Atardecer gris con burbujas ácidas en la panza
Mujer de viento..
Acá me tienes nuevamente, por lo visto fallé en mis cálculos tu carta llegó antes, que arrogancia la mía en pretender predecir todo y asumir el control del tiempo ajeno. Que poder tengo yo al fin de cuentas sobre las ganas de llevar el paquete del cartero, la paciencia con que el amigo de la post en Paris clasificó las cartas de países para él tan remotos como Ruanda, Bolivia, Guatemala. Sea como sea, algo habrá influido en la reducción de los días, que hoy el país suena más en el mapa, más aún cuando nuestro presidente estuvo hace poco en Paris probando esos curiosos autitos a pilas que funcionarán con pilas de litio que los franceses fabricarán a partir del 2010 y que Evo insiste que se deben hacerse en La Ceja del Alto para reemplazar a los Transformes por orgullosos “Deserticons” Galos.
Perdón me vino una nostalgia de mi adolescencia y recordé esos dibujos animados tan divertidos de autos todopoderosos que se convertían en terribles monstruos. La verdad por estos días me están dando unas ganas de convertirme en algo así como un monstruo de esos que se comen a la mierda que va chorreando de mis orejas y mis pies mientras camino. En fin, son rollos míos no les hagas mucho caso.
Mi carta tardó menos, al igual que tu respuesta y en sólo 16 días estoy disfrutando de retorno tus palabras. Me gusta el papel en el que escribes, me recuerda a esas hojas añejas con aroma a borra de vino que solía guardar en una botella de Pinot Noir, cuando creía en esos juegos del destino y en que el vidrio esmeralda de una botella tenia cierta clase de poder mágico para que las palabras deseadas se conviertan en lo esperado. Ya ves con los años uno deja de lado las miradas tan naif y acepta la realidad con sus luces y sombras, sus demonios y querubines y aprende a pasar por la vida aceptando la relatividad de un mundo gris, al final así es más fácil, duele menos creo yo.
Me causó tanta gracia leer tu respuesta ante mi lapsus con la Molly y la Penélope, no sé algo de mi estaría pensando en mujeres griegas o en esa necesidad de añorar a quien te espera inmóvil “al lado de algún camino” en alguna estación para que luego te diga ¿quién eres tú? En todo caso se que entendiste el mensaje, ya ambos no creemos en la dispersión romántica de las mujeres que lanzan piedritas al río pidiendo regalos o de los hombres que van corriendo persiguiendo flechas trepando al mirador de Montmatre en busca de una adolescente de 30 años como Amelie.
Al leerte reconozco la grandeza de una mujer que se resiste a lanzar sentires a una ciudad que no la ha olvidado, una ciudad que está reencontrándola. Si, leerte es caminar por las palabras de una mujer grande como tu dirías, no me refiero a lo cronológico, sino a la grandeza que da la vivencia y las marcas que con gusto uno lleva en la piel y en el alma.
Sin duda es increíble como los hijos nos cambian, en ambos los recuerdos de nuestra vida adulta necesariamente tienen el color de la risa de los hijos y es inevitable no asociar lugares maravillosos con los hijos, con las wawas, con su risa, su sorpresa, primero por el tacto, luego por la mirada y probablemente la más hermosa cuando ponen su palabra a lo que les asombra, a lo que no entienden.
Avísame si en tu camino por esas estaciones del Metro encuentras algún Clochard boliviano tocando charango, sin duda te moverá algún sentimiento de patria diferente el escuchar ciertos ritmos fuera del país. Cuéntame después más de tu calle de tu boulangerie ¿las vecinas francesas gritan igual de balcón a balcón sus penas e histerias como las españolas? Háblame también de Xana ese nombre me suena a bálsamo, no podría explicarte por que.
Hoy luego de leerme seguro caminarás, volverás a descubrir riendo ese Paris al que dejaste, con la diferencia que tus gestos ahora se cubrirán de palabras.
No des tanta vuelta, no deberías en todo caso girar tanto en las razones de nuestros trajines, de nuestras caminatas por calles que nos pertenecen o que nos robaron lo que fuimos, simplemente estas caminando, acá con el Illimani, allá con el falo aquel de fierros, estamos y los iconos se están, quedarán más allá de nuestra ausencia, pero eso sin embargo es otra cosa.
Sabía que te negarías a escupir al Senna si al final respiraste de sus aguas tanto tiempo que sería descortés devolverles una saliva apaceñizada, primero bebe de él un tiempo, respira la ciudad un poco más y tal vez podrás regalarle un beso. Lo que sí, debo agradecerte por las piedras a la memoria de la Maga, espero que no hayas jugado a ver cuantos saltitos daban como hacía Amelie.
Cuéntame también como encontraste la tumba de Cortazar, me dan ganas de decir Julio pero sonaría irreverente para alguien que sólo conoce sus letras y más de una vez jugó a copiarlas y de paso mal. Espero que el poemita permanezca un rato en su lapida, ahí escoltado por esos árboles (¿cipreses tal vez?) tan grandes.
Amiga del alma, como ves esta respuesta tiene más de replica que de confesión, que de revelación de mis días, por ahora poco contaré de este presente en el que estoy aprendiendo a desenredar madejas del pasado, volví al psicoanálisis, el diván ayuda aunque pincha también los sueños. Pero que absurdo yo hablándote de psicoanálisis y tu dejando a tu inconsciente fluir en las calles por las que Lacán gozó (psicoanalíticamente hablando claro), que privilegio el de tus días.
Tu retorno, mi estadía, tu devenir, mi estar, son al final miradas diferentes, aproximaciones distintas a este instante tan absurdo de estar vivo. ¿Te pusiste a pensar en si Sartre tendría dolor de cabeza o gastritis el momento que en una banca de Paris se le ocurrió eso de la náusea, de que somos arrojados a la existencia sin pedirlo? No sé, tarea para otras cartas para otras caminatas.
Al final como dices hay que ser agradecido con la vida que hemos transcurrido con tanta dicha y tanta pena que nos jodieron pero también nos hicieron felices. Fiel a mi obsesión debo confesarte que ya viví más de 13,000 días y puedo rescatar a estas alturas por lo menos 50 felices, creo que es bastante premio en todo caso ¿no lo crees? Como siempre dije con 15 años más estoy tranquilo, el resto para serte honesto ya será yapa.
Seguro a estas alturas se te enfrío el café o lo más seguro tuviste tres distracciones placenteras con algún franchute caminando por la calle. Sabrás disculpar mi existencialismo y fatalismo, pero hoy por hoy al igual que tu tengo más ganas de reencontrarme a mi mismo y de disfrutar la risa de mi hija que de pensar en creer nuevamente que puedo pasar días enteros en las mismas sábanas con la misma mujer, de forma deliberadamente sucia, con cerveza deliberadamente fría como diría Cortazar.
Por favor aprovecha para escribir para darle vida a esa obra que hace tanto grita en tu interior. El invierno de Paris creo que te será propicio.
De momento recibe besos con tinta de versos
Me despido mirando las montañas paceñas y esperando tu respuesta por "la poste"
Yo
PD: Mándame el primer párrafo de aquel texto inexistente.
Ejercicios literarios, crónicas, miradas a la ciudad, relatos, poesía (de vez en cuando) y todo lo que este aprendiz de escritor produce en el camino a encontrar su propia voz (Al final Borges la encontró a los 70 años)
martes, marzo 03, 2009
lunes, marzo 02, 2009
Del Sena al Choqueyapu I
Paris sin tiempo
Amigo del alma,
Nada más bueno que recibir una carta tuya por la Poste. Debo ante todo disculparme y decirte lo apenada que me siento por haberte dado café de sobre con fecha vencida (qué desprolija!) y recordarte que no es la Penélope, sino la Molly. En todo caso la espera no me aniquila, porque el encuentro es siempre o casi siempre más apasionado, que doloroso y el si es siempre si, aun diciendo no.
La primera vez que llegué a esta ciudad quise ver la Torre y así fue. Después de un cansador y largo viaje cargada de mis wawitas, nos dormimos todo el día y fuimos a verla en la noche. En el camino nuestro recibimiento fue un grupo de música boliviana que tocaba en el metro, creo que en Chatelet, una de las estaciones más grandes, más extrañas y por lo mismo más luminosa. Después, ver la Torre iluminada fue para mí aprender a llorar por dentro, no sé explicarte por qué un montón de fierros despertaron en mí una sensación que nunca antes había vivido. Era noviembre, el mes más feo del año en París.
Ahora, no busqué la Torre, he buscado mi calle, mi boulangerie, a mis queridas vecinas del departamento del frente, a mis vecinos árabes de la esquina, a mis amigos y Xana, la tienda de las liquidaciones eternas en Foubourg du Temple. Esta semana estaré con el primer francés que conocí cuando llegué, con el que nos comunicábamos con gestos, porque yo apenas sabía decir dos palabras en francés. Él, como tú sabes, se convirtió en otro amigo del alma, que en el momento preciso me devolvía la carcajada con charlas, vinos, quesos y con un eterno: “tout se passera bien”, para eso yo ya conocía algo más de su idioma.
No puedo decirte muy claramente lo que significa estar otra vez trajinando estas calles, pero sin duda estoy repasando una parte dura y a la vez intensamente maravillosa de mi vida. Ya pasé por el Canal Saint Martin y por la Senne, no creo poder escupir a ninguna de esas aguas amigo, pero prometo que al pasar otra vez, lanzaré varias piedras en tu nombre a la Memoria de la Maga y por supuesto que le dejaré a Cortázar lo que me pides. No sé de dónde sacas eso de que cómo osas una ofrenda al escritor, que no te conoció, acaso eso importa? Tú si lo conociste y eso basta, creo. Además no dices el Julio, dices Cortázar…
Ya visité la Halte Garderie, la Maternelle y l’École de mis hijos, ya habrá tiempo para contarte todo lo que reencontré en esos lugares, por ahora solo puedo decirte que volví a ver a mis wawas correteando por esos pequeños patios de escuelas de gran ciudad.
Este retorno sólo me enseña que la vida es una eterna despedida, todo el tiempo nos estamos despidiendo y en esa medida, seguramente, nos renovamos, pasamos a otra cosa y cargamos cada vez la mochila más pesada con todo lo que vamos recogiendo en el camino.
Creo que una parte de mi se ha quedado hace tiempo en esta ciudad a la que tanto amé y a la que vuelvo a amar de otra manera, (como todo amor, conflictivo, difícil, dudoso, impredecible, pero honesto, hace tiempo que no creemos o más bien no aspiramos a los mentirosos amores rosa) eso sentí en Montmartre y no sé si tengo la habilidad que dices, que es un arte y que yo la sé hacer, pero supongo que esa conjugación de pupilas con cabellos me permiten mirar al viento el tiempo como la hermosa Sacre Coeur mira pasar y recibe a cada trajinante de esta ciudad, que desde arriba se ve, lo que sólo se puede ver desde la altura como La Paz. Una ciudad que se repite todo el tiempo: el ojo de agua, san Pedro, la alemana, el roba pulsera, es como que nada cambia, a pesar de que todo pasa.
¿A alguien habrá que agradecerle tanta dicha y tanta pena? Por ahora te agradezco a vos que me permitas desempolvar esta historia. Sólo me queda decirte por ahora como dice mi pana: “palante como el elefante” y mucho éxito en el reordenamiento de tus discos, que me conmueven más que tus paredes partidas y que sus carísimos cuadros, que mal que mal no están tan mal, según mi humilde gusto por la pintura y los colores.
Besos y abrazos,
Moi>
P.D. Mis textos todavía no existen.
martes, febrero 17, 2009
Del Choqueyapu al Senna I
Del Choqueyapu al Senna I
La Paz sol de verano post derrumbes.
Añorada Warmi:
Te escribo en la certeza de que tu memoria vuelve a La Paz en cada sueño y que en la vigilia, en este tu autoexilio, estas purgando lo que debe ser purgado para un nuevo retorno, más clara, más contundente.
Espero que te esté yendo bien con tus textos, por mi parte te cuento que poco ha cambiado por estos lares desde que te fuiste hace ya diecisiete días. Una cosa es cierta, el tiempo de tu ausencia fue también tiempo de abstinencia, mi cuerpo dejó el alcohol desde aquella tu despedida en la que de forma tan adolescente bebimos tequila de la panza de aquella rana de plástico que estaba en el jardín de tu dueño de casa. Todavía me río al ver las fotos.
Si querida amiga recuerdo todavía tu cara de espanto la vez que la Alemana que vivía con Mateo, ese roba pulsera, te invito a realizar un bizarro tour por el Penal de San Pedro. Ella no había entendido nunca los argumentos de Mateo sobre la falta de respeto de los europeos a la vida privada de los presos de San Pedro e insistía que él como nieto de Alemanes debería respetar los pedidos de su pareja, la cual aunque detestaba a Hitler, por alguna razón creía que Méngüele era un primo lejano de su padre.
Si poco ha cambiado en la noche o a la mañana paceña, sería absurdo pensar que algo podría dar un giro repentino en esta ciudad, en nuestros días en menos de un mes. Sin embargo algo sin duda es cierto que el aroma de esta ventana se ha secado sin esas tus palabras, tus juegos coté-coté.
Te cuento que el anterior fin de semana, en una incursión un poco nostálgica, fui a probar la contundencia de esa decisión de estar limpio. Como espectador fui al Ojo de Agua y me divertí al ver como una turista israelí tenia la lengua llena de aptas por que creía que acullicar coca es meterse toda la cantidad de hojas con lejía a la boca y aguantar lo más que pueda. Orgullosa mostraba su lengua de gato hebreo que no había aguantado la mezcla y había empezado a florecer como Puya Raymondi.
Así es, se me metió en la cabeza esta idea absurda del proceso de cura ¿Curarse de que? al final debería ser la pregunta, en todo caso mientras voy encontrando la respuesta me quedaré volcando en palabras todo aquel terremoto que los últimos años fue removiendo estructuras físicas, las de mi casa, y mentales, las de las memorias.
Te escribo esta carta de la forma tradicional para que te llegue “par la post” como dirías, en papel y de puño y letra. Eso sí la misma trae un pedido adicional que el día que me respondas leas la pos data y cumplas el encargo. Si mis cálculos van bien, estarás leyendo esta carta dentro de 10 días y 5 horas. Conociéndote lo harás en tu ventana, mirando la Rue Saint Maur, esa que por tantos años fue testigo de tus trajines franceses y a la que por alguna razón decidiste volver, luego de aceptar la invitación de aquel amigo que persistentemente fue allanando el camino para que te re encuentres con tus memorias, bailes con tus fantasmas. Si me parece que te estuviera viendo, con la misma serenidad, con la misma media risa con la que leías mi obra en borrador sobre la mesa de tu sala, acompasando tus ojos al ritmo del crujir de la leña en tu chimenea. Por ahora sólo me queda la imagen de que me leerás en tu terraza del segundo piso a la noche, mientras tus jazmines nicotínicos escuchan tus palabras y botas el humo a la noche amarillenta de la ciudad.
Eso sí te puedo adelantar que no será necesaria una lágrima como respuesta a mis palabras. Por acá aunque no creas las cosas están mejorando, mis paredes dejaron de rajarse y mis pies caminan la ciudad con menos angustia que antes, eso sí, me es inevitable la saudade al recordar tu risa reflejando en tu ventana y la forma en que me miraste la última vez que tomamos café en tu casa. Si lo sé no era un buen destilado, era un simple café de bolsita con fecha de vencimiento caducada, pero un café cómplice al fin. Todavía recuerdo ese extraño movimiento que producía en mis tripas el baile de tus pupilas por mi rostro, mientras te ponías las botas y me confesabas que Juan el cineasta, aquel que acompañó tus días hasta tu partida, se había tomado un frasco de aspirinas en tu nombre y luego con una gastritis de los mil demonios te había prometido hacer dieta y dejar la bebida. Y tú ahí todo maternal llenándolo de panitela y mate de manzanilla, mientras sólo querías que te deje en paz.
Si amiga, aunque no te lo dije, siempre tuviste la extraña habilidad de conjugar pupilas con cabellos, eso no es fácil, es algo que no se aprende, un arte que se domina y tu lo sabes hacer bien, sobre todo cuando disfrutas con el humo buscando sentido en alguna de esas trenzas que te sueles hacer para leer y la amarras sobre todo con punta bola roja, bisturí decía yo cuando pulías mis versos ¿lo recuerdas?
Todavía tengo tos pero eso es natural en mi, igual que dormir nueve horas al día. Hoy estuve pensando que si llego a los setenta necesitaré dormir sólo cuatro horas. Será divertido a la vejez tendré días cinco horas más largos, cosa que ahora añoro, no sabes cuanto necesito dormir menos y tener más tiempo para escribir. Al respecto el domingo en Fondo Negro salieron unas cartas inéditas que Cortazar intercambió con una amiga boliviana y encontré esta frase que te copio por que creo que define exactamente como me siento en relación a mis lecturas pendientes y al tiempo que me sobra: …” En realidad habría que inventar pedazos de tiempo libre que uno pudiera comprar al mismo tiempo que un libro, el vendedor te entregaría el libro y el tiempo necesario para leerlo..”
