martes, agosto 26, 2014

Be Bop Literario (Re visitado a los 100 años del Nacimiento del Cronopio Mayor)



Como cada 26 de Agosto Julio Cortazar me exige escuchar a Charly Parker, re  leer Rayuela (entre los capítulos  10 al 18) y disfrutar las sesiones "discadas" Jazzeras en compañía de La Maga, Oliveira, Ettiene, Horacio, Gregorovius y Ronald. (Al respecto va este regalito de la Quinta Disminuida, sin permiso de Nico Peña)

A los cien años del nacimiento del Cronopio mayor, desempolvo (retocando un poco) este texto que publiqué hace algunos años, el cual sin duda fue un pequeño homenaje, una forma de alcanzar esos quince minutos, esos cien años que, inalcanzables, irán siempre por delante de este aprendiz. Esta vez comparto el texto, con un agregado especial,  la inclusión del mismo por parte del gran Nicolás Peña, en el programa la Quinta Disminuida del 4 de septiembre de 2013. (Un poco de paciencia para descargar el programa)

Escuchar Be Bop literario en la voz del gran Nico y  el cierre con Lover Man, sin que yo se lo dijera (el cual siempre asocié con Amorous de Johnny Carter), sin duda fue un gran regalo para este pequeño homenaje a Cortazar. Ahí va, a cien años de su nacimiento Be Bop Literario:

Las palabras saltan libremente en una alfombra llena de manchas, de sollozos del pasado. Aquella de la sala que acoge a mis libros y discos y, de tiempo en tiempo, a mis amigos poetas. Hoy Charlie Parker y Julio Cortázar se mezclan frenéticamente mientras vuelvo la biografía “en ficción” de Bird en “El perseguidor”; como tratando de alcanzar esos 15 minutos musicales que van por delante del Julio o del agónico Carter.
Como cada 26 de agosto, la relectura de la vida de Johnny (Charlie Parker), atormentado por sus fantasmas y adicciones, lleva a cuestionarse en relación al afán de perseguir y andar jugando a ser lobo, tratando de cazar al arte que emana de uno mismo y de los otros.

Todo perseguidor es cazador y víctima de la violencia, el éxtasis y el vacío que el mismo persigue. En esa medida, en el campo de la palabra, la persecución podría verse como una sentencia, una sublimación en la que el teclado reemplaza al cuchillo del carnicero y construye la imagen de un cuerpo seco al cual acaba descuartizando a “palabrazos” o aniquilando con contundentes ráfagas de poemas. Ya lo decía alguien por ahí, Julio Cortazar no sólo escribía al ritmo de Jazz “Jazzeaba escribiendo” y El Perseguidor, es sin duda un estremecedor “be bop literario”.

La persecución puede ser caótica y desesperada. Se da, creo yo, como pulsión y forma de nombrar, desde la música o la palabra, el vacío al que todo perseguidor se acerca. En esa medida, como en el Jazz, el que escribe hace que surjan palabras disgregadas y catárticas, en libretas y servilletas de bares, como pobres intentos de atrapar lo perseguido.

Musicalmente, el acto de perseguir nos regalará melodías brillantes, como destellos nocturnos, que luego se esfumarán sin dejar rastro. Al respecto habría que recordar la cantidad de brillantes y opiáceos solos de saxo de Bird que nunca fueron grabados y que se quedaron en eso, en aletazos desesperados en la persecución y nada más.

¿Será acaso el tema del deseo lo que nos mueve, como decía Cortázar en “El perseguidor”?, deseo que se antepone al placer y la disciplina y acaba necesariamente frustrando, porque exige avanzar, buscar, perseguir. El párrafo redundante y mal labrado, la digresión, el desafine, la falta de armonía, la sincopada suma de palabras o notas que fácil se olvidan, son el riesgo de sólo perseguir por el deseo.

Perseguir, ser perseguido o girar en espiral, qué más da. Lo único que está claro es que somos tanto presas como cazadores y, en la música como en la literatura, ambas posturas hablan, de ahí a que dejen obra es otra, ya que perseguir sólo por el deseo, llevará a publicar antes de tiempo la obra, a fallar en el momento exacto, a cometer el error preciso en el cuento, a poner la nota equivocada en el solo de saxo.

Está claro, la persecución, desde la perspectiva de “El Perseguidor”, era una manera de tratar de atrapar a un “sí mismo” siempre quince minutos adelantado en la búsqueda, una forma de hacer uso de un talento irreverente, displicente y poco organizado, una persecución que en esencia sólo buscaba alcanzar la sombra proyectada que hace tiempo lo había dejado agotado en mitad del camino.

Sin duda desde esa postura perseguir no es oficio, es simplemente un castigo auto impuesto, a ser purgado por el arte, por la trompeta, por la pluma rasgando de forma sincopada el corazón. Esto permite a la melodía y/o la palabra presionar nuevamente el corazón, lo que dará inicio nuevamente, al llanto del saxo, del papel y se volverá una carrera en círculos, una persecución tautológica que nace ya de por sí de una derrota.

Para ser honesto, a medida que transcurre la escritura y  re lectura de “El perseguidor” la lucidez y entendimiento se agotan, es como sí las notas o las palabras crecieran en un cerebro mudo de ritmos y golpearan con dolor punzante los versos o el saxo imaginario que habita en la memoria y que no sé cómo tocar.

“...un pobre diablo de inteligencia apenas mediocre, dotado como tanto músico, tanto ajedrecista y tanto poeta del don de crear cosas estupendas sin tener la menor conciencia (a lo sumo un orgullo de boxeador que se sabe fuerte) de las dimensiones de su obra”...

Tal vez algo de eso debe haber en lanzar palabras como ajos, como cebollas al sartén, esperando que el azar produzca obra. Algo de eso debe haber en creer que los pensamientos tan caóticos, por puro arte de asociación libre pueden dar al lector un sentido que ni el autor esperaba crear.

Sin duda algo de eso, tercamente mediocre, nos pasa a algunos perseguidores paceños, que con “la persecuta” a cuestas empezamos a creer que es posible construir obra lanzando palabras como si fueran serpentinas al aire. Sí, los perseguidores criollos, esos pobres diablos, andamos, parafraseando a Cortázar... corriendo como liebres tras un tigre que duerme...

Al respecto aun no entiendo la necesidad de  perseguir sin método, embriagado de sustancias, obnubilado de ansiedades, en vez de evocar en la paz del escritorio, con la calma y el bisturí preciso en la palabra.
Habrá que haber perseguido compulsivamente para aceptar  que cuando pasa el frenesí y la agresión de melodías y palabras al mundo, volverán en la cabeza cosas menos caóticas, que traerán el cansancio del alma por la persecución.  En esa medida, no se sumará nada persiguiendo la estela del vacío, sin dormir hasta las tres de la tarde.

Que no agregará nada a la persecución, insistir en la vigilia, releyendo Rayuela con libromancia o jugando tuncuña con la tapa de una botella sobre un caos de versos, que uno de los perseguidores bautizara como cadáver exquisito.
Cuando uno cuestiona la búsqueda, para de perseguir y decide ser presa, mirando y aceptando de frente el barranco. Es ahí cuando viene un cosquilleo que confiesa que ya no es posible seguir, si sólo se insiste en que la poca lucidez y el desespero guíen la pluma.

¿Cuál entonces la manera de encontrar y aceptar formas menos agónicas de perseguir? ¿Será que hay que pasar más de una noche en la irreverencia de buscar la sombra que suele llevar al barranco, antes de parar, de ser errático y sentarse a construir obra, anclado, sin correr?

Pareciera que no, ya que cuando cesa el caos, surge otra persecución, tal vez más perversa, la de querer encontrar la nota perfecta, buscar la melodía que “abroche” el deseo con la esperanza, la angustia con el arte. La persecución del soneto perfecto, del giro verbal en el cuento, sorprendiendo con maniobras literarias nunca vistas.

Esta forma de perseguir puede llevar a algunos a encerrarse compulsivamente, a llenar las paredes de versos, para un poema inconcluso que nunca acaba, o a llenar la cama, el techo y hasta la espalda de la mujer amada de fichas literarias y complejos mapas mentales sobre personajes, aquellos que en la vigilia desordenarán las sabanas y obligarán al autor a levantarse para escribir un nuevo párrafo de la novela inconclusa, o peor aún, dar un giro total a la obra y empezar de cero cuatro veces en un año el mismo capítulo.
¿Es acaso esa persecución la que retrató Cortázar al hablar de la obra inconclusa de Johnny,Amorous?

“...la salvaje caída final, esa nota sorda y breve que me ha parecido un corazón que se rompe, un cuchillo entrando en un pan. Pero en cambio a Johnny se le escaparía lo que para nosotros es terriblemente hermoso, la ansiedad que busca salida en esa improvisación llena de huidas en todas direcciones, de interrogación, de manoteo desesperado. Johnny no puede comprender (porque lo que para él es fracaso a nosotros nos parece un camino, por lo menos la señal de un camino) que Amorous va a quedar como uno de los momentos más grandes del jazz”.

Sí, algo de eso pasa cuando la persecución improvisada cansa y el talento quiere toparse con esa mala palabra llamada obra perfecta. Perseguir, esa compulsión que lleva a perseguir sin reflexionar en busca de quién sabe qué, escapando de quién sabe quién.

Sí, parecería ser que la persecución trae escondida una necesidad de cerrar algo, paradójicamente antes de ser alcanzados. Al final ¿qué pasaría si dejamos de perseguir, si lográramos el cuento perfecto, la melodía exacta, el poema redondo y de métrica impecable? ¿Qué pasaría si al alcanzar el Illimani cambiara nuestra perspectiva? Tal vez volveríamos a escalar, volveríamos a perseguir hasta que en la perversa cacería cayéramos agotados y entendiéramos que es mejor una melodía inconclusa, una novela que rehaga varías veces el último párrafo, un ejercicio cíclico y eterno de buscar y ser encontrado como en las páginas de Rayuela. ¿Será que estamos acá sólo para perseguir como vía de cura y liberación y no para encontrar?
Sí, Cortázar a estas alturas se ha vuelto un pretexto al igual que Charlie Parker, para enfrentar la búsqueda en el campo de la palabra. Tal vez la respuesta esté en que la persecución es una purga cíclica, en la que se alternan el caos y la disciplina. En esa medida acabará siendo un fin, no un medio para alcanzar algo.

