho, la gorra Mike esconde los ojos de viscacha, los cachetes cobre y esa boca tan gastada. Te mira y solo ríe, tiene overol plomo y dice que no está cansado, recibe un grito y una coca cola de a luca, se la toma y escoge la gata correcta, tiene que sacar dos llantas y el sol le quema la espuma que nada en las venas.

Se mece con el viento, perforando la espalda en aquel arbol, se abre paso entre niños y mujeres apresuradas por ir a misa. La polera ploma con numero 35 tiene tres manchas de mani y anticucho. Mira al cielo, estornuda y esquiva el carterazo de aquella de perfume dulzón. Su amigo se va, el taxista se acerca, jala su oreja izquierda y la lata rueda por el piso.

jueves, noviembre 16, 2006

Vaya a saber por qué

Vaya saber por que, me acordé hoy del Cronopio mayor y también de aquella con bailes de Fama en la lluvia. La vì en aquellas noches humedas, con sus pies fríos en mis empanadas calientes, con sus labios tomando té de manzana.

Me acordé de aquella Rayuela compañera de encierros, de besos, entierros y soledades. Vaya a saber por qué pensé en Julio en sus palabras que son las células que flotan en mi tinta, la inevitable savia que regó mis versos y me entregó su inconfundible forma de mirar la realidad, de jugar con el humor, el box, el jazz, el amor y la ironía. Vaya a saber por que, hoy me dió ganas de reencontrarme con La Maga.

....La Maga se peinaba, se despeinaba, se volvía a peinar. Pensaba en Rocamadour, cantaba algo de Hugo Wolf (mal), me besaba, me preguntaba por el peinado, se ponía a dibujar en un papelito amarillo, y todo eso era ella indisolublemente mientras yo ahí, en una cama deliberadamente sucia, bebiendo una cerveza deliberadamente tibia, era siempre yo y mi vida, yo con mi vida frente a la vida de los otros. Pero lo mismo estaba bastante orgulloso de ser un vago consciente y por debajo de lunas y lunas, de incontables peripecias donde la Maga y Ronald y Rocamadour, y el Club y las calles y mis enfermedades morales y otras piorreas, y Berthe Trépat y el hambre a veces y el viejo Trouille que me sacaba de apuros, por debajo de noches vomitadas de música y tabaco y vilezas menudas y trueques de todo género, bien por debajo o por encima de todo eso no había querido fingir como los bohemios al uso que ese caos de bolsillo era un orden superior del espíritu o cualquier otra etiqueta igualmente podrida, y tampoco había querido aceptar que bastaba un mínimo de decencia (¡decencia joven!) para salir de tanto algodón manchado. Y así me había encontrado con la Maga, que era mi testigo y mi espía sin saberlo, y la irritación de estar pensando en todo eso y sabiendo que como siempre me costaba mucho menos pensar que ser, que en mi caso el ergo de la frasecita no era tan ergo ni cosa parecida, con lo cual así íbamos por la orilla izquierda, la Maga sin saber que era mi espía y mi testigo, admirando enormemente mis conocimientos diversos y mi dominio de la literatura y hasta del jazz cool, misterios enormísimos para ella. Y por todas esas cosas yo me sentía antagónicamente cerca de la Maga, nos queríamos en una dialéctica del imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared. Supongo que la Maga se hacía ilusiones sobre mí, debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre más livianos y poéticos.... (Rayuela Capitulo II, extracto)

miércoles, noviembre 15, 2006

Ganas


Qué ganas de ser mosca, de hacer círculos en tu espalda, de jugar a la ventosa en tu última vertebra y beber las gotas sedientas que se deslizan por tu ombligo.
Ganas de ser culebra, enredarme por tus piernas y dormir recostado en ese rincón tibio que él torpemente muerde.
Ganas de ser boca, morder el descontrol de tus huesos, romper con mi lengua el nudo y entonces con palabras mirarte, tocarte, darte.

miércoles, noviembre 08, 2006

Venas Negras

Un ensayo compartido, un tejido de tus palabras y las mías, un poema a dos manos un cadaver exquisito, tu miel y mi hiel:
Venas negras, manto sepia,
ojos que en viaje negro muerden la espera.

El tiempo, cruz
tu cuerpo, ausencia,
una voz apenas
en medio del pecho.

El eco rojo de tus yemas,
huesos de arpa tallando venas.
Tu canto que duerme,
el hilo tibio de versos en lengua,
jugando con las sábanas,
jugando en esta ausencia.

En medio de la madrugada,
despiertas, con sed de un muerto.
Se congelan las lágrimas y continúas
tu danza, ritual de espera.

La noche no acaba,
vuela en espiral por este encierro
y te nombro:
Seco,
rojo,
húmedo..

martes, noviembre 07, 2006

Crónicas de a Pie (Por la Carretera II)

El retorno, con sus ojitos tibios mirando sin razones, con ese su abrazo mudo y silencioso que dice tanto, que grita un te quiero, un te extraño, con ese juego de “¿digamos que eras el rey y yo la princesa y me das un beso y despierto?”, no necesito mayor amuleto para soportar la partida que su risa.

Empieza el viaje, el calor en el aire, la humedad en los poros y en el pecho, en la mochila su beso tibio y su silencio. El retorno que tiene el sabor a vacío y también a nuevas esperanzas es ahora inminente. Irse con la realidad en la espalda, esa que el egoísmo construyó y que es parte de su pequeña vida, irse con la lluvia en los ojos, presagiando estas gotas que me derriten entero, mientras hoy bajo el viejo cerro, solo sin su manita aferrándose a la mía, como su todo, como su héroe, su payaso, su vida.

El regreso empieza en la boletería del bus, el azar del destino me hace cambiar de línea “El Dorado” se embarrancó anteayer justo a las 5:30 AM en la misma ruta, hora en que uno confía su sueño en un conductor suicida. Mi asiento de siempre el 35, última fila lado derecho, quedó hecho añicos,. El vende pasajes me mira y no saluda, le repito que quiero un pasaje y recibo el grito de” ¡ejpere puej”! , respiro, hondo mientras su piercing de lata me encandila desde su oreja de Chiman. Al final el no tiene la culpa, te atiende como sabe, como le enseñaron sus días en el campo, en la sobre vivencia del oriente, donde el que es más fuerte se impone. El pasaje vale treinta pesos más, el precio de la seguridad será, pienso. Fiel a la cabala, escojo último asiento fila derecha, las probabilidades de morir son cincuenta, cincuenta, te sientes donde te sientes y como decía el abuelo, “nadie se muere en la víspera”.

Confiado con el ticket en la mano, salgo a este sauna poblado de gente y me quedo mirando un campamento gitano, y me llama la atención la disposición de las carpas en dos triángulos. Los niños corriendo sin ropa, y la mirada de ella, de tatuaje en el hombro, cabellos castaños, piel canela, me mira con fuerza con esas cejas tupidas, como diría Sabina con los ojos color verde marihuana. Antes de ceder a sus encantos y a enfrentarme al puñal de un gitano que me grita algo que no entiendo, prefiero no dar lugar al embrujo e irme.

