martes, mayo 22, 2007

Crónicas de a pie (La Jaén)



Estoy enfermo lo sé
Estoy consciente de que sus voces me están matando
Poco a poco,
Cada día en mi propio cuerpo
Con mis propios huesos,
En cada encuentro,
…Jah! Y aún así las espero… (Javier Arequipa, El Amanuense)


Esa tarde, antes de iniciar el ascenso al lugar acordado, había decidido dormir, el sueño tenía sabor a pastillas de menta gastadas. Un cinturón de cuero de caimán presionando las sienes me recordaba la resaca de Fernet de la noche anterior. Al despertar tenía las manos secas, el bolsillo vacío y mil hormigas con tufo a ron barato saltando una especie de danza tecno en mis brazos y piernas.

Me levanté dos horas antes de aquella pactada para el encuentro, mi atuendo no tenía el aire de un Saénz aparapita o de personaje poético de Kundera, vestía negro como es recurrente en la noche de sábado y nada más. Mi descenso inicial a la avenida fue pausado, con la memoria repitiendo el orden y la entonación que debía darle en la lectura a cada línea. Hice una parada frente al edificio de ladrillo a medio repintar y su ventana con rejas blancas me regaló el juego de luces de la pantalla de tele en que ella goza el tango, entonces respiré y su beso de luna sirvió de amuleto para el viaje.

El evento había sido fijado para las 20:45 en el Museo del Litoral. Tomé un transporte público, un Trufi de esos vacíos que recorre la Avenida del Poeta y empecé el ascenso. En el trayecto me atacó nuevamente, la reverberancia en los errores, en lo simbólico de esta noche, en la serie de poemas que había preparado a la ciudad. Pensaba si el orden elegido había sido el exacto, en el reflejo de sus pechos en la pared del cuarto, en las hormigas que no me dejaban en paz y ahora se volvían taquicardia.
De pronto, un destello en mi ojo izquierdo y el ruido largo de bocinazo que antecede al impacto de un choque me sacaron de las pajas mentales. Un auto negro pasó y escasos centímetros separaron su farol de mi manga de cuero apoyada en la ventana. Flashes, recuerdos, elucubraciones, sobre el destino y la muerte fuera de la víspera, fueron buen presagio para la noche. El quiebre de cintura del Trufi, justo a diez centímetros del impacto, nos salvó del choque, de la embestida de aquel idiota que se metió por el carril del medio en plena Roma.

Seguimos la ruta, hasta la Camacho, luego el ascenso, tres bocanadas de ciudad fría en los pulmones y las luces de la nueva avenida en mis manos. Me saludan, el reflejo del Obelisco pintado y las nalgas de bronce de aquel soldado desconocido volviendo a mostrar la derrota que tanto nos gusta. El ascenso fue liviano, tomando en cuenta la gorra de lana que llevaba y la trepada de calles, en el camino mis textos saltando ansiosos en mi bolsillo izquierdo, pinchaban con versos mi axila.

Llego, más que curioso el ingreso a la Jáen, los bares abiertos y vacíos me reciben, mientras una exposición de cuadros vivos respira bajo la cruz verde que saluda con destellos tibios. Aparece el amigo poeta de antaño, aquel de negras líneas en vino, me cuenta que es padre y me recibe con una pequeña cachetona de dos dientes en sus brazos. Da vueltas como rata amarrada entre la mamadera tibia de su niña y el reflejo del boliche vende ajenjo y me grita que se escapará pronto para poder libar unos poemitas que ya no aguanta más la abstinencia.

Más arriba en mitad de la calle me saludan tantas voces, tantos rostros de la ciudad. Los espectros, los olvidados, los incógnitos, las familias, los abuelos, todos poco a poco empiezan a pintar con sus pisadas las piedras de la calle.

El ingreso al lugar acordado es directo. Una consola grande de sonido con jueguitos de luces me invita al pasillo interno del museo. Dentro, debajo del balcón, un reflector se prende con cada persona que camina. Espero y veo como la luz ilumina de pronto la pañoleta rosa en la cadera de Miss Litoral que pasea por ahí, esquiva a dos góticos, no sin antes inflar los bolsillos traseros con su bamboleante taquirari de glúteos, tan ajeno a este lugar, el patriotero homenaje que lleva esta señorita del Beni.

Me siento y espero, junto a una puerta de la que cuidadosamente cuelga un letrero que dice “sala en terapia intensiva”. Husmeo por la cerradura y Genoveva Ríos, héroe del pacífico grita que la saquen. Está en enaguas, esperando la mano de pintura y pegamento. Ha perdido su bandera. Le han prendido la luz para que vea, le han dejado el hueco de la puerta sin chapa para que escuche los pasos de los visitantes nocturnos al museo.

La sala donde será el evento, tiene forma de vagón de tren y desde sus paredes me saludan mis poemas que han sido pegados en una fiesta de palabras desordenada. Sonrojados coquetean, a los versos crucificados de la niña aroma a vainilla que desde el vidrio cuenta su muerte en la alcoba. Luego veo como mandan besos al largo pergamino amarillo, con poesía intensa, de la mujer de lentes y atuendo negro.

El lugar parece un pequeño teatro, un circo barato con asientos donados por empresa de cerveza, Veinte filas de cuatro sillas amarillas vacías, esperan atentas el festín de palabras que pronto tendrá lugar en la mesa. Esa de cocinero, amanuense, escribano, notario de Tocopilla que han dispuesto para la lectura. A la izquierda un parlante, un banco de cuerina negra y acolchada es la improvisada grada para subir a escena. Dos velas a cada lado de la mesa esperan.

Antes del acto fumo un cigarro con el amigo de corbata gato café y textos ansiosos, damos vueltas al pasillo, descargando cortesías el uno hacía el otro, imágenes furiosas a La Paz, reflexiones sesudas en contra Hilarion Daza. La sala espera, mis manos hormiguean y otra vez la taquicardia me recuerda que el veneno no se ha ido de las venas. Entonces nos convocan y nos dan el lugar en la lectura, el azar me úbica en quinto lugar.

Primer acto, él, de gorrita negra y corbata gato, con voz líneal que de rato en rato lanza un aumento de volumen que acopla en tu garganta, una metralleta de imágenes. Explosión embriagante de prosa encandilante, pincha, en surrealista ejercicio de relato, las ventanas de la prudencia y el pudor pincha.

Segundo acto, el Amanuense se hace llamar, tiene un airecito de huayño soplando en su voz, desgarrando sus versos de poesía contundente de escribidor urbano. Sorprende, gratamente entiende soledades y toca la noche invitándonos a la forma paciente de sus bestias, sus historias.

Tercer acto, ella, cuidado peinado y maquillaje. Su poesía un soplo de colores rosa y pinchazos negros alternados, dulce paseo por su almohada, me da sed.

Cuarto acto, ella, con la gravedad en la voz, bebe versos con esas imágenes tan intensas, al píe, al cuerpo, al espectro hunde colchones que agobia, que habita y sopla un calambre en la huida.

Quinto acto mi turno. Le meto una selección de poemas a la ciudad (Cruz Verde, Marka, Animas, Noche), mientras leo se seca la voz, el vaso del pueblo ayuda y Gogo Blues me desconcentra en el balcón externo, quiero cantar, ellos acompañan mi poesía. Camino entre las imagenes a la hollada y su piel vuelve a teñir mi pluma. Retengo entre versos las distintas miradas de la gente, la parejita abrazada, la flaca de ojos de uva, riendo en las imágenes paceñas que en fervoroso silencio narro. Veo al hombre de apodo de ave sereno en la ultima fila, al larguirucho sacando fotos con el celular y escucho el aplauso seco de quince. Luego el sudor se evapora en mi frente, las ganas de beber, el silencio, el caos.

Sexto acto, caótico homenaje al Echazú del amigo de verde, habla de la poesía china y su voz se encoge detrás su gorra y el blues no lo deja vibrar, la calle está temblando en música y, él, con imágenes cómo gárgolas, explota en la cabeza e invita al desorden de sus versos sedientos.

Séptimo acto un sólo poema largo, en cuaderno armado con soga y papel cual pergamino. Un poema que es caricia, arañazo, patada, orgasmo intenso, grito de abandono que mata las palabras y adjetivos en su musicalidad y angustia. La mujer con M ha hablado.

Ultimo acto, esa piel tan pálida, ese cabello azabache, el negro meticuloso en su pluma, en su abrigo. Entonces lee y la musicalidad de la maestra posee su voz, la Blanca ha hablado, por otra boca, por otro verso. Ella nos lleva al juego de su noche, en su poesía tan de dardo y pieles.

Termina el encuentro, se acerca el poeta académico de café, con esa frente amplia y risa pincha textos, lanza comentarios a la poesía bebida en la noche y concluye que en La Paz hay mejor oído que en Cochabamba. Después el intercambio de direcciones, los intentos de ser más y esa frase del escribidor a mis poemas que rebota en la cabeza: "Sobre el umbral está tu poesía, mira a la ciudad de fuera y a la vez te convoca".

Caminar ahora es necesario por el enjambre de gente, por este encuentro tan agónico de letras, baile y música. Las paredes de los museos sonrien a los visitantes. Murillo ha cambiado las sabanas de su catre para cortejar señoritas y la fuente de su casa tiene agua cristalina esperando monedas nocturnas. La dama de la noche tiene traje blanco y se prepara para morder y saludar a caminantes bebe ajenjo.

El resto, descenso predecible al laberinto de la noche, en aquel lugar con Chiwiñas de fería de pueblo y nombre ingles. Soho, se llama y nos recibe con cajas de cerveza como asiento. Pasan las horas entre acullico, morenada, cumbia, discursos, flores a la ciudad. Miradas temblorosas a la de labios carne y la china morena, empujando al amigo Cocani cada rato. Más tarde, llega la mujer jirafa, de rostro europeizado made in la llajta, empuja la camisa del chango respira cebolla y me llega un hambre a lomito con chorellana que me mata. Luego entre los cócteles y las pieles nace este poema a dos manos a La Paz del Levedad y el Ganjar.

CIUDAD (2:30-20.05.07)

La serpiente líquida
Escamada de tierra,
Danza con muertes viejas,
Arremolina podredumbre y harapos ácidos
Desgarrando la piel ocre del valle enfermo.

Esa que escupe el silencio de tinieblas en arcilla nombradas
En la permanencia de latidos de muros desgarrados en mestizaje ocre
Aquel que grita el primer verso de aullidos de espuma

Me muerdes con tu espejo de calamina seca
Y me quedo en tu responso de laderas
En tu grito gélido de picos irreverentes y ancianos
En tu mueca asoleada de ladrillos festivos y adobes vetustos
En el siseo abúlico de tu garganta pétrea resplandeciente

Columpio en la hondura de tu vientre como una oruga elástica
Y me duermo fermentado en el caos de tu Marka mesiánica
.