Podría seguir ampliando la catarsis o jugar a que esto es un ensayo literario, de esos que se jactan de extrema pulcritud y limpieza gramatical. Sí, ya sé, ya me perdí en esta persecución circular. Me suele pasar con bastante frecuencia cuando tiendo a vomitar palabras sin orden aparente y entonces salen, de la mano de una idea, salen, así…”jazzeando la palabra” y se empiezan a dibujar luego de un recuerdo, de una imagen retenida en la memoria, de un texto que da vueltas en la cabeza y el cual anda siempre quince minutos por delante de mi boca.

viernes, agosto 22, 2014

A dos semanas de los Cien años de Nicanor





Poeta
Antipoeta
Culto
Anticulto
Animal metafísico cargado de congojas
Animal espontáneo sangrando sus problemas.

Vicente Huidobro, Altazor.
Cien años cumplirá  Nicanor Parra el próximo 5 de septiembre, como buen Parra nació en Septiembre y no olvidará el 11 del 73 nunca. Casí cien años en los cuales el hecho de ser poeta fue irrelevante, fue hombre más allá de la poesía en la cual más de una vez se hizo pis (la propia y ajena) hoy afirma que todo Parra entra en una maleta y basta. Por estos días que yo releo el poemario "El Cristo del Elqui esperando su cumpleaños, en Santiago lo celebran con una deliciosa muestra fotográfica

Nicanor transcurrió su vida, jugando, enfrentando disfrutando aquello que llamó Anti poesía. Sabía y sabe aún mirar las cosas del otro lado, conoce que el mundo imaginario es en el que habita el hombre que escribe el poema imaginario para la mujer imaginaria, el resto lo tiene sin cuidado, como la realidad y la parafernalia que hoy lo homenajea. Nicanor es y sigue siendo sin importarle un pito que la gente sepa que es real.

Hoy te celebro y recuerdo el respeto que te profesa mi amigo poeta Humberto Quino, el que nunca ganó un premio, porque no le interesan los campeonatos, quién me puso el ácido rótulo de "cronista neo barroco andino pop" y me dijo hace tres días "muchacho, ahora que dejo la prostitución en un banco, vuelva a escribir y no se preocupe que todo escritor alguna vez se ganó el pan gastando la espalda o con el sudor de su pene" .  Quino celebra por estos días a Nicanor y es necesario un encuentro con él, que como poeta sabe que la palabra de Nicanor es la contundencia que el reclama a tantos y que cómo me confesó, entre singanis, una madrugada  "al único poeta que no le quité las excrecencias fue a Nicanor y el único que todavía me hace sentir aprendiz.

Saludo estos casi cien años, temprano con vino tembleque, "nervioso pero sin duelo" porque sigues interpelando a la concurrencia, sin importarte un pito si tienes buena o mala voz. Con mi cara a madera de árbol maduro que luego será ataúd, espanto las mariposas nocturnas de tanta vida imaginaria que en la noche revolotean las paredes de esta casa para repetir.... Nicanor...Nicanor..Nicanor...Parra...Parra...Parra. Cien veces cien antipoeta.

Van un poema y un link a un sitio con una pequeña muestra de su obra:

El hombre imaginario

El hombre imaginario 
vive en una mansión imaginaria 
rodeada de árboles imaginarios 
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios 
penden antiguos cuadros imaginarios 
irreparables grietas imaginarias 
que representan hechos imaginarios 
ocurridos en mundos imaginarios 
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias 
sube las escaleras imaginarias 
y se asoma al balcón imaginario 
a mirar el paisaje imaginario 
que consiste en un valle imaginario 
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias 
vienen por el camino imaginario 
entonando canciones imaginarias 
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria 
sueña con la mujer imaginaria 
que le brindó su amor imaginario 
vuelve a sentir ese mismo dolor 
ese mismo placer imaginario 
y vuelve a palpitar 
el corazón del hombre imaginario


lunes, agosto 18, 2014

Cotidiane I (de espuma y asfalto)


I

 Poeta te haces llamar y no eres capaz ni de mirar la uña encarnada en tu pie, que late hace días para decirte que estás hecho de carne. Debes recordar al viejo Chinasky y entender que el asunto no es tan lírico, ser prosaico incluso es un homenaje a la realidad. En esa medida la poesía puede ser creada desde el más  humilde hueco,el más cómodo sillón o el más apestoso nicho y debe hablar también de lo cotidiano, de lo que es el devenir en la existencia en la que músculos y huesos se van pudriendo.

Debes entonces empezar a escribir con humildad, en silencio y sin algarabía, frecuentar menos coloquios, ferias del libro, mesas literarias y encerrarte para que revienten tus yemas, y tus dedos hablen de lo que los poetas evitan; al final de la muerte ya se dijo mucho,  igual que de la vida sacudida en las sábanas, en los besos, en los delirios compartidos. 

Debes hablar de lo que nadie quiere, del gato que viste esta mañana con las tripas decorando el asfalto, de la mujer con uñas negras y pulso tembloroso que pide monedas en el semáforo y todos tienen ganas de escupirle la cara, del temblor del hombre  descalzo que disfruta una Coca Cola fría en un kiosco calmando la falta de pasta base.

Habla del eco del duelo de aquella mujer que despide con dolor a su madre y que luego despedirá tal vez con poesía su hijo. Habla de que ayer, en el cementerio, viste un montón de lápidas de mármol negro en pasto seco, pero cuenta que en cada una había amor y memorias de antiguas vidas.

Escribe de eso poeta, de lo que está en tu cotidiano, de la forma que tienen los baldes en el Cementerio, aquellos que se usan para llevar el agua, que luego se descarga sobre los floreros de las lápidas, cuenta de como los gusanos escapan a la inundación cuando vacías el contenido del balde; del olor, similar al de tu última muela podrida, que producen las flores luego de una semana en un florero de metal corroído.

Habla de la calma de la niñez que confiesa la alegría y enfrenta a la muerte con naturalidad, de la hermosa manera de adornar con un marco de flores el rectángulo que anuncia que debajo yacen los huesos de dos hermanas. Recuerda la forma en que una pequeña niña entre risas, celebró la muerte,  imaginando como debería ser la nueva lápida y se deleita sin miedo observando los altares que los vivos aún arman, llenos de esperanza, a los huesos de sus muertos.

Poeta deja a las ninfas morir en paz, a las lolitas vivir su presente, a las musas rusas, a las warmis clava espinas, a la Magdalena que te consuela con perfumes y cavidades lubricadas con saliva, deja todo eso y observa más lo cotidiano que te rodea.

Llora en privado, ríe a carcajadas frente al espejo y camina, mirando la vida y hazte arreglar esa uña que primero muere el dedo, luego el pie, después la pierna y aún no es tiempo, tienes el don y el látigo de narrar todavía muchas historias cotidianas antes de que se te pudra la cáscara.

domingo, agosto 17, 2014

Documental Roberto Bolaño: El último maldito





El documental  Roberto Bolaño: el último maldito se centra sobre todo en los últimos años que el autor chileno pasó en España, donde llevó una vida de austeridad cercana a la pobreza.

Roberto Bolaño dijo que en poesía era poco lírico, incluso prosaíco, cotidiano. Creó los infra realistas con ese aíre de irreverencia y punk, con esas ganas de mandar a la mierda a los escritores del boom literario de los 60.

Crítico ácido, mordaz e implacable con algunos como Neruda pero respetuoso y reverente con Borges y Cortazar sus dos más fuertes influencias. Bolaño es imprescindible al menos en mi estantería y no me avergüenzo su voz taladró la mía y está presente transversalmente en mi libro 2306... me siento un bolañito.

Se los comparto y por favor lean su obra, sugerencia empiecen por los Detectives Salvajes, luego por 2666 y después hagan una rayuela como mejor les plazca por su obra abierta, sin fin...

En este momento, mientras comparto el vídeo disfruto La Universidad Desconocida, una especie de Antología Poética y me quedo atrapado en estos versos o como se llamen:

No sirve cantar con sentimiento, querida mía quien quiera que seas, dónde quiera que estés: ya no hay nada que hacer las cartas se han jugado, y he visto mi dibujo, ya no es necesario el gesto que nunca llegó. "Era sólo una fachada, el muchacho camina hacia la casa" (Pag. 177)


La violencia es como la poesía, no se corrige.
No puedes cambiar el viaje de una navaja
Ni la imagen del atardecer imperfecto para siempre

(Pag 188)

El Zorro y su elección de objeto

Años después  el zorro siguió haciéndose domesticar, develando el secreto de crear lazos. Sin embargo decidió dejar de mirar niños rubios y se concentró en "lolitas" de menos de 23. Consciente del resultado adverso que implicaba hablar de los ritos, de que lo esencial es invisible a los ojos, del color del trigo y tanta verdades esenciales que aprendió en la soledad del bosque, se embarcó en exponer el corazón abierto a dulces y hermosas aldeanas que caminaban por los campos de trigo. De cada una recibió por respuesta,  todas las veces un  "hay que bonito" "eres tan lindo que podrías ser mi papá" y el consecuente no retorno.

Después en el quinto abandono, se consoló recordando que el lenguaje es el vehículo del mal entendido y, parafraseando a Bukowsky (en estos años el zorro había leído bastante) afirmó " Recuerda querido zorro, las mujeres en estos tiempos prefieren dolares a orejas". Por tanto lo esencial debe ser visible, contable, medible y consumible. Entendiendo esta gran verdad, el zorro volvió a su rutina diaria de cazar liebres y aceptar su realidad. Luego de atrapar, por el cuello, la que sería su almuerzo,se puso lentes negros para no ver el insoportable color del trigo y dio la espalda por siempre a las aldeanas del lugar.

sábado, agosto 16, 2014

El don y el látigo

 Cuando Dios nos entrega un don, al mismo tiempo 
nos entrega un látigo y ese tiene sólo por destino la autoflagelación 
(Truman Capote)

El escritor recuerda a Capote y jugando con las palabras se pregunta ¿Cómo puedo combinar con éxito todas las influencias diurnas, las que provienen de las charlas de café, las interacciones en las redes sociales, las personas que conoció el último tiempo, los cuchillazos por la espalda, la cantidad de libros que dejó a medias, con el objetivo de crear un texto relativamente verosímil que tenga un apellido más o menos decente, digamos “cuento”?