La partida es inminente lo sabías al subir a ese taxi destartalado, al conversar con el moreno bien “enay puej” como diría el papirri. Hablamos quien sabe por que, tal vez por el eco de todos santos en el aire, de la muerte, de los accidentes, de quienes se fueron antes, del bus que se embarranco tres días antes, de su colega que murió cuando un micrero borracho estampilló su taxi, de cogoteros y taxistas violadores, de viudas llenas de deudas y de la muerte, otra vez presente en el trayecto.

Más tarde la humedad aún perforando mis ojos y la espera, silenciosa, antes de abordar. Es ahí donde lo veo, en silla de ruedas con camiseta del Bolivar, subiendo al Bus ayudado por la familia, mientras una cámara bizarramente va filmando la escena y otra le saca fotos, tal vez para el recuerdo. El en silencio tímido se deja torcer las piernas de un lado a otro para entrar, no siente nada pensarán así que no hay lío.

La gorda de blanco me pide el pasaje y me pide que suba, detrás de mí dos gringos, una chica de cabellos negros y ombligo bailarín y dos niños, abrigados como oso en una Santa Cruz con 33 grados. Dentro el bus, fiel a la cabala, me ubicó en el último asiento del lado derecho y preparo mi espacio, los discos listos, pronto compro una I Pod, mi novela Piercing de la Viviana Lysij que por cierto la recomiendo, el agua, las galletas Frac, la frazada robada del LAB y me recuesto a pensar y disfrutar la noche. De pronto llega una familia de tres reclamando entre gritos que estoy en el asiento de su hija. Yo completamente convencido, argumento que ese es mi lugar que pedí al boletero el último asiento, ella muestra su ticket y yo el mío, cuando me sorprendo que el asiento 26 no existe, que tengo un ticket sin asiento, que por tanto soy un fantasma en este bus. Cosa sería ante la probabilidad de un accidente, no estaré en la planilla del bus y peor aún no tengo donde sentarme.

Entra en escena nuevamente la gorda de blanco y me indica que el boletero usó otra planilla y se equivocó y que este bus no cuenta con el asiento 26 y que me vaya adelante a uno vacío, inútil hablarle de la magia, de la cabala y del por que mi neurosis hace que tenga que estar en el último asiento de la fila derecha para viajar en paz. Entonces negocio con el padre de la niña, el ceder mi asiento a su hija e irme al suyo, todo para que la familia conejin viaje junta. En fin, no me quedaba otra, haciendo un juego de probabilidades sobre los accidente, decido no más con un sabio “clarito será si me parte la cresta la flota El dorado”, aceptar el asiento 22, penultima fila lado izquierdo y acabo en frente a la tele que me pasa una copia pirata con un volumen insoportable de Bad Boy II.

Cuando empiezo a dormir y logro aislar con el volumen de una canción de Atajo los gritos del Will Smith, llegan el ayudante y el chofer a decirme que no estoy en mi asiento y le dice lo mismo a la señora de atrás, de la niña a la que le cedí amablemente mi último asiento. Entonces exploto y lanzo mi discurso sobre el servicio al cliente, a lo cual el chofer me mira confundido y me dice que no es su culpa, es culpa del boletero que el tiene que responder por ese asiento; a punto de plantarle un zapatazo, interviene la señora de atrás indicando al tipo que me dio su asiento.

Trato de explicarle que la responsabilidad es de la empresa y tanto el boletero como él representan a la empresa, dice que no entiendo y sigue sosteniendo que no es su culpa. Al final se rinden y me quedo en el asiento 22 del lado izquierdo, mordiéndome la bronca y con el sueño cortado, escuchando los balazos del Will Smith. En todo caso, tengo la ventana de escape a mi lado y ante un accidente no saldré disparado por el vidrio de adelante

Duermo con ese estado de semi vigilia, esperando la madrugada en que la FELCN entra al bus a pedir carnet y revisar, me sorprendo que esta vez el bus siguió recto el control y despierto vivo y enterito, luego de varios barquinazos y frenadas, camino a Caracollo. ¿Será que el control de la FELCN es para que la gente no meta drogas al trópico y no importa que saques y lleves a La Paz?. En todo caso, una cosa es cierta para mí es un blef. Si a la ida pude salir del bus con mi mochila al hombro, a fumar un pucho en Bulo Bulo, mientras perros y agentes camuflados registraban el bus y a la vuelta ni me registraron, la de kilos que podría haber llevado en la mochila verde che.

Más tarde, el hambre se confunde con un dolor de estomago colectivo y por tanto en un silencioso aroma que va creciendo del piso al techo del bus y uno sólo suplica llegar a Caracollo, de una vez al tan ansiado desayuno de cafecito con pan y queso.

8:30 llegamos a la parada y lo primero es lo primero, obedecer al cuerpo. Pago mis 50 centavos para el baño y luego de entrar decido no más recurrir al autocontrol y recordar mis tiempos de Budismo Zen, hasta La Paz. El sagrado trono no tiene asiento y muestra una imagen dantesca, donde el baño de la escena de Trainspotting es un poroto a su lado y no pienso bucear en busca de nada en ese inodoro.

Me quedo leyendo los mensajes de pared y le doy la razón a ese que puso, ¡cabrones cobrar el baño es un robo, ladrones!. Vuelvo a la filosofada del servicio al cliente, concepto imposible de entender en un pueblito del Altiplano, donde la suciedad es aparentemente normal y encontrar un baño limpio es un milagro.

Espero el bus, viendo como sus llantas sudan pis. De pronto lo veo en mitad de la carretera, acompañado de un perro café de costilla de cuerda de charango, pantalón de bayeta a rayas, saco gris, probablemente de algún ex empleado de banco, orbitas blancas de cachina y la bolsita de mercado a rayas, en una mano y el bastón en la otra. Se balancea al ruido de los buses que paran, de los autos que pasan esperando recibir una migaja. Es un Achachí rescatando pan duro para seguir en pie, para sobrevivir en este seco camino.

Detrás de él veo a un gringo con piercing en la nariz, con lóbulos agrandados por aros redondos, dándole besos a una cunumisita de metro y medio. Cerca de ellos, una mujer con pinta de holandesa, con lentes de intelectual y pantalón hippie, abraza a su peruano más chato que ella, mientras habla de sus planes de vida con un cruceño que no entiende por que no se va a la casa de ella y listo, por que tiene que comprar una si ya tienen, por último por que no le manguea el cuarto a la gringa nomás.

Vuelvo al bus y suben dos niños de ocho años, cantan con el corazón desafinado un huayno sobre una cholita conquistadora que juega con su pollera al viento, coqueta en Achacachi, entre risas mueve las trenzas. El entusiasmo de ambos niños no es el mismo, el primero espera en silencio cantar rápidamente su estrofa y pasar la gorra, el otro aún pone el entusiasmo y el discurso de “podríamos estar robando, pero estamos acá ganándonos unas monedas honestamente” y demás argumentos comerciales. La gente los ignora, son parte del paisaje, reciben poca atención, algunas monedas y se bajan al vuelo en otra parada y caminan de vuelta al punto de partida y así flota tras flota..