Más tarde la ultima parada, en la caverna etno. Tom Waits nos grita de madrugada, mientras la mujer de rostro cubista, desencajada reposa en la barbita rala del cuate de cráneo exprimido. Risa, grotescas ofensas a la noche y las ideas volando entre las piedras de la caverna nos detienen.

Repetirlo en Octubre una necesidad, la sentencia de poeteas y cuentistas entre singanis. Surge luego la idea de un texto a cuatro voces, un cuento paceño de balcón a balcón como homenaje. La idea sería que cada párrafo se lea de un balcón de la Jaén y se prenda un foco, explica con pupilas dilatadas el cuentista de barbas. Que en cada punto aparte se oscurezca el balcón y se iluminen las hojas en el otro y así consecutivamente hasta terminar el cuento desde el balcón central y reventar en ponche al ritmo de fuegos artificiales y en un ¡ Viva La Paz!.

Todos aplauden y luego vienen los susurros en las orejas sedientas de proposiciones, las propuestas y pedidos indebidos. Las ideas se adormecen, se ha estido la rima, llega la madrugada, la panza está retorcida, las hormigas ya no bailan en los brazos y la memoria retumba con sabor a singani, es hora del retorno.
El cielo azulado prende los balcones coloridos de la Jaén. Las piedras tienen hambre, han hecho pis, han fumado mucho. Un taxi aparece sin pedirlo, de la nada cómo esos carretones espectrales pienso y en reverencia un hombre de lentes me invita a pasar. Miro a la cruz verde, me doy tres santiguadas antes de subir, indico la dirección de casa, no tengo plata ni tarjetas de crédito sentencio y me ronco.

Al día siguiente con suerte intacto el cuello y el cuerpo, reviso el recuento de los daños de la noche y cae del bolsillo un papelito hecho acordeón con estas palabras.

6:00 ETNO Cadáver Caótico (A continuación la transcripción de un ejercicio de asociación libre inspirado por las velas, el singani y la ciudad, no hubo ninguna regla previa para los participantes, sólo la de escribe lo que te de la gana en este papel. Eso sí la hoja fue doblada en varias partes para que nadie lea lo que puso el otro, en fin ya saben pues tratamos de hacer un cadaver exquisíto y punto)

Luego de tantas emociones, tantas en una noche, el cuerpo pide una cosa descanso, pero lo incorpóreo pide otra cosa

La suciedad se gangrena en mi elipsis de vestigios prolongados, esta sociedad grazna sucumbiendo en el vacío, esta levedad me hace participe del funesto algoritmo, de la presunta complicidad, con el touch que desanima el anima.

También tiene mujeres que agobian y contienen imágenes en rasgos completos, de esas que sabes que son vacío en un rasgo suelto, colgado de la nada. Ella mira, cubista experimento de piel ordenada, mira.

¡Dios que pedazo de cuerda me has dado hoy!

¿Para seguir cavando y atando nudos que no existen?

Estar y ser como uno es, delante de seres que no temen ser delante la realidad

Quiero morir y vivir la vida ¿qué es la vida?

Ya no hay verbo sólo me queda dedicarte un adjetivo: joya
Todo es de colores que se debe aceptar y disfrutar

jueves, mayo 17, 2007

Larga noche de museos

Muy estimad@s mi@s:

La Alcaldía Municipal está organizando una interesante iniciativa para reactivar las visitas a nuestros museos, denominada
Largas Noches de Museos. La primera Noche de Museos se realizará este Sábado 19 en el Museo del Litoral. Entre las actividades programadas se encuentran conciertos de música y actividades literarias.

Este servidor ha sido invitado para participar leyendo, junto con otros escritores paceños unos poemitas a “La Paz Marka” este sábado, razón por la cual quiero invitarlos para que acompañen la lectura. Habrá traguito para los de garganta seca y fantita para los abstemios.

La lectura se iniciará a las 20:45 (con puntualidad alemana) en el Museo del Litoral (Sala Mar Azul). La entrada es por el mismo lugar del Museo Costumbrista Juan de Vargas que queda en el Parque Riosiño

Será un gusto tenerlos ahí….

Abrazos

lunes, mayo 14, 2007

Plaza


La mujer de muslos firmes en roble muerto ya no regala humedades al cemento, mira equilibrandose en troncos apilados. Muestra en su panza la lujuría de su glotonería como líquenes. A sus pies, ellos escapan del sol muerde cachetes y se recuestan. Entre jadeos de caminata matinal en el aire y las hormigas subiendo por sus medias besan el pasto. El, de lado, con el ojo izquierdo busca la flor que se pierde en su escote verde; ella, de frente, con las rodillas empuja al gusanito pincha calzón.

viernes, mayo 11, 2007

Ocho minutos

En ocho minutos, las ideas se comprimen y exprimen palabras
¿qué se puede narrar en sólo ocho minutos?
La muerte de una hormiga en tu pan con mermelada,
el suave aji de sus patas en tus papilas.

Cuatro mil basureros llenarán la ciudad
y el soldado corajudo, comiendose al enemigo a bayoneta limpia se ha ido.
Volvió el heroe desconocido a la Camacho, derrumbado y derrotista como nos gusta.

En ocho minutos se repasan las noticias y el Papa amenaza con la ex comunión a los pro aborto y el Presidente amenaza con no sabe que a los brasileros e italianos.

¿Es poesía acaso, dar pincelazos en la pantalla con lo que te viene a la cabeza en ocho minutos?
o un ejercicio de abandono de recuerdos e improntas.
Un dolor de cabellos,
una marca de labios en el cuello,
una tos adormecida,
Ropavejeros negándose a vender fideos,
Policias ladrando a policias,
Católicos en nuevas cruzadas contra infieles cristianos

Ocho minutos y nada ha sido dado, queda el tiempo mudo,
desintegrandose y mi té que ya está frio

miércoles, mayo 09, 2007

Coquetear al Poeta II

Debes irte, mirando intermitente desde alguna nube,
luego, si te lo pide, volver entonces con la cara lavada y el cabello besando tus pestañas.
Llorar en su pecho, a miserables veinte centímetros de su boca y en la mirada mojada gritarle un ahórcame o bésame.

Debes dejar que se mojen sus labios en el sabor de tus venas
y gritarle silenciosa que te deje.
Asegurarte, que tu mano izquierda juegue con su pierna en la huida,
darle un tibio te quiero en su boca partida y morderle sin asco los poros.
Dejar luego que te seduzca, permaneciendo sentada en posición de loto,
ocultando los lugares por los que grita su abstinencia.

Debes darle una caricia con la palma izquierda y esbozar una sonrisa tibia,
pararte de golpe,
besar su frente,
mirarle la camisa gastada
y gentilmente, cerrarle la bragueta.

Después, en silencio, debes darte la vuelta,
y dejar que te bese, abriendo tus labios y lanzando sólo tres jadeos.
Debes mirar la puerta y lanzar un gracias, con entonación de te deseo y semántica de no me toques e irte de su vida por tres o cuatro días.

A tu retorno el tendrá la soga lista y tú te sentarás a esperar que hable
y envuelva tu cintura con ese tejido de versos manipula piernas. Dirá esas palabras que suelen decirse, tocará con esa tibieza que suele tocarse,
mirara como suele mirarse y besará como debe besarse.

A la madrugada, morderá tu pie izquierdo y luego de besarte el labio inferior
y el de más abajo, pasará la soga por su cuello.
Entonces, comprenderás, que el bamboleo fino de caderas en la huida
deja siempre una tornasolada espina en su terquedad

Aceptarás que volverá por más
Que asfixiara independencias
Que será gota china en tu frente y
beso de taladro

Y se quedará en ti,
Y seducirá tu risa blanca
Y comerá tu fruto de mar
Y nuevamente soportarás
que no se largue.

lunes, mayo 07, 2007

Poema 10.07


Soy un manojo de imágenes turbias
juego de cristales quedos en la memoria,
pluma seca que araña la noche.

Escupitajo perverso,
retrete en tu esperanza.
Mano muerta,
dedos secos,
poema negro.
Vacío reverberante en papel blanco.

Arañazo de olvido,
forma clara de mordizco
Resto caótico chorreando poros
fantasma que muerde pies fríos.

La suma de despojos negros
aroma fétido en tu llanto de cacuy
Soy la palabra dormida que explota
y punto.

viernes, mayo 04, 2007

Burkas


La relatividad de lo vedado, lo revelado, lo no dado. Al fin de cuentas cada quien decide donde lleva la Burka

jueves, mayo 03, 2007

Nuditos

Hay un nudito de palabras que aprisiona mi lengua, con la misma exactitud de aquel nudo marinero con el que ella ató mi muñeca. Es un nudito de soga extraña, crece por las noches, se expande y me dice cosas al oído. Cuando respiro, su fantasma en la almohada no me deja dormir del lado derecho de la cama.

Hay un nudito de besos en mi garganta que llena de humedades mi estomago y devuelve los sabores tibios de su vientre. Me amarra a su textura mientras voy recogiendo sus lunares de las sábanas y no me deja tragar mis pastillas contra el dolor de oído.

Hay un nudito de llanto en mis ojos que crece cada vez que encuentro su mirada de sal, me ata a la gristaurina forma que tiene de sentirme y no me deja ver bien las luces de mi ciudad por la ventana.
Hay un nudito que ata mis alas de murcielago a sus caderas realistas, me enrecta la espalda y mientras escribo, no deja que me chorree en la silla como me gusta.
Anoche luego de vernos, debajo del sillón, encontré nuevamente mi tijera.

miércoles, mayo 02, 2007

.....

Nos desnudamos tanto hasta perder el sexo
debajo de la cama,
nos desnudamos tanto
que las moscas juraban que habíamos muerto.

Te desnudé por dentro,
te desquicié tan hondo que se extravió mi orgasmo.
Nos desnudamos tanto que olíamos a quemado,
que cien veces la lava volvió para escondernos.

Me hiciste tanto daño con tu boca,
tus dedos, me hacías saltar tan alto
que yo era tu estandarte aunque no hubiera viento.

Me desnudaste tanto
que pronuncie mi nombre y me dolió la lengua,
los años me dolieron.

Nos desnudamos tanto que los dioses temblaron,
que cien veces mandaron las lavas a escondernos.
Te frotabas tan rápido los senos
que dos veces caí en sus remolinos,
movías el culo lento, en alto,
para arrearme a su negra emboscada,
su mediodía perenne.

Abrías tanto su historia, gritaba su naufragio
Nos denudamos tanto que no nos conocíamos,
que los dioses mandaron la lava a reinventarnos.

Te desmentí de cabo a rabo
devolviéndote a tus primeros actos,
te escudriñé profundo
hasta escuchar la historia amarga de tu cuerpo,
pues sólo el amor sabe cómo llegar tan hondo
sin molestar la sangre.
Esa noche la lava mudó su paisaje en piedra.
Tú y yo fuimos lo único que se murió de veras.