Entonces sabe que para encontrar la respuesta debe buscar al crítico y hacer caso a lo que le dicta: Como usar las diferentes formas literarias y los tiempos verbales, no abusar de elípsis, o giros de tuerca forzados. Él es necesario porque le recuerda su aún limitada capacidad para utilizar la gran cantidad de técnicas literarias que pueden mejorar su arte de escribir.

Está consciente que para aquel otro es simplemente un aprendiz, un mal artesano, que sólo dispara y dispara palabras que dan un trabajo increíble al que lo crítica, porque tiene que ordenarlas, otorgarles un sentido, relativamente coherente, hacer de su diarrea verbal, algo digerible, digamos un pie de requezón.

El que escribe sugiere al otro lleno de temor que sería buena idea observar, escuchar e ir recogiendo cada una de las charlas con la poca gente que mantiene contacto, las conversaciones en el Bus, las discusiones en la cola de la sala del cine, los desprecios y suplicas de diferentes personas a las que ama y lo detestan; cree que así podría darle algo más de cotidianidad a lo que escribe pero no, el otro es implacable, le dice que no sirve lo que propone, que las escenitas que pueblan su cabeza, siempre entrañan el riesgo del filtro del sentimiento y ese, a la hora de escribir algo que valga la pena, no aporta nada, por eso lo calla y le dice que obedezca.

Le dicta lo que tiene que escribir, escoge las imágenes a usar en cada párrafo, le da en las manos con una regla si no obedece. El que escribe, sabe que lo quiere engañar, que se la quiere charlar. No soporta su perversión, las ganas que tiene de morderle el cuello, más aún que lo tiene a su merced. Le asusta y a la vez emociona la forma que tiene de pincharle los ojos, de ocultarle los lentes de lectura, de pellizcar a su presbicia.

Constantemente le patea en la espalda o le da con una edición pasada del suplemente “Fondo Negro” en la cabeza cuando empieza a dormirse sobre el teclado. Es bueno en su oficio, sabe cómo darle donde le duele, para hacerle sangrar palabras, burlarse de la forma que tiene de adjetivar de forma “neo barroca andina pop” las acciones de sus personajes, criticar y burlarse de sus párrafos mal puntuados.

Es insoportable, se las da de crítico, es “típicamente inglés” como el tipo que retrató Neruda en Oda a la Crítica, se las da de editor, de corrector de estilo y luego, cuando lo ve tirado en la lona sintiendo que es un fracasado, sabe cómo acariciarle los verbos, besarle los adjetivos y escupir, siempre con desprecio, las imágenes que con sacrificio construyó con un “vamos yo te llevo al límite, porque quiero sacar lo mejor de ti, al final serás tú el que brille, no yo, no te rindas, que puedas más”

Si, lo sé, estoy consciente, no le gusta como escribe, es más dice que es mediocre, que debería dedicarse a otra cosa, a trabajar en un banco por ejemplo. Cada vez odia más el texto que el escritor hace semanas, hace y rehace. Lo agrede, lo ofende, le da con el látigo, le esconde la zanahoria, lo tortura con sueños llenos de ninfas e insomnios poblados de cuervos y gargolas.

Es un hijo de puta, le hace creer que tiene un don y solo le muestra el látigo. Es un mentiroso, lo tiene atrapado y lo obliga a re escribir cada sábado el mismo texto. El escritor lo detesta pero lo conoce bien, no debo hacerle caso, sabe que si aguanta los golpes, al día siguiente lo dejará en paz y el próximo sábado nuevamente jugará a hacerle sentir que tiene talento. En todo caso por ahora el escritor no puedo hacer mucho, lo necesita para terminar el libro, matarlo sería meterse en un gran lío, fracasar y no retornar, porque al final él escritor y el crítico son la misma persona.

sábado, junio 14, 2014

Minuto 45 (Versión Completa) Relato incluido en el libro "Domingos Por la Tarde" Editorial El Cuervo







           Si alguna vez me suicido será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta la tarde, por lo menos hasta las nueve o hasta las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso que haré cuando toda mi vida sea domingo (Mario Benedetti, La Tregua)


Ya terminó el partido y pidieron mi cambio, jugué en un solo equipo  45 años de mi vida y es hora de un giro, además mi reemplazo ya está al borde de la cancha con uniforme nuevito y listo para entrar. Me dijeron que viniste a entrevistarme para hablar de mi historia para el boletín de recursos humanos,  pues necesitaríamos años para que te cuente todo lo vivido en esta cancha, pero como tenemos una hora iré al grano. Dejo la cancha hoy, eso sí mi bigote se queda conmigo, cómo el de Chichi Romero.

Soy banquero, toda la vida lo fui, empecé a los veinte años abajo, de “aguatero en cajas”. Aún recuerdo mi prueba de selección, fui el más rápido para contar billetes (un fajo de 50 centímetros en siete minutos y doce falsos detectados) hasta el día de hoy nadie bate mi récord. Era el año 1969, recuerdo que la segunda pregunta que me hicieron fue que sí me gustaba el fútbol y la tercera de que jugaba. Les respondí: de puntero izquierdo y fue suficiente, el récord de contar billetes pasó a un segundo plano y me contrataron para el equipo del Banco que luego, en 1986 bajo mi dirección, salió campeón invicto del inter bancario.  Aún recuerdo al que hoy es el Gerente General, jugaba de medio campista, era sobrino del dueño, así que no había como criticarle, no jugaba mal pero le faltaba decisión para la pelota. Si hubiera tenido un poquito del olfato que tenía para los negocios para él fútbol, hubiera sido la estrella del equipo. Bajo mi dirección ganamos invictos,  mira aún tengo el recorte del periódico y la foto con el Gerente de Capitán, se la regalaré hoy antes de irme.

Te repito, yo aprendí de mis errores acá adentro, de las fauleadas, de las gambetas del rival (la mayor parte del tiempo tu propio colega de trabajo), pero sobre todo de los domingos de futbol y de las lecciones que me dejaron los grandes de antaño como Ugarte, Blacutt, Romero, Gallo, Fontana, Iriondo, Borja.

Hoy es mi último día como Gerente de Operaciones en el banco  y me siento como Chichi Romero en el minuto 90 de su partido de despedida. Para alguien que siempre estuvo en las canchas, la última entrada al camerino siempre viene con una pregunta ¿Que haré cuando todos los días sean como un domingo sin fútbol? Eso obviamente duele como la peor barrida en el área y no hay marcha atrás, sabes que la vida te hizo un penal clarito, pero ya no hay nadie que cobre a tu favor, que te permita tomar revancha. Colgar los cachos, es un paso previo a subir al cementerio con los "cachos" apuntando a la Ceja de El Alto, es una realidad, pero bueno, la vida es un partido de fútbol y tiene que terminar.

En fin en todo caso no viniste para escuchar mis lamentos, si no para hablar de mi vida desde el futbol. Ahora que veo hacía atrás, siempre amé la pelota, de niño soñaba con las jugadas de Pelé, pero era pobre y vivía sólo con mi vieja y había que trabajar y en esos tiempos, jugar no era un negocio redondo como para algunos changos de hoy, por eso al dejar el colegio y para cuidar de mi viejita tuve que escoger entre probarme en el Bolivar o buscar trabajo. Tuve suerte encontré un lugar dónde me contrataron para hacer una pega y de paso jugar fútbol. 

El tiempo en el fútbol como en la vida es relativo, cuando pierdes, dos minutos de alargue parecen infinitos y cuando ganas por goleada el segundo tiempo pasa en un parpadeo, en todo caso si tuviera que poner un titular futbolero a mi vida de bancario diría “Hemos ganado el partido, estamos en la tabla dentro los primeros, pero todavía nos falta mucho para salir campeones”

Yo creo que en el banco es como en el fútbol, con los años a uno le crecen raíces en los cachos y no puede dejar la cancha, y si lo hace buscará una u otra forma que lo mantenga ligado a la pelota, en mi caso también al escritorio.  Pasar toda la vida haciendo algo, que de golpe se acaba, es como salir de la cárcel después de treinta años, afuera no tienes a nadie, toda tu vida la armaste dentro y sólo quieres volver. A los banqueros y futboleros nos pasa lo mismo, con la diferencia que “patear la pelota” es una carrera cada vez más corta con los años, brillas rápido y luego ni se acuerdan de ti. 

 En estos años así como cambió la banca, cambió el fútbol. En los ochenta los partidos de liga, salvo los clásicos se jugaban con poca gente. Yo nunca dejé de ver al Bolivar, hasta con los equipos más “chapis”, recuerdo una vez un partido allá por el 81 que jugábamos con un equipo de Santa Cruz bien humilde, no recuerdo el nombre. Yo estaba en general  y podía charlar con los de preferencia como si nada, te lo juro había más vendedores que público y se podía escuchar a los jugadores hablar en la cancha. Cuando terminó el partido el de la radio entrevista al capitán del equipo cruceño y este le dice: “Nos faltó concentración, el rival jugó bien y sobre todo nos afectó la presión del público”. Yo le dije a mi amigo les habrá distraído el heladero gritando ¡Frigo!, ja, ja. Así eran las cosas en ese tiempo, diferencias no faltaban entre los grandes y los chicos y excusas para el perdedor tampoco. 

Recuerdo que cuando empecé a trabajar admiraba a Ramiro Blacutt, no era un jugador espectacular, por eso tal vez me identificaba con él, pero era preciso y con buen olfato. Duro, un enano atrevido que no se corría ante los rivales. Sin embargo para ser honesto, en el trabajo diario te diría que de chango me asemejaba más a un “Chumita” en su primera etapa, corría y corría como descosido por toda la cancha, contaba billetes con velocidad, era el cajero y el puntero más veloz en el equipo del Banco. Sin embargo tarde o temprano los partidos de la vida me fueron aplacando y aprendí con sangre eso de “vístete despacio que vamos con prisa”. Fallas de caja, bolas perdidas que acabaron en gol del otro equipo, lesiones en las canillas, multas por perder plata, me fueron bajando la caña y me enseñaron a no confiar, a defenderme a esconder la pelota.