Llegó, La Paz, me recibe con su ruido, con El Prado en caos de medio día y luego el inminente silencio, las paredes huecas de la casa, el vacío de este sitio, las imágenes de este auto exilio y ordeno una a una las cosas del viaje, pongo en fila las memorias buenas para beberlas de a poquito, para calmar las ansias y lograr algo de paz antes de dormir, tienen que durar treinta días, hasta que sea hora de volver nuevamente a la carretera.

Sobre el concepto de lo urbano en La Paz

Un ensayito, para quien no le dé flojera leerlo

La ciudad tan desnuda
en el fondo de su propia imagen,
la ciudad reducida a mostrar sus huesos
(Guillermo Bedregal G.)

Vivo en una ciudad de montañas y vientos de espada que va labrando la forma y el color de tus poros desde tu nacimiento. Me acoge esta “muela careada” a la que visitantes del sur le cantaron con ritmos del Missipi, permanezco en La Paz donde el blues tiene nombre de marchas y bocinazos.

Desde esta altura donde mis luces serpentean como estrellas de pirita, escribo a la madrugada paceña, despejando esto del imaginario urbano. La ciudad como producto nace geográficamente y se construye en hechos simbólicos, en sus representaciones por y en aquellos que deciden aprehender sus recovecos y beberla, aunque no siempre su vino sea agradable al tacto.

Escribo este ensayo que inevitablemente no puede dejar de ser prosa y me pregunto por el ritmo que les daré a mis palabras. Me responde entonces la forma de sus caprichosas laderas de ladrillo, los versos que la seducen y los cantos que músicos le ofrendan.

La ciudad como imaginario urbano, desde las ciencias sociales, podría entenderse bajo la noción de representación social, tomando como referencia la definición planteada por Moscovici (1981). Desde esa noción implica no sólo productos mentales sino que construcciones simbólicas que se crean y recrean en el curso de las interacciones sociales. El propio Moscovici (1981) las define como un "conjunto de conceptos, declaraciones y explicaciones originadas en la vida cotidiana, en el curso de las comunicaciones interindividuales.

En esa medida cabría decir que el Imaginario Urbano, como representación social,es fruto de una construcción simbólica tanto individual como colectiva que se expresa en las interacciones sociales y lo más importante que se expresa de manera dinámica.

Este marco me permitirá hablar de la noción de lo urbano como una construcción, una representación, aunque se que luego de lo teórico de una u otra forma acabaré volviendo a narrar lo que siento en las calles, es que es inevitable que la palabra no caiga del pedestal teórico para rodar por sus laderas.

Al respecto, recojo la frase de un amigo músico quien con humildad reconocía la arrogancia de sus últimos años, al dar la espalda a la ciudad. Es que tarde o temprano uno vuelve el rostro al Illimani y acaba regresando, luego de periplos por puertos lejanos, por ritmos anglos, acaba volviendo y mirando con humildad el sol desde la Ceja, es cuando nuevamente escucha los delirios de Borda y los Relojes de Sáenz.

Llega un punto, en este proceso de construcción de la noción de ciudad, que uno hace un corte y sus pies, sin saber como, echan raíces en su pasto seco. Es ahí tal vez ,como dice la canción que uno decide mirar los rieles del tranvía “…pasan debajo tus pies ríos contando secretos el pavimento no ve las rieles del tranvía…” (Villegas y Portillo, Canción Nace la Ciudad, 2006) y uno decide ir a buscar adoquines, escuchar las historias del puente en San Francisco, antes del 52, subir al tranvía en el botánico y “… beber su largo y blanco letargo, en la roca que mueve sus ríos, en tus cantos de ninfas de subsuelo …”(Evocaciones, Poema XII, Paul Telleria).

El Imaginario urbano de la ciudad, en la medida de lo anteriormente dicho, hace realidad en el cuerpo de quien lo narra, cuando uno decide dejar de ser observador y empieza a teñir sus poros en sus calles. La cantidad de tinta que hay que recoger del asfalto roto, es probablemente tema de otro debate.

No es mi posición hacer juicios de valor sobre la obra de tal o cual, o sobre como se debe retratar la ciudad y si es mejor morir en la calle como el Viscarra o escribir sobre la marginalidad de la ciudad pero siempre a distancia, sin revolcarse en ella, como el Saénz (Arancibia, Paulina. La Nación Chile. 2006). Esta es solamente una aproximación, a ratos prosada, a ratos teórica a esto del imaginario urbano y sus representaciones, la conclusión más merecida a estas palabras deberá ser colectiva.

Volviendo al tema, me había propuesto hablar de lo urbano, de eso que como dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua “…es todo aquello perteneciente o referido a la ciudad…” En esa medida podríamos decir que urbano es lo produce una ciudad, desde desechos sólidos, burdas imitaciones, edificios anti estéticos, música y palabras.

La ciudad, en cuanto a su propia subjetividad, aquella que nace y habla en lo que produce, puede entenderse como una mancha urbana de historias, una hilera de luces que van naciendo al amanecer, cada una con una lectura de su complejidad. Fruto de su experiencia y su historia social e individual, cada luz, como las que veo morir al amanecer ,parpadea como una expresión propia y subjetiva de la ciudad.

Resultaría reduccionista aproximarse a lo urbano como lo concreto, habrá que mirar más allá de la geografía concreta de tierra y montaña y pensar en lo que evoca y permite, en lo que en última instancia construye en un papel, en un pentagrama.

Sin embargo no es mi objetivo perderme en alguna bifurcación del jardín, parafraseando a Borges, sino más bien tratar de plasmar algo de lo urbano de la construcción cultural a la ciudad “real” como un todo “incapturable en su esencia” y del cual solo recibimos y devolvemos un reflejo.

Es esto, en última instancia, lo que constituye el imaginario urbano, el reflejo que va mutando en destellos de tiempo en tiempo, de momento en momento, la luz de quienes pasaron, de quienes hoy de paso estamos en sus calles. El reflejo es, en síntesis, un acorde, un grito, un garabato, la forma en que el corazón paceño devuelve a esta ciudad parte de su imagen y su viento lento.

Al hablar de lo imaginario, me remitiré, para no cometer el descuido de darles muchas flores a algunos y olvido a otros, a concentrarme en las palabras y la música como expresiones y representaciones de lo urbano.

Desde la perspectiva de cronista de mi ciudad, hace un tiempo trato de recoger lo que voy percibiendo en sus construcciones culturales como hecho urbano y sé sin duda que mi caminar morirá antes que sus calles, pero sé también que mientras las circule, su sangre latirá con más fuerza en mis venas…”piedra tras piedra caminare y secretamente llegaré al suelo que me ha visto crecer y en el que un día moriré”… (Villegas, Portillo, Canción Venas del Pasado, 2006) y trataré de recoger algunas formas de expresión cultural en música y literatura que retratan la ciudad.