Así es con tanta carga que pone en mi espalda la burocracia me resulta difícil poder dedicarle el tiempo que merece la literatura, a este paso creo que tardaré más de lo planificado para concluir el libro pendiente. Es que para que negar soy también hombre de hábitos burgueses, de ocio, de pasar interminables horas mirando el techo o jugando con el control remoto viendo basura en la tele y eso sin duda luego cobra la factura en agónicas madrugadas de lectura para ponerme al día.
Para ser honesto te confieso que a veces me desespera tener tan poco disciplina, pero bueno queda el consuelo que de acá a 25 años tendré tiempo de sobra. Eso sí espero a la vejez seguir teniendo los dedos ágiles y la vista funcionando para leer y escribir sin descanso. Al final ¿que más podríamos pedir en el ocaso que no sea una mente ágil, un cúmulo de recuerdos para ficcionar y buen vino?
Bueno es hora de dejarte, ya ves yo siempre tan disperso, me olvidaba el motivo de esta carta que era iniciar esta complicidad epistolar a la distancia. Quiero también pedirte si es posible que esta semana puedas pasar por la tumba de Cortazar y dejarle unos Gauloises y este poemita que te adjunto. Conociéndote se que dirás que es un exceso de confianza que él no tiene por que recibir nada mío si nunca me conoció y peor aún que mi homenaje a sus 25 años te resulta tan trillado, tan cliché que te provoca risa. Se también que dirás que al final de cuentas respetas mi forma de ser, por que así no más soy y no voy a cambiar y acabarás accediendo a mi capricho.
Por cierto avísame como te va con tus textos, espero con ansias algún primer avance de tus relatos sobre las historias del Baúl y las fotos esas que están ahí esperando volverse palabra al viento. Cuando vuelvas espero poder contarte en que acabó la historia esa del tour a San Pedro. Dicen los mitos de los gringos que en las celdas más caras te reciben con cocaína rosada “escama do fish” ja ja y que los ingleses se pelean sacando sus Visas y American Express para dibujar en el espejo el mapa de su ciudad antes de inhalarla. Imaginate, tanta irreverencia junta en un sólo lugar, tanta locura, tanta burla.
Ahora te dejo que tengo un desorden de discos por el piso que no tienes idea y además no puedo concentrarme en un texto sobre El Perseguidor, yo y mis homenajes tardíos a Cortazar ya lo ves.
En fin Warmi Parissiene regala tu ñeque y tu charme a Montmatre y si puedes lanza un escupitajo al Senna a la memoria de la Maga. Ya sabes tú y yo siempre preferimos a Penélope del Ulises de Joyce.
Besos como abrazos
Paul
La Paz sol de verano post derrumbes.
Añorada Warmi:
Te escribo en la certeza de que tu memoria vuelve a La Paz en cada sueño y que en la vigilia, en este tu autoexilio, estas purgando lo que debe ser purgado para un nuevo retorno, más clara, más contundente.
Espero que te esté yendo bien con tus textos, por mi parte te cuento que poco ha cambiado por estos lares desde que te fuiste hace ya diecisiete días. Una cosa es cierta, el tiempo de tu ausencia fue también tiempo de abstinencia, mi cuerpo dejó el alcohol desde aquella tu despedida en la que de forma tan adolescente bebimos tequila de la panza de aquella rana de plástico que estaba en el jardín de tu dueño de casa. Todavía me río al ver las fotos.
Si querida amiga recuerdo todavía tu cara de espanto la vez que la Alemana que vivía con Mateo, ese roba pulsera, te invito a realizar un bizarro tour por el Penal de San Pedro. Ella no había entendido nunca los argumentos de Mateo sobre la falta de respeto de los europeos a la vida privada de los presos de San Pedro e insistía que él como nieto de Alemanes debería respetar los pedidos de su pareja, la cual aunque detestaba a Hitler, por alguna razón creía que Méngüele era un primo lejano de su padre.
Si poco ha cambiado en la noche o a la mañana paceña, sería absurdo pensar que algo podría dar un giro repentino en esta ciudad, en nuestros días en menos de un mes. Sin embargo algo sin duda es cierto que el aroma de esta ventana se ha secado sin esas tus palabras, tus juegos coté-coté.
Te cuento que el anterior fin de semana, en una incursión un poco nostálgica, fui a probar la contundencia de esa decisión de estar limpio. Como espectador fui al Ojo de Agua y me divertí al ver como una turista israelí tenia la lengua llena de aptas por que creía que acullicar coca es meterse toda la cantidad de hojas con lejía a la boca y aguantar lo más que pueda. Orgullosa mostraba su lengua de gato hebreo que no había aguantado la mezcla y había empezado a florecer como Puya Raymondi.
Así es, se me metió en la cabeza esta idea absurda del proceso de cura ¿Curarse de que? al final debería ser la pregunta, en todo caso mientras voy encontrando la respuesta me quedaré volcando en palabras todo aquel terremoto que los últimos años fue removiendo estructuras físicas, las de mi casa, y mentales, las de las memorias.
Te escribo esta carta de la forma tradicional para que te llegue “par la post” como dirías, en papel y de puño y letra. Eso sí la misma trae un pedido adicional que el día que me respondas leas la pos data y cumplas el encargo. Si mis cálculos van bien, estarás leyendo esta carta dentro de 10 días y 5 horas. Conociéndote lo harás en tu ventana, mirando la Rue Saint Maur, esa que por tantos años fue testigo de tus trajines franceses y a la que por alguna razón decidiste volver, luego de aceptar la invitación de aquel amigo que persistentemente fue allanando el camino para que te re encuentres con tus memorias, bailes con tus fantasmas. Si me parece que te estuviera viendo, con la misma serenidad, con la misma media risa con la que leías mi obra en borrador sobre la mesa de tu sala, acompasando tus ojos al ritmo del crujir de la leña en tu chimenea. Por ahora sólo me queda la imagen de que me leerás en tu terraza del segundo piso a la noche, mientras tus jazmines nicotínicos escuchan tus palabras y botas el humo a la noche amarillenta de la ciudad.
Eso sí te puedo adelantar que no será necesaria una lágrima como respuesta a mis palabras. Por acá aunque no creas las cosas están mejorando, mis paredes dejaron de rajarse y mis pies caminan la ciudad con menos angustia que antes, eso sí, me es inevitable la saudade al recordar tu risa reflejando en tu ventana y la forma en que me miraste la última vez que tomamos café en tu casa. Si lo sé no era un buen destilado, era un simple café de bolsita con fecha de vencimiento caducada, pero un café cómplice al fin. Todavía recuerdo ese extraño movimiento que producía en mis tripas el baile de tus pupilas por mi rostro, mientras te ponías las botas y me confesabas que Juan el cineasta, aquel que acompañó tus días hasta tu partida, se había tomado un frasco de aspirinas en tu nombre y luego con una gastritis de los mil demonios te había prometido hacer dieta y dejar la bebida. Y tú ahí todo maternal llenándolo de panitela y mate de manzanilla, mientras sólo querías que te deje en paz.
Si amiga, aunque no te lo dije, siempre tuviste la extraña habilidad de conjugar pupilas con cabellos, eso no es fácil, es algo que no se aprende, un arte que se domina y tu lo sabes hacer bien, sobre todo cuando disfrutas con el humo buscando sentido en alguna de esas trenzas que te sueles hacer para leer y la amarras sobre todo con punta bola roja, bisturí decía yo cuando pulías mis versos ¿lo recuerdas?
Todavía tengo tos pero eso es natural en mi, igual que dormir nueve horas al día. Hoy estuve pensando que si llego a los setenta necesitaré dormir sólo cuatro horas. Será divertido a la vejez tendré días cinco horas más largos, cosa que ahora añoro, no sabes cuanto necesito dormir menos y tener más tiempo para escribir. Al respecto el domingo en Fondo Negro salieron unas cartas inéditas que Cortazar intercambió con una amiga boliviana y encontré esta frase que te copio por que creo que define exactamente como me siento en relación a mis lecturas pendientes y al tiempo que me sobra: …” En realidad habría que inventar pedazos de tiempo libre que uno pudiera comprar al mismo tiempo que un libro, el vendedor te entregaría el libro y el tiempo necesario para leerlo..”
Así es con tanta carga que pone en mi espalda la burocracia me resulta difícil poder dedicarle el tiempo que merece la literatura, a este paso creo que tardaré más de lo planificado para concluir el libro pendiente. Es que para que negar soy también hombre de hábitos burgueses, de ocio, de pasar interminables horas mirando el techo o jugando con el control remoto viendo basura en la tele y eso sin duda luego cobra la factura en agónicas madrugadas de lectura para ponerme al día.
Para ser honesto te confieso que a veces me desespera tener tan poco disciplina, pero bueno queda el consuelo que de acá a 25 años tendré tiempo de sobra. Eso sí espero a la vejez seguir teniendo los dedos ágiles y la vista funcionando para leer y escribir sin descanso. Al final ¿que más podríamos pedir en el ocaso que no sea una mente ágil, un cúmulo de recuerdos para ficcionar y buen vino?
Bueno es hora de dejarte, ya ves yo siempre tan disperso, me olvidaba el motivo de esta carta que era iniciar esta complicidad epistolar a la distancia. Quiero también pedirte si es posible que esta semana puedas pasar por la tumba de Cortazar y dejarle unos Gauloises y este poemita que te adjunto. Conociéndote se que dirás que es un exceso de confianza que él no tiene por que recibir nada mío si nunca me conoció y peor aún que mi homenaje a sus 25 años te resulta tan trillado, tan cliché que te provoca risa. Se también que dirás que al final de cuentas respetas mi forma de ser, por que así no más soy y no voy a cambiar y acabarás accediendo a mi capricho.
Por cierto avísame como te va con tus textos, espero con ansias algún primer avance de tus relatos sobre las historias del Baúl y las fotos esas que están ahí esperando volverse palabra al viento. Cuando vuelvas espero poder contarte en que acabó la historia esa del tour a San Pedro. Dicen los mitos de los gringos que en las celdas más caras te reciben con cocaína rosada “escama do fish” ja ja y que los ingleses se pelean sacando sus Visas y American Express para dibujar en el espejo el mapa de su ciudad antes de inhalarla. Imaginate, tanta irreverencia junta en un sólo lugar, tanta locura, tanta burla.
Ahora te dejo que tengo un desorden de discos por el piso que no tienes idea y además no puedo concentrarme en un texto sobre El Perseguidor, yo y mis homenajes tardíos a Cortazar ya lo ves.
En fin Warmi Parissiene regala tu ñeque y tu charme a Montmatre y si puedes lanza un escupitajo al Senna a la memoria de la Maga. Ya sabes tú y yo siempre preferimos a Penélope del Ulises de Joyce.
Besos como abrazos
Paul
lunes, febrero 16, 2009
Camba y Ekheko

Durante la fiesta del dios de la abundancia vuelve con contundencia a la memoria el recuerdo de aquel paseante “urbandino” (como diría el Willy Camacho) por las calles paceñas y me permito usar este espacio dominguero para compartir una crónica a la Feria de Alasita. <
Alasita, alarila, Alasita rebaja casera (Manuel Monroy)
Soy cruceño, un amigo gaucho me bautizó como “Croto”, que significa mendigo pero con más estilo. Llegué a La Paz hace años y soy un camba-colla bien puesto y, como todos los años, voy a buscarme a mí mismo el 24 en Alasita.
A las 12.00 se abre el portal dicen, ése que comunica la realidad terrena con la fortuna de los Andes. En la noche todo gira, vueltas y vueltas, en calesitas tímidas, en puestos de churros sangrando aceite guardado. La vida, mil deseos, acá en estas calles. La Paz regala en Alasita sus historias a cada centímetro, sólo basta con salir a buscarlas, saber mirar, saber escuchar a los basureros, a la gente, al río.
Si pones atención, escucharás a la basura besuqueando las piedras en el Choqueyapu, jugando con el agua pura que va perdiendo la virginidad en una orgía de cajas, latas y pañales. Ésa que luego acabará regando una lechuga en Río Abajo. La misma que te alimentará mientras comes una Burguer King.
Esta ciudad en las “Alasas” o en cualquier día tiene un aire caótico como el orden de sus calles, así tiene que ser. Todavía me acuerdo cómo era cuando estaba al otro lado, cuando vivía el orden de libros y de horarios, con el terno bien planchado y el auto lleno de gasolina. Vivía el ruido, los balances, las reuniones importantes. Ingeniero de Yacimientos, rajándome 12 horas diarias. Hoy, la gente me mira de reojo y con desprecio en esta esquina, y un tipo desde la ventana de su auto grita que no moleste cuando le digo:
—Soy un titiritero, camba de las laderas, ¿te lo hago un poemita para tu chica?; si quieres también te lo canto un taquirari. Por cinco lucas, te adivino lo que sentís debajo de la corbata y del calzoncillo.
Te veo y me mato de risa al ver cómo te molesta que te diga regálame para un trago. Sí, lo sé, te da arcadas mi presencia, cuando te muestro mis barbas ralas y blancas guiñándote mi ojo amarillo y cuando mi bilis te dice somos lo mismo. Te revienta mi cara sucia y mi hablar pausado, porque no te suena a político, te suena a ti mismo, a tu espejo.
Dale, viví tu fiesta privada con “la secre”. Al final, sabes que en casa está ella, la real, la que te aguanta, la que luego, mientras ronques como perro, pensará en el valor que tuvo la esposa del coronel de Policía que se cansó de los puñetazos y le metió tres tiros mientras dormía. Me encanta el café con leche de pis y basura que baja rodeando y perfumando Alasita. Me arrulla y el olor a anticucho me mueve las tripas.
Me siento a respirar la fortuna, para ver si llega algo de suerte en los gritos de júbilo de los niños que ganan peinetas y llaveros. Esos rifles de pueblo con el caño en espiral son el peor engaño a la esperanza —pienso—, mientras miro dos caderas bamboleantes tratando de acertar a una argolla. Los rifles de espiral, el gordo de la tómbola, las paredes con graffiti urbanos. “Goni Asesino vas a volver”, “Nacionalicen Miss Bolivia”. Tanta esperanza rifada en esta tómbola y basura. ¿Cómo cuernos se come esto del cambio?
De pronto me encuentro con la dama de porcelana que viene en cada a comprar en el puesto de flores. La miro, se para, compra una rifa y dos plantas de hoja de Eva. Camina, cabello seco, rubor de seda y anemia rota a golpes, vestido liso. Se para y grita a la lluvia que venga, que moje su vida. Para qué, si seca igual no se mueve, pienso.
Marchitada pero siempre acá en la Alasita, orando a la abundancia. Anoche también me acordé del Juan, aquel amigo de mis épocas de Yacimientos. Hoy tiene la panza hinchada de tanto bicho que se mete al cuerpo por hurgar en la basura. El tipo era contador en el pasado y cómo son las cosas, era bajito, pequeño y regordete, igualito al Ekheko, por eso cada enero lo cargaban con eso de Dios de la Fortuna.
El Juan vivía con sus cuatro hijos y andaba acogotado de deudas. Era pobre de caricias. Durante la semana esperaba la primera chela fría del viernes, el cacho con los amigos de contabilidad. Luego, la misma rutina en la oficina, se lamentaba de lunes a jueves no tener ni una luca ahorrada para sus wawas y los viernes de no poder dejar la cerveza. Cómo amaba el vaso el loco éste, más que a sus hijos, lo amaba como a su propia muerte, por eso al final se divorció y se casó con la botella.
El Juan se fue hundiendo, regalándose al tibio veneno, empeñando pega e hijos, para de un trancazo acabar viviendo bajo la luna, buscando algo de fortuna en la basura, peleando con los perros un pan duro. No se quitó nunca el bigote, eso sí, cada 24 de enero se lo iguala con una lata afilada y se fabrica una panza de papel. Le encanta regalar billetitos de periódico gritando ¡que viva la fortuna! Subo, ya falta poco para las velas, cuando de golpe, pensando en él, lo encuentro:
—¡Gordo! —le grito y me mira con su pinta de Ekheko desahuciado, mientras regala fortuna a la gente como en aquellos viernes de soltero. Entrega billetitos, hechos con papel del Loro de Oro, a la gente. Qué aguante viejo, plantarse horas al sol y con el pulso sin trago durante tres semanas, recolectando periódicos y haciendo cientos de billetitos.