Fabio Morabito

miércoles, abril 25, 2007

Shuffle III


I

Tu amor cambio mi vida por que todo lo que te hace bien siempre te hace mal, me cambiaste como ese rayo, con todo lo que fué y será le dice y luego eso de "dame la muerte chiquita" dejan de cantar y se besan. La muerte no llegó por lo menos no la larga, apareció la liviana, la de carne y piel con piel. "Ces´t notre petit mort notre vie" le dice, con esas erres arrastradas tan a lo seudo franchute. De golpe, en las sabanas de lija, en su ombligo, aparece la sombra de aquel silencio negro de pieles temblorosas y la muerte chiquita llora, mojando sus pálidos vientres y se queja y los despierta. Luego ella morderá timidamente su hombro izquierdo y con un aullido arañará la noche oscura, "le petit morte" durará hasta que estornudes mi cuerpo le dice y luego la realidad secará mis palabras y mi vientre. El se queda, mirando la sombra de su espalda bailarina...un, deus, troix, fermer.... piensa, mientras juega a ser nuevamente alfombra, a beber el baile de su cuerpo en su abdomen gastado y volver a ser muerte, eternidad en dos segundos a su lado. Después ella se quedará en la dispersión de la pared blanca, curando rajaduras con sus pupilas temblorosas; él permanecerá estático, en ese vacío que se inunda de risa explosionada y se quedará, en los sentires con sabor a vino, entendiendo en la muerte la señal de este romance sin nombre. Ella morderá otra vez la almohada, para rescatar esas palabras que escaparon en el orgasmo y soplará al viento eso de yo creo y con eso basta.

II

La guitarra en acordes básicos y la bateria que entra con fuerza, mientras el viento rebota en la ventana..I´m a passenger and a ride and a ride...Iggy pop en el aíre y la imágen de la espalda de la cocaine fatal femme en el cuore, vuelve de nuevo a reventar su cabeza como Play Station. Recuerda la sabana lila besando sus mil vellosidades tornasol que temblaban en cada ronquido y vuelve a la ciudad, mientras la memoría le regala esa imagen canela con tatuaje de sierpe en el tobillo derecho, vuelve y explota en las calles de "Sohocachi" . No para, la velocidad acelera sus venas y el motor envuelto en coca rebota nuevamente en el pecho.

Entra al lugar de siempre y se vuelve a conectar con la mirada de colirio ardiente, con aquella de mar seco en los ojos. Luego sale y se pierde en la oscura línea roja, el taxi lo lleva al norte, al monumento circular rodeado de funerarias, donde espera la de 19 y medias negras, la que a cambio de 100 lucas hace limonada con tu cuerpo. Comen un choripan, entran a una de las tantas funerarias, velan a algún muerto desconocido y entre café y café despiertan al deseo. Luego, para hacer hora, caminan, se pierden rumbo a la gran plaza cuadrada. El viento los lleva al norte, a la casita equilibrista de ladrillos donde nuevamente velarán su propia muerte.

III

I´m singing, la, la, la dice el Iggi y entonces otra vez "take a walk on the wild side" y nuevamente los muslos transexuados abriendose paso entre los postes, She/Male abordando el viejo taxi. Olor a Pachuli y las cejas despintadas de tanto succionar lo saludan. El recuerda la impaciencia negra, cuando le pedía el viejo anhelo del camino trasero y ríe. El espejo refleja el tóxico y en sábanas almidonadas cae dormido. Luego despierta, pupilas de caverna y venas temblorosas pero con la serenidad de que la última caricia estará colgada en el ropero, en el cajón numero tres, hasta el día del reencuentro, hasta volver de la agonia abstinente. La ciudad de día le muerde la cabeza y tanto eco en los parlantes lo tortura. Toma una aspirina y grita, la voz eléctrica responde "habiamos bebido anoche sin parar, habiamos fumado y ya no hay nada que fumar, un tipo me seguía en una fiesta gay...". Entonces camina, con las rodillas torcidas a la ducha y el agua besa su sangre en la resaca. Mierda ella aún no toca el timbre.

IV

Sadé con eso de your love is king en la radio y el flaco de bigote cantando con los ojos cerrados me ves mejor, en la vieja peta negra el rollizo de pipa roja. La noche golpea como jab de izquierda y se acuerda del lugar que ya no existe, ese que tenía un gordo de estuco y saxo de cobre colgado de la pared y que te recibía con aires de Thelonius Monk. Recuerda a la chilena de cartera verde, hablando de sociología, con esos aíres de "Virginia Wolf" trasandina, pechos de nodriza holandesa, aplasta cañerías piensa. Entonces ríe, escribe un manifiesto, sobre los permisos y transgresiones del macho paceño en viernes, un cadaver agónico machista con los cinco tipos orejones que comparten el auto. Escribe y recuerda cómo riendo se engolosinaba de la cara rosada de la "femme noir" y quiere morderle otra vez la oreja, ensuciarle la pierna con mayonesa.

Ella lo miraba, lanzaba el guiño de pestaña de poliester afilada invitándolo a la trastienda del lugar, él sólo escuchaba el piano, mientras pedía que el viento evapore el trago azul con burbujitas de gas que tenía en frente. La gringa choca de la Krall con ese grito de "love me like a man", con sus uñas camufladas, partiendo las teclas negras en el aíre, ella parándose, yendo al baño, ofreciéndole el ritual de ordeñarse detrás de la puerta. El decía espera, pero sus manos temblaban, su cuerpo cedía, se levantaba. Recuerda que miró la puerta, entonces lloró, miró un viejo perro en la calle, sus pantalones se mojaron, ella hizo pis, el se fue del lugar.

lunes, abril 23, 2007

En la almohada

Luego de escucharte con el corazón pausado, en esa casa que se derrumba, en aquel lugar que tanto te gusta, en ese espacio de cicatrices, las del cuerpo, las de las paredes.

Luego de la lluvia en tus ojos y en los míos, en nuestras pieles arañadas, nuevamente he balanceado silencios y de tu mano escuchado: el aroma de los fracasos, de los insultos y críticas del pasado, de este presente sin nombre, de esa palabra tan grande que tanto te asusta y flota por el cuarto.

Así suavito, con tu cabeza en mi pecho, con la imagen de tu vientre enroscando soledades he vuelto a pensarte y en el vacío de esta noche he comprendido finalmente lo que somos.

miércoles, abril 18, 2007

INVENTARIO

Es de tarde, los ojos se secan buscando el aroma de tu espalda, es tarde y el cuello se asfixia en la corbata. El shuffle me regala esta canción y voy inventariando tus lunares en la ausencia.

Las cosas que me dices cuando callas,
los pájaros que anidan en tus manos,
el hueco de tu cuerpo entre las sábanas,
el tiempo que pasamos insultándonos,
el miedo a la vejez, los almanaques,
los taxis que corrían despavoridos,
la dignidad perdida en cualquier parte,
el violinista loco, los abrigos,
las lunas que he besado yo en tus ojos,
el denso olor a semen desbordado,
la historia que se mofa de nosotros,
las bragas que olvidaste en el armario,
el espacio que ocupas en mi alma,
la muñeca salvada del incendio,
la locura acechando agazapada,
la batalla diaria entre dos cuerpos,
mi habitación con su cartel de toros,
el llanto en las esquinas del olvido,
la ceniza que queda, los despojos,
el hijo que jamás hemos tenido,
el tiempo del dolor, los agujeros,
el gato que maullaba en el tejado,
el pasado ladrando como un perro,
el exilio, la dicha, los retratos,
la lluvia, el desamparo, los discursos,
los papeles que nunca nos unieron,
la redención que busco entre tus muslos,
tu nombre en la cubierta del cuaderno,
tu modo de abrigarme el corazón,
la celda que ocupaste en una cárcel,
mi barca a la deriva, mi canción,
el bramido del viento entre los árboles,
el silencio que esgrimes como un muro,
tantas cosas hermosas que se han muerto,
el tiránico imperio del absurdo,
los oscuros desvanes del deseo,
el padre que murió cuando eras niña,
el beso que se pudre en nuestros labios,
la cal de las paredes, la desidia,
la playa que habitaban los gusanos,
el naufragio de tantas certidumbres,
el derrumbe de dioses y de mitos,
la oscuridad en torno como un túnel,
la cama navegando en el vacío,
el desmoronamiento de la casa,
el sexo rescatándonos del tedio,
el grito quebrado, la madrugada,
el amor como un rito en torno al fuego,
el insomnio, la dicha, las colillas,
el arduo aprendizaje del respeto,
las heridas que ya ni Dios nos quita,
la mierda que arrastramos sin remedio,
todo lo que nos dieron y quitaron,
los años transcurridos tan deprisa,
el pan que compartimos, las caricias,
el peso que llevamos en las manos.
Joaquin Sabina

martes, abril 17, 2007

Onirica III

Hay una corona de seda envolviendo mis sienes, en cada latido crecen aceitunas que ruedan por el piso y se convierten luego en bolas de lana, que hambrientas muerden las cicatrices de mis paredes. La ventana muestra fuegos artificiales, luego son balazos que perforan mi pecho y caen en su rostro arrodillado. Ella bebe la sangre y yo me seco, cómo higo, y me pierdo.
Un viejo de negro llora debajo la mesa del comedor, canta un villancico, yo lo miro y se agazapa, le llevo agua, le llevo cigarros y canta más fuerte. Sus alas crecen, entonces sale volando, dando grititos agudos, cantando un bailecito, estampillándose, Taparaco contra el techo.

Hace frío, ella está lejos de casa, en un lugar de viento que no quiere dejar. Es la mujer de miel, la que refuerza paredes con sus besos. Las abejas muerden su espalda, ella deja que beban de sus huesos mientras camina al vacío. Entonces se detiene, ante el mar que se tiñe de rojo, mira la puerta de la casa de paredes negras y despierta.
El sol sale y las ventanas se tiñen de purpura, ella lanza girasoles al viento y no le alcanza la fuerza, entonces grita, mueve la mano que se alarga y sus uñas viajan como seda por el cielo, dibujando círculos, en los que salto como león amaestrado y me canso. Caigo y el piso se abre, otra vez las aceitunas, llenan el fondo, como pelotas de piscina que se deshacen y se vuelven frutillas y me las como y me engolosino. Llego a ella en el fondo, que ahora temblorosa muerde el piso y me grita que la suelte, mientras besa.

Su risa crece, sus labios están ahora sobre el pasto y lo besa, mientras las hojas de los árboles caén en sus pechos y se vuelven espinacas. Ella ríe, las come mientras la yerba crece y la aspira y sus dedos la enroscan como fideos y su barriga se llena de espanto.