Hoy a punto de dejar la camiseta, te puedo decir que nunca dejé de relacionar el trabajo con un partido. Uno grita, se esfuerza, se insulta, se patea, pero es solo eso fútbol, nada más. Luego sales de la cancha como de la Oficina y puedes irte a tomar unas Huaris y contarte los moretes en la canilla con el rival jugando cacho, al menos antes era así. 

En esta nuestra charla de camarín, antes de entrar por última vez a las duchas también es bueno que sepas que empecé de abajo, humilde y no me la creí, creo que soy una especie de Vladimir Soria de la Banca. Labré mi camino paso a paso. Empecé creyendo que el más rápido gana  pero con el tiempo la vida me fue poniendo la pausa, pasando las facturas y entendí que si quieres ser el 10 de la cancha tienes que manejar el ritmo de tus emociones para poder administrar bien la pelota y ya ves acá me tienes casi en el minuto 66 de la vida, listo para dejar mi puesto a mi reemplazo; aquí entre nosotros una especie de Botero de la banca, acelerado y sin norte, pero todos empezamos así como “Torito de Villamontes” y luego a punta de fauleadas y amagues del rival, de colegas comprados que juegan para meterte auto gol, nos vamos  aplacando, aprendemos a manejar la pelota con clase, con auto control, serenando el juego, haciendo la pausa y escondiendo la bola, como lo hizo el último grande del Bolivar Chichi Romero. 

Lo paradójico que en la carrera bancaria si te la tomas en serio, si eres dueño, caes preso de la plata y vas a querer ganarla hasta el final, fíjate en todos los viejos amargos que son presidentes de banco, hinchados de plata y queriendo hacer más y más, como si en el día de su muerte la bóveda del banco entrara en su cajón y le sirviera para seguir lucrando en el más allá. 

En el futbol por su parte la mayoría gana plata, tiene sus cinco años de gloria, luego se la farrea todita y se queda con lo justo para vivir los últimos años, eso sí deja la carrera antes de los cuarenta. La diferencia que la pasión del futbol no la deja nunca,  sino pasá por las canchas de San Miguel un domingo en la mañana y lo verás al “Tano Fontana” jugando como si nada o al Carlitos Borja, corriendo como uno de treinta en los partidos de barrio. Si hermano la “gorda” te acompaña hasta luego de jubilarte y si quieres te pueden enterrar con la camiseta de tu club en el ataúd, para que se pudra con tu carne, para que se seque a tu lado en el cajón, porque esa si entra y vale más que millones en un banco suizo.

A estas alturas dirás que soy una contradicción, crítico a la banca y amo al fútbol y lo primero me dio de comer, ya te dije fue la necesidad, una coyuntura, necesitaba plata para vivir, eran tiempos duros, de sacudones políticos en el que perdió el pueblo y ganaron los bancos, con los años me doy cuenta como los bancos hicieron lo que quisieron los últimos treinta años. 

Puedes decir que me vendí pero ¿qué podía hacer? De política sabía poco, apenas era bachiller y el banco me daba platita segura, me explotaron sí, pero con eso mantuve a mi madre, luego a mi familia e hice una vida y lo mejor de todo jugué fútbol años dentro el banco. La vida pasa rápido, primero esto era un trabajo para ganarse la vida, luego pasó el tiempo, los dueños me agarraron cariño fui aprendiendo de este negocio, como quien aprende a manejar la bola partido tras partido, y así sin darme cuenta los años pasaron por inercia, como cuando te pones a hacer técnicas y de golpe te das cuenta que  hiciste cien, pues así fue, casi cuatro décadas en un banco y hoy dejo la cancha.

Fui un tipo realmente leal a la camiseta de este banco, a sus dueños, a veces me arrepiento de no haberle partido la canilla al dueño y que me saquen la roja, pero tenía que aguantar primero porque no sabía hacer otra cosa que ser banquero y además el equipo me necesitaba para jugar en la liga bancaria, era la pieza clave, primero el goleador, luego el armador y  cuando salimos campeones el 86, me volví el técnico. 

Hoy soy una especie de Víctor Agustín Ugarte para los nuevos como vos que entran al banco, así todos gallitos paradores, altaneros, a más de uno le bajé la caña con un par de multas por sus errores y luego con voz serena les explico cómo funcionan las cosas aquí adentro.

Yo aprendí mucho del Chichi Romero, acá detrás de este escritorio y también en la cancha ¿Viste este bigote? No me lo quité nunca, creo que es mi cábala, ya está blanco, pero por los años, la gente decía que el Chichi se lo blanqueaba de cocaína para entrar a la cancha, pero era mentira, mala leche de los envidiosos que no aceptaban su talento, que él no tenía que correr como toro desbocado para hacer una genialidad, que sabía colocarla, su bigote era su mira, para ponerla exacta en el ángulo derecho del arco. 


Para empezar te daré el consejo que me dio el primo del Carlitos Aragonés cuando hace años fui a abrir nuestra Oficina de El Chaco --- hay que aprender  a manejar al “torito de Villamontes” y hacerle creer que te gusta y cuando lo tengas apaciguado, quítale la bola y apunta al arco—Me dijo y no entendí ni papa, pues te cuento la historia:

En el Chaco, toda hacienda tiene un toro semental el más bravo que es el encargado de preñar a las vacas. En el caso de este toro que por cierto se llamaba “Guevarita” no sé si por homenaje o ironía al Che Guevara, era una bestia, se parecía a esos toros de los dibujos animados, exageradamente grande negro y con un aro colgando de su hocico. Bufaba como un tren a vapor, encerrado y loco. Estaba claro que si te acercabas te traspasaba la panza con los cuernos. Mientras lo miraba me dijo el amigo del Banco ¿Quieres acariciarlo? Yo pensé este idiota está loco. Entonces sin esperar mi respuesta grito --- ¡Pedro, vení! Y llegó un peón de la hacienda, un viejo matrero que sabía de toros. Abrió la cerca por la parte trasera se acercó al toro y con la mano derecha le tocó los testículos, se los empezó a sobar con calma y delicadeza, como jugando con una bolita de lana. El toro dejó de bufar, sus ojos se pusieron grandes y hasta parecía sonreír. Se quedó quieto. – Dale entrá y acarialo—me dijo el amigo. Entré tímido y miedoso y me acerqué al toro, que era realmente imponente, le acaricié la cabeza y se quedó tranquilo, no me hizo nada. Luego de que me fui, Pedro, lo soltó y  el toro bufó y empezó a  ponerse incluso más agresivo que antes.

--- En la vida hay que saber controlar al toro por donde le gusta y hacerle creer que a ti también te gusta—Me dijo y desde ahí en el Banco y en la cancha usé la técnica del Torito de Villamontes, “Sobar primero” hasta que el Jefe se calme y luego soltarlo en el momento que menos piensa y contra atacar. Lo mismo es en la cancha, te haces al gil, vas dejando jugar al rival, lo haces sentir que tiene el control, luego lo miras a los ojos, le quitas la bola y contra atacas, entonces perderá el control, te querrá partir las piernas pero será tarde tú ya tendrás el dominio.

Esa historia me marcó y aprendí que una cosa es sobar al de arriba por “lame bolas” y otra por estrategia, al final las manos después te las lavas y el otro piensa que él es el que manda y tú eres el que metes los goles. Así sobreviví hermano en la vida, en el banco y en la cancha, todos estos años. Recuerda, sobar al torito tampoco es malo, mientras no te acabe gustando.

Yo creo que Chichi Romero, sabía mucho de eso, con la diferencia que él era el toro, se dejaba sobar, se hacía al calmado, y hacía que los rivales bajaran la guardia y en el momento exacto, se soltaba, hacía el pase milimétrico o buscaba la falta y donde ponía el bigote ponía la bola.

Recuerdo que yo tenía 33 años, doce de los cuales trabajando en el banco, cuando Bolivar fichó al Chichi Romero. Cuando lo vi el primer domingo en la cancha me quedé opa, nunca había visto a nadie que tuviera esa habilidad para manejar la pelota. Yo ya había ascendido en en el Banco y tenía una jefatura, todavía tenía buen físico y mi bigote se asemejaba al del Chichi, pero en la cancha mi técnica era una burda imitación de aquel grande, viéndolo en la cancha entendí como había que jugar en la vida.   

El Chichi sin embargo cometió el error que tarde o temprano muchos cometieron, no supo equilibrar el talento con la juerga y se la creyó muy rápido. Recuerdo una vez en “El Internacional” un lugar de cena show en la calle Ayacucho que ya no existe, Estaba ahí con mi esposa y llegó Chichi con su novia y se le acercaba la gente y le decía: que bien juegas, que talentoso que eres, eres un crack y toda clase de adjetivos que los borrachos nos mandamos sobre fútbol, incluso los stronguistas lo alababan. Él no decía nada, agradecía, sonreía y seguía cenando. Al principio la novia inflaba el escote feliz de ser la  pareja del gran Chichi Romero, luego empezaban a llover los tragos a la mesa, primero un whisky, luego otro, y otro. El Chichi se olvidaba de la novia y acababa en la mesa con algún grupo de borrachos y ya ebrio lo sacaban en andas del boliche, así como héroe al final del partido.  Es que el Chichi era de otro planeta, hasta en los tragos sabía cómo jugar. Lo increíble era que al día siguiente lo podías ver en la cancha “sedita” jugando como nunca, con el pulso intacto. 

Recuerdo otras anécdotas de los tiempos de antes. Dos de Gregorio Gallo y una de Galarza. Gallo era vecino del Gordo Salinas un tipo que trabajaba en contabilidad en el Banco y los domingos salía a su ventana a las 10:30 y le gritaba -- ¡Vamos a comer un fricasé! El gordo obvio que nunca le decía que no. Iban a un lugar cerca del estadio, donde hoy hay un edificio. El Salinas pedía dos cervezas y Gallo le decía no hermano tengo que jugar la cerveza me hace mal, ¿Sabes que pedía? Una botella de whisky, comía el fricase, se bajaba media botella, pagaba y se iba a eso de la una del boliche. Dormía una hora y se iba a la cancha y jugaba como un crack. Sin duda esos changos se jodieron el cuerpo temprano, pero veme a mí, igual me acabé dañando el hígado trabajando más de diez horas al día en este banco, la diferencia que ellos eran como los Rolling Stones, hacían lo que les divertía, la pasaban bien y encima les pagaban ¿Qué más se puede pedir? 