Es importante entender que toda construcción se elabora a partir de la historia personal y colectiva de un actor social. La individual y lo social hacen entonces a la Inter subjetividad de quien mora, habita y respira en la ciudad. La construcción de lo urbano en expresiones como la música y la literatura, debe entenderse siempre desde el contexto histórico que funda la noción de ciudad, en quien decide “aprehenderla”, caminarla y tocarla.

A un primer nivel, a riesgo de lo que pueda provocar el uso de esta expresión “lo marginal” en la literatura me remitiré, no con el sentido peyorativo, sino más bien desde la metáfora a aproximarme a aquellos que escriben desde los márgenes, los bordes de este caótico conglomerado de edificios, ya sea por que deciden un autoexilio o no son parte de esa noción reduccionista y mal entendida de ciudad.

Más allá de la literatura purgante, esa para leer en el baño, que pulula en los suplementos dominicales, fuera de las burdas postales de suburbio gringo de tercera que puedes encontrar en algunos barrios o de los ritmos puertorriqueños en rapaz violación con quenas y zampoñas, bailados en discotecas, me remitiré a otras expresiones.

En esa búsqueda, mi primera parada será en Los Nadies, un colectivo de poetas jóvenes alteños, los nietos del patio trasero de los círculos Krupp, bien se podría decir. Ellos con puño de betún y lápiz de punta chueca , retratan en poesía descarnada su visión de ciudad desde El Alto, en Aykus como los de Rodni Montoya que te dicen con minimalista contundencia:

Flor de cementerio
duerme para siempre,
yo que te perdí, no lo haré
esperando.

O en la denuncia fruto de antiguas violencias que grita en el poema de Alem Quisbert

Paso mi niñez, pensando en venganza
Venganza de tanta muerte de mi clase
e imagine ser terrorista
paso mi adolescencia
pensando en venganza
e imagine ser guerrillero

Este recorrido por lo urbano, sin afán de ser un homenaje póstumo, debe necesariamente remitirse al “príncipe valiente de putas y maracos”, como se llamaba a sí mismo, Víctor Hugo Viscarra, quien con un lenguaje sabor a ají con pis, te estrella en la cara el tufo de sus palabras, Lo real en sus personajes hoy por hoy, así borrachos te hace recuerdo a lo que no quieres ver. A él se aproximan, los que buscan engolosinar su morbo en historia marginales, los amigos de la calle que son capaces de decirle al oído que no ha mentido y también los literatos de tijeras corta prosa.

El Viscarra ha muerto en la víspera, ha retratado en su lenguaje su noche y nos ha enseñado que para construir la imagen de la ciudad hay que vivirla al decirnos: “…no se puede separar la literatura de la propia vivencia, si no se reconocen los avatares y viscitudes que ha vivido y bebido…”…”la noche de La Paz es un laberinto que al no tener principio tampoco tiene fin y uno puede perderse para siempre”…(Víctor Hugo Viscarra, Borracho Estaba Pero me Acuerdo, 2003).

Al respecto más allá de su muerte ahora suena el eco del homenaje musical en “una moneda bailaba en su olla en su afán, mientras su tarka gritaba con furia haya en octubre, borracho estaba y me recuerdo, alcoholatum y otros drink” (Maldonado P., Borracho Estaba, 2005)

La oportunidad para remitirse a otros como Humberto Quino y Jorge Campero, Chapaco autoexiliado en La Paz el segundo, permite llegar a quienes son capaces de recoger y devolver la imagen de la ciudad jugando a poetas malditos. Uno encerrado en la biblioteca con la bufanda y los bifocales, maldiciendo a cuanto nuevo Guillermito o Jaimito pulula por ahí. El otro, vate de odas a los jeans descoloridos de paceñas, iluminando su vista con aire de Sandro trasnochado. De este segundo me permito escoger más por azar los siguientes versos:

Estoy escondido detrás de unos lentes de vidrios oscuros,
Los miro pasar, repasar, comerse mi pan, bostezar, aburrirse
Decir mentiras
Los miro crecer, descrecer, cortarse las uñas, oxigenarse el cabello

(Jorge Campero, Citado en Fosa Común, Antología Literaria Boliviana, Humberto Quino, 2000)

En esta ciudad que necesita que le hagan el amor, sus tribus diversas de trasheros, punks, villeros, hip hops, roqueros, han construido formas distintas de cantar su grito a las paredes y las calles de esta gran muela.

En la música, la ciudad nos regala formas de representar lo urbano que van desde aquellas que se apropian del “lunfardo” marginal argentino o más bien el “coba” de las villas. Donde la mezcla de ritmos como la murga y la cumbia colombiana seducen a huaynos y producen expresiones que cantan a esta ciudad, retratando y pintando una ciudad de cuentos del tío, de robos avezados y bailantas.

Muy lejos al otro lado del puente Topáter, La Paz ha adoptado con personalidad y esencia propia. El Hip Hop, el cual ha mutado desde el Bronx y se ha pintado de colores vivos y whipalas. La rima negra aprendió a cantar en Aymara.

Más abajito aparece la mancha sopocacheña que se cree el centro de lo urbano y lo bohemio y culto. De mes en mes, por esos lados, aparecen aquellos grupos mal llamados de Rock Urbano, redunda ese apellido en su esencia. Por esos barrios resuena la música de Atajo, cuya fusión con aires de flamenco, gaitas escocesas (aunque no se crea), cumbia, vallenato, kullawa, reaggue y morenada, ha logrado aglutinar en sus conciertos a cholitas, japoneses, izquierdistas, europeos y chicos del sur. Han logrado aglutinar en un boliche la mixtura de esta ciudad, la simbiosis poco sinérgica de clases, al menos de la media para arriba.
Otras expresiones, que representan una mezcla urbana peculiar, son aquellas folclóricas de la calle Illampu, donde la diferencia no se marca por el costo de la entrada, sino por la forma en que se vivencia los rituales y códigos urbanos. El acullico como hecho exótico en chicos del Sur y franceses, se mezcla con las escalas penta tónicas de Sicuris que van jugando al show para gringos.

Probablemente se puede dar la lectura de que el hecho de la palabra esa que significa la ciudad, en poesía, en graffiti, en rima de rap, aparentemente desplaza el significado del hecho urbano a las experiencias. Trasciende los márgenes de la mesa donde se escriben, las plazas donde se gritan y vuelve luego disfrazada y validada en otro lado, en aquel donde Punto Blanco hace moda la chompa del presidente, donde las trenzas son cool en San Miguel.

La ciudad sintetiza lo urbano como apellido, no como un todo, es así que uno podrá escuchar las expresiones rock urbano, arte urbano, teatro urbano. El rotulo como medalla para diferenciarse, como la muestra aparentemente minoritaria de una clase seudo intelectual, cuando va más allá de eso.

Lo urbano, vuelvo a insistir, debe leerse como aquello que late individual y colectivamente en los que habitan esta ciudad, cual hecho intangible y permite generar en todo caso formas de significación diversas, expresiones culturales dinámicas, que mutan y que por lo mismo no están ajenas tampoco a la influencia de otros imaginarios del globo.