Se sienta en la arena y el viento pincha sus pies y ya no ríe, sólo cae, en un ovillito de lana dulce. Se enreda y se hace oruga, muerde el silencio y ya no habla. La pared se derrumba, el sol seca su cabello que ahora es de agua, la sal cae en mis pies. Ella se encoge, se duerme. Yo me encojo, me duermo.

lunes, abril 16, 2007

Puerta


¿Cuántos burros más tienen que morir para que aprendamos a trancar bien la puerta?

jueves, abril 12, 2007

Dia del niño


Según el Informe Temático 2006 del PNUD, UNICEF y PLAN, Existen en Bolivia 4.1 millones de niños, niñas y adolescentes que representan en conjunto el 44% de la población nacional, de los cuales 1.5 millones tienen entre 0 y 5 años. Esto hace que seamos un país con una estructura de edades altamente concentrada en la niñez. De igual forma dos encuestas realizadas a niños, niñas y adolescentes en Bolivia, por el mismo informe, sobre la auto percepción de sus derechos y el maltrato muestra que niños y adolescentes de distintos grupos de edad perciben el derecho a tener una familia como el primero, como segundo el derecho a la identidad y como tercero el derecho a “no ser maltratado”.

Hoy desperté temprano con la llamada de mi hijita de 4 años que me pedía que la felicite y le desee suerte en su fiesta infantil. Es tu día princesa le dije y me respondió que era el día del niño, le dije que no, que es de ambos y respondió “si y de la niña también”. Creo que fue la primera charla de género que tuvimos, la primera vez que hablamos de su derecho a la igualdad de oportunidades y capacidades como niña, como futura mujer boliviana.

En este momento mi hija esta disfrutando del circo comercial de esta fecha, de toda la atención del mundo y de lo que más le gusta a una niña de 4 años, jugar, comer comida chatarra, ver a algún payaso. No sabe, desconoce que al mismo tiempo otra niña en Beni perdió todo pero igual salta, juega con una muñeca vieja rescatada del barro de la inundación. No ha escuchado que otra niña, igual de risueña que ella, en el Altiplano paceño no puede ir al colegio, por que es mujer y la menor, por que debe cuidar a la wawa más chica, mientras la hermana mayor saca las ovejas a pastar.

Anoche mi hija se durmió temprano y despertó con energía para ir a su fiesta infantil. Al otro lado de la noche, al mismo tiempo, otro niño cayo rendido en un cartón en el cemento de El Prado paceño, mientras su madre, accullicu en boca, se la pasó vendiendo dulces y puchos a la salida de un boliche. Se durmió en el piso, en el aguayo de su madre, mientras jugando con una tapa la acompañó obediente toda la noche mientras ella atendía el quiosco.

Mi hija a los tres años tuvo que sacar Carnet de Identidad para viajar en avión y ahora lo lleva feliz en su carterita cuando llega a su ciudad. Me contó que aprendió su nombre y dice que sabe dibujar la T de su apellido. La otra vez fuimos al parque y se encontró con un niño de su edad tocando charango. Le llamó la atención como tímidamente le disputaba el columpio. Le preguntó su nombre y no respondió, no aprendió en la calle el español, no está registrado aún por que su madre tampoco tiene certificado de nacimiento y migró de Potosí por la sequía de este otro niño que a unos moja y a otros los deja sin siembra.

MI niña irá a ver hoy al dinosaurio púrpura aquel y comerá pollo con papas fritas, seguro por correr tanto se rasmillará la rodilla como siempre y llorará un rato, ajena al l maltrato, la violencia física y psicológica constante que 1 de cada 2 niños en el país sufre. Nació del otro lado de la línea, con diferentes oportunidades, ella no escogió, simplemente le toco, en un país donde al 70% también le toca nacer debajo de la línea de la pobreza aquellos otros niños, niñas y adolescentes bolivianos tampoco escogen ser maltratados física y psicológicamente, ser violados, pasar hambre, no terminar la escuela, sobrevivir en la calle, escondiendo el rostro mientras te lustran el zapato, mientras clefean bajo el puente.

Me quedo pensando en una frase de mi hija “ese niño no tiene comida, sus papis no le dan, ¿por que? Y en que hacer como boliviano, como ciudadano, este y los otros días del año por aquellos niños, niñas y adolescentes que les tocó la calle y tienen sus derechos vulnerados. Será qué nos queda enseñarles como padres a escoger por el respeto, la no discriminación, la igualdad, la solidaridad, no sé si con eso basta.

Van a disculpar amig@s adultos, quería compartirles estas ideas que me van dando vueltas en la cabeza en este día

Saludos

martes, abril 10, 2007

Al Roberto

Ven Padre
Ábreme la puerta
De tu desamparo
( soy yo quien te llama
ahora )
cúbreme con tus lanas
viejas
revísame parte por parte
padre por hijo
en esta cuesta
interminable
que es la muerte
(Roberto Echazú)


Pasar a la noche sin rituales, volverse uno con el otro lado, de sopetón, dando un escupitajo al destino, es así como el elegido debe dejar su estela de palabras en el barro y fundir su carne con el primer verso. El poeta se ha ido, pronto empezarán a caer las flores en su nicho y los homenajes fariseos inundarán las radios, las paredes, las páginas literarias.

Pronto también empezará a correr el vino en abundancia, en el patio trasero de la casa vieja donde sus restos duermen el último sueño. El se hará el sordo como siempre y escupirá palabras rígidas al vidrio bonito que pusieron para reflejar sus fosas infladas de algodón. Personalmente me tocó, hace once años asistir al entierro de un loco, a un estepario que mordía la noche y hoy por hoy es polvo en una cajita de metal y uno que otro familiar adormilado repite sus palabras con la resaca de su nombre en las venas.

Por tanto no creo en los homenajes póstumos, prefiero pensar que la carne añejada en cajón de manzana, devolverá tarde o temprano sus palabras al mundo. El poeta se ha marchado, como el día que piso esta tierra, hoy es sólo cuerpo sin palabras. El primer llanto que al nacer dieron sus pulmones vírgenes de humo, hoy ha sido reemplazado por el de viejas beatas reza rosarios. El poeta en su viaje de murciélago no entiende, no soporta los chistes mal contados de velorio, los pedos contenidos en la silla incomoda por el café obligado en la vigilia. Los mocos chorreando en pañuelos grises, por que desde la noche, en su presente, hoy baila con la dama negra y toma vino y muerde orejas de algún santo.

El poeta ha callado y a pocos le importa, en los titulares de la prensa no aparece en grandes letras, aunque todos sabemos que más temprano que tarde las alimañas roba versos prepararán discursos, grandes ponencias y uno que otro ofrecerá su imprenta para sus obras completas.

La noche, como diría el poeta relojero, hoy ha penetrado en su nombre, por tanto no tiene espejo, por que la nada es hoy el papel en el que escribe, dando brincos y furiosas estocadas de niebla a sus antiguas musas. Ya no interesan las de carne blanca, nalgas rojizas, pechos cocholate, labios fresa, no interesan las warmis valientes, las ñustas cobardes que se dejan amar y mastican tus versos como chicle viejo, ya no interesan en su noche, por que ahora está más allá de sus mentiras por que estorban en la cuesta interminable de la muerte.

El poeta ha muerto y que carajo, mañana leerán sus versos en tertulias y se rasgarán las vestiduras entre vinos y comparsas los escribas baratos y eso ya no importa. Ha muerto y en mis manos tiemblan las letras, mientras el veneno de Los Yungas, ese tan rico con juguito de naranja, en silenciosa ceremonia moja sus versos anotados en mi vieja libreta. Salud compañero, aunque sin vino, guarda campo en la mesa para más tarde.

lunes, abril 02, 2007

Animas


Domingo 4 PM, carne infectada de su piel y el silencio rebotando en las paredes rotas del vehículo, una cerveza Huari y el viento de calamina en la garganta, nacen estos poemitas en el Valle de las Animas.
I

En el turbio golpeteo de palabras de plomo
y gritos como clavos perforando silencios
levanto la mirada y el destello de calaminas muertas
refleja su pálido estaño en la memoria.

El ascenso se hace inevitable,
como el retorno al viento cómplice de la montaña.
Llego y la armonía en sus figuras ha sido alterada,
templo ocre en cruz diamante ha profanado su vigilia
Peregrinas de piel Kisa y alabanzas huecas, arañan su piel con tacos.

Abajo en un manto de nubes bebe llantos
la montaña guarda blancas memorias,
y en la grandeza de su aroma muestra
que el camino aún no ha sido andado.

II

El temblor de su lengua en verso negro
acompaña el mutismo de este viaje
En cápsula verde, la memoria camina gritando a la montaña

Como besan las nubes su pechos de arcilla,
su figura doliente de ánima maldita
acompañando la sombra de mis dedos huecos

En la cebada se esconde el llanto amargo,
Aquel que no conoce el destierro de esta pampa,
Y permanezco en la certeza baña pulmones,
En la inmensidad olvidada de osamentas.

Me reciben sonrientes, lápidas de estuco en la colina
Y una niña de pasto en las entrañas recolecta
Caña hueca en la laguna

III

Las beatas del templo desconocen la pus en mis vísceras
El ácido fluido de tu piel rosácea,
El encargo y el precio de comer tu mirada amarillenta.

Buscar el refugio es un mandato,
arropar mis palabras en el anillo de montaña un presagio
Envolviendo el verso en su brisa, inicio esta huida

Pronto, el atardecer de sombra habrá hablado.
Y sus grietas, desangra lluvias, silbaran el canto oscuro de ciudad.
Ese que recibe viento de la montaña,
Que esconde su verdad tantas veces negada.

Un viejo quiltro permanece y vela rimas llorosas,
La sal en mis entrañas
Los santos del templo no conocen la muerte que flota en mis tripas

Yo los miro, en el vacío que produce este lienzo desteñido
Los miro, en la resolana quemando el pulso
Y dos mujeres de piel seca elevan su plegaria al Mururata.


IV

La tarde se devela en su cantar de sombras,
He visto tantas veces el hueco negro en sus pupilas
Hoy no es momento para cantos, para elegías a su vientre

Los versos de espera han callado,
sólo el blanco en su cuello de cordillera me sostiene
es necesario una vez más el peso de su angustia.

Contiene el ansia que se agolpa en las sienes,
el golpetear tímido de sus pasos de abarcas
Con la tarde volverá la espera silente,
Y en la memoria de piedra, brotando en arcilla,
Volveré a tus pupilas, desangrado.

V

En el frío pulpito de roca celebraré entonces la luna,
iluminada en manto azul.
Inevitable será, no dibujar tu contorno en rocas altas,
En la pétrea geografía de su cuerpo de arcilla.

En esta lejanía, escucharé tus temblores en la espalda,
Los arañazos secos de piedra en la memoria.
Y contendré tu respiración en la garganta,
Inevitable será entonces no vaciar tus contornos en la brisa.