En otra ocasión, Gallo acompañado de Takeo y otro Tahuchi, del que no me acuerdo su nombre llegaron al Banco, era un lunes a las nueve de la mañana, entraron hasta cajas sin hacer colas, en esa época no había las maquinitas de ahora, si eras famoso o platudo hasta con mozo te recibían en una sala especial, de verdad. Bueno ese día no fue el caso, los pocos clientes que estaban a esa hora en el banco, les cedieron el paso, sorprendidos de ver quiénes eran. La gente se les acercaba y ellos saludaban como estrellas de rock; recuerdo que al escuchar el ruido fui a cajas, lo primero que me distrajo fue el auto en la puerta, un Jeep Toyota con tres chicas de esas del “Swing” una dentro tocando la bocina y las otras dos, todo voluptuosas, en minifalda y con el maquillaje chorreado, apoyadas en la puerta. Gallo y sus amigos estaban festejando el resultado del domingo, sacaron plata, se fueron cantando y la gente los miró y no se quejó, eran futbolistas. Yo me acerqué a poner orden entre los cajeros, con mi camisa bien planchada, para que dejaran de mirar a las chicas y volvieran a atender al público. Luego me sentí un idiota ahí con el chaqui del domingo y la corbata asfixiándome.

La tercera y con esta termino. Un domingo de clásico el Lucho Galarza, estaba defendiendo el arco, dicen que con tembladera porque noche antes se habían dado una borrachera, Sería el minuto cuarenta del segundo tiempo y escucho un pito y se salió de la cancha, se fue al camerino, que esa época quedaba detrás de los arcos. ¿Te das cuenta? Se la perdonaron todos y el público festejo el tema como chiste, eran otros tiempos, hoy lo hubieran botado del equipo. En los setenta y ochenta los jugadores tenían más talento que hoy, jugaban con menos velocidad y más técnica, se divertían más. 

Pero volviendo al Chichi, ese sí que fue grande y se fue serenando con el tiempo. De  gambeteador empedernido, pasó a ser un creador nato, un puntero impecable, pese a eso me río cuando trato de imaginármelo en un banco, en la oficina hubiera partido las canillas hasta al Gerente General, hay gente que nace sólo para la cancha y otros nacemos para ser empleados que le vamos a hacer. Aunque no creas hoy con sus 57 años si vas a  Santa Cruz lo podrás  ver jugando ahí por el Centro Empresarial Equipetrol, en fin de semana, si tienes suerte junto a Melgar y Aragonés. A su edad sigue con la genialidad intacta y todavía puede definir un partido en dos jugadas.

Recuerdo un clásico en La Paz en que el Chichi en menos de un minuto definió un partido, primero controló la bola en el medio campo, calmo la desesperación del equipo y enojó a los rivales los hizo sentir “Toritos de Villamontes” y luego dos gambetas, fabricó una falta, una caída intencional en el lugar exacto de la cancha y sacó uno de sus clásicos tiros libres, con esa comba que sólo él sabía darle. El pelotazo imparable acabó en el ángulo derecho del arco y dos minutos después terminó el partido y Bolivar ganó 2 a 1. Luego de meter el gol, se fue al centro con un trotecito elegante, saludando al público como un obispo de la cancha bendiciendo a su hinchada, tranquilo de haber hecho lo suyo y bien, sin tanta alharaca y festejos ridículos como los jugadores de ahora. El Chichi jugaba, la metía bien y luego se iba a festejar con unos whiskys, esa era la vida, su vida, hasta que salió afuera y no lo entendieron o el no entendió que más da. 

Eran otros tiempos, en el que los “Maestros” como él, herederos de Ugarte eran sutiles controladores de la bola. Una época menos competitiva y con más diversión en la cancha, las reglas eran menos duras y hasta los árbitros se hacían los locos con las estrellas en una buena jugada pero tampoco les interesaba cuidarlos. Se jugaba duro y quien llevaba la 10 cargaba un escudo y una cruz, por un lado era una especie de intocable y por otro recibía todos los golpes. Había que tener talento y el Chichi lo tenía. En esa época la marcación era uno a uno, hombre a hombre y si eras el 10 te tocaba un tipo que y no te dejaba respirar, es aquí donde recuerdo que el Chichi me sirvió de ejemplo para mis batallas bancarias,  se dejaba patear sin quejarse, pero respondía con talento, sin achicarse, tenía su carácter sin duda y ante los alterados que iban como una tromba a marcarlo, él imponía su juego, les daba el cachetazo con talento. Un enganche, un quiebre, una gambeta y era suficiente. 

¿Te das cuenta? Eran tiempos en que el talento se sobre ponía a la fuerza, en mi caso te podría decir que yo era un espejismo, una mala imitación del Crack Romero. Jugaba bien sí, mi gambeta era aceptable y administraba bien la bola en los partidos. Como te dije al principio era como un toro desbocado, un alocado y Romero me enseñó a administrar los tiempos, saber que en el futbol como en la banca se juega duro. Lo paradójico que en un banco la pelea está dentro, tus rivales son tus compañeros de trabajo y hay que saber encarar, gambetear, lo triste no para ganar, sino para sobrevivir, sin que el otro te parta la pierna y te haga pisar el palito.

 Hoy que me voy te puedo decir que soy un tipo sereno detrás de este escritorio, ya aprendí todas las mañas, ya no juego en la cancha, pero creo que tengo la virtud de haber mantenido mi bigote y detrás de él la paciencia para administrar el juego. Si sobreviví en este lugar tantos años fue gracias al futbol, lo que le copié a Romero en la cancha lo trasladé al escritorio, visión de juego, precisión, remate preciso, personalidad y potencia física y esperar el momento para atacar, retroceder cuando hay que hacerlo, administrar los tiempos las emociones y colocarla en el momento exacto. Ya te dije, si quieres triunfar de banquero tres consejos: ve todos los domingos al estadio, seguí jugando en el equipo del banco y hazles creer que te encanta sobar al “Torito de Villamontes”.
 
En el partido de la vida: Ten la cosa clara, no te achiques, no te dejes sobar mucho, no te la creas y remata con todo cuando veas el arco. Creo que sólo así se logran resultados. Añadiría algo más, no te tomes tan en serio el tema que al final el partido tarde o temprano acaba y la pega también. 

Me pediste una historia de los domingos de antes, del futbol de antes y te acabé hablando de mí, es que el asunto es así, jugamos un solo partido, el de la vida y entramos a la cancha sin pedirlo y sin saber ni andar; luego, ya en los descuentos, la vida nos regala, tolerancia y visión de juego ¿Debería ser al revés no? Uno gana paciencia, técnica y serenidad cuando le queda poco tiempo. Yo dejo la cancha hoy, en tiempos que los clásicos se juegan por plata y cada vez menos en domingo y el futbol es un negocio donde sobrevive el más rápido. 

No hermano yo me quedo con los viejos domingos de clásico, esos en los que comías un chicharrón con cerveza antes del partido y dejabas la mesa con tu botella marcada para ir al estadio y volvías a consolarte o a festejar con los amigos celestes y atigrados.

Una semana después de publicar esta nota me enteré que hizo su última gambeta y metió el último gol de su carrera, el que ya lo tenía preparado cuando conversamos. 

Brillante, escondió la bola a su sucesor los últimos meses, aguantó su arrogancia, sus bríos su discurso de que todo estaba mal, le dijo lo que quería escuchar, asintió con la cabeza cuando le prometió que bajo su gestión reinaría una cultura de eficiencia. Resistió callado y con el bigote intacto, todo el alarde y las bufadas de su iracundo sucesor.  Sobó al Torito de Villamontes por última vez, se jubiló y un mes después apareció recontratado como Asesor del Gerente General.

Ahí sigue jugando en el alargue, mientras le aguanten las piernas, como estratega del técnico de la empresa. Estaba claro, para él dejar el banco era como salir de la cárcel después de media vida, como resignarse a vivir el resto de los domingos sin futbol y a eso era mejor meterse un tiro. 

Mientras termino esta nota, sigue trabajando, gambeteando desde otro lugar, tranquilo, hasta esperar el verdadero pitazo final, si quieres verlo anda a un clásico y lo encontrarás en General bandeja baja, al centro del centro, te ubicarás por el bigote casi como el de Chichi Romero.

sábado, abril 26, 2014

Alex y sus actos de fe



Alex volvió a escribir, la verdad dos notas suyas en una semana me sorprendieron. Me habló de su ateísmo confeso, el cual siempre estuve convencido que nació de un inmenso acto de fe. Recuerdo la vez en la que discutíamos y ella se desgañitaba inhalando y me retrucaba. Dios no existe, es un constructo del hombre para explicar lo que no entiende, antes todo era obra de Dios, hasta el poder, “En el principio era el verbo” y  cuando la ciencia sea capaz de explicar “el verbo” se acabará tu Dios me dijo.

Las veces que conversé de religión con Alex, siempre fueron intensas, como intensa la presencia de las sustancias que acompañaban la vigilia. Anarquista y Atea confesa, de familia burguesa y machista, además graduada de un colegio católico, Alex representaba sin duda la contradicción generacional de su época, en realidad su nombre real es María Alejandra, pero se lo cambió a Alex porque, según ella, llevar el nombre de la mujer que a todos veneraban como la madre de un psicótico que se hacía llamar Dios no era coherente con sus valores. Por otro lado Alejandra la sometía doblemente, al repetir el nombre de su madre, casualmente torturada noche tras noche de su infancia por un tal José. En esa medida fue que a los diecisiete se convirtió en Alex y luego dejó a sus padres y se fue a vivir a la casa de su abuela, una especie de Emma Goldman orureña mezclada con Chávela Vargas. Fue en casa de la abuela que se introdujo en la obra de Bakunin, la de Trotsky y amó a Virginia Wolf hasta mojarse los calzones y definió los siguientes cinco años de su vida, hasta el acto de coherencia que hoy la tiene escondida.