Lo urbano entonces, va creando una identidad plural, habrá que escuchar sino la denuncia en rock duro en Aymara, impensable hace 20 años en eventos como el recién llevado a cabo Ayni Rock. Ahí se mueve sin duda otra noción de ciudad que muestra que la construcción social se transforma en menos de 30 kilómetros cuadrados y adopta aires propios, capaces de hacer temblar a la ciudad y gritar con poesía de pared y rap.

Luego de esta reflexión, de este paseo más de crónica que de análisis teórico, vuelvo entonces a preguntarme, ¿cuál la significación entonces de la palabra urbana, a la vez tan grande y tan corta para la metrópoli de alasita que me acoge?

Parecería ser que el imaginario urbano es esto que nos funda y otorga una identidad inconsistente, incongruente pero claramente paceña. Para apropiarse de ella habrá como diría Sáenz “no solo escribir poemas , uno en última instancia debe escribir de lo que conoce y lo que ha vivido” (Extracto de Entrevista a Jaime Saénz, CD La Bodega, Fundación Patiño, 2005)

¿Será acaso necesario dormir con quiltros en el barro y en una chingana para conocer lo real de la ciudad? O acaso ¿habrá que emular al Felipe Delgado, construyendo falsos trajes de aparapita para ser paceño, para conocer lo que yace en el otro lado de la noche?. Tal vez la respuesta debe estar sin duda en otro lado, tal vez habrá que releer a Tamayo para llegar a ella.

Considero en todo caso absurdo, plantear la pertenencia a esta mancha urbana en un continuo entre lo burgués y lo totalmente marginal, la ciudad “se está” y uno la toma y la bebe, o simplemente la ignora. El imaginario, pasa por la subjetividad de cada habitante que decide ser permeable a determinadas experiencias, como un proceso propio de construir la creencia y la significación del hecho urbano.

Cada quien podrá sumergirse en carne y pluma en la ciudad, ya que su llamado estará siempre presente, cada quien decidirá cuanto escuchar la furia del viento de la cordillera en su rostro y si algo le deja.

Mañana me iré y será inevitable, en estas blancas calles de Sucre, no recurrir a esos versos de la Matilde “desde lejos yo regreso ya te tengo en mi mirada ya contemplo en tu infinito tus montaña recordadas” para retratar el regreso a mi ciudad, a bañar mi rostro en el blanco del Illimaní, de aquel centinela urbano, que parafraseando al poeta se está.

El Illimani sintetiza en su permanencia la ciudad, porque es roca y es su inmensidad geográfica a la vez inmortal y por tanto, su certeza real. Es su existencia más allá del significante que queramos otorgarle a la ciudad, porque en última instancia nosotros vivimos en el imaginario de esta ciudad y él nos acoge como huéspedes de distintos tiempos y momentos, ésta acaso será la única certeza, él permanecerá luego de que nuestro último respiro seco muera.

Serán las lágrimas de río que reptan,
el largo camino de piedra que te acoja,
el que penetre tus talones desde el frío
Serán los adoquines en mordaza,
los que broten en tu caminar frío
serán el fluir y la furia que taladren tu columna
(Paul Tellería Evocaciones, poema XII, extracto)

Referencias:

· Bedregal, Guillermo (2002) , Ciudad desde la Altura, Editorial Plural
· Moscovici Sergei (1982) Representaciones Sociales Edit.: Fondo Cultura económica
· Quino Humberto (2000) , Fosa Común, 2000
· Sáenz Jaime (1980) Felipe Delgado, Editorial Visor
· La Bodega, Fundación Patiño, 2005, Entrevista Jaíme Sáenz
· Revista electrónica Palabras Más (www.palabrasmas.org, Volumen 5)
· Archivo Revista Palabras Más.
· Paulina Arancibia, La Nación de Chile, 2006
· Atajo (2005) Disco Sobre y Encima
· Casazola Matilde, Cueca el regreso
· Llegas (2006) Disco Hidrometeoros

miércoles, noviembre 01, 2006

Crónicas de A Pie (Por la carretera I)

Hay un cierto escozor en los pies en el correteo previo, este ritual en la terminal de buses trae consigo expectativa, ansiedad, paranoia y aromas raros. LLego, el taxista me dice va a alcanzar, esquivando dos inglesas de pantalon de aguayo y nariz en escarcha, por el sol paceño, el cristal blanco en las fosas, quien sabe.
En la ventanilla, pido el pasaje, con torpeza me mira y me muestra un tablero con asientos ocupados. Aquella mujer de nariz también roja, entre soplidos de resfrío me dice que no insista. La resignación me lleva al bus de siempre, ese que pasa Rambo y Capulina a las once de la noche y matiza la soledad de viaje con exitos de José José. Me mira la cara un gordito come empanada y pone el precio, en función a las reglas del mercado y a mi ansiedad, 120 me dice y muerde el queso que chorrea.
Camino por el lugar, amplio pasillo lleno de bancas de madera, en fila la gente viendo jugar al Real Madrid, en diferido en la tele local. Decido hacer tiempo, tengo dos horas antes de abordar el bus, 18 antes de llegar a destino. Todo está en la preparación psicológica le decía a la amiga de la oficina antes de salir, todo está en el viaje.
Asumir la carretera como una forma de mirarse de fuera sentado en la fila 35 lado derecho, delante del baño, es una cabala. Entender el silencio entre una novela leida a tropezones en el asfalto mordido y de rato en rato escribir unas líneas al tiempo, así debe ser la purga.
Puse a Fito en el Discman con eso de Rollinga o Miranda Girl y me acordé de aquella cambita, a la que le gritabamos collinga como un título honorario que le daba el Illimani, la que vino a La Paz con la plata del viejo motoquero que murió de infarto. Ella decidió vivir sus veinte años en un cuarto en la Plaza Avaroa y jugar a ser modelo en una ciudad aburrida y de piense como dice.
Detrás de la cortina que da a la esquina del baño espera ella, cartera de oso panda, made in china y recibe en silencio el empujón de aquella pelo amarillo y tacos aguja que grita en la cabina su charla para que todos aplaudan.
Insisto, esta espera purga la ira, la incoherencia y te pone frente al viaje, al camino, al encuentro con lo que reclama el corazón. No hay poesía en este juego, sólo silencio compartido con miles de viajeros apresurados, así es como debe ser este silencio, así es como debe ser.
Esta noche es propicia para la lectura, mirar las estrellas del altiplano escupiendo en la ventana su pureza, mientras ella al otro lado durmiendo, en su espera, reclamando el encuentro.
Por ahora tengo sed de beber este lugar, estas miradas de llegadas, de retorno, de separación, estos llantos de carretera.
Más tarde llegará él de ojos rojos y respiración de pegamento a contarnos algún chiste, una canción desafinada de los Kjarkas, a vendernos maté de ruda, té de tilo, uña de gato para el colon y la prostata.
Por ahora, me llega el reflejo de aquella de gorra roja y lenguaje a señas que tiembla unas letras a la Asociación de Sordos. Sus yemas no sienten la ansiedad del golpeteo en el teclado, ni los rumores de olas negras de este lugar. Da besos a su niño que en respetuoso silencio espera y de rato en rato un guiño le lanza.
En una hora hay que abordar, se me acabo el agua, el sol tiembla y La Paz me da su manto de atardecer como amuleto de despedida.

martes, octubre 31, 2006

domingo, octubre 29, 2006

Tu aquelarre

Este getto de ladrillos mal pintados, de antenas de estacas mata vampiros en los techos, brazos de alambre, espantapajaros sonrientes, manos de tijera huecas. Esta humedad de fines de Octubre, tu voz de raspadillo en etanol, me escuece en la oreja y vuelves en un flash con el ajo en tus miradas.