Agarro uno, es una serpentina de presagios: “La Mansión, 2 x 150 bolivianos”, “Todo lo que quieras por 100 bolivianos, foto real”, “Ángela Travesti Educada”, “Se necesita electricista”, “Yong Fung Acupuntura china”, “Yolanda Yung Terapeuta de Familia”. Todo mezclado en su bolsa de yute, labio con labio, teta contra teta, fibra con fibra.
La vida juega en su bolsa a la fortuna. ¡Buena Fortuna, Jallalla a los achachis! Me mira agotado, después de su baile a la fortuna, y lo abrazo. —Dale Juanito, estás cansado, comeremos un anticucho con unas chelitas frías, una vieja me regaló diez lucas, dale gordo.
Juanito me mira y dice: “Ves, camba opa, bien sonso eres, no me quieres creer. El Ekheko no falla, ya te dije, la fortuna siempre llega”. “Sí, Juanito, tenés razón, vamos a comer que la panza suena”.
—Oye camba, ¿vas a venir mañana otra vez? ¿Te animas a gritar fortuna para todos?
—Seguro que sí, mañana volvemos.
—Ya vas a ver cómo El Ekheko nos regala algo, apurá que es 24 y todavía nos falta conseguir unas pichochas, pero primero buscaremos un trago que esto de gritar cansa.
lunes, febrero 02, 2009
Poesía Militante

…Caen sorprendentes Cristo en poses extrañas sobre las cruces del mar. Sorprendentes carnadas llueven del cielo: llueve un último rezo, una última pasión, un último día bajo las hosannas del cielo. Infinitos cielos caen en raras poses sobre el mar.
Infinitos cielos caen, infinitos cielos de piernas rotas, de brazos contra el cuello, de cabezas torcidas contra las espaldas. Lloran para abajo cielos cayendo en poses rotas, en nubes de espaldas y cielos rotos. Caen, cantan.
He allí tu madre, he alli tu hijo
Raúl Zurita
Soy las consignas ya no gritan en los medios como hace unos días, aunque todavía hacen eco en la cabeza de la gente y mientras tanto estas palabras nacen con aire postelectoral de victoria/derrota en últimas de cambio.
Es en estos tiempos en que la política jode con lo de tomar partido y las voces ajenas y no tan ajenas presionan para seguir escribiendo por consigna que surge en la memoria el encuentro que tuve con Raúl Zurita en la Feria del Libro de La Paz en 2006.
Recuerdo su barba de la cual se descolgaban sobre la mesa sus versos militantes, aquellos que con contundencia celebraban un homenaje a las piedras de la ciudad, a la arcilla de Llojeta. Mientras leía su poesía conjuraba los temblores del Parkinson en su mandíbula, los besos involuntarios de oreja al hombro, los pellizcos de clavícula al cuello.
Su cuerpo irreverente, involuntario, con baba al empezar a leer, nos entregaba una palabra firme, contundente y precisa, como forma de exorcizar el mal neuronal, como forma de evocar en carne propia la firmeza que tuvo ante la tortura, misma que nos regaló aquel día su palabra quebrada que se negaba a callar.
El poeta de la memoria, como lo llamaban en Chile, esa noche lanzaba con contundencia sus palabras a La Paz evocando, en un auditorio plagado de aullidos de gaviotas de altura, los temblores que le produjo la tortura en un barco de la Armada Chilena.
Es que a partir de su vivencia Zurita ha entendido, ha concebido la literatura como la forma de hablar, de crear desde el dolor, desde la tortura, desde ese espacio donde la palabra aparentemente no es posible, donde el verso es sólo grito sangrado en la pared del encierro.
Zurita aquel día también habló de cuerpos, de temblores, de rocas transandinas. Desde su poesía, ascendiendo por los muros de una sala improvisada, habló de su permanencia en silenciosa vigilia, del homenaje a la escenografía de la muerte, aquella violenta muerte de los cuerpos arrojados al mar, la que dejó el eco reclamando la presencia simbólica de la persona amada.
Habló también de la otra muerte, de esa que necesitaba tanto poder despedirse del cuerpo para irse, y de aquella que se fue sin dejarnos lugar al tacto, la de los desaparecidos en dictadura.
En estos tiempos en que unos y otros piden que la palabra tome partido por la hormona, por la visceral consigna, prefiero refugiarme en la palabra llena de memoria de Zurita, aquella que convoca a que la poesía milite en la memoria desde otro lugar, desde una mirada descarnada y de furia al pasado colectivo que nos forma.
Zurita plantea que el escritor, el poeta tiene una deuda con la memoria histórica. Ante la realidad, el poeta, el narrador debería ser un testigo socialmente comprometido con la historia y proponer algo más que hacer pública su angustia, sus romances, sus demonios personales.
Desde esa perspectiva, para Zurita, la palabra debe poner sufrimiento en la furia e ir más allá de la suma de desahogos. Aquella rabia debe hablar y ser bandera, tomar partido.
En esa medida es que vuelvo a las páginas de su libro INRI, poema largo, en tres partes, sobre la epopeya involuntaria de los miles de cuerpos arrojados al mar, a la cordillera, al desierto en la dictadura de Pinochet. Cuerpos que dejaron la estela violenta de la muerte no esperada, de amores destrozados sin posibilidad de aviso previo, sin mirada de despedida de la amada.
Ante la lectura de este libro, contundente memorial a los cuerpos violentamente asesinados, una disociación delirante surge como la tentación más deseable para desplegar un velo de ficción y proteger mi palabra del efecto de los tiempos presentes del país, esos que nuevamente piden que mi poesía tome partido.
Mi individualidad burguesa evita seguir a Zurita; sin embargo, la realidad que me habla de forma polarizada del cielo en el que unos creen, del infierno que unos atizan con fuego de intolerancia se filtra por la “burka literaria” que me impongo y me reclama militancia en la escritura.
En ese instante decido pensar en la palabra de Zurita, en el cuerpo que nace en la palabra que resucita al cuerpo, en la crucifixión del texto. Esto me lleva al Zurita que en plena dictadura realizaba poemas de acto con intentos de quemarse el rostro, de cegarse para expresar su impotencia frente a la realidad y la necesidad de decir sin palabras, de gritar ante la intolerancia, la desaparición y la tortura.
INRI recoge la metáfora de la pasión de Cristo y es capaz de hacer del mar, la cordillera y el desierto un inmenso memorial a los desaparecidos. Zurita ha tenido en este libro la capacidad de escribir más allá de la angustia intimista del poeta y militar con su palabra, como forma de duelo y reconciliación con la memoria de los cientos de cuerpos que fueron arrojados al mar.
Zurita plantea la posibilidad de una poesía militante como respuesta a lo que él mismo llama los poetas autistas, esos que escriben en la borrosa huella de la ficción de sus lecturas y se sumergen de manera fetichista en sus demonios, en las caricias que producen sus poemarios, en el onanismo del encierro muerde ego.
Para Zurita, es en la militancia que el poeta asume un papel social que va más allá de la consigna del escritor “del partido”. En esa medida es que el escritor será capaz de plantear no una denuncia de panfleto, sino más bien la posibilidad de escribir poesía como un ejercicio despiadado, una búsqueda de autenticidad, pero no desmarcada del mundo.
La poesía desde esta perspectiva es más que un ejercicio de sangrar las nostalgias y vivencias agónicas de un devenir cargado de congoja. Desde la lectura de Zurita, es un ejercicio despiadado, un llamado constante a la búsqueda de la autenticidad.
El poeta, así como debe ser capaz de la introspección más descarnada, debe ser capaz de mirar la oscuridad en el maquillaje que le muestra el entorno donde mora, donde come, donde habita. Porque en esencia es habitante, ciudadano, purga acongojada de palabras en un cotidiano a veces perverso, a veces pragmático.
Zurita afirma que sin una reserva de criminalidad no hay arte. Cuando el artista es tentado por demonios, no puede vencerlos dice, como el santo, ni deshacerlos, como el iluminado. El poeta entonces debe dar su palabra a sus demonios, dar cuenta de ellos al mundo que es en última esencia de donde nacen y a donde pertenecen.
¿Cuáles son entonces esos demonios, los más íntimos y los ajenos, aquellos que hablan desde el mar, desde la roca besando los cuerpos destrozados de los amantes en INRI? Tal vez son aquellos que provienen de lo que el uno causa al otro, y son furia y sufrimiento en el poeta. O tal vez esos que provienen de la agonía existencial de morder la propia náusea o reverberar con contundencia en la denuncia. En uno u otro caso, el poeta sucumbe a la tentación de ser espejo de la criminalidad de los demonios que desgarran su piel.
La palabra de Zurita convoca a labrar la piedra y también a cagarse de risa de los demonios que incapacitan, como aquel del Parkinson que le hace babear sus versos, pero no le quita la contundencia de hacer público su purgatorio e invitarnos a una poesía militante.
Zurita, por último, en su poesía, es la furia, la forma de hacer memorial de la injusticia, lo cual se ve reflejado en una obra como INRI. Algo habrá que aprender de su forma de militar con la historia, de escupir la palabra en el verso hecho escupitajo en las caras de los hijos de aquellos a los que no les tembló la mano para botar vidas al mar.
¿Serán acaso estos tiempos por venir, tiempos de poetas menos catatónicos, menos hebefrénicos y saltarines conjugadores de versos llenos de pedos intimistas? Habrá que ver, habrá que esperar que no caigan más cuerpos al mar o sobre la nieve que cubre la roca, sobre las flores blancas que crecen en los abismos de la cordillera, para que los autistas de oreja de elefante pongamos un poco más de furia a la palabra, a la poesía y exorcicemos a los demonios de fusil y poder político, sean cuales sean, habiten donde habiten.
lunes, enero 19, 2009

El poema del cuerpo
Por:Paul Tellería *
Lo pudoroso y lo impúdico, lo más mundano y humano —la carne, el organismo del hombre— son a la vez el mejor camino para develar lo incorpóreo
Qué hace tu cuerpo, y quién ha de ser el que se lo coma sino tú mismo? (Jaime Saenz)
Dos miradas, dos evocaciones al cuerpo nacen al alba. La palabra caminando geografías, las de la musa, las de la calavera, las barnizadas de rosa, las que chorrean podredumbre que reverbera en el cuerpo.
La primera mirada tiene que ver con la celebración surrealista, desde un cadáver exquisito, a una mujer. La segunda es una mirada inspirada en la réplica de la destinataria, a la poesía de Sharon Olds, poeta del cuerpo.
I
La celebración nace, como tantas, en una madrugada en la que los cabellos se mezclan con venas turquesa y uñas hueso. El lugar tiene una dura mezcla de aromas, sensaciones, sabores y temblores. Paganini es lo único que se escucha y, más allá de los gritos del violín, la poesía irrumpe irreverente desde el cuerpo de una mujer de cabellos largos, Warmi Valiente para quienes la conocen.
Desde las manchas de su camisa caen, como leche teñida de vino, las gotas de tinta que tomarán cuerpo en el cadáver exquisito que dos poetas, un músico y un actor dejarán destripado sobre la mesa. Cadáver que tomará cuerpo en un blues, que luego vestirá el cuerpo del que lo canta y antes del almuerzo será reposo en la espalda de la Warmi.
Esa asociación colectiva, con aires de un Breton resfriado en Sopocachi, produce destellazos inconexos para alabar los atributos físicos de la mujer que, con caderas contundentes, se come el tocuyo rojo del almohadón del actor y respira luego una a una las letras temblorosas y taquicárdicas que han sido producidas a su nombre.
Ella celebra el coqueteo, la alabanza al cuerpo sin fallas que construye la palabra. Agradece, haciendo burbujitas en su copa de vino, las referencias a su piel con olores a flores, con tersuras de durazno. Respetuosa escucha la lectura del poeta con camisa de Sandro y el poema hecho blues del actor. Sin embargo, no piensa por ahora en ninguno de los que le escriben, no acepta que el cuerpo sea sólo esa construcción idealizada de la mujer sin manchas ni olores.
Ella no lo cree y es consciente de otras formas de evocar y retratar al cuerpo, como aquellas que leyó alguna vez en la poesía de Sharon Olds, poetisa gringa, quien escribió 54 poemas velando la agonía de la muerte de su padre.
La mujer valiente, en la contundencia con que asume la vida, confiesa que la poesía colectiva de cuatro borrachines es eso, una forma más elaborada de piropeo a la mujer que acompaña su borrachera. Artistas o banqueros a la madrugada se dejan llevar por las mismas pulsiones, dice, y son al final las ganas de comerse al cuerpo las que hacen hablarle al cuerpo.
El cuerpo huele, se pudre, se seca, nos dice. Hay otra forma de referirse al hecho del cuerpo, de rescatar con palabras la inminente realidad de nuestra piel que se arruga, de nuestras formas que se chorrean, de nuestro pubis que se blanquea. Mirar al cuerpo dejando al cuerpo, en el asombro del olor que inunda, del color que pincha, es sin duda la forma de aceptación más grande que tenemos del destino, de la muerte.
La escuchamos y alzamos los vasos con un salud reverente, igual al que se otorga a la coherencia que da lucidez a la borrachera, entonces su palabra destripa seducciones y nos lee un verso de Sharon Olds:
Recuerdo el vaso con asombro:
todo el fin de semana lleno de moco y pus sobre la mesa,
frente a mi padre.
II
Sharon Olds (1945) fue conocida como la poeta del cuerpo, luego de escribir su libro El Padre en el hospital, cuando velaba la agonía de su padre, de su “cuerpo comiéndose al cuerpo”. Fue hija de un alcohólico que nunca se hizo cargo de ella y más tuvo que cuidarlo en sus últimos días a él. Lo cuidó como a una wawa, aunque lo había odiado toda la vida y se propuso escribir sobre cada detalle de su enfermedad; sin borrar nada y con asombrosa frialdad, capturó su muerte en 54 poemas.
Aquel hombre al que años de su vida rechazó por la forma agresiva con que la trataba, en el lecho de muerte sigue siendo el padre. Tiene un encuentro con él para simplemente describir la muerte de su cuerpo.
El padre, que no fue un ejemplo de virtudes, en sus últimos días resultó ser un personaje entrañablemente extraño para la autora. Le evocó imágenes vacías y de ausencia y a su vez de perdón, purga y redención.
Sharon Olds fue admirada y criticada por su modo directo, dolorosamente honesto e incluso crudo de representar aspectos de la vida familiar y las relaciones personales. Ella logró, de una forma audaz e íntima, más que generar el shock repulsivo del morbo, confrontar con la inminencia de la piel que se vuelve k’isa, con la dureza de la vida física, no sólo como la suma de imágenes vividas, sino como una admirable forma de reconciliación y aceptación.
La autora miró el cuerpo con la capacidad de poner en vívidas imágenes poéticas los detalles más biológicos del organismo enfermo. La baba, la tos, lo fétido, la pus son la crudeza de sus versos. Olds no sólo se queda en la descripción, en su obra es capaz de construir una epistemología sobre el hecho de tocar, en todas sus formas, de la prevalencia de los sentidos al momento de construir poesía.
Abierta está la palabra, la mirada a esta forma de aproximarse al otro y hacer poesía del cuerpo, no del idealizado, ése que lleva a lanzarle flores en la madrugada a la mujer que te acompaña. La poeta del cuerpo corta, en contundencia real, con el imaginario narcisista del cuerpo bien contorneado de catálogo VIP.
El cuerpo vibra, suena, se agita, huele, bota espuma en la agonía. Es ése también el cuerpo que nos habita y que, parafraseando a Saenz, se come al cuerpo cada día.
Los poemas del libro hablan de manera cruda de lo frágil de la materia y confrontan con la pregunta de la trascendencia más allá de la vida. Son también, por qué no, versos sobre el perdón y el poder del amor.
Olds nos habla también sobre la relación padre e hija que pese a la ausencia está presente de por vida. Del padre, simbólico del discurso, aquel que quedará luego de muerto, en cada acto en cada palabra. Aquel que con su presencia o ausencia de una u otra forma determina, define. En la contundencia de la palabra de Olds, celebro el encuentro con el cuerpo de aquella mujer que en la madrugada dio la tinta para hablar de este otro cuerpo, el del asco, el real.
III
A continuación, extracto de un poema del libro The Father, de Sharon Olds. La traducción es libre y fue hecha por el escritor argentino Gustavo Nielsen.
El último día
El último día de la vida de mi padre
lo bañaron por la mañana, doblaron la sábana a su cintura,
yo me senté con ellas y lo lavaron,
clavículas, hombros, costillas, pecho, la piel ocre, irregular.
Doblaron la sábana hasta su cadera,
su muslo no era más que el fémur,
la piel como papel de carnicero envolviendo un hueso para un perro.
Lo secaron y el pelo de su pecho se erizó,
salieron de la habitación por un momento y quedé sola con él,
su pezón como un puñadito de guijarros,
trajeron una manta de algodón, tibia,
y giraron su cabeza hacia la ventana.
Luego la enfermera levantó sus párpados,
y en lo blanco, bajo cada iris, había aparecido una línea oscura.