El silencio nuevamente guardará tu nombre,
Peregrina en los pulmones de hollín que me despiertan,
En el aire de montaña, tu cuerpo será nuevamente barro,
Canto de espuma entre mis yemas.

VI

Habrá que dejar entonces que la brisa te contenga,
Temblando en el tornasol silencio de montañas
Habrá que beber estas figuras, contiene gritos
Para que muera la intermitencia en la certeza que te llama.

No quiero verte adormecida, ni darte el último canto,
La primera angustia de domingo negro.
No quiero, el velo hueco escondiendo tu risa en la memoria

Sólo la certeza del viento calando tus mejillas,
Será el mantra que recuerde la ironía de este andar.
Será el Illimani quien contenga tu bruma
y sus picos escupirán el silencio de mil cantos.

No quiero,
Sin embargo tu memoria es canto en la montaña.

lunes, marzo 12, 2007

Blanco



Grises como el eco de sus caderas en mis intestinos salen estas palabras mientras de frente cae blanco el futuro, aquel que con sabor a sabanas de lino guardará sus olores en la cama 24. Ese con aroma a destierro, en catre de resortes gritones que albergará sus gritos, los recuerdos de un pasado de carne temblorosa.

Blancas serán las medias de la enfermera que gritará desde el pasillo del hospital de moho. Que no responderá al tembloroso golpeteo en el aparatito lleva gritos de sus uñas secas. Pálido el sueño que besará sus cejas tatuadas de gris, mientras vuelva a sus amantes, a las sábanas teñidas en vino, al golpetear de sus caderas en tanta púpila roja.

Blanco el papelito limpia bocas, en el que anticipo sus estertores de piel de lija, pidiendome que no rasgue sus poros floreados con mis reflejos negros. Aquel que mientras escribo, pide que lo deje en su rutina toca besos, en su naturaleza respira café. Pide que no arañe con tinta su textura, que no ponga el nombre de muerte en su piel guarda besos.

El papel se rompe, entonces mis ojos espantan al espectro y mi memoria le cuenta que blanca también es la mirada por la que laten mis palabras. El toque de almas, el telón ritual que nos protege ahuyenta a la sierpe canela, no conoce de texturas por que su pureza trasciende sus colores.

Al otro lado de esta historia permanece ella. Gris por dentro, inundando sus fosas nasales en cristales blancos, no anticipa, no conoce aún la marcha de chulupis por el techo, el reflejo blanco de jabón patría de la cama 23 que le espera. No escucha los estertores al final del pabellón por que está seca, cómo el vapor turbulento en sus venas. Envuelta en la arrogancia canela de sus huesos está hueca.
Me mira con lentes de sol “made in China”, rechazando la paz de algodón que provocan los besos de sangre, escupe sus rimas de chantaje en dientes amarillos y escapa. Se pierde, esconde las pupilas y me muestra sus pinchazos de jeringa, luego se disuelve en el bambolear de higos secos de su andar.
Escupe algo de basura en éste lienzo y su carcajada tiñe el viento. El telón que nos protege ríe, no siente su tacto negro, en la serenidad que más temprano que tarde mis intestinos, devolverán su gris en la risa del blanco inodoro.

miércoles, marzo 07, 2007

T.H.C. (van a zippear la ganja)



Este vuelo pastoso de la garganta a tu azotea, este humo gastado perforando tu síen. Con ese aire de vomitarse el cuerpo miro el reflejo de lo no dicho en la certeza de mi silueta seca
Por hoy seré ceniza y aura negra en el vacío, por hoy serás silueta esa que vomita tu propia incoherencia.
"Cuando llegó la policia, los bomberos, me hicieron la pregunta obvia, ¿cómo es que empezó el incendio? no sé estaba en llamas cuando me acoste...(SAY NO MORE).
Termino este texto y lo encuentro al pie de las gradas, con la mirada violenta y las canicas rojas saltonas, me dice "van a zippear la ganja", no lo entiendo, me vuelve a mirar y grita, "van a hacer hashish en Sorata" y salta feliz. Subimos la escalera, volvemos al balcón, ese tambaleante con vista al mojón de la autonomía, y me cuenta que volvió a Kundera y está convencido, como aquel cuate de mayo del 68, que la vida está en otra parte pero que no tiene ni idea de donde y que la sigue buscando.
Se sienta en la silla de pata jorobada, mira la humedad en el techo y reniega por que el ventilador le roba las palabras antes de que caigan al papel. "La húmedad no me deja escribir" dice. Trata de escribir algo sobre la cruceña de cabello lamido, dijzque poeta con lentes anti fashión. "Mirá como el teclado coquetea sus canillas", me dice mientras plancha su azotea con el humo del THC y ríe desafinado de los tobillos parlantes de la escribidora.
El músico más viejo de la banda con chinelas de las Siete Calles afina la guitarra con oreja de milaneza y su fa tan porteño. Luego llega el flaco de dedos de paja brava y empieza a hacer ese tin tin cosquilloso en las notas más altas del teclado.
La vida debe estar en otra parte dice y me habla del barco hospital en el que trabaja su mina, la enfermera de caderas filudas y pechos de cereza que reparte vacunas a los niños y besos a los marineros. Me cuenta que las vacas en El Beni, subieron al monte confiadas en la cabeza de la manada, subieron también las viboras, jaguares, jochis, todos escapando del agua. Luego me habla de Darwin, de la selección natural y de como cuarenta vacas olímpicas se lanzaron en un clavado al vacío para esquivar los zarpazos de jaguar.
La vida debe estar en otra parte hermano, menos en El Beni dice. Entonces llora como crío y se moja los dedos con la bronca. Sus lagrimas no me dejan escuchar el Blues que está sonando en la voz del flaco ese hecho al Pappo. Sus aíres irónicos muy a lo del calvo sordo de PAT no me dejan, me enchufan a otra realidad, a quien sabe otra parte y no me gusta.
La vida no está en otra parte, "se ha estido" hace rato y en tus narices pienso, mientras me quejo del puto ventilador en mis palabras y ella salta con pasitos de ballet chino; y el blues partiendo la oreja de milanesa del viejo; y el gay de la esquina comiendo tortilla de papa ; y el Beni que es una cloaca.
No me quejo man, me dice, van a zippear la ganja y Aqualand se mudo al Beni gratis. La vida debe estar en otra parte pienso, menos en la burbuja de este sitio, menos es su horneada ironía. Está lejos eso sí, del hambre y la crudeza de gente trepando a los techos, de niños chapoteando en el agua al ritmo del dengue y la malaria. Si hermano en otra parte, lejos de los troncos flotando en aguas tibias y turbias, si de los troncos, los humanos, los de madera, los de mierda.
Si viejo van a zippear la ganja y tu contento por que te sentirás como en Marruecos y confundirás, en tu pedo, la catedral de La Plaza con una mesquita. También están contentos los Coroneles de Defensa Civil que por que canalizarán por tubo directo a sus gargantas la ayuda internacional. Felices, por que se van a farrear otra vez la ayuda de voluntarios, Cooperación, ONGs y con la colecta de recreos de los niños del Colegio Mayor Santa Eufrasía, seguro pagarán la orquesta para el buri en la Plaza de Trinidad. Luego del deber cumplido, beberan cumplidos y después de regalar agua coquetearán a las adolescentes evacuadas que viven en la carpa 25 sector F.

viernes, febrero 23, 2007

Manzana uno (humedad acongojada)


Este lugar tiene la brisa falsa de la aguja, esa que se mezcla con rendijas y salta bailarina en la humedad de las paredes retorcidas en moho. Vuelvo a esta esquina y el aire naif de sus pezones de higo se ha marchado. Su nariz de de escoba, limando mis poros sudados ya no habla, calla, como las historias recurrentes que hoy te cuento.
Me siento en el balcón inclinado, ese que aparece al final del trayecto, en aquel lugar con el nombre del andaluz, del poeta romancero que alguna vez hundió su pluma en un bosque de Nueva York. Lorca, dice el letrero. Por dentro, la silueta en cubito dorsal, a los pies de las gradas, duerme oscuras borracheras en el adoquín rojo y me saluda en etílica reverencia. Viacruzis, veinte veces escrito, en rojo sobre fondo blanco, escalera a la segunda planta, donde el Jazz no combina con su cintura de toborochi. Este lugar con humedad en la piel, de poros salados, de canela en el ombligo, me regala su ausencia, mientras al otro lado, al este, en línea recta la pureza de su risa duerme.
Tres hombres de piel de yuca con surcos de zafra hacen música, rebotan con eco mudo y disuelven la sed de sus años en el agua. Tocan el redoble, el tambor y la trompeta y un taquirari, sopla desde su banca las canillas tibias de la cunumisita de nalgas torcidas.
Este lugar me da hambre y mis pies hinchados, como empanada de arroz, se cansan de caminar en círculos. Dos monjas de habito crema tratan de esconder la geografía pronunciada, la piel sudando debajo la sotana y se miran, con presente embriagado de ausencias, en el tatuaje de aquel gringo bebe cerveza se averguenzan. Cruzo la calle, ocho de la noche y el soplido tibio de las nubes me aprisiona; río entonces, entre banca y banca de madera y los guardias con cruz verde y camisa beige me dicen que no joda, que camine.
Este lugar se llama Manzana uno y mis letras se derriten. A mi lado una italiana viste aguayo potosino, hirviente y acebollado. El de chuspa crema le mira las tetas, mientras ella busca en la pantalla un tour barato a Samaipata. Este lugar me da sed y la cerveza en tres sorbos se vuelve pis.
Ella, al otro lado del río, me cuenta que mira la misma luna que me pincha, esa mordida y mostaza que se hamaca en las galerías de casona vieja. Vieja como la abuela que grita del patio interior a la nieta de catorce que no escucha. Nieta que mece sus caderas, entre el pilar y los autos y sonríe, vendiendo somó al pelado de verde y se ríe y me suda.
Mi piel respira otros aires, escupe olores húmedos, sin vinagre, sin la lija acostumbrada de mis montañas. Este lugar me da hambre y la piel tiembla en cada pie maquillado y con guiños. No me conmuevo grito y el fantasma de mi abuela chiquitana me lanza un guiño y me habla de la laguna donde el Capitán brioso la robó en caballo y hoy no la encuentro en estos rostros.
Entonces ella despierta y llama, me dice que su ropa se pudrió por la humedad, que el encargo llegó intacto, que sus lagrimas de bruma fueron nieve en mi foto del Illimani. Vuelve de la selva, sucia, se duerme y calla. No lo intuye, le mando humedades, le escribo en el balcón torcido de la casa con nombre de poeta. Entonces acepta, llama, bebe cada fetiche de la caja etno; y yo acá, con los lentes resbalosos, no encuentro el puto on del ventilador.

martes, febrero 20, 2007

Intermitencia

Me quedo en este balancear de miradas, de labios desgastados en lo no dicho. Este silencio que cae por las paredes moja mis pies y tu intermitencia prende y apaga el fuego. Mañana miraré tu llama con ojos de presente y sabré entonces si esta certeza late aún en la piel. Por ahora llevate la cajita con mis fetiches e historias.




martes, febrero 13, 2007

Mutantes urbanos

“La droga y el alcohol matan lentamente, pero qué mierda, no estamos apurados”.