Tus ojos muerde orejas sumergidos en Martini, yo jugando con tus huesos, con tus mandibulas de furia y el idiota aquel con pinta de Hobbit, cuidando tu espalda. Juntos en la barra del boliche jailon ese y tu sol que brilla borracho en tu hombro, embriaga mi silencio, con su lunar de vacuna en el cachete manda besos.

Te recuerdo en otra piel en otro cuerpo, mientras sostengo sus huesos para que no caigan al inodoro del boliche, sus piernas de alambre en X me gritan tu absurda impaciencia en la licoreria, en el cerro bebiendo el vino blanco de a luca en mi bragueta.

Hoy sólo mil latidos en la frente y mi sed que no te encuentra y esta pared de cemento desgastado que escupe el llanto del vecino de arriba, los gritos de la mujer sorda lustra pisos y la cascada de la vegija incontinente que me despierta a las cinco cada día; este escenario, este montaje nocturno me trae el eco de tu aquellarre.

Pese a todo te retengo, mezcla de presente y olvido, buscando en los ojos huecos de alguna anoréxica alcoholizada un resquicio de tu aroma. Entonces de pronto te balanceas en la madera crujiente de esta cama y me queman nuevamente tus ojos de aceituna humedecidos en Martini y mi mano de zancudo picando tu ombligo. Tu llorando, yo mordiendo tu tatuaje caliente, todavía te detesto con odio rasga espaldas y despacio en noche tibia tu sollozo muerde la almohada.

Si, las paredes de este getto sudan el llanto de la tarde, el domingo inevitable, pesado y de tumba , en que tu nombre se ríe a carcajadas de mi encierro. Ya tienes 27 flaca y tu voz de raspadillo todavía me da chaqui, tu risa temblorosa todavía muerde y erisa el pecho, si, ganaste una vez más en la memoria, Feliz Cumpleaños.

martes, octubre 24, 2006

Crónicas de a Pie (Cementerio III del encuentro con la noche)

“Cabeza flor del cuerpo, misteriosa flor que apagó la muerte, su aroma fué el pensar, ahora cabeza fría, ahí está inmóvil, el último pensamiento convertido en niebla” (Poema en la tumba de Enrique Finot). Me introduce al mausoleo de los notables, que dan su nombre a las calles que hoy transito, alineados: Belisario Salinas, Rosendo Gutiérrez, Villalobos, Riosiño y otros, esos que pocos saben lo que hicieron, esos que todos caminan a diario por su espalda de asfalto.

Más allá el Compadre Palenque a la vuelta, debajo un árbol, mármol blanco sobre mármol negro, lleno de flores y mensajes. El Caminante, Pepe, lo espera para seguir cantando. Hay un afíche en el árbol, así con su perfil RTP y micrófono. Alguien ha roto su vidrio de un piedrazo vengador, será que no se compra más pomadas. El Padre Espinal, está en las alturas, como queriendo elevarse a la cordillera, con silla lees de cerca lo de mártir de la democracia y si no hablas escucharas como a quemarropa te taladran sus oraciones mata conformismos.

Tres de la tarde, se nubla la escenografía del lugar y un nuevo encuentro con la muerte me conmueve. El féretro sale de la capilla, en hombros de primos y sobrinos. El tío Enrique, solterón y músico de banda ha muerto el viernes, con hueso de pollo clavado en la garganta, pesa más que la tuba que apretaba su espalda. El sol sale con fuerza, los vivos, bien en traje negro, hacen planes para el platito de las cuatro, para la cerveza fría, listos para bailar en vida el recuerdo de su muerte. Cuentas chistes de esos de Pepito, se juntan detrás de la sobrina de falda campana y de reojo le charlan a sus piernas. Las deudas lloran, fieles a su guión con una mano en la boca y la otra sonriente por que no lavará más calzones.

Jaime, nadie te conoce che, los niños, que se hacen llamar guías se ríen al oír tu nombre. Por radio te trata de ubicar el guardia. Le digo al gringo que moras al lado del Gilberto Rojas y que clarito verá el árbol grande, no entiende. Me voy caminando a tu encuentro a teñir mi tinta en tu tiniebla. Los más viejitos se quedan de noche, me cuenta el sereno, son dos porteros antiguos, conocen bien a sus muertitos. No hay caso de pestañear, grave te jalan la pata y sordo te vuelves con sus ruido, me dice.

Jaime piedra en piedra rota del Choqueyapu, gravado tu nombre en tinta negra. Descanso al caminar y buscarte, camino al descansar y encontrarte, la roca cubre tu noche, tu distancia recorrida. Hoy crecen hojas de Eva desde la pared de adobe que da sombra a tus jarrones llenos de lilas. Una pluma reposa en la greda de tu tumba, varias piedritas de esas con cuarcitos negros, forman el contorno de tu cuerpo en la tierra. Los niños no conocen tu nombre, las señoras que hablan de sus maridos muertos, me miran sentadas desde la fuente seca, no entienden mi silueta apoyada en tu árbol. Me piden una punta bola, rompen el silencio de mis palabras a tu noche, anotan una dirección. El tío Alberto, está por allá, en el cuartel nuevo dicen.
El Felipe con viento ha empujado el vaso con claveles y el agua ha mojado unas plumas de pollo que quien sabe que hacen ahí. Flores secas abundan, hay un jarrón negro, otro de greda con motivos mexicanos. Caigo en la osadía de robarte la pluma y tu tierrita, para tenerte en casa y luego reposo de este andar en tu morada. Las palabras no vienen, se niegan a decirte algo, tu tumba se está, ahí de espaldas al Illimani. Tus restos contemplan laderas serpenteadas y acogen mi silencio, cosa vana elevarte una plegaria, cosa extraña mirarme en tu nada.

Nota: Esta vez sólo para el blog, parece que La Prensa con su revista Domingo, decidió cambiar el estílo y parecerse más a otro medio. En ese nuevo esquema está columna, al menos de momento, ya no encaja en la nueva línea editorial, por lo que aparentemente le dieron un descanso

miércoles, octubre 18, 2006

A la orilla de la chimenea

Se que no visitas este blog por que ahora eres gerente y eso de la literatura no cuadra con tus
balances. Se que estás más flaca que antes, que todavía usas lágrimas artificiales, que tus manos siguen siendo igual de flacas y frías como me gustan y que nada te emociona tanto como escuchar The Cure en tu cama.