La enfermera le alzó la bata,
vi su abdomen relajado y gris,
cubierto de pelo como una promesa de
bondad animal,
apoyó el estetoscopio contra su corazón
y esperó, luego bajó la bata
y dio un paso atrás, me miró, y asintió,
y entonces miré a mi padre,
su cabeza demacrada, su espalda arqueada
como para lanzarlo fuera de este mundo.
Puse mi cabeza en la cama al lado de la suya
y respiré, pero él no respiraba, respiré y respiré, pero él se oscurecía,
mi padre.
Apoyé mi mano en su pecho
y lo miré, miré sus pestañas,
los poros de su piel, las grietas en sus labios,
los pelos de su nariz.
Entonces acomodé su cabeza sobre la
almohada,
se movía tan fácilmente, y su oreja,
aplastada durante la última hora
se desdobló en el aire
abriéndose como una flor.
* Cronista y escritor
viernes, enero 09, 2009
Confesion de enero
Este espacio nació hace tres años y medio y fue madurando en la escritura conmigo. En este tiempo la palabra sangrada y mal labrada, esa que tanto gusta a los voyeurs y a los visitantes del bar, fue dando paso poco a poco con el tiempo a una palabra más meditada, más elaborada, tal vez por eso este lugar ya no se alimenta tan seguido como antes, lo cual no significa que no tenga ganas de hablar, de compartir el día a día de gritar lo que va pasando en mi cabeza.
Sin duda la palabra que ahora se cuelga de este cuaderno virtual es menos intimista, menos desnuda y ahora muestra de forma más elaborada mis juegos con la palabra. En todo caso es importante mencionar que por estos días tengo unas ganas de gritar lo que anda pasando y contar algunos proyectos y bloqueos literarios.
Estoy empezando un poema largo a La Paz por los 200 años, gracias a una invitación de mi amigo poeta Jorge Campero quien tuvo una idea genial para el bicentenario de la cual luego se enterarán.
Tengo un texto dándome vueltas en la cabeza que esta semana no pude empezar, se trata de una mirada al hecho de la perversión, como la entiende el psicoanálisis lacaniano, como la entendió Sade, trasladada al mundillo literario paceño en el que conviven amos y esclavos, gurus y aprendices. La idea será parte de un texto que les compartiré por prensa.
Arte y violencia, un texto que será parte del segundo numero de una nueva revista de arte. Voy pensando las formas de abordaje, desde la palabra, desde la prosa y la narrativa al tema de la violencia
El principal bloqueo es el de la sección dos del libro de poesía que estoy trabajando, de momento titulado “la cura”. Una resistencia entre volver a lo intimista de la poesía o construir miradas ficcionadas de la ciudad y su entorno como personaje principal en el que “el cuerpo del personaje, va purgando al cuerpo” es el dilema
Como ven, hoy por hoy ando rumiando con poca energía, con hipoglicemia, producto de una dieta voluntaria para bajar 8 kilos de sobre peso, con desintoxicación forzada de los canales sanguineos, del filtro hepático, del anticucho del pecho. Si Charly García se limpio los mortales podemos al menos imitar su ejemplo.
Rumiando con debilidad (traten de concentrarse en un buen parrafo con la panza vacía y sin tabaco) voy hilando en la cabeza dos o tres esquemas de textos. Sería falso no confesar también que el primero de enero traté de agarrar la mayor cantidad de impulso de este nuevo año del “año nueve” el que, si mis supersticiosas estadísticas van bien, será mejor que el que se fue.
Algunas premisas quedan para los meses que vienen. Más lectura, más silencio, menos farándula literaria, más palabra meditada, más rigurosidad y oficio, se deben imponen en este nuevo año.
¡Buena estrella para tod@s!
“El verbo atado al verso, la palabra manchada en la palabra, la paz que sólo se encuentra en la manía compulsiva de prosar el día”
Sin duda la palabra que ahora se cuelga de este cuaderno virtual es menos intimista, menos desnuda y ahora muestra de forma más elaborada mis juegos con la palabra. En todo caso es importante mencionar que por estos días tengo unas ganas de gritar lo que anda pasando y contar algunos proyectos y bloqueos literarios.
Estoy empezando un poema largo a La Paz por los 200 años, gracias a una invitación de mi amigo poeta Jorge Campero quien tuvo una idea genial para el bicentenario de la cual luego se enterarán.
Tengo un texto dándome vueltas en la cabeza que esta semana no pude empezar, se trata de una mirada al hecho de la perversión, como la entiende el psicoanálisis lacaniano, como la entendió Sade, trasladada al mundillo literario paceño en el que conviven amos y esclavos, gurus y aprendices. La idea será parte de un texto que les compartiré por prensa.
Arte y violencia, un texto que será parte del segundo numero de una nueva revista de arte. Voy pensando las formas de abordaje, desde la palabra, desde la prosa y la narrativa al tema de la violencia
El principal bloqueo es el de la sección dos del libro de poesía que estoy trabajando, de momento titulado “la cura”. Una resistencia entre volver a lo intimista de la poesía o construir miradas ficcionadas de la ciudad y su entorno como personaje principal en el que “el cuerpo del personaje, va purgando al cuerpo” es el dilema
Como ven, hoy por hoy ando rumiando con poca energía, con hipoglicemia, producto de una dieta voluntaria para bajar 8 kilos de sobre peso, con desintoxicación forzada de los canales sanguineos, del filtro hepático, del anticucho del pecho. Si Charly García se limpio los mortales podemos al menos imitar su ejemplo.
Rumiando con debilidad (traten de concentrarse en un buen parrafo con la panza vacía y sin tabaco) voy hilando en la cabeza dos o tres esquemas de textos. Sería falso no confesar también que el primero de enero traté de agarrar la mayor cantidad de impulso de este nuevo año del “año nueve” el que, si mis supersticiosas estadísticas van bien, será mejor que el que se fue.
Algunas premisas quedan para los meses que vienen. Más lectura, más silencio, menos farándula literaria, más palabra meditada, más rigurosidad y oficio, se deben imponen en este nuevo año.
¡Buena estrella para tod@s!
“El verbo atado al verso, la palabra manchada en la palabra, la paz que sólo se encuentra en la manía compulsiva de prosar el día”
lunes, enero 05, 2009
Palabras de alfombra
Se mira las manos, tienen hollín y ese liquido pegajoso sabor jarabe para la tos, que toman los gauchos con coca cola.
Tiene una palabra hecha alfombra bajo los pies de aquella de piel de leche y botas de Herman Monster
Los aromas están licuados en tabaco y el agridulce cristal en la traquea. Las texturas están borrosas y recuerda de re ojo cuando sus recurrencias convertían amaneceres de alcohol en lastimeros poemas
Hoy trata, con las manos secas y las pupilas de sardina acogotada, trata pero no puede, no sabe como escribir sin ser alfombra.
viernes, diciembre 19, 2008
Madrugada roja y blanca
En el sillón rojo de venesta cansada nacen unas palabras. Donde la geografía se hunde, mirando el biombo en el que la abuela se esconde.
La paceña/berlinesa de venas turquesa en dilataciones lanza guiños al poeta de camisa de seda roja, ese que adora los jeans descoloridos. En el reflejo de sus risas mi mano temblorosa y taquicardica escribe un poemita que luego se convierte en la pata de una calaverita exquisita.
Palabritas a la flaca a la Warmi valiente que vuelan a sus ojos inyectados de "escama de fish" y con el violín de Paganini en las venas.
Después se volvió blues lastimero, luego rock and roll y risa.
La mujer juega en el borde del reflejo,
con la flauta en las piernas,
con el viento en sus manchas.
Veré otra vez el seco de miradas cayendo en sus ojos
Y esa risa que duele
Y la que traes
Con la quinta
Con la sexta
Con la primera.
mierda.......
con la única
La paceña/berlinesa de venas turquesa en dilataciones lanza guiños al poeta de camisa de seda roja, ese que adora los jeans descoloridos. En el reflejo de sus risas mi mano temblorosa y taquicardica escribe un poemita que luego se convierte en la pata de una calaverita exquisita.
Palabritas a la flaca a la Warmi valiente que vuelan a sus ojos inyectados de "escama de fish" y con el violín de Paganini en las venas.
Después se volvió blues lastimero, luego rock and roll y risa.
La mujer juega en el borde del reflejo,
con la flauta en las piernas,
con el viento en sus manchas.
Veré otra vez el seco de miradas cayendo en sus ojos
Y esa risa que duele
Y la que traes
Con la quinta
Con la sexta
Con la primera.
mierda.......
con la única
lunes, diciembre 08, 2008
Tres Realidades

Que la historia copie a la literatura es inconcebible
(Jorge Luis Borges)
Tres historias que me fueron contadas con una dosis de ficción y otra de realidad.
I
Un poeta decide publicar su primer libro: 30 poemas intimistas sobre encuentros y desencuentros. Luego de publicarlo afirma que anhela volver a enamorarse para poder escribir su segundo libro. Él, lector compulsivo de poesía, está convencido de que su capacidad de producción está fuertemente anclada en la realidad de sus desamores previos, es de ahí, como dice, que saca la tinta para sus versos. Sostiene sin rubores que escribe mejor si la realidad le ha dejado varios moretones de desprecio en el alma.
Ha escrito su libro luego de que una publicista, después de meses de alabar sus artes culinarias, lo dejara para volver con su ex marido. Cada uno de los 30 poemas sin título retrata 30 momentos vividos con la publicista. Cuando el poeta terminó el libro se secó de versos y se quedó, según él, frente a una realidad muy concreta y vacía. La melancolía que le produjo vaciar su historia en versos lo llevó a encerrarse, los siguientes 30 días, en la cocina para preparar exóticos platos tailandeses, los que luego comió hasta que sus poros exudaron jugo de curry a borbotones y pudo terminar su fase de duelo.
Para el poeta, la poesía es capturar en imágenes literarias los momentos duros que la realidad de una existencia previa le dejan. Desde esa perspectiva no hay posibilidad de pensar que su poesía pueda basarse en la realidad y construir imágenes que coqueteen a la ficción. Para él, la catarsis es la única vía posible para crear, por tanto, la ficción no tiene cabida en su obra. Por eso hoy, mientras se consuela del abandono en algún bar, espera con suspiros en la boca volver a ser dejado para volver a escribir.
II
Un cuentista sostiene que es posible llegar a confundir la realidad con la ficción y meterse tanto en una historia como para acabar creyendo que los personajes construidos de verdad existen. La otra noche, el narrador, en compañía de otro reconocido cuentista paceño de barbas plateadas, decidió comprobar lo anterior. Luego de ser iluminados por varias jarras de yungueño, ambos se adentraron en la noche paceña con el objetivo de vengarse de una mujer infiel.
Dos horas antes de iniciar su periplo empezaron un cuento a cuatro manos, en el que ambos eran víctimas del engaño de Nancy, una morena beniana de caderas afiladas. En la historia, ellos habían llegado a la ciudad de La Paz de un poblado del Beni a buscar a la infiel que fugó del pueblo con el corazón y el dinero de ambos. Nancy, en la ficción, era la ex mujer del primero y la amante del segundo.
Los cuentistas pasaron del placentero divague literario a una acalorada discusión sobre la infidelidad que incluso los llevó a los golpes. Completamente poseídos por sus personajes, salieron a buscar por la ciudad a la traicionera mujer para cobrar venganza. Decidieron entonces alimentar su ficción con la realidad de las noches paceñas, al extremo que se creyeron que estaban de verdad en la historia.
La ficción, en la iluminación alcohólica, reemplazó por completo a la realidad y los fabuladores de la noche, convencidos de que la traicionera trabajaba de dama de compañía, fueron a buscarla a cuanto antro de mala muerte pudieron encontrar en su caminata nocturna.
La consecuencia obvia fue que, no sólo no encontraron a la mujer, sino que acabaron durmiendo en una celda de “la Pando” luego de haber ocasionado destrozos en el Night Club Las Sirenas, convencidos de que un alcahuete escondía en un privado a la pérfida mujer.
Los cuentistas no recuerdan en qué momento la ficción se mezcló con la realidad y empezaron a creer, con absoluta certeza, que estaban dentro del cuento. Eso sí, lo que fue absolutamente real fue el dolor de cabeza y los golpes del Jilakata de la celda cuando le gritaron que les confesara dónde tenía escondida a Nancy.
III
Un cronista es contactado por un editor que lo invitó a participar en una antología de cronistas bolivianos. El editor le comunica con frialdad que su crónica fue aprobada. Más tarde, vía telefónica, le confiesa que han “podado” de las páginas de su texto cualquier juego de palabras que aparentaban ficción.
El cronista escribió un texto sobre la vida de un personaje que conoció en la infancia y hoy está en la cárcel. A fin de proteger al verdadero protagonista, se le ocurrió que era buena idea que éste muriera. El introducir ese giro ficcional al final de la crónica era, desde el punto de vista del cronista, un buen final y una forma de mantener en el anonimato al verdadero personaje.
El editor insiste en su posición teórica y le recuerda que aprendió en la universidad que una crónica debe ser un reflejo exacto de la realidad (¿de cuál?, se pregunta el cronista), donde la ficción no tiene cabida.
En este momento, el cronista se encuentra en la disyuntiva de mantener al personaje bien muerto o resucitarlo complacientemente para poder ser publicado.
Yapas:
* La escritura poética surge como una catarsis que sustituye los mocos en la almohada por dulzones y lastimeros versos reprochones al abandono. El duro desafío, en este caso, parece ser pasar de la escritura evasiva a la producción. Lo segundo no siempre gusta ya que requiere más disciplina que lágrimas.
* Creer que una buena historia puede nacer sólo a la luz del alcohol es sin duda un hecho peligroso, más aún si el delicioso etanol produce lo que los psiquiatras conocen como des-realización. Por más difícil que parezca, hay que encontrar el equilibrio entre jugar a personajes de cuento en las calles de la ciudad y luego, en la lucidez, ficcionar la realidad de forma rigurosa y técnica.
* La ciudad da los elementos para una posterior ficción y otorga una buena dosis de verosimilitud a la historia. Perderse jugando a ser Felipe Delgado a la madrugada paceña es, probablemente, más garantía de una buena paliza que de una buena historia.
* La crónica parece que tiene su riqueza en la mirada de quien la construye, en la capacidad de jugar con la realidad concreta, matizarla de ficción, sin perder la esencia de la historia pero dándole un sentido literario.
* El que escribe vive, por tanto no es inmune y ajeno a una realidad que lo atraviesa y contamina. Creer que existe una “realidad” externa inmune a toda influencia de quien la recoge parece ser una gran ficción.
* La cosa se complica, porque la palabra del que escribe está sesgada por su experiencia individual y por tanto nace incompleta.
* Gran desafío parece ser entonces el de ficcionar la realidad como producto de un riguroso trabajo de producción. Es altamente recomendable entonces volver a leer las Ficciones de Borges.
miércoles, noviembre 26, 2008
Dos Tumbas
He aquí el mar abierto el mar abierto de par en par de sus ojos a mis ojos hay la distancia de la muerte.
(Vicente Huidobro, Monumento al mar)
En el litoral central de Chile, en una colina olvidada de la pequeña ciudad de Cartagena, está enterrado Vicente Huidobro. Cuando preguntas por su tumba, algunos te responden ¿quién es ese señor? Otros te dicen ahí nomás está.
Altazor ha caído, el alerce ha prestado su espalda para escribir el letrero que te guía a la tumba del poeta. Encima de una montaña, rodeada de alambrados, arbustos y girasoles secos, descansa Huidobro. Mausoleo bicolor, mostaza y bordó, con un letrero de madera donde se puede leer un verso del poeta. La entrada a la tumba es gratuita, un letrero dice: “Prohibido usar el lugar como parque para enamorados”.
Poeta, antipoeta, culto, anticulto, Vicente Huidobro murió en Cartagena en una casa olvidada, postrado en cama, víctima de un ataque cerebral. Cuentan que decidió, en los últimos días de su vida, regalar a Chile la imagen de un paria, de un clochard atrevido y sucio, escondiendo su cabeza detrás de un sombrero. Huidobro murió peleado con los poetas, los jerarcas de la Iglesia, los fascistas, los comunistas y la aristocracia burguesa. Fue secando su poesía a voluntad, haciéndola indomable a cualquier lectura de pueblo, ajeno a aplausos, vaciando sus versos de chilenos.
En su último refugio no es posible encontrar una tienda donde comprar souvenirs con su nombre, tampoco un bar para tomarte un trago bautizado con el nombre de uno de sus poemas. Sólo un viejo cuidador y un flaco quiltro ladran cada noche a sus versos y los espectros de su fama olvidada.