De 1.343 individuos que subsisten al “aire libre”, 102 son niños que consumen alcohol, inhalantes u otro tipo de drogas; 492 son adolescentes con los mismos hábitos y 349 son adultos. (Datos Alcaldía de La Paz).

Y te quejas por que tienes chaqui de whisky, por que la coca que compraste en la 20 estaba mezclada con Digestan, de que el vino que te dieron en la cena era nacional. Te emputa y te quejas de que te bailen en el semáforo, de que pasen una esponja sucia por tu parabrisas en La Bueno.
Te quejas de que te roben el espejo del auto, te dan asco "esos mutantes" caminan afeando la ciudad y cruzan corriendo la calle para esconderse debajo un puente, debajo un nylon.

Te quejas de que tu hijo (a) está haciendo cola para entrar al Franco y que no le compraste el último juguete Disney, te quejas y no te gusta lo que una wawa traga mocos y apestando a pañal llora desde el asfalto y tu hija le sonríe y le invita su chupete.

Te quejas y los sepultas con desprecio, al final ellos no están apurados, tiene todo el tiempo del mundo y cuando dejes de quejarte de noche mearan y "volaran" sobre tu tumba.

jueves, febrero 08, 2007

Coquetear al Poeta I

Debes rodear sus palabras con tus manos, lanzarle un guiño de cordura a su nube.
Debes morder con furia sus versos temblorosos y ser lluvia.
Debes envolver su pluma con vientre de pitón y romper sus falanges con tu cuerpo.
Así no escribirá, no le saldrá espuma sin pensar en tu locura.

Debes dejar que beba de tu mar y duerma, apartado de tu espalda.
Debes arañar su pecho de lienzo con tu historia y entre risas despertar su arritmia.
Debes, por sobre todo, atar sus manos a una duda silente
no poner nombre a tu presencia, para que sus palabras te suden en evocaciones

Debes partir con besos de sabana y coquetear su sombra en la huida,
bebiendo sus ojos, callando sus cantos.
Debes entender que es sólo un baile y el te pisará los pies en el tango,
Que sus palabras tiene otro ritmo y que ya han hablado antes del tacto.

Por último, debes saber que si tus labios y tu vientre dan la tinta
aceptarás a cambio del embrujo:
Que te muerda con furía el alma,
Que no se salve
Que no se largue.

miércoles, febrero 07, 2007

patada de perro

No me dejes caer gritaba, con el taco aguja pinchando sus uñas mal arañadas chillaba. Se había propuesto ser duro, mostrar con firmeza su posición y se volvió mantequilla en esas mirada de chancaca que volvía.

"Miskisimi, Chaskañawi con lengua de sierpe, pensaba y el veneno goteaba, lagrima a lagrima, beso a beso en su raido y mugre jean"

Dejame caer gritaba, pateame decia para iniciar la huida, era la única forma, la única manera, el nunca colgaría el teléfono primero...

martes, febrero 06, 2007

Mierda en el alma (*)


El "mostro" ha vuelto y está carcomiendo cada rincón de mi pecho. Conocí un ángel con disfraz de realidad de esos que pinchan con dardos sonrientes y su sóla brisa no basta.
Si ha vuelto y apareció en una tarde en el banco de una plaza, cerca de un parque infatil. Luego de insinuarse los últimos 6 meses en coqueteos etílicos volvió a mostrarme que "la nausea" "la resaca de existir" nunca se fueron.
Hoy al medio día, en compañía de aquella flaca multicolor, llegó y me dió un corto en la panza, luego un jab de derecha. Traté de sonreir, de mantenerme disfrutando el sol de la tarde, las palabras de la mujer de bruma y no pude. Hice el amague de comprar unos pañuelos de papel, de asombrarme con los muebles minimalistas de una tienda y mantenerme en pie, casi lo logro. Sin embargo sin darme cuenta, estas patas de alambre y toda esa cosa que no tiene nombre y vive en mi pecho se fue desmantelando por dentro y hoy me tienes acá, tumbado con este gris en el alma. Arañando el vacío en el techo sin sentido.
El pozo se abrió nuevamente y por hoy me quedaré quieto sin mover los brazos, evitando que "el mostro" me toque con sus garras negras y me lleve al fondo. Me quedaré quieto hasta mañana, cuando a la hora fijada tome mi último aliento y como ave fenix me impulse para tratar de renacer con fuerza y orgullo.
De momento es necesario llorar este presente, con mocos y con ayes, llorarlo con todo bien puesto y no decir nada.
Clarito será si este personaje decide dejarse envolver por la parca y caminar al otro lado de la noche y no volver. Clarito también será si con una estupida mueca de alegría vuelve a alegrarlos con textos dulzones.
Por hoy me voy, cierro la pesada puerta y camino, purgando en este silencio la "mierda del alma" que me carcome y me tiene doblado en el piso.
(*) Mierda del alma termino acuñado por W.C. (El estido) y robado sin su permiso a las 10:00 am del sábado luego de secar un vaso de chicharrón (Chicha morada + ron).

lunes, febrero 05, 2007

Mis paredes....








Ahora estan arrogantes, en su manto de papel floreado gritando sus letras caóticas
Están en la mañana gris, donde el sepia de la fiesta y su luz han muerto
Ahora escupen burlescas, la caricatura de mi noche, su carcajada de versos
Que estén, mañana se disolverán en agua y esta historia, esta espera habrá callado.
(Hoy nuevamente han hablado con ese mordisco tembloroso de falanges,
y han permitido la certeza de evocar su imagen de bruma)

Empieza la semana con la anestesia aún disolviéndose en las venas, la de los tóxicos y la de sus besos. El aire tiene el peso de la realidad, suele ocurrir el lunes a las 8:00 am, cuando la marraqueta te toca medio quemada y la mantequilla derretida.

Hoy el aire respira crudeza y la vida me jala la oreja, para decirme que ando postergando. Los psiquiatras lo llaman melancolía, mi amigo el cuentista mierda del alma, Roger Waters One Of my turns. Llamesé como se llame, la realidad hoy es gris y así es mejor. Basta de nubes improductivas y de poesía en las paredes (por ahora).

PD: Gracias a todas y todos por la vibra, por la risa, los dibujos, la poesía, la amistad; sus risas todavía rebotan en las paredes. Ah me olvidaba a ti por el retorno y eso de I´m still here..

miércoles, enero 31, 2007

I wanna be sedated


Que queda hermano, tengo los pies reventados de dolor, la espalda llena de arañazos, de esos que producen las hormigas trepando las costillas. Tengo la piel seca, cómo cal y no por falta de sol hermano. Mi sangre está sudando estuco, mi pecho gritando sal y que mierda, así nomás es esto de contar día tras día, hora tras hora. Mas bien tengo base, mas bien puedo fumar.
Que queda bro, ¿seguir en el juego?. Como diría el Llegas, reventando en los parlantes del man del lado ..."es doloroso estar tan sobrio".... ¿Es mejor estar sedado?, ni puta idea viejo, ni puta idea, pero sólo tengo esta noica que me revienta la cuca y hay que hornearse. Con tanto tiempo para recordar su aroma en la pared, no queda más cuate, no queda más. La única forma de mirar mis fantasmas en el techo, es con los ojos vidriosos.
I wanna be sedated man, dime acaso si hay otra respuesta, si algo hay detrás de esta pared mordida de humedad, de la mierda de este nicho, por el que encima, tengo que pagar con mi culo el alquiler. Treinta años cuate, dando vueltas como rata, por este hueco de adobe es mucho tiempo. Para que tratar de ser lúcido y jugar a drogarme con las palabras del ex narco, ese que ahora se las dá de pastor y que habla del perdón de arriba, de que la abstinencia se quita con oración y su mano santa calma mi espuma y mis temblores. Para que tanta supuesta lucidez, tanta mamada en la gelatina de mi cuca.
La memoria se resiste viejo y la sangre está curtida. La mota es una pipoca para las culebritas que trepan por mi cabeza, no sirve viejo, hay que quemarse, así paceñamente con nevadito, como el Illimani. La memoria se resiste mierda y vuelve su imagen y entonces me acuerdo viejo, así clarito, de su cara de labios rosa, de su geografía de dulces pecas. Me acuerdo como sonaban sus tripas, con ese polvo mata bichos, ese con que hacen las estrellitas de San Juan. Si, todavía escucho los petardos explotando en su panza, mientras yo cagando de risa. Estaba torcido y ella gritaba, torcido como el chango de trainspotting que se picaba, mientras su wawa se ahogaba con vomito en la cuna.
Todavía escucho como ella me hablaba de su madre, de sus pedos de la U, de que le emputaba que toque en La Banda, que quería más tiempo, que se habia contagiado y que me haga el análisis. Que queda hermano, hay que quemar a estas ratas, confundir a las putas hormigas que suben por mis brazos. Ella está lejos y no fué mi culpa, estaba horneado viejo, cómo podía saber que no era digestan lo que había tomado. Pensé que era un juego, eso de cortarle el cuello, sólo una forma de hacerle cosquillas y nada más. Yo cagaba de risa, con la fuente de sangre esa que a borbotones bañaba mi polera, como saber pues que era cierto y no parte de mi pedo.
En fin, falta harto todavía cuate, mañana será otro día y voy a torcerme toda la tarde. Hay partido, en la cancha "Pinos" Vs "Alamos" dicen; huevo no iré, me duelen las rodillas y cada que corro escupo esa mierda verde, además me acuerdo de su corazón latiendo en mi pecho.
No cuate, mañana prefiero torrar todo el día, se que igual nomás, así re pasado, cuando me duerma la volveré a ver, todo aplastada, con el cuello de rosa abierta, regalándome espinas fosforadas. La voy a ver y besar enterita, recordando sus pechos de chocolate, sus caderas afiladas y escuchando, esa su típica advertencia: "cuando me vaya mi nombre, será el humo de tu yerba".

lunes, enero 29, 2007

Evocaciones (Palabras, poema V)

Silabas temblorosas,
arremolinan, arrebatan,
cansan y gritan

Silabas de fuego y rabia,
ásperas, líneas niebla
funden la savia que no espera

Labios urgentes, palabras blancas,
calor en tinta desencajada
no despiertan, no claman, no viven

Verbo peregrino, adormece su rima
silabas sórdidas y mustias,
silabas, en furia conjurando distancias
bebiendo el cáliz de embrujo de sus cantos

Vuelven y tejen su último grito
regresan de exilios miserables
levantan alba el primer sueño

Silabas exactas,
silabas de lluvia
firmes, de resistencia muda
de espera y constancia

viernes, enero 26, 2007

Evocaciones Parte I Ciudad, poema VII



Aquella inmensidad blanca de espuma
levanta las manos en palidez alucinada,
resguarda lo híbrido en geografías de arcilla.