Alex sin embargo no pudo dejar nunca a Alejandra, ella llevaba la marca del padre, esa que pese a los sabios consejos de la abuela, la tenía atrapada buscando en cada hombre al golpeador que la salvara a patadas de sí misma. Golpes recibió, pero a ella le importó un carajo eso de la virtud como a la Justine de Sade, sus actos fueron más los de un personaje de Lars Von Trier. Sin embargo hay que reconocer que fue coherente en algo, Alex asumió como un acto confesional su a partidismo y su ateísmo. Decidió creer en ella misma y fue ese el camino que la llevó a estudiar letras y a devorar en la cama, antes de conocer a Nikki, a su docente de literatura “Un Doctor en Letra, experto en la obra de Barthes y Perec y graduado en Paris con honores. Aquel hombre amaba la Torah, La Biblia y el Corán como grandes libros poéticos, decía que tenían elementos literarios increíbles para encontrar ideas para construir personajes desde la sumisión, la perversión, la culpa y el derrotismo. A diferencia de Alex el sí creía en un único Mesías James Joyce.

Volviendo a la carta, Alex me escribió indignada para decirme que si Dios existe se encargó de recordar al mundo que detesta las estatuas gigantes usando la imagen de su hijo, además inclinadas como tótem o falo semi erecto en acto de poder. Al principio no entendí y luego supe que se refería a la foto de la prensa en la que un gran crucifijo erguido en Italia, en homenaje a la canonización de San Pablo Segundo se derrumbó y mató a un hombre. Me dijo que esa paradójica señal podía ser interpretada como un mero acto de azar para alguien agnóstico como ella “la persona incorrecta en el lugar incorrecto debajo de una obra mal hecha que cedió por los fuertes vientos de la época en los Alpes”

Por otro lado me dijo: “desde lo místico que a ti tanto te gustado, podría leerse  como una señal de rechazo divino al show mediático de mañana, algo así como el enojo con los mercaderes del templo y la contundencia con que Jesús criticaba a los fariseos”

Sin embargo (sigue la carta) si fuera creyente diría que es el rechazo a la santificación del humano por parte de otro humano. Creo que si el hombre de la cruz que asumo si existió hubiera estado vivo hubiera dicho “no morí para que me conviertan en un ídolo arrogante y gigante, lo hice como un acto de humilde entrega por todos ustedes y así deberían entender mi mensaje” Por otro lado me preguntó ¿Quién le da el poder a un hombre para decir que otro hombre es santo?

Luego de ese cuestionamiento, se despidió dejándome como siempre lleno de preguntas “la crisis me tiene en un café internet gastando las últimas monedas para escribirte”. Además me recordó que desde la clandestinidad no podía usar una misma dirección ni enviar mensajes desde la misma máquina. También me contó que se cortó el cabello estilo Noomi Rapace “En la segunda parte de la trilogía Millenium” y que últimamente se siente Lisbeth Salander lo cual le genera una deliciosa adrenalina “vivir huyendo de los cerdos me dio una nueva razón para vivir, más fuerte que mi amor a la cocaína”.

Antes de despedirme me dijo que se le está acabando la plata y si le podía prestar unos pesos para escapar a Argentina por la frontera. “Estas en deuda conmigo hermano yo te conté mi historia y la publicarás pronto en un libro, así que lo menos que puedes hacer es pagarme los derechos de autora si no quieres ser el segundo Nikki ja. Yo te diré cuándo y dónde dejarme la plata" Escribió en párrafo amenazante

 “Siento que si llegó a Buenos Aires estaré a salvo”  Buscaré a Alexia y juntas tal vez nos animemos a vender chucherías en San Telmo o quien sabe, tal vez le enseñe a cantar y armemos una banda Punk y si nada de eso funciona, pues aún queda el viejo recurso de la Magdalena.

Como era natural me volvió a escribir de un correo electrónico creado para la ocasión, mismo que luego des habilitó, para que no la  “trakeen” como dice. En todo caso sé que me lee en este sitio, o al menos eso creo y sólo puedo decirle que no tengo respuesta para sus cuestionamientos religiosos, en la medida que soy un hombre creyente y sin duda, hacerlo entraña una batalla diaria para fortalecer el camino en la fe en cuanto certeza de lo que no se ve y mantenerse en el creer y esperar, alimentándose de oración. Eso sí debo confesar que al igual que Alex a mí las canonizaciones siempre me hicieron un ruido molesto. En relación al incidente de la cruz, creo que hay que tomarlo como lo que es un accidente y punto. Desde mi postura confesional solo puedo decirle que a Él no hay que pedirle señales, solo leer las que nos entrega. En cuento a los nuevos santos sin duda fueron grandes hombres, coherentes con la misión encomendada en su momento pero también humanos llenos de errores, uno de ellos en particular por su intolerancia a la teología de la liberación (acordémonos su relación con Monseñor Romero)  y el supuesto encubrimiento a actos de pedofilia. Sin embargo ¿quién soy para juzgar o nombrar santos?

Si todo lo aquí escrito hubiera transcurrido en una conversación cara a cara, Alex sin duda no hubiera estado de acuerdo conmigo lo sé y yo me hubiera quedado mudo ante la contundencia y lucidez de sus argumentos y luego hubiera contado una a una sus pecas en el pecho, deseando besar su lengua hecha de solo carne y perderme en sus pupilas dilatadas de gata. Si hubiéramos logrado dormir juntos ambos hubiéramos coincidido que la cópula es la sacralización del cuerpo, por algunos minutos. Luego probablemente cada quien hubiera vuelto a su creencia. Ella tumbada en la cama, durmiendo puro materia y yo flotando en el techo con el alma llena de preguntas. Al final creer o no creer es no más un acto de fe.

jueves, abril 24, 2014

Alex y sus displiscentes palabras

Hoy te leí, me contaste en una carta de puño y letra que te estás cansando de catres alquilados, que buscas refugio, que la boheme a pasado, que la clandestinidad te tiene presa y a la vez enamorada de la libertad que desborda en tu encierro.

Aún te espero, me dices que volviste al yoga y que tu bondad es excesiva, en relación a la amistad desinteresada que te ofrezco y hay un límite en insistir retomar el nexo. Al final de los finales, como decías cada vez que tomabas el último trago a las tres de la tarde gritando "me falta una mujer, me sobran seis tequilas".

Debo decirte, aunque no leas este sitio, dejarte pistas para que me encuentres y si estás dispuesta a decirme donde estas, al llegar no te garantizo el absurdo aquel que le llaman felicidad, sino la realidad compartida, cruda en la que sabes matar y se como reclamar un buen crimen.

No me busques dices, yo te encontraré, de momento Adeu (copiando al Catalán aquel que conociste en tus noches de la Manzana Tóxica)...Adeu y no te jodo.

sábado, abril 12, 2014

Alex en el espejo de Alexia



Ayer Alex caminando la ciudad encontró en la pared del Katanas un mensaje de Alexia y le sacó una foto, la reconoció inmediatamente por la letra, era la misma con la que jugaron a escribirse poemitas truchos en servilletas a las 7 de la mañana, la madrugada que se conocieron en el Café Ciudad. Ambas muriendo de frío, una con las manos secas por cera y gasolina y la otra con las uñas negras de tanto acariciar cabezas de ebrios. Solas en el mismo café, las conectó que casi tenían el mismo nombre. Hablaron de sus vidas, de los gustos en común, ambas con la misma edad y la misma mirada penetrante de ojos negros.

Alexia en realidad es Alex en el otro lado del espejo, ambas caminaron la noche a voluntad. Alex sabe de Alexia lo que ella de Punk, es decir nada, sin embargo las dos disfrutaron esa mañana cantando “no me arrepiento de este amor” de Gilda en la versión Ataque 77.  Bastó con mirarse aquella madrugada, llorar juntas fumando un porro y susurrarse al oído “dale loca que se puede”. Alexia fue una niña de papá, Alex no conoció al suyo. La  primera dejó Palermo a los diez y siete para irse a vender chucherías en la feria de domingo en San Telmo y luego tomo un “bondi”,  escapó a provincia con un colombiano. El resto fue pura inercia llegó a La Paz, conoció una “paragua” en un alojamiento, tenía hambre, poca plata y aceptó trabajar bailando en un tubo.

Alex por su parte dejó a su madre porque no aguantaba al baboso del padrastro que la manoseaba y se marchó a casa de su abuela y se metió a estudiar literatura, ambas “clase medieras renunciando a lo “concheto” de su pasado.  Alex sobrevivió de la manga de la abuela y Alexia de la sed de cuarentones, al menos hasta el día que Alex conoció a Nikki y Alexia se cansó del Gordo.

Para Nikki  Alex se desnudó mil veces, hizo todas las estupideces que le pidió, durante dos años, hasta lo que ella considera la única cosa coherente que la liberó. Por invitación de Alexia fue dos noches al boliche, vestida todo de negro, solo un par de veinte añeros le invitaron una cerveza y luego los mando a rodar, se dio cuenta que no tenía talento y menos estomago para ser mercancía. Alexia por su parte disfrutaba bailando y emborrachando a los tipos, como le decía. Alexia sabía que eso era falso, parte del cuentito que una siempre se cuenta como auto consuelo, a ninguna mujer le gusta ser puta, eso lo saben todas en el Katanas pero ninguna lo dice en público.

Alex no volvió a ver bailar a Alexia, la última vez que entró al boliche se fumó un nevadito y  se imaginó como un personaje de “Machete” matando a tiros a todos los babosos del lugar y luego saliendo triunfante en un bus rumbo a Coroico con todas las chicas cantando la vieja canción de OM en versión de Llegas “Ya vamos llegando a la cumbre ay mamá” y de ahí saltando al vacío juntas como en una especie de homenaje colectivo a Telma and Louise, pero no fue así, cuando se le pasó el efecto de la torcida  a las diez am se dio cuenta que la realidad es más apestosa, abrió los ojos en el cuarto de Alexia y vio a su lado a tres chicas destruidas y semi desnudas roncando como viejos tuberculosos a su lado y entendió que fantasear drogada  sobre ser una heroína de la prostitución no tiene nada de romántico.