Huidobro murió en la pobreza, maldito, olvidado y rechazado. En su autoexilio, vomitó para todos aquellos que besaron sus poemas con flores. Lo llamaban el más europeo de los chilenos, poeta ajeno al pueblo. Jugador surrealista con aires de Breton. Muy contundente, muy ácido y lejano a los obreros y los curas que no lo soportaban.
El poeta dejó su estela, su palabra a la montaña, olvidado e ignorado en el destino que labró con su irreverencia.
II
Estalla el agua en la piedra y se abren por primera vez sus infinitos ojos. Pero se cierran otra vez, no para morir, sino para seguir naciendo. (El Mar, Pablo Neruda)
Cerca del mar en su casa de Isla Negra, junto a Matilde, descansa Pablo Neruda. La entrada a la casa, hoy museo, cuesta el equivalente a 50 bolivianos. Existen cinco guías que organizan visitas en grupos pequeños de máximo cinco. Uno debe esperar a que por micrófono lo hagan entrar, mientras tanto es posible distraerse en la tienda y comprar algún libro, camisetas con versos del poeta, postales, adornos, réplicas de los fetiches de Neruda (mascarones de proa, barcos en botellas, caracolas, conchas de mar).
Cuando entras, respiras el aire salino que respiraba el poeta, saludas a ese mar que no puede estarse quieto, que se sale de sí mismo a cada rato. Queda en la casa el aroma a caldillo de congrio, dando sabor al homenaje de la palabra a las cosas, aquellas que el poeta amaba locamente.
El lugar, último refugio de Neruda, descanso de mar en su muerte, tumba rodeada de piedras y flores. Hueso con hueso, enredado con Matilde, su tercera esposa. No hay referencias en la casa a Malba Marina, su hija que murió a los ocho años de hidrocefalia. Su osamenta y la de la última compañera no tienen cruz que los resguarde, sus besos, ahora en textura de concha de mar, beben la caricia del Pacífico en la proa de este barco imaginado, privilegiada última morada, digna del histrionismo y el ego desbordados en vida por el poeta.
A Neruda le decían poeta del pueblo, burgués de mantel rojo. Escribía, entre copa y copa, regalo y regalo de los idólatras que bebían gratis en sus fiestas. Pintaba poemas al color de las cebollas, a la cola del caballo de madera de su infancia, a las copas que servían su vino.
El poeta, panza de calamar, pasaba de lado por las puertitas de sus cuartos. El catre de su cama crujía, torturado por su espalda y flatulencias festivas. Neruda bebía el mar en cada esquina y en el deleite de la amistad y la vida disfrutó su residencia en la tierra rodeado de besos y aplausos.
Al final del tour puedes conversar sobre tus impresiones del paseo con otros turistas en una cafetería, donde venden platos y tragos con el nombre de sus odas, un homenaje comercialmente bien logrado. Es imposible no saber dónde te encuentras, aunque no puedes sacar fotos por respeto a los derechos de autor.
III
Vicente Huidobro al sur y Pablo Neruda al norte unen con sus versos las costas del litoral central. La biografía de Huidobro, escrita por Volodia Teintenbaum, cuenta que el ojo grande de diseño picassiano que pusieron en el monolito de su tumba es hoy una mirada destellante vigilando que Huidobro y Neruda no sigan peleando.
Los que no cabían en este planeta diminuto y se enseñaron tantas veces los dientes ahora descansan con sus nombres enredados entre Cartagena e Isla Negra.
Ellos se dan la mano entre las olas, según aquellos que creen que la muerte hermana a las almas y olvida los desencuentros y “maleficios” mutuos vertidos en vida. Huidobro y Neruda, cada uno decidió cómo vivir la poesía, cómo hacer de su vida obra o de la obra vida; dicen que el primero fue maestro, luego amigo y al final detractor del segundo.
Neruda, hijo de padre ferroviario y maestra de escuela, aprendió viajando por el mundo a cantar a América, con esa voz de pavo constipado. Escribió a las cosas simples, a la gente simple. Fue adoptado por el comunismo como bandera, con su poesía digerible para mineros y obreros.
Huidobro empezó académico, aristocrático, muy europeo y terminó como escupitajo filudo para todo lo que lo formó. Acidez negra en sus últimos días, para aquellos que sentenciaron su imagen final, aquella que se fue desvaneciendo y secando en la montaña, no en su tumba, la que guarda el mar y que todavía lo escucha.
Neruda, con cada venta de souvenirs, infla la panza, ríe, en la bodega del Infierno del Dante, con buen trago, seduciendo eternamente a sus amadas con poemas. Eso sí, rebota frente al limbo donde flota Malba Marina, da la espalda a su imagen, que lo mira sin rencor y besos desde otro lugar más puro.
Ambos poetas decidieron en vida la huella de su palabra en muerte. Morir, bien muerto en tumba bebiendo del mar o morir decorado de fetiches, en la negativa a dejar la fiesta eterna y las reverencias. Al final, en un caldillo de congrio, las palabras de ambos en el litoral central todavía se juntan. El Canto General, los Cantos de Altazor, norte y sur de la misma costa. ¿Qué huella vale más dejar en muerte?, ¿qué trascendencia pesa más en la palabra?
(Vicente Huidobro, Monumento al mar)
En el litoral central de Chile, en una colina olvidada de la pequeña ciudad de Cartagena, está enterrado Vicente Huidobro. Cuando preguntas por su tumba, algunos te responden ¿quién es ese señor? Otros te dicen ahí nomás está.
Altazor ha caído, el alerce ha prestado su espalda para escribir el letrero que te guía a la tumba del poeta. Encima de una montaña, rodeada de alambrados, arbustos y girasoles secos, descansa Huidobro. Mausoleo bicolor, mostaza y bordó, con un letrero de madera donde se puede leer un verso del poeta. La entrada a la tumba es gratuita, un letrero dice: “Prohibido usar el lugar como parque para enamorados”.
Poeta, antipoeta, culto, anticulto, Vicente Huidobro murió en Cartagena en una casa olvidada, postrado en cama, víctima de un ataque cerebral. Cuentan que decidió, en los últimos días de su vida, regalar a Chile la imagen de un paria, de un clochard atrevido y sucio, escondiendo su cabeza detrás de un sombrero. Huidobro murió peleado con los poetas, los jerarcas de la Iglesia, los fascistas, los comunistas y la aristocracia burguesa. Fue secando su poesía a voluntad, haciéndola indomable a cualquier lectura de pueblo, ajeno a aplausos, vaciando sus versos de chilenos.
En su último refugio no es posible encontrar una tienda donde comprar souvenirs con su nombre, tampoco un bar para tomarte un trago bautizado con el nombre de uno de sus poemas. Sólo un viejo cuidador y un flaco quiltro ladran cada noche a sus versos y los espectros de su fama olvidada.
Huidobro murió en la pobreza, maldito, olvidado y rechazado. En su autoexilio, vomitó para todos aquellos que besaron sus poemas con flores. Lo llamaban el más europeo de los chilenos, poeta ajeno al pueblo. Jugador surrealista con aires de Breton. Muy contundente, muy ácido y lejano a los obreros y los curas que no lo soportaban.
El poeta dejó su estela, su palabra a la montaña, olvidado e ignorado en el destino que labró con su irreverencia.
II
Estalla el agua en la piedra y se abren por primera vez sus infinitos ojos. Pero se cierran otra vez, no para morir, sino para seguir naciendo. (El Mar, Pablo Neruda)
Cerca del mar en su casa de Isla Negra, junto a Matilde, descansa Pablo Neruda. La entrada a la casa, hoy museo, cuesta el equivalente a 50 bolivianos. Existen cinco guías que organizan visitas en grupos pequeños de máximo cinco. Uno debe esperar a que por micrófono lo hagan entrar, mientras tanto es posible distraerse en la tienda y comprar algún libro, camisetas con versos del poeta, postales, adornos, réplicas de los fetiches de Neruda (mascarones de proa, barcos en botellas, caracolas, conchas de mar).
Cuando entras, respiras el aire salino que respiraba el poeta, saludas a ese mar que no puede estarse quieto, que se sale de sí mismo a cada rato. Queda en la casa el aroma a caldillo de congrio, dando sabor al homenaje de la palabra a las cosas, aquellas que el poeta amaba locamente.
El lugar, último refugio de Neruda, descanso de mar en su muerte, tumba rodeada de piedras y flores. Hueso con hueso, enredado con Matilde, su tercera esposa. No hay referencias en la casa a Malba Marina, su hija que murió a los ocho años de hidrocefalia. Su osamenta y la de la última compañera no tienen cruz que los resguarde, sus besos, ahora en textura de concha de mar, beben la caricia del Pacífico en la proa de este barco imaginado, privilegiada última morada, digna del histrionismo y el ego desbordados en vida por el poeta.
A Neruda le decían poeta del pueblo, burgués de mantel rojo. Escribía, entre copa y copa, regalo y regalo de los idólatras que bebían gratis en sus fiestas. Pintaba poemas al color de las cebollas, a la cola del caballo de madera de su infancia, a las copas que servían su vino.
El poeta, panza de calamar, pasaba de lado por las puertitas de sus cuartos. El catre de su cama crujía, torturado por su espalda y flatulencias festivas. Neruda bebía el mar en cada esquina y en el deleite de la amistad y la vida disfrutó su residencia en la tierra rodeado de besos y aplausos.
Al final del tour puedes conversar sobre tus impresiones del paseo con otros turistas en una cafetería, donde venden platos y tragos con el nombre de sus odas, un homenaje comercialmente bien logrado. Es imposible no saber dónde te encuentras, aunque no puedes sacar fotos por respeto a los derechos de autor.
III
Vicente Huidobro al sur y Pablo Neruda al norte unen con sus versos las costas del litoral central. La biografía de Huidobro, escrita por Volodia Teintenbaum, cuenta que el ojo grande de diseño picassiano que pusieron en el monolito de su tumba es hoy una mirada destellante vigilando que Huidobro y Neruda no sigan peleando.
Los que no cabían en este planeta diminuto y se enseñaron tantas veces los dientes ahora descansan con sus nombres enredados entre Cartagena e Isla Negra.
Ellos se dan la mano entre las olas, según aquellos que creen que la muerte hermana a las almas y olvida los desencuentros y “maleficios” mutuos vertidos en vida. Huidobro y Neruda, cada uno decidió cómo vivir la poesía, cómo hacer de su vida obra o de la obra vida; dicen que el primero fue maestro, luego amigo y al final detractor del segundo.
Neruda, hijo de padre ferroviario y maestra de escuela, aprendió viajando por el mundo a cantar a América, con esa voz de pavo constipado. Escribió a las cosas simples, a la gente simple. Fue adoptado por el comunismo como bandera, con su poesía digerible para mineros y obreros.
Huidobro empezó académico, aristocrático, muy europeo y terminó como escupitajo filudo para todo lo que lo formó. Acidez negra en sus últimos días, para aquellos que sentenciaron su imagen final, aquella que se fue desvaneciendo y secando en la montaña, no en su tumba, la que guarda el mar y que todavía lo escucha.
Neruda, con cada venta de souvenirs, infla la panza, ríe, en la bodega del Infierno del Dante, con buen trago, seduciendo eternamente a sus amadas con poemas. Eso sí, rebota frente al limbo donde flota Malba Marina, da la espalda a su imagen, que lo mira sin rencor y besos desde otro lugar más puro.
Ambos poetas decidieron en vida la huella de su palabra en muerte. Morir, bien muerto en tumba bebiendo del mar o morir decorado de fetiches, en la negativa a dejar la fiesta eterna y las reverencias. Al final, en un caldillo de congrio, las palabras de ambos en el litoral central todavía se juntan. El Canto General, los Cantos de Altazor, norte y sur de la misma costa. ¿Qué huella vale más dejar en muerte?, ¿qué trascendencia pesa más en la palabra?
Murio El Chino
Para los que aún leen este blog, les comento que El Chino en sus tres partes fue borrado, ya que será publicado proximamente con otro nombre, así que para mantener el compromiso de primicia de la Editorial, volverá aparecer en su versión final y corregida después de ser publicado.
Gracias
Gracias
sábado, noviembre 08, 2008
Asi nomás 2
Así nomás 2
-Si quieres aprender a escribir lee 10 veces el Ulises de Joyce, el resto no vale la pena- Dijo el cuentista apodado “Asterix”, aquel mentor de otro cuentista que camina por los bares paceños emulando, en los rulos de su cabeza, a quien las malas lenguas llaman “Saibaba” y quien, hace una semana, fue El Preste oficial del presterio literario que se llevó a cabo en el “Red Camel".
Así nomás es, anoche le di palo a algunos personajes de la farándula literaria paceña con el amigo que se quejaba de que su cuento sobre la vida “del Pancataya” no podrá salir a la luz, por que la gente pensará que es un plagio de un cuento que el “Asterix” incluyó en su nuevo libro.
Más tarde, como una especie de broma literaria, me encontré en el Equinoccio con el poeta de barbas de Avaroa, aquel que puso su percusión a los poemas de Bedregal en 2005. Bebimos lanzando reverencias poéticas a la sonrisa de “Saibaba”quien con sus pocos dotes de orador, reverenciaba las caderas de una actriz cochabambina.
En el mismo lugar nos abrazamos al ritmo de “Morenada para mi entierro” con la flaca de ojos de almendra, el calvo artesano de las rockolas y el mal cantante de música jamaiquina. Si ayer me envolvieron las miradas, los arrullos del humo musical y las miradas de aquellas que iban a y venían del baño. Te llamé tres veces, te maldeci ocho y prometí no verte más las siguientes dos.
Tambaleando dejé el boliche, en el momento que las voces y las miradas hacían más ruido que la guitarra en los parlantes de un Germán ahora ruloso. Me fui caminando, te devolví la llamada, esquive tres travestis hambrientos que trataron de morderme el cuello, un asaltante que me gritó ¡hijo de puta! y dos perros copulando. Me subí a un taxi, le dije al maestrito que no tenía tarjeta y sí la tenía era lo mismo por que estaba tan borracho que no me acordaría mi PIN.
Desperté en la puerta de mi casa, escalé las gradas, me arrastré gateando a la cama, desenchufé el televisor y dormí hasta que me despertó tu llamada, tu voz ronca, esa mueve hormonas, piel de gallina en mis labios. Cinco minutos después,en la ducha, recordé como mi lengua se convertía en jabón por tu piel y tus labios se convertían en succionador de penas debajo mi ombligo.
Si, así nomás, anoche me acordé de Henry Miller al traer pasajes de “Periférica Bulevard” a la conversación con el amigo sin disciplina que se queja que otros plajean sus cuentos, aquellos que por flojera no hace públicos. Tomé varias cervezas con el marido de la hermana de un amigo de infancia, con aquel que es policía y que me dijo que por unas cuantas cervezas más me contaría los secretos de la DEA en el país.
Hoy, con el auspicio de singani Rujero, volví a la migraña del antiguo ciclo y tuve una fugaz autosatisfacción sobre la almohada recordando tus caderas. Luego prendí un pucho, lo puse en tu mandíbula y disfruté mirando como la nicotina acariciaba tu pómulo izquierdo partido, aquel que guarda aún las huellas del único puñetazo que recibió tu rostro hace cinco años. ¡Feliz día de las ñatitas!
-Si quieres aprender a escribir lee 10 veces el Ulises de Joyce, el resto no vale la pena- Dijo el cuentista apodado “Asterix”, aquel mentor de otro cuentista que camina por los bares paceños emulando, en los rulos de su cabeza, a quien las malas lenguas llaman “Saibaba” y quien, hace una semana, fue El Preste oficial del presterio literario que se llevó a cabo en el “Red Camel".
Así nomás es, anoche le di palo a algunos personajes de la farándula literaria paceña con el amigo que se quejaba de que su cuento sobre la vida “del Pancataya” no podrá salir a la luz, por que la gente pensará que es un plagio de un cuento que el “Asterix” incluyó en su nuevo libro.
Más tarde, como una especie de broma literaria, me encontré en el Equinoccio con el poeta de barbas de Avaroa, aquel que puso su percusión a los poemas de Bedregal en 2005. Bebimos lanzando reverencias poéticas a la sonrisa de “Saibaba”quien con sus pocos dotes de orador, reverenciaba las caderas de una actriz cochabambina.
En el mismo lugar nos abrazamos al ritmo de “Morenada para mi entierro” con la flaca de ojos de almendra, el calvo artesano de las rockolas y el mal cantante de música jamaiquina. Si ayer me envolvieron las miradas, los arrullos del humo musical y las miradas de aquellas que iban a y venían del baño. Te llamé tres veces, te maldeci ocho y prometí no verte más las siguientes dos.
Tambaleando dejé el boliche, en el momento que las voces y las miradas hacían más ruido que la guitarra en los parlantes de un Germán ahora ruloso. Me fui caminando, te devolví la llamada, esquive tres travestis hambrientos que trataron de morderme el cuello, un asaltante que me gritó ¡hijo de puta! y dos perros copulando. Me subí a un taxi, le dije al maestrito que no tenía tarjeta y sí la tenía era lo mismo por que estaba tan borracho que no me acordaría mi PIN.