Retumba en silabas eclécticas y heladas
el canto peregrino que revive tu encierro,
a la diestra la silueta que late en sangre
alcohol y cebada han hablado a su memoria.

Presencia poética y furiosa cortando el pulso
la siniestra de frente en cúpulas de espina,
seco de frío, seco de viento, seco sin tiempo
arcilla que resguarda su noche en tinieblas.

Detrás la letanía de Krupp lo esconde
los cuerpos de la noche, de espaldas al sueño
el nombre del poeta, en la savia de sus versos.

Detrás se alza, en abetos y pinos
la mirada de sus letras, el pañuelo de sus rimas,
detrás sus tripas secas, la espina muda
orbitas huecas velando la ciudad de altura.

miércoles, enero 24, 2007

La Fortuna

La vida en la calle sigue, la lluvia como cada enero me humedece los callos y el barro seca mis uñas. Jode, hermano jode, que querés que te diga es la vida, así es esto de girar y girar la ruleta de calles, de laderas y plazas. Desde que vivo acá, me pasa lo mismo cada 24, es como sí de pronto te golpeará la lluvia y algo de ganas de continuar volviera.

Me voy a las “Alasas”. A las 12 se abre el portal dicen, esa que comunica la realidad terrena olor a meo de perro con la fortuna de los andes. Luego, cuando sea de noche, volverá a empezar este gran circo, donde amuletos y fetiches harán realidad cualquier tipo de deseo, si lo creés, si le ponés huevos al asunto.

Todo está noche gira viejo, en vueltas y vueltas, en calesitas tímidas, en puestos de churros sangrando aceite guardado. La vida, mil deseos, mil faltas, todos juntos acá en estas calles. Así es como cada veinticuatro empieza la vida hermano, cuando te acordás que tiene sentido lo criollo, lo mestizo, la tradición que escondés en el armario, pero sacás a relucir con desespero este día. Que payaso este ritual, los presos producen en serie esfinges y camioncitos todo el año, empeñando los papeles de su celda, su negro futuro para recuperar la plata que llene la panza luego de febrero y con suerte comprar un catre más decente y 20 gramos de base. Otros, los de pinta fina, se matan por comprar euros, autos, pasajes para emigrar de este "país de indios", como dicen. Gallos y gallinas para su harem. Todo a las doce, familias enteras venderán en la Alasita el mismo producto, ejemplo de consumismo criollo y de poca creatividad dirán algunos. Fuerza viva de la tradición que nos alimenta dirán otros.

En fin, en todo caso esta Alasitas, yo sólo camino como tantas noches paceñas, con la rabia en los zapatos huecos como debe ser, buscando tabaco con historia, no el limpio cigarro de paquete importado, aquel pisado, besado por mas de una boca. Enciendo un L& M, de esos viejos a la mitad, olvidado o arrojado por alguna mina antes de subir al taxi, que se yo y camino hacia el mercado místico de miniaturas.

La Paz, esta ciudad tiene historias en cada centímetro, sólo hay que escucharla en su noche. Es así que es inevitable no acordarme de aquel amigo de mis epocas de bancario, aquel que hoy tiene la panza hinchada de tanto bicho que se mete por hurgar en la basura. El tipo era contador en el pasado y como son las cosas, era bajito, pequeño y regordete igualito al Ekheko, por eso cada enero lo cargaban con eso de Dios de la Fortuna. Cuando el pobre tenía 4 hijos y andaba acogotado de deudas. Era pobre de caricias, estaba jodido de plata, pero que rico era, en su mundo de bromas. Vivía esperando el primer seco de chela fría del viernes, el cacho con los amigos de contabilidad. Luego la misma rutina en la oficina, se lamentaba de lunes a jueves no poder dejar la cerveza. Como amaba el vaso el loco este, más que a sus hijos, lo amaba como a su propia muerte.

El Juan, así se llamaba, se fue hundiendo, regalandose al tibio veneno, empeñando pega e hijos, para de un trancazo acabar en la lona. Ahora vive bajo la luna, como tantos de nosotros, buscando algo de fortuna en la basura, peleando con los kiltros un pan duro. No se quitó nunca el bigote y cada 24 de Enero se lo iguala con una lata afilada y se fabrica una panza de papel. Le encanta regalar billetitos de periódico, gritando que viva la fortuna.


La Paz esta llena de historias a cada centímetro, sólo salí a buscarlas en los basureros, espiando las manos bailando en la oscuridad de un bus a las diez de la noche, en las discusiones y llantos en la Pérez. Sí ponés atención escucharás el ritmo de la mierda coqueteando las piedras en el Choqueyapu, jugando con el agua pura que va perdiendo la virginidad en una orgía de cajas, latas y pañales. Esa que luego acabará regando una lechuga en Río Abajo. La misma que te alimentará mientras comes una Burguer King o una hamburguesa de a luca en la esquina.

Es así viejo, esta ciudad tiene un aire tan duro, tan caótico como el orden de sus calles, así tiene que ser. Te lo digo yo que me acuerdo como era cuando estaba al otro lado, cuando vivía el orden de libros y de horarios, con la pilcha bien planchada y el coche lleno de nafta. Vivía el ruido, el estrés, los balances, las reuniones importantes, para temas importantes.

Hoy tu me mirás de reojo en esta esquina, desde el vidrio y gritás que no joda cuando te digo “Soy un titiritero, quijote de las laderas, ¿te lo hago un poemita para tu mina?, ¡te enseño unos pasos de tango?, sí querés también te lo canto uno de Gardel. Por cinco lucas te lo escribo lo que sentís debajo la corbata y del calzoncillo". Te veo y me acuerdo de la bronca que antes yo tenía a los mendigos, luego me cago de risa al ver como tee cabrea que te diga, regálame para un trago. Se nota, todavía vivís esa tu tensión de oficina, eso de tengo que sacarle el jugo a la minita antes de llegar a casa a bancarte a la gorda. Si, lo sé, te da arcadas mi presencia, cuando te muestro mis barbas ralas y blancas guiñandote mi ojo amarillo y mi bilis te dice somos lo mismo.

Estas atrasado y ni me reconocés, por que es viernes, por que la mina espera en el telo ese de Sopocachi, por que sólo hay dos horas y la vieja te hace laburando en el banco, el mismo que hace diez años me cansé de bancar y lo mande al culo. Te revienta mi cara sucia y mi hablar pausado, por que te suena a político, te suena a ti mismo, te sueno a tu espejo a la mirada de futuro. Pinche burguesito, Dorian Grey de a luca, dale viví tu fiesta privada y garpa el burdo sueño de tu “secre”. Al final sabés que en casa está ella, la real, la que te hará un asado con huevo y te escupirá un beso oliendo a grasa y luego, mientras roncás como vaca, se masturbará mentalmente pensando en los huevos que tuvo la esposa del Coronel ese para meterle tres tiros mientras dormia.

Sigo subiendo, me encanta la mixtura caótica que se forma en esta feria. El café con leche de pis y mierda que baja por su espalda de cemento me arrulla y el olor a anticucho me mueve la tripa. Me divierten los hijitos de papá de andar seguro que de un empujón me hacen a un lado, las minas de gambas todavía firmes jugando al futbolín sin tener ni puta idea de cómo se hace. Esos más jóvenes a su lado que viven un clásico paceño, “¡muera el Tigre Carajo”! ¡callá choli de mierda!, “cómo es sí te gano la manga, pagas 5 más?”.

Me encuentro un choclo y media chela tibia, luego una vieja de esas evangélicas me habla de Marcos 15:10 y me regala plata. Me siento a respirar la fortuna, para ver si llega algo de suerte en los gritos de júbilo de los niños que ganan peinetas y llaveros. La puta esos rifles de pueblo con el caño en espiral ,son la mejor mamada a la esperanza pienso, mientras miro dos caderas de manzana bamboleantes tratando de acertar a una argolla.


Los rifles de espiral, el gordo de la tómbola, las paredes con graffitis urbanos. ”Goní Asesíno vas a volver, El Gas es nuestro Carajo!!. Tanta esperanza rifada en esta tómbola y basura. Patrioteros, pedos falsos, como cuernos se come esto del cambio. ”La Paz necesitas un buen trago”, estoy reventado de que nos mamen tanto.

De pronto aparece ella, la dama de porcelana y me deja en silencio. La miro como cada año, se para, compra una rifa y dos plantas de hoja de Eva. Camina, cabello seco, rubor de seda y anemia rota a golpes, vestido lizo, pantaletas de escarcha. Se para y grita a la lluvia que venga, que moje su vida, zafada, pidiendo que el cielo le moje la memoria. Para que, si seca igual no se mueve, pienso. Fue bella y de carne firme, bella como la hija de sus sueños y ahora compra la misma pavada cada año. Marchitada pero siempre acá en la Alasita orando a la abundancia, con la piel escupiéndote la vida en tus solapas.

Subo, ya falta poco para el morfe en las velas, cuando de golpe lo veo, ¡Juanito, el gordo del Banco! ahí gritando, “panza hueca de la banca de la esquina”. ¡Gordo forro! le grito y me mira de reojo, con su pinta de Ekheko deshauciado, mientras regala fortuna a la gente como cuando era viernes de soltero en los 80. Entrega billetitos, hechos con papel del Loro de Oro, que aguante viejo, bancarte horas al sol y con el pulso sin trago durante tres semanas, recolectando periódicos y haciendo cientos de billetitos. Agarro uno, es una serpentina de presagios….”La Mansión, anal 2 x 150 bs.”, “todo lo que aguantes por 100 bs, foto real” “Angela Travestí Educada” “Se necesita electricista”, “Yong Fung Acupuntura china” “Yolanda Yung Terapeuta de Familia”. Todo mezclado en su bolsa de yute, labio con labio, teta contra teta, fibra con fibra. La vida juega en su bolsa a la fortuna.

Ocho de la noche, mitad de la Alasita loco, viejas vinagre, niñitas bien, oficinistas con ganas de chupar luego de un Api, changos prestos a rifar la vida en las canchas. Todos pasmados viejo y luego cagando de risa, mirando como el Juanito regala papelitos. Ekheko de bigote ralo y mirada seca....!Buena Fortuna…Buena Fortuna, Jallala a los achachis, que viva el MAS Carajo y el paro cívico!