Se tambien que tus labios adoran todavía el mentisan y se vuelven una ventosa sensual cuando hablas. Tus cejas gruesas sirven de sombrilla aún a esas ojeras tan cafés, a esos ojos tan persas espiando detrás de tu Burka llena de culpas, esa invisible que sólo tus santos miran.

Ya pasaste los treinta y aún vives con los viejos, adoras tu perro, juegas tenis y todavía me río de ese poema lleno de insultos que te escribi alguna vez.

Hoy me acordé de tí, así por culpa del Shuffle este de la computadora, por esos avatares cósmicos que tiene el Windows, de pronto mi estrés de sandwich en marraqueta se quedo seco al escuchar al Joaquin con esta canción.

Entonces fué inevitable no pensarte, no recordar como jugabamos a las escondidas en los pasillos de la U, como me perdía en tus ojos y solo quería mirarte sin palabras. La ansiedad pudo más ¿te acuerdas? acabamos encontrándonos en esa fiesta y subimos a tu casa en el auto blanco de tu viejo; luego ahí enredados en la alfombra, escuchamos ese tema de REM que tanto te gustaba y yo le puse tu apellido a la canción esa de Sabina que ahora escucho, mientras tus besos de anguila llenaban mi paladar con el aroma de tus papilas secas.

Tu con 19 años, con besos de pre puber, aplastando tus carnosos labios en los míos como en escena de telenovela mexicana. Yo jugando al preambulo, mientras mi espalda recibía los arañazos de las pelusas del piso y el aroma tan añejo de las fotos de tu madre

Ya ves, me acordé de tí , curiosas piruetas te da la memoria, te ví clara hoy a las dos de la tarde
entre papeles y contratos. Otra vez así chiquita con tu voz ronca, con tus ojos secando el dolor de
mis versos, con tu calma y tu risa, así a orillas de la chimenea como aquel septiembre....

Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual que los labios
que beso en mis sueños.

Puedo ponerme triste y decir
que me basta con ser tu enemigo,
tu todo, tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.

Y si quieres también
puedo ser tu estación y tu tren,
tu mal y tu bien,
tu pan y tu vino,
tu pecado, tu Dios, tu asesino...

O tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir
que no soy el mejor
que me falta valor para atarte a mi cama.

Puedo ponerme digno y decir -
"Toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos de un rato... me llamas."

Y si quieres también
puedo ser tu trapecio y tu red,
tu adios y tu "ven",
tu manta y tu frío,
tu resaca, tu lunes, tu hastío...

O tal vez ese viento
que te arranca del aburrimiento
y te deja, abrazada a una duda
en mitad de la calle y desnuda.

Y si quieres también
puedo ser tu abogado y tu juez,
tu miedo y tu fe,
tu noche y tu día,
tu rencor, tu por qué, tu agonía...
O tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.

Joaquín Sabina

martes, octubre 17, 2006

De Octubres...

16 de Octubre de 1946, nace mi padre, en la misma fecha es condenado a la horca Goering en el juicio de Nuremberg, él en su orgullo nazi prefiere suicidarse con una cápsula de cianuro antes que arrepentirse de algo. Mi padre a la fecha sigue sin cuestionar los prejuicios heredados de mi bis abuelo y continua odiando a los judíos.

Por mi parte, tengo varios amigos israelitas, aunque Sharon en definitiva me cae mal y si viviera en la franja de Gaza sin duda lanzaría piedras antes que balas. Pero esa es otra historia y no tiene que ver en nada con la solución final que fue una mierda total. Aunque los amigos de Israel no aprenden y fieles a su antiguo testamento siguen practicando el ojo por ojo solo que quitándoles las corneas a musulmanes igualitos de cara a ellos y que no tuvieron nada que ver con el señor Goering.

16 de Octubre del 2003, El mismo día mi hijita con 5 meses de vida, inocente de todos los despelotes que voltearon al gringo, sólo reclamaba leche, sin entender que nacía a una nueva Bolivia. Ese día, al ver los tanques en la calle, volvieron las imágenes de los setenta, cuando de niño miraba con asombro y temor los tanques en la UMSA. Esta vez sin embargo lo hacía con bronca y volvía nuevamente el miedo a las balas de los días que dormía en el suelo con colchones en las ventanas y mi madre me decía si mi padre no llegaba a dormir era por que seguro ya estaba en la morgue, cuando en realidad andaba chupando en casa de algún cuate.

17 de Octubre del 2003, se hace pepa el Goni a tomar sol a Miami, luego de que dió la orden de meter bala. Se fué gritando desde la ventana Indios de Mierda y tomando Whisky con el Berzaín acabaron concluyendo luego de tres Old Parr, igual que el Goering antes de morir, que habían hecho todo por el progreso y por defender la nación.

Ese día de forma diferente, esta vez siendo padre, entendí los errores de los prejuicios racistas y contradictorios de familia clase media que me formaron y algo termino de cambiar en mi.

15 de Octubre del 2004, muere la Blanca Wiethuchter poeta paceña, biógrafa de Jaime Sáenz que a diferencia de algunos antecesores decidió, voluntariamente ser cremada y perderse en el viento de cordillera del lago Titikaka.

Recordando antiguas guerras, intolerancias tan vigentes y la sangre paceña de carne de cañón de los de siempre, me quedo en las palabras de uno de sus poemas:

Me he muerto a mí misma y eso me conmueve sobremanera.
volver a preparar mi desaparición me consuela y me desgasta
pero puedo seguir la curva de mi brazo,
lo que da la medida de mi soledad
y puedo morderme el vientre de nuevo
lo que enciende el sumidero en el que temo caer para siempre.

Amo este mi cuerpo árido sin solicitud, con avaricia
mi negro hombro infantil que se desplaza según el cielo
que diseña todo el invierno.

jueves, octubre 12, 2006

"9eme Jour" 2


....Tu mirada ahí belle epoque con aires de gata siamés resplandece en cinema machine. Esas cerecitas, rojo chillón, acariciadas con pincel me hacen un guiño y no me dejan ver el fondo de tu rodilla. Apago la luz y busco el colirio, fisgonear con un solo ojo da migraña. Si recién llegaste o estás lista a partir, es una cuestión de perspectiva y el vuelo..."

Foto: Sol Mateo, Exposición 9eme Jour, Alianza Francesa, 2006

Quiero seguir creyendo....


¿Será que hay que fumarse un porro para entenderte?

martes, octubre 10, 2006

“9ème jour”


Ayer te he visto en las paredes del subsuelo de la Alianza Francesa y me he acordado de tí, de tus piernas de alambre y tu cabello largo molestando al viento, de tus dedos de uñas rosadas y frías, pinchando la pelota de la otra niña. Ayer he vuelto a tus diez años y buscando en tu mirada he sentido otra vez esa furía contestaría con que envolvías a tus Barbies en velos negros.

He jugado con tu imágen, congelado en la forma de tu rodilla izquierda y en tu lunar de uva he recordado, tus risas en los juegos de cartas, tus bromas tan naif, tu cansancio en ese jardín paceño, en esa casa en la que te tenían a fuerza.