Desperté en la puerta de mi casa, escalé las gradas, me arrastré gateando a la cama, desenchufé el televisor y dormí hasta que me despertó tu llamada, tu voz ronca, esa mueve hormonas, piel de gallina en mis labios. Cinco minutos después,en la ducha, recordé como mi lengua se convertía en jabón por tu piel y tus labios se convertían en succionador de penas debajo mi ombligo.
Si, así nomás, anoche me acordé de Henry Miller al traer pasajes de “Periférica Bulevard” a la conversación con el amigo sin disciplina que se queja que otros plajean sus cuentos, aquellos que por flojera no hace públicos. Tomé varias cervezas con el marido de la hermana de un amigo de infancia, con aquel que es policía y que me dijo que por unas cuantas cervezas más me contaría los secretos de la DEA en el país.
Hoy, con el auspicio de singani Rujero, volví a la migraña del antiguo ciclo y tuve una fugaz autosatisfacción sobre la almohada recordando tus caderas. Luego prendí un pucho, lo puse en tu mandíbula y disfruté mirando como la nicotina acariciaba tu pómulo izquierdo partido, aquel que guarda aún las huellas del único puñetazo que recibió tu rostro hace cinco años. ¡Feliz día de las ñatitas!
martes, octubre 28, 2008
Los Huevos de Warhol (divague farandulero del cronista)

“Todo persona será famosa alguna vez por quince minutos” (Andy Warhol)
Cuando empezó a escribir, el cronista tenía en sus manos el programa de VI Festival de Cine Latinoamericano. Fue a la inauguración del mismo y se encontró con el Cine 6 de agosto con una estética Art Deco, renovada y restaurada. El lugar lo recibió con un “tecno-coctail” donde, la reducida farándula paceña de cinéfilos decidió congregarse como sardinas alrededor de la escalera de caracol del cine.
El cronista no pudo evitar imaginar un viaje al pasado a “The Factory”, donde Andy Warhol deleitaba a su ego en la presencia de todos aquellos que lo inflaban con toda suerte de histriónicas puestas en escena y psicodélicos besos.
Al cronista este evento le permitió ver el desfile de la farándula paceña al ritmo del whisky, el cual combinaba con el olor de las pieles apretujadas en la entrada. Asumió la postura de intruso que absorbía sonidos eclécticos y tribales en los parlantes y se permitió inventariar: Las sonrisas de directores de cine calvos y de barba, las formas de espiar a universitarias del publicista de sombrero, los escritores que disfrutaban destripando guiones, las morenas con lentes que se camuflaban de tipos con lentes. También pudo ver a aquellas que se escondían en la sala de proyección, habilitada como living gigante. Al Cronista el pareció que buscaban blancos caminos a la anomia mirando el nuevo y arrugado lienzo del 6 de agosto.
El VI Festival de Cine Latinoamericano nació con el mensaje que para hacer cine en Latinoamérica hay que tener huevos. El arte de la tapa del programa, decía además que los huevos tenían que tener una estética neo Warholiana, esto al cronista le recordó lo fashion light de la farándula y la efímera fama que se junta en las miradas de actores, músicos y escritores.
Al cronista le invitaron frutillas con chocolate, cerca a una tarima redonda debajo de las gradas. Un reflector en forma de ojo de buho desde el segundo piso alumbraba la tarima y atraía las miradas de unas modelos con colas de repollo azul. Las señoritas disfrazadas de vegetal, estaban paradas al lado de un proyector de los años cincuenta y hacían el papel de ornamentales floreros junto a un tipo que ponía mantras musicales para la charla.
Una inauguración de festival era una buena excusa para que el cronista, libretita en mano, se sintiera parte del circo, de la charla de pasillo sobre mesas redondas y coloquios de cine. Aquel día el cronista no vio ninguna película sobre la cual escribir, más bien se encontró con el voyeurismo, exhibicionismo e histeria de la puesta en escena externa.
El cronista tomó cinco vasos de whisky frente a la boletería y se emborrachó con la mujer de piercing tornasol en la lengua que esperaba el estreno de La Mujer sin Cabeza, película Argentina dirigida por Lucrecia Martel.
Luego decidió escribir en relación a la impronta que le dejaron las primeras imágenes de este encuentro “con huevos”. Los quince minutos de fama, se desvanecieron luego de alumbrar rostros y recoger aplausos. El cronista recogió las imágenes y miradas de modelos piel de gallina, de lánguidos críticos, minimalistas composiciones de imágenes, cineastas come frutillas, prospectos de actrices mostrando sus asiliconadas credenciales al director calvo de moda.
La libreta del cronista se manchó de música tecno y whisky. No hizo crónica del “glamour” y pensó que tener huevos era una buena metáfora para disfrutar de la secuencia de colores a lo Warhol o para celebrar, embriagado de aplausos, la farándula que sonará a hueco olvidado, meses después de que algún cineasta presente su corto de bajo presupuesto.
La memoria tiene más huevos que hueveos, pensó el cronista, en la necesidad de capturar en su cabeza el Festival de cine latinoamericano del 6 de Agosto. Al llegar el Cronista tenía solamente la idea de ver cómo el fantasma de la chica que se lanzó del segundo piso y sobre la que escribió un poema Jorge Campero, evitaba la farándula. Sin embargo se dejó llevar por la tentación de pintar el collage de una noche reverberante y llena de humos dulzones en una inauguración pop.
Para hacer una torta había que romper algunos huevos y al cronista le encantaron los omelletes de imágenes en el Cine 6 de Agosto, aunque sin duda añoró ser un poco más pop y tener al menos cinco minutos de fama en TVO.
El cronista, cuatro días después, volvió al festival a ver “Microfilia” mala película chilena bajo el sugestivo titulo que colocaba un bus de transporte público como gran falo inclinado en el que toda suerte de encuentros ocurrían en sus asientos. Bizarra experiencia, sin “ácido” en “La Factory” de huevos de este festival, pensó.
Ese día el Cronista se encontró con la sonrisa de aquella mujer que cantaba acapela en Cochabamba, poniendo delirio al cuerpo que delira. Paradójica recurrencia saenziana que recordó al cronista que en la madrugada paceña puedes reír, luego de una mala película, con una mujer que pone besos al papel y tacto a la necesidad de aferrarse a un romanticismo naif.
El cronista concluyó que luego de una mala película, en La Paz era posible encontrar mujeres que lean a Barhtes a las 3 de la mañana, que se dejan seducir por la libromancia de su palabra y, que por cierto, dan vida con su cabello negro a un bar de mala muerte que funciona en domingo.
Luego de dos días de festival, el cronista reconoció que tenía los huevos aplastados y poco fotogénicos para un afiche a lo Warhol. Celebró la inauguración del festival aunque cuestionó la corta duración del mismo y la poco homogénea calidad de la muestra.
El cronista al terminar este texto, persiguió en su libreta la huella mnémica de las imágenes evocadas de la farándula, de las personas que estuvieron en el Cine 6 de Agosto, sólo para alargar sus quince minutos de fama y que también son asiduos asistentes a lecturas literarias, conciertos barroco mestizos y festivales de teatro.
En sus dos visitas al VI Festival de Cine Latinoamericano, el Cronista sólo quería divertirse, comprimir y amoldar la realidad como plastilina en su libreta, en el sentido de su crónica. Sabíamos que, después de todo, nunca se animaría a la ficción ya que adora los inventarios, la descripción de hechos coloreados de metáforas. El usualmente evade, roba instantes, lugares, eventos y personajes y no va más allá de aquello. Así como baila tecno, canta morenada, en cuanta farándula reclama su libreta.
El cronista, seguirá escribiendo, en festivales de todo tipo como una necesidad de escapar a la farándula o verse incluido en ella. Por último como ilustre visitante de cuanta preste exista, escapando, eso sí, del mandato light que le da ser un hombre pop.
jueves, octubre 23, 2008
Asociaciones libres de cafe
De que te quieres curar?, me dice mi analista antes de dejar la sesión. Volví a verla de cinco semanas para trabajar algunas adicciones y al salir de la sesión en un evento muy Warholiano en el que se inauguraba la 6 muestra de cine latinoamericano, un amigo me dijo: El psicoanálisis es también una adicción y encima cara y burguesa. Es cierto, sin duda lo es, pero la sensación que te produce el diván es el sustituto psicológico del opio, así recostado uno va diciendo lo no dicho, o mejor aún es aquel otro que callá cuando hablas que en ese momento habla cuando no actuas.
En fin de todas maneras hoy la asociación libre me lleva a la pregunta de que me quiero curar? y a la tarea para la casa de mi analista en relación al tiempo, no el cronológico, el tiempo como el único capital manejable que tengo para invertir, bastante economista y capitalista el discurso de la mujer que escucha mis pedos mentales, pero así nomás es.
La agorafobia también apareció en esos 30 minutos y la respuesta fue un cuestionamiento contundente a mis deliciosos encierros de horas desconectado del mundo y sumergido en una ficción de palabra, la leida y la escrita, que me produce sin duda una confusión con la linea de lo real. La ficción como tal sin duda no suma o si?, tal vez no agrega al hecho de vivir como mero transcurrir pragmático, pero sí eso está claro suma datos, recursos y vainas sin nombre para proximas escrituras.
La contundencia luego de la sesión de ayer también lanzó una advertencia: ojo con la escritura no es lo mismo escribir por evasión que como producción.
Así es, de que escapo, de que quiero curarme, no sé invertiré el tiempo en saberlo, de momento disfruto al escribir los poemas de "la cura" que pienso terminar antes del cambio de digito en mi vida. También y sin duda tiene su merito, disfruto de las voces en la mañana, de la gente viviendo, luchando. Por cierto y "last but not least"como dicen los gringos disfrutaré de 7 días de Cine en la VI muestra de cine latinoamericano, que joder pero tan pocos días!
En fin, ahora es momento de volver a la vida de burocrata e ir pensando en esto de que carajo querre curarme
En fin de todas maneras hoy la asociación libre me lleva a la pregunta de que me quiero curar? y a la tarea para la casa de mi analista en relación al tiempo, no el cronológico, el tiempo como el único capital manejable que tengo para invertir, bastante economista y capitalista el discurso de la mujer que escucha mis pedos mentales, pero así nomás es.
La agorafobia también apareció en esos 30 minutos y la respuesta fue un cuestionamiento contundente a mis deliciosos encierros de horas desconectado del mundo y sumergido en una ficción de palabra, la leida y la escrita, que me produce sin duda una confusión con la linea de lo real. La ficción como tal sin duda no suma o si?, tal vez no agrega al hecho de vivir como mero transcurrir pragmático, pero sí eso está claro suma datos, recursos y vainas sin nombre para proximas escrituras.
La contundencia luego de la sesión de ayer también lanzó una advertencia: ojo con la escritura no es lo mismo escribir por evasión que como producción.
Así es, de que escapo, de que quiero curarme, no sé invertiré el tiempo en saberlo, de momento disfruto al escribir los poemas de "la cura" que pienso terminar antes del cambio de digito en mi vida. También y sin duda tiene su merito, disfruto de las voces en la mañana, de la gente viviendo, luchando. Por cierto y "last but not least"como dicen los gringos disfrutaré de 7 días de Cine en la VI muestra de cine latinoamericano, que joder pero tan pocos días!
En fin, ahora es momento de volver a la vida de burocrata e ir pensando en esto de que carajo querre curarme
lunes, octubre 20, 2008
Imaginarios Paceños
Sólo la certeza del viento calando tus mejillas,
Será el verbo que recuerde la ironía de estos pasos.
Será el Illimani quien contenga tu bruma
y sus picos escupirán el silencio de mil cantos.
No quiero y sin embargo, en el recuento de la noche,
tu memoria será canto en la montaña.
Retorno de la Feria del Libro de Cochabamba con la resaca de la farándula literaria en el cuerpo, en el bus divago sobre la idea de la ciudad y los imaginarios paceños, luego de re leer algunos textos de La Piedra Imán que compré, vaya a saber por que en Cochabamba para recuperar el ejemplar que una “warmi engreída” tomó prestado de mi biblioteca y que junto con algunos besos nunca más devolvió.
Escribo al amanecer paceño, mirando como las luces de la ciudad serpentean como estrellas de pirita y me surge la pregunta de ¿qué es esto de los imaginarios urbanos en la Ciudad de La Paz? La respuesta tal vez está en que la ciudad imaginada, como hecho individual y colectivo, más allá de lo geográfico se construye de hechos simbólicos, de las representaciones de quienes deciden aprehender sus recovecos y beberla, aunque no siempre su vino sea agradable al tacto.
La ciudad imaginada, construida, evocada en la palabra, en el arte, en la vivencia urbana, implica no sólo la concretidud del hecho urbanístico, arquitectónico que estéticamente la define, sino más bien “la ciudad que no se ve” la que se respira; síntesis de construcciones simbólicas que se crean y recrean en lo colectivo, en la vida cotidiana de quienes la habitan.
Al respecto, recojo la frase de un amigo músico, quien con humildad reconocía la arrogancia de sus últimos años, al dar la espalda a la ciudad –Uno tiene en sus narices las montañas, escribe y canta como gringo, olvidándose de que existen- decía. Es que tarde o temprano uno vuelve el rostro a La Paz y acaba regresando, acaba volviendo a mirar con humildad el sol desde la Ceja. ¿Será entonces ahí cuando uno pueda nuevamente escuchar los delirios de Borda y los relojes de Saenz?
Llega un punto, en este proceso de construcción de la noción de ciudad en el que uno hace un corte y los pies, sin saber bien como, echan raíces en el cemento rajado de La Pérez y no quieren irse. Es ahí cuando uno empieza a escuchar las verdaderas historias que cuenta el río bajo San Francisco, los gritos de sus rocas hoy removidas por tractores construye túneles, sus cantos de ninfas de subsuelo.
El Imaginario urbano en La Paz probablemente se hace realidad más de una vez, en más de un personaje, en el cuerpo de quien narra la ciudad. Toma forma sobre todo cuando el narrador, el músico el poeta, deciden dejar de ser observadores y empiezan a teñir los poros de sus calles. La cantidad de tinta que hay que recoger del asfalto roto, es probablemente tema de otro debate.
¿Será entonces que La Paz imaginada, en cuanto a su esencia, es aquella que nace y habla en lo que produce?, una mancha urbana de historias, una hilera de luces que van naciendo al amanecer, cada una con una lectura propia de su complejidad, cada una con el grito propio de su vivencia urbana. Es ahí que el destello de cada luz en la montaña, como las que veo morir en este amanecer, parpadea como una expresión propia y todas juntas hacen la ciudad que no se toca pero que se palpa.
¿Será esto, en última instancia, lo que constituye el imaginario paceño, el reflejo que va mutando en destellos de tiempo en tiempo, de momento en momento, la luz de quienes se fueron, de quienes hoy estamos de paso por sus calles? El reflejo de la ciudad acorde, grito, graffiti, garabato, una y mil formas en que el corazón paceño devuelve a sus habitantes parte de su imagen y su viento lento.
Creo que sin duda la experiencia individual y la influencia social hacen a la representación y subjetividad de quien mora, habita y respira en la ciudad y se traduce en el imaginario urbano propio de cada habitante. Lo urbano, en esa medida, podría ser leído como aquello que late individual y colectivamente en cada paceño. Hecho intangible que permite generar, en todo caso, formas de significaciones diversas, expresiones culturales dinámicas, que mutan y, que por lo mismo, no están ajenas tampoco a la influencia de otros imaginarios del país y del mundo.
Luego de estas palabras, cuando bajando la autopista despierta la ciudad en la bruma, vuelvo a preguntarme ¿cuál la significación entonces de la palabra urbana, a la vez tan grande y tan corta para la metrópoli de alasita que nos acoge? Parecería ser que es esto que nos funda y otorga una identidad inconsistente, incongruente pero claramente paceña.
¿Será acaso necesario dormir con quiltros en una chingana para conocer lo real de la ciudad? o acaso ¿habrá que emular a Jaime Saenz construyendo falsos trajes de aparadita para entenderla, para conocer lo que yace en el otro lado de la noche? La respuesta está sin duda en otro lado, tal vez en el trajinar y el hacer individual íntimo, cómplice, solitario en la ciudad.
Considero en todo caso absurdo, plantear la forma de retratar los imaginarios paceños en un continuo entre el narrador que ficciona la ciudad y el marginal que decide ser desecho de la misma. La Paz es más allá de cualquier postura, uno la toma, la bebe, o la ignora, pero no escapa a su influencia.