Me mirá desde lejos y lo abrazó. Dale Juanito, estás cansado viejo, vení comamos un anticuchos con unas chelitas frías, una vieja me regaló diez lucas, dale viejo. Me mira y se alegra, luego me dice, vez cojudo, gaucho ridículo, bien sonso y terco eres no me quieres creer, el Ekheko no falla, ya te dije, la fortuna siempre llega viejo. Si Juanito, tenés razón, tenés razón, vamos a comer que la panza jode.

Oye gaucho ¿vas a venir mañana otra vez,?. Si viejo, mañana vuelvo. ¿Te animas a gritar fortuna por todos?, seguro que sí, mañana volvemos hermano. Ya de la puta entonces, gaucho incrédulo ya vas a ver como la fortuna nos regala algo, apurá que es 24 y todavía falta conseguir unas pichochas, pero primero buscaremos un trago que esto de gritar cansa.

martes, enero 23, 2007

Crónicas de a pie (Poncho Negro)

El encuentro no buscado, casualmente cósmico dirías luego. La mateada en su poro con stevia y el acullico ritual en su sombrero, abrieron este portal a su purgatorio chamánico. Hoja blanca de La Pacha, hoja negra del Tío dijo y empezó esta charla.

El lugar, departamento sopocachense, habitado por ingleses con un aire supuestamente etno, para mi aymaramente Kitch. La cena un escabeche de pollo con beterragas, combinación agridulce mata pasiones para mi gusto; salame, pan alemán en la mesa y las risas con acento escocés perforándome la oreja, el postre. El vino dulce para matizar la charla en spanglish y mis bostezos, en la falda a flores de la gringa desgarbada, son el prólogo de la noche.

En ese lugar lo veo, con su sonrisa de medio lado, Pedro navajas de Yacuiba pienso, engatusando con fábulas quechuas a la inglesa “masista” de falda marroquí, la que cruza las piernas desenfadadamente y hace un guiño al publico, con esa entrepierna de vellos rojizos.

Me alejo al balcón de la casa y se acerca, Yacuibeño de diente amarillo y caballera de “Cherokee” me habla de Rimbaud, Breton, Borda, Saenz, Tamayo y aterriza solemnemente en Urzagasti, haciéndome un guiño con su ojo de canica. Se ríe diciendo que sus amantes "kaimas" no entienden esto del ajayu y porqué el pasado camina por delante en la cosmovisión andina. Se define como un tras disciplinario, un comunitario, caminante de las ciencias y las chacanchanas. He tenido que entrar en la universidad para validar esta cosa de ser investigador social, aunque lo mío es caminar dice.

Pito de kañawa, charque y acullico, son lo único que se necesita cuando se camina las comunidades. La bebida está en los secretos del camino, en la gente me dice. Responde a mi clásico que bonito, por decir algo sobre un aguayo de Tarabuco colgado de la pared, con una cátedra sobre aguayología quechua y mesas rituales andinas. Me habla de los dibujos y líneas, de la combinación de colores para la fertilidad y el cuerpo, todo en el tejido.

La coca y el mate son antioxidantes dice, me cuenta que en febrero cumplirá cuarenta, parezco de veinticinco ¿no ve? dice orgulloso. Como mi presidente duermo tres horas al día, pijcho cuatro libras por semana y solo mateo dice. Tengo la energía que me da La Pacha, la de la coca blanca, aunque también tengo la del Tío. Es que son complementarios, necesarios uno para el otro, afirma convencido. El Tío me ha bañado a veces con su fuerza, ese nunca te da poder o lujuria sin cobrarte luego la factura con creces, me dice. Como al padre del Goni que se reía en la mina, de mi padre y nuestras challas y "mesas", ahora está pagando, en su hijo se la está cobrando, dice.

Caminamos la noche y llegamos a un boliche de Sopocachi, reservado por la gringa de falda verde, bajos instintos. Entre tanto biólogo acabo sentándome junto a ella, la flaca de bruma. Recorro con los ojos su espalda, su cuello delgado y me devuelve una sonrisa embriagante preámbulo de sus besos tibios, pero eso es parte de otra historia, parte de otras intensidades, más allá de estas líneas.

En la puerta del boliche, el guardia nos decomisa la lata de mate y la bolsa de hojas de coca. Más tarde, en mitad del lugar dizque VIP, de su abrigo saca otra bolsita llena de hojas y sobre su sombrero de ala ancha despliega, como en aguayo, sus hojas. Chaman de mirada saltarina, flautista de los caminos, sólo ríe.

Personaje del exilio y de sombras, sin siquiera preguntarle, me empieza a hablar de los rituales del abandono; del amor carnal, de la renuncia y aceptación; del amor real que no se encuentra en una piel firme y jugosa dice, sino en esa gordita que te lo cocina con paciencia y va sudando sus jugos de embrujo en la masa de pan. Esa que con paciencia te da calorcito de panza incondicional cada mañana y cada noche. Lo escucho y cada cinco segundos la silueta de ella me hace guiños. Su cadera de manzana me manda mordiscos, pero ya lo dije eso es parte de otra historia, sus pecas, sus labios, son otro viaje.

Le pregunto por cómo metió las hojas de coca, que pensé que se las habían decomisado. Me dice que es caminante y conoce los secretos de la mirada y el escondite. Te voy a confesar algo dice, alguna vez fui poncho negro. Devuelvo mi ignorancia en un silencio y entonces me cuenta la historia del cerco a Cochabamba en 2003, de su periplo por caminos de herradura para llegar a la ciudad. Los ponchos negros me llevaron dice, ellos conocen los caminos de los incas como la palma se su mano, los sendero ocultos, esos de la montaña y de la tierra. Son pocos y muchos, todos y ninguno a la vez, mimetizados como camaleón entre las rutas, entre las calles se están.

Los poncho negro, se han compenetrado en uno con La Pacha, cuenta. Se nutren de la tierra en su camino, respetando el balance del cielo con el viento, como debe ser. Son espectros sí lo quieren, sí lo desean, aire en la cordillera y roca en la espera. Saben de la paciencia de mil años, de estar, dejando que su cuerpo se haga viento en cada paso. No añoran, no desesperan, no gritan, viven en la certeza del regreso.

Un poncho negro, camina en silencio y logra sus conquistas en la perseverancia, con la paz de la puna, la constancia de la espera y el ayuno. No pude ser uno de ellos dice, lamentándose de su incoherencia sus ojos se apagan, su locuacidad aparente de chaman cesa y calla. Fracasé por la carne me cuenta, el Tío me envió mujeres, cerveza y fiesta. No pude con la contemplación del viento, con la templanza de la lluvia en la montaña.

En febrero cumplo cuarenta repite. Al escuchar su historia, mi cerebro empieza a dudar de su caminar comunitario y dibuja un perfil ezquizoide para este personaje. Al final, sea cual sea la verdad, en su delirio tiene la coherencia de esa razón que nos negamos a escuchar. El Tío te manda buenas y malas cosas lo sabemos y te cobra, me dice. La Pacha nunca cobra da abundancia sin factura.

Se levanta entonces y empieza a bailar una canción de Depeche Mode con aires de Diablada, con aquella que mientras lo acompaña en silueta, me busca con los ojos, luego ella me dirá eres un celoso, pero eso es parte de otra historia, ya lo dije.

Luego de bailar, le regala a ella un palo santo tallado que más parece una pipa de esas rituales, ella ríe con esa blancura de espejo y me guiña el ojo. El chaman habla, anota teléfono y dirección y la invita a cebar mate con leña. Luego él se sienta a mi lado, y mientras acullica, me dice que escribe al caminar, en esta tierra. Conozco la piel y el embrujo del Tio afirma. Te recuerdo, me dice, como si intuyera el juego de pieles que se ha iniciado, hay mujeres que el te manda el Tio y otras La Pacha. A veces es mejor quedarse con la gordita nomás sentencia, otras es mejor correr el riesgo y encontrar tu destino, nunca se sabe cual camino es el adecuado, habría que subir a las montañas y escuchar lo que dicen los achachilas en el viento pero no siempre se puede, dice.

Antes de irse me da un abrazo, lanzando las hojas de coca a mis pies. Coca negra dice, lo miro, bebo cerveza y muerdo el tallo de la hoja, irreverente ante sus profecías. El se ha ido, poncho gris pienso, poncho paranoide y me río.

Al final como decía aquel de sombrero de ala ancha, Pedro Navajas de Tupiza, sólo en el camino sabes que clase de embrujo te manda la vida, si fue una broma del Tío o un regalo de La Pacha.
El se aleja, luego de un guiño y yo me voy con la mujer de bruma. Tiempo después, luego de aquel encuentro, en este café escribo, con mis palabras sudándola y me pregunto si algún día me llegará la factura por aquella madrugada en su piel.

lunes, enero 22, 2007

Su noche


La geografía de su noche me ha llamado en silencio, convocando mi bruma al rencor de sus palabras. Vaciado de gritos en caminos de destierro, mis pupilas negras han caído en el pozo rojo de su sangre.

¿Lo sabías verdad? intuías que el encuentro era sólo eso, un arañazo fino en mi piel de
tambor. Por eso he vuelto a caminarte peregrina, así con caricias quedas, mis suelas te han contado este destierro y los tropezones ciertos han dado el anuncio.
Por eso hoy su imagen acompaña el destierro, en esta noche larga que retumba en la huida, las trampas del asfalto me han contado el secreto del vacío, en que se engolosinan los gusanos en sus órbitas huecas.

Lo sabías, en el tacto de su noche he dejado mis letras, un puñado añejo de palabras transformando el vomito de mis yemas y entonces, sin apenas pensarlo, mis labios han pronunciado su nombre.

(De Evocaciones, Parte I, poema 6)

viernes, enero 19, 2007

A tu viaje


Conocía poco de tu noche, eso que intuye tu palabra escrita en piedra y sin embargo me ha cubierto el manto de tus gritos.

El ruin repique de penumbra ha convocado a mi piel y a mis huesos, al camino que esconde tu mirada.

Conocía poco reconozco y sin embargo has inundado cada poro con tu eco casquibano. Fiel a la estrategia de la huida sólo un canto mudo en ti ha cesado.

Bienvenida

Esta es una pared negra, escondida detrás de una pantalla, en la que me expongo, me develo. Tu me hablas de los riesgos que entraña este asunto de mostrarse a pecho abierto, yo de la soltura que me produce desnudarme en palabras ante tus ojos.

Vuelves y me robas las palabras, miras el entorno y concluyes que el Deja Vu también fue un sueño. Hoy en la realidad del atardecer te acercas, te gusta jugar con la oreja izquierda, mientras estos dedos saltarines despiertan tu hombro y juegan a encontrar el mapa de Australia en algún lugar bajo el pantalón negro que te cubre.

Vuelves a las paredes, a mi cuerpo, a mi encierro a mis palabras, vuelves y eres bienvenida.