Alexia y Alex se respetan, las dos son de ley, saben vivir y también matar con clase. La gaucha, como le decían en el Club, desapareció luego de pildorear a un gordo banquero en un motel, al verlo tieso se asustó y le metió a la fuerza cocaína para que reaccione y fue peor el tipo trató de vomitar y se atragantó, quedando tieso en la cama. Alexia, aparentemente serena, llamó por teléfono pidió la cuenta, se vistió y pasó los billetes por el torniquete del cuarto con una propina extra, luego pidió un taxi y salió sola del "telmo". Se asustó obviamente y antes de escapar tomó lo que pudo de la billetera. Luego se enteró que el gordo había muerto. En realidad fue un tema de mal cálculo, ella sólo lo quería dormir, no se imaginaba bancándoselo durante una hora encima suyo, pero a las 6 de la mañana una no sabe calcular la dosis exacta y menos conoce cuantos triglicéridos tiene un gordo para que su corazón bombeé intoxicado sin detenerse.

Cuando Alexia le contó la historia a Alex, ella le confesó como se deshizo de Nikki y entonces se hicieron amigas, ambas odian a los cerdos, aunque el de Alex era anoréxico y pesaba 60 kilos y el último cliente de Alexia un obeso. En total se vieron tres veces en un mes una en el Café Ciudad y dos en el Katanas.

La mañana que Alexia decidió retornar a Argentina paró en la puerta del Club y con un lápiz de ojos que sacó de la cartera escribió el mensaje al que hace una semana Alex le sacó una foto y me la mando. La pena que apuntó mal, y justo donde dice “a todas mis ex compañeras” está la sombra de su mano. Ambas saben que están donde deben estar y que deben seguir reconstruyendo su camino.

 Alexia ya no teme, está libre de los cerdos, al menos por un tiempo, mientras vuelve a Buenos Aires en Bus se pregunta si eso del hijo pródigo también aplica a las hijas putas. Alex aún espera el momento exacto para reconstruirse,   de vez en cuando me manda un correo de algún café para que deje claves en esta página que nadie lee, para que su abuela sepa que sigue viva, esperando retornar y empezar de nuevo eso sí en cualquier lugar menos la Manzana Tóxica o el Katanas.

domingo, marzo 16, 2014

Alex y los recuerdos del mar en un charco apestoso.







El cielo casi no se ve a menos que volés muy algo
mate, porro, dedo y queramint 
la vida es este trago amargo
Fito Paez

Alex quiere levantarse y algo la tiene atrapada, no es la abstinencia en todo caso, es algo así como los tornillos del pasado que clavan sus huesos al catre de metal en el que ahora duerme. Extraña ver los cambios en la imagen de la ciudad a la madrugada desde su antigua ventana. Desearía tener la única secuencia de fotos que hizo antes de partir y dejó olvidada entre sus cosas antes irse.

Mientras sus órbitas huecas de otras órbitas, juegan en el techo buscando alguna lluvia de cometas, recuerda cuando a los diez años era la niña de papá y jugaba a sumergirse en el fondo del mar, tapándose con el edredón azul en la cama de su viejo.  Vuelve a escuchar el canto de la marcha de los peces hormiga que inventaba su padre para darle pequeños pellizcos de amor que la emocionaban y daban una sensación de realismo al mar imaginario en el que habitaba el temible y gigante pez cosquilloso que el rato menos pensado llegaría montado en una ola desde el lado menos esperado de la cama y la llevaría a un incontenible ataque de risa.  Papá se fue, el mar de la cama donde pasaba feliz las noches ya no existe, como tampoco su madre que le permitía pasar tiempo con él por un mero asunto de conveniencia, para ir de bar en bar en busca de un tiburón con quien pasar la noche.

Hoy las dos frazadas viejas con que cubre su cuerpo huelen a charco, no permiten ver las estrellas que se formaban en el techo en los viejos juegos del mar, sólo son apestosos cuadrados de lana y poliéster que mantienen el calor de su cuerpo y ayudan a reemplazar la falta de tejido adiposo en muslos, pechos y vientre. Sin embargo intenta y se tapa entera y se hace una bolita, un taco y recuerda cuando le decía a su padre ¿Hazme una cosquilla super mega duper? Pero esta vez no hay respuesta y menos la sensación de alegre ansiedad del juego y de sentirse protegida. Su padre murió cuando Alex cumplió 18, no pudo soportar los monstruos reales y se pegó un tiro y la dejó sola. Su madre lloró la muerte como un acto reflejo y se arrepintió de no haber propiciado una reconciliación con el padre de Alex antes de que ella fuese mayor de edad. Luego del entierro acompaño a Alex una semana y luego salió en busca de alguien que le diera otro hijo a los 38 años, labor sin duda difícil de la que aún no ha vuelto. Alex partió de casa ni bien desapareció se quedó sola y hoy diez años después espera retomar fuerzas para trepar al Illimani y sacar algunas fotos de la ciudad antes de la última partida.

Alex tiene los ojos de su madre, de mirada profunda y de aceituna negra, los labios y cejas del padre, muy árabes para ser paceños, muy gruesas para su flaco rostro. Hoy es domingo, el día más alegre de su infancia y por eso le da náuseas. Hoy quisiera quedarse tapada hasta la cabeza y volver al pasado sereno en casa de su padre, que en cuanto ausencia del espacio con la madre, siempre fue presencia en la vida de Alex, pero no puede, las hormigas que hoy le muerden la piel son fruto de la ansiedad y de los delirios,  el pez cosquilloso se ha convertido en una detestable cucaracha gigante y con tenazas que le muerde todo el cuerpo. Sin embargo, Alex sabe que no pasará mucho tiempo dentro este charco, heredó de su madre la capacidad de actuar, de levantarse y volver al ruedo. Además ya no hay poesía en su vida y eso sin duda ayuda cuando una quiere volver de sus propias cenizas, primero debe esperar que acabe el domingo y entienda que este encierro es temporal y parte del costo de pagar su libertad.

martes, marzo 11, 2014

Alex después de Nikki


Alex se ha ido, al menos eso dicen todos los que la buscan y creen recoger entre los escombros de su apartamento algún mechón de su cabello. Está lejos o cerca, al fin solo ella lo sabe. Mientras miro el viejo afiche, de los tiempos que tocaba el bajo en la banda, aquel  que sobrevive en la pared de una casa de Sopocachi recuerdo su palpitar sangrante y la silente forma de preparar aquello que ambos sabíamos nos dañaba en el fondo del daño.

Mucho hablar, mucho decir nada matizando nuestras madrugadas de Fernet con Coca. Pasábamos de la Chavela a la Frida, de la Pizarnik a la Paty Smith, de la Nancy Spungen a Courtney Love, de Joan Jett a Pat Benatar. siempre Benatar antes y después de los alaridos y risas,  antes de apagar su motor cocaetilénico y caer estampillada encima el colchón o debajo mio, que al caso era lo mismo.

"En lo que ha muerto esto ha nacido, para ser entonces la vida que aún no ha muerto", escribí el día que dejó el escenario y corrió tras los huesos del idiota de Nikki. Ambos sabíamos, estaba claro lo que tenía que hacer, así tenía que acabar la vida de ese pinche "cuetillo posero", mal remedo de Arturo Belano. Así es como había que cortar sin último tango en Paris, sin Punk en Brixton, en un ácido juego de cera y nada más. Alex obró bien, amó bien, mató bien.

Se que ayer volvió, me lo dijeron las chicas del Night Club " La Diosa". Volvió pero ya no es la misma. Nunca se vuelve siendo lo que se pudo haber sido. Hoy está, sin estar estando, con los ojos amarillos, con el  mentón dormido, muerta en la vieja vida, naciendo en la vieja muerte y aún creo que me espera...


martes, mayo 14, 2013

El Sable


 
Aunque en el purgatorio, Alejandra todavía usa  lentes grandes y sus pies parecen cada día más pequeños. Cuando la conocí  trabajaba de productora en una compañía de teatro, sabía cerrar con firmeza los  ojos junto con el telón al final de cada obra. Cuando actuaba, sus palabras entonaban con la fuerza del acero los parlamentos de Ofelia.  Ayer me acordé del dolor que me produjo el día que me pidió prestado el  sable de mi abuelo. Le dije que primero tenía que pedirle permiso al dueño  y ella insistió diciendo  “conseguiría otro pero el sarro de El Chaco tiene la fuerza que la Tramontina Brasilera nunca entendería”
Cuando le pregunté  qué uso le daría a tan histórico objeto espanta fantasmas,  simplemente respondió que sería parte del  uniforme de un actor que encarnaría a un viejo dictador loco y retirado. El personaje, en el clímax de la obra, lo usaría para cazar mariposas izquierdistas. No supe  si ofenderme o llenarme de esperanza ante tan absurda contradicción, por lo que  simplemente opté por levantar el sable, limpiarlo con Ace y  limón y esperar que su actuación tuviera al menos algo de denuncia social.

Más tarde me vi en la obligación de aconsejarle temeroso  que tuviera cuidado con el uso que lejos de las tablas  pudieran dar al sable
-  Todo  actor que interprete a un dictador tiene algo de milico frustrado-, le dije. La verdad temía que el supuesto dictador luego de cazar mariposas imaginarias en la obra la emprendería contra las bien torneadas cervicales de Alejandra.
Ella pareció no preocuparse por mis advertencias, es más el día que  recogió  el sable llegó alegre, había fumado mucho  y tenía los ojos iluminados del rojo de gata alegre, me lanzó humo en la cara  y bailó una especie de candombe en la puerta de casa y me confesó con sereno optimismo:

¿Sabes que el abuelo de mi marido también fue milico y me contó que ellos cogen  al ritmo de marchas de caballería y contra los mitos populares ninguno lo hace con gorra, sino más bien con las medias puestas? No supe que decir,  simplemente  le entregué el sable, esperando que el espíritu de mi abuelo no cabalgara en la espalda de Alejandra y me lo devolviera pronto. Después guardé silencio y entendí que  una mujer que pide un sable prestado y baila candombe en tu puerta es de temer y tiene en las venas  más acero que miel,  por eso ya a solas guardé cada una de sus palabras dentro de un vaso con bicarbonato y sal,  luego me las tomé de un sorbo y las escupí  sobre un papel para quitar el sarro y la cursilería de mi poesía.
Antes de irse me dijo “Te recuerdo que los milicos sólo clavan y clavan, sin caricias. Los escritores por su parte saben preparar el terreno con palabras para que otros usen la bayoneta y los actores  esos sí que decapitan tus  sueños con sables de utilería.

Alejandra siempre fue una mujer de batalla por eso le dio buen uso al sable, no murió ninguna mariposa imaginaria en la obra,  contra todo pronóstico y fuera del guion el acero de mi abuelo sirvió para para librarse de quien hace años la acuchillaba con palabras en la cama. Luego de ensartar a su marido al colchón al ritmo de candombe, psicóticamente poética como siempre, escribió en la pared con el sable "más vale óxido modelo 1935 a Tramontina 2013" .

Mientras escribo esta confesión, Alejandra duerme en paz  soñando con Ofelia en un lago de algodón neuroléptico en el hospital.  Por mi parte  estoy tranquilo, ayer supe que el sable de mi abuelo, se exhibe orgulloso en una vitrina del museo policial junto a la navaja del Sambo Salvito y puedo verlo cada  vez que quiero, eso sí todavía no entiendo porque los milicos lo hacen con medias y no con gorra.

 

sábado, abril 13, 2013

Pajas de Oficina II


Neuróticamente hablando, llenar el formulario RC-IVA es un deleite lleno de placer para el obsesivo. Entre sus rituales más eróticos se incluyen: planchar facturas, el orden por rubros, por meses, por horas y por montos, el registro cuidadoso ejercitando la alegre verificación de NIT y nombre, el uso de puntabola roja en los errores y azul para validar las facturas bien llenadas, el sonido de una factura arrugada dentro el puño cuando está mal hecha y el disfrute basketbolero de lanzarla al basurero. En el clímax del acto se encuentra verificar en el formulario DA VINCI y deleitarse al leer el mensaje de la computadora que dice NO EXISTEN ERRORES EN EL FORMULARIO, premio que para el buen neurótico tiene la misma intensidad del beso de la amada. La paz es inexplicable cuando luego, con la sensación del deber cumplido se agrupan las facturas en grupos de diez o veinte y se las engrampa con cuidado en la esquina superior izquierda y se las entrega al responsable de revisarlas dentro el plazo fijado por la oficina (usualmente el 15 de cada mes) El operario diligente que tiene el rol de revisarlas, si tiene la suerte de haber elegido ese trabajo por vocación obsesiva (lamentablemente pocas veces ocurre) recibirá con ansiedad las facturas de varios empleadas e iniciará la orgiástica tarea de revisarlas nuevamente una por una y deleitarse al encontrar errores. En caso que el declarante haya realizado la tarea con descuido y desidia el placer para el revisor se intensificará y podrá ejercer el poder del lápiz rojo que cual falo erecto empezará los embates del rechazo de facturas y la anulación de formularios con una X de extremo a extremo de la hoja. El buen neurótico hará su tarea sin que se le mueva un pelo y no se dejará intimidar por las quejas, los llantos, los intentos de seducción y chantaje de declarantes desordenados clamando que les permitan rehacer el formulario para que no les descuenten impuestos en el mes. El buen neurótico que además de revisar formularios ajenos predica con el ejemplo porque horas antes concluyó el suyo sin errores, con deleite mirará a los ojos de aquellos mediocres y desordenados colegas y les dirá "NO el formulario RC-IVA es una declaración jurada y es su responsabilidad hacerlo bien" En ese momento el obsesivo confirmara que es capaz de tener orgasmos múltiples.

martes, abril 09, 2013

Pajas de Oficina III

Los papeles por firmar,  caprichosamente esparcidos sobre mi escritorio no son ni´pétalos ni ramas secas, son simplemente el recordatorio de la burocracia que disfraza tu ausencia. Tú sabes bien que la eficiencia laboral prohibe las saudades y morriñas y que la concentración invertida en nostalgiarte es inversamente proporcional a las actividades que generan el dinero para pagar deudas. Sin embargo en cada firma te evoco sin importarme que en alguna calle las hojas secas de los árboles esperan el pisotón de tu olvido...

lunes, febrero 04, 2013

Huecos y estornudos (reloaded)



A veces esos agujeros, tan hondos, tan de Moebius en el fondo de la panza, tan parecidos al hueco del espíritu, se llenan simplemente con el tacto.

Tanta vuelta existencial, tanta náusea de parque contando hojas secas, reverberante en la nada de esta vegetada existencia, a veces parecen llenarse con el sabor corto de un instante, de un cote cote, del old in and out, de un juego de vientres.

Esos suspiros de angustia, de sabor gris, es posible que desaparezcan con el acto del verbo. No habló de aquel bíblico del Génesis, si no de aquel hecho carne, del incorrecto, del mal pensante, del que grita lo tachado por la palabra y que en cuanto copula es en el infinitivo entrar y dejar entrar.

Es una lástima sin embargo que la náusea desaparezca sólo algunas veces con el engañoso recurso de pieles, que le petit morte, dure lo que un buen estornudo. Ya que suele ocurrir, la mayor parte de las veces, cuando las sábanas vuelven a estar quietas, cuando las pieles vuelven a estar secas que retorna el sabor a mareo y el vacío late más grande. Entonces cuando el hueco vuelva a demandar una respuesta surge una de diez veces (las otras nueve se ronca) la pregunta existencial ¿miramos el techo o hablamos?

Yapa: Queda el consuelo científico que luego del acto, viene la resolución y otra vez podemos poner un curitas a las dudas existenciales.

domingo, febrero 03, 2013







Hay una especie de abandono en este presagio, un no aceptar que el hpy no se alimenta de miradas del pasado, sin embargo hace un tiempo que la añoranza tiene la certeza de tu rostro, por eso sin apuro hoy te convoco.


Se que llegarás y cuando lo hagas, no serás Penelope, lo harás pronto, tal vez envuelta en aire o quizás en forma espuma, o simplemente humana,  para el caso es lo mismo, tu retorno suavizará el aura languida de este espacio que te nombra.

Llegarás, ni más cauta, ni más clara, ni mas firme, así con tus lados tan mundanos, con tus afanes cotidianos y con algo de ese mutismo que tanto dice.

Es probable que cuando lo hagas recogas cada uno de tus silencios incrustados en el techo, arranques cada una de tus risas clavadas en la ventana y quien sabe tal vez como última ofrenda me convoques a la sal de tus rincones.

viernes, mayo 18, 2012

Crónica de El Mundo de los Elefantes I


Nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al currelo (Joaquín Sabina)

Quiero escribir y sólo escupo informes, fue la frase que me vino a la cabeza en mitad de una reunión en la que con mucha seriedad nos enfrascamos en la tarea de ponerle numeritos a una lista de cargos (metodología Hay para los que conocen de Recursos Humanos). Serios señores de corbata jugaron conmigo durante ocho horas a alquimistas, yatiris y científicos, trasladando la subjetividad a una metodología disfrazada de rigor positivista, que no es más que una forma de ponerle precio a los cargos que ocupan los empleados de una empleada (mi alter ego burócrata se sentirá ofendido al leer esto, pero que se aguante  hoy vengo sin corbata).

Mientras perdía el tiempo, ordenando con marcada obsesión los juegos de poder interno en un proyecto de Manual de Funciones, recordé a Cesar Vallejo con lo de “quiero escribir pero sólo me sale espuma”, muerto de ganas de robar aquel magistral verso que hace más de 30 años, tomó Prestado Pedro Shimose como título de un poemario, acabé gritando ¡últimamente sólo escribo informes! Razón por la que dejé en suspenso el avance de mi libro de cuentos, una dosis de veneno burocrático fue suficiente para minar mi energía y dejar en coma sus páginas.

Como paliativo para el ánimo, en mitad de un ataque de gastritis, descubrí que los amigos de sistemas que bloquearon Facebook y Twitter no se metieron con blogspot. ¡Buena noticia! Que atenuó mi reflujo y me llevó a saber que a falta de seguirle el paso a los chismes de las redes sociales, volveré a actualizar esta bitácora que no sé si todavía tendrá lectores (comenten para que sepa)

Al escribir escucho “y si amanece por fin” de Joaquin Sabina y aplaudo aquella magistral frase que dice: “ la buena reputación hay que dejarla dormir a los pies de la cama, hoy tienes la ocasión de demostrar que eres una mujer además que una dama” Agradezco al maestro Sabina por tocar mi saudade y volver a sentir el sabor de la espalda de la mujer con la que hace dos noches tomé vino hasta las dos de la mañana, repitiéndome el mantra sabinesco “nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al currelo”.

Con el sol de la tarde paceña pinchando mi brazo, recuerdo el deliberado desafine con el que T “ la mujer de las diez citas en diez años” me cantaba al oído …y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres”, para luego brindar por Joaquinito y confesarme que su mayor sueño es llevarlo a su cama para jugar con él a ser su Margarite Duras versión paceña -Para envidia de El Nano, Sabina debería saber que por acá hay una boliviana que lo caminaría con glamour- Me dijo la del perfume lleno de Deja Vus que  aquella noche fue lo mismo.

Media hora antes de que la vorágine laboral me lleve a jugar entre reuniones, informes, pulsetas de poder, metáforas de palo y zanahoria, canto “porque comerse un marrón si la vida se luce poniendo ante ti un caramelo” muerto de ganas de saludar al caramelo con miel en los ojos que trabaja en planta baja, antes de que llegué Pepe Cortisona a reclamarme que ya es hora de entregar mi matriz de avances.

martes, marzo 06, 2012

Mordeduras

Con mordiscos de ausencia se recibe el silencio,
hay que saber aguantar la larga
noche sin decir nada.
¿Qué fuerza habría en repartir lágrimas a los invitados como pétalos negros?
Por eso es mejor sacar a todos a empujones, sentir los dientes del
mal y esperar...esperar.