Parece ser entonces que el imaginario paceño pasaría por la subjetividad de cada habitante que decide ser permeable a determinadas experiencias que otorga la ciudad, como un proceso propio de construir la creencia y la significación del hecho urbano. Cada quien podrá sumergirse en carne y pluma en La Paz, ya que su llamado estará siempre presente, cada quien decidirá cuanto escuchar de sus calles y la furia del viento de la cordillera en su rostro.
Algún día el que escribe y el que lee dejaremos esta caótica hoyada y permanecerá el Illimani, como síntesis de roca. Será su presencia, más allá de cualquier significado que queramos otorgarle a la ciudad, la que permanezca. En última instancia nosotros vivimos en el imaginario de esta ciudad que hemos decidido construir, con sus iconos, sus personajes, sus influencias y sus modas. El Illimani nos acoge, como huéspedes de distintos tiempos y momentos, ésta acaso será la única certeza, él permanecerá luego de que nuestro último respiro seco muera.
Será el verbo que recuerde la ironía de estos pasos.
Será el Illimani quien contenga tu bruma
y sus picos escupirán el silencio de mil cantos.
No quiero y sin embargo, en el recuento de la noche,
tu memoria será canto en la montaña.
Retorno de la Feria del Libro de Cochabamba con la resaca de la farándula literaria en el cuerpo, en el bus divago sobre la idea de la ciudad y los imaginarios paceños, luego de re leer algunos textos de La Piedra Imán que compré, vaya a saber por que en Cochabamba para recuperar el ejemplar que una “warmi engreída” tomó prestado de mi biblioteca y que junto con algunos besos nunca más devolvió.
Escribo al amanecer paceño, mirando como las luces de la ciudad serpentean como estrellas de pirita y me surge la pregunta de ¿qué es esto de los imaginarios urbanos en la Ciudad de La Paz? La respuesta tal vez está en que la ciudad imaginada, como hecho individual y colectivo, más allá de lo geográfico se construye de hechos simbólicos, de las representaciones de quienes deciden aprehender sus recovecos y beberla, aunque no siempre su vino sea agradable al tacto.
La ciudad imaginada, construida, evocada en la palabra, en el arte, en la vivencia urbana, implica no sólo la concretidud del hecho urbanístico, arquitectónico que estéticamente la define, sino más bien “la ciudad que no se ve” la que se respira; síntesis de construcciones simbólicas que se crean y recrean en lo colectivo, en la vida cotidiana de quienes la habitan.
Al respecto, recojo la frase de un amigo músico, quien con humildad reconocía la arrogancia de sus últimos años, al dar la espalda a la ciudad –Uno tiene en sus narices las montañas, escribe y canta como gringo, olvidándose de que existen- decía. Es que tarde o temprano uno vuelve el rostro a La Paz y acaba regresando, acaba volviendo a mirar con humildad el sol desde la Ceja. ¿Será entonces ahí cuando uno pueda nuevamente escuchar los delirios de Borda y los relojes de Saenz?
Llega un punto, en este proceso de construcción de la noción de ciudad en el que uno hace un corte y los pies, sin saber bien como, echan raíces en el cemento rajado de La Pérez y no quieren irse. Es ahí cuando uno empieza a escuchar las verdaderas historias que cuenta el río bajo San Francisco, los gritos de sus rocas hoy removidas por tractores construye túneles, sus cantos de ninfas de subsuelo.
El Imaginario urbano en La Paz probablemente se hace realidad más de una vez, en más de un personaje, en el cuerpo de quien narra la ciudad. Toma forma sobre todo cuando el narrador, el músico el poeta, deciden dejar de ser observadores y empiezan a teñir los poros de sus calles. La cantidad de tinta que hay que recoger del asfalto roto, es probablemente tema de otro debate.
¿Será entonces que La Paz imaginada, en cuanto a su esencia, es aquella que nace y habla en lo que produce?, una mancha urbana de historias, una hilera de luces que van naciendo al amanecer, cada una con una lectura propia de su complejidad, cada una con el grito propio de su vivencia urbana. Es ahí que el destello de cada luz en la montaña, como las que veo morir en este amanecer, parpadea como una expresión propia y todas juntas hacen la ciudad que no se toca pero que se palpa.
¿Será esto, en última instancia, lo que constituye el imaginario paceño, el reflejo que va mutando en destellos de tiempo en tiempo, de momento en momento, la luz de quienes se fueron, de quienes hoy estamos de paso por sus calles? El reflejo de la ciudad acorde, grito, graffiti, garabato, una y mil formas en que el corazón paceño devuelve a sus habitantes parte de su imagen y su viento lento.
Creo que sin duda la experiencia individual y la influencia social hacen a la representación y subjetividad de quien mora, habita y respira en la ciudad y se traduce en el imaginario urbano propio de cada habitante. Lo urbano, en esa medida, podría ser leído como aquello que late individual y colectivamente en cada paceño. Hecho intangible que permite generar, en todo caso, formas de significaciones diversas, expresiones culturales dinámicas, que mutan y, que por lo mismo, no están ajenas tampoco a la influencia de otros imaginarios del país y del mundo.
Luego de estas palabras, cuando bajando la autopista despierta la ciudad en la bruma, vuelvo a preguntarme ¿cuál la significación entonces de la palabra urbana, a la vez tan grande y tan corta para la metrópoli de alasita que nos acoge? Parecería ser que es esto que nos funda y otorga una identidad inconsistente, incongruente pero claramente paceña.
¿Será acaso necesario dormir con quiltros en una chingana para conocer lo real de la ciudad? o acaso ¿habrá que emular a Jaime Saenz construyendo falsos trajes de aparadita para entenderla, para conocer lo que yace en el otro lado de la noche? La respuesta está sin duda en otro lado, tal vez en el trajinar y el hacer individual íntimo, cómplice, solitario en la ciudad.
Considero en todo caso absurdo, plantear la forma de retratar los imaginarios paceños en un continuo entre el narrador que ficciona la ciudad y el marginal que decide ser desecho de la misma. La Paz es más allá de cualquier postura, uno la toma, la bebe, o la ignora, pero no escapa a su influencia.
Parece ser entonces que el imaginario paceño pasaría por la subjetividad de cada habitante que decide ser permeable a determinadas experiencias que otorga la ciudad, como un proceso propio de construir la creencia y la significación del hecho urbano. Cada quien podrá sumergirse en carne y pluma en La Paz, ya que su llamado estará siempre presente, cada quien decidirá cuanto escuchar de sus calles y la furia del viento de la cordillera en su rostro.
Algún día el que escribe y el que lee dejaremos esta caótica hoyada y permanecerá el Illimani, como síntesis de roca. Será su presencia, más allá de cualquier significado que queramos otorgarle a la ciudad, la que permanezca. En última instancia nosotros vivimos en el imaginario de esta ciudad que hemos decidido construir, con sus iconos, sus personajes, sus influencias y sus modas. El Illimani nos acoge, como huéspedes de distintos tiempos y momentos, ésta acaso será la única certeza, él permanecerá luego de que nuestro último respiro seco muera.
lunes, octubre 06, 2008
¿Tomé mucho o no?, tuve un sueño en blanco anoche, como el que narraba Saramago en la novela que ahora se volvió una historia hollywoodense que muestra a los no videntes como estupidos y agresivos seres. Si, la verdad no sé si fue la cerveza, me contarón que la paceña de barril tiene mucho arroz eso debe ser lo que me hizo daño.
Debo confesar se siente estupido estar en el sitio VIP del festi chela junto a los que más plata tienen pero que chuparon gratis sin poner ni un peso
Debo confesar se siente estupido estar en el sitio VIP del festi chela junto a los que más plata tienen pero que chuparon gratis sin poner ni un peso
jueves, octubre 02, 2008
asi nomás....
No, ni lo pienses tú sabes que no me metería un tiro, al menos no por ahora, simplemente ocurre que estos días, en los que prima la agorafobia, son necesarios en mi vida. Tardes como estas en que me voy desarmando en la pantalla, no son una forma de suicidio virtual o el histrionismo de pedir ayuda desde el puente para que alguna de ojos de aceituna gastada me diga -¡dejá de chillar carajo-!.
Sucede que hoy simplemente estoy tomando un té de naranja, en la burbuja que me dá una conexión wi-fi en un café y me acordé de tí en la mesa de arriba hace unos meses jugando a la Jessica Parker y escribiendo quien sabe que pajas sobre el racismo de mi hermana y tu egocentrismo de chica fatal clase mediera con aires de catalana. Gringa en tu ciudad por el desteñido rubio en tu cabello y esas pecas de vía láctea en tu espalda que hoy me hacen recuerdo a las manchas de ron en mi alfombra.
No ni se te ocurra que te llamaría y gastaría mi dinero en un contacto a larga distancia al otro lado de la cordillera para escuchar tu vocecilla melosa esta vez con harto pebre chileno en sus erres. No simplemente pasa que tengo frío y ganas de pajearme con palabras, ¿nunca lo hiciste? mira ni se te mojan los pantalones, sólo se humedece tu cabeza y ya. Si hoy hace frío pero no el físico ya que es primavera, frío en las venas del que necesita químicos más que besos.
Si ya sé, ya sé no cambio nunca y estoy en este lugar con la vida desarmándose, sin saber ni putas cual será la vida nueva y escribiendo compulsivamente para mi, para ti, para nadie.
Estoy en la página 150 de la novela del Cé esa que seguro disfrustaste perversamente cuando planeabas mandar tanto sueño juntos por un tubo, cuando cagabas de risa con la celopatía de ese personaje tan parecida a la mía, tan parecida a mis fantasmas.
Hablando de fantasmas, también los encontré ayer viendo una película cochabambina sobre la eutanasia criolla, el suicidio asistido, la falta de bolas y el alcohol. No te daré el gusto, ni cagando me partiría el higado hoy por nadie en una chingana 7 días seguidos mis fantasmas son bien ligeros, con 24 horas de singani se van no te preocupes.
Ya no me acuerdo en que iba a sí, estoy escribiendo te decía, como estúpido, como purga, como sangre, si como me gusta. Estoy empezando un libro de poesía para el 2010 que de momento se llama "La Cura"; una crónica de 10 páginas para un libro que debe estar lista en dos semanas y una nota para el periódico que debe estar lista para el próximo domingo. Si las palabras son el mejor exorcista y como diría Faulkner "la mejor forma de soportar la vida es sumergirse en la literatura como en una orgía interminable". Por cierto tu que tienes una amiga abogada ¿todavía sabes si puedo tener acceso a los expedientes del juzgado 5 en lo penal?, necesito unos datos para un texto y también si puedes preguntale a tu primo donde dejó la Beretta que compramos esa vez en El Alto y nunca usamos que tengo que reventarle las rodillas a una mujer.
Cuentame como va el baile ahí por los clubes nortinos y si el Vick Vaporub sirve igual que el Mentisán para las llagas de las lenguas sabor piscola.
Yo, ya lo sabes ando aca escribiendo y tomando té de naranja, más tarde me tomaré un Fernet por tu lunar del ombligo ese que se está secando en mi cajita de fosforos del velador.
Chau
Sucede que hoy simplemente estoy tomando un té de naranja, en la burbuja que me dá una conexión wi-fi en un café y me acordé de tí en la mesa de arriba hace unos meses jugando a la Jessica Parker y escribiendo quien sabe que pajas sobre el racismo de mi hermana y tu egocentrismo de chica fatal clase mediera con aires de catalana. Gringa en tu ciudad por el desteñido rubio en tu cabello y esas pecas de vía láctea en tu espalda que hoy me hacen recuerdo a las manchas de ron en mi alfombra.
No ni se te ocurra que te llamaría y gastaría mi dinero en un contacto a larga distancia al otro lado de la cordillera para escuchar tu vocecilla melosa esta vez con harto pebre chileno en sus erres. No simplemente pasa que tengo frío y ganas de pajearme con palabras, ¿nunca lo hiciste? mira ni se te mojan los pantalones, sólo se humedece tu cabeza y ya. Si hoy hace frío pero no el físico ya que es primavera, frío en las venas del que necesita químicos más que besos.
Si ya sé, ya sé no cambio nunca y estoy en este lugar con la vida desarmándose, sin saber ni putas cual será la vida nueva y escribiendo compulsivamente para mi, para ti, para nadie.
Estoy en la página 150 de la novela del Cé esa que seguro disfrustaste perversamente cuando planeabas mandar tanto sueño juntos por un tubo, cuando cagabas de risa con la celopatía de ese personaje tan parecida a la mía, tan parecida a mis fantasmas.
Hablando de fantasmas, también los encontré ayer viendo una película cochabambina sobre la eutanasia criolla, el suicidio asistido, la falta de bolas y el alcohol. No te daré el gusto, ni cagando me partiría el higado hoy por nadie en una chingana 7 días seguidos mis fantasmas son bien ligeros, con 24 horas de singani se van no te preocupes.
Ya no me acuerdo en que iba a sí, estoy escribiendo te decía, como estúpido, como purga, como sangre, si como me gusta. Estoy empezando un libro de poesía para el 2010 que de momento se llama "La Cura"; una crónica de 10 páginas para un libro que debe estar lista en dos semanas y una nota para el periódico que debe estar lista para el próximo domingo. Si las palabras son el mejor exorcista y como diría Faulkner "la mejor forma de soportar la vida es sumergirse en la literatura como en una orgía interminable". Por cierto tu que tienes una amiga abogada ¿todavía sabes si puedo tener acceso a los expedientes del juzgado 5 en lo penal?, necesito unos datos para un texto y también si puedes preguntale a tu primo donde dejó la Beretta que compramos esa vez en El Alto y nunca usamos que tengo que reventarle las rodillas a una mujer.
Cuentame como va el baile ahí por los clubes nortinos y si el Vick Vaporub sirve igual que el Mentisán para las llagas de las lenguas sabor piscola.
Yo, ya lo sabes ando aca escribiendo y tomando té de naranja, más tarde me tomaré un Fernet por tu lunar del ombligo ese que se está secando en mi cajita de fosforos del velador.
Chau
martes, septiembre 23, 2008
Elefantes

Se muere tonto el elefante
Sin una punta en la trompita
Niño inocente, bruto errante
Se va pisando margaritas (Vadik Barrón)
Este texto es una “juntucha” sobre el hecho poético y lo que por estos días movió en las calles y plazas de La Paz. Me daré la concesión de hablar de los avatares que trae el cargar, por halago ajeno o ego propio, en la frente, en el sombrero de ala ancha, y en las tan de moda barbas de Avaroa , el rótulo de poeta.
Evoco la imagen del afiche del 4° encuentro de poesía. Volantín de bolsa nylon flotando al viento en un desierto, emulando algo del recurso fílmico de cámara en mano de aquella película que mostraba “la belleza americana”. Me pregunto en el objetivo de esta imagen, en quien sostiene el hilo del volantín forma figuras en las nubes, ¿será el Principito o la inocente figura de un Oliver Twist paceño en un cerro de Llojeta? En todo caso habrá que preguntarse si nuestra poesía es una veleta de polietileno flotando al viento, sostenida por el capricho infantil y frágil de alguno o algo más. También se podría leer que el volantín se mece por inercia en los espacios abiertos de esta urbe, acostumbrada a chorrear ríos de meo más que poesía por sus calles. Es acá donde surge la pregunta en cuanto al nacimiento del hecho poético y todo el hilo que cortar que atañe.
En este juego de preguntarse por la poesía jugaré tomando prestado un verso del poema National Geographic de Vadik Barron, epígrafe de esta nota. El mismo sentencia la idea, detrás de aquella verdad de perogrullo que años atrás sostenía un amigo si creía que algún reto era muy grande para tus capacidades. Él te afirmaba, contundente que todo está en empezar –no pienses en elefante- sentenciaba con una filosofía simplista, -si piensas elefante será jódido el asunto- replicaba, con la practicidad que le daba su formación positivista.
Desde la postura de “no pensar en elefante” me divierto imaginando a un mamífero grandote que junto a otros elefantes laboriosamente construye en un encuentro poético un poema colectivo, lleno de metáforas, metonimias, oximorones, sinécdoques y tanto otro recurso poético que sus trompas soplan ruidosa y sistemáticamente para inflar la bolsa nylon que luego sobrevolará nuestra ciudad. La poesía habla, construida por muchas y diferentes trompas prosadoras. La poesía grita, escuchada por muchas y grandes orejas; algunas respetuosos almacenes de otras voces, otras silpanchos sordos que sólo escuchan las rimas de maní que salen de su propia trompa e instruyen a sus patas pisar, con contundencia, cualquier osada simpleza de margarita ajena a su palabra.
Hacer poesía desde la perspectiva del amigo positivista sería entonces pensar en un gran elefante, en consecuencia la replica obvia sería reducir el poema a algo tan simple como un ratón. Personalmente ni uno ni otro, aunque sin duda es cierto que en esta ciudad podemos encontrar de todo.
¿Cuántos vates con elefantiasis andarán sacudiendo las trompas para el aplauso ajeno mientras escribo esta nota? ¿Cuántos desconocidos andarán construyendo un universo paralelo de silencio, lleno de una contundencia capaz de interpelar a la academia desde un cuarto que más parece nicho? ¿A cuántos prospectos de elefantito les temblará la pluma con pleitesía al escuchar el viento de las orejas sordas de aquellos “Poetas”? ¿ Los pequeños paquidermos aceptarán el juego “sádico” de seducción de algún poeta iluminado para luego recibir la patada en las nalgas de su prosa con tal de pertenecer a la manada?
La poesía va más allá del ruido de la manada, cobra sentido en el silencio posterior del encuentro del lector con el autor, cuando el primero recibe la palabra, sin tanta farándula de por medio, sin estridentes ruidos de trompa.
Podremos leer en “el show” con timidez, con petulancia, con lágrima viva o contundencia, lanzar nuestras voces como volantines al viento, en las plazas, en las calles. Encontrarnos bajo el rótulo de poetas topando trompa con trompa nuestra medallas, pero de nada habrá servido si nuestra palabra suena a elefante, a esa cosa grande difícil de lograr, a ese monstruo que sólo los elegidos son capaces de montar. El esfuerzo será pura masturbación si la palabra del poeta no es leída como hecho íntimo en el encuentro autor y lector.
Más allá de todo, es valido ir con la trompa al aire soplando grandes poemas paquidérmicos como antídoto a los intentos de verso de tanto iletrado sin lucidez que anda suelto y se dice tímidamente poeta. Es valido también ser un paquidermo de trompa metonímica y orejas soplando metáforas al viento o ser un lector adormilado por tanta imagen bien lograda, es valido al final también ser humano.
Algo más allá debe haber sin embargo en asumir el mandato de la palabra cuando está se encuentra con la simpleza que no pesa por la palabra misma, que no es una masa de versos que hacen elefante. En ese encargo de algún otro que, vaya a saber porqué, ha tomado prestada una pluma y en consecuencia ha generado una maldita sentencia que el poeta deberá saber cargar mientras viva. Discrepo aquí con algunos que dicen que la poesía no tiene obligación alguna más allá del puro hecho estético que la define por sí misma. Eso es alimentar elefantes que engordan de palabras por sus trompas aspira/vomita versos y nada más.
Es mejor como elefantes pisar menos margaritas y entender que el hecho poético no es sólo la estética del ego, es el acto de renuncia, al poner miradas e imágenes en el tapete, no sólo para el destripe del docto de academia, sino y lo más serio para decantar la técnica en la alquimia de hacer de lo iluminado por musas y “ñusas” algo que rompa fibras y genere lo que no es necesario ser nombrado: el poema más allá del verbo, capaz de morder las tripas del lector de aula con la misma contundencia que el hígado del adormilado y curioso intruso de pasamontañas en la ladera ¡Salud por la poesía!.
jueves, septiembre 18, 2008
Morales
Por Juan Sasturain
El caso de Bolivia nos plantea
lo que se dicen cuestiones morales:
quedarse sota, mirar neutrales
o abrir la boca, optar en la pelea.
El caso de Morales nos recrea
el de Allende, porque son iguales
causas, métodos y hasta los rivales:
es gente linda contra gente fea.
Que si Evo cae -digo, es un decir-
qué historia nueva
con qué verso viejo.
Que si Bolivia -digo, es un sentir-
cae negra, tropieza en su pellejo,
chola, pelada por filo de sufrir...
Qué vergüenza en el verso de Vallejo.
El caso de Bolivia nos plantea
lo que se dicen cuestiones morales:
quedarse sota, mirar neutrales
o abrir la boca, optar en la pelea.
El caso de Morales nos recrea
el de Allende, porque son iguales
causas, métodos y hasta los rivales:
es gente linda contra gente fea.
Que si Evo cae -digo, es un decir-
qué historia nueva
con qué verso viejo.
Que si Bolivia -digo, es un sentir-
cae negra, tropieza en su pellejo,
chola, pelada por filo de sufrir...
Qué vergüenza en el verso de Vallejo.
Calaquita II
Cuidado con las miradas a trasluz,
con los brazos colgantes y babas de muerto.
Cuidado con las piernas de arlequín en mis vértebras,
con la seda tragando mis huesos.
Cuidado con el retorno, escarba memorias
aunque evocada estás muerta,
con esa risa tan firme que ya no me toca
con ese eco penetrante que ya no bebo.
Inevitable, más allá de la advertencia te invoco, reconstruyo inerte,
con esa lengua de caracol, traga gargantas,
con tu bamboleo de matraca en mil pubis,
con tu complejo de pitón en la alfombra.
Recurrente bruma, te veo inevitable en la nicotina,
con las manos temblorosas en mi espalda.
Te veo, con el vino bañando tus costillas,
con tu abrazo de calaca en piel de madrugada.
Cuidado, pese a todo, con tocar mi puerta,
con ahorcarme con tu tanga negra,
Cuidado que eres bruma,
en la lejanía que es alivio y conjuro.
Estas seca en la carne, no en el verbo
y así es mejor.
(Trajines y Haceres, Editorial Gente Común, agosto 2008)
con los brazos colgantes y babas de muerto.
Cuidado con las piernas de arlequín en mis vértebras,
con la seda tragando mis huesos.
Cuidado con el retorno, escarba memorias
aunque evocada estás muerta,
con esa risa tan firme que ya no me toca
con ese eco penetrante que ya no bebo.
Inevitable, más allá de la advertencia te invoco, reconstruyo inerte,
con esa lengua de caracol, traga gargantas,
con tu bamboleo de matraca en mil pubis,
con tu complejo de pitón en la alfombra.
Recurrente bruma, te veo inevitable en la nicotina,
con las manos temblorosas en mi espalda.
Te veo, con el vino bañando tus costillas,
con tu abrazo de calaca en piel de madrugada.
Cuidado, pese a todo, con tocar mi puerta,
con ahorcarme con tu tanga negra,
Cuidado que eres bruma,
en la lejanía que es alivio y conjuro.
Estas seca en la carne, no en el verbo
y así es mejor.
(Trajines y Haceres, Editorial Gente Común, agosto 2008)
lunes, septiembre 15, 2008
Renacer
Hace 48 horas tenía la sangre llena de diamantes, el corazón acelerado con el freno de mano puesto, la palabra gritando en las paredes, el silencio en los ojos, el grito en el pecho.
Hace 24 horas mi corazón era un motor que no quería parar y el oxigeno no llegaba al cerebro.
Hace 20 horas sentía que me iba que el des/madre me pasaba la factura. Sin embargo por algo y por alguien acá estoy para narrar mi historia, en la certeza de que todavía tengo mucho por hacer en este lado.
Hace 24 horas mi corazón era un motor que no quería parar y el oxigeno no llegaba al cerebro.
Hace 20 horas sentía que me iba que el des/madre me pasaba la factura. Sin embargo por algo y por alguien acá estoy para narrar mi historia, en la certeza de que todavía tengo mucho por hacer en este lado.
jueves, septiembre 04, 2008
Sorderas I
Esta vez, sólo por hoy, sólo un ratito, así con frío y dolor en el cuerpo tengo ganas de sentarme con tu sordera de alma y besar aquel sol enamorado que me guiña el ojo desde tu entrepierna.
lunes, septiembre 01, 2008
Bloguivianos 2008
Me chaché a los bloguivianos van disculpar pudo más el compromiso paternal. Había descuidado mis fines de semana de padre y de viernes a domingo tuve una intensa jornada de fin de semana paterno-filial que me dejó insolación, macurca y risas intensas en el alma. Como comprenderán, los bloguers que son padres, donde manda tu niña no opina bloguero jeje.
Felicidades a tod@s bloguers bolivianos y sigamos haciendo de la blogosfera un espacio democrático de encuentro donde las “champa guerras” políticas no tengan cabida.
Un fuerte abrazo y felicitación a Cecilia Contreras que sin ella el encuentro no se hubiera llevado a cabo, ya me estarán contando esta noche en el ETNO los entretelones y chismes.
PD: Por cierto les dejo como comentario la nota del Willy que salió ayer en Fondo Negro sobre el evento, gracias por la citada cuate.
Bloguivianos de lo real a las realidades
William Camacho
Un encuentro culminado la madrugada de hoy sirvió para consolidar los lazos físicos entre los miembros de la comunidad bloguera nacional. A finales del año 2006, por mera casualidad —como suele ocurrir en el ciberespacio—, mientras navegaba en busca de información ingresé en un blog boliviano. En ese entonces creía que el blog era una página personal donde un hijo de vecino escribía todo tipo de sandeces y banalidades, haciendo evidente que no tenía mejor cosa en la vida que publicar desde lo que había soñado la noche previa, pasando por contar lo que había leído sentado en el inodoro, hasta relatar con lujo de detalles cómo hacía el amor con su novia.
Sin embargo, mi primer encuentro con la “blogósfera” nacional desbarató ese prejuicio, pues el azar me condujo hasta el blog de Paul Tellería —joven escritor paceño—, donde me entretuve un par de horas leyendo sus poemas, relatos y crónicas, o sea, textos literarios que, de paso, estaban bien escritos.
Haciendo clic sobre los enlaces sugeridos por Paul, comencé a explorar otros blogs de Bolivia y, en definitiva, mi opinión sobre este medio de comunicación cambió radicalmente. Hallé sitios donde se debatía sobre política, música, religión, fútbol, literatura, en fin, una serie de asuntos que, tratados con mayor o menor profundidad, configuraban un amplio y variado escenario de discusión o disfrute. Con esto no quiero decir que la “blogósfera” boliviana sea perfecta, intelectual o cosa similar, ya que, lógicamente, también tenemos blogs que sólo ocupan espacio virtual, malgastan palabras y enlodan el derecho a la libre expresión.
Así, decidí crear mi propio blog y pasé a formar parte de una gran comunidad virtual en la que, con el transcurrir de los meses, llegué a conocer a muchas personas de distintos puntos del país, varias de las cuales, hoy en día, engrosan mi lista de amigos. Algunos escépticos dirán: “Las amistades virtuales no existen; no se puede ser amigo de una pantalla”. En parte tienen razón, incluso yo pensaba igual; sin embargo, la experiencia me demostró algo distinto.
En septiembre de 2007, inquietos internautas cruceños organizaron el primer encuentro nacional de blogueros, bautizado con ingenio y tino: “Bloguivianos. De lo virtual a lo real”. En la reunión, desarrollada en el Hotel Cortez, se expusieron y debatieron varios temas en paneles formados por expositores de distintos departamentos, durante una intensa jornada que fue rematada con un festejo dionisiaco. Fue la primera vez que muchos de nosotros nos veíamos las caras y, sin exageración alguna, puedo afirmar que el lema del encuentro se cumplió a cabalidad: de la amistad virtual pasamos a la amistad real; o mejor dicho, comprobamos que siempre fue real. Con tan feliz experiencia se decidió organizar un segundo encuentro, cuya sede, por aclamación general, recayó en La Paz.
Ahora (cuando redacto esta nota) estamos a pocas horas de recibir en nuestra ciudad a blogueros de todo el país en el segundo encuentro nacional: “Bloguivianos 2008. De lo real a las realidades”. Esta vez serán dos jornadas de confraternización y debate: el viernes 29 de agosto en El Alto (Teatro Raúl Salmón, Palacio de las Artes y Casa Juvenil de las Culturas Wayna Tambo) y el sábado 30 en La Paz (Museo San Francisco y Etno Café Cultural). La relación entre blogs, arte, comunicación, política y educación se discutirá en paneles moderados por personas (blogueros e invitados) conocedoras de cada tema. Además se llevará a cabo una feria web, un concierto y, finalmente, una fiesta en la que se hará el acto de premiación a los mejores blogs de Bolivia.
Más allá de ser una oportunidad para crear o reforzar lazos de amistad, se pretende que, de las conclusiones que se lleguen a obtener, el encuentro posibilite la redacción de un documento con propuestas concretas sobre la potencialidad, ventajas y aplicaciones del blog respecto de los asuntos que serán tratados. Es un paso más de este joven movimiento que, poco a poco, está trascendiendo el universo virtual y convirtiéndose en generador de crítica, debate y propuesta en las realidades bolivianas.
* Escritor y bloguero paceño
Felicidades a tod@s bloguers bolivianos y sigamos haciendo de la blogosfera un espacio democrático de encuentro donde las “champa guerras” políticas no tengan cabida.
Un fuerte abrazo y felicitación a Cecilia Contreras que sin ella el encuentro no se hubiera llevado a cabo, ya me estarán contando esta noche en el ETNO los entretelones y chismes.
PD: Por cierto les dejo como comentario la nota del Willy que salió ayer en Fondo Negro sobre el evento, gracias por la citada cuate.
Bloguivianos de lo real a las realidades
William Camacho
Un encuentro culminado la madrugada de hoy sirvió para consolidar los lazos físicos entre los miembros de la comunidad bloguera nacional. A finales del año 2006, por mera casualidad —como suele ocurrir en el ciberespacio—, mientras navegaba en busca de información ingresé en un blog boliviano. En ese entonces creía que el blog era una página personal donde un hijo de vecino escribía todo tipo de sandeces y banalidades, haciendo evidente que no tenía mejor cosa en la vida que publicar desde lo que había soñado la noche previa, pasando por contar lo que había leído sentado en el inodoro, hasta relatar con lujo de detalles cómo hacía el amor con su novia.
Sin embargo, mi primer encuentro con la “blogósfera” nacional desbarató ese prejuicio, pues el azar me condujo hasta el blog de Paul Tellería —joven escritor paceño—, donde me entretuve un par de horas leyendo sus poemas, relatos y crónicas, o sea, textos literarios que, de paso, estaban bien escritos.
Haciendo clic sobre los enlaces sugeridos por Paul, comencé a explorar otros blogs de Bolivia y, en definitiva, mi opinión sobre este medio de comunicación cambió radicalmente. Hallé sitios donde se debatía sobre política, música, religión, fútbol, literatura, en fin, una serie de asuntos que, tratados con mayor o menor profundidad, configuraban un amplio y variado escenario de discusión o disfrute. Con esto no quiero decir que la “blogósfera” boliviana sea perfecta, intelectual o cosa similar, ya que, lógicamente, también tenemos blogs que sólo ocupan espacio virtual, malgastan palabras y enlodan el derecho a la libre expresión.
Así, decidí crear mi propio blog y pasé a formar parte de una gran comunidad virtual en la que, con el transcurrir de los meses, llegué a conocer a muchas personas de distintos puntos del país, varias de las cuales, hoy en día, engrosan mi lista de amigos. Algunos escépticos dirán: “Las amistades virtuales no existen; no se puede ser amigo de una pantalla”. En parte tienen razón, incluso yo pensaba igual; sin embargo, la experiencia me demostró algo distinto.
En septiembre de 2007, inquietos internautas cruceños organizaron el primer encuentro nacional de blogueros, bautizado con ingenio y tino: “Bloguivianos. De lo virtual a lo real”. En la reunión, desarrollada en el Hotel Cortez, se expusieron y debatieron varios temas en paneles formados por expositores de distintos departamentos, durante una intensa jornada que fue rematada con un festejo dionisiaco. Fue la primera vez que muchos de nosotros nos veíamos las caras y, sin exageración alguna, puedo afirmar que el lema del encuentro se cumplió a cabalidad: de la amistad virtual pasamos a la amistad real; o mejor dicho, comprobamos que siempre fue real. Con tan feliz experiencia se decidió organizar un segundo encuentro, cuya sede, por aclamación general, recayó en La Paz.
Ahora (cuando redacto esta nota) estamos a pocas horas de recibir en nuestra ciudad a blogueros de todo el país en el segundo encuentro nacional: “Bloguivianos 2008. De lo real a las realidades”. Esta vez serán dos jornadas de confraternización y debate: el viernes 29 de agosto en El Alto (Teatro Raúl Salmón, Palacio de las Artes y Casa Juvenil de las Culturas Wayna Tambo) y el sábado 30 en La Paz (Museo San Francisco y Etno Café Cultural). La relación entre blogs, arte, comunicación, política y educación se discutirá en paneles moderados por personas (blogueros e invitados) conocedoras de cada tema. Además se llevará a cabo una feria web, un concierto y, finalmente, una fiesta en la que se hará el acto de premiación a los mejores blogs de Bolivia.
Más allá de ser una oportunidad para crear o reforzar lazos de amistad, se pretende que, de las conclusiones que se lleguen a obtener, el encuentro posibilite la redacción de un documento con propuestas concretas sobre la potencialidad, ventajas y aplicaciones del blog respecto de los asuntos que serán tratados. Es un paso más de este joven movimiento que, poco a poco, está trascendiendo el universo virtual y convirtiéndose en generador de crítica, debate y propuesta en las realidades bolivianas.
* Escritor y bloguero paceño
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