Ya me habían contado que volaste, y sí, ayer te he encontrado, libre, con tus alas extendidas, con ese perfil tan "belle epoque" en el sepia del Sol Mateo. En este mi jour de merd, con pesada espalda de camisa de alambres, el aleteo de tu libertad me has contagiado.

Foto Sol Mateo, exposición 9eme jour, Alianza Francesa, 2006

lunes, octubre 09, 2006

Crónicas de a pie (Cementerio II de Héroes y Anónimos)

“Vivir sin hacer daño, morirse de repente, son la envidiable vida y la envidiable muerte”, dice un cartel verde grande a mano derecha. Con este verso de Gregorio Reynolds, la Alcaldía mercadea la muerte, para recordar a los vivos que no se están portando bien.
Mausoleo a los Héroes del Chaco, en el nicho 47 yace quien murió un 7 de marzo. Entre sus huesos, como cenizas metálicas, esparcidas las esquirlas de metralla de pila. Me doy vuelta, el lugar forma una exacta línea paralela con el maestro rezador del puesto 7. Es que el más allá tiene sus códigos, la muerte sus mensajes, hoy es 17.
El héroe ya no habla, me deja sentir el sol que muerde mi nuca, el dolor en mis piernas, la sed de dos de la tarde, me regala este instante para recordar su guerra en mis huesos. Mi arrogancia, me asombra, me duelen las rodillas y pienso: Cuidado que me roben la gorra. Le hablo de su bisnieta y le muestro foto, le cuento de esa fuerza que me anda faltando este domingo; de su sable que ahora está lustrado en mi casa. Enojado le cuento de cómo el otro día el Nelson lo usó para perseguir a la Naira y tuve que botarlos de la casa.
Estás ahí, última fila, en la humildad, soportando, como decía, sonseras y pistolas de esos compañeros de caballería con que despotricabas en la Plaza Murillo. ¿Te acuerdas?, comías después un rico sándwich de chorizo en el Merland y la abuela te reñía por que no almorzabas. Ahí en esos huecos chiquitos y oscuros, recuerdan el infierno verde, sus carreras de pulgas en la trinchera, sus secos con orín de cantimplora, cual si fuera yungueñito; una que otra patada le dan al nicho, renegando por las sonseras que hacen ahora en nombre del gas. A ti estas palabras como memorial, como homenaje, frente a la morada que hoy te guarda.
Bajando las gradas, en línea recta hacía el cuartel 40 una mujer de buzo y lentes de sol chinos perfuma el pasillo y empaña nichos con su tufo. Le paga a una señora para que rece a su muertito. Ella anda cortando los claveles, siempre fiel en lo práctico, no tiene tiempo para rituales y rezos. Viene, no sabe por qué, a reñirlo tal vez, desde que se fue le falta plata, a reñirlo porque le había dicho tantas veces que no chupe y no hizo caso. Paga con desprecio 1,50, recibe una letanía monótona de Padre Nuestro memorizado a medias y dos Ave María, matizados con rezos aymaras. Acullico en verso, manta gastada, piernas de alambre es una rezadora. Camina buscando deudos y repite monótonamente algo que no entiende a muertos que no siente. Son espectros del cementerio, diría alguno. Una más de las formas de subempleo, diría otro por ahí.
Caminando hacia la derecha, cerca del Mausoleo del Pacífico, se me acerca de la nada, piel tibia, mira con ojos de pasa y me extiende la mano, busco y tengo los bolsillos vacíos, le digo que disculpe. Me mira, sonrisa silente, sin dientes, vuelco a verla, ya no está. Es que la muerte tiene su lenguaje, sus emisarios y hay que saber entender sus señales.De pronto el silencio se tiñe de risas, de helados de canela y bebés sonrientes. Una madre con pantalón camuflado y look gótico, entre risas distrae a su wawa con su piercing en la lengua. El abuelo, parece militar, deja rosas en una tumba de cerca negra y pasto sintético. Lanza un grito de impotencia a su hija de 16, para que alce al nieto. Ella coquetea con los ojos al que escribe.
De vez en cuando es necesario darse un baño de muerte, que te muestre la fragilidad e incoherencia de estar en pie. Dicen que en las cárceles se reproducen las sociedades en miniatura, parece que en los cementerios es igual. Hay muertos de penthouse de mármol, otros de tumba perpetua, unos en tumba de alquiler con aviso de moroso, otros desalojados luego de tres advertencias. Sí, acá también se reproducen diferencias, también las flores de plástico están secas y para los que no acatan, igual la muerte mata; hay un crematorio, funciona miércoles y viernes a las 11.

La Prensa, 8 de Octubre, 2006 ....Día del Che

domingo, octubre 08, 2006

39 años


Carta de Julio Cortázar a Roberto Fernández Retamar sobre la muerte del Che

París, 29 de octubre de 1967

Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla,comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirandoesas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases.
Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que seespera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto,me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, dedisimulo casi, la sustitución de lo insustituible.
El Che ha muerto ya mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sécuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en Parísencontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuentapalabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo quepueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento.
Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficinadonde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglasdel buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me averguenza porque hablo de mí, la eterna primerapersona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antesde tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, atodos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único quefui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

No nos vimos nunca pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz libre como el agua,
caminé de a ratos cerca de su sombra.

No nos vimos nunca pero no importaba,
mi hermano despierto mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome detrás de la noche su estrella elegida.

Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre, Julio

Lei esta carta hace tiempo, cuando aún contaba con revolucionarios 19 años y salía a bloquear la Avenida Villazón, esa que no tenía nudo. Estudiaba sociología, creía con firmeza en los ideales de cambiar el mundo, como muchos de mi generación, que crecimos en dictadura y fuimos testigos de la lucha de los nuestros por conquistar la democracia. Hoy por hoy, los de 19 saben del CHE por que aparece en camisetas Benneton y los que tiene plata para una, no tienen idea de luchas por que nunca les costó nada, tuvieron todo dado por sus papis bien (bien ladrones). Aunque no tengo en mi despacho un trozo del muro de Berlin, como diría Sabina, sigo sosteniendo que el Che antepuso el romantico Quijote al práctico estratégico y de ahí su muerte. Mucho se puede debatir sobre el tema, sobre lo justo de empezar su guerrilla en un país que no lo reclamaba, todavía tenía esperanzas luego del 52; mucho sobre los bolivianos que murieron en Yancahuazu y ahora viven olvidados sin pensión, mucho sobre como quedo abandonado por el partido comunista de Bolivia, por el propio Fidel que luego lo alzó como bandera, mucho se debatirá a favor y en contra aún 39 años después, al final en sus últimos minutos Ernesto tenía razón "más valgo muerto que vivo" dijo y más allá de todo debate una cosa es incuestionable su coherencia.

viernes, octubre 06, 2006

en off

Tanta palabrita temblorosa aparece de golpe, pinta esta pared y me asusta. El teléfono apagado, ¿acaso no entiendes que no puedes apagar la memoria? ¿qué la sangre corriendo en su sangre no se lava con actos de culebra y cabeza de avestruz?
Tanta palabrita temblorosa me hace cosquillas y me recuerda el por qué de esta lucha, tanta palabrita y el telefono que no